La perfecta casada · Unidad 3 de 14

INTRODUCCIÓN — parte 2

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Como sea así que el ser vencida en aquello no le daña, y el no vencer en esto la destruye; con ser así que aquello no es su culpa y aquesto destruye todo el bien suyo y de su casa, y con ser así que el loor que por aquello se alcanza, es ligero y vano loor, y loor que antes que nazca perece, y tal, que si hablamos con verdad, no merece ser llamado loor, y por el contrario, la alabanza maciza y que tiene verdaderas raíces, y que florece por las bocas de los buenos juicios, y que no se acaba con la edad, ni con el tiempo se gasta, antes con los años crece, y la vejez la renueva, y el tiempo la esfuerza, y la eternidad se espeja en ella, y la envía más viva siempre y más fresca por mil vueltas de siglos. Porque á la buena mujer su familia la reverencia, y sus hijos la aman, y su marido la adora, y los vecinos la bendicen, y los presentes y los venideros la alaban y ensalzan. Y á la verdad, si hay debajo de la luna cosa que merezca ser estimada y preciada, es la mujer buena; y en comparación della el sol mismo no luce, y son escuras las estrellas, y no sé yo joya de valor ni de loor que ansí levante y hermosee con claridad y resplandor á los hombres, como es aquel tesoro de inmortales bienes de honestidad, de dulzura, de fe, de verdad, de amor, de piedad y regalo, de gozo y de paz, que encierra y contiene en sí una buena mujer cuando se la da por compañera su buena dicha.

Que si Eurípides[22], escritor sabio, parece que á bulto dice de todas mal, y dice que si alguno de los pasados dijo mal dellas, y de los presentes lo dice, ó si lo dijeren los que vinieren después, todo lo que dijeron y dicen y dirán, él solo quiere decir y dice. Así que, si esto dice, no lo dice en su persona, y la que lo dice tiene justa disculpa en haber sido Medea la ocasión de que lo dijese. Mas, ya que habemos llegado aquí, razón es que callen mis palabras, y que comiencen á sonar las del Espíritu Santo, el cual en la doctrina de las buenas mujeres, que pone en los _Proverbios_, y yo ofrezco ahora aquí á vuestra merced, comienza destos mismos loores en que yo ahora acabo, y dice en pocas razones lo que ninguna lengua pudiera decir en muchas; y dice desta manera:

[Ilustración]

[Ilustración]

I

ALGUNAS ADVERTENCIAS DEL AUTOR PARA ENTRAR Á TRATAR DE LA MATERIA.

_¿Quién hallará mujer de valor?_ _Raro y extremado es su precio._

PROVERBIOS

Pero antes que comencemos, nos conviene presuponer que en este capítulo el Espíritu Santo así es verdad que pinta una buena casada, declarando las obligaciones que tiene, que también dice y significa, y cómo encubre debajo desta pintura cosas mayores y de más alto sentido, que pertenescen á toda la Iglesia. Porque se ha de entender que la Sagrada Escritura, que es habla de Dios, es como una imagen de la condición y naturaleza de Dios. Y así como la divinidad es juntamente una perfección sola y muchas perfecciones diversas; una en sencillez, y muchas en valor y eminencia; así la Santa Escritura por unas mismas palabras dice muchas y diferentes razones, y como lo enseñan los santos, en la sencillez de una misma sentencia encierra gran preñez de sentidos. Y como en Dios todo lo que hay es bueno, así en su Escritura todos los sentidos que puso en ella el Espíritu Santo son verdaderos. Por manera que el seguir el un sentido no es desechar el otro, ni menos el que en estas sagradas letras, entre muchos y verdaderos entendimientos que tienen, descubre uno dellos y le declara, no por eso ha de ser tenido por hombre que desecha los otros entendimientos.

Pues digo que en este capítulo, Dios, por la boca de Salomón, por unas mismas palabras hace dos cosas. Lo uno instruye y ordena las costumbres, lo otro profetiza misterios secretos. Las costumbres que ordena son de la casada; los misterios que profetiza son ingenio, y las condiciones que había de poner en su Iglesia, de quien habla como en figura de una mujer de su casa. En esto postrero da luz á lo que se ha de creer; en lo primero enseña lo que se ha de obrar. Y porque aquesto sólo es lo que hace ahora á nuestro propósito, por eso hablaremos dello aquí solamente, y procuraremos cuanto nos fuere posible sacar á luz y poner como delante de los ojos todo lo que hay en esta imagen de virtud, que Dios aquí pinta. Dice pues:

[Ilustración]

[Ilustración: Fases de la vida de la mujer

Preliminares de la vida]

[Ilustración]

II

CUÁNTO ES MENESTER PARA QUE UNA MUJER SEA PERFECTA, Y LO QUE DEBE PROCURARLO SER LA QUE ES CASADA.

_Mujer de valor ¿quién la hallará?_ _Raro y extremado es su precio._

PROVERBIOS

Propone luego al principio aquello de que ha de decir, que es la doctrina de una mujer de valor, esto es, de una perfecta casada, y loa lo que propone, ó, por mejor decir, propone loándolo, para despertar desde luego y encender en ellas aqueste deseo honesto y virtuoso. Y porque tuviese mayor fuerza el encarescimiento, pónelo por vía de pregunta diciendo: «Mujer de valor ¿quién la hallará?» Y en preguntarlo y decirlo así, dice que es dificultoso el hallarla, y que son pocas las tales. Y así, la primera loa que da á la buena mujer, es decir della que es cosa rara, que es lo mismo que llamarla preciosa y excelente cosa, y digna de ser muy estimada, porque todo lo raro es precioso. Y que sea aqueste su intento, por lo que luego añade se ve: «Alejado y extremado, dice, es su precio.» Ó como dice el original en el mismo sentido: «Más y allende, y muy alejado sobre las piedras preciosas el precio suyo.»

De manera que el hombre que acertare con una mujer de valor, se puede desde luego tener por rico y dichoso, entendiendo que ha hallado una piedra oriental, ó un diamante finísimo, ó una esmeralda, ú otra alguna piedra preciosa de inestimable valor. Así que, esta es la primera alabanza de la buena mujer, decir que es dificultosa de hallar. Lo cual, así es alabanza de las buenas, que es aviso para conoscer generalmente la flaqueza de todas. Porque no sería mucho ser una buena si hubiese muchas buenas, ó si en general no fuesen muchos sus siniestros malos. Los cuales son tantos, á la verdad, y tan extraordinarios y diferentes entre sí, que con ser un linaje y especie, parecen de diversas especies. Que como, burlando en esta materia, ó Focílides ó Simónides solía decir[23], en ellas solas se ven el ingenio y las mañas de todas las suertes de cosas, como si fueran de su linaje; que unas hay cerriles y libres como caballos, y otras resabidas como raposas, otras labradoras, otras mudables á todos colores, otras pesadas, como hechas de tierra, y por esto la que entre tantas diferencias de mal acierta á ser buena, merece ser alabada mucho.

Mas veamos por qué causa el Espíritu Santo á la buena mujer la llama mujer de valor, y después veremos con cuánta propiedad la compara y antepone á las piedras preciosas. Lo que aquí decimos mujer de valor, y pudiéramos decir mujer varonil, como Sócrates, acerca de Jenofón[24], llama á las casadas perfectas; así que esto decimos varonil ó valor, en el original es una palabra de grande significación y fuerza, y tal, que apenas con muchas muestras se alcanza todo lo que significa. Quiere decir virtud de ánimo y fortaleza de corazón, industria y riquezas y poder y aventajamiento; y finalmente, un sér perfecto y cabal en aquellas cosas á quien esta palabra se aplica; y todo esto atesora en sí la que es buena mujer, y no lo es si no lo atesora. Y para que entendamos que es esto verdad, la nombra el Espíritu Santo con este nombre, que encierra en sí tanta variedad de tesoro. Porque, como la mujer sea de su natural flaca y deleznable más que ningún otro animal, y de su costumbre é ingenio una cosa quebradiza y melindrosa; y como la vida casada sea vida sujeta á muchos peligros, y donde se ofrecen cada día trabajos y dificultades muy grandes, y vida ocasionada á continuos desabrimientos y enojos, y como dice San Pablo[25], vida adonde anda el ánimo y el corazón dividido y como enajenado de sí, acudiendo ahora al marido, ahora á los hijos, ahora á la familia y hacienda; para que tanta flaqueza salga con victoria de contienda tan dificultosa y tan larga menester es que la que ha de ser buena casada esté cercada de un tan noble escuadrón de virtudes, como son las virtudes que habemos dicho y las que en sí abraza la propiedad de aquel nombre. Porque lo que es harto para que un hombre salga bien con el negocio que emprende, no es bastante para que una mujer responda como debe á su oficio; y cuanto el sujeto es más flaco, tanto para arribar con una carga pesada tiene necesidad de mayor ayuda y favor. Y como cuando en una materia dura y que no se rinde al hierro ni al arte, vemos una figura perfectamente esculpida, decimos y conocemos que era perfecto y extremado en su oficio el artífice que la hizo, y que con la ventaja de su artificio venció la dureza no domable del sujeto duro; así, y por la misma manera, el mostrarse una mujer la que debe entre tantas ocasiones y dificultades de vida, siendo de suyo tan flaca, es clara señal de un caudal de rarísima y casi heroica virtud. Y es argumento evidente que cuanto en la naturaleza es más flaca, tanto en valor del ánimo y en su virtud es mayor y más aventajada. Y esta misma es la causa también por donde, como lo vemos por la experiencia y como la historia nos lo enseña en no pocos ejemplos, cuando alguna mujer acierta á señalarse en algo de lo que es de loor, vence en ello á muchos hombres de los que se dan á lo mismo. Porque cosa de tan poco ser como es esto que llamamos mujer, nunca ni emprende ni alcanza cosa de valor ni de ser, sino es porque la inclina á ello y la despierta y alienta alguna fuerza de increíble virtud que ó el cielo ha puesto en su alma ó algún don de Dios singular. Que pues vence su natural, y sale, como río, de madre, debemos necesariamente entender que tiene en sí grandes acogidas de bien. Por manera que con grandísima verdad y significación de loor el Espíritu Santo, á la mujer buena no la llamó como quiera buena, ni dijo ó preguntó: ¿Quién hallará una buena mujer?, sino llamóla mujer de valor, y usó en ello de una palabra tan rica y tan significante, como es la original que dijimos, para decirnos que la mujer buena es más que buena, y que esto que nombramos bueno, es una medianía de hablar que no allega á aquello excelente que ha de tener y tiene en sí la buena mujer; y que para que un hombre sea bueno le basta un bien mediano, mas en la mujer ha de ser negocio de muchos y muy subidos quilates, porque no es obra de cualquier oficial, ni lance ordinario, ni bien que se halla adoquiera, sino artificio _primo_[26] y bien incomparable, ó por mejor decir, un amontonamiento de riquísimos bienes. Y este es el primer loor que le da el Espíritu Santo, y con este viene como nascido el segundo, que es compararla á las piedras preciosas. En lo cual, como en una palabra, acaba de decir cabalmente todo lo que en esto de que vamos hablando se encierra. Porque, así como el valor de la piedra preciosa es de subido y extraordinario valor, así el bien de una mujer buena tiene subidos quilates de virtud; y como la piedra preciosa en sí es poca cosa, y por la grandeza de la virtud secreta cobra gran precio, así lo que en el sujeto flaco de la mujer pone estima de bien, es grande y raro bien; y como en las piedras preciosas la que no es muy fina no es buena, así en las mujeres no hay medianía, ni es buena la que no es más que buena; y de la misma manera que es rico un hombre que tiene una preciosa esmeralda ó un rico diamante, aunque no tenga otra cosa, y el poseer estas piedras no es poseer una piedra, sino poseer en ella un tesoro abreviado; así una buena mujer no es una mujer, sino un montón de riquezas, y quien la posee es rico con ella sola, y sola ella le puede hacer bienaventurado y dichoso; y del modo que la piedra preciosa se trae en los dedos y se pone delante los ojos, y se asienta sobre la cabeza para hermosura y honra della, y el dueño tiene allí juntamente arreo en la alegría y socorro en la necesidad; ni más ni menos á la buena mujer el marido la ha de querer más que á sus ojos y la ha de traer sobre su cabeza, y el mejor lugar del corazón dél ha de ser suyo, ó por mejor decir, todo su corazón y su alma, y ha de entender que en tenerla tiene un tesoro general para todas las diferencias de tiempos, y que es varilla de virtud, como dicen, que en toda sazón y coyuntura responderá con su gusto y le henchirá su deseo, y que en la alegría tiene en ella compañía dulce con quien acrecentará su gozo, comunicándolo, y en la tristeza amoroso consuelo, y en las dudas consejo fiel, y en los trabajos regalo, y en las faltas socorro, y medicina en las enfermedades, acrescentamiento para su hacienda, guarda de su casa, maestra de sus hijos, provisora de sus excesos; y finalmente, en las veras y burlas, en lo próspero y adverso, en la edad florida y en la vejez cansada, y por el proceso de toda la vida, dulce amor y paz y descanso.

Hasta aquí llegan las alabanzas que da Dios á aquesta mujer; veamos ahora lo que después desto se sigue.

[Ilustración]

III

QUÉ CONFIANZA HA DE ENGENDRAR LA BUENA MUJER EN EL PECHO DEL MARIDO, Y DE CÓMO PERTENECE AL OFICIO DE LA CASADA LA GUARDA DE LA HACIENDA, QUE CONSISTE EN QUE NO SEA GASTADORA.

_Confía en ella el corazón de su marido,_ _no le harán mengua los despojos._

PROVERBIOS

Después que ha propuesto el sujeto de su razón, y nos ha aficionado á él, alabándolo, comienza á especificar las buenas partes dél, y aquello de que se compone y perficiona, para que asentando los pies las mujeres en aquestas pisadas y siguiendo estos pasos, lleguen á lo que es una perfecta casada. Y porque la perfección del hombre, en cualquier estado suyo, consiste principalmente en el bien obrar, por eso el Espíritu Santo no pone aquí por partes de esta perfección de que habla sino solamente las obras loables á que está obligada la casada que pretende ser buena; y la primera es, que ha de engendrar en el corazón de su marido una gran confianza; pero es de ver cuál sea y de qué esta confianza que dice; porque pensarán algunos que es la confianza que ha de tener el marido de su mujer, que es honesta; y aunque es verdad que con su bondad la mujer ha de alcanzar de su marido esta buena opinión, pero á mi parecer, el Espíritu Santo no trata aquí de ello, y la razón por qué no lo trata es justísima: lo primero, porque su intento es componernos aquí una casada perfecta, y el ser honesta una mujer no se cuenta, ni debe contar, entre las partes de que esta perfección se compone, sino antes es como el sujeto sobre el cual todo este edificio se funda, y para decirlo en una palabra, es como el sér y la sustancia de la casada; porque si no tiene esto, no es ya mujer, sino alevosa ramera y vilísimo cieno y basura la más hedionda de todas y la más despreciada. Y como en el hombre, ser dotado de entendimiento y razón, no pone en él loa, porque tenerlo es su propia naturaleza, mas si le faltase por caso, el faltarle pondría en él mengua grandísima; así la mujer no es tan loable por ser honesta, cuanto es torpe y abominable si no lo es. De manera que el Espíritu Santo en este lugar no dice á la mujer que sea honesta, sino presupone que ya lo es, y á la que así es, en señal de lo que le falta y lo que ha de añadir para ser acabada y perfecta. Porque, como arriba dijimos, esto todo que aquí se refiere es como hacer un retrato ó pintura, adonde el pintor no hace la tabla, sino en la tabla que le ofrecen y dan pone él los perfiles é induce después los colores, y levantando en sus lugares las luces y bajando las sombras adonde conviene, trae á debida perfección su figura. Y por la misma manera Dios, en la honestidad de la mujer, que es como la tabla, la cual presupone por hecha y derecha, añade ricas colores de virtud, todas aquellas que son necesarias para acabar una tan hermosa pintura. Y sea esto lo primero.

Lo segundo porque no habla aquí Dios de lo que toca á esta fe, es porque quiere que este negocio de honestidad y limpieza lo tengan las mujeres tan asentado en su pecho, que ni aun piensen que puede ser lo contrario. Y como dicen de Solón, el que dió leyes á los atenienses, que señalando para cada maleficio sus penas, no puso castigo para el que diese muerte á su padre, ni hizo memoria deste delito, porque dijo que no convenía que tuviesen por posible los hombres, ni por acontecedero, un mal semejante; así por la misma razón no trata aquí Dios con la casada que sea honesta y fiel, porque no quiere que le pase aun por la imaginación que es posible ser mala. Porque, si va á decir la verdad, ramo de deshonestidad es en la mujer casta el pensar que puede no serlo, ó que en serlo hace algo que le deba ser agradescido. Que como á las aves les es naturaleza el volar, así las casadas han de tener por dote natural, en que no puede haber quiebra, el ser buenas y honestas, y han de estar persuadidas que lo contrario es suceso aborrescible y de desventura y hecho monstruoso, ó por mejor decir, no han de imaginar que puede suceder lo contrario más que ser el fuego frío ó la nieve caliente. Entendiendo que el quebrar la mujer á su marido la fe es perder las estrellas su luz, y caerse los cielos, y quebrantar sus leyes la naturaleza, y volverse todo en aquella confusión antigua y primera.

Ni tampoco ha de ser esto, como algunas lo piensan, que con guardar el cuerpo entero al marido, en lo que toca á las pláticas y á otros ademanes y obrecillas menudas se tienen por libres; porque no es honesta la que no lo es y parece. Y cuanto está lejos del mal, tanto de la imagen ó semeja dél ha de estar apartada. Porque, como dijo bien un poeta latino, aquella sola es casta en quien ni la fama mintiendo osa poner mala nota. Y cierto, como al que se pone en el camino de Santiago, aunque á Santiago no llegue, ya le llamamos romero; así sin duda es principiada ramera la que se toma licencia para tratar destas cosas, que son el camino. Pero si no es esto, ¿qué confianza es la de que Dios habla en este lugar? En lo que luego dice se entiende, porque añade: «No le harán mengua los despojos.»

Llama despojos lo que en español llamamos alhajas y aderezo de casa, como algunos entienden, ó como tengo por más cierto, llama despojos las ganancias que se adquieren por vía de mercancías. Porque se ha de entender que los hombres hacen renta y se sustentan y viven ó de la labranza del campo ó del trato ó contratación con otros hombres.

La primera manera de renta es ganancia inocente y santa ganancia, porque es puramente natural, así porque en ella el hombre come de su trabajo, sin que dañe ni injurie, ni traiga á costa ó menoscabo á ninguno, como también porque en la manera como á las madres es natural mantener con leche á los niños que engendran, y aun á ellos mismos, guiados por su inclinación, les es también natural el acudir luego á los pechos; así nuestra naturaleza nos lleva é inclina á sacar de la tierra, que es madre y engendradora nuestra común, lo que conviene para nuestro sustento.