La mancha de sangre · Unidad 92 de 135
Unidad 92 · 170 LA MANCHA
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170 LA MANCHA
— ¡ Qué ! ¿ no está en Venecia ? ¿ he perdido mi hija ? — I Perdida!...
— Si, monseñor, perdida , sino sabéis el paradero y el nombre del que la salvó de vuestro poder aquella terrible noche.
— ¡ El nombre! ¡oh ! ¡ si eso solo fuera!... aquella misma noche, Benjamín, le asesinaron en su posada.
— ¿Y los asesinos? la república de Venecia que todo lo sabe, que penetra hasta los pensamientos de los que gobierna ¿no ha podido encontrarlos y descubrir el paradero de Teresa por los rastros?
— Benjamin , aquella noche envié un paje mió en su busca ; la hospedería estaba consternada, su aposento manchado de sangre ; pero él y su servidumbre habían desaparecido.
El dolor de Benjamin estalló de una manera horrorosa ; maldijo su existencia, y maldijo al marqués de Encinares que le había protejido.
Al escuchar Pietro Pazzi el nombre del marqués se dilataron sus ojos, una espresion de marcado interés se dejó ver en ellos y preguntó al judío :
— ¿Conocéis á don Juan de Osorio, marqués de Encinares? y como Benjamin absorto en su dolor no le contestase ; le asió de un brazo y tornó á decirle : ¿conocéis al marqués de Encinares?
Benjamin miró fijamente al senador y le dijo con acento sombrío :
— | Ha muerto !
— j Muerto ! ¿ y su esposa Eleonora Gieromi ? —Muerta también.
— Mintió quien tal os dijo, yo sé que vive , Benjamin.
— ¡Vive! esclamó saliendo de su abatimiento el judío.
— Si , escuchad : hace seis meses recibí esta carta de un religioso de la órden de la Redención de esclavos en Argel , en que me incluía estas otras dos. El senador mostró sucesivamente las cartas á Benjamin ; esta es, dijo, de un pirata á quien conocería entre ciento, y que en 1535 me arrebató á Eleonora á la vista de mis soldados ; leed :
La carta decia asi :
((Cristiano : si por la mujer de ojos negros que apresé en Venecia la noche de San Marcos, y que volví á apresar en Granada en 1550 mo das diez mil doblones, la pondré en salvo en tu poder cuando entregues esta cantidad al ermitaño del cerro de los Mártires de aquella- ciudad. Para el capitán Pietro Pazzi Manuel Asencio, capitán renegado.
DE SANGRE. i 71
— ¿ Y estáis seguro monseñor de que no es un pretesto esta carta ?
— Mirad esta y os convencereis ; es de mano de Eleonora , cuya escritura he visto demasiado para poder engañarme ; si , si , es de ella vive, Benjamín.
Benjamín tomó la segunda carta y la leyó : en ella suplicaba Eleonora al senador la rescatase y ie llamaba con urgencia.
— Y he aquí , continuó Pietro Pazzi , tomando las cartas que le devolvía Benjamín, cómo por una casualidad al venir á libertar á mi cuñada, Os he encontrado. Si mal no recuerdo , pasábais harto de prisa al oscurecer por junto á la cruz del Campillo.
— Es verdad, monseñor, buscaba á don Luis, ahora marqués de Encinares, porque su ausencia me tenia inquieto.
— Y yo os seguí hasta la entrada de esta casa , después volví á dejar mi cabalgadura en una posada, y héme al fin junto á vos.
— ¡Y mi hija ! volvió á decir el judío.
— [Vuestra hija! [vuestra hija! la buscaremos, Benjamín, la encontraremos tal vez, como hemos encontrado á Eleonora. Podéis volver á Venecia , y si consentís en cubrir las apariencias , siendo cristiano seréis mi hijo.
Una lágrima de agradecimiento rodó por el rostro del proscripto; habia sufrido mucho y no se atrevió á hacer el sacrificio de su amor á Angiolina y á Teresa ante el arca de la Santa Alianza ; al fin era hombre y esta debilidad por lo tanto disculpable.
— ¡Oh! ¿quién sabe monseñor? contestó.
El senador le abrazó.
— Ahora , Benjamín , guiadme á la ermita de los Mártires. El judío tomó su capa y su sombrero , y ciñéndose una espada , llamó á un paje.
— Guzman, le dijo , si viene preguntando por mí el espadero del señor marqués hazle esperar.
El pagecillo alumbró hasta el corredor al senador y á Benjamín que salieron ; después se sentó en un sillón y se quedó dormido.
Sonaban entonces en la iglesia del Salvador las diez de la noche.
Irene.
Ahora, lector, sigúeme por la pequeña puerta que dió salida á don Luis al segundo pasadizo ; luego abramos otra puerta y entremos.
¡ Qué magnífica estancia ! es un pepueño gabinete , cuyas dos ventanas defendidas por cristales cuidadosamente cerrados, dan á la misma calleja que las del aposento de Benjamín; entre ellas hay un grande espejo objeto en aquella época de gran lujo ; debajo de él una mesa tocador; en frente un estradillo con un mueble semejante á un sofá de alto respaldo y forrado de raso azul turquí ; sobre el sofá un retrato de mujer entero de asombrosa belleza : es el retrato de Eleonora Gieromi ; últimamente un juego de sillones hermanos del sofá , una alfombra , azul también , y un candelero de plata con dos bugías encendidas, completan la descripción.
Recostada en el sofá hay una mujer como de veinte y seis años, de formas desarrolladas y voluptuosas, viste con elegancia y su cabellera recogida hácia dentro en forma de melena, mas semeja á la de un hombre esquisitamente cuidada que el voluminoso peinado de una mujer; es semejante en fin en un todo al que adoptan nuestras elegantes al salir del baño.
Su semblante no puede llamarse lindo , pero sí hermoso ; posee un maravilloso atractivo, debido sin duda á la seductora coquetería de sus negros ojos ; su corte particular , su tez ligeramente morena le separan