La mancha de sangre · Unidad 35 de 135

Unidad 35 · ()6 LA MANCHA

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()6 LA MANCHA

El jóven tomó el silbato , y repitió tres veces exactamente el mismo tono.

— Comprendo que seríais un buen contramaestre , siguió el comandante , eso es. Id al Cuerno de oro y repetid junto al mar ese silbido tres veces consecutivas; veréis llegar una lancha y llamareis á Paolo, de órden del comandante Pietro Pazzi ; haced que os siga con doce hombres y venid con ellos.

Abu-Kent saludó con gracia, tomó un sable estremadamente corvo y salió.

—¿A qué mentir? dijo entonces Eleonora á Pietro Pazzi, ¿á qué decirle sois mi hermano ?

— ¿Qué nombre queréis que adopte para vos el esposo de Inés?

— ¡Ah Pietro 1 contestó la jóven con un acento hechicero dejándose dar un beso en la frente , ¿ y se ha casado también mi hermana Isabela?

— I Oh ! Isabela es una respetable madre de familia, gozando un amor puro y el ruido de sus telares bajo el cielo de Granada.

— \ Se ha unido á un tejedor 1 observó con cierto desden aristocrático la orgullosa Eleonora.

— Cabalmente , á un tejedor de corazón de rey , valiente , bello y rico. ¿Y vuestro infiel vendedor de joyas?

Eleonora bajó la frente y calló.

— ¡Oh Eleonora! sois muy afortunada, entregáis vuestro corazón virgen á otro corazón virgen, os unís bella á un niño con todo el encanto de una hermosura casi ideal , enlazáis vuestros blasones de patricia con los cuarteles heráldicos de la alta nobleza castellana ; ;oh ! si deseáis mas sois muy ambiciosa.

— Si , deseo mas ; no os lo ocultaré Pietro, le adoro; ha sido tan sublime su abnegación , que todo quiso sacrificarlo á una sola indicación mia, me ha salvado de la deshonra, y por consiguiente de la muerte. Sin embargo, jamás, aun cuando fuese posible, uniré mi destino al de un idólatra.

— Tranquilizaos , mal que le pese le nombraron don Juan en la pila del bautismo; y cuando conozca la historia de su familia, cuando la hidalga sangre de los Encinares hierva en sus venas , entonces reputará los doce años que ha vivido lejos de su pais como un cautiverio mas suave que el que habéis llorado durante cuatro , hermosa Eleonora. ¡ Cuánto habréis sufrido 1

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— ¡Oh ! no me lo recordéis. Cien veces he visto el rostro á la muerte, cien veces me ha salvado la mano de Dios.

— Os hemos llorado muerta ; después de vuestro rapto todos los dias recorría la ribera temiendo ver vuestro cadáver arrojado por las olas. Solo un demonio pudo haberos sacado á salvo del mar con el témpora que corría aquella maldita noche. Ya conocéis á mi Anunciatta, no es por el cariño que la tengo ; pero aseguro que ni el rey de España posee un galeón tan valiente ; á pesar de todo , casi estuvo para zozobrar á la entrada del puerto.

— Sí , fue una noche terrible ; al caer al mar me sentí asir y levantarme sobre la espalda de un hombre que nadaba ; las olas rodaban bajo él coronadas de espuma bramando como un toro salvaje ; algunos momentos después me desmayé ; cuando recobré el sentido , abrí los ojos para presenciar otro espectáculo mas aterrador ; estaba cubierta de agua y arrojada sobre una playa desconocida.

— ¡ Oh 1 era preciso un poder sobrehumano para abordar un buque con una mar tan alta.

— La isla donde nos arrojó la borrasca era Paros; junto á mí vi maniatado á Manuel Asensio.

— ¡Por las uñas de Satanás, Eleonora! ved que Paros es una isla del archipiélago griego. ¡Soberbia apuesta de nadol solo un pez puede hacer doscientas cuarenta y cinco leguas marinas tomando por punto de partida el golfo de Yenecia.

— Dejadme concluir; un buque hecho pedazos estaba encallado en las rocas , y el mar todavía inquieto arrojaba pedazos de madera, de cuerdas y lienzos ; alrededor de una hoguera habia algunos hombres cuyo solo aspecto me hizo volver á cerrar los ojos ; aquellos piratas habían apresado á los piratas que me cautivaron. Poco después de haber despertado del letargo , me volvieron á embarcar en otro buque y se hicieron á la> vela ; algunas horas después dejamos á la izquierda á Chio , al ponerse el sol estábamos á la altura de Metelin, dejamos atrás el monte Ida, y la luna nos hizo ver al fin los Dardanelos ; pasamos el estrecho , entramos en el mar de Mármara, dimos vista á Constantinopla y desembarcamos en Scutari , un día después de la partida de Paros.

— Hicisteis , bella Eleonora, una travesía de ciento veinte leguas marinas en veinticuatro horas.

— En Scutari me juntaron con otras mujeres y me llevaron al bazar;