Memoria histórica de las posesiones hispano-africanas · Unidad 61 de 388

Unidad 61 · *:' PARTE III -CAPITULO II

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

*:' PARTE III -CAPITULO II

la, colocaudo en el centro la caballería. Los enemigos los rodearon por todas partes, hasta que I). Diego, vista la imposibilidad de salvar las tropas; con gran esfuerzo, al frente de los 80 caballos que le quedaban, arremetió por lo más apiñado, y rompiendo las líneas, pudo guarecerse en Mazalquivir. Entonces la rota fué general: sólo 400 se recogieron en la plaza, pocos menos quedaron cautivos, y más de 2.000 muertos en el campo; que tan brava fué la pelea y tan sin piedad el alfanje de los Moros. Hondamente apenado el Gobernador, cuidó perder el sentido al entrar en Mazalquivir.

No fué menor la pesadumbre de Cisneros. Hallábase á la sazón rigiendo el gobernalle de la monarquía y el Rey en Ñapóles, á donde le llevaron recelos del Gran Capitán. Los Nobles descontentos; pobre de seso la Reina y D. Fernando ausente; no osó el Cardenal, como quería, juntar grueso ejército, y á su cabeza marchar á África, donde estaba en balanzas la dominación española. Afortunadamente llegó el Rey á las playas de Valencia el 20 de Julio, y. con noticias de lo acontecido, envió al momento algunas galeras para socorrer á Mazalquivir, si. como se creía, era atacado por los Infieles.

Grandes turbaciones ocasionó la muerte del Rey Filipo: I). Fernando pasó á Andalucía, y concertadas las diferencias y castigados exeesos de los Grandes, volvió á su asiento y corte. Cisneros. lastimado de. la rota pasada, celoso por la Religión, afligido por las depredaciones de las marinas, representaba al Rey incesantemente: Que un Príncipe católico n<> ewnplía su? sagrados destinos, emendo espada ociosa mientras sus vasallo? gemían en duro cautiverio Oíale con benignidad Fernando y dábale con la entretenida; que por la astucia, no por fuerza de armas, se prometía el logro. Andaba á la sazón en pláticas con Mulev-Yahva, Rey de Túnez, quien, alegando derechos sobre Tremecén, solicitaba auxilio para la conquista. Ofrecía, en cambio, ceder todos los lugares do la ribera, quedándose tan sólo con la capital y ciudades inferiores, pagar tributo, y á la seguridad del concierto dar en rehenes á su hijo. Para ultimarlo, en Noviembre envió Embajadores al Rey Católico, que con ello puso entera la voluntad en la conquista do África, mandando acrecentar la flota y proveer las galeras délas Ordenes, para cuando se creyera sazón oportuna.

No aflojaban en molestar las costas, los Berberiscos, que en aquel entonces habían saqueado la de Sevilla; y el Rey, mientras se llevaban á cabo sus tratos con el de Túnez y los planes del Cardenal, mandó al Conde Pedro Navarro que se pusiera con su escuadra donde les impidió-