La cara de Dios · Capítulo real 11 de 12
ESCENA IV
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ESCENA IV
Maesi
Maest,
Maest.
KLEÜIERIO y MAESTRO «le la obra
Bueno, eso de Ramón son toA|ías; ya se
Jo diré yo al anpiitecto; se le deépacha y s'ha
acihao.
Yo, maestro, ya sabe usté por qué lo digo...
Sí, hombre, sí Bueno, pus ahora lo que tiés
que hacer es largarte en cá Venceslao y que
te mande tres ú cuatro fniscos de vino y
otros tantos de aguardiente, que mañana al
amanecer vanjos á poner la bandera en la
obra y quié el amo osequiar á la gente.
Y que ha escogió muy buen día pa poner la
bandera ¡Sábado de gloria!
Ya lo creo. Conque, hasta mañana, Eleute-
rio, ú mejor dicho, hasta luego, porque ya es
tardísimo.
Adiós, maestro. (Vase el Maestro primera derecha.)
Gracias á Dios. Creí que no se iba el tío este. ¡Recontra, qué mal rato! ¿Habréi pasao ya Soledá? Y e^o que no, porque ella me dijo que vendría muy tarde pa esperar que estuviera la calle desierta. No, pues yo no me meneo ahora de aquí. Mañana encargaré el vino. (Pausa.) ¡Recontm, estoy helao! ¿Vendrá esa mujer? .»le da el corazón que sí... y el caso es que siento una cosa la mar de entraña; estoy deseando que llegue: me he pasao la noche contando los menutos, y ahora que se va acercando el momento, me da miedo, me da miedo pensar que la voy á ver delante de mí, con esos ojos claros que relucen y>sa cara de dolor, amarilla como la cera.
¿Vendrá?... ¡Ellal (viéndola aparecer.*)
ESCENA V
DICHOS SOLEDAD por U izquierda. Luego RAMÓN. ■Sol. (Acercándose á la obr«.) ¡Eleuterío!
Eleut. Soledá. . ¿eres tú? ■Sol. i Yol
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EleUT. Entra. (Entran. Eleuterio cierra la puerta tras sí.)
Ram. (Llegando hasta la puerta al cerrarse.) ¡Ay! (Angus-
tia suprema ) ¡Me ahogo!... ¡Cómo la adoraba entavía! (viendo la luz de Eleuterio, que posa ante el hueco de un balcón sin puerta.) ¡Subeil! ¡Arriba
antes que ellos! ^sube por ei andamio.) ¡Que llegue la muerte antes que el amor!
ifSUTACIOar
Telón que representa el rincón de un patio de la casa, desde el que se ve un trozo de ese lera sin barandilla. Artefactos de trabajo, etcétera, etc. Sigue la noche.
Preludio ailJTACION
Interior de una habitación, en construcción, de la casa. Al foro dos balcones sin puertas, ante los cuales se vou los andamies que son practicables. A la izquierda oira puerta que se supone remate de la escalera. A la derecha dos puertas en primero y segundo término. Útiles de albañlleria en un rincón del cuarto confundidos con materiales de construcción. Un artesón de amasar yeso, vuelto <3el revés en mitad de la habitación; por el suelo yeso y cascote. Por los dos huecos Je los balcones entra la luz fria de una luna próxima á ocultarse- se veo los tejados de las casas vecinas y un trozo de cielo limpio, lleno de estrellas.
SOLEDAD y ELEUTERIO. Eleuterio entra llevando en la mano un farol, seguido de Soledad.
Ey£UT. (a Soledad.) Pa-'a. (Entra Soledad quedando de pie
Inmóvil eu medio del cuarto.) AqUÍ estamOS bien.
Nadie pué vernos ni oirnos. Nos ven sola-
— co-
mente las estrellas del cielo y esas no dirán
ná. ¿Apago el farol? (casi ni oído de Soledad-) Sol. ¡Sí! (^Kecoucemrado.)
Eleut. Miá, siéntate ahí; no tengo otro sitio que
OÍref-erte. (soledad ae sienta ocultando su cabeza entre Hiubas manos apoyados los codos en las rodillas. Abatimiento profundo. líleuierio apaga el farol que deja en el suelo en un rincón, quedando las figura» envueltas en una penumbra misteriosa y triste.)
Eleut. (Acercándose.) ¿Pero qué te pasa? Vamos, mujer, no estés así. Levanta esa cabeza y mira esta alegría que me hace temblar como el viento a Ja hoja del árbol. ¡Ay, ya era horal Córrete, anda, déjame sentarme aquí, á tu
lao; ya tengo derecho, (soledad se vuelve casi de espaldas. Eleuierio se sienta.)
(Cot: repugnancia invencible.) ¡Tú! (intenta levantarse.)
Vamos, tonta; (sujetándola y obligándola á sentarse.) ¡dónde vas, ó es que quiés andarte con repulgos ahora! ¡Siéntate; yo, sí yo!
¡Ayl (Hondc y amargo.)
Yo, sí; ¡yo que me has hecho pasar en tres años penas más grandes que las del infierno! ¡Yo, que te he visto como una fuente de agua clara para apagar el ansia de otros labios y que cuando me he arrimao á tí, ya muerto de sed de tu cariño, te has revueUo y has sío pa mí cieno y ná más que cieno! ¿Que te he hecho daño?... ¡Ya lo sé! ¡He hecho con vosotros lo que tú has hecho conmigo; remover el fondo; que el cieno sea pá tóos! ¡No pues quejarte Soledá! (pauia)Pero, en fin, te lo perdono. A tí te lo perdono too.
Sol. (Riendo sarcásticamente.) ¡GraCÍas! (Cou profunda
amargura.)
Eleut. ¡No te burles, que sí que me lus debes! No me negarás que mi trabajo me ha costado convencerte. Tú eres de esas que se paecen ;il hierro que no se dobla más que á golpes. La suerte es que has dao con una mano firme, que si no .. ¡Pero no quiero acordarme ahora de ná, ni pensar en ná más que en tí, en que por fin te tengo á mi lao, gloria mía!
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Vuelve los ojos, tonta, vuelve los ojos y mírame; ¡que brille el sol pá mí tambiénl ¡Qué hermosa eres, Soledá! Ves, así á tu lao paece que me voy del mundo y sentir el calor de tu cuerpo, este calor que me abrasa, era el ansia mía: porque tú no sabes cómo te he querío, cómo te quiero, ¡Gloria, gitana mía! Oye, mira, escucha...
(Acercándose cada vez más y muy bajo y muy reconcentrado.) ¡Toma! (La da un beso con rapidez y pasión.) Sol. (Enfurecida y poniéndose en pie de un salto.) ¡¡Ayll
(Grito agudísimo, casi un alarido ríe rabia.) ¡¡La-
drónll
ÜjLEUT. (Levantándose asustado y retrocediendo.) ¡Soledá!
Sol. ¡La víbora cuando pica no hace tanto daño I
¡Asesinol (Muy reconcentrado.)
Eleut. Pero, ¿Soledá, estás loca? ¿A qué has venío aquí?
Sol. ¿Que á qué he venío aquí? (Yendo hacia ék)
¿No lo adivinas, no lo sabes? ¿Quiés que te lo diga? Pues óyelo, Eleuterio, óyelo, porque el ansia de decírtelo no me deja ya ni hablar. Abandona y sola me encontré de chica; agarra á la miseria di los primeros pasos sin el querer de nadie, y cuando ansiosa de un cariño que no conocía me acerqué al que me ofrecieron, encontré la deshonra. Desde entonces mi corazón paece el camino del dolor; por él han pasao toas las penas: mi juventú ha sío lágrimas y amarguras ná más; y cuando el corazón bueno y la mano firme de un hombre me sacan de la deshonra, del hambre, de la muerte, y cuando el cielo entero viene á mis entrañas y Dios me da un hijo pa coronar mi bien, vienes tú y me lo quitas too: paz, amor, alma, esperanza y honra, y eres tan infame que me dejas la vida, que es dejarme colgá sobre mis penas, que arden como ascuas, pa que me vayan abrasando poco á poco! ¿Y me preguntas que á qué vengo, infame? ¡Vengo decidía, con una furia serena y tremenda, como un castigo de Dios, á partirte el cora-
ÜLEUT. 80L.
Raií.
zón y á estrellarme después sobre las piedras de la calle! [A eso vengo!
(Aterrado.) ¡Soledá!...
Sí. quiero librar al mundo de tu veneno, porque, óyelo bien, Eleuterío: ¡á los bichos como tú hay que matarlos! (va hacia él llena de furor blandie-ido una navHja. Eleuterío retrocede. En tste momento saltn Ramón desde el andamio á la habitHción, dejando aterrados á Eleuterío y a Soledad.)
jSí, a los bichos como ese hay que matarlos! ¡Pero eso es cosa mía; trae Soledá! (Ya estoy
aquí! (Arrebata la navaja á hu mujer, quedando frente á frente á Eleuterío en actitud de pelea.) j Ramo ni
(Riendo cíuicamente.) No c^tá mal prepara la ene- rrona, pero me alegro, hombre, porque á tí te tengo muchas ganas. ¿Pa qué te voy á engañar?
¡Cobarde, voy á matarte! (saca la navaja.) |Si puedes!
¡Por Dios, no, Virgen santa, socorro! (Poniéndose en medio.) ¡Quita! (Vuelven á acometerse con faria.)
DICHOS y DOROTEO por la puerta Izquierda
Elkut.
Una voz
Elbut.
Kam.
¡Alto! ¡Quietos! (Se detienen los dos.)
(Enfur cMo.) ¡Fucra!
¡Quite usté!
¡silencio! 1.a gente ha Uegao. Se ha hecho de
día. ¿No oís? (suena 1» campana y óyecse lejanas vocts y alegres cantares de los albañiles.) ¡LuegO
SUS matáis si queréis; prudencia ahora; díiBÍmulo, por Dios!
(Desde dentro.) ¡Eleute'io!
(Acercándose á la escalera.) ¡ Voy! (Volviéndose.) ¿A
la hora de almorzar, dónde nos vemos?
Donde quieras.
En la esquina te aguardo.
Llegaré yo antes.
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Eleut. i y á ver si haces coraje y te decides á venir sin la señora, hombre! (Ea son de burla.)
Ram. ¡Cobardel
Sol. j Ladrean!
Eleut. Esa rabia pa luego. Como no vengas te llevo á patas, gallina, (vase.)
Ram. jRediez! (precipitándose hacia él. Soledad y Doro-
teo lo contienen.)
Sol. iNol
DoR. ¡Calma, que tiempo tienes! Y ahora vosotros
irse, que no sus vean, que van á, subir á poner la bande»a. ¡Por aquil (muíeando la primera puerta derecha.)
Sol. jSí, vamos, vamos!
Ram. Tú, Soledá, oye. ¡Lo he oído too, too! ¡Per-
dóname! (Snpiicaiite.) Sol. • jRamÓn! (Abrazan ime )
Ram. iPerdóname y anda, vete á casal
Sol. ¿a qué casaV
Ram. ¡A la nuestra! (eme fra^e es un grito de amor y de
perdón.) Sí, á la nuestra, y si yo no volviera cuida del ch-co, na n-as
Sol. ¡Calla, Ramón! (<ou h».rror )
DoR. (Casi llorando.) ¡Vam< 8, hombre, no digas esol
Caray; que le hacéis á uno... (se limpia los ojos con el dorso de la mano y sacude en el suelo con rabia.)
Ram. ¡Vete!
Sol. No, yo no me separo de tu corazón pá mo-
rir en él si tú murieses. DoR. Andar, que suben (Kmjnj4ndoios.)
^L, jVamOS! (Vanse primera derecha.)