Memoria histórica de las posesiones hispano-africanas · Unidad 29 de 388
Unidad 29 · 44 PARTE II— CAPITULO IV
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44 PARTE II— CAPITULO IV
de todos los Franceses han muerto con su Rey. Súbito, las brisas de la marina traen los sonidos de músicas alegres y entusiastas aclamaciones, cuájase el mar de naves; el pabellón siciliano cubre majestuoso las tranquilas ondas; pero nadie responde al grito de alegría con otro grito de alegría. Alármase Garlos; hiende las olas con su esquife; salta á tierra; sorprendido, nota la consternación en todos los semblantes, las lágrimas en todos los ojos, y como adivinando la terrible desgracia, corre desalado á la tienda Real. Sobre el fúnebre lecho reposaba, con las facciones tranquilas, resignadas, divinizadas por la muerte, el cadáver del Rey.
Arrójase sobre aquellos restos inanimados, que estrecha entre sus brazos; rompe el angustioso pecho en acerbas lágrimas, y con él llora el campamento; porque aquellos guerreros habían perdido nn hermano, un padre, un Rey justo, un valeroso Capitán. Satisfecho el debido tributo del fraterno dolor, Garlos toma el mando; provoca una batalla; vence; aprovecha la ocasión oportuna para volver á Francia, y entra en negociaciones con Ornar. No las deseaba menos el Tunecí, y pronto se concertaron: franco el puerto de Túnez, exentas de impuestos las mercancías, libres los Franceses cautivos, licencia para construir Iglesias, facultad en los Musulmanes de convertirse, sin ser perseguidos; 200.000 onzas de oro para indemnizar á los Señores franceses, y un tributo durante los diez años de tregua en que convinieron.
Murmuran los soldados, porque no se pactaba el saqueo de Túnez, que no habían tomado; pero se embarcan, y pronto con el inmediato peligro olvidaron sus quejas.
Un deshecho temporal saltea á la flota en la rada de Trápani; 18 buques de alto bordo é infinidad de vasos menores se traga el mar, y con ellos 4.000 hombres que ya tocaban al ansiado puerto.
El nuevo Rey Felipe el Hermoso, convaleciente aún, detiénese en Sicilia; muere á los quince días Teobaldo, Rey de Navarra, enfermo desde Túnez, y sigúele su mujer y compañera en la expedición. Isabel de Aragón, la esposa de Felipe, en uno de sus paseos, cae del caballo y fallece. Alfonso, Conde de Tolosa, tío del iiey, y su esposa Doña Juana, mueren también. Felipe entra en Francia con los restos mortales de su padre, de su esposa, de su hermano, de su cuñado, de sus tios. Agolpase el pueblo; llora á su buen Rey. muerto en defensa de la fe, y recordando sus virtudes, aclámanle Santo, y poco después el mundo católico le venera en los altares.
Tal fué el fin de la famosa expedición francesa contra Túnez en el año de 1270.