La mancha de sangre · Unidad 86 de 135

Unidad 86 · 160 LA MANCHA

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suelo á las cuatro partes del mundo, y le juraron rey: escribieron los capitanes á ia gente para que aprestasen armas y estuviesen prontos á echarse sobre Granada el 24 de diciembre ; y nombró Aben-Humeya capitán general á su tio Aben-Xahuar que partió á Cádiar.

Solo faltaba una ocasión de rompimiento y no tardó en presentarse; pasaba un capitán llamado Herrera con cuarenta caballos de Granada para Adra, y •vino á alojarse á Cádiar; el Zaguer aprovechó la oportunidad, cohechó á los vecinos , y el capitán y los soldados fueron pasados á cuchillo mientras dormían , y los perpetradores huyeron levantando á su paso los pueblos de la sierra.

Hé aquí el estado en que se hallaban las cosas en las Alpujarras la Noche- Buena de 1568, época en que principia y termina la quinta y última parte de mi historia.

III.

Don Luis Osorio.

Son las ánimas ; el Albaicin á esta hora otras noches tan tranquilo, deja oir tras las ventanas de cada casa el ruido de la vihuela y la pandereta ; algunas sin embargo, permanecen oscuras y silenciosas ; están habitadas por moriscos.

Grupos de villanos recorren las calles llenando las panaderías en busca de las tortas de Belén ; las tabernas muestran la mayor animación y en las plazas ociosos sin cuento rodean los ciegos que cantan á grito herido, el sublime misterio del nacimiento del Hombre-Dios.

Y sin embargo, la nieve que se desprende en espesos copos, blanquea los sombreros y las capas de la multitud.

En una de estas plazas mas cercanas á la ciudad hay una casa que forma sola uno de sus lados ; á la puerta hay pajes y escuderos ostentando rica librea, y las columnas árabes de su ancho patio están iluminadas por grandes faroles pendientes del centro de las galerías.

Subiendo la estensa escalera de mármol blanco cubierta en el centro en toda su longitud por una alfombra, se llega á un largo corredor y frente á una gran puerta que entreabierta deja ver una antecámara alhajada con toda la profusión de la opulencia y ei buen gusto ; siguiendo el corredor, se pasa junto á muchas puertas y al fin el curioso tiene que

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detenerse ante una baja y estrecha ó seguir adelante á través de un largo y torcido pasadizo mal alumbrado por una lámpara ; al fin de él hay otra puerta y tras ella un aposento cuadrado.

Dentro ya, puede observarse su estructura y mueblaje; el pavimento es de mosáico árabe ; las paredes revestidas de estuco, y la ensambladura del techo pertenecen al mismo órden de ornamento ; una puerta en un ángulo da salida á otro corredor con quien comunican otras puertas y conduce á una escalera á cuyo pié hay un postigo que da á una calle oscura.

Tiene ademas la habitación un espacioso dormitorio y dos ventanas cubiertas de espesas celosías que dominan la siempre solitaria calleja. .

Sobre una mesa, en el centro, se ven dos bujías encendidas y junto á ellas esferas, mapas enrollados y libros en fólio ; vénse en torno sillones forrados de damasco negro, tachonados de macizos clavos de plata ; amen de esto, una gran copa de cobre junto á la mesa, guarda bastante fuego para dar á la estancia, á pesar del intenso frío que se siente fuera, una templada temperatura.

Sentado junto á la copa hay un jóven como hasta de veinte y cuatro años ; está cubierto de hierro y junto á él en un sillón, se observan una reluciente celada con penacho blanco, dos guanteletes y una enorme espada de combate : ademas una fuerte adarga se apoya descansando en el pavimento y muestra un blasón coronado con una encina de oro en campo de gules cuyas ramas parecen agitadas por el viento con este mote en torno : Aunque airado me combatan, siempre firme á buena ley por mi patria y por mi rey : amen de esto, se ve tw 4 blasón estendiendo los rojos brazos una cruz de Santiago.

El jóven está profundamente pensativo ; con las piernas cruzadas y estendidas, el brazo derecho apoyado en el sillón, la cabeza reclinada en la mano y los ojos casi cerrados ; pudiera creérsele dormido á no jugar en ademan distraído su mano izquierda, con el cordón de oro que sujeta á sus hombros una larga capa encarnada.

Su rostro , sin ser realmente hermoso, posee esa espresion indefinible que reemplaza con ventaja á la belleza y que se denomina, generalmente hablando, gracia; formas varoniles y enérgicas, una de esas semblanzas imponentes que nos hacen concebir á primera vista un corazón brioso y un alma impresionable y llena de franqueza ; dánle mas realce los pesados rizos de una brillante cabellera que caen en descuido hasta desean-