La abolición de la esclavitud en el orden económico · Unidad 9 de 46

Unidad 9 · MEDIO QUINCENAL.

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MEDIO QUINCENAL.

1844-47 1848-52 1853-57 Flancos. Francos. Francos.

Martinica 39.226.5^3 36.676.505 51.547.950

Guadalupe 39.228.912 28.461-649 39.904.776-

Guvana 4.081.799 4.427.460 7-954,378

Reunión, 33.074.648 34708.672 72.3¿4.70i

115.609.862 104.274.'^86 171.734.701

itAsí, dice M. Ccchin — de cuyo libro tomo estos datos — cinco años después de la emancipación la disminución es sólo de once millones, y recae casi enteramente sobre una sola Colonia, sobre Guadalupe. Diez años después el aumento es de treinta y seis millones. En las ¿cuatro Colonias las cifras han excedido á las de antaño; en la Martinica más de un torció; en la Reunión más del doble (27).»

Al lado de estos datos seria necesario poner algunos otros para que el estudio fuese completo. La riqueza y la vida de las colonias no se juzga sólo por el valor de las exportaciones y el movimiento general mercantil. En piimer lugar, es necesario tener jnuy en cuenta las cantidades producidas, y por otra parte (y sin prescindir de que la naturaleza de los productos coloniales hace que se los dedique en su casi totalidad á la exportación), es preciso contar con el interés del dinero, los precios de venta de las propiedades rústicas y urbanas, el coste de producción, el monto efectivo de las contribuciones, los gastos de recaudación, y otros signos no menos importantes de la comodidad ó del malestar de los pueblos.

Dengraciadamente, ó no existen esos datos por completo, ó no los tengo á mano (*), ó exigen una detención y un es[>acio impropios de la modestia de este trabajo. Sin embargo, para no defraudar las esperanzas del lector — y recomendando al que quiera más informes los artículos publicados en 1859 y 1860 por la Revue Coloniale y el Journal des Economistes, así como el curioso libro de M. de Lepelletier de Saint-Remy titulsiáo Les Coloniesfrancaises (1859) — voy á trasladar las cifras que sobre exportación de azúcares (el principal producto colonial) arrojan los documentos oficiales, al par que reproduzco las observaciones hechas por el tantas veces citado M. Co— chin, sobre el estado general de las Colonias francesas después de la abolición.

Tomando las cantidades de todas las Colonias

(•) Escribir en España de asuntos coloniales no es empresa fácil; no por la gravedad de la materia solo, sino por lo difícil que es reunir datos fehacientes de nuestras colonias y de las extranjeras. Es una razón más para que este ligero trabajo sea sobrado flojo.

juntap. }'- prescindiendo de toda clasiticacion de azúcares, hé aq[uí los resultados de tres quin(j[uenios:

1843 — 47 =: 80.5*0.800 kilógs. 1848 — 52 = 58.946.830 1853 — 57 = 83.426.718

Resulta, pues, una disminución en el segundo quinquenio de más de un cuarto, y un aumento en el tercero, relativamente al primero, casi de 1/20.

Pero es necesario tener en cuenta, para apreciar debidamente este progreso, que dentro del quinquenio 1843-47 se comprenden años excepcionales como el de 45, en que la exnortacion de azá3ares subió á 102.000.000 kilos, y el de 47, que fig-uió por 99; cifra« jamás logradas en las Colonias francesas antes de estos años, y comparables sólo á las obtenidas á partir de 1858.

En segundo lugar, no se olvide que antes de la abolición, el producto, punto menos que exclusivo de aquellas comarcas, era el azú arjy que después, libres y libertos se han dedii ado mucho al cultivo de los artículos de primera necesidad (que no se exportan) al café y aun al algodón.

Por último, conviene advertir que si en el período crítico de 1848 bajó la expoliación de azúcares, en cambio los precios subieron en Francia extraordinariamente, llegando en el año 50 á valer el kilogramo de azúcar nada menos que 87'50 fr,, cuando antes sólo costaba 68'40. Bien es verdad que luego descendió por circunstancias particulares (*).

(*) De este modo puede muy bien decirse, con un estadi.-^ta francés, que la pérdida de los colonos en estos primeros aíios, si ea cantidad es de tin cuarto, en valor no llega á un quinto, esto es. menos que en las colonias inglesas.

Por lo que hace al estado general de 'las Colonias las Noticias oficiales de 1858 (que se refieren á 1855) patentizan que el número de ingenios es mayor y las cifras de las cabezas de ganado la misma que en 1847. En cambio, el número de trabajadores ha disminuido muy poco, el interés del dinero ha bajado, y los bancos, florecientes y con gran porvenir, han prooorcionado un notable au • xilio á la propiedad ya liquidada, merced á la indemnización regularizada por la expropiación y rehabilitada por la emancipación. Los útiles agrícolas y fabriles se han mejorado, y el establecimiento de usines centrales, disminuyendo los gastos, ha aumentado los beneficios.

Además, Mr. Cochin afirma que las fincas rus ticas se alquilan más caro que en 1847; algunas hasta el doble, y de los diarios de las Colonias se desprende que los precios de venta han progresado notablemente.

En cuanto al salario, apenas ha aumentado, contra lo que sucedió en la? Colonias inglesas. En 1842 se calculaba en las Antillas que un esclavo vestido, alimentado y atendido costaba 0'50 á O'GO fr. por dia, no comprendida la habitación. Un negro, según un cálculo hecho en 1847, costaba 100 fr. al año. Tomando un término medio, resulta que bien puede calcularse el gasto anual de un esclavo en 200 á 250 francos.

Pero el salario medio de los cultivadores era antes de 18G0 en la Martinica 1 fr. 50 cent., y en la Guadalupe de 1 fr., no comprendido el hogar, siendo de advertir que solo hay doscientos cincuenta dias de trabajo para el hombre libre, mientras el esclavo cuesta todos los dias del año, así como que los viejos y los niños (siempre la cuarta parta de un ingenio ó

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plantación) pasaban en tiempo de la esclavitud sobre el amo. Ahora bien, entre 250 ó 300 fr. con estas cargas, y 300 ó 375 sin ellas, ya se ve que la diferencia no es Gonsiderable.

A mas, el emigrante costaba 12 fr. 50 cénfc. por dia, con el 'plv.s de la alimentación, ó sea de 60 á 80 cent, diarios. Por tanto, el obrero libre costaba casi lo mismo que habia costado el esclavo, con la ventaja de tener el amo un crédito mas fácil y un precio de venta mas alto.

1 1 En resumen — dice M. Cochin — por cualquier camino que se tome se llega al mismo resultado .

En las cuatro Colonias el movimiento general d« negocios, importaciones y exportaciones reunidas, ha subido por cima de las cifras anteriores á 1848.

La suma de exportaciones, y por consecuencia, la producción es más elevada que antes de 1848, esee[)CÍon hecha de la Guyana trasiormada en colonia penitenciaria. El aumento es poco considerable en la Guadalupe, importante en la Martinica y extraordinario en la Reunión.

La cantidad de azúcar, producto principal, casi exclusivo de las colonias, por mucho tiempo inferior al término meíiio que precedió á 1848, se ha alcanzado y después dejado atrás.

El crédito es más fácil, el salario apenas más alto, el precio de venta más subido, aun antes de lo sancionado por la ley de 1860.

En 1847 las colonias francesas ocupaban 2.022 buques de toda procedencia y todo destino, con un movimiento total de 115.694.170 ir.

En 1857 las Colonias ocupaban 2,488 buques, con un movimiento total de 166.057.692 fr.

En 1859 las Colonias han empleado 3.342 buques de cabida de 593.929 toneladas, tripuladoa por

37.487 hombi'es y representando un movimiento total do 172.355.614 fr.

Césese, pues, de repetir que las colonias francesas no trabajan ni producen después de la abolición" (28).

Pueden ocurrir sin embargo, dos argumentos que me importa prevenir, aunque de pasada. En rigorno afectan al fondo del problema; pero conviene refutarlos, antes de dar por terminada esta parte.

iiEs — se puede decir — que las cifras que se registran en los anteriores párrafos, no son el resultado del trabajo de les libertos. En todas esas Colonias, y principalmente en la Reunión donde los números son de más importancia, se verificó una grande inmigración d3 africanos y coolies, y á estos se debe que la producción no haya venido al suolo. ¿Es posible esta inmigración en nuestras Antillas? Pues si no lo es — y á ella se oponen los abolicionistas — el ejemplo de las Colonias francesas no puede ser concluyen te."

Dejo á un lado, por las razones que he apuntado muchas veces, el pioblema de la inmigración y renuncio por ende á contestar satisfactoriamente, como Dodria, la última parte del argumento que con toda lealtad he expuesto. Pero vamos al nervio.

Pues bien, este argumento ha sido refutado, mejor que yo pudiera ahora hacerlo, por el autor de L'A holition de lesclavage; y me determino á reproducir sus observaciones, porque, como ya tengo declarado, no me jacto de la originalidad de este modestísimo trabajo, cuyos datos están tomados de una veintena de obras, de necesaria consulta en estas poco conocidas materias. Además, el libro de Mr. Cochin, mejor que los de Mr. Rabosson y Mr. Duval, se ha ocupado muy detenidamente de este particular de las Colonias fiancesas.

Estudiando los efectos de la abolición, y pregun - tándose qué es lo que en realidad hubo respecto de la suspensión del trabajo y del abandono de las fincas y de los talleres Dor parte de los negros en las Colonias citadas, el ilustre escritor, después de sostener que en todo esto influyeron por mucho las agitado - nes políticas, como en la misma capital de Francia, y luego de afirmar que si algo debia extrañarse en este punto no era que los libertos huyesen del lugar de sus penas sino que al fin volviesen los más á las plantaciones y á las fábricas, concluye asegurando que este último hecho es absolutamente cierto.

De dos maneras prueba esto. La primera, haciendo constar el número de estilavos que habia antes de la abolición, el número de trabajadores que aparecieron después, y las cifras de inmigrantes en este período. Así dice:

"En la Martinica, según noticias publicadas por 'el Gobierno en 1858 (Moniteur, 24 mai), el número 'de trabajadores es de 48.970 (*). La indemnización se 'hizo sobre 56.566 esclavos, de los que un tercio eran 'viejos, mujeres y niños. ¿Quiénes forman, pues, el 'contingente actual de trabajadores? ¿Los inmigran- 'tes? En diez años (1847-57) no se introdujsron más 'que 4.578. Los forman, por tanto, en su gran mayoría 'los antiguos esclavos, — á menos que no los formen 'los antiguos amos.

"En la Guadalupe el número de trabajadores era 'de 51.660: la indemnización se calculó sobre 55.416 'esclavos'. Pero no hablan entrado antes de 1856 más 'que 1.800 emigrantes; luego los antiguos esclavos y 'SUS hijos no son holgazanes.

"En la Guyr.na, 7.291 trabajadores: la indemni-

(*) El libro de Mr. Cochin es de 1861.

•'zacion se ha dado por 13.727 esclavos: hay 1.312 "inmigrantes. El resultado no es tan bueno, pero está •dejos de ser nulo, etc.

»'En la E-eunion, el número de contratados ha '•sido incomparablemente mayor. Desde 1852 fué "de cerca de 7.000 por año y en 1856 alcanzaba "á 50.227, y en 1857 á 58.000, es decir casi la cifra "de los antiguos esclavos que era 56.059. Pero de "estos 53.000 contratados cierto número murió ó salió "de la isla para su raís, como de los 56.000 esclavos "sobre un tercio, al menos, lo constituían mujeres, "viejos y niños, resulta que en realidad habia 35 es- "clavos trabajando á los que vinieron á unirse, en 1856, "cerca de 40.000 contratados. Y á esta fecha, el nú- "mero de trabajadores indicado por las Noticias ofi- •'oñciales era de 71.094. n

La segunda manera de probar que los antiguos esclavos no se entregaron á la ociosidad, consiste en } oner de relieve: primero, que necesitando el cultivo y aprovechamiento de la caña, desde la plantación á la fabricación, de 16 á 18 meses, y los inmigrantes un plazo no menor de dos años para que aclimatados puedan dar de sí todo el fruto apetecible, y no habiendo comenzado hasta fines del año 54 la inmigración de indios y hasta 1857 y 1855 la de africanos en las Antillas, y la Reunión, respectivamente, resulta que la influencia de estos en la producción no debe hacerse sentir seriamente sino después de 1857; segundo, que el término medio del movimiento general de los negocios de 1852-1857 ha escedido al de 1843-47 en la Martinica, 12.000.000 y pico de francos, en la Guyana 4, en Guadalupe sobre 700.000 francos: y en la Reunión cerca de 40 millones 1^29).

El segundo argumento á que me he referido es este: •» Podrá ser cierto que la producción no deseen-

i en las Colonias francesas hasta el |)unto que el vulgo pretencioso asegura, pero en cambio, no es menos verdad que así en la isla de la Reunión como en las Antillas, se organizó el trabajo de los libertos, lo cual no entra en el sistema de nuestros abolicionistas."

De pasada, he dicho y no in-^istiré ahora en Jlo, que la colonia donde seriamente pensó el Go - Ijierno francés en regular las relacio nes del capita 1 y del trabajo, favoreciendo al primero faéla Guyana; y queallilos efectos i-evistieronelcarácterdedesastros os.

Mr. Duval se ha complacido en describir bs procedimientos. uPara impedir á los negros que fabricasen chozas y aldeas — dice — lejos de las haciendas, la Administración los amenazó con echarlos de todas las tierras del Estado en que se estableciesen, en un país en que todo terreno vacante es del Estado y el suelo no cultivado casi carece de valor. Para impedir la adquisición legal de pequeñas propiedades se imaginó un impuesto sobre las trasmisiones de inmuebles, impuesto progresivo en razón inversa de la extensión de la tierra, y que fué preciso 8u^)rimir después de cuatro años de quejas y de amargas críticas, confe - sando que ésta medida no habia conducido á otra cosa que á favorecer la vagancia. Asimismo se reguló adoptando una severa penalidad, el número de diaa y de horas que los negros debían trabajar, ora bajo el régimen del salario, ora bajo el déla asociación, sin imponer al dueño la obligación correspondiente de garantiza- un trabajo exactamente retribuido. Los negros no podían abandonar su residencia sin un pasaporte, el cual debía ser visado por el comisario del distrito, cada vez que aquellos se movían, lo cual les obligaba á un viaje de muchas leguas y frecuentemente de muchos dias, porque en toda la

Guyana no habia más que catorce distritos y otros tantos comisarios. En el primer movimiento de fraternidad, la E,e¡)ú.blica de Febrero fundó la fiesta anual del trabajo, en que la flor de los libertos y de los patronos recibía recompensas pecuniarias ú honoríficas: pero estas fiestas se dejaron caer en desuso. En fin, y paia concluir esta triste enumeración, en 1859 el gobierno local suprimió las escuelas gratuitas de los campos, é impuso doble contribución á los niños de los labradores que se presentaban para ser admitidos en las escuelas de Caj'ena: medida que tuvo que ceder á la presión de ía opinión pública, al año siguiente, pero que basta para indicar qué influencias retrógradas y hostiles á la emancipación moral de la raza neg-ra hablan penetrado en el senodela Administración n (30). — Los resultados son notorios. No se violenta impunemente la naturaleza de las cosas. Cuarenta y ocho fábricas de azúcar habia on la Guyana en 1847: diez años después f-e hablan reducido á cinco: y antes he indicado Jo suficiente sobre el estado de esta colonia después de 1852.

Y ahora bien, y dejando esto aparte, ¿qué sucedió en la isla de la Reunión? Que en efecto, á la raiz del decreto emancipador, el Gobierno exigió á los esclavos que presentasen iin contrato de trabajo por dos años, para entrar enseguida en el pleno goce de la libertad; pero como que el contrato podia hacerse con cualquiera persona y no ei a obligatorio el trabajo con el antiguo amo del liberto, resultó que la condición impuesta se redujo auna vana fórmula, siendo numerosísimos los casos en que los negros libres servían de parte en los contratos con sus compañeros redimidos por este medio. Y sucedió también, que esta traba de los contratos se hizo insoportable á los negros, y que en 1850 ya estaba en desuso con beneplácito de los

mismos amos, que á fuer de discretos prescindieron del contrato, de la libreta y de todos los medios de coacción sobre la masa obrera.

Respecto de las Antillas, conviene advertir que no es exacto que en ellas se organizase el trabajo como alguno ha dicho en estos últimos dias. Hay sí en la isla de Guadalupe un regí amento de trabajo, conocido con el nombre de L' Arreté Husson (*) que data de fines de 1857, y viene á ser una especie de ley, bastante mala é injusta, contraía vagancia. Esto mismo es lo que sucede en Martinica desde Setiembre de 1855, si bien allí el reglamento se conoce con el nombre de L' Arreté Gveydon (**). No pretendo entrañar en el fondo del probbma de la vag-ancia; me basta hacer notar dos cosas para el fin con que he hecho esta digresión: la primera, las fechas de estos dos reglamentos y la de la abolición de la esclavitud en las Colonias francesas; la segunda, la naturaleza de las trabas puestas á la libertad del trabajo, trabas tan fáciles de eludir para todos aquellos que no tengan en el debido respeto la integridad de la ley y la pureza de su conciencia; esto es precisamente para todos aquellos en quienes jamás pensó el autor de esas reservas y esas cortapisas.

Y desvanecidos estos cargos volvamos á los resultados generales de la abolición en las Colonias francesas, las cuales pueden reducirse á lo siguiente:

I.'' La producción de las Colonias francesas, calculada por los registros de aduana, si bien disminuyó al dia siguiente de la abolición, donde más hasta un 55 por 100, en seguida, casi desde el año inmediato al decreto einancipador, comenzó á subir,

(*) Mr. Huaeon fué director del Interior en Francia. (**) Mr. Gueydon, gobernador de la isla.

llegando á exceder, cuando terminaba el quinquenio de desahogo (1853-57), en que verdaderamente podia juzgarse de los efectos del trabajo libre (vencidas ya muchas contrariedades y á pesar del régimen mer— • cantil que aun subsistía), las cifras de los mejore* años del régimen de esclavitud.

2." Después de la abolición se desarrollaron en las Colonias ciertas industrias y tomó aug*e el cultivo de algunos productos de consamo local, cuya importancia no pueden evidenciar loa registros de aduams, y que (toda vez que no se ha reducido, antes bien ha progresado, el monto de las importacio— ues), prueban que el país goza de mayor comodidad y que la riqueza pública ha aumentado.

3.° Es notorio que á partir de 1849 se redujo el número de hectáreas cultivadas en tres Colonias. En Martinica, de 34.000 bajaron aquellas á 31; en Guadalupe, de 43 á 23; en la Guyana, de 8 á 5. ¡Y sin embargo, 1^ producción aumentó! Lo cual demuestra que se trabajó más y mejor que en \ 847 y que la agricultura progresó en medios y procedimientos (*).