Memoria histórica de las posesiones hispano-africanas · Unidad 82 de 388

Unidad 82 · POSESIONES HISPANO-AFMCANAS 109

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POSESIONES HISPANO-AFMCANAS 109

Seguían loa Africanos de Bugía en buena paz ron loa Españolee qne mandaba D. José de Bobadilla; relevóle Gonzalo Marino de Rivera, quien instigado por los Moros de Argel, tributarios de la Corona de España, principió á guerrear sin razón alguna, á los Montañeses de la sierra de Benaljubar, que estaban atreguados, aprisionando traidoramente á los Xeques de Benaljubar y Benagrabín, que bajo la fé de los capítulos iban á comerciar á la ciudad.

Sintiéronse grandemente los Montañeses, predicaron los Morabitos, juntáronse arriba de 20.000 Alarbes, y alzado caudillo Muley-Abdala, acometieron á Bugía, y derribando el arrabal habitado por los Moros, pusieron á la ciudad en grande aprieto. Súpolo el Rey; culpóse á Marino, y le destituyó del gobierno, enviando en su lugar á D. Ramón Carroz, que dio libertad á los Xeques. Apaciguáronse con ello los Moros; pero recelosos ya de la sinceridad de los Españoles, quedaron amigos aparentes, y enemigos ocultos, hasta que se brindara ocasión propicia de serlo declarados.

En este tiempo había muerto el Rey de Túnez, Muley-Yahya, que encomendó su hijo pequeñuelo al Rey Católico, de quien era tributario, para que le amparase contra el de Tremecén, que aspiraba al trono. Los Tunecíes dividiéronse en bandos, unos en favor del de Tremecén, otros del hijo de Yahya, que, más débil, pensó en entregará los Cristianos la ciudad para que la defendieran. Parecióle á Martín Argote, Teniente del Marqués de Comares, Gobernador de Oran, sazón oportuna para alzarse con Túnez, so color de defender al huérfano, y tuvo algunos encuentros con los Moros, y trató de introducir en la ciudad 500 soldados; pero desaprobólo el Rey Católico, que creyó indigno de la Majestad arrebatar la herencia del niño confiado á su guarda, y poco conveniente meterse en nuevos intentos, cuando el Francés le amenazaba por Navarra, y en Andalucía apuntaban disensiones.

Por entonces Arcilla y Tánger rechazaron una fuerte acometida, v Saffi la del mismo Rey de Fez en persona. Soberbio con tales sucesos D. Manuel el Afortunado, envió contra Azamor á D. Jaime, Duque de Braganza, con una flota de 400 velas, 6.600 lanzas y 16.000 peones. Defendía la plaza Cide Almanzor, y el Xeque Muley cuidaba del campo con un buen golpe de ejército. Unen arabos sus fuerzas; presentan batalla al Duque; muere Almanzor; dispérsanse los Moros, y el 2 de Setiembre de 1513 ondeaban en los torreones de Azamor las quinas vencedoras. En los siguientes años consiguieron los Portugueses no interrumpidos triunfos: y el Conde de Alcoutín, Gobernador de Ceuta; D. Juan Coutinho, de Ar-

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cilla; D. Alvaro de Noronha, de Azamor; D. Ñuño Mascarenhas, de Saffi, y D. Enrique Meneses, de Táuger, escarmentaron duramente á los ejércitos de Fez y de Marruecos; ayudándoles en todas sus empresas BenYahya, Rey que se titulaba de Marruecos por los Portugueses, y que había acrecentado de tal manera su poder, que sustentaba un ejército de 200.000 peones con 17.000 caballos.

En Daleborg destrozan los Portugueses á un ejército morisco. El Gobernador Atayde se apodera de la fortaleza de Ainagor; tala los lugares de la sierra de Jarobo hasta las cercanías de Marruecos, y logra tales ventajas, que puso en ánimo al Rey de Portugal de establecer una colonia en la boca del Medhía ó Mahamora. Con este objeto salieron de Lisboa 8.000 hombres al mando de D. Antonio de Noronha; pero coligados los Príncipes de Fez y Mequínez, cayeron sobre la colonia con 70.000 infantes y 7.000 caballos; tajaron en piezas á 4.000 Portugueses, y arrasaron la fortaleza, recién construida.

Grande era el atrevimiento de los corsarios berberiscos, apoyados por las armadas turcas, que tenían en jaque á todas las de la cristiandad. Para barrer el Mediterráneo, había reunido el Rey Católico la suya, á las órdenes de D. Luis de Requesens, en la Pantalarea. Corrían fines de Julio de 1515, cuando un recio temporal obliga á una nao y á un galeón de la armada á internarse en el mar, y al querer recobrar el puerto, son acometidos por trece fustas del Arráez Solimán, temido corsario que acababa de devastar las costas de Sicilia. Defendióse valerosamente la nao, y al estruendo de la artillería acudieron las galeras, que dieron sobre las fustas, y después de un encarnizado combate, apresaron seis y echaron á pique tres, con muerte de Solimán y de casi 900 Moros.

Guerreaba también en aquellos mares otro famoso Corsario llamado Horruch, tan conocido después con el nombre de Barbarroja, á quien el mucho contrato que con sus naves sostenía en las costas del Reino de Túnez, y la reputación de que gozaba entre los principales de Bugía, habíanle inducido á alzarse con esta plaza.

Ya el año anterior, probando un reconocimiento de los castillos, una bala de cañón le había llevado el brazo, dando nuevo acicate á sus ambiciosas miras, el deseo de venganza. Como amigos reconciliados, odiaban á los Españoles los Moros de Bugía, que olvidando la satisfacción, pero no la ofensa de Marino, pusiéronse de acuerdo con Ilonucli. El corsario emboscó su armada, y al caer de la noche metióse por la boca del río, lo remontó, y con sus 1.000 Turcos y muchedumbre de Alárabes del país, cercó los castillos; dirigió su artillería contra el roquero, que guardaba el