La cara de Dios · Capítulo real 9 de 12
ESCENA IX
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 4 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ESCENA IX
CANDIDA, luego SOLEDAD— Ambas foro
CÁND
CÁND.
(Entra con sigilo, mirando á todas partes.) No... DOhay nadie, (sale á la puerta, llamando é Soledad.}
¡Chist! Ven.
(Entrando con miedo.) ¿No hay nadie?
Nadie. ¿Y ves?... (Entrándola de la mano.) Ahí
tienes la llave.
(Crgiéudola ansioeamente.) ¡Sí! (Mirando la chapa que^
pende de la llave.) Esta 68. La conozco. Gracias, Cándida, Dios te lo pague. ¿Ves cómo no te he engañao? Toas las noches, cuando Ramón se va lui rato, as^í que tié el chico dormío, deja la llave colgá en la portería, como estaba ahora, pa que la seña Florencia eche una mirada á la criatura; de modo que ahora que no está Ramón, aprovecha, subes, ves al chico y te vas. ¡Le ves y te vas!... ¡Ay, Cándida, qué pronto se dice eso! Verle... irse .. Ver allí á nii pedazo del alma en su camita fría, sin el calor de mi cariño, sin el cudiao de mi desvelo... Ver allí en un rincón de la alcoba mi alma, mi esperanza, mis entrañas, mi vida entera, y dejarlo too allí arrinconao, en la soledá, en el abandono, y marcharse, marcharse luego... ¿Y adonde?... ¡Al dolor, á la miseria, á la muerte! ¡Por Dios, Soledá!
¡Ay, ángel de mi almal ¿Me llamará cuando se despieite? ¡Qué miedo pasará sin mí!
¿Verle y dejarle?... (con un arranque de fxtrsor-
ainaria energía) No, Cándida, uo; arrastra, perdía, muert?, cien veces muerta; peio con mi hijo, ¡con él, sí, con él! Pero, ¿qué quiés hacer? (Asustada.) ¡Llevármele! (con exaitacióu.)
¡Por Dios! (Con terror.)
Le robaré, y cuando él sepa quién es la ladrona, verás cómo me echa al cuello de castigo la cadena de sus bracitos. ¡Pero, no, por Dios, Soledá, no te le lleves!
(La sujeta.)
(Queriendo desasirse.) ¡Suelta! (Exaltada ) ¡Suelta,
porque te ahogaría! (se desase y exaltadísima.)
¿Te he hecho daño? ¡Ay, perdóname! Porque, ¿ves, ves esta fuerza que puede contigo y podría con el mundo? Pues es la fuerza del beso que quiero darle. ¡F^erdónamel ¡Soledá, por Dios, que estás exalta! ¡Sí, pero verás, (con ternura.) verás cómo no le despierto! ¡Aguarda! Sí, yo aquí fuera te espero. Vigilaré. Que
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Dios te ayude, (craza las manos en actitud ferT«> roea. Soledad eubo.)
9Eiksica
Sol. (principia á subir. Detiénese un momento y canta.)
Virgen de las Angustias, dame valor.
Que no tiemblen mis manos, ni se turbe mi vista, ni me venda la voz. ¡Ayl Robándome van el aliento estos golpes de muerte que me da el corazón.
(Sube y desaparece. Sigue la orquesta.) lIVTAeiOIV
Decoración: corredor de la escalera de la casa.— Pui^^rins de cuarto*- numerad :iB en el telón
SjL. (Pasando.)
¡Jesús! Hubiera dicho
que me seguían.
Virgen de las Angustias,
|vida, más vida!
Si al fin be de morirme
de sufrir tanto,
deja que, por lo menos,
muera á su lado.
(Mirando á tin lado y otro.)
¡Nadie! .. ¡Silencio!... ¡Nadief ¿De qué me asusto, si el corazón me dice: «Vas por lo tuyo»? ¡Soledad, adelante! Que no te encuentren. Que el niño está durmiendo.. Que no despierte.
(Hace mutis cautelosamei\te.)
Decoración.— lEterior de un cuarto aguardillado cuyo escaso morillario revela pobreza y abandono: aJ foro, una puerta á la derecha y otra á la izquierda cerradas con cortidas de cretona que dan paso á dos supuestas alcobas.— A la izquierda en segundo termine, puerta de entrada al cuarto, que se supone dá á la escalera.—A la derecha una ventana con tiebtoe de flores ya marchitas; en la ventana de la habitación una jaula vacía.— En eJ centro del cuarto una camilla pequeña cubierta por un tapete encarnado, y sobre ella un retrato de mujer y un quinqué encendido.—Al rededor de la camilla tres ó cuatro sillas de las llamadas de Vitoria.
Sigue la orquesta. SOLEDAD luego RAMÓN.— Soledad abre la puerta con llave mira á un lado y otro reflejando en su semblante los opuestos sentimientos que en su alma se agitan y dice por fin á media voz:
Sol. Todo como estaba está...
Solamente falto yo en este escondido hogar de nuestro infeliz amor. Todo como estaba está..
(Fijándose en un retrato que habrá sobre la mesa.)
¡También mi retrato aqní! ¡Lo estuvo viendo, y quizás llorando á solas por mil Todo como estaba está... Y el hijo de nuestro amor ahí dentro me aguardará...
(Precipitándose en el cuarto del niño )
¡Hijo de mi coiazónl
Kam. (Aparece bscia el fondo, por la puerta ásl otro cuart»
que comunica con el de 1a escena.)
¿Eh? ¿Qué es esto? ¿Quién andaba por aquí, ¡soñé quizás!
— 36 — á estas horas?
(Acercdndoíe al cuarto del niño y escuchando.)
Siento pasos.
(Retirase con cuidado, y medio se oculta tras la cortina que cubre la puerta de su habitación. Soledad preséntase con el niño en brazos )
¿Es posible? ¡Soledad!
(ocúltase aún más, mientras Soledad adelanta. Ella, absorta en la contemplación de eu hijo, para nada advierte la presencia de Ramón. Mientras Soledad canta, Ramón, algunos pasos detras de ella, la escucha, conteniéndosse, como ft pesar suyo.)
Sol. ¡Hijo de mis entrañas!
¡A}^ que me vá á matar, después de tanta pena tanta felicidadl
Duerme, alma mía, duerme en mis brazos; qxie al fin te estrechan
con efusión. Duerme, alma mía, junto á mi pecho; duerme, mi amor, mientras te arrulla con sus latidos mi corazón. (Dirígese Soledad hacia la puerta do salida, apretand* más y más el niño cortra f^u pecho.) KaM. (OomprendiGiido su intento y aparte.)
¡Nol ¡Llevárselo... nuncal
(Yendo hacia ella y con uu grito ahogado.)
¡Infame!
Sol. (volviéndose rápidamente.)
¡Tul
RaM. (con acento mny reconcentrado.)
¡Ladrona!
Sol. (siempre en voz bsja.)
¿Qué quieres? ¡Pronto! ¡ Acaba!, .. Ram, ¡Quiero. . tu vida!
Sol. ¡Tómala!
(Ramón adelanta des pnsos hacia ella )
Pero... aguarda... un instante...
— Oí —
Ra&i.
No se despierte...
(Entra en la habitación del niño. Pausa. Volviendo sin el niñO; abriendo sus brazos y adelantándose resueltamente hacia Ramón.)
¡Ahoral
(Nueva pausa. Ante el rasgo de Soledad , Ram^n quédase un momento como anonadado.)
¿Por qué tu mano— se detiene? ¿Por qué no vienes— hacia mí, para acabar con esta vida... (Transición ) que ha sido toda para tí? ¿Por qué me miras— de ese modo? ¿Por qué me estás— hablando así? iNo me recuerdes— que mi vida ha sido toda—para tí! BOL. Yo no quiero vivir sin mirarme en tus ojos
Yo no puedo vivir si me faltan sus besos. ¡Ramón mío! ¡Ramón de mi alma!
¡No puedo!
¡No quiero!
(Transición muy apasionada.)
jTe quiero! iTe quiero! ^Au . ¿No te di con mi amor, dilo tú, cuanto pude?
Dq mi amor, de mi vida — responde — ¿qué
iNo! ¡No! iCalIa! ¡No debo escucharte! ¡No puedo! ¡No quiero!
(Con más vigor aún.)
jNo quiero! ¡No puedo!!
*OL. (Abrazándose á Ramón.)
Ramón, acuérdate de nuestra dicha; del arrebato de tu pasión; de tu cariño fiel y constante; de la esperanza de nuestro amor cuando, mirándonos en ese niño, nos abrazábamos
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así los dos... Ramón, perdóname, por Dios, perdóname.. jy si no, mátame, por compasión!!
Ra&C. (SoBteniendo en sus brazos á Soledad.)
No me recuerdes aquella dicha; ni el arrebato de mi pasión; ni aquel cariño que me tuviste, ni el que llenaba mi corazón cuando, mirándonos en eFe niño, nos abrazábamos así los dos... ¡Déjame! ¡Déjame! ¡Mienten tus lágrimasl ¡Déjame solo, por compasión!
Sol. iNo! ¡No! ¡Si aún me quiere»
lo mismo que entonces! Dímelo y al menos feliz moriré. Quieres rechazarme y aun me tienes presa dentro de tus brazos... Ramón... ¡ya lo ves!
R A M . (Beparándose , )
¡No! ¡No! Me has robado todo cuanto pude, con tantas fatigas, llegar á tener. ¡Tu amor y mi nombre! La gloria y la vida. Si hoy vivo, ya vivo tan sólo por él.
(señalando hacia el cuarto del niño.)
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Sol. jPor éll
Ram. ¡Calla! ¡Calla!
Sol. ¡Por Dios!
Ram. ¡Ni por Dios!
Sol, i ¡Ramón, perdóname!
í ¡Por Dios, perdóname,
] y si no, mátame
/ por compasión!
Ram. ^ ¡Déjame' ¡Déjame!
I ¡Mienten tus lágrimas!
f ¡Déjame sólo
\ por compasión! ^
Hablfldo
(Queda Ramón sentado en una silla, el brazo apoyad* en el respaldo y la cabeza eu el brazo. Soledad de pie á su lado.) Sol. ¡Ramón! (Con ternura.)
Ram. ¡Vete, Soíedá, vete pronto... vete!
Sol. ¡No, Ramón, mi Ramón, mi Ramón de mi
alma, no quiero irme! ¡Déjame vivir, respirar un momentol ¡ün mes lejos de vosotros... ¡qué siglo de muerte!... y ahora, aquí en mi casa, á vuestro lao!... ¡Señor, si esto es la gloria que se ha abierto para mí!
Ram. ¡Soledá!
Sol. ¡No, no me voy... yo quiero vivir aquí, aga-
rra á tus brazos, cerca de tu alma, (Le rodea con sus brazos.) porque tú me quieres, me quieres todavía, Ramón! ¡Si me quieres dímelo, dime que me (¡uieres!
Ram. (Levantándose exaltado.) ¡Nol
Sol. (Arrodillándose á sus pies.) BuCUO, pUCS , aqUÍ
moriré, á tus pies... este es mi calvario. ¡Y mátame, porque no me voy! (Liorardo.)
Ram. ¡Vete, Soledá, vete; porque el amor y la ra-
bia pelean aquí drento, partiéndome el pecho á martillazos, y siento ansias, ansias locas de abrazarte fuerte, muy fuerte, yo no sé si pá que mueras contra mi corazón ó pa que vivas en él!
Sol. ¡Yo quiero morir!
Ram. ¡Vete, porque estoy loco, Soledá! ¡Yo qiii-
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siera agarrarte así, estrujarte, reducirte pá llevarte aquí d rento, sin que nadie te viera, ni lo supiera nadie: solo, solo pa mí!
Sol. ¡Ramón!
Ram. |Sí, porque yo no vivo; ¡me avergüenzo de
tí! ¡No quieo ^'erte en el mundo y cierro los ojos pá mirarte en mi pensamiento, fija en éi, clava, siempre clava aquí como la idea de un loco... y es que llevo el alma sangrando de pensar que too el mundo ha escupió en tu honra y sd reído de mi cariñol ¡Y fs que toavía, Soledá, toavía!...
Sol. ¿Me quieres? (con pasión frenética )
Ram. (Con furiosa '•xaiiaoión.) ¡Vives aúu y me pre-
guntas si te quiero!
Sol. ¡Dios mío! (Se abrazan con barbara efusión.)
DICHOS, ELEUTERIO, EUSTAQUIO, ANGELITA, PAULA y CONSUELO
El.EüT.
Todos
Todos
(Abriendo la puerta y contemplando á los dos abrazados ) ¡Já, já, já! (Riendo sarcásticamente mieutrai f.soman las cabezas lisucñas y maliciosas de sus aoompañantes.) ¿Quién?... (Atorrado.)
¡G^nte é paz!
¡Dios santo! (Aterrada.'i
Ri sé esto no venimos. (En.ra.)
¡Já, já, já! (Se ríen.)
¡Eleuterio!
(Aceroándoss cínicamente.) ¡ChicO, tÚ UO tiés remedio!
¡Ladrón! (con furia.)
¡Vete, Soledá!
¿Yo? ¡Nunca! ¡Fuera, fuera de mi caca esta
canalla! (con ímpetu.)
¿Qué? (Entran enfurecidos.)
¡Fuera!
Vaya usté con Dios, señora.
¡Vete, Soledá! (La empuja ) ¡No, no! (Ff.rcejean.)
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RaM. ¡Vete! (Luchando con ella hasta la puerta.)
Sdl. |No, no! ¡RamÓD, oii hijo, mi hijo! (con acen-
to desgarrador.)
Eleut. ¡Échala!
RaM. Vete ó... (Amenazándola.)
Sol. jRamÓn! (Grito de angustia.)
RaM. ¡Fuera! (La echa y cierra la puerta; quedan todo»
dentro.)
Eleut. ¡Pero, hombre!... (a Ramón.)
RaVI. (Echándose con angustia en una hilla y ocultaudo 1»-
cabeza entre las manos.) ¡Calla!
jurrACiON
c TJ -^ ID i^ o O TJ.^1. Tirro
Decoración. Calle corta que figure un sitio próximo á la eimUa d« la Cara de Dios
JESUSA y DOROTEO. Llevan entre los dos, cada uno de un asa,
una bandeja muy grande de mimbres, llena de Caras de Dios. 3>a-
roteo, además, lleva plegado al brazo un pie de tijera para sostener
la bandeja
¡A cuarto y á dos, caritas de Dios! (pregonando )
No, no te hagas el pagué, no; que te azvierto que la ación que me has hecho con la seña Florencia, la tengo clava en salva sea
la parte, (señala al pecho.)
¿Adonde has indicao?
Aquí, según se mira á la dizquierda.
¡Recuerdos á Antolín!... ¡A cuarto!...
¡Sin vergüenza! (interrumpiéndole el pregón.)
Miá, Jesusa, repórtate ú vuelco la bandeja^ me declaro en quiebra, cojo la tijera y te hago una lesión de pronóstico reservao en un parietal ú en cualisquier otro sitio adoc pá chichones.
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Jes. ¿Quién has dicho?
DoR. Tu afectísimo seguro servidor.
Jes. ¿a mí? ¡So grauuja! ¡Prueba si eres hombre,
prueba... so... bragas., morral!...
DoR. ¡Vamos, Jesusa, que tiés unas cosas pá que
yo te olvide .. paece mentira que seas una mujer industríala y no comprendas lo que es un hombre de sociedad! Pero, tú, ¿qué es lo que quieres? Que yo pase por la portería y diga «quiquiriquí» ú «¡centinela, alerta!» Yo paso por el portal y teogo que exclamar: «¡Muy buenos días!» añadiendo: «¡beso á á usté los piesesl» ú cualisquier ajetivo adecuao á la personalidaz de la portera: ¡y el que se moleste que coma chufas!
Jes. ¡Me has convenció!
DoR. ¡Toma, ya lo sabía yo que te convencería!
Jes. ¡Me has convenció de que hay burros... con
dos patasl Yo no lo quería creer pero no hay más que oírte.
DoR. ¿Ah, sí?
Jes. Sí, señor. ¡Porque sabiendo el disgusto que
tenemos viendo lo que pasa con la probé Süledá y con llamón, sin pensar que estamos en Semana Santa y que llevas dos días sin jornal; encima pasas por la portería y te entretienes con esa galocha y me bollas la fidelidaz comjugual! ¿Y qué? El que hace eso, ¿qué es? Pus es un ser con menos celebro que un cangrejo de rio: y qU3 no tiene corazón y al que le falta lacha y vergüenza y dos ú tres cualidades más que no nombro, porque no está bien que una señora, miente ciertas cosas.
DoR. ¡Ah! ¿Sí?
Jes. Sí, señor.
DoR. ¡Agarra del asa! (con rabia.)
Jes. ¡Que agarre Rita! (Negándose.)
DoR. ¡Jesusa, ayúdame á llevar el establecimiento
ú cierro por defunción!
Jes. ¡No me da la gana!
DoR. Está bien; ¡muy señora mía: Me cargaré yo
solo. Peio en cuanto liquide la mercancía, te compro diez céntimos de- aglutinante, un
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real de árnica, y cojo una estaca y le pongo el cuerpo que ui un álbum de calcomanías...
¡al tiempo! (Se carga.)
Jes. ¿y lóos ésos osequios van á ser pá mí?
DoR. ¡Pá la hija de tu mamá!
JkS. (Dándole puñetazos y pegándole en la cara.) ¡rasa,
granuja... tunante... borracho... sin vergüeza! ,.
DoR. ¡Jesusa, no abuses; estáte quieta... que ma.s
dao en un vacío! ¡Repara que voy cargao!...
Jes. ¡Golfo!. .> ¡Indecente!... ¡Charrán!... ¡Modre-
go!... (Vase.)
DoR. ¡Ay, ay su mamá, en cuanto yo realice la
mercancía! Se van á poner los mamporros á céntimo la docena! (pregonando.) «¡A cuarto y á dos, caritas de í3ios!» (vase.)
EL SEÑOR FERMÍN
¡Contra! ¡Es él! ¡El señor Doroteo!... ¡Qué siempre me tiene de pillar en aztos del servicio!... ¡Pero miálas! (se lo jura.) ¡Si en la primera ocasión que tenga no le hago polvo! ¡Lo que es lo de anoche me lo paga, vaya si me lo paga! (vas-.)
ESCENA III
Pasar-calle.— Van desflia^ido tipc;; entre ellos des ultramarinos, tres Carniceros, Una íamila cursi, compuesta de mamá y tres niñas, con tres Pollos (comiendo buñuelos); dos Rateros; diversas gentes; de yez en cuando se oye lejuna la voz de los Vendedores pregonando: «A cuarto y á dos, caritas de Dios.»
Voz (Dentro.) ¡A cuarto y á dos
caritas de Dios! ¡A cuarto y á dos!
(Un grüfo de mozas y mozos del pueblo, formando parejas.)
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Ellas Aprieta el paso,
que apunta el día, y nos aguarda la romería.
Ellos Yo voy al paso
que tu prefieras, por donde pidas y á donde quieras.
Ellas Anda pa alante,
¡zaragatero!
Ellos ¡Si ya tu sabes
lo que te quierol
Ellas Pero... ten prudencia.
Ellos Tenia tú, por Dios.
Vocis (Dentro ) jA cuarto y á dos,
caritas de Diosl
Uno
Otro
ElI.o El2.o Voces
Ella
Ella
Ella
(Dos dependientes de ultra merinos. )
Anda aprisa, Celidonio, que me espera la Cirila, y no es cosa de que espere una moza tan cumplida. Anda aprisa, Robustiano, que hoy me siento muy decente, y me está pidiendo el cuerpo unas copas de aguardiente.
Oye tú, que no es día...
Tú qué sabes, guasón... (Mutis.) (Dentro.) |A cuarto y á dos,
caritas de Diosl
¡A cuarto y á dos!
(Un chulo y una chula. Ella del biazo de él, muy unidos y amartelado?, y expresándose con mucho retintín y chulería. Ella, arrebujada en un mantón y un pañuelo á la cabeza. El, con capa y sombrero cordobés.)
Oye tú, Fulgencio.
Dime tú, Librada. ¿Tú sientes el fresco— de la madrugada? ¡Miá qne no te entiendol
;Como me decías que era de la? cosas — que tú más sentías! ¡Yo que he de sentirlo — si voy á tu lao y llevo tu cuerpo— del brazo colgaol
■- 6S
Ella ¡Pues yo, como vengo— tan arrebujada
eso iba á decirte— que no siento nadal
^^ (Con pasión.)
Ella
Yo siento que quieres— con muchas fatigas a un hombre... ^
Pues, cállate,— y no me lo digas.
(Suspirando )
¡Ay, chulo! ^^ , ¿Q^é es eso?-^¿Qaé tienes, Librada?
thLLA (Arrebujándose más, y como con un calofrío.)
¡Qué siento el fresquillo— de la madrugada!
(Animándose y riéndose.)
^^ ;Ay, mi serrana!
^^^^ I Y ay, mi chulón! (Mutis.)
(otros dos chulos. Entre grandes grupos de gente qu« pasa.) •
Uno jAnda la osal
^^^^ íQ"é animación! (Mutis.)
VOCES (Dentro. Más que nunca.)
Í|A cuarto y á dos, caritas de Dios!! II A cuarto y á dos!!
MVTACIOJir
Decoración. Sitio de Madrid donde se celebra la jomerla de la Cara de Dios. Final de una calle donde, al ensancharse ésta forma una plazuela. Se ve al foro la célebre ermita con una puerta practicable abierta: en el fondo de la iglesia un altar con muchas luces: la obscuricad del templo hará que el altar se vea confusamente. Alrededor de la iglesia puestos de buñuelo, y aguardiente, chocolaterías ambulantes en los barracones de los usados en Madrid para esta clase de fiestas. Vendedores de cantas de Dics. floreras, vendedores de palmas y romero, pobres a las puertas de la iglesia, gran afluencia de gente discurriendo de un sitio para otro y entiando y saliendo de la iglesia. Muchas mujeres con mantones de Manila y claveles, otras con mantillas y flores. Vendedores de carracas, hacen sonar éstas voceando al mjsmo tiempo su mercancía. Algunos pobres cantan cancionei alüsivag á la Pasión y Muerte de Jesús oon voces plañideras.
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Grandísima animación en el cuadro. En el primer término derecha una flla de casas. La casa primera tiene en su planta baja una taberna con puerta practicable. Frente á dicha puerta con un gran anafre y una sartén enorme que habrá sobre él hacen buñuelos les taberneros y un mozo de la taberna.
VOCES SUELTAS
— ¿Quién pide más palmas? — ¿Quién quié más romero? — Aquí, }^, ¡más copasl — Aquí, ]más buñuelosl — ¡Anden las carracas y ande el movimiento! — ¡Flores pa la V^irgen! — ¡Palmas 7 romero! — ¡Más copas, he dicho! — ¡Aquí, más buñuelos! — Anden las carracas y ande el movimiento! — i A cuarto y á dos, caritas de Dios!
DICHOS, CONSUELO, ANGELITA, PAULA, ELEUTERIO y EUSTAQUIO; luego SOLEDAD
Hablado
Paula Pero, señor, ¿vamos á estar como palominos
^ atontaos toa la santa mañana?
Eleut. Yo creo que debíamos agarrarnos á los mu-
ñuelos. CoNS. Natural.
Ang. ¿Pero, habéis visto Kamón, no querer venir?
Elkut. Calla, mujer, te digo que el gachó ese es
más primo que una res vacuna.
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EusT. ¡Ese! Ese se ha qiiedao en su casa para irse
á buscar otra vez á su... señora. Eleut. Como si lo viera. Paula Será capaz.
Ang. jPus miá, que la sujeta tié lances!...
tJoNS. ¡Ya, ya!
Eleut. Joven, (a la que imce ios buñuelos.) sírvase usté
de confeccionarnos dos docenas. Ang. a mí un combro.
Tab. En un momento.
Eléüt. y tú, sírvete cinco de Cazalla. Mozo Va en seguida.
Eleüt. Vaya, ir pasando. Paula (a E-istaquio.) Y tú, roña, ¡bien podías ose-
quiarnos con unas caricas de Dios ú algo
asi! CoNS. Natural; ¡que se ro^ conozca que no vamos
con dos pollos tomateros! EüST. ¡Haberlo dicho, reinas! Aguardarme, (vase á
un pu'isio 8 comprar Cnritas fie Dios. Los otros entren en la taberna.) ¡De eStaS, do estas!
Vend. ¡Estas son á quince!
EüST. Vengan tres. ^Las p'-ga, y ai ir á entrar en la ta-
berua le detiene Soledfd.)
Sol. Eustaquio.
EüST. ¿QuiénV (Se vuelve.) ¿Tú?... (Muy sorprendido.)
¡Soleda!... ¿Pero tú aquí?
Sol. ¡Yo, sí!... ¿Quiés hacerme un favor, Eusta-
quio?
EuST. ¿Un favor yo? (Extrañado.)
Sol. Tú.
EusT. . Di lo que sea.
Sol. Pus que hagas el osequio de decirle á Eler-
terio que salga, que tengo que hablar con él
dos palabras na n^ás. EuST. ¡Tú... con...! (tn el colmo de la extraüeza.) ¿ lú
con Eleuterío? Sol. Sí; anda si quieres.
EuST. Voy, voy. (VeLdo hacia la taberna.) ¡Qué SUeite
tiene el gachó este!... ¡Lo ha lograo! (Entra.) Sol. ¡Valor, Virgen santa!... ¡que no me falten las
fuerzas!... ¡Que vea yo á ese asesino y no le ahogue todavía! ¡Que pueda yo llegar hasta donde quiero! ¡El! (víéudcJe salir.)