Importancia de la medicina legal, y necesidad de su estudio. Discurso inaugural leido ... el dia 2 de octubre de 1844 · Capítulo real 1 de 1
Importancia de la medicina legal, y necesidad de su estudio. Discurso inaugural leido ... el dia 2 de octubre de 1844
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 5 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
Hoy se inaugura por segunda vez el curso literario en la Facultad de ciencias médicas ; hoy es día de recuerdos agra¬ dables para los amigos sinceros de los progresos científicos; hoy se esplaya felizmente el ánimo al contemplar la nueva escuela , natural y filosófica fusión de dos escuelas antiguas, como va siguiendo su magestuosa marcha por los vastos campos de la reforma, á pesar de los recios embates y contratiempos inmerecidos que desde su creación han inten¬ tado en vano detenerla. A la manera de un navio , no com¬ pletamente aparejado si se quiere , pero que, acosado de la necesidad , levanta anclas , gana el alta mar y navega de¬ safiando calmas y tempestades , asi la nueva escuela , joven pero robusta ya con la reputación y prestigio que ha hereda» do de los antiguos colegios de san Cárlos y san Fernando emprende por segunda vez las altas funciones de su enseñan» za esclarecida , no esperando sino para no verse embaraza-, da á deshora en sus egercicios, que acabe de tenderla el go¬ bierno una mano protectora y la dirija con acertados regla¬ mentos.
En este dia tan solemne , para corresponder dignamente á la grandeza y brillantez de este acto, nadie mas que yo de¬ searía ver esta tribuna ocupada actualmente por alguno de los muchos profesores amaestrados en el arte de enseñar y bien decir que la Facultad reúne. Muy superior á mí en re¬ cursos científicos y oratorios, sabria mover los resortes mas seguros para encadenar á su palabra la atención de tan dis¬ tinguida concurrencia.
Destituido de la aureola que da el prestigio , falto de ios privilegios que se adquieren durante una larga carrera som¬ breada de laureles académicos , he debido buscar en com¬ pensación para la inaugural de este dia un punto doctrinal tan importante de suyo , tan fecundo en interés y curiosidad que bastase mencionarle , llamar sobre él la atención , para que sin esfuerzos , sin adornos, Sin incentivos por mi parte, quedasen cuando no completamente satisfechas, un tanto realizadas las esperanzas de los que á esta solemnidad asis¬ ten , deseosos de recoger entre las frases galanas solo pro¬ pias para volver el tiempo mas ligero, algunos conocimien¬ tos sólidos que les sirvan de provecho en la continuación de sus estudios.
Numerosos é interesantes son todos los ramos de la ciencia que nos legaron los Asclepiades. Hasta del terreno mas árido de esta vastísima ciencia pudiera el genio hacer brotar fragantes flores , á la manera que la vara de Moisés hacia brotar fuentes cristalinas de las rocas del desierto. Yo he creído escoger uno de entre los mas fértiles , sin que por esto dejara de embarazarme la elección, por encontrar¬ los todos superiores á mis conocimientos y alcances.
La Medicina Legal , ó por mejor decir, la importancia de esta ciencia y la necesidad de su estudio , hé aquí el punto científico sobre que me atrevo á llamar la atención inteligen¬ te de este numeroso concurso, para inaugurar en nombre de la Facultad la segunda abertura de sus cátedras.
La importancia de la Medicina Legal se manifiesta por la naturaleza y aplicación de sus doctrinas.
Los diversos conocimientos cuya metódica reunión la constituyen cuerpo de estudio, enseñanza y egercicio , son otros tantos tributos que le pagan los demas ramos de las ciencias médicas , para que ella en cambio se encargue de A examinar mas á punto fijo las materias sobre que estos tri¬ butos versan y analizar en el crisol de ía lógica mas severa los quilates de certeza ó probabilidad que cada teorema ten¬ ga , á fin de que puedan satisfacerse las necesidades de la justicia y conveniencia social, cuando sea reclamado judicial¬ mente el delicado ministerio de los facultativos.
La Medicina Legal es la medicina entera , es la enciclo¬ pedia del arto, es la síntesis de los conocimientos propios y accesorios , teóricos y prácticos que enseña anualmente la Facultad en sus numerosas cátedras. Recórranse una por una sus cuestiones cardinales : examínense los problemas á
que da lugar cada cuestión ; reúnanse los datos sobré que ha de fundarse la resolución de estos problemas, y cada vez mas se convencerá cualquiera de que la Medicina Legal es el complemento de la medicina higiénica y curativa.
¿ Qué mas necesito ya para dejar impresa en el ánimo de cuantos me prestan su atención la importancia de esta ciencia ? Si es cierto que ella participe de todos los ramos propios y auxiliares del arte de curar; si es cierto que el mé¬ dico-legista los necesita todos para desempeñar cumplida¬ mente sus funciones , la consecuencia que en buena lógica se saca de todo esto , sin que tenga el menor viso de para¬ doja , ni de exageración , es que , ó las ciencias médicas no son de importancia alguna, ó es tan importante como to¬ das ellas la Medicina Legal.
Menester seria no haber saludado ni siquiera por la su¬ perficie este ramo de conocimientos científicos para poner en duda las razones en que acabo de cimentar su merecida importancia.
Sin manejar fácil y correctamente la lengua patria ¿có¬ mo ha de evitar el médico legista que formen los magistra¬ dos desfavorable concepto de sus conocimientos y alcances, al descubrir en el mal estilo y en el lenguage defectuoso de los documentos que le pidan el descuido y abandono ele su edu¬ cación primaria?
Si ha dejado de aprovechar los preceptos de la lógica, si no ha aprendido á filosofar sobre la significación de los hechos que examine, ó sean oficialmente sometidos á su juicio, ¿qué ascendiente espera egercer sobre los ánimos del tribunal que , suspendiendo la acción de la justicia , aguarda respetuoso el dictamen facultativo, tal vez para devolver á un acusado la libertad, tal vez para conducirle' al cadalso?
Sin haber cultivado la física , la química, la geología y la historia natural, ¿cómo ha de encargarse en conciencia el mé¬ dico ó el farmacéutico legista de cualquiera cuestión que se refiera , ya á la análisis de las manchas y materiales arrojados por las vias gástricas , ya á la sofisticación de los alimentos, bebíbas y medicinas , ya á la falsificación de las escrituras y sobre todo á los envenenamientos de tantos modos fáciles de egecutar, disfrazando los caracteres del crimen ?
Si no ha respirado la densa atmósfera de las salas de disección , si no conoce la naturaleza y propiedades de los tegidos que entran en la formación del cuerpo humano , la situación, figura, color, consistencia, usos y demás partí—
cularidades de cada uno de sus órganos, las regiones mas ó menos espaciosas que estos forman y las alteraciones mas ó menos notables que en sus propiedades físicas y fisiológicas introducen , entre otras cien causas diversas , la edad , las enfermedades y la muerte ; ¿cuántos no han de ser sus em¬ barazos , cuántas sus dificultades , cuántos sus apuros y compromisos , siempre que el tribunal le llame para decla¬ rar sobre algún delito de incontinencia, para practicar una autopsia, para caliíicar una herida, para resolver un caso de infanticidio, para determinar si ha tenido lugar una as¬ fixia , para reconocer en fin los restos exhumados del infeliz cuya muerte se sospeche ser debida á la violencia?
Si no se ha iniciado en los secretos de la vida ; si no ha comprendido las leyes de la organización animal , si no posee finalmente de un modo profundo y completo la fisiología hu¬ mana y comparada , no solo no ha de poder tentar jamás el menor ensayo, ya para asegurarse de hasta qué punto son ciertas las observaciones de otros prácticos , ya para aumen¬ tar el catálogo de los descubrimientos científicos ; sino que deberá renunciar, á fuer de hombre íntegro , á la calidad de experto en todos aquellos casos donde se trate de averiguar, por ejemplo, si antes de la edad prescrita por las leyes es un individuo apto ó no para consumar el matrimonio ; si el na¬ cimiento de un feto efectuado mucho tieupo antes ó des¬ pués del término común es natural ó fraudulento ; si pueden ser concebidos dos ó mas fetos en épocas distantes y des¬ arrollarse desigual y simultáneamente en una misma matriz para nacer uno en pos de otro , á distancias considerables ó todos á la vez, teniendo edad diferente; si el recien nacido que se somete á su exámen tiene esta ó aquella edad , si es apto para la vida ó. está irrevocablemente condenado á la muerte, desde los albores de su existencia estrauíerina ; si varios individuos que han sido víctimas de un incendio, de un nau¬ fragio , de una inundación , de un desplomo de edificio , de un envenenamiento, de una asfixia, de un ataque á mano ar¬ mada , de una epidemia etc. , etc. , han sucumbido todos á la vez ó los unos en pos de otros ; si un individuo por últi¬ mo , á quien todas las apariencias hacen considerar como segregado de los vivos , á quien han amortajado ya , cuando tal vez puede todavía oir el ruido de las velas que le en¬ cienden ó los martillazos del carpintero que construye su ataúd , yace bajo el influjo de un estado patológico que si¬ mula mas ó menos perfectamente la cesación de la vida , ó
bien está ya en efecto sometido á la esclusiva acción de las leyes físicas para ser pasto lastimoso de gusanos y conver¬ tirse al fin en lo que nos recuerda tristemente todos los anos la iglesia el miércoles de ceniza.
Sin el estudio de la Higiene , esa hermana melliza de la Medicina Legal , ¿ qué papel desempeñaría el médico legista en las inhumaciones y exhumaciones de cadáveres , cuyos fenómenos pútridos estuviesen en su pleno desarrollo ? ¿Có¬ mo dirigiría la evacuación de esas antiguas tumbas , ahue¬ cadas un tiempo en los templos y conventos para correspon¬ der á las piadosas creencias y halagar las últimas vanidades de nuestros antecesores? ¿De qué manera dispondría la tras¬ lación de esos cementerios enclavados por añejas preocupa¬ ciones en el corazón de los pueblos , á modo de apéndices necesarios de sus iglesias parroquiales, ó colocados por la ignorancia en la dirección de las corrientes atmosféricas mas comunes del pais, á modo de perennes manantiales de ema¬ naciones mefíticas?
Suponed que el médico legista ignora la terapéutica, la materia médica y el arte de recetar ; ¿qué consideración po¬ drá darse á sus declaraciones cuando se trate de apreciar hasta qué punto es lícita la dosis de esas sustancias enérgi¬ cas ó diabólicas como las llamaría Cuvier, cuya virtud sa¬ lutífera ó matadora depende acaso de una línea mas ó menos que se incline el fiel de la balanza en que se pesan ? ¿Qué valor tendrán sus informes cuando el tribunal le llame para el reconocimiento de una sustancia vegetal , animal ó mi¬ neral, y le pregunte si los trastornos graves, ó la muerte egecutiva de un individuo han podido ser efecto de la acción de esta sustancia ? ¿ Cómo arrancará de las garras de la muerte al infeliz á quien se acabe de sacar asfixiado del agua, de la nieve , de un lagar , de una letrina , de un sitio invadido por el tufo del carbón ó de otro gas ya impropio para la respiración, ya deletéreo ? ¿ Cómo opondrá rápida y eficazmente á la acción destructora ó sedativa de un veneno que no se haya apoderado todavía de la víctima , el antídoto poderoso y peculiar que cuando no neutralice directamente las propiedades mortíferas del tósigo , modifique al menos los resultados de su modo de obrar sobre la vida?
Cuando no se conoce completa é individualmente la his¬ toria de todas las enfermedades de que es susceptible el cuerpo humano , ¿ qué misión tan mezquina y desairada no ha de ser la deí facultativo en los casos judiciales, donde se
trate de averiguar el estado de las facultades y afectivas de un individuo encerrarlo en una casa de locos, ó que vive en la sociedad parala cual puede ser un inminente peligro ? ¿Qué resultados, dará el egercicio de su elevado ministerio siempre que verse sobre ciertas enfermedades que tan pronto se reme¬ dan , ó provocan con ingeniosos ardides , como se ocultan y disfrazan con admirable ahinco ; que tan pronto se pretestan con intención interesada , como se imputan con trascendental injuria? Finalmente ¿ de cuántos y cuán graves perjuicios no le lian de ser deudores el Estado y las familias en los recono¬ cimientos de los mozos de reemplazo y sustitutos al facul¬ tativo que , olvidando las causas de las enfermedades y sus cuadros sintomáticos, no sabe distinguir las verdaderas de las fingidas, ni las compatibles de las incompatibles con el ím¬ probo servicio de las amias?
Si desconoce la Medicina operatoria 6 por mejor decir los casos en que, armada la mano del facultativo, puede alejar del enfermo á la muerte cortando y abandonándole por presa aquella parte , donde ayudada de la enfermedad clavó su garra, cuando el mal éxito de una operación egecutada por otro comprofesor levante contra este la ingrata furia de los deudos y á su instancia el magistrado someta al juicio de los expertos la oportunidad y desempeño de la operación, ¿có¬ mo salvará con un dicíámen concienzudo á su comprofesor constituido en situación tan delicada, ilustrando por una par¬ te a! tribunal y haciendo por otra que los parientes y alle¬ gados del difunto conviertan sus apasionados arranques en sentimientos de generosidad y de justicia? Y si es llamado por una autoridad para reconocer y asistir á un desdichado que haya recibido en los delirios de un duelo un pistoletazo ó una estocada, ó que haya sido víctima de una puñalada ale¬ ve, ¿cómo restañará la sangre que tal vez brote á torrentes de la herida ? ¿ Cómo estraerá la bala, la punta de acero , ó los fragmentos de hueso que imposibiliten la acción de ciertos órganos esenciales á la vida ó tengan al individuo en convulsiones mortales ? ¿ Cómo practicará , en una pala¬ bra, todas las operaciones y maniobras que la diversidad de accidentes puede hacer indispensables en semejantes casos ?
Cuando se trate de resolver si está ó no en cinta una desdichada que, en espiacion de un crimen ha de partir des¬ de su cárcel al patíbulo , ó la viuda de un hombre acauda¬ lado que demanda la egecucion de un testamento á favor del
gérmen, cuyos movimientos percibe aquella en sus entrañas; cuando se trate de investigar si una muger ha parido mu¬ cho tiempo hace, ó acaba de parir para compulsar este hecho con el encuentro de un engendro abandonado á la intemperie y muerto con signos de violencia ó sin ellos , ó para deter¬ minar cuál sea la verdadera madre de un hijo reclamado por dos mugeres á la manera de las que hicieron célebre el jui¬ cio de Salomón ; cuando se trate de averiguar por último si alguna mal aconsejada soltera ó una indiscreta casada cuyo marido esté ausente , después de haberse dejado sorprender embriagada por el amor , en los brazos de un amante, para conservar terso el cristal de su honra terriblemente compro¬ metida, han atentado con yerbas ó adietes contra el inocente cuerpo de su delito moral , antes que esa triste prole haya podido acusar á los funestos autores de sus dias con el llan¬ to del nacimiento ; ¿qué dictámenes dará el facultativo que no esté en completa posesión de los conocimientos en que abunda la embriología moderna, que desconozca las notables evoluciones de la matriz y sus dependencias durante la ges¬ tación y después de ella, que no le sean familiares las dolen¬ cias especiales de que por su solo útero es susceptible la mu¬ ger, igualmente que las mil y una afecciones tan diversas co¬ mo superiores por lo común á los recursos del arte con que se hace imponente la mortalidad délos niños? ¿Sobre qué datos fundará sus pareceres de tamaña consecuencia ? ¿Có¬ mo podrá formar su convicción ni por medio de la vista , ni por medio del oido, ni por medio del tacto? ¿De qué manera distinguirá la verdadera preñez, el verdadero aborto, el ver¬ dadero parto de tantos estados patológicos que pueden con aquellos confundirse?
Muy á menudo los informes y declaraciones de un médico legista tienen que someterse al exámen de otros médicos, puesto que en todo asunto judicial , cuando no hay un fiscal que acusa y un padrino que defiende , hay una parte que re¬ clama y otra que le disputa su derecho. Esto obliga á la dis¬ cusión de los hechos sobre que el médico declara, y para sos¬ tener sus convicciones, para apoyar los cánones déla ciencia, es de todo punto indispensable conocer su historia y haber sa¬ cudido mas de una vez el polvo de su antigua y moderna bi¬ bliografía. Gran parte de las cuestiones de Medicina Legal lo son de mero hecho, y en semejantes cuestiones los mejores ar¬ gumentos, las pruebas mas lógicas y mas arrolladoras son siempre los casos prácticos que han consignado los autores
en sos libros y alguna vez los fallos terminantes que conser- >an en sus archivos las audiencias.
He dicho que muy frecuentemente son sometidos los do¬ cumentos médico-legales de un facultativo al exámen de estos expertos. Las partes interesadas raras veces se doblegan al dictamen del médico que no les es propicio , y es común el que una declaración ó un informe pase por disposición judi¬ cial , tan pronto á la revisión de profesores particulares , tan pronto á la consulta de corporaciones científicas. En uno y otro caso se trata siempre de dar nuestro parecer sobre la hechura de nuestros comprofesores. En la vida práctica del médico momentos hay y no pocos en que su moralidad pasa por las mas terribles pruebas. ¿Cuántas veces el médico que se ol¬ vida, el médico que á fuerza de necesidades ó dominado de la codicia, considera en su bastardo escepticismo lícita toda esplotacion de su ministerio, encuentra desdichados que por un pu¬ ñado de oro le proponen el comercio de su conciencia para volverle cómplice de los mas nefandos crímenes? Pero no es aun en estos casos verdaderamente peligrosos, cuando el fa¬ cultativo necesita recordar y practicar todos los preceptos de una sana moral médica. La tentación es ciertamente, grande; la seducción poderosa; pero el médico tiene un Dios, tiene una conciencia , y si tan desdichado es que todo esto le fal¬ te , tiene por lo menos un rostro que cubrir de infamia y una cabeza que hacer rodar por las gradas del patíbulo. Donde se necesitan mas que nunca todos los estudios morales que haya hecho el médico, es realmente en el exámen délas obras y comportamiento de otros facultativos. No serán por lo co¬ mún grandes pasiones las que le hagan faltar á las leyes de la generosidad y deberes de la justicia. Mas el triunfo sobre las pasiones pequeñas no es siempre la obra de las volunta¬ des débiles ; muchas veces exige una resolución tan heroica como el triunfo sobre las pasiones grandes. Los lunares de los hombres eminentes suelen ser por lo común pasiones ó sen¬ timientos mezquinos.
Hé aqui como á cualquiera parte que nos volvamos en el espacioso campo de la ciencia encontraremos siempre la Me¬ dicina Legal. Ningún ramo 1c es estrado, ninguno de mero lu¬ jo ; todos le son altamente necesarios y no superficialmente poseídos, sino estudiados con toda la ostensión , con toda la profundidad posibles; puesto que la Medicina Legal se apode¬ ra de los puntos que los demas cuerpos de doctrina han ago¬ tado , filosofa sobre ellos bajo nuevos aspectos y los aplica á
ks necesidades de la legislación y sobre todo á la administra¬ ción de la justicia.
Sin querer, señores, acabo de indicar el segundo carác¬ ter que hace la Medicina Legal tan importante. Hasta ahora no he probado que lo fuese sino por la naturaleza de sus doc¬ trinas; tócame ya manifestarlo por la aplicación que se las da.
Las ciencias médicas tienen por objeto principal la con¬ servación de la salud pública y privada. Bajo este aspecto es su dominio inmenso y su importancia tan grande, que con dificultad pudiera declinar la primacía hácia otro ramo de co¬ nocimientos humanos. Pero además de conservar la salud ya de la sociedad entera , ya de cada individuo en particular, tienen las ciencias médicas otro objeto no menos interesante, ejercen otra acción no menos trascendental sobre los pueblos, cuando son consultados para la resolución de muchísimos problemas espinosos á que dan lugar aquí un patrimonio dis¬ putado , allá una honra comprometida , mas allá, en fin , un crimen perpetrado acaso con tanta habilidad que no haya de¬ jado mas vestigios de su ejecución que los que deja la cule¬ bra cuando arrastra por encima de las rocas.
Es una verdad incontestable que estos tres órdenes de hechos tienen consignada en nuestros códigos una multitud de leyes con referencia á los mismos, y que á tenor de estas leyes se resuelve , sin concurso alguno de las ciencias médi¬ cas, no poca parte de las frecuentes y enmarañadas cuestio¬ nes suscitadas por aquellos en el foro. Mas todavía queda una parte, no insignificante por cierto, de hechos susceptibles de hacerse judiciales entre los que los hay, para los cuales nada se encuentra establecido en ninguna de las diversas tablas de nuestra legislación , y aun cuando existan realmente ciertas leyes que hagan referencia á ellos , ó se resientan de la épo¬ ca atrasada y semibárbara en que fueron sancionadas , vién¬ dose los tribunales precisados á sustituirlas con otras, cuya arbitrariedad se tolera por estar mas acomodadas á la ilus¬ tración del siglo , ó bien es su aplicación de tal naturaleza que para saber el magistrado si hay verdadera relación entre la ley y el hecho judicial , necesita de conocimientos científi¬ cos, estrados á la jurisprudencia de cuyos estudios dimana su idoneidad para los fallos. En semejantes casos la medicina es un auxiliar de la justicia, el médico un asesor del magistrado, su dietámen una antorcha que alumbra al tribunal en los ne¬ gocios para sí oscuros, Desarrollemos estas ideas para que
no se nos atribuya una arrogancia ridicula ó una pretensión exagerada.
Nuestra sociedad, según la espresion feliz de un filósofo mo¬ derno, está organizada militarmente; el ejército es por lo mismo una institución necesaria en nuestra sociedad. Los individuos de este ejército son reemplazados, y todos los años las madres de familia pobres , que no las ricas, derraman lágrimas inútiles, viendo como se lleva la caja tal vez á su hijo único, á quien la suerte , cuando no la intriga , ha hecho trocar la produc¬ tora esteva por el fusil destructor. El estado escoje para sí de entre los mozos á los dotados de las condiciones que ya indicó el profeta Samuel á los israelitas cuando, contra la voluntad del Señor que los habia elegido para su pueblo, le pidieron amoti¬ nados un rey que los llevase á ia guerra como las demas na¬ ciones. Los débiles , los achacosos y ios enfermos no son aptos para el servicio militar. El horror que inspira este ser¬ vicio á los jóvenes pacíficos y laboriosos, y los perjuicios in¬ calculables que causa á las familias de reducidos recursos, conduce á ia invención de mil ardides para fingir enfermedades que eximan del servicio de las armas. ¿Puede haber un orden de hechos de mayor interés y trascendencia tanto para el es¬ tado como para el hogar doméstico ? Sin embargo , hasta ayer mismo ha estado la nación española sin ley alguna que de¬ terminase cuáles debían ser las enfermedades que eximiesen de ser soldado. Vanamente se recorrían las leyes antiguas para hallar alguna disposición que pudiera servir de guia. Cuando se sancionó el Fuero-juzgo , cuando se promulgaron las Partidas , no estaba todavía organizada la innovación fu¬ nesta que introdujo en las armas Felipe Augusto. El célebre rival de Juan Sin Tierra fue en electo el primero que con¬ cibió y ejecutó la idea de tener tropas á su sueldo. En aquel tiempo , dice Montesquieu en su Espíritu de las leyes , los condes llevaban los hombres libres á la guerra. Reclutában¬ los en efecto , á la manera de nuestros partidarios , y por lo común no tenían mas sueldo que el pillaje y el botin. Con¬ cíbese por lo tanto, como no hay en nuestra vieja legislación disposiciones relativas á los reemplazos, siendo una institu¬ ción , ó como diría el autor de las Cartas Persas , una en¬ fermedad moderna. ¿ Quién ha podido , con todo , hasta aho¬ ra decidir todas las cuestiones de exenciones del servicio mi¬ litar, á pesar de haber acerca de ellas una laguna tan vasta en nuestra legislación? Los médicos, sus cánones científicos han tenido y tienen aun fuerza de ley en varios casos no pre-
vistos ó determinados por el reglamento de i 8V2 , y las au¬ toridades, los tribunales mismos los han acatado y acatan como si fueran disposiciones consignadas en los códigos.
Fundado en las doctrinas de Hipócrates, filósofo en ei arte de la física , como le llama una ley de las Partidas , el famoso yerno de Jaime el conquistador, Alonso el Sábio, quiso establecer dos penas muy diversas contra el provo¬ cador del aborto. El que con yerbas ó estiletes ú otros me¬ dios destruye una criatura antes de ser viva*, solo debe sufrir, según la ley 8 de la Partida 7, cinco meses de destierro á una isla; mientras que cuando la criatura ya es viva la pena capital es el castigo reservado al perpetrador de este execra¬ ble crimen. Tan enorme diferencia, justa en aquellos tiempos en que las ideas aristotélicas, modificadas por los árabes, do¬ minaban en los ánimos de los filósofos, creyéndose en la existencia de tres almas la criadora , la sensitiva y la razona¬ ble , hoy en dia es la mas injusta y absurda que pudiera imaginarse , puesto que la fisiología moderna ha demostrado hasta la evidencia que el feto desde que desciende del ovario á la matriz goza de vida , y está animado ya como en sus edades posteriores. Sin embargo , la ley escrita subsiste to— davía , y obras circulan en nuestros dias impresas y dadas á luz por jurisconsultos ilustrados, en las que ni un lijero co¬ mentario se advierte relativamente á esta palpable discordancia entre la ciencia y la ley. Pero dicha disposición legal está en desuso ; los tribunales; españoles han tenido que sustituirla con otra, cuya sanción se encuentra en la justicia de seme¬ jante sustitución , aunque arbitraria , mas á'la altura de nues¬ tro siglo y en la práctica común de esta razonable arbitrarie¬ dad. En cualquiera tiempo que el aborto se cometa, es con¬ siderado como un delito contra la seguridad personal. ¿Y á quien se debe esta reforma, este adelanto, esta reparacioii de una injusticia? Á las ciencias médicas , á los dictámenes de los facultativos que no abandonando el vuelo cada dia mas estenso de la fisiología han llegado á conocer tan bien toda la vida fetal, desde las primeras evoluciones del ovillo, hasta que sale á luz el engendro , como su vida estrauterina.
Consignadas están en nuestros códigos, entre otras mu¬ chas leves terminantes contra el que ultraja desenfrenado el pudor de la muger honesta , contra la madre desnaturali¬ zada que da sangrienta muerte á su hijo recien nacido por ser producto fatal de una concepción ilejítima, contra el hom¬ bre de pasiones salvajes que ha derramado la sangre de víctimas
inocentes , ó contra el asesino bárbaro y cobarde que empon¬ zóñalos alimentos y tal vez las medicinas con que el infeliz de quien quiere deshacerse procura combatir sufrimientos pasa¬ jeros. Mas ¿ de qué le serviría al magistrado tener ante sus ojos el cuerpo de cualquiera de estos delitos y conocer pro¬ fundamente nuestra legislación ? ¿ Cómo decidiría por sí solo si la niña ó joven que le presentan desmelenada y llorosa de¬ mandándole justicia contra un infame estuprador, es real¬ mente la victima de una brutalidad satiriaca ó el instrumento de una madre mercenaria ? ¿Cómo decidiría por sí solo, si el recien nacido que se ha encontrado muerto, debe su desdi¬ chado fin á alguno de los muchos incidentes que arrebatan en flor esos frutos de la especie , ó á las crueles violencias de una muger desventurada que haya creído salvar su honor con un asesinato tan horrible? ¿ Cómo decidiría por sí solo , si el cadáver que yace ensangrentado á sus pies ha recibido antes ó después de la muerte las puñaladas que le encuentra, si á ellas debe ó no la pérdida de la vida , de un modo necesario ó casual , si es obra aquel estrago de una mano agena ó el resultado funesto de alguna de esas resoluciones desespera¬ das con que ponen término á sus dias los hombres cansados de su existencia ? ¿Cómo decidiria , finalmente, por sí solo si un individuo arrebatado en pocas horas á su familia en lo mas lozano de su salud , debe su muerte súbita á cualquiera de esas numerosas causas que pueden considerarse como otras tantas espadas de Damocles sobre la cabeza del hombre , ó bien á la insidiosa acción de un tósigo dado en un brindis por un enemigo aleve , en una taza de caldo por una joven esposa que sabe las riquezas de que la deja dueña el testamento de su viejo marido, ó introducido en el acto mismo de la con¬ sumación del matrimonio por un marido desalmado que no encontrando en nuestras leyes civiles y canónicas ningún abo¬ nado medio de divorcio , consigue la separación de su consor¬ te por la muerte que con la astucia del demonio le prepara? En todos estos casos hay algo mas que hechos y leyes rela¬ cionadas con estos hechos. Para saber á punto fijo que esta relación existe, que es Teal y no aparente, es menester probar que el hecho tiene todas las circunstancias queridas por el testo y espíritu de la ley; es necesario demostrar la identi¬ dad del hecho previsto por el legislador y la del que ha de juzgar el magistrado. El sumario podrá hacer constar las mas veces gran parte de aquellas circunstancias, podrá determinar mas de una v ez la identidad de los hechos ; mas si en las lio-
jas de ese sumario no constan las declaraciones de los expertos, y á pesar de tan notable vacío procede el tribunal á la sustanciacion del proceso, y finalmente ásu fallo; bien puede su¬ ceder por cierto que espire un inocente en el cadalso , en tanto que insulte con su presencia un criminal impune á los deudos de su víctima. Probado el estupro , el infanticidio, el asesinato , el envenenamiento , cualquiera delito , en fin , so¬ bradamente sabrá el magistrado qué leyes aplicar ; mas sin las declaraciones del facultativo, único experto hábil , único juez competente para apreciar el valor científico de los he¬ chos ; ¿ cuántas veces no pasarán de indicios débiles todos los datos que el tribunal recoja, ó serán hechos engañosos los qne se le aleguen como pruebas inconcusas del delito ?
Los bienes y ventajas que bajo este punto de vista ha re¬ portado la Medicina Legal á la sociedad son á la verdad innu¬ merables. Consagrados constantemente sus profesores al es¬ tudio de la naturaleza, han podido esplicar por causas físicas una porción de fenómenos que á los ojos de la multitud alu¬ cinada han sido tan pronto la obra milagrosa de Dios ó de al¬ gún Santo, tan pronto la terrorosa hechura del espíritu re¬ belde. A las luminosas verdades por los médicos esparcidas cesaron de crugir las hogueras para los nigrománticos y las brujas. Esqueletos venerados como reliquias de algún Santo han sido declarados cadáveres ó huesos de irracionales do¬ mésticos. Las momias, en cuya conservación la piedad ha creí¬ do ver en otros tiempos un signo físico de la santidad de al¬ gún personaje, no son hoy dia mas que la espresion natural de ciertas trasformaciones cadavéricas.
Los pretendidos profetas, las estáticas beatas con llagas siempre abiertas y rebeldes á todo remedio humano , no pue¬ den ofrecerse á la simple observación de los facultativos sin que esas úlceras sobrenaturales ó milagrosas, no desaparezcan á los pocos dias á la leve acción del mas sencillo cerato. Ya no crecen las uñas de las imágines , ni sudan los crucifijos sangre y agua, porque al menor exámen científico se paten¬ tiza la piadosa preocupación , cuando no la necia superchería de los que asi empañan la pureza de una religión, cuyas ver¬ dades no necesitan por cierto de esas farsas de sabor gentílico para abrirse paso en las conciencias. Los adelantos de las ciencias médicas han hecho imposible , por poco que se con¬ sulten , esos entierros horribles de personas vivas creídas muertas , y mucho mas aun esas aberturas de supuestos ca¬ dáveres que al corte de bisturí han dispertado de su letargo
profundo tan solo para ver la terrible muerte á que de vera* iban pronto á sucumbir. El vuelo gigantesco que ha tomado la química , esa hermosa crisálida de la vieja Alquimia, des¬ de los tiempos de Loisier , de Bertollet y de Fourcroy, no solo permite que siga el magistrado los vestigios del envene¬ namiento mas encubierto en los sólidos y líquidos de la vícti¬ ma, antes que caiga sobre su ataúd ó su mortaja la losa de su sepulcro ; sino también cuando la humedad disolvente de la atmósfera ha gastado las letras y geroglíficos de su epitafio, aunque haya secado muchas veces el sol de agosto las mal¬ vas y los hinojos que á espensas del enterrado han crecido.
He aquí, señores, como, si es grande la influencia déla medicina bajo el aspecto sanitario, no lo es menos bajo el as¬ pecto legal. Hé aqui como todos los legisladores al dar códi¬ gos á sus pueblos no han podido prescindir de aplicar á su obra los conocimientos médicos que poseían ó de llamar á los profesores especiales del arte de curar para que los ilustra¬ sen. Hé aqui como los magistrados de conciencia celosos por la recta administración de justicia, no se han desdeñado de asesorarse con los facultativos ó las corporaciones científicas en los casos ó cuestiones que la sola jurisprudencia no ha podido resolver. La historia abunda en pruebas de hecho que dejarán airosas estas proposiciones.
Cuantos han seguido desde su origen la marcha cons¬ tantemente progresiva de los conocimientos humanos, re¬ cuerdan bien que siendo la ciencia una en los tiempos pri¬ mitivos, el legislador era también médico, porque era sábio; era filósofo, y los filósofos de entonces eran enciclopédicos, ó lo que es lo mismo, universales. Los Moisés , los Solon, los Licurgo, los Numa , los Confucio , cuando dieron códigos á sus pueblos respectivos , de las leyes de estos códigos hicie¬ ron reflejar la universalidad de sus conocimientos; En la obra de cada uno de esos famosos legisladores se advierte , como base de ciertas leyes, la posesión de las ciencias físico fisioló¬ gicas de los tiempos en que aquellos florecían. Adelantaron las conquistas del entendimiento humano ; el conjunto de cono¬ cimiento que se llamó al principio música , lo cual esplica como Pitágoras, Archita, Platón y otros filósofos antiguos pu¬ dieron decir que el universo entero estaba sometido á las reglas de la armonía , que todo era una verdadera música , llevó el nombre de filosofía, entendiéndose con él no solo el amor de la ciencia, de la investigación de la verdad según su etimología, sino la reunión de cuanto se sabia á la sazón sobre la tierra.
Avanzóse mas en este terreno siempre virgen, y si la filosofía no ha dejado nunca de ser la ciencia de las ciencias , la sínte¬ sis de todas ellas , la concepción que á todas preside, la an¬ torcha , el sol que á todas ilumina , á fuerza de progresar y estenderse se han ido separando sucesivamente del tronco principal las ciencias y las artes que antes estaban con este Confundidas. Enriqueciéndose todos los dias á beneficio del estudio , de la observación , de la esperiencia y hasta de la casualidad , bien luego los diversos ramos del árbol filosófico, demasiado llenos de fruto, se doblaron , se desgajaron y des¬ prendiéndose unos en pos de otros, fueron plantados en ter¬ reno propio , donde vivieron de sí mismos y se hicieron árbo¬ les frondosos como el tronco primitivo. Las artes recono¬ cidas por bellas fueron las primeras en separarse: y la pintura, la arquitectura, la poesía, igualmente que la dan¬ za y la oratoria se presentaron ya como cuerpos de doctrina independientes. La mayor parte de las ciencias , sobre todo las naturales , físicas , morales , fisiológicas y matemáticas quedaron todavía dentro del círculo de lo que se llamó filoso¬ fía. Hasta los tiempos de Renato Descartes se ha conserva¬ do este conjunto bajo aquel nombre , mas tarde hubo de agregársele el epíteto natural , y de unos cincuenta años á esta parte ni significa ya la filosofía lo que antes, ni compren¬ de mas materias que las que le son verdaderamente propias. Lo que la mayor parte de nosotros ha aprendido en las es¬ cuelas bajo el nombre de filosofía no es mas que una parodia pálida de lo que ha sido esta ciencia en otros tiempos , ó por mejor decir un vestigio descarnado de la enseñanza esco¬ lástica.
Desde que empezaron á separarse de la unidad filosófica los diversos ramos que le constituían, hubo profesores es¬ peciales y los ha habido tanto mas cuantas mas subdivisiones lian hecho necesarias los adelantos del siglo. Pitágoras había separado la medicina de la religión , Hipócrates la separó de la filosofía. No es esto decir que los sábios de la antigüedad contemporáneos y posteriores á Hipócrates no poseyesen to¬ das las ciencias. Aun cuando no hubiese mas que los Aris¬ tóteles, los Plinio, los Tácito , los Cicerón , quedaría desva¬ necido el aserto. La posesión de todas las ciencias, aunque se descollase mas en algunas , ha sido el sello particular de muchos siglos. Ninguno de los grandes hombres que figu¬ raron, desde principios de la era cristiana , hasta la disolución del imperio de Occidente, ha dejado de presentar esta genera -
ltdad de conocimientos. Los Aureliano, los Celso, losAreteo, los Galeno , los famosos médicos de la escuela Alejandrina, los Teófilo , los Clemente, los Orígenes, los San Agustín, los Boecio, etc., etc., son irrefragables pruebas de esta ver¬ dad. Los alumnos de la escuela de Bízancio, los árabes de España nos han legado argumentos de hecho por lo que toca á su vasta y profunda erudición. Los Scot, los Guillermos de Champeaux , los Abelardos, los Alberto Magno f los Santo Tomás de Aquino , los Juan de Lisboa , los Raimundo Lulio, los Alonso el Sábio , los Luis Vires y demas fdósofos de la edad media podrían también reñir en comprobación de que las especialidades esclusivas son producto de siglos mas mo¬ dernos. Sin embargo , los legisladores se serrián para la par¬ te médica de sus leyes, de los conocimientos adquiridos por las observaciones y trabajos de los médicos famosos. Ellos conocían que no bastaba saber los secretos de la moral para regir un pueblo; que era también necesario poseerlos se¬ cretos del físico del hombre , ya por la influencia que el físi¬ co ejerce sobre lo moral , ya porque el estudio especial de la parte física ó material del individuo perfecciona un código que ha de servir de guia para un sin número de hechos do¬ mésticos , sociales y políticos relacionados íntimamente con las leyes fisiológicas.
En todos los códigos griegos resaltan los cánones de los Asclepiades é Hipócrates, y como las ideas científicas no tie¬ nen patria , rese reflejar la influencia de la medicina en la le¬ gislación griega sobre las leyes romanas después de la colec¬ ción papiria. Las doctrinas del célebre autor de los aforismos y pronósticos campean también en las doce Tablas modifica¬ das bajo el reinado de los Antoninos. La legislación de Numa recibe con el tiempo nuevas luces, no ya debidas á médicos estrangeros. Galeno, el hombre mas sábio de su siglo , como le llama Franck, proporcionó á los legisladores y tribunales medios de mejorar las leyes y la administración de* la justicia. Sin embargo, no sacaban todavía de la ciencia de curar todo el partido posible ; los cadáveres de César inmolado por los Bruto y los Casio , el del tribuno Genuncio, asesinado la vís¬ pera en que debía acusar delante del pueblo á los cónsules opuestos al nombramiento de los Decemriros y el de Germᬠnico, envenenado según sospechas por Pisón, permanecie¬ ron espuestos al público para que cada cual diera su juicio acerca de la muerte de aquellos personages. Esceptuando el médico Antistio que de veinte y tres puñaladas dadas á Cé-
sar no le encontró mas que una mortal , ¿ quién ilustró los casos al juicio publico sometidos ?
Jesucristo había venido al mundo ; la sublimidad de sus doctrinas había derribado ya los viejos ídolos del pueblo de Remo y Rómulo , cuando los magistrados del imperio cono¬ cieron francamente que no alcanzaban sus estudios para de¬ cidir de ciertos asuntos judiciales y llamaron á los médicos. Desde los tiempos de Flavio , Julio, Claudio, sobrellamado el apóstata , puede decirse que data la intervención de los fa - cultativos como expertos en los asuntos jurídicos. El empe¬ rador romano tenia por su médico y su confidente al grande Oribasio , famoso discípulo de la escuela de Alejandría, y es¬ to deja comprender como ios médicos adquirieron dignidad, siendo consultados para los fallos que reclamaban conocimien¬ tos fisiológicos. Mas tarde Justiniano dio nueva publicación al digesto de Alfeno Varo , cerca de seiscientos años después de su primera redacción y eran los tribunales ilustrados por los Aecio , los Alejandro de Tralles y los Pablos de Egina.
Los acontecimientos políticos que se fueron sucediendo llevaron el derecho romano á otras naciones. Los capitulares de Cario Magno lo introdujeron en el derecho francés y casi todos los reyes godos aceptaron la intervención de los profe¬ sores del arte de curar que el Digesto consignara.
Disuelto el imperio de Occidente, repartidas las provincias de grandes reinos entre los hijos de reyes y emperadores para satisfacer la ambición de todos , quedó rota la unidad de la legislación , se retrogradó doblemente, reproduciendo cos¬ tumbres de tiempos bárbaros é inventando otras mas bárba¬ ras todavía que estos tiempos y por un largo espacio fueron los médicos desoídos en los negocios judiciales. La ignoran¬ cia , el fanatismo y la barbarie que iba creciendo todos los dias en los pueblos cristianos , hacían que se apelase para dirimir las contiendas á las pruebas del agua , del fuego , del tormento y otras no menos dignas de tribus de salvages. Tri¬ bunales compuestos de frailes eran los que decidian los pun¬ tos de Medicina Legal cuando tenían alguna relación con el dogma , sin fiándoles de guia tal cual tradición del código Jus¬ tiniano conservadas en los conventos, únicos asilos del saber en aquellos toscos dias, y como si esto no fuese bastante para atrasar los pasos de la ciencia por muchos siglos , y de con¬ siguiente los beneficios que ella debía reportar, hasta se prohibió á los monges el estudio de la medicina y de las leyes, nada menos que por seis graves concilios. Bien es verdad que
esta prohibición, tan perjudicial como estúpida, no pudo lle¬ varse á efecto , porque con ella ni había de haber escuelas ni maestros que enseñasen á los seglares á curar á los en¬ fermos.
Afortunadamente la civilización es una especie de fénix que renace de sus cenizas , es una especie de sol que si traspone en un hemisferio, despunta en otro. Mientras los pueblos de Occidente conquistados por los bárbaros del Nor¬ te se iban sumergiendo cada día mas en la ignorancia , en los confines del Asia y Africa , había algunos sábios que con¬ sagraban á las ciencias el culto que les es propio. Eran los árabes. Ya no se componia ese pueblo célebre de bárbaros Ornares que prendiesen fuego á las bibliotecas bajo el estú¬ pido concepto de que si hablaban á favor del Alcorán eran inútiles, y si en contra perjudiciales. Muy al contrario , gas¬ tado su empuje conquistador, reemplazadas las tiendas de campaña por ciudades y palacios voluptuosos , satisfecha en gran parte su sed de poesía y de lirismo , ias ciencias hu¬ bieron de tener también sus ardientes apasionados. Asombra á la verdad ver á los príncipes musulmanes exigir como con¬ diciones principales de sus tratados con los gefes del bajo imperio y hasta con los mismos emperadores griegos, los manuscritos de los autores antiguos y de los sábios de Bi¬ za n ció.
Una multitud de letrados sirios , cristianos y judíos , la mayor parte médicos, se apresuraron á traducirlos manus¬ critos griegos , los califas popularizaron estas traducciones, y bien pronto las antiguas escuelas de Antioquía y Nisabour tuvieron por rivales poderosas á las de Damasco, Basdad, Cairo, Córdoba y Toledo. Bizancio civilizó á los sarracenos. Los califas de Bagdad inauguraron la instrucción de su pue¬ blo ; mas quienes llevaron la ilustración al mayor grado de A esplendor entre l©s hijos de Mahoma , quienes han dejado en los anales de las ciencias todo un libro de oro, fueron sin duda alguna los árabes de España , los emires de Córdoba y Granada, quienes no quisieron ser menos en las orillas del Guadalquivir y del Genil , de lo que habían sido los califas en las márgenes del Tigris. Los Alkendi, los Alfarabi, los Avicena, los Averroes, los Thofail , tan célebres entre los filósofos árabes , eran médicos famosos que cuando domina¬ ron la filosofía de su tiempo, no solamente habían de influir en los adelantos de las ciencias médicas, sino en la misma legislación musulmana. Aun cuando no fuese por las traduc-
ciones que hicieron de Aecio , Qribasio , Pablo de Egina y Alejandro de Tralles, las obras originales de Ibes Tholoun, de Tamire al Mocadessi , de Moisés Maimonide, Zacharías al Ti— furi, los trabajos de Razes , Ismaris y demas árabes y judíos que enriquecieron con sus escritos todos los ramos científicos, serian sobradas pruebas de cuanto se verían consultados los médicos para las disposiciones legales. ¿ Cómo se concebiría su ninguna influencia sobre el modo de administrar justicia, cuando se ve á Abdaallah-ben-Merva , confidente del califa Mothaket , á Gabriel Baethinhoa tan familiar con su prínci¬ pe que hasta le acusaba de dormilón, á Ben Touma decla¬ rando la demencia de un califa, al citado Maimonide, gran conocedor de venenos , hacer ensayos sobre su misma per¬ sona y la de otros médicos del Sultán acerca de la acción de ciertos tósigos ? Cuanto mas se analice , cuanto mas se des¬ cubra sobre los progresos de los filósofos árabes , tanto mas nos convenceremos de que los Cadis , los Kahen y demas magistrados musulmanes no daban un paso en asun¬ tos médico-legales sin consultar á los profesores de esta ciencia.
Por mas que se hayan empeñado en negarlo Leonardo Fuch y Guy Patín, desde la Españo-Sarracena se propagaron á Italia , Nápoles y Provenza los conocimientos que los espa¬ ñoles adquirieron de sus mismos opresores. El árabe se hizo lengua popular en España , y asi como los sabios de Bizancio habían traducido á dicho idioma á los autores griegos y lati¬ nos, los españoles tradujeron al latín gran parte de los escritos árabes , y á beneficio de aquella lengua universal los estendieron por todas partes. La escuela de Salerno alcanzó por este medio muchísimos elementos de su justa celebridad ; al¬ canzóles igualmente la universidad de Montpellier, famosa ya en el siglo XII, regida en el XIII por los estatutos de que la dotó en su bula el cardenal Courad, y provista en el XIV de un anfiteatro rival del de Bolonia , donde Mondini de Luzzi dio principio á la disección de los cadáveres. La anatomía dilató sus dominios, la cirujía se enriqueció con los progre¬ sos de aquella y echáronse los cimientos de la Medicina Le¬ gal. La legislación , con todo , no se aprovechó mucho de es¬ tos progresos : á escepcion de algunas disposiciones higiéni¬ cas, entre las cuales descuella la policía sanitaria de Juan el Bueno, poco influyó el arranque que tomaron los profesores del arte de curar, émulos sin duda de los que acababan de dar á la navegación la brújula, á la guerra la pólvora , al pueblo la
imprenta , al viejo continente el Nuevo Mundo. Encontróse la tendencia reformadora de los médicos con un obstáculo demasiado poderoso. Los tribunales, los parlamentos, celo¬ sos de su poder , no aceptaron la competencia de los facul¬ tativos ; porque les pareció una rival que aspiraba á dismi¬ nuir la autoridad de aquellas corporaciones. Estos celos, hijos de un orgullo y presunción, de que desgraciadamente ni aun en nuestros dias faltan ejemplos , privaron al país de los in¬ mensos beneficios que le ha reportado mas tarde la bien en¬ tendida deferencia dada á los expertos por los depositarios del poder. No solo hubieron de trascurrir casi dos siglos, sino que debió de servir de estímulo una noble rivalidad en¬ tre dos célebres monarcas. Entre los príncipes de Alemania se agitó el deseo de mejorar las leyes criminales con los ade¬ lantos de las ciencias de curar ; el emperador Cárlos V dió al imperio germánico su instituiio criminalis Carolina , y en al¬ gunos de sus artículos se estableció de un modo terminante que fuesen llamados los cirujanos y parteras para reconocer, entre otras cosas, á los cadáveres de los que hubiesen muerto súbitamente , á las embarazadas y heridos. Fue adelantarse mas que el digesto de Justiniano y que los capitulares de Cárlo Magno. Este paso discretísimo de Cárlos Y ruborizó á Francisco í, y desde entonces los adelantos de la otra parte del Rhin no solo fueron recogidos, sino sobrepujados, tanto mas cuanto que aparecieron para hacer recobrar al arte su digni¬ dad Ambrosio Pareo y su discipulo Pigray , quien entre otros triunfos que sobremanera le honran, consiguió que se apaga¬ ran las hogueras ya preparadas para algunos acusados de he¬ chicería. Notable diferenciase advierte, sin embargo, entre estos dos pueblos rivales. Mientras los franceses confian so¬ lamente á los profesores de ciruja a menor los casos médicolegales , redactando á lo mas los médicos puros los documen¬ tos , los tribunales de Alemania , desde la constitución de Cárlos Y, buscan á los médicos mas distinguidos , de cono¬ cimientos mas vastos y mas profundos para que les sirvan de antorchas en las cuestiones difíciles ; la Medicina Legal es considerada como un cuerpo de doctrina especial , y ábrense en las universidades, cátedras esclusivamente destinadas á esta ciencia y á la jurisprudencia médica. Esta ilustrada conducta del gobierno y magistrados alemanes , escitó la emulación de sus médicos; y no solo es debido á ella el que los profesores de esa reflexiva y filosófica nación figuren profusa y brillante¬ mente en la bibliografía médico-legal , sino el que casi no se
encuentre un pensamiento feliz , un adelanto positivo en la ciencia acerca del cual no haya tomado un aleman la inicia¬ tiva.
Desdeñado en Francia por los médicos el ejercicio de la Medicina Legal, permaneció esta ciencia por largo tiempo es¬ tacionaria, y faltos los tribunales de códigos, resolviéndose todo por decretos y de un modo arbitrario, no esperaban grandes lu¬ ces de los dictámenes dados por los profesores de reducidos al¬ cances. De poco sirvió que con el favor de su rey, el médico de Enrique IV organizase un ramo de expertos para los asuntos jurídicos: en tales nombramientos no se tuvo en cuenta el saber ni la categoría de los agraciados , y nada se adelantó.
Sin embargo , viéndose los cirujanos , por el encargo que se les confió, en la estrecha obligación de ilustrar á los tri¬ bunales , hubo algunos que conocieron la insuficiencia de sus alcances y llevados de una noble emulación, se dieron al es¬ tudio y al trabajo para hacerse dignos de la confianza que se les dispensaba. Esto y la concepción materialista que to¬ dos los dias avanzaba un paso mas en el campo de la filoso¬ fía , dieron á la cirujía tal arranque , que bien pronto la apᬠtica y presuntuosa academia real de medicina vió levantarse al lado suyo una rival temible , cuyas célebres memorias son un testimonio vivo de sus importantísimas tareas. Mientras aquella vetusta corporación, olvidándose completamente de los estudios , holgando de todo punto en materias científicas, solo salja de su apática actitud é inmovilidad dogmática para conservar derechos é inmunidades inmerecidas ; los cirujanos dilataban la esfera de sus conocimientos y se abrían un por¬ venir no muy lejano de gloria, de dominio y de provecho. Un número considerable de profesores se esforzó en seguir el vuelo de los alemanes. Los Gendry de Angers , los Blogni de Lion , los Deveaux de París, calcando sus trabajos sobre los de Ambrosio Pareo, abrieron la senda á los profesores del siglo XViíI.
Bacon, Descartes, Locke y Condillac , echando abajo las huecas y embrolladas alaracas escolásticas, habían sustituido al idealismo de la edad media , la filosofía materialista de que habían de abusar los famosos escritores de la gigantesca enciclopedia. Las ciencias médicas como las morales , como las políticas, como la literatura, como las bellas artes, par¬ ticiparon de esta revolución, sin que bastasen á contenerla ni los esfuerzos de la escuela espiritualista de Edimburgo, ni los ininteligibles conceptos del psycólogo de Keninsberg. El
estudio de la física , de la química , de las ciencias naturales y de la anatomía hicieron rápidos progresos. El tiempo em¬ pleado hasta entonces en la investigación del alma se consa¬ gró todo entero al análisis del cuerpo, y la Medicina Legal, po¬ sitiva y material también como todos los demas ramos, fue sucesivamente enriqueciéndose con los trabajos de los Lecat, los Brechin , los Weinslow , los Luis, los Petit, los Buvart, los Lorry, los Salió, los Lafose, los Chaussier, los Foderé, los Mahon, dignos cooperadores á la grande obra qne ya te¬ nían muy adelantada los profesores alemanes. ¿Y cuál fue el resultado de todos estos adelantos? Díganlo los códigos que después de la revolución de 1790 han regularizado la ad¬ ministración de la justicia allende los Pirineos. Examínese la actual legislación francesa y dígase si no se han aprove¬ chado de los adelantos científicos los legisladores de la revo¬ lución y del imperio; si no han tenido en la confección de las modernas leyes influencia é intervención los profesores del arte de curar. Y hoy en dia , ¿qué paso dan los tribu¬ nales y magistrados franceses sin consultar á ios March, á los Grilla ó los Devergie , siempre que agita el foro toda cues¬ tión criminal en que sean necesarios conocimientos faculta¬ tivos ?
Echad una ojeada rápida á las instituciones de Federico II para Sicilia y Ñapóles ; registrad los anales de la administra¬ ción de justicia en los pueblos de la moderna Italia, y raro será que no encontréis los dictámenes de Zachías, de ese famoso médico , piadoso sin fanatismo , recto sin envara¬ miento, valiente sin temeridad, y hábil sin diplomacia, que tantas dificultades tuvo que vencer y que tantas allanó para su gloria ?
Pero ¿por qué voy tan lejos, señores? ¿Por qué me voy á buscar los códigos de países estrangeros, llevando por objeto manifestar la influencia que han tenido en su redacción los profesores del arte de curar? ¿Por qué no hablo antes de Es¬ paña, por qué cabo las leyes del Fuero juzgo, esas célebres Partidas, esa Novísima Recopilación donde se encuentran tan¬ tas disposiciones relativas á los hechos judiciales, que demaridan la competencia de los médicos? El primer monu¬ mento de nuestra legislación antigua que encontramos es el Fuero juzgo. Es cierto que adolece de imperfecciones graves, bajo el punto de vista en que le mencionamos, mas estas mismas imperfecciones son una prueba elocuente de mi mo¬ do de pensar. Echemos una ojeada al estado de las ciencias
médicas de aquellos tiempos ; dígasenos lo que influir pudie¬ ron los médicos en aquel código y comprenderemos bien co¬ mo puede encontrarse defectuoso. Ved lo que pasa ya con las Partidas. Alonso el Sábio concibe ese famoso cuerpo de disposiciones legislativas, y en ellas vierte el raudal copioso de la sabiduría que acumuló aquel rey con asombro de la Eu¬ ropa en su filosófica cabeza. Tan bueno para lidiar contra los moros á quienes arrolló , como para manejar todas las cien¬ cias de su tiempo, consignó su vasta erudición y su talento en una obra que no le dejaron promulgar , ni su desdicha en el gobierno, ni las guerras intestinas con que sus propios hi¬ jos le hostigaron. Difícil seria decir cuáles fueron los médicos que le ilustraron en la parte doctrinal y dispositiva de las le¬ yes que dicen relación con los hechos fisiológicos, mas en cambio resalta con evidencia que si no hubo sus conocimien¬ tos facultativos de consejo ageno, harto los poseía él mismo con suficiente profundidad para aplicarlos. ¿Cómo no había de ser asi, cuando el hijo de San Fernando era el repre¬ sentante del saber de su siglo , según le llama acertadamente un historiador, cuando en pos de los estudios filosóficos se había familiarizado con los Avicena , los Averroes y demas médico-filósofos árabes, griegos y latinos por aquellos comen¬ tados? ¿Hay mas que leer el texto de sus leyes para ver con evidencia que el grande Hipócrates le sirvió de guia en mu¬ chas partes, mereciéndole el príncipe de la medicina tal con¬ cepto que hasta le cita en una ley?
Un rey , amigo de su pueblo , tan vejado como este por los nobles y los prelados, pobre y enfermizo , en tanto que los señores y los obispos se regalan en opíparos banquetes, empeña su capa para pagar sus deudas, come de lo que caza, y protege , porque los necesita , á los médicos , cuya pro¬ fesión rehabilita y ennoblece. El hijo de este rey se sienta en el trono y heredando con el cetro los achaques de su pa¬ dre, continúa la veneración por los médicos y crea la institu¬ ción de los alcaldes y examinadores con tribunal especial. Las cortes de Zamora y de Madrigal representan contra este pri¬ mer paso de policía sanitaria ; mas firme el monarca en su propósito , rechaza las instancias de los procuradores á cor¬ tes , por descubrir en ellas mal recatados intereses de lo¬ calidad y de personas bajo el manto de la utilidad común.
Carlos V ciñe la corona imperial y coloca la de España en las sienes de Felipe II. Las instituciones que dio al pue¬ blo germano fueron un impulso para nuestros médicos lejis-
tas , y en el término de algunos años ya vieron la luz públi¬ ca las obras de los Amiguet, los Lorenzo de Avila, los Fra¬ goso, los Fontecha, los Villabraxina y los Garranza. No quiso Felipe ÍI ser menos que sus antepasados Enrique III y su hijo Juan. El proto medicato fue creación suya. Recordemos los privilegios y autoridad de este tribunal esclusivo y nos formaremos una idea del indujo de los médicos y de la cien¬ cia en la administración de justicia. Hubieran podido ser sin embargo mayores los frutos de esta privanza á no estar en¬ tronizado el horrible tribunal, tan enemigo de las luces como de la misma religión á la que ofrecía clandestinos hecatom¬ bes. Inclinábanse los médicos al estudio del físico del hom¬ bre ; sentían instintivamente la necesidad del libre exámen, y esta tendencia que no se escapaba á la mirada suspicaz de los inquisidores, acabó de alarmarlos, al ver la decidida parte que tomó el desdichado Miguel Servet en la reforma religiosa. Siguiéronse con todo publicando en lo sucesivo obras de me¬ dicina : á la sombra de lisongeras dedicatorias á los humildes siervos de Jesucristo que llevaban mitra ó capelo, ó que te¬ nían en su mano las hogueras y tormentos del santo tribu¬ nal, pasaban ciertos escritos y algo influían en las diferentes resoluciones tomadas por el rey y por los diferentes tribu¬ nales. Un segundo Pirineo opuesto por la teocracia á la con¬ cepción del conde de Verulamio y de Locke, mas popula¬ rizada por Condillac , no dejaba que las obras médicas se despojasen de cierto sabor místico ó teológico y era fácil que pasase por nigromántico , mago ó hechichero el que mostra¬ se al través de una lente aumentativa doblado de volumen un insecto délos mas reconocidos. Nuestros Sánchez , nuestros Gómez, nuestros Zapata, nuestros Valles, nuestros Viader, nuestros Rodríguez rev elan el mismo temor á ios rayos del Va¬ ticano, que' los italianos Zebirio, Amano, Fidelis y Zachias.
Gracias á los esfuerzos de Feijoo, gracias á la situación de Jov ellanos , gracias sobre todo á los últimos acontecimien¬ tos de España , el pensamiento es libre de hecho y de de¬ recho especialmente en materias científicas ; y sino figura¬ mos en primera línea , si todavía los descubrimientos vienen del otro lado de los Pirineos ó atraviesan el canal de la Man¬ cha , nos vamos aproximando ya á una época de restau¬ ración que acaso nos consienta recobrar, cuando no la pri¬ macía, un lugar mas digno en la república literaria. Nuestros tribunales han modificado las leyes de las Partidas; la No¬ vísima Recopilación se muestra ya mas al nivel de los adelan-
tos sucesivos de los siglos, varias pragmáticas y resol liciones particulares se resienten de los progresos científicos y á elfo han contribuido sin duda los escritos de los Campos , Delga¬ do , González , Murillo , Lorente , Barnades , Vidal y de¬ más que ocupan un distinguido lugar en la bibliografía médi¬ co-legal española , igualmente que las obras de los alemanes y franceses que en latin ó traducidas al castellano se han esparcido por la Península. Hace ya tiempo que los magis¬ trados están reconociendo su impotencia para apreciar muchos hechos judiciales que reclaman conocimientos facultativos, y como en general aquellos á quienes con mas frecuencia se acu¬ de en busca de una ilustración que no dá la sola jurisprudencia, no son los mas á propósito para el cabal desempeño de estas importantes funciones, las academias y facultades son consul¬ tadas todos los dias con la deferencia y confianza que la cien¬ cia se merece.
Desgraciadamente en este instante me ocurre un hecho que no está muy en armonía con lo que acabo de esponcr. Sabido es que hace cerca de un año , fue nombrada una co¬ misión para el arreglo de nuestros códigos. Esta comisión es numerosa y , si, no me engaño, no hay en ella ningún médico. Lejos de mí la duda siquiera de que son vastos los conoci¬ mientos de los dignos señores que componen la comisión. Mas por sábios que sean nuestros jurisconsultos, atendida la or¬ ganización de nuestra instrucción secundaria , atendidos los conocimientos en las ciencias físicas y naturales que han po¬ dido adquirir en las obras de Ámat, de Jacquier y de Gue¬ vara , olvidados por lo común antes de abandonar los claus¬ tros de las universidades , atendidos , en fin , los estudios á que se dedican los abogados durante su carrera y después de ella , séanos lícito opinar que los conocedores de las ciencias físicas y fisiológicas no abundarán entre los individuos de la comisión de códigos , á menos que por aquellos señores ha¬ yan sido cultivadas esprofeso dichas ciencias. Cuanto podrá ser esto de trascendencia en la redacción de unas leyes que han de referirse á muchos hechos civiles y criminales sus¬ ceptibles de ser bien comprendidos tan solo con el auxilio de las ciencias médicas, lo dejo á la consideración de este ilus¬ trado auditorio. Seria de lamentar que, al dar la última ma¬ no á tan importante negocio, no procurase el gobierno perfec¬ cionarle, asesorándose para ciertas leyes con los facultivos que mas derecho tengan por su ilustración y talentos á tan distin¬ guida honra.
Creo , señores , que he demostrado suficientemente la importancia de la Medicina Legal , ya por la naturaleza de las diversas cuestiones que en su círculo comprende, ya por la aplicación {recuente é indispensable que en todos tiempos ha debido tener á la confección de ciertas leyes y en especial á la administración de justicia. Réstame para concluir mi ob¬ jeto decir cuatro palabras acerca de la necesidad de su es¬ tudio.
Demostrada la importancia de la Medicina Legal está ya en cierto modo indicada la necesidad de fomentar su enseñan¬ za y promover su estudio de una manera proporcionada á los adelantos y necesidades de la época. No es esto decir que en España se haya descuidado el cultivo de este importante ra¬ mo. El numero de autores que he citado y citaré mas ade¬ lante, es una prueba práctica de que en todos tiempos se han consagrado á la Medicina Legal claros ingenios que han po¬ dido generalizar su estudio y ejercicio entre los españoles. Por los reglamentos que hasta el decreto del 10 de octubre han regido las escuelas de medicina , fueron establecidas cᬠtedras para la enseñanza de ¡a Medicina Legal. Verdad es que estas cátedras no le eran esclusivas , que en ellas se dedica¬ ban la mayor parte de las lecciones á otras materias compren¬ didas en la misma asignatura ; mas no por esto carecían los alumnos de la instrucción que aquella forma de enseñanza consentía. La necesidad de dar en nuestras escuelas mas en¬ sanche á las lecciones médico-legales depende de los progre¬ sos rápidos que ha hecho la ciencia de algunos años á esta parte. Los catedráticos de materia médica y terapéutica en las universidades, y los de anatomía y vendages en los cole¬ gios, encargados por el reglamento de 1827 y el de 1827 de enseñar la Medicina Legal, tenían que desplegar todo su sa¬ ber y su talento para abarcar compendiosamente en el poco tiempo que se les concedíalos hechos interesantes cada dia A mas numerosos de aquel cuerpo de doctrina, y si alguno echa de menos los desarrollos prácticos de esta enseñanza , de que eran muy capaces ios profesores encargados de ella, notoria injusticia fuera atribuirlo á otra causa que á la acumulación de muchas materias y todas vastas en una sola asignatura. La Medicina Legal necesita ser enseñada en una cátedra es¬ pecial. La riqueza de sus hechos , la multitud de sus cues¬ tiones y la diversidad de sus partes reclaman todo un curso y tal vez dos. Asi hace tiempo que lo han comprendido las naciones estrangeras colocadas al frente de los adelantos cien-
tíficos. Asi opinaba en 18á0 que debía practicarse un digno catedrático de esta escuela, D. Melchor Sánchez de Toca, en una memoria recomendable que hará siempre honor á su la¬ boriosidad , á su espíritu observador y á sus talentos filosófi¬ cos. Asi lo consignó en el plan de estudios médicos que presentó al gobierno provisional la ilustrada comisión com¬ puesta de los señores Olózaga, Seoane , Llórente é Hysern, y asi finalmente lo dispuso con general asentimiento el go¬ bierno provisional en su reforma de octubre»
Si de la enseñanza pasamos al ejercicio que ha sido hasta ahora, ¿qué es aun en el dia la Medicina Legal entre nos¬ otros ? ¿Cuáles son los facultativos dedicados á este impor¬ tante ramo de ciencias médicas ? El ánimo se aflige al con¬ templar que en el siglo XIX , con tantos adelantos como ha hecho la Medicina Legal en otras naciones , nosotros nos en¬ contramos á la altura de la nación francesa en el siglo XIV. Salvo algunas escepciones , los profesores de mas escasos co¬ nocimientos , los que ocupan el último grado en la gerarquía facultativa son los que proporcionan mas comunmente á los tribunales las luces que les faltan, ¡ pero qué luces! De aquí los desaciertos monstruosos que se notan, las injusticias enor¬ mes que se cometen, los perjuicios irreparables que se irro¬ gan á las familias y á la sociedad entera ; sin que basten las academias y facultades á resolver la multitud de casos espi¬ nosos con que se las agovia y distrae de su principal objeto, y mucho menos á disminuir ni precaver los males innume¬ rables que se siguen de esta funesta anarquía ; males que se¬ rán constantemente deplorados, hasta tanto que el gobierno se persuada á que es de absoluta necesidad la organización de un ramo de médicos forenses destinados á ilustrar de oficio á las audiencias y juzgados en los casos que reclamen conocimien¬ tos facultativos.
Autores originales que pudieran suplir la falta de enseñan¬ za y guiar á los facultativos en los casos jurídicos , por mas que no sea escaso el número de los que á la Medicina Legal han dedicado su pluma , bien podemos asegurar que no los hay, sin temor de que nos alcance la censura algo severa lan¬ zada por un ilustre catedrático de esta escuela ya difunto, contra los que tal proposición formulen. Léanse las obras de nuestros autores. Sobre encontrarse pocas que traten de todo lo comprendido en el dia bajo el título de Medicina Legal, sobre confundir algunos todavía esta ciencia con la Higiene, de la que ya está hace tiempo separada , sobre haber escrito
los unos tan solo acerca del matrimonio , los otros tan sol® acerca del parto , estos sobre las inhumaciones , aquellos so— bre las asfixias, etc., todos han tenido que pagar su tributo de vetustez inevitable. La tumba ha ido devorando á los autores de esas obras y la ciencia no se ha detenido ni un dia. Gran parte de las obras científicas son como los hombres ; la vejez es necesaria y las antiguas tienen que ceder el lugar á las modernas.
Fáltannos igualmente traducciones de los autores estrange™ ros mas modernos y afamados. Los Zachias, los Belloc, los Foderé, los Capuron, que junto con algunos autores alemanes han ocupado hasta ahora un buen lugar en los estantes de nues¬ tras bibliotecas , no sirven ya ni para ios alumnos , ni para los facultativos que no formen de la lectura de aquellos un objeto de erudición.
Algunos profesores beneméritos han hecho en nuestros dias no poco bien al pais recogiendo las disposiciones lega¬ les que se refieren á cuestiones médicas y publicado en compendio sus trabajos muy ai nivel de los conocimientos actuales. Complázcome en este momento en citar á los señores Moreno, Peiro y Rodrigo, y por último al señor Sarrais* quien acaba de traducir el compendio interesante de Bayard, correspondiendo á la constante asiduidad , celo y talentos con que procuran difundir por nuestra patria toda suerte de co¬ nocimientos los ilustrados redactores y colaboradores de la Bi¬ blioteca escogida de Medicina y Cirujía.
A pesar de todos estos esfuerzos ciertamente recomenda¬ bles, falta todavía entre nosotros una obra que sea á la vez útil al alumno y útil al profesor ; una obra que sin ser vasta no sea tampoco reducida á un descarnado esqueleto. Los com¬ pendios no pueden satisfacer las necesidades de la época. Hay un error bastante común con respecto á los compendios. Gene¬ ralmente se cree que esíractando las definiciones y divisiones de los diferentes puntos abrazados por una ciencia; que for¬ mulando las proposiciones donde se reasume el resultado de una cuestión , hay todo lo útil y todo lo necesario para lle¬ varse el cuerpo de dicha ciencia. Prescindiendo de que no es para todos el saber escribir compendios, que tal vez y sin tal vez es mas difícil hacer un estrado en que nada sobre ni fal¬ te, que escribir una obra estensa, y que por lo común son dados á luz ios compendios por autores que acaso empiezan su carrera de escritor por aquellas obras; por poco que el ra¬ mo sobre que versan los estrados se preste á la discusión,
se hacen los escritos compendiosos de todo punto inservibles. Dar á un alumno un problema resuelto sin hacerle conocer las varias operaciones de la resolución , las pruebas de racio¬ cinio y las de hecho en que se apoye una verdad ó un prin¬ cipio , es disponerle á que desempeñe medianamente su papel mientras no encuentre oposición alguna ; es esponerle ine¬ vitablemente á quedar desairado en una discusión con otro comprofesor que no participe de sus doctrinas. Los com¬ pendios son muy conducentes no para los que aprenden sino para ios que han sabido. Cuando se ha estudiado una cien¬ cia en obras vastas , cuando uno se ha nutrido de lecciones estensas, entonces están indicados los compendios : cada pro¬ posición, cada aforismo es una ráfaga que alumbra largo trecho , es un resorte que pone eh movimiento una multitud de ideas.
Nuestro ilustre Morejon,cuyo nombre pronunciaré siem¬ pre con respeto , pedia mucho mas. «Es indispensable , dice, una obra maestra , no ya para el estudio de un médico sola¬ mente , sino que sirva de norma á los mismos legisladores. Y no se crea satisfecha la necesidad con una Medicina Legal arreglada á las leyes de un determinado país ; el hombre en todos los climas es el mismo y asi como no varía en sus funciones físicas y morales , sino solamente en accidentes de¬ bidos al clima, educación , costumbres , etc , asi también las leyes de todos los países se deben arreglar á estos mismos conocimientos que les presta la medicina , cimentados sobre principios ciertos , indestructibles , como sacados de la na¬ turaleza misma de las cosas. Asi, pues, cualquiera altera¬ ción que pueda sufrir este código de medicina forense, debe ser solamente en aquellos puntos que versen sobre costum¬ bres nacionales y otras particularidades á este tenor; pero nunca en su esencia. Por último , debe en mi concepto no li¬ mitarse esta obra á los casos ligeramente indicados ; la me¬ jora de la especie humana, punto en que todos los gobiernos se deben interesar, la higiene pública, policía médica, etc., etc., deben formar el complemento de tan interesante trabajo. ¡ Loor eterno al númen benéfico que lleve á cima cual con¬ viene tan grande empresa ! »
Asi se espresaba Morejon. ¡Quién sabe si ese loor hu¬ biera sido para él mismo ! ¡ Quién sabe si ese númen bené¬ fico hubiera sido el autor de la Historia bibliográfica de la Me¬ dicina Española , á no haberle la muerte arrebatado á deshora de una escuela donde se hizo un lugar tan distinguido, pues-
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recuérdense las diversas cuestiones en que el tribunal puede llamarlos para árbitros ó expertos, y se comprenderá con evi¬ dencia toda la verdad de estas proposiciones.
Una objeción pudiera hacérseme , á la que quiero contes¬ tar antes de concluir mi ya demasiado estenso discurso. Tal vez se diga que no siendo la Medicina Legal una ciencia sino en cuanto los demas ramos del arte de curar le suministran materias para formar un cuerpo de doctrina , pudiera muy bien el médico pasarse sin su estudio, con tal que estudiase esas materias en las diferentes asignaturas de la escuela. Aprendiendo la física, la química, la anatomía , la fisiología, etc., en sus respectivas cátedras, cuando fuese el médico lla¬ mado para ilustrar el tribunal, aplicaría al caso jurídico los co¬ nocimientos facultativos adquiridos en aquellas. Mal com¬ prende la naturaleza de la Medicina Legal ; mal conoce su historia quien tan especiosa objeción haga. No es una para¬ doja afirmar que no basta ser buen físico, buen químico, buen anatómico , buen fisiólogo , etc. , para ser buen médico legis¬ ta. Esos mismos conocimientos, que como médico ordinario adquiere , posee y ejercita el facultativo, tienen en Medicina Legal otro aspecto, otra significación, otras aplicaciones. Los problemas que hay que resolver , cuando solo se trata de curar á los enfermos ó precaver sus males , son por cierto muy diferentes de los que los tribunales proponen : los gra¬ dos de probabilidad y de certeza que bastan para formar una convicción médica , distan en verdad de ser suficientes para formarla legal. Tal profesor, á la vista de un flujo, de al¬ gunos signos de embarazo , de ciertos síntomas de locura , de algunas señales de muerte , etc. , etc. , no vacilará un mo¬ mento en asegurar dentro de la esfera común que la muerte, que la locura , que el embarazo , que un flujo venéreo existe. Nías llamad á ese mismo profesor ante un tribunal como "experto ; hacedle jurar que dirá la verdad de lo que presencia¬ re , y vedle ya vacilante , lleno de dudas y dificultades ; mi¬ radle como se asegura de la realidad ó de la apariencia de los hechos ; observad como separa lo que solo da verosimilitud de lo que da certeza ; escuchad , en fin , cómo declara tal vez de un modo de todo punto opuesto á lo que antes opinaba. ¿Qué significa esto, señores? Que como médico legista tiene una responsabilidad que no tiene como médico ordinario ; que co¬ mo médico experto sus juicios demandan mas observación, mas seguridad, mas filosofía. El modo de ejercer la medicina en las alcobas, á la cabecera dolos enfermos, no es el modo de
ejercerla ante los tribunales. Este modo tiene sus fórmulas, tiene sus preceptos, tiene sus conocimientos especiales, y estos cono¬ cimientos, estos preceptos y estas fórmulas no se adquieren sino estudiando separadamente la Medicina Legal. La esperiencia tiene harto acreditado que solo son aptos para ejer¬ cer este ramo del saber los que han hecho de él un particular estudio. Casos diversos pueden presentarse en que un mé¬ dico , á pesar de ser recomendable bajo otro aspecto , si es novicio en las visitas jurídicas no es competente para ilustrar al magistrado. Dadle una autopsia judiciaria á hacer; tal vez se pierdan en sus inespertas manos los documentos mas pre¬ ciosos , los datos mas concluyentes de la culpabilidad ó de la inocencia de un acusado. Las autopsias clínicas son otra cosa muy diferente de las autopsias oficiales.
Oigamos también acerca de esto al eminente varón que dos veces he citado. «No basta, dice, para este trabajo ser buen físico y químico , historiador , legista y médico , es preciso tener un profundo conocimiento del hombre, es necesario conocerlo bajo todas las modificaciones de su estructura y de su moral , bajo todas las fases fisiológicas, y las alteracio¬ nes que pueda haber sufrido por causas accidentales y acaso con todo esto, aun no seria bastante.» Bien es verdad que esto lo decía Morejon , no del profesor, sino del escritor de esta especialidad ; sin embargo , siempre resulta que hay al¬ guna diferencia entre uno y otro aspecto del médico.
Confundido con otros ramos de la ciencia de curar ya lo ha sido en otros tiempos ese cuerpo de doctrina. Hasta cuan¬ do se separó de aquellos no anduvo solo ; la Higiene nació con él á la manera de dos gemelos. Heschenbac empezó á separarlos, Foderé los ha llevado unidos hasta nuestros dias, nuestro Vidal hizo lo propio ; mas hoy dia ya no es posible esta unión. Una y otra ciencia son demasiado vastas para ser estudiadas juntas ó confundidas. Las ciencias son como las se¬ millas y los vástagos ; ya no pueden volver al tronco de que salieron ; si son plantados echan raíces y renuevos, y se hacen árboles frondosos. La misma Medicina Legal no puede ya sub¬ sistir sin dividirse en dos grandes ramos. Es ya tan rica de hechos , de observaciones, y abraza tanta materia que no es posible abarcarla sino someramente en un solo curso. La to— xicologia , que hasta ahora había formado un capítulo de la Medicina Legal, es ya una ciencia tan vasta como esta misma. La toxicologia no será bien estudiada y conocida sino cuan¬ do se establezca una cátedra especial de esta materia.
Me atrevo á creer , señores , que después de estas reflexiones nacidas del convencimiento mas profundo , ninguno de vosotros pondrá siquiera en duda la importancia de la Me¬ dicina Legal y la necesidad de su estudio. He desplegado á vuestros ojos el programa de los diferentes ramos de cono¬ cimientos por esta ciencia abrazados y por la trascendencia é interés de cada uno d'e estos,, habéis podido comprender perfectamente cuanto ha de ser el del cuerpo de doctrina que de estos ramos se forma. Os he manifestado la vasta, frecuente y necesaria aplicación de sus principios, recorrien¬ do rápidamente la influencia que los adelantos médicos han egercido en las instituciones de los pueblos, y os he probado que en el estado actual de España teníamos grande necesi¬ dad de aplicarnos al estudio de tan importante ciencia.
Vosotros, pues, beneméritos alumnos de todos los años y carreras que vais á proseguir vuestros estudios en esta facultad ; vosotros que estáis llamados á realzar un dia vuestra noble profesión con vuestros talentos y virtudes; vosotros que mas de una vez tendréis en vuestras manos el honor de una familia, el patrimonio de un heredero, ó la vida de un desdichado, no dudéis ni un solo instante que la profesión á que os vais á consagrar está compuesta de cier¬ to número de materias todas á cual mas interesantes , todas á cual mas provechosas, todas á cual mas indispensables. Tened siempre presente que el orden con que están encade¬ nadas las asignaturas á que debeis asistir, desde que entráis en la facultad, os obliga á no perder la lección de hoy, sope¬ ña de que no os encontréis aptos para aprovechar la de ma¬ ñana. Vivid persuadidos á que, sin poseer las ciencias auxi¬ liares, no comprendereis las fisiológicas ; sin el estudio del hombre sano , no comprendereis el del enfermo , y si ha¬ béis olvidado las nutridas lecciones de los respectivos cate¬ dráticos que os hayan ido preparando para el egercicio del arte , cuando lleguéis á la Medicina Legal, os quedareis estra¬ dos á sus conocimientos ; no podréis resolver ni una cuestión judicial y volvereis á vuestras casas con el remordimiento en el corazón y la vergüenza en el semblante, al contemplar di¬ sipada inútilmente la fortuna tal vez escasa de vuestras po¬ bres familias, que la consumen gustosas, esperando recobrarla con los frutos de vuestro aprovechamiento. Os engañariais solemnemente si creyéseis que la Medicina Legal se aprende, comprando á última hora cualquier libro que no sabréis estudiar, y mucho mas si os hiciéreis el equivocado cargo de que ja-
más os llamará el tribunal para que le deis alguna declara¬ ción ó informe. No trascurrirá un solo día en que no estéis espuestos á ser médicos ó farmacéuticos legistas, ó lo que es lo mismo á yeros, si ignoráis vuestro deber, envilecidos, privados de profesión , multados y castigados con penas aflic¬ tivas é infamantes. Vuestra será la culpa si no os aprovecháis de las ventajas que ha reportado á la enseñanza la nueva or¬ ganización de los estudios médicos.
Repartidos en otras tantas asignaturas particulares cuan¬ tos son los ramos principales de la ciencia de curar, recibi¬ réis sucesivamente lecciones estensas y meditadas sobre muchas materias que hasta ahora solo habían podido esplicarse de un modo rudimental por haber sido agolpadas en una sola asignatura. Además de los catedráticos teneis á los profesores agregados , en quienes vais á ver den¬ tro de poco escitada la emulación, dándoos en la escuela práctica cursos de especialidades interesantes y lecciones mas detalladas sobre los puntos que no hubiesen podido adquirir todos sus desarrollos en las cátedras. La escuela práctica os llamará al estudio y os brindará con premios que serán vuestro noble orgullo el dia en que, regresando laureados á vuestros hogares, abracéis á vuestros padres y os mostréis á los ojos de la que haya de ser vuestra hermosa compañera. Seguid, seguid, estudiosos jóvenes, vuestra laudable vocación; con¬ sagraos al estudio con todo el entusiasmo que hierve en vues¬ tros corazones vírgenes; aprovechad ese inapreciable sudor que baña el semblante de vuestros padres para mejorar vues¬ tra posición social; haced que no os distingáis en las listas anuales , sino por quien tenga mas merecida la nota de so¬ bresaliente , y un dia sereis facultativos del ejército , de la armada , sereis médicos de hospital , de baños ; sereis mé¬ dicos forenses , cuando el gobierno establezca esta necesaria institución, sereis agregados, catedráticos, en fin, y cuando no, encontrareis buenos partidos , tendréis numerosa y escoji— da clientela , brillando siempre en la sociedad , poseídos de esa satisfacción y orgullo con que enhiesta la cabeza el hombre honrado que es todo lo que es por su capacidad y su trabajo.
Madrid 2 de octubre de 184V.
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