Memoria histórica de las posesiones hispano-africanas · Unidad 93 de 388
Unidad 93 · POSESIONES HISPANO-APRICANAS i-':
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POSESIONES HISPANO-APRICANAS i-':
(jilearlo, matando unos 000 Moros, cautivando 1.000 y apresando alguiias fustas berberiscas de Xabán Arráez y otros piratas, que al volver encontró dispersas. Dejó suficiente presidio; mas no juzgando el Emperador importante conservar la plaza, ordenó al mismo D. Alvaro que la destruyese, lo que hizo, volando las fortificaciones é incendiando los edificios, que los Moros no volvieron á reedificar.
Al mismo tiempo ofreció Barbarroja el cetro de Túnez á Muley-alRaschid, hermano de Muley-Hacén, y con él marchó á Oonstantinopla, llamado por el Sultán, que le nombró Jefe de toda la marina.
Puesto á la cabeza de la armada turca, compuesta de 80 galeras, 20 fustas y 0.000 hombres, saqueó el litoral de Italia, quemó el astillero de Gátaro, donde se construían siete galeras para el Emperador, y á su paso por las costas de Francia tuvo conferencias con el Rey Francisco, de quien era aliado; aunque sólo se decía atreguado. En 15 de Agosto de 1534 fondeó en Biserta, y con voz de que llevaba en sus galeras á AlRaschid, amotinóse la plebe, que siempre cree mejorar con la mudanza, escapó el Rey Muley-Hacén, y el día 22 de Agosto se apoderó Barbarroja de Túnez como representante del Sultán. El desgraciado Al-Raschid, en cuyo nombre se hacía la guerra , fué detenido al embarcarse con Queredín en Oonstantinopla y encerrado en el Serrallo; donde probablemente moriría, pues que nada volvió á saberse de él. Al desengañarse los Tunecíes de que Muley-al-Raschid no estaba en las galeras, conviértense á su Rey, ¡tan ligero el vulgo!, y dan sobre Barbarroja y los suyos: horrenda fué la carnicería, pero no vencido el pirata, se suspendieron las hostilidades, y de bueno á bueno, logró por fin que le proclamasen Soberano en nombre del Gran Turco Solimán. Dueño de Túnez, cubrió otra vez el mar con sus bajeles, sembró el espanto y la desolación por las riberas españolas, hasta el punto de que, despertada en el Emperador la memoria del mandato de su abuelo, el Rey Católico ', y ofendido además en su amor propio, al ver que la protección concedida á MuleyHacén no había impedido que Barbarroja le desposeyera del reino; pensó seriamente en la conquista.
1 ítem, porque todas las otras virtudes sin la fe son nada maullamos al dicho ilus-
trisimo Príncipe nuestro nieto, muy estrechamente, que siempre sea £j;ran celador, defendedora ensalzador de nuestra sancta fé católica; ayude, defienda ó favorezca la Iglesia de Dios, ó trabaje eu destruir, é extirpar con todas sus fuerzas la herejía de nuestros rey nos, e asi tenga muy gran celo en la destruición de la secta mahometana, y en cuanto buenamente pudiese, trabaje en hacer guerra á los Moros, con que no la baga con destruición y grande daño de sus subditos y vasallos.» Testamento del bey Fernando el Católico de 22 de Enero de 1516, otorgado en Madri^alejo ante Miguel Yelazquez Clemente.