La obstetricia en México · Unidad 78 de 150
Unidad de lectura 78
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
Las condiciones higiénicas de las demás celdas que ven al Poniente son. poco más ó menos, las mismas que he detallado al hablar de las que ven al Oriente. Hay dos. sin embargo, que ofrecen condiciones nías favorables, las destinadas á los fart os subrepticias. En cambio hay otras que frecuentemente han sido fatales á las mujeres que las han ocupado, tal como el núm. 14. donde más de una infeliz ha atrapado una pleuresía ó una neumonía, porque dicha celda está en amplia comunicación con un pasillo que ve al Norte, hacia donde se precipitan corrientes de aire que circulan v pasan por las puertas de las celdas núms. 10. 11 , 12. 13 y 14. no habiendo sido posible lograr, á pesar de reiteradas peticiones, que á la entrada se ponga una vidriera que defienda á las asiladas de la acción perjudicialísima del aire frío, á cuyas celdas llegan además, arrastradas por el viento, todas las emanaciones de las ropas sucias de manchas loquiales y de la lana, y fundas de los colchones de las mujeres que mueren de afecciones puerperales, cuyos objetos se colocan en la azotehuela vecina, extendidos en el suelo ó suspendidos en cordeles, para que se asoleen, y sequen después de haber sido lavados insuficientemente, ocasiones para destruir al veneno puerperal. En uno de los ángulos de esta misma azotehuela se encuentra el anfiteatro, cuya vecindad no puede menos de producir malos resultados. A fin de que nada falte para hacer de este lugar un amenaza continua á la Maternidad, hace pocos días se ha abierto en otro de los ángulos de la azotehuela, una puerta que comunica con la enfermería del Hospicio de Pobres.
Esta enfermería, poruña parte, y el Hospital de Infancia, polla otra, tienen, por explicarme así. bloqueada á la Casa de Maternidad: y lo más sene ible del caso es que recíprocamente se perjudican Tal vez esta sea una de las causas de la frecuencia con que mueren los enfermos del Hospital de Infancia (27 por ciento) y loa de la enfermería del Hospicio de Pobres. Antes de la injustificada
reforma hecha en ese asilo morían, 12 ó 14 niños cada año, conforme puede verse en las constancias que obran en el archivo del establecimiento y en el del Ayuntamiento de la Capital; de la reforma acá, son mucho más frecuentes las defunciones, como es fácil comprobarlo: la diferencia es tan notable, que con justicia llama la atención. Apenas se comprende cómo hayan podido escaparse á las personas que han tomado á su cargo la difícil tarea de dirigir los establecimientos hospitalarios, las precauciones higiénicas más elementales, pero las más trascendentales también para libertar á los asilados, de los perniciosos efectos del aire animalizado, del aire viciado por la aglomeración de individuos, unos sanos, otros enfermos, y entre éstos, puérperas presas del envenenamiento puerperal. No hay un solo higienista que no proclame muy alto la absoluta separación, el completo aislamiento de los hospitales de niños y de las Casas de Maternidad, y esto no obstante, en la capital de la República se infringen estos cánones, sancionados en todas partes por la observación y por la experiencia.
La sala de convalecientes tiene diez y siete camas, y su ventilación se hace por medio de ventanas cuya manera de cerrarse es de lo más imperfecto; en vez de caer á algún jardín, cuyos árboles y plantas purificaran al aire que por ellas entra, dan á la lavandería y asoleaderos del Hospicio de Pobres, y dentro de algún tiempo al anfiteatro, tan luego como se concluya el suntuoso como innecesario que en la actualidad se halla en obra. Entonces las emanaciones infectas de las ropas y del anfiteatro (hundido dentro de una fosa, como se halla y notarse puede, á la simple vista), antes de esparcirse en la atmósfera exterior, bañarán y penetrarán por las ventanas, empeorando todavía más la situación muy poco higiénica ya, de la Casa de Maternidad y de su incómodo y perjudicial vecino el Hospital de Infancia-
Respecto á la alimentación, sabido es de todo el mundo su importancia en el embarazo, el puerperio fisiológico y el tratamiento de las afecciones puerperales; pues bien, no temo equivocarme al afirmar que si en la clínica se han perdido varios casos, ha sido á causa de la mala alimentación que se ha dado á las enfermas, no obstante las prescripciones escritas en las ordenatas y aun recomendadas de palabra á las personas que deben proporcionarla: e\ad- ?ninistrador y la ecónoma; habiendo sido muchas veces preciso, en obvio de contestaciones y de disgustos, que la partera en jefe ó yo expensemos de nuestro peculio una alimentación adecuada á
las circunstancias particulares de ciertas enfermas. Nuestras reiteradas instancias a este respecto, siempre mal interpretadas^
fian sido tenazmente desoídas.
Como consta á los Señores miembros de 1 Consejo Superior de Salubridad, los alimentos, á más de ser de la peor clase, se dan en cantidad insuficiente.
Las infelices embarazadas si bien tienen cama donde dormir, solo se cubren con la ropa que visten y con la sobrecama, por falta de sábanas y frazadas; ello consta también al Consejo, y demanda, cual la alimentación y cual todo lo demás relativo á a asistencia, urgentísimo remedio. ■
Hay una resistencia incalificable á proporcionar las velas necesarias para atender á las parturientas. La ecónoma ss ha empepeñado más de una ocasión en que con una de á tlaco se atienda á la vez á dos ó tres mujeres situadas en diferentes celdas, y casóse ha dado en que se haya tenido que operar á media noche á la escasa luz de dos velas de sebo, una de ellas puesta en la boca de una botella y otra en el único canddero que hay para el servicio de Maternidad.
No hay un estuche de cirujano, por lo que cuando se necesitan un bísturi, unas pinzas ó una lanceta, tengo que recurrir á lo que llevo conmigo. Algunos instrumentos, como el aspirador de Potain, por ejemplo, que proporciona el vecino Hospital de Infancia,, está poco menos que inservible, y por lo mismo tengo que usar el de mi propiedad cada vez que es necesario.
El servicio durante la estación de las lluvias es molestísimo porque, en primer lugar, el declive de la azotea obliga al agua á afluir hacia las puertas de las celdas para derramarse en los vertederos de que he hecho mención, y en segundo, el paso está descubierto y el cobertizo muy deteriorado, de manera que chorrea por todas partes y el agua llovediza moja á los transeúntes.
Mucho tiempo há que el reloj de la casa está descompues'.o, y la falta de él suele ser motivo para que ciertas distribuciones no puedan tener lugar á la hora prevenida.
No hay un reglamento que detalle los deberes de los empleados en el servicio, lo que más de una vez ha dado también ocasión á que arbitraiiamente se exija, ya á la partera en jefe, ya á la enfermera mayor, lo que no es de su incumbencia.
Hay escasez absoluta de trastes: las embarazadas comen en la mesa del iefectorio sin mantel ni cubiertos. Algunas enfermas y
recién paridas reciben la comida en cazuelas y las bebidas en jarros.
Por más instancias que se han hecho, no se ha podido conseguir que la Junta de Beneficencia mande construir una camilla para trasladar á la Casa á aquellas mujeres que ya en trabajo de parto solicitan apremiantemente los auxilios de la Maternidad. Se les conduce en un petate, en una silla, y algunas ocasiones en coche; todo lo cual, además de impropio y expuesto, es sumamente molesto.
TaTipoco se ha podido lograr el que se compre un perol para hervir y lejiviar la ropa y la lana sucias; el que sirve actualmente lo proporcionó, en, calidad de prestado, el inteligente profesor Orvañanos
Cualquier pedido que se hace al Administrador demanda muchísimo tiempo para que llegue á ser obsequiado, y esto aún tratándose de cosas las más llanas y sencillas, por ejemplo: unas garruchas, cordeles de cáñamo y alcayatas para que se puf»da tener abiertas las ventanas. La parrilla del tinaco no fué hecha sino hasta un mes después de haberla pedido.
Infinidad de veces se ha manifestado que los cuartos de baño situados en la azotehuela deberían tener un pasillo cubierto que los pusiera en comunicación con la sala de convalecientes, con la mira de evitar en lo de adelante que las recién paridas al salir del baño cojan una pleuro-neumonía por enfriamiento. A pesar de haberse dado este caso, no una sino varias veces, no ha sido posible remediarlo. La embarazada que actualmente ocupa la cslda número uno, cogió la neumonía doble de que está padeciendo, por el motivo que dejo señalado.
La insuficiencia del personal ocasiona gravísimos trastornos en el servicio. Las complicaciones á que da lugar el escaso número de sirvientes, hombres y mujeres, son frecuentísimas
A menudo se carece de agua fría, porque no hay un criado que bombee, hallándose los que hay, fuera de casa. Muchos días no hay agua caliente para baños, que en el servicio son tan indispensables, ó porque no hay agua en el tinaco, ó por falta de leña, ó porque ésta está mojada y no puede arder por lo mismo. La bomba, por otra parte, debe estar en mal estado, puesto que á cada paso se descompone. En cuanto á las enfermeras menores, son tan pocas, que unas mismas tienen que atender á las puérperas enfermas y á las sanas, lo cual es trascendentalísimo, toda vez que el
veneno puerperal se propaga por contagio inmediato, según lo tiene probado la experiencia.
La insuficiencia de los útiles obliga á que los pocos con que se cuenta, se destinen asimismo al servicio común.
En suma; tal cual actualmente se halla montado el servicio de Maternidad, es del todo imposible poner en ejecución ias medidas recomendadas para evitar la infección del miasma puerperal y el contagio, sea por las ropas, por los colchones, por las celdas, camas, utensilios, sea, en fin, por e! personal mismo. La estrechez á que se ha condenado á la Casa de Maternidad, sólo por establecer en el local que ocupa, un hospitalito de 25 camas, muy mortífero, como es constante, pues las estadísticas lo prueban, y cuyos tristes resultados, á pesar de la magnificencia y esplendidez con que se halla montado, asimismo prueban, por penoso que sea decirlo, que el proyecto de su instalación no fué conveniente ni maduradamente meditado y sujetado á los preceptos higiénicos universalmente admitidos, esa estrechez, repito, es causa de que el medio externo en que viven las infelices mujeres, que se asilan en la Casa de Maternidad, sea malo bajo todos puntos de vista. En cuanto al medio interno, cuyo objeto es contrariar y nulificar al externo, tiene que sucumbir en la lucha, en atención á las numerosas causas de falta de resistencia, provocada por una alimenteción, no sólo insuficiente, sino de mala calidad.
Como cuanto dejo consignado en este informe, constó al Consejo Superior de Salubridad, en sus visitas practicadas á la Casa de Maternidad y Hospital de Infancia, en los días 3 y 5 del corriente, abrigo la lisonjera esperanza de que por su influjo se remediarán los males subsistentes en el servicio que estáá mi cargo, tanto más importante, cuanto que tiene el triple objeto de la «moralidad,» la «caridad» y la «instrucción.»
México, á 15 de Octubre de 1879.
El Director de la Casa de Maternidad,
Juan María Rodríguez,
[«Observador Médico»],
En la época que el Sr. Rodríguez estuvo al frente de la Casa de Maternidad ocurrieron algunos acontecimientos que asumieron el carácter de sensacionales.
La fiebre puerperal, cual era costumbre en antiguos tiempos, visitaba frecuentemente nuestra Maternidad, más el año 1880 to-
mó creces alarmantes, al grado que el Sr. Dr. Capetillo, jefe entonces de la casa, propuso para remediarlo loque en el subsecuente documento consta: (Boletín de la dirección de Beneficencia Pública, T? I. núm. 2. México. Junio 1881 ).