La mujer, apuntes para un libro · Unidad 21 de 31
Unidad 21 · CAPITULO XVI.
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CAPITULO XVI.
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La edad.
Al leer este epígrafe habrá tal vez quien juzgue que nos decidimos por los masteri0s.
Porque vulgarmente se cree que la edad es el gran masterio de las mujeres; el secreto que con más empeño guardan.
Parece mentira que á tal extremo llegue la creencia vulgar, ó más bien lo vulgar de la creencia.
La cuestion de edad presenta dos aspectos: el de los años y el de los atractivos.
El primero, como las mujeres no entran en quinta, * tiene escasísima importancia: el segundo influye de una manera Casi siempre decisiva.
204 | Preguntar por los años de «una mujer que conoce- . mos, es el mayor testimonio de insipidez: no parece sino que se trata de poner el visto bueno de la belleza y de las buenas dotes á continuacion de la partida de bautismo.
Siempre que conste que la mujer está bautizada, no hay papel más inútil para su amante que la partida . de bautismo.
Este documento solo sirve para medir lo pasado, y el amor se cuida de lo presente y vive para lo porvenir.
La edad de una mujer es la que se revele en su semblante, ni más ni ménos.
De aquí procede que existen mujeres con mucha más edad que años; y otras, por el contrario, que tienen muchos más años que edad.
Y es que la edad y los años no son para nosotros palabras idénticas. El que de esta paradoja se escandalice, tenga resignacion, y sufra y lea.
La edad es una ilusion como otra cualquiera.
¡Si al menos fuera un dato para calcular por los años que se suman los que restan!
Pero ni esa aplicacion admite; que es harto frágil la naturaleza humana.
La edad no la constituyen los años que han corrido, sino las huellas que han impreso,
La mejor edad es aquella en que se logra inspirar más amor.
Un amor que se sujeta á programa, está. muy lejos de serlo; y se sujetaria á programa el amor en el momento en que ajustase la cuenta de los años; que ni aun los años debe contar , por no contar nada, el amor puro y sincero.
Es cierto que no basta ser bella sin ser jóven; pero es todavía más cierto que no basta ser jóven sin ser bella. | - De donde se deduce que la belleza sin la juventud ha sido y es; al paso que la juventud sin la belleza, ni ha sído, ni es; y amén de todo, causa horror el pensar lo que sera.
¿Cuál es el limite de la juventud de una mujer? Probemos á fijarlo.
No hablemos por ahora de los años, que, como dice el proverbio, es conversacion de gente ordinaria.
El sistema de contabilidad es muy necesario, tratándose de los años económacos; pero tratándose de los años de edad , todas las fórmulas sobran: no hay para qué molestarse en la cuenta y razon; nadie ha de robarnos ese capital: ni regalado que lo ofrezcamos habrá casi nunca quien lo acepte.
Y decimos casi nunca, pues circunstancias hay en la vida en que compraria el hombre á peso de oro
más años de los que, con oro encima, endosaria cualquiera mujer que pase de treinta y cinco.
En el mercado de los años no caben trasferencias; suelen caber, sin embargo, rebajas proporcionales.
Es una observacion muy curiosa: apenas existen mujeres de cuarenta ni de cincuenta años: la gran mayoría vive en los treinta, hasta llegar á los sesenta.
El corazon no envejece; sin embargo, la frente se arruga, y se marchita el arrebol de las mejillas, y desaparece la esbeltez del talle. La vejez del cuerpo no es ni más ni ménos que la carencia de encantos. La lucha entre el corazon, que no envejece, y los encantos, que no subsisten, es horrible.
Tiene razon el que ha dicho que la vejez es el infierno de las mujeres que no son más que bellas.
La nieve de la cabeza no puede extinguir el fuego del pecho: hé aquí una juventud vzeja.
Pero en el combate de los sentidos y de las gracias con el gigante que se llama tiempo, la victoria tarda mucho en decidirse.
Ese mucho es la vida del amor, es la juventud. La
juventud dura tanto como los atractivos; tanto como el derecho y la fortuna de. inspirar amor.
Cuando no hay gracias que luchen con el gigante que se llama tiempo, la victoria se decide desde luego; Ó, por mejor decir, no hay victoria, porque no hay combate.
Triste es entonces la vida del amor: triste es la juventud: la ejecutoria de los pocos años solo sirve para hacer más amargo el porvenir: hé ahí una vejez jóven.
La frontera entre la juventud y la vejez está marcada con carmin y con albayalde.
Cuanto mayor es el brío con que una mujer acude á los recursos del arte, es tanto más fatal y más alarmante el síntoma.
Cuando me sirven un vaso de agua, dice, si mal no recordamos, Alfonso Karr, y añaden por gran recomendacion que es agua destilada, recuerdo involuntariamente el estado en que el agua se hallaria antes de la operacion.
Cuando se ve una mujer hermosa que hace veinte ó más años que ya lo era, la estética se rebela contra el calendario; parece imposible que aquella mujer sea vieja.
Cuando se ve una mujer que empieza á no ser hermosa, y que promete serlo ménos cada dia, la esté-
tica se oculta; parece imposible que aquella mujer sea jóven.
Tan cierto es que en arquitectura hay ruinas de edificios antiguos que tienen infinitamente mayor precio que los edificios nuevos.
—¿En cuántos períodos puede dividirse la edad de la mujer? —En todos cuantos quiera el curioso lector.
Los mas importantes suelen ser para el mundo: el de las ilusiones, el del amor y el de la amistad.
El primero comienza con los albores de la razon. Las niñas son unas mujeres pequeñas; porque es de saber que las mujeres, segun la aventurada espresion de un escritor, desde la edad de seis años solo crecen en dimensiones.
En esa edad empiezan á amar á sus muñecas, y las tratan como á hijas; más tarde suelen casarse y tratan 4 sus hijas como 4 muñecas.
Tantas y tales son las vueltas del mundo.
Hoy se divierten vistiendo y desnudando las muñecas que acarician en sus brazos infantiles; mañana acarician en sus brazos maternales otras muñecas que
se visten y desnudan solas. Entre unas y otras caricias median solo algunos años; media un espacio vacio: el espacio que debió ocupar la educacion.
Ese vacío se notará ya en todos los períodos; que mientras él exista, ni el amor puede ser ordenado ni la amistad duradera. |
La mujer virtuosa, educada sólida y cristianamente, tiene tres fases principales en su edad, tres fases de las cuales vienen á ser las segundas reflejo de la primera: hija, esposa y madre.
Esto parecerá una antigualla; pero entre parecerlo y serlo hay gran diferencia; tanto como entre los años y la edad.
Decíamos antes que el corazon no envejece; tampoco envejece la virtud. |
Por eso tiene razon el que ha dicho que la vejez es el infierno de las mujeres que no son mas que bellas. |
Dicen que al desaparecer la juventud, brota en las mujeres el instinto de amistad hácia las otras.
Podrá ser cierto; pero hasta ahora se habia creido que las ideas de benevolencia, de ternura, y aun de magnanimidad, se conformaban mejor con el carácter de la juventud. |
Nosotros, que no creemos, háyalo dicho quien
quiera, que la amistad de dos mujeres sea siempre el
complot contra una tercera, negamos desde luego la exactitud absoluta de ta máxima anterior.
Lo que sí creemos, con el gran poeta Byron, es que no hay cosa mas incierta que el número de años de las señoras que se dicen de cierfa edad.
Pues justamente esas señoras son de ordinario las ménos espansivas y dispuestas á los sacrificio de la amistad.
Si se nos obligase, por último, á descender al terreno de la aritmética, y se:nos preguntara cómo influ-
ye la edad en el amor de las mujeres , no tendríamos inconveniente en responder:
Antes de los veinticinco años hacen .muchas conquistas en un dia, todas fugaces; despues de los. veinticinco años, hacen en muchos dias una conquista, y aquella prevalece. |