La obstetricia en México · Unidad 81 de 150
Unidad de lectura 81
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Y no es lógico atribuir este exceso de mortalidad á las condiciones higiénicas del local. Si se preguntare en qué consiste esta contradicción aparente entre los resultados europeos y los de México, yo contestaría que me basta consignar el hecho, innegable á todas luces, aunque la explicación se nos escape: que la diferencia -depende, probablemente, no de nuestros operadores, que pueden ser tan hábiles como los europeos, sino de las diversas condiciones
en que la operación se verifica en México y en Europa. Si se hubiera tomado en cuenta todas las condiciones del fenómeno y no» atendídose al simple resultado numérico, se habría visto que un gran número de nuestras mujeres operadas, lo han sido en las peores condiciones, pues al llegar al hospital han sido ya sometidas á tratamientos más ó menos bárbaros, á unas se les han dado chocolate con pimienta, otras han tomado el zuapatle ó el cuernecillo de centeno; á algunas se les han golpeado las caderas, á otras se les ha manteado, y no ha faltado mujer que al llegar al hospital haya tenido desgarrados la vagina y el útero ¿y en semejante estado será de extrañarse que el resultado de las operaciones sea tan frecuentemente funesto?
En la Estadística de nuestro país no debe nunca olvidarse el abandono en que se encuentra nuestra clase proletaria, la falta de personas científicas que examine á las mujeres en las primeras horas de su parto y los tratamientos bárbaros á que son sometidas las parturientas antes de que la familia se resuelva enviarlas al hospital. He aquí por lo que decía al principio, que el problema estadístico en cuestión no ha sido minuciosamente examinado por el Consejo de Salubridad.
Siendo cierto, como lo es en Europa, que las operaciones obstetricales no aumentan notablemente la mortalidad media en las Maternidades, podría yo decir que si no hubiera sido por el mal estado en que se reciben en la nuestra á las mujeres que se operan, la mortalidad en ellas habría sido según el principio anterior igual á la media de las mujeres que han tenido sus partos eutóxicos. Es decir, de poco más de 3H por ciento; lo que viene á ser un poco más de lo que se tiene por término medio en la nueva casa de Maternidad de París que llega á 2^2 por ciento, siendo de advertir que esta Casa de Maternidad ha sido construida desde sus cimientos en el año 1864 y con toda la abundancia de recursos con que cuenta la Beneficencia de esa localidadLa necesidad que hay de atender con los resultados estadísticos á todas las condiciones y circunstancias que se presentan en el caso; se infiere de los diversos resultados que se tienen en la novísima Casa de Maternidad de París y en las de los diversos Departamentos. El mismo Consejo de Salubridad nos dice que en la típica Casa de Maternidad de París, la mortalidad media es igual al dos y medio por ciento, mientras que en otros de los Departamentos de la misma nación, apenas llega al uno por ciento. ¿De
qué depende esta diferencia? Las condicioues higiénicas de la de París, deben ser las mejores, supuesto que se ha construido recientemente y á todo costo. Los profesores deben ser los más escogidos de la Francia, supuesto que se trata de la Capital, y sin embargo, la mortalidad es más del doble de la cantidad que en los otros Departamentos.
Prescindiendo de los inconvenientes que debe haber por la aglomeración de personas en las grandes capitales, debe tenerse en cuenta que en ellos la tiiiseria es mayor, los abusos más frecuentes y los vicios más exagerados, de donde resulta que los miembros de esa sociedad deben encontrarse en peores condiciones que las campesinas que viven en localidades menos miserablesr «n sociedades menos pervertidas y con costumbres más puras.
Si estos principios los aplicamos á nuestra sociedad, debemostener presente en nuestros resultados estadísticos, no solo las malas condiciones en que llegan las mujeres que deben ser operadas, como he dicho antes, sino las malas condiciones higiénicas en que han vivido las mujeres de nuestra clase pobre, mal nutridas, mal alojadas y siendo la mayor parte de ellas presa del alcoholismo, tan común en nuestra sociedad.
Después de estas consideraciones no creo que podamos pedir en nuestras Casas de Maternidad los mismos resultados que se tienen en Europa, ni mucho menos en las Casas de Maternidad de provincia.
No creo necesario insistir más en este punto, porque habiendo ya demostrado que en México no es exacto que las operaciones obstetricales no aumentan la mortalidad media en nuestras Casas de Maternidad, queda destruida por su base la argumentación del Consejo de Salubridad, y por consiguiente, viene abajo la suposición de que la fiebre puerperal haya sido endémica en nuestro asilo de parturientas.
La Comisión del Consejo de Salubridad hizo una visita á la ropería del Establecimiento, y es de sentirse que los empleados no les hayan dado datos ciertos bajo ese punto de vista. Dice la Comisión del Consejo de Salubridad, que encontró. 133 sábanas.
43 camisas.
24 paños loquiales.
26 fundas de colchón.
36 zarapes.
35 colchones.
40 almohadas.
43 sobrefundas.
25 sobrecamas, siendo así que por el estado que adjunto, y que está firmado por el Prefecto del Establecimiento se vé que existen;
30 almohadas.
40 colchones.
32 fundas de id, 115 camisas grandes.
6 id. de fuerza. 63 id. de niño. 30 paños loquiales. 25 cortinas. 11 fallas. 38 fajeros.
86 fundas de almohada. 37 hules. 45 mantillas.
3 mandiles.
1 mantel 67 pañuelos.
5 pabellones de cama 263 sábanas manta. 56 id. de lino.
33 sobrecamas.
2 tohallas, y 60 zarapes.
Debo advertir que esta existencia es la que había á mediados de Marzo, y que si en alguna de las variedades de que hemos hablado, como de los paños loquiales, el número es escaso, esto no quiere decir que así haya sido de tiempo atrás, pues que en el mes de Enero de este año y cuando la epidemia de fiebre puerperal ya existía, se perdieron, por descuido de la enfermera mayor, 263 piezas de ropa; y además, en estos últimos días, se han mandado quemar, por disposición del Director del Establecimiento, varias de las piezas de ropa que habían servido á los atacados de la epidemia. De todo esto puede deducirse que si hoy escasean algunas piezas de ropa, no sucedía lo mismo en los meses de Julio y Agosto, época en la que empezó la epidemia de fiebre puerperal,
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La seccióu i$ opiDa por todo lo dicho, que no puede serexac^ to que la fiebre puerperal haya sido endémica en nuestra Casa de Maternidad; pero sí admite que en estos últimos tiempos se ha desarrollado una epidemia de la referida enfermedad.
Para combatir esta última, adopta en todas sus partes las medidas higiénicas indicadas por el Consejo Superior de Salubridad, aunque no espera que por estos medios se evite en lo sucesivo la aparición de nuevas epidemias. El medio que se recomienda para la desinfección de la ropa, de llevarla en estufas á propósito á una temperatura de ioo á no grados, es un buen medio para destruir los gérmenes ya avanzados en su organización; pero los que se encuentran en estado rudimentario, es decir, en estado globular, quedarán todavía capaces de desarrollarse cuando se encuentren en medios apropiados, pues que en en este estado, los gérmenes resisten temperaturas mucho más elevadas. Más á falta de otros medios más seguros cree que debe adoptarse el aconsejado por el Consejo de Salubridad.
No sucede lo mismo con la idea de cerrar definitivamente la Casa de Maternidad y construir otra desde sus cimientos. El Consejo de Salubridad, como Cuerpo Consultor, y no entrando en todos los detalles del problema, ha hecho muy bien en aconsejar semejante medida, que sería muy bueno ver realizada, no solamente por lo que toca á la Maternidad; sino respecto también de nuestros otros hospitales; pero la Junta óVe Beneficencia que conoce las necesidades y el estado que guardan los demás Establecimientos, aconsejaría que en caso de que haya Recursos suficientes sería preferible levantar desde sus cimientos un hospital general que una casa de Maternidad. Todo el que halla visitado el hospital de San Pablo, tiene la convicción de que se halla en las peores condiciones higiénicas que se pueden imaginar, y como allí hay, término medio, 400 enfermos, la mayor parte de ellos heridos, se ven allí dominar todo género de enfermedades infecciosas, erisipelas, infecciones purulentas y pútridas, podredumbre de hospital, etc., etc.
De donde resulta que las consecuencias de mortalidad son allí de más trascendencia que las que resultan de las malas condiciones higiénicas de Maternidad. No debe olvidarse que. si la miseria es la que lleva á la Maternidad á los enfermos que allí se asisten, al hospital de San Pablo van los pacientes por otra necesidad más imperiosa, por mandato judicial, y que los casos desgraciados
de la Maternidad, por funestos que sean, se limitan al individuo y á la familia, mientras que los del hospital de San Pablo van más pues se extiende al responsable de la lesión. El que esto escribe, ha considerado de tanta importancia la creación de un nuevo hospital general, que en años anteriores tenía ya casi arreglada la fabricación de un hospital modelo; pero que los cambios habidos en la Beneficencia por la circular del Sr. Pankhurst, hicieron temer á las personas comprometidas que por los diversos cambios, consecutivos á nuestro modo de ser, no se pudieran llevar á cabo las condiciones del contrato.
El estado que guarda el hospital de San Andrés, no es muy superior al del hospital de San Pablo, y muy sabido es entre nuestros médicos, el poco éxito que tienen allí las operaciones que se practican debido á las malísimas condiciones higiénicas en que se hallan los enfermos.
Para terminar, la sección i? es de opinión: i^ que deben adoptarse las medidas higiénicas que el Consejo de Salubridad propone para combatir la epidemia de fiebre puerperal desarrollada en la Casa de Maternidad.
2? Que no es de adoptarse la idea de cerrar definitivamente la Casa de Maternidad, y construir otra desde sus cimientos.
3^ Que los primeros recursos de que pueda disponerse, deben emplearse en mejorar las condiciones higiénicas del Hospital de San Pablo; después los del Hospital de San Andrés, San Hipólito, el Salvador y la. Maternidad.
México, Marzo 31 de 1881. — Manuel Car mona y Valle.
Secretaría de Estado y del Despacho de Gobernación. — México.— Sección 1^ — En vista del oficio de Ud., fechado el 31 de ^larzo próximo pasado, relativo al informe que produjo el Consejo Superior de Salubridad, con motivo de la epidemia de fiebre puerperal, que se presenta anualmente en el Hospital de Maternidad, el Presidente de la República, teniendo e<n consideración lo expuesto en el dictamen del Presidente, de la Sección 1? de la Junta, inserta en dicho oficio, y el parecer de la sección respectiva de esta Secretaría, ha tenido á bien acordar, de conformidad con las tres proposiciones con que termina el mismo dictamen, en cuyo sentido sd servirá Ud. dictar las órdenes correspondientes
Dígolo á Ud. en respuesta, y para les efectos consiguientes.
Libertad en la Constitución México, Abril 13 de 1881. — Diez Gutiérrez. — Al Director General de Beneficencia. — Presente.
Abril 16 de 1881. — De enterado y cúmplase, comunicando el trámite. — En la misma fecha se transcribió al señor Carmona. — Se transcribieron al Director de Maternidad las proposiciones del dictamen de la Sección 1^. y del Consejo de Salubridad.
El resultado final de este asunto, fué la clausura de la Casa de Maternidad, que en todo el tiempo que duró cerrada se aseó, reformo y arregló, hasta donde fué posible, al grado que en Diciembre de ese mismo año, volverá á abrir sus puertas á las embarazadas.
Queda relatado cómo en esta época corrían á cargo de una Junla de Beneficencia, todos los hospitales de la Ciudad de México. Sea con justificados motivos ó por exageraciones y calumnias de é nulos ó interesados, desde el año de 1879, la prensa política, la científica y varios particulares prominentes, comenzaron á censurar sus obras y determinaciones.
No he podido saber con certeza, lo que entre el Sr. Dr. Rodríguez y el Dr. Miguel Alvarado, Director general de la Beneficencia pública, haya pasado, el hecho es que el primero publicó la subsecuente carta: