J. J. Roussau y la educación de la naturaleza (de la série "Los grandes educadores") · Unidad 21 de 47

Unidad 21 · J. .T. ROUSSEAU 43

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

J. .T. ROUSSEAU 43

ver la aurora á gentes que no se levantaban sino á medio día. Vos habéis llevado al aire libre, en pleno sol, á los pequeñuelos que languidecían en la atmósfera apartada de las grandes ciudades. Vos habéis protestado contra las necesidades facticias, contra los caprichos y los artificios de la moda. Vos habéis tratado de restablecer en la humanidad la sencillez de las primeras edades.... Sed por ello elogiado.

«Pero ¿en cuántos puntos, no creyendo inspiraros sino en mí, os habéis sin embargo engañado? No me está probado que vos sepáis bien quien soy yo. Todo el mundo á vuestro alrededor habla «del misterio de la ley de naturaleza». ¿Estáis bien seguro de haber aclarado y penetrado ese misterio?

«¿Qué soy á vuestros ojos? «El conjunto, decís, de las tendencias instintivas de la humanidad antes que la opinión las haya alterado». Olvidáis que soy yo quien ha hecho en parte «la opinión»; que la sociedad es mi obra, que yo la he fundado, que yo entro por mucho en su organización. Parece que, en vuestro espíritu, yo haya permanecido cristalizándome en mi inmovilidad, siendo la naturaleza primitiva y salvaje de los primeros tiempos del mundo. No, yo no soy una fuerza inmóvil é invariable. Adelanto, marcho con el progreso. Alguien que no os ama, pero que tiene mucho ingenio, ha dicho chistosamente qne hacéis retrogradar la humanidad hasta la época bárbara en que los hombres caminaban en cuatro patas y no se alimentaban sino con bellotas. ... Os concedo que Voltaire exagere; pero aún así mismo, ensalzando los beneficios de la ignorancia, maldiciendo las artes y las letras y todas las obras de la civilización, no habéis dado motivo á esa burla?

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«Vos exigís aturdidamente que se haga tabla rasa de todo lo que nuestros antepasados han instituido, cuando soy yo quien á menudo ha dictado esas instituciones y esas costumbres. Vos queréis, en la educación, tomar en todo el contrapié de la costumbre, pero ¿no veis que «la costumbre» que condenáis en block no habría podido subsistir de siglo en siglo, si en parte no hubiera estado de acuerdo con las leyes á que yo presido?

«No querría entrar en el detalle de vuestros errores, pero he aquí uno. Tenéis razón de no enseñar á vuestro querido Emilio más que la religión natural, que es la única que yo pueda confesar. Tenéis razón, saludando detrás de mí á la Providencia, mi creadora, en oponer á las vanas y superficiales formas del culto, el sentimiento interno y profundo de la conciencia. . . . Pero ¿por qué, en esta educación religiosa, no os habéis conformado á la marcha misma de la humanidad la que, guiada por mí, ha pasado de las supersticiones primitivas y de las medias claridades de las teologías posteriores, á la luz más completa de la razón pura? Vuestro predecesor Fénelon, que me ha complacido, también él, por el esfuerzo que ha hecho para aproximárseme, ha sido más sabio; y, si es cierto que los hombres deben permanecer creyentes, comprendió que el único medio de asegurar su fe, era poner desde muy temprano los fundamentos en el espíritu del niño, presentándole desde luego, como yo lo he hecho para con la humanidad, ideas sensibles de Dios, ideas imperfectas y confusas, de las cuales la razón, á medida que se desarrolle, disipará poco á poco las imágenes supersticiosas, para hacer aparecer, tanto como lo permita la debilidad humana, la concepción pura y racional de Aquél que me ha creado ....