La escuela · Capítulo real 9 de 9
ESCENA XII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
ESCENA XII.
Dichos, f.l Filósofo, (con un espejo.)
Filos, Madre augusta délas ciencias,
razón del conocimiento y fuente de las creencias; señora del pensamiento y regla de las conciencias; tú, que en tu seno profundo al que sigue de tí en pos muestras con poder fecundo el gran problema de Dios, el del Hombre y el del Mundo; tu luz divina derramas sobre el pensamiento adusto y brotan tus puras llamas, como del tronco robusto nacen las frondosas ramas.
Tú llevas tu sabía pura tu fecundidad y vida á todo bien y hermosura; á la virtud escondida y al genio de más altura.
Cuanto tocas lo engrandeces, cuanto rozas lo iluminas; que es la esfera en que te mecos donde brotan las divinas ráfagas con que apareces.
Eres ciencia de lo eterno, que responde al hondo grito que lanza desde lo interno con un afan infinito, el espíritu moderno.
Busca el hombre la verdad por resolver el problema que causa su honda ansiedad, y no es que á la muerte tema que teme á la eternidad.
Tiembla el espíritu fuerte si tras la tumba no alcanza á ver su futura suerte; que morir sin esperanza es la más horrible muerte.
La sana Filosofía le presta luces y alientos; luz, en la sabiduría y fuerzas, en los momontos que hiere la pena impía.
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Dá al génio vigor y brio; paz y virtudes al alma; al corazón su atavío; ála conciencia la calma; libertad al albedrío; y enseña á marchar en pos, del trabajo y del deber; porque sólo con Jos dos, puede nuestra vida ser camino que lleva á Dios.
Y es verdad.
Yo no lo niego.
La vida es pesada cruz cuando en lamente no hay luz.
Tú estas ciego.
No estoy ciego.
Más que el trabajo me pese, estudiaré con exceso.
Quién enseña todo eso?
Pestalozzi.
Y quien es ese?
Un ser sin otros aliños que su virtud y su ciencia, y que empleó su existencia en hacer bien á los niños.
Un génio de humilde nombre que viendo al alma en el lodo, en la ciencia encontró el modo de hacer de la bestia el hombre. Halló sin sus bellas galas al ángel bajo el capuz, y sacándole á la luz le enseñó á tender las alas.
Acerca á la esplendorosa llama el ser para que se extreme , sin temor de que se queme sus alas la mariposa.
Y sin la crueldad que oprime ni castigo que le duela, coge al niño en la plazuela
y le educa y le redime.
Como quien talla el diamante, ó quién aquilata el oro, busca del alma el tesoro aun bajo el cieno infamante: y depurando la esencia divina del ser en calma, forma para el nino un alma y en el alma una conciencia. Trabajo noble y fecundo que, al par con igual medida, quita un monstruo de la vida
Mlchac.
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y da una persona al mundo.
Que da al corazón medroso fe, lealtad, honra y poder, y le hace amar el deber y por fin le hace dichoso.
Ya el estudio no me arredra: voy á buscar al maestro.
Detente; ¿á cual?
Toma! al vuestro Ahí está sobre esa piedra.
Ese es Pestalozzi?
Justo.
Pues no vive en esa escuela?
Su espíritu es el que ahi vela. Pues me has dado un gran disgusto Tu afan piadoso des tierra: el bienhechor de los hombres, por mas que de ello te asombre, aun muerto, vive en la tierra.
Te burlas?
No: tiende el vuelo su espíritu sabio y santo; mas su obra vive aquí tanto, como su alma en el cielo.
Y era un santo?
Por qué no?
Y un sabio?
Grande y profundo.
Hizo bien?
A todo el mundo.
Por eso lo quiero yo.
Y ese muñeco tan grande es Pestalozzi?
Si tal,
Oye, y de qué es?
De metal.
Por qué?
Porque no se ablande y duro siglos al menos.
Quién lo llegó á fabricar?
La gratitud popular, con el oro de los buenos.
Pues eso es oro?
No notas
que no?
Si yo soy un bolo: perdona.
Eso es bronce solo: de lo que se hacen las motas. Pues sabes qué pienso?
I)i.
Haciendo al maestro añicos:
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los perros grandes y chicos que se sacarían de ahí.
Ni aun muerto y en tal lugar tu ignorancia lo perdona?
Si merece una corona.
Pues yo se la voy á dar.
Espera.
(Pónese á coger flores y á teger una guirnalda.)
Niño. Qué vas a hacer?
Muchac. Coronarlo: por fortuna
hay flores; pronto hago una corona, que habrá que ver.
Yo te probaré mi ingenio.
Niño. Si te ven....
Muchac Fuera temores.
¿Para qué sirven las flores sino á coronar el genio?
Niño. Pues si el guarda se tropieza contigo, verás después.
Muchac. Mucho mejor que á sus piés estarán en su cabeza.
Ya está hecha: y ahora arriba.
(Da la vuelta y se le ve aparecer sobro el pedestal.)
Niño. Qué haces, te has vuelto loco?
Muchac. No tal: esperad un poco.
Viva Pestalozzi! (Desde lo alto.)
Todos. Viva!
Muchac. A ti; bienhechor del niño, (como inspirado.) para que á tu gloria cuadre, por el pueblo, que es mi padre, esta corona te ciño. (Se la pone en la cabeza ) Sea señal del santo anhelo que has despertado en mi alma, ya que tú en eterna calma otra tendrás en el Cielo.
En mi conciencia dormida pon tu fé y tu amor prolijo, y sea yo al fin digno hijo de mi patria bendecida.
Hoy te coronan mis manos por el bien que á mi me hiciste; mas ya qué me redimiste, salva á mis pobres hermanos.
Por ellos piadoso vela que el mundo os un hondo abismo, y encuentren, como yo mismo, su salvación en la Escuela.
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Coro.
¡Gloria al insigne patricio de la infancia bienhechor, que del crimen y del vicio fué en el aula redentor!
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Ni dan armas ni riquezas á un pueblo fuerza y poder, las fuentes de las grandezas son virtud, honra y saber.
Coro.
¡Gloria al insigne patricio... etc.
Muchacho.
Para quebrantar los yugos en que los pueblos están, no hacen falta los verdugos; dadles luz, justicia y pan!
Coro.
¡Gloria al insigne patricio!... etc.
Niño. Hijos del pueblo; este ejemplo
os lleve del bien en pos: el estudio acerca á Dios, porque la Escuela es un templo.
A tu sombra compasiva (á la estatua.) debemos la honrosa palma de haber conquistado un alma.
¡Viva Pestalozzi!
Toros. Viva!
Rompe de nuevo el himno y cae el telón.
Nota importante. — Entre los personajes se ha dejado por descuido de colocar el Lógico.