La obstetricia en México · Unidad 52 de 150
Unidad de lectura 52
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
tribuido al público y á los diputados, produjera en el Protomedicato; mas por esta vez esa corporación triunfó.
No quiero salirme de los límites de mi programa y por eso no dedico mi tiempo á buscar lo referente á este asunto en las colecciones de actas, periódicos y demás de la época.
Me sospecho que el Sr. Muñoz no pasó de cirujano romancista, ni es de creerse se presentara á examen de latino después de su furibunda, aunque muy razonada filípica, al Protomedicato.
En la «Noticia» de Febles del año de 1830 veo figurar al «C. Miguel Muñoz» entre los cirujanos.
En la lista presentada por el Protomedicato al Sr. Gobernador del Distrito para la elección de la Junta Médica, el año de 1831, el Sr. Muñoz figura entre los cirujanos romancistas.
La Sra. su nieta me ha referido que D. José Miguel Muñoz era persona de muy pocos amigos y todavía menos entre los médicos, pues con su carácter recto, franco é inflexible, externaba sus opiniones sin anodinos de ninguna clase y esto le valía desafectos, envidiosos y enemigos.
No obstante su notorio valer científico no se le concedió lugar ninguno entre los fundadores de la Escuela de Medicina, ni siquiera por sus gestiones del año de 1822 ante el Congreso, ni tampoco fué individuo de la «Academia de Medicina de Mégico» del año de 1836.
En la colección del periódico de ella encuentro mencionada sola una vez su nombre, por el Dr. D. Pedro Escobedo, y esto, á mi parecer, con cierto desprecio: dice refiriéndose á el «el práctico citado.»
En ninguno de los escritos impresos del Dr. Muñoz que poseo se da nunca título científico alguno, se lee solamente Miguel Muñoz, ó C. Miguel Muñoz.
No carecía el Sr. Muñoz de independencia de carácter, aún en asuntos religiosos y de conciencia; cuando por sí y ante sí se divorció de su esposa, quisieron los eclesiásticos estrecharlo á que se volviera á unir á ella, y solamente lograron que con bastante sequedad impusiera silencio á todo el que de ello se atreviera á hablarle. Murió antes que él su esposa y parece que ni en sus últimos momentos quiso volverle á ver.
El trabajo monumental del Sr. D. Miguel Muñoz fué el establecimiento y propagación de la vacuna humanizadaenMexico.su conservación y estudio.
En la terrible peste del año de 1840 planteó con gran éxito la vacuna diaria, tanto en las Casas Consistoriales [Diputación] como en los varíes Cuarteles de la Ciudad de México, establecimientos públicos de beneficencia y hasta en las populosas casas de vecindad.
El año de 1842 entregó la dirección y administración de este precioso antídoto á su hijo el Sr. Dr. D. Luis Muñoz, quien siguió desplegando el mismo celo y la misma habilidad que su ilustre padre, en ese delicado y trascendentalísimo encargo.
Quiero antes de clausurar estas notas hacer algunas reflexiones acerca de su legendaria aplicación del fórceps, al estrecho superior y extracción de feto vivo, en su hija Dña. Micaela Muñoz de Polo.
Se trataba de una primeriza cuyos órganos, intactos hasta entonces, iban á sufrir un cambio un poco violento; la dilatación gradual del cuello uterino y las enérgicas contracciones de una matriz vigorosa y sana deben haber ocasionado esos dolores intensísimos que tanto desesperan á las pobres mujeres. La rotación dé la cabeza quizá no se efectuaba sino lentamente y aquellos dolores y contracciones tenían un efecto poco útil. El cuello, si no estaba bastante dilatado, debe haber sido fácilmente dilatable. En tales circunstancias, urgido el Sr. Muñoz por los sufrimientos de su hija, se atrevió á ejecutar una operación que hoy difícilmente habrá partero que la emprendiese.
Con extraordinaria sangre fría, suma habilidad y no poca fortuna, vence las resistencias vulvo-vaginales, ensancha el cuello de la matriz, rompe la bolsa de aguas, toma la cabeza del feto por buena parte y coloca la rama de su fórceps. ¿Quién fué ese hábil ayudante que supo contener en perfecta posición la rama aplicada é inmovilizó la cabeza del feto para la aplicación de la segunda?; lo ignoramos.
Este tiempo de la operación, el más difícil sin duda alguna, tiene su necesario complemento en la extracción del producto que logró con éxito el habilísimo Sr. Muñoz, al decir de los que tal supieron, sin complicación alguna.
El detalle de que tal intervención se haya efectuado en el estrecho superior y en pi'imípara dan extraordinaria importancia á ella y ponen de relieve los conocimientos y aptitudes tocúrgicas del Sr. Muñoz, á quien llamaban sus contem_poráneos «el médica de la naturaleza»,
Escritas por este señor, conozco y poseo las obras siguientes:
i* Memoria & citada en la primera parte de esta obra.
2^ Cartilla ó Breve instrucción para la vacuna; en el mismo lugar.
3^ Método sencillo, claro y fácil de asistir d los niños en la actual epidemia de viruelas naturales, arreglado d las nuevas
y mejores doctrinas médicas del día. Escrito por y
aprobado por la Junta Municipal de Sanidad, é impreso de orden del Excelentísimo Ayuntamiento del Distrito, Preliminares. Instrucción sobre las viruelas naturales: curación de éstas por estinción ó por resolución: modo de inocular, &, Observaciones. México, Imprenta á cargo de C. Tomás Uribe y Alcalde, Calle de Jesús núm. 2. 1830, 4?.
4^ Método preservativo y curativo durante la epidemia de
Cólera Aforbus, escrito con observaciones por México,
Imprenta de Luis Abadiano y Valdés, Calle de Santo Domingo núm. 12. 1850. 8?.
En la «Tesis de concurso» del Sr. Dr. D. Rafael Lavista á la cátedra de Medicina Operatoria, de la Escuela Nacional de Medicina, intitulada «De las diversas especies de catarata y de su tratamiento quirúrgico,» encuentro algunas noticias tocante á la inventiva feliz y habilidad operatoria oftálmica del Sr. Muñoz, las cuales á la letra copio: «el Sr. D. Luis Muñoz al proporcionarme los datos relativos á la historia de la catarata en México, ha puesto á mi disposición los instrumentos de que se servía su ilustre padre el Sr. D. Miguel Muñoz, que tuvo la gloria de ser el primero de los operadores mexicanos.»
«Debo al señor mi maestro, Dr. D. José María Vértiz, datos preciosos sobre su manera de proceder »
«Keralotomía. El primero de nuestros cirujanos que la practicó fué el Sr. D. Miguel Muñoz, padre de mi maestro el Sr. D. Luis Muñoz; este último me ha referido que desde su niñez acompañaba á su digno padre á la operación de la catarata, y muchas veces le oyó decir que su preferencia por el método de la extracción, la fundaba en que en este método el cirujano nada hace á ciegas, y en cada uno de sus tiempos ve lo que hace, á diferencia de le que sucede cuando se opera con la aguja.
Instrumentos destinados á fijar el ojo y los farpados.
El Sr. Muñoz que siempre operaba solo, inventó instrumentos especiales para mantener separados los párpados Operaba á
lm<;
sus enfermos haciéndoles sentar en ün banco .1 proposite, do su in vención, Este banco tenía un respaldo en el qne fijábala cabeza con un. 1 faja de gamuza que pasaba f>or la Frente .1 feáts Faja m hallaba adaptada un.» placa de plata que so movía sobre ella, y po día, por consiguiente, < olocarse arriba deí ojo que se iba á aperar,
El elevadoi del párpado superior ( fig, r) consistía eñ una especie de gancho ilo plata cuya extremidad inferior, doblada éa forma de S, tenía su borde redondeado La concavidad que este instrumento presenta, está destinada .1 recibir el borde Ubre del párpado supeí ior,
Por su extremidad superior, que es aplastada, este instrumento so adaptaba a la placa en la que se fijaba |\>r un tornillo de presión,
Este elevador es largo reúno de dos pulgadas; el ancho que es uniforme en toda su longitud, mide, poco más ó menos, líneas.
Para abatiré! párpado inferior, usaba de un instrumento semejante, con esta diferencia, que representa una s alargada por el dobles de sus extremidades (fig 1), 1 .1 extremidad superior 3a este abatidor servía para colocarse en el borde libro del párpado inferior, y para mantenerlo separado, colocaba en la concavidad inferior de la s, de su abatidor, un pequeño peso, que he hecho litografiar abierto para que se pueda apreciar mas fácilmente el modo con que se engancha en la extremidad del abatidor, y mantiene él párpado separado (fig 3) Las dimensiones del abatidor del párpado inferior, son las mismas. \^oa^ mas 6 menos, que las del elevador, Estos ganchos, bastante flexibles, podían dirigirse hacia adelante 6 hacia atrás, según el ojo, si estaba hundido Li< uto.
Fijar el ojo. Para este objeto empleaba una larga aguja, cuya extremidad presentaba una doble curbatura; la primera hori son tal, formaba casi un ángulo recto con la varilla principal, y la atsgunda formaba un ángulo agudo, abierto baria arriba, y dejaba un esp icio libre para el cuchillo esta aguja estaba montada sobro un mango ^c longitud conveniente,
El ingenioso práctico hizo construir una aguja para cada ojo, v aunque el mecanismo de construcción es el mismo, su disposición osta en relación con el ojo operado (figs. \ \ 5),
fiTe rato tomo, Entre los instrumentos de que el Sr. Muñoz se servía y que tengo á la vista, me encuentro con un cuchillo de ca-
karata da su invención que posee las condiciones que Zehender atribuye á los suyos, con la diferencia de ler un poco más peque* no. tal ve/ el hábil operador mexicano había comprendido las veo tajas de la i«>i ma convexa; Dada ha} entre bus notas acerca de ea to; pero es muy probable que bu genio observador i<- sugirióla ventaja de la modificación ( ñg 9)
Extracción del cristalino. El Sr. Muñoz empleaba para ello un instrumento de bu inven» ion que yo he llamado doble falanca para desalojar el cristalino, y que está compuesta de un anillo central, del cual parten <-n dos direcciones opuestas nn.is varillas paralelas, dispuestas de modo que aplii adas .1 la cara anterior del globo, comprimían exactamente, «mi dos punto • opuestos, la circunferencia del cristalino, y haciendo mayoi esfuerzo en la parte superior. Lo desalojaban fácilmente sin comprimir el resto del globo ocular, esquivando de esta manera la salida del humor vitreo (figura 6).
Con este mismo objeto se Bervía de otro instrumento compre 101 circular de la córnea, que consiste en un anillo insertado oblicuamente sobre una varilla vertical, montadla en bu respectivo mango, El hábil oculista mexicano satisfacía <lo esta manera las indicaciones de esta delicada operación | fig 8],
El Sr. Muño/, empleaba una cucharilla semejante i la de Daviel, con la diferencia que es más estrecha \ casi aplastada» (6g. 7). *
1 Bl retrato que se da con estai noticias proviene dé un pariente de la eftori M uno/ <!<• i'olo quien dice sei reproduccidn <i«- uno al dleo que poseía an Tesiutlán, na curi eclesiástico residente en «•■■<■ lugai allegado del mari, de da 1.1 mencionad 1 • < ¡ñ"
instrumentos oftálmicos del 5r. j). José Miguel jViuñoz.
«L^g^<f^^J»gz«L^g*S¿^^->