La flor humana · Unidad 13 de 41
Unidad 13 · EL RELOJ DE LA MADRE
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EL RELOJ DE LA MADRE
traerse' es porque ya no tiene apetito y si aun lo tu¬ viera, que aprenda para otra vez...
En general, 15 minutos son suficientes. ¡Con qué excelente apetito consume su ración! Al principio, pa¬ rece que todo su cuerpito participara alegremente del
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trabajo que realiza su boquita; por eso no se está quieto: sus piernas y brazos hacen pequeños movi¬ mientos que equivalen en él al meneo gracioso de la cola de los corderitos prendidos a la ubre materna. Una de sus manos acaricia el seno de la madre, la otra, pende a lo largo de su falda. Luego que su ape¬ tito va satisfaciéndose progresivamente, se aquieta, se queda dormido, suelta el seno. Una de sus mejillas, la que estaba en contacto con éste queda, debido a su dulce calor, coloreada en rojo, como las manzanas, del lado que el sol las besa en el árbol, con sus besos de luz y de calor.
EL BAROMETRO DE LA SALUD
Veamos ahora el papel de la balanza, el útilísimo instrumento que con el reloj, constituyen para la ma¬ dre dos elementos insustituibles.
Ya le hemos visto desempeñar un papel de pri¬ mer orden vigilando el crecimiento del niño, acusando inmediatamente el tiempo de bonanza o de tormenta. Si lo primero proporciona a la madre la satisfacción tranquila que da la seguridad de que todo anda bien en la salud del niño, lo segundo debe ponerla inmedia¬ tamente sobre aviso y despertar su inquietud. ¿Por qué esta detención en el peso durante unos días, du¬ rante una semana, quince días? ¿Por qué ahora este descenso más rápido? ¿Qué pasa?
Cualquier cosa; lo importante es determinar en seguida, antes de que se produzcan males irremedia¬ bles, si la parte que corresponde a la madre ha sido bien cumplida, según las indicaciones que ya cono¬ cemos :
¿Mama a sus horas?
•Nada entre las lactadas?
¿Nada de noche?
Pero, podríais vosotras decir:
Aun puesto a pecho a las horas convenientes, pue¬ de suceder que la madre no tenga leche suficiente y el uiño esté con hambre, por lo cual no aumenta de peso.
Así es en efecto, y vuestra reflexión me haría ver que comprendéis bien las interesantes cosas que os en-
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seña este libro y que podríais aplicar vuestros conoci¬ mientos en un caso determinado.
Será indispensable, pues, averiguar cuánto saca el
niño del pecho de la madre cada vez que es puesto en él, en las horas indicadas. Ya comprenderéis que este dato es fundamental. Cuando un niño no está alimen¬ tado al neclio de su madre, ¡siu ración le es suministrada en un fraseo graduado y nada más sencillo que sabor lo que toma en cada vez y en cada día. Pero cuando su alimento pasa directamente del seno a su boquita, y de su boquita a su estómago, ¿cómo determinarlo?
Solo la balanza puede decirlo con toda exactitud: la balanza se transforma entonces en una. verdadera brújula que orienta para solucionar esta dificultad.
Pesando al niño antes y después de mamar se pue¬ de saber lo due mama por la diferencia que hay entre las dos pesadas. ¿Comprendéis? Es muy sencillo:
Supongamos que el bebe pesa con ropa y todo — pues en este caso no hay, naturalmente, necesidad de desvestirlo — supongamos que pesa 8.900 gramos. La madre lo pone a pecho y después de mamar todo lo que pueda, lo vuelve a pesar; la balanza acusa enton¬ ces 9.000 gramos, lia sacado del pecho 100 gramos de leche.
Con una sola pesada diferencial no pueden obte¬ nerse muchas deducciones, ya que el niño puede ma¬ mar unas veces, poco y otras, mucho, compensando unas con otras. Por esta razón, siempre es convenien¬ te hacer varias pesadas al día y durante varios días, para poder así sacar conclusiones verdaderas.
La balanza dirá con precisión lo que el niño ma¬ ma ; a vosotras os toca saber cuanto debiera mamar y no tendréis otro remedio que aprenderlo, pero estoy seguro que lo liaréis con todo gusto, pues ¿cómo creer, que no os ha interesado va, más que nada, más que
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las mismas muñecas, que todavía cuidáis o que ya ha¬ béis abandonado definitivamente, el cultivo de La Flor Humana? Así estaréis en condiciones de enseñarlo a todas las madres que lo ignoren. Podréis hacerlo re¬ cordando la siguiente regla, simple y exacta:
Para saber la cantidad de alimento que debe to¬ mar un lactante en cada vez, se escribe en un papel
meses de edad; sus einco meses; sus ra-' $ Raulit. o cumplió
raciones serán de 130 ciones serán de 150. nueve meses sus ra-
gramos. gramos. [ ciones serán de 3 90
Y así sucesivamente.
Pesando el niño, repetidas veces, antes y después de mamar, veréis, pues, si las cifras que acusa la ba¬ lanza coinciden con las que corresponden a la edad que tiene. Para poner las cosas en claro, destinad una de las páginas de la libretita que os sirve para hacer las anotaciones generales de peso. Supongamos el caso siguiente, que os puede servir de modelo:
Raulito
: Edad: 8 meses
; ración 180
gramos
Fecha:
14 de Octubre.