Italia en la ciencia, en la vida, y en el arte · Unidad 102 de 106
Unidad 102 · ITALIA 227
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pira ó que la evolución de las especies vivas sobrepase al hombre, que es actualmente su forma superior. Ilógico es considerar eterno el momento íictual de la evolución biológica y suponer que la especie humana es el eslabón terminal de la serie filogénita por todo el tiempo que persista la vida sobre el planeta.
La ética de Cristo fué popular gracias á su propia inferioridad. Los débiles, los ignorantes, los pobres de espíritu, los cobardes, los serviles, los gregarios, los ceros, son los más; por eso la moral cristiana y panarquista (muchos que se creen socialistas y anarquistas son simples cristianos panarquisias) encuentra fáciles simpatías en las glebas.
La moral de Zarathustra es necesariamente impopular: la impopularidad es un privilegio de todas las verdades. Los fuertes, los hermosos, los inteligentes, los sensuales, los dominadores, son los menos. — Sin olvidar, por esto, que son las unidades en toda cifra social.
El loco Jesús fué apóstol de una enfermiza decadencia, astro crepuscular ante una larga noche de la moral humana. El loco Nietzsche ha cerrado el triste paréntesis, presagiando auroras nuevas, astro de un sano amanecer.
Ambos fueron locos y geniales. Los cerebros, vergeles de ideas, florecieron extrañas orquídeas filosóficas; el uno corolas de roja seda y el otro de violados terciopelos, sedas altivas y terciopelos tristes. Sus locuras fueron heterogéneas; por eso predicaron morales fundamentalmente diversas. Jesús era tímido y humilde, su moral fué una
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umbría maleza, el olivo y el ciprés; Federico era pujante y pletórico, su moral fué una selva frondosa, la encina y el laurel.
El vulgo supone que los alienados no razonan. Muchas veces, en cambio, su locura consiste en que «razonan demasiado». Otros vulgos opinan: el loco no sabe lo que dice; sin embargo, á menudo, la locura estriba en «saber demasiado» lo que se afirma. En las funciones intelectuales, el más y el menos son anormales por igual, lo mismo que en las otras funciones del cuerpo; la hidropesía es tan peligrosa como la consunción.
El loco razonante tiene su lógica, pero la tiene excesiva y paradojal; hay falsas vías en la red de sus comunicaciones cerebrales. Habla sentenciosamente; no concibe la duda ni acepta la discusión. La creencia desborda toda critica y todo raciocinio. Es un hombre de fe, tan inconmovible en sus yerros como en sus aciertos; es vidente, místico, iluminado inquebrantable.
Sólo en esto son comparables Jesús y Federico; así predica el uno, así escribe el otro. El me-^ canismo psicológico es semejante; aunque actúe' sobre materiales diferentes en cantidad y calidad.
Aquél afirma su compasiva moral con la misma certidumbre con que éste escribe sus abstracciones demoledoras. Hablan por sentencias, razonan por parábolas.
El uno arrastra sus delirios, amenguadores de la personalidad, dentro del bien y del mal; el otro desarrolla los suyos, intensificadores del yo, y remonta su vuelo de cóndor para colocarse más allá.
Sus afirmaciones, siendo antitéticas, revisten una forma igualmente apodíctica. Son para aceptarlas ó rechazarlas: nunca para discutirlas. Am-