La poesía lírica en Cuba: biografía y crítica · Capítulo real 1 de 1

La poesía lírica en Cuba: biografía y crítica

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 111 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

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Martín González del Valle

Martín González del Valle

POESÍA LÍRICA

EN CUBA

APUNTES

PARA UX I. limo Dli lUüGRAFÍA Y DE CRÍTICA

BARCELONA

tipolitografía de luis tasso

Arco del Teatro, 21 r 23

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LIBRARY

UNIVERSITY OF TORONTO

El Marqués de la Vega de Anzo

y su libro

Cuando el laborioso y malogrado Aurelio Mitjans me traía á consultar el manuscrito de su Estudio sobre el moviiniento científico y literario en Cuba, yo solía decirle: «Lea usted cuidadosamente á Martín González del Valle; estúdielo; allí verá juicios imparciales y acertados: se le conoce poco entre nosotros, porque nunca ha pertenecido á camarillas lite-

(*) Este artículo del Sr. Calcagno apareció eu La Ilustración de Cuba, revista que dirige y redacta el distinguido escritor habanero Sr. D. Carlos de Pedroso. Al reproducir ahora el trabajo de Calcagno, no sólo lo hago por lo mucho que me lisonjea, sino también para demostrar á algunos escritorzuelos de la Habana, que no estoy tan solo como ellos se figuran, ya que, como j-o, piensa el ilustrado autor del Diccionario Cubano,

LA rOESIA lírica EX CUBA

rarias-, ha desdeñado los triunfos de confabulación y los medios indirectos que emplean algunos para hacer resaltar el mérito de sus obras; ajeno siempre á toda influencia bastarda, dice lo que piensa, y, generalmente, piensa bien.»

Hasta donde mi aventajado discípulo siguió este consejo, puede verse leyendo las obras de ambos, y notando la identidad de opinión que resalta en muchos casos; y es que los dos, críticos honrados, procedieron con la misma independencia y con igual sanidad de intención.

En esa época el hoy Marqués de la Vega de Atizo, no había dado á la prensa más que dos producciones, á saber: Un libro más, obra de versos impresa en París bajo pseudónimo, y L.B. poesía lírica en Cuba, obra en cierto modo didáctica y de mayor importancia, que ha merecido hasta hoy cuatro ediciones, y alcanzará muchas más, á causa de que la opinión de la mayoría la ha inscrito ya en el índice de las obras útiles.

En sus primeras ediciones fué poco conocida en Cuba, y sólo leída por los literatos, por los que gustamos de vivir algunos momentos intelectualmente fuera de nuestro recinto; en vano se buscaría

ARTICULO TRELIMINAli

en los periódicos de la época una sola gacetilla proclamando el éxito de la obra.

Es que el autor, enemigo de elogios de compromiso, no pidió recomendaciones para ella, y siendo franco y leal en su criterio, tomando la verdad por norte, tenía que ser poco halagüeño con entidades aquí enaltecidas á despecho de Apolo, por escritores que creyeron excusable la mentira, si mentían en favor de un amigo ó de un compatriota.

Ningún país ha necesitado más la crítica severa que éste, donde se hizo cuestión de patriotismo aplaudir todo lo criollo, donde á veces la simple cortesía nos ha hecho otorgar el título de poetas á los que sólo eran medianos versificadores. A veces se lo hemos concedido á quienes no lo pidieron, ni lo habían menester, porque ni Bachiller y Morales, ni Poey ni González del Valle (Manuel) ni Bermúdez, necesitaron los laureles de Apolo para ser de los hombres n)ás grandes de Cuba, el uno como historiador y los otros como naturalistas, jurisconsultos y filósofos. En tal concepto debemos agradecer á quien se propone desengañarnos, escribiendo un libro de

LA I'OESIA lírica EN CUBA

crítica, que es por ende una útilísima lección de literatura. ¡Cuánto error ha sembrado en las letras la pasión política y el espíritu de compañerismo que nos domina!

Pero lo hemos dicho: para acreditarse de concienzudo el señor González del Valle, duro tenía que ser con varias pseudo celebridades-, lo es con Vinajeras, con Fornaris, con Briñas y algunos otros; pero después de leer sus razonados juicios, nos preguntamos: ¿No éramos nosotros los equivocados? ^No nos cegó el compañerismo al erigir un pedestal para las medianías? Y ¿no necesitábamos, en fin, quien con libre criterio y absoluta independencia nos dijera la verdad lisa y llana? Pues ninguno más apto para ello, ni en mejores condiciones que el señor González del Valle, hijo de Cuba y educado en la península, ajeno á todo linaje de influencias, y que por ortodoxo en literatura, ortodoxo en religión, no podía emplear otros medios, al tratar de ilustrar á sus paisanos, en punto tan esencial.

Por eso el libro resulta una gran lección; para los que sorprendiendo la opinión se introdujeron á hurtadillas en el templo de la fama, el autor es un Aris-

ARTICULO l'RKLIMINAR

tarco, un Juvenal, y el libro un látigo; pero no tiene sino elogios para las inteligencias que legítimamente los ganaron. No clasifica á Milanés «poeta de tercer orden», como lo hizo otro cubano; no censura en Heredia la exaltación del patriotismo; ni echa en cara á la Avellaneda su falta ó total carencia de feminidad; José Luis Alfonso es despedido del santuario; Delmonte y Piñeyro ocupan dignísimo lugar como críticos, y la sensible Luisa Pérez de Zambrana, la casta musa del hogar y la familia, es para él la primera poetisa, puesto que la Avellaneda no fué una poetisa, fué un Xraíi poeta. Compadece y ensalza á Plácido, pero truena contra sus hiperbólicos comentadores; y aun, en nuestro concepto, le falta un rayo de indignación para sus adocenados editores. Porque el poeta mártir aparecería más grande en un folleto con diez ó doce de sus selectas, que en esos volúmenes de hojarasca en que bibliófilos de pésimo gusto, injuriando á quien ya no puede defenderse, han hacinado lo que el autor hubiese condenado. ¡Horrible sacrilegio, levantar el velo que cubre un cadáver para mostrar su desnudez!

I o LA poesía lírica EN CUBA

Esto en cuanto á la intención de la obra; el lenguaje castizo y propio; el estilo elegante, digno y... llano. Es una de las causas que más me hacen admirar este libro, y todos los trabajos del autor. Su buen sentido le ha hecho preferir el estilo de ayer que será el de mañana, á ese modernismo anfibológico amanerada y á menudo ininteligible de muchos de nuestros escritores; nada de ese efectismo de palabras vacías de sentido, de esas metáforas absurdas, de esas frases de relumbrón, que hoy privan y constituyen una enfermedad de las letras, enfermedad que pasará sin dejar huella, como pasó el culteranismo de que parece tristísima recrudescencia. Escribe comopiensa; con pulcritud y verdad.

Y para concluir su retrato con un rasgo que lo enaltece, añadiremos que no tiene tendencias al naturalismo, esa. otra plaga que hoy aflige las literaturas española y francesa.

Quejaránse tal vez los irreconciliables partidarios de un provincialismo mal entendido; pero el crítico imparcial hallará siempre La poesía lírica en Cuha, la obra de un maestro; censurarán algunos su exceso de energía, que no es más

ARTICULO TRELIMINAR II

que noble lealtad; su irrespetuosa franqueza, que no es más que independencia de criterio; escocerá á algunos que con viril severidad llame á Fornáris «máquina descompuesta de hacer versos», que maldiga la influencia que pudo ejercer el incorrecto Briñas, y juzgue á Zequeira «poeta de gabinete, no de inspirado y valeroso estro». Nosotros, tras minucioso ■examen de la obra, no tenemos sino palabras de felicitación para un cubano que, lejos de su suelo natal, piensa en é\, se desvela por él, y desde la capital del principado de Asturias, desde el rincón de su Santa Julita {^') consagra á Cuba las flores y los frutos de su clara

inteligencia.

Francisco Calcagno

(*) Santa Julita (que es la advocación de la capilla de la casa) es una modesta posesión de lecieo, donde vive el autor de este libro, gran parte del año. No esta situada en Oviedo, como supone el Sr. Calcagno, sino a 26 kilómetros de la capital y a uno de Grado, en la ]>arroquia de Castañedo.

Algo á guisa de prólogo

Juzguen de mí lo que quieran; yo siempre seré loque soy, y no lo que de mí pensaren. Saco. - Examen analítico.

Publícase la presente edición de esta obrilla, previas algunas modificaciones de estilo y forma, aumentada con noticias y referencias que dicen relación con el asunto que en ella se trata. En el fondo no tcqué, porque sigo creyendo firmemente que mis críticas y censuras, lo mismo que mis aplausos, son justos y merecidos, y se apoyan en las severas reglas del arte, diga lo que quiera el Sr. Barrantes.

Muy pocos habrá que estén en tan ventajosas condiciones como yo, para poder tratar de estos asuntos. Aunque nacido en Cuba, apenas conozco personalmente á ninguno de sus prosistas y

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poetas. Una ausencia dilatada, y una breve estancia tras el retorno, despidiéndome tal vez para siempre de la patria, me privaron de toda comunicación y comercio literario con mis compañeros en letras cubanas. Debido á esto, la verdad brota de mi pluma, sin que la pasión la empañe ó una necia emulación la enturbie con sus venenosas aguas, que tiñe la envidia; y, si alguna vez yerro, que no soy infalible, ni mucho menos, no será por bastarda mira ó interesado empeño, y sí porque no acierto á expresar con toda claridad lo que observo y estudio.

Ningún periódico cubano, que yo sepa, se ha ocupado, ni en bueno ni en mal sentido, de las anteriores ediciones de esta obrilla. Algunos de Madrid algo dijeron, tan lisonjero para mí que no he de mencionarlo en este sitio. Tratóse en Cuba, con el silencio, de condenar mi libro al olvido más completo, y, si algún literato se acordó de él, fué en carta particular y privada, como temeroso, sin duda, de que los demás lo supieran. No tengo para qué ocultar tampoco lo mal que me trató en Madrid un Sr. Barrantes á quien yo no conocía, y ni siquiera

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sabía qué clase de literato era. Picóme la curiosidad lo acerbo de su juicio, y lo acre y mortificante que resultaba por lo extremoso y provocativo, y díme á averiguar la vida y milagros de este crítico, y llegué á saber que el Sr. Barrantes era individuo de la Academia de la Lengua. Supe además que el Sr. Barrantes era un poeta arrepentido y con razón, porque sus baladas son á la literatura de Castilla, lo que á la cubana los Cantos del Siboney. Comenzó su carrera literaria como progresista exaltado, escribiendo en los periódicos más avanzados de la época; marchó luego á Filipinas en calidad de rueda administrativa del Estado, y allí los frailes se encargaron de traerlo al buen camino. Dejóse él llevar con facilidad, y con nota de converso, regresó á la península, entrando al poco tiempo en la casa que limpia, fija y da esplendor (■"•').

El buen académico, con ocasión de maltratar mi libro, dijo mil herejías de la

(*) Al publicar la presente edición llega á mi noticia que el Sr. barrantes ha muerto, y siento no haberlo sabido antes para borrar todo lo que á él se refiere, aunque, bien mirado, lo que aquí digo, en nada afecta ó menoscaba el buen nombre del Sr. Harrantcs.

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literatura de mi tierra, de sus hombres — sobre todo de D. José de la Luz — y de las aspiraciones que abrigan algunos cubanos. Irritóse el ánimo del Sr. Merchán, ilustre crítico de Cuba, y arremetió con brío contra el converso progresista. El Sr. Merchán no conocía mi libro. Lo había pedido á sus amigos de la Habana, éstos le enviaron un ejemplar que se perdió por el camino, y, al reclamarles otro, le contestaron que no <; por esa pérdida pasara sus noches de claro en claro». El Sr. Merchán lo confiesa así, y añade que vio confirmado el juicio de sus amigos por el voto de calidad del Sr. Barrantes.

Casi me avergüenza tener que decirlo, pero lo digo porque yo no sé mentir. Por aquel entonces no conocía los escritos del Sr. Merchán. Este crítico escribió en la Habana antes de la primera guerra; al comenzar la insurrección se expatrió, residiendo primero en New-York, y luego en Bogotá (*).

(*) F.l ?r. Merchán nació en Manzanillo (Cuba) el 2 de noviembre de 1844. Fueron sus padres el señor licenciado en medicina D. Maniiel Merchán, natural de liogotá (Colombia), y D.'* Encarnación Pérez, natural de Bayamo.

A los doce año.s aprendió el arte tipográfico con don

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Yo que era muy niño en esa época — el Sr. Merchán tiene nueve años más que yo, — no podía conocer sus obras-, luego, cuando pensé en emprender el presente trabajo, no pude conseguir todos los libros y periódicos que deseaba, y, entre los que me faltaron, figuraban los de nuestro crítico.

La lectura de su réplica al Sr. Barrantes me sugirió la idea de remitirle certificado mi libro. Mucho siento diferir de su opinión en pnntos principalísimos. El Sr. Merchán, quizás por haber residido

Francisco Rlurtra, fundador de la primera imprenta que hubo en Manzanillo, autor de un Diccionario tipográfico cubano.

Destinado á la carrera eclesiástica, entró en 1860 en el Seminario Conciliar de San Basilio el Magno, de Santiago de Cuba, cuyo rector era entonces el doctor don üenigno Merino y Mendi. Tuvo á su cargo Ja cátedra de Latín en dicho Seminario, y habiendo renunciado á la carrera eclesiástica, se dedicó al periodismo y á la enseñanza en Manzanillo primero y luego en la Habana. Ya en esta ciudad, una polémica que sostuvo en £¿ Siglo con Pozos Didces y Pepe Zayas, sobre los castigos corporales en las escuelas, le abrió las puertas de ese periódico, uniéndose, desde entonces, con su director en estrecho lazo. Pozos Dulces solía llamarlo su hijo inteicctnal.

En noviembre de 1868 pubicó su célebre artículo Laloreinus, origen del epíteto laborantes, que se aplica á los favoredores de la insurrección.

Suspendido El Siglo á causa de la guerra, colaboró Merchán en La l'eniíxd, de Ponce de León, y fundó ■Ll Tribuno, cuando el general Dulce decretó la libertad

I 8 LA POESÍA LÍRICA EX CUl A

siempre en América y ser su padre colombiano; por haber peleado en la primera insurrección, en la cual, según é\ mismo refiere, murió como separatista uno de sus hermanos, es un cubano radicalísimo que quiere y desea romper todo lazo y unión con la madre patria.

Yo no pienso de esa manera.

Sucedióme lo contrario que al señor Merchán.

Aunque nacido en la Habana, me eduqué en Oviedo y en Madrid, regresé á Cuba por poco tiempo, y al volver cáseme en España, y aquí vivo, sin pensar

de imprenta. Denunciado el periódico, emigi'ó á Ne\vYork y allí formó parte de la redacción de La Revohtciáii, órgano de la Junta Cubana, y cuando Pineyro dejó la dirección de ese diario, se hizo cargo de ella.

Esta época de su vida, más que á las letras, fm; consagrada á la política revolucionaria, hasta que más tarde le vemos como secretario de Cisneros en Colombia, ser redactor de la parte española del Stard E Herald, luego director de La Luz, y, por último, del periódico semioficial del Gobierno colombiano, La Nación.

El Sr. Merchán colaboró en muchos periódicos y revistas, y sus obras más notables son: La Honra di EspaTia en Cuba (N. Y., 1870;; Evangelina (Bogotá, 1880); Estudios criiicos (Bogotá, 1886) y otras no menos iml)ortantcs.

Cultivó también la poesía, pero sin negar el estro y la inspiración de sus poesías A la abolición de la escla- ■:>itud y Lucia Cortés (su esposa) preciso se hace confesar que el Sr. Merchán pasará á la posteridad por sus obras en prosa, más que por sus versos.

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en nuevos viajes, como Dios no disponga otra cosa.

Mal puedo tronar contra la patria de mis mayores, que es también la de mi esposa y la de mis hijos. Porque soy cubano, me siento tan español como el primero, y el instinto de raza me hace pensar con agrado, y hasta con orgullo, que el pueblo que descubrió un nuevo continente, y difundió por los ámbitos ■del mundo la luz de la fe y la civilización que alcanzaba, no es un pueblo del cual pueda renegarse por cualquier causa. Se conocen y se lamentan los defectos de los padres, pero eso no da derecho á un hijo para renegar de ellos y maldecir su origen.

El Sr. Merchán y yo, sin embargo, coincidimos en un punto dentro de esta misma cuestión. A uno y á otro nos anima el mismo amor á Cuba, y nuestro deseo más vehemente es el de verla libre, próspera y feliz, ya que por la bondad y fertilidad de su suelo, por su clima, y, quizás más que por nada, por su posición geográfica, señora del golfo mexicano, parece que la mano de la Providencia la colocó en condiciones tales que sólo el instinto grosero del hom-

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bre pudiera sacriñcarla á tan nobilísimos destinos. El Sr. Merchán cree que sólo ha de lograrlos con su independencia, pues su fino y delicado criterio le hace aborrecer que Cuba pueda llegar á ser parte de los Estados Unidos del Norte, si bien reconoce que si esa fuera la opinión de sus paisanos, lamentándola, la acataría resueltamente. Ya opino de otro modo. Creo que Cuba española, por tradición, por raza, y por todo, sólo siendo española, puede conseguir su mayor felicidad; pero dentro de la autonomía colonial, no como país conquistado, rigiendo sus destinos con vida propia, según la fórmula libre y democrática que expresaron los señores Montoro y Govín en el notable manifiesto que dirigieron al país.

Y ahora caigo en la cuenta de que esta digresión me llevó muy lejos.

Decía que, á pesar de no conocer las obras del Sr. Merchán, su réplica al señor Barrantes me obligó á mandarle mi libro, porque si disentía de él en la cuestión política, me enamoraba la bizarría de su dialéctica, la fuerza, brío^ expresión de su estilo, libre de toda afectación, y tan castizo como conviene

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en estos tiempos. Pensaba yo que persona que tan bien discurría y movía la pluma, aunque no le agradase mi libro, sólo con leerlo, lo honraría en extremo.

Tuve la dicha de que al Sr. Merchán no le pareciese tan mala mi obri- 11a como al Sr. Barrantes y á sus amigos habaneros. El crítico cubano, al reunir en un tomo varios artículos literarios suyos, incluyó aquel en que contendió con el Sr. Barrantes, y, al final, por via de apéndice, afirma que «hay injusticia en la frase desdeñosa con que se habló de mi libro, que es un trabajo de conciencia, sensato en sus apreciaciones, atinado en sus síntesis, y, aunque no prolijo en las materias que trata, sí bastante comprensivo para inspirar simpatía por las letras cubanas (''■'')->>.

(*) Al consignar este juicio el Sr. Merchán hace referencia á una carta del Sr., Menéndez Pelayo que dice así:

«Sr. D. Martín G. del Valle.

:>Mi distinguido amigo y compañero: He leído con nuicho interés y .igrado el libro de usted acerca de La poesía lírica en Cuba. La crítica me parece exacta, ¡mparcial y serena; el estilo limpio y fácil. Hace usted justicia seca á autores y á composiciones, encomiadas harto mas de lo justo, y rompe la empalagosa monotonía del concierto de elogios, la mayor parle de las veces.

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Este juicio, por demás lisonjero para mí, curóme, por lindo modo, las heridas que me había causado la pluma del señor Barrantes. Reciba el ilustre hijo de Manzanillo el testimonio de mi agradecimiento.

A pesar de esta guerra sorda y sin cuartel que hicieron algunos á mi obra, es lo cierto que de la Habana y varios puntos de la América que fué española, me piden con insistencia nuevos ejemplares de mi libro, y me preguntan por la segunda serie de mis críticas, sin que yo tenga tiempo para reunir mis cuartillas y cumplir esto último, porque la picara política y cierta soñadora • indolencia, aparte de mi falta de salud, no me dejan ánimo bastante para emprender un nuevo trabajo que tendría que ser más extenso y meditado que el pre-

írraclonales, con que los ingenios de aquellas islas se han celebrado los unos á los otros.

> Sólo siento que no haya dado usted más extensión á las scnihlan/as de los verdaderos poetas, tales como Hcredia, Milanüs y la Avellaneda, y que no haya extendido su obra basta convertirla en una completa historia de la literatura cubana, que usted puede escribir como pocos, por el gran número de materiales que tiene u-tcd acopiados.

"P'elicita á usted por su trabajo su afmo. amigí^ y compañero q. 1. b. 1. m.

«Makcklino Menkni)i¿z V Pki. ^V(i. >

ALGO Á GUISA L>K PRÓLOGO 23

senté, reclamando, de mi parte, energías y tiempo de que no dispongo.

Sin embargo, como me piden ejemplares de mi libro y yo no los tengo, me decido, por no quedar en descubierto con nadie, á emprender esta nueva edición, que será la última, por lo que quiero que sea al mismo tiempo la más completa de todas.

De otra de mis obrillas hablaron, y no poco, los periódicos de Cuba. Déjeme llevar de la tentación de coleccionar los escarceos poéticos de mi mocedad, y publiquélos en un tomo, dándoles, por tal manera, seguro albergue, como padre cariñoso, que antes mira al afecto que por sus hijos siente, que al mérito y buenas circunstancias de ellos. En mis versos de estudiante imitaba á aquellos autores que más profunda impresión dejaron en mi espíritu, con la lectura de sus obras. Leopardi y Heine, Espronceda y Campoamor, sin olvidar al desventurado cantor del Manfredo, eran mis poetas favoritos. No creyendo yo serlo por carecer de estro levantado y gallarda y briosa inspiración, procuraba ceñir los apausados aleteos de mi fantasía poética á los autores citados, encon-

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trando, en esta tarea, plácido contentamiento y solaz; pero ¡pobre de mí que tal hice! De La poesía lírica en Cuba no se dijo palabra en la prensa habanera, y, en cambio, de C/n libro más hablaron como cotorras los revisteros de afición y de oficio.

Y ahora caigo, lector querido, que el símil de sus bachillerías encierra una gran verdad: las cotorras dicen lo que saben, y no saben lo que dicen.

Crítico hubo, á quien por fortuna no conozco, que me llamó grosero, como si esto, aun siendo cierto, — que no lo es jvoto á tal! — tuviera algo que ver con mis pobres versos; otro me recordó á Becquer, temeroso sin duda de que yo le dijera que en toda su vida no había hecho otra cosa que imitar torpemente á mi amigo Clarín; tal ponía en cuidado á sus lectores, — si llegaba á tenerlos— porque yo me entretenía, según él, en cincelar con cierto primor, joyas de doiiblé. Confieso que nada de esto hirió en lo más mínimo mi epidermis curtida por los años y las inclemencias periodísticas. Lo que sí me ofendió y revolvió mi bilis de modo violento, como purgante fuerte y destemplado, fué la pare-

AI.CO A GlISA DI-: PROLOGO 2$

grina ocurrencia de uno de mis críticos, que se empeña en decir que yo plagié á Fornaris. Pero, hombre, por amor de Dios, ¿no comprende usted que, caso de tener tan feo vicio, no Fornaris, que sólo escribió coplas de Calaínos, (jue usted aplaudió desatinadamente, sino Heredia, Luaces ó Zenea serían mis inocentes víctimas?

Son el diablo en persona esos críticos de piso bajo, quiero decir, de folletín ó gacetilla. Poseen un pequeño equipo de frases hechas, y vengan bien ó mal, que de eso ellos no entienden, allá las van soltando á las primeras de cambio.

En este olvido de mi obra crítica tengo que hacer una excepción por demás honrosa, ai)arte de la ya mencionada del Sr. Merchán. El Sr, Calcagno, que es hombre de mérito singular, y que con gran celo, perseverancia y acierto poco comunes, ha publicado su Dicciona rio biográfico cubano, me cita y hace mención de este libro, copiando á veces párrafos enteros, para afirmar que está completamente de acuerdo conmigo.

Pero esto lo hace el Sr. Calcagno, que tiene criterio é ilustración bastantes, para no aplaudir sin reserva y no mirar

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como sospechosos á la patria, á los que se sacrifican por la verdad, y no la engañan con torpes alabanzas, que si algo significan, es el rebajamiento moral del autor.

Tara los otros soy un «desertor», un (renegado», porque no me entretengo en aplaudir con pentacróstico estilo, á todos los poetas cubanos, sin reparar, en su ceguera, que más daño causan ellos á Cuba con sus ditirambos inconsiderados, que yo con mis burlas y chanzonetas á los hijastros de Apolo, y mis plácemes sinceros á los que con gallardo estilo, pura dicción y brillante fantasía, han sabido hacerse dignos de su patria y de la consideración que todos les guardamos.

Santa Julita (Asturias), 1888-98.

INTRODUCCIÓN

Th~- prnp:r stud\ of mankind ii Man.

Tropezóse el autor de estos ajnintes con una obrilla lujosamente impresa en París, y de no escaso mérito literario. Su autor, que fué su amigo en tiempos mejores, se despacha a su gusto, dando golpes de bombo y platillos en loor de los poetas americanos; y tanto de ellos habla, y tan retebién los aplaude, que casi, casi, habíase formado, leyendo tantas alabanzas, un concepto sobradamente exagerado de la poesía lírica de estos pueblos.

Conocía, por aquel entonces, la silva á la Zú/ia tórrida, de líello, los versos de la Avellaneda, y uno que otro pasaje de Olmedo; pero ignoraba, é ingenua-

2S LA POESÍA LÍRICA KX CL13A

mente lo confiesa, que hubiese, por estos mundos de Dios, poetas tan esclarecidos y tan excelentes literatos que pudieran rayar á la altura de los nacidos en la madre patria.

Vergüenza muy sobrada es la que siente al recordar ahora este delito de lesa literatura, que, ó mucho se engaña, ó como tal debe reputar la ignorancia en que se encontraba. Pero quiso la suerte, y de ello se goza, que en sus manos cayera la obra de su amigo, esparciendo nueva luz sobre asunto tan obscuro, y avivando su deseo de conocer y estudiar joyas literarias de tan subido precio. Registró bibliotecas, recorrió librerías, habló á todo el mundo de esa literatura tan poco conocida, y, aconsejado por unos, auxiliado por otros, tomando apuntamientos aquí y allá, escribió el presente libro, que, á falta de otro mérito, puede presentar, cuando menos, el de la novedad.

No pretende el autor de estos apuntes dar á la imprenta obra de subida jírecio y docta erudición, y esto viene en justificación de su título. Los obstáculos con (]iie ha tenido que luchar fueron grandes é insuperables; sólo su cons-

INTRODUCCIÓN 29

tancia, firme siempre, y las cariñosas frases que le dirigían, deseosos de alentarle en tal empresa, personas á quienes, como deuda de amistad y consideración, dedicaría la presente obra, si no fuera tan pobre y menguada, para expresar afecto y agradecimiento tan grandes, hicieron que olvidando lo fatigoso del trabajo, y la recompensa que habría de recibir de muchos, diese término, remate y finamiento á estos apuntes.

Y... ^para qué negarlo...? El deseo de .contribuir al mayor esplendor de la literatura patria, siquiera fuese con pequeño óbolo, contribuyó también poderosamente á la publicación de este librejo.

Pocos y de escaso mérito son los estudios críticos que \ersan sobre asunto tan difícil; casi todos nacidos en estrecha amistad, encierran más alabanzas (\UQ censuras, y, mejor que estudios sinceros y formales, pueden considerarse como meras demostraciones, ya que no de una claque vergonzosa, de liviano y tornadizo ánimo, (jue se complace en aplaudir siempre las obras de compatriotas y amigos (■•■).

(■") «Usted sabe perfcctainoiite cine la exajícracirii itra por mucho en nuestro carácter, y iiiic en la mayor

30 LA roESiA lírica ex cuba

A este apologético género, pertenece Cuba poéticay colección de versos que vio la luz pública en la Habana, allá por los años de 1861. No quiere el autor de estos apuntes ocuparse detenidamente en ella, ni tampoco ha de hacer aquí particular mención de las Joyas del Parnaso cubano (1855), ni mucho menos de una lucubración indigesta, en la que á vuelta de mil afeites retóricos y mil exageraciones de una crítica necia y sin sentido, viene á demostrarnos, su autor, el poco estudio que de la literatura americana había hecho ('•').

pnrtc Je las apreciaciones crítico-literaria.s publicadas en niKstrf) país, sobre escritores cubanos, muy raras veces ■ ha presidido una crítica justa, serena é imparcial.'

Cíirta de D. Francisco Sellen cil autor de este lloro.— XcT^u York, agosto iS de iSjJ.

Posteriormente se han publicado algunos trabajos aislados de Piñcyro, Varona y Merchán, dignos de tenerse en cuenta.

Aurelio Mitjans también escribió una obra recomendable, aunque peque quizá de prolija.

(*) «Lástima que no exisla una historia de la literatura de la América española, ni aun una colección medianamente hecha de poetas americanos. Tengo entendido que se han publicado algunas compilaciones particulares, como el Fartiaso venezolano, etc.; pero apenas han circulado en Europa. El tomo de poesías de la Améric.i nicridional, impreso por Brockass, en Leipzig, carece de mérito y de criterio encerrando piezas deteslal)le<, (jue es imposible pasar por buenas en América, ni en parte alguna del mundo civilizado.» — Menéndez I'f.i.a'. o. — Horacio en España, pág. 380.

INTRODUCCIÓN ^I

Con tan escasísimos elementos, y con numerosas dificultades que vencer para reunir las rimas de los poetas cubanos que con más acierto é inspiración cantaron, sólo una voluntad de hierro, una inteligencia poderosa, podría dar cima y cumplida terminación á obra de brillante mérito. Ni por sus años, que son pocos, por fortuna ('''), ni por sus conocimientos literarios, bien escasos y menguados, por cierto, podría presentar al que leyere un acabado y correcto estudio de la poesía lírica cubana; trabajo que abrazaría una porción de cuestiones de interés latente, pero de peligroso y difícil desempeño. Muchos de los poetas cubanos cobijados bajo una bandera contraria á la de la patria, se encuentran hoy en suelo extraño, envueltos en la miseria, llorando la ruina y desolación de su país. No cumple á su propósito, ni se ajusta á las miras particulares del autor de estos apuntes, hacer aquí consideraciones sobre la desastrosa guerra que asóla los

(*) Eso era entonces, cuando Dios qncií;),

que el tiempo raudo en su veloz cañera, mi negra y abundante cabellera como hoy con blancos copos no teñía.

FoivNARiS <' ciií.l] nieta

32 ].A POESÍA MRÍCA EX CUBA

campos de Cuba. Como leal y caballero deplora de todas veras los males de la patria, con tanto más motivo, por cuanto ha nacido en la perla de las Antillas. Patriota ante todo, sólo quiere el bien de la patria, y, consecuente con éste, y encontrándole estrechamente ligado al de España, no quiere ver á Cuba separada de la madre que le dio el ser, legándole, á un mismo tiempo, su literatura admirable y su historia portentosa, donde tan grandes ejemplos de caballerosidad y nobleza tiene que imitar. Pudiera, sin embargo, si consideraciones de índole más alta no se lo vedaran, retratar, en estas páginas, el estado social y político de la isla, su deplorable y ruinosa administración, sus defectuosos aranceles, tan contrarios á sus intereses, como á los generales de la nación, y deducir de aquí con inflexible lógica, aquellas consecuencias inevitables que pondrían de manifiesto lo que toca hacer al gobierno de la metrópoli por acallar los ánimos y acudir al remedio de tantas necesidades como aquí se sienten-, pero tomando por más trillada senda, deja tan espinosa labor para otros, y ofrece á quien leyere,

INTRODUCCIÓN'

Otra más grata y de mejor acomodamiento ('•').

Atendiendo á tan poderosas razones, ha de pasar en silencio algunas obras de los ingenios cubanos: ajeno á la política palpitante, y ganoso de hacer bien á su país, sólo trata de presentar en este libro, algunas poesías líricas, que, nacidas al calor de los trópicos, sirvan de noble y legítimo orgullo á nuestros hermanos de allende, y de estudio, consideración y respeto á los que aquí se dedican á la espinosa carrera de las letras.

• *) Empero debemos declarar y declaramos que im estamos de acuerdo con la opinión del diputado Sr. Santos tíuzmán, cuando pedía en las Cortes del reino, que las provincias ultramarinas se rigieran por las misnias leyes que las otras que constituyen la nación española. Este es un error que nos llevaría de la mano á la ruina mas completa. La verdadera igualdad consiste en tratar de un modo desigual las cuestiones desiguales, y pretender otra cosa supone ó una profunda ignorancia c) mal querencia al país que nos engrandece (1888).

Por fortuna el Gobierno de la nación lo acaba de reconocer así, otorgando la Autonomía á Cuba, á pesar de la nueva guerra que hoy la desangra, dando una prueba de lealtad y prudencia.

Dios quiera que á la benéfica sombra del gobierno del país por sí mismo, renazcan la paz y la confianza, y vuelva á ser Cuba la porción más hermosa y feliz de la tierra (i8q8).

34 I-A. l'UESIA LIKICA EN ClUA

¿Tiene la isla de Cuba literatura propia, como se ha pretendido asegurar? Cuestión es esta de resolución muy fácil. Cuba, como parte integrante de la nacionalidad española, tiene que seguir precisamente la marcha progresiva de este pueblo. No se improvisan las literaturas, como ha dicho muy bien Piñeyro: son, por el contrario, el resultado lento y laborioso de muchos y mu}" diversos trabajos, para los que han de concurrir múltiples y variados elementos.

El lenguaje, que refleja el carácter y la manera de ser de un pueblo, sirve como de cifra de su personalidad, y por eso aquellos pueblos que no lo tienen propio, carecen en absoluto de literatura original, y son, en la esfera del arte, á semejanza de esos satélites, á veces brillantes y hermosos, pero siempre dependientes é inmediatamente relacionados con otros astros de mayor magnitud y esplendor.

Pero ampliemos la pregunta.

La América latina ; tiene una litera-

IXTRODUCCIOX

tura que le sea peculiar? Sus literatos ¿son originales? Lo único que pudiera darle un^ carácter siíi gcneris sería el asunto. Si nuestros poetas y novelistas se ocuparan en ki descripción de las infinitas bellezas que encierra nuestro suelo, el asunto sería americano, y, considerada nuestra literatura desde este punto de vista, sería original.

Si tratáramos de la forma, si ha de ser objeto de nuestras especulaciones el arte, pueblos nacidos ayer, sin tradiciones propias, encontrándonos en los balbuceos de la vida, tenemos que aprovecharnos de los conocimientos de otros pueblos, que estudiar la civilización de otros países y seguir la vida evolutiva de la humanidad. Por eso es original Andrés Bello cuando canta las maravillas de la Zona tórrida; por eso Heredia, contemplando el Niágara, es original en cuanto al asunto, pues, como ya hemos dicho, y, como de seguida puede notarse, la inspiración de uno y otro se asemeja á la de Rioja y Quintana. Y ya que tratamos esta cuestión, pasemos ahora á las derivaciones que de ella surgen.

En Cuba, merced á ese carácter complaciente y fácil de sus hijos, siempre

36 I, A POESÍA LÍRICA EN CUBA

que alguno de éstos ha sobresalido en el estudio de las letras, sin acordarse de notar sus defectos, baten palmas en loor de su talento, sobradamente exagerado por la amistad y el compañerismo ('•').

Y he aquí porqué vemos elevar la figura de Plácido á tan grande altura-, pues si bien es cierto que posee éste

(*) En Cuba todo cl mundo hace versos, y son nnichos los que hacen versos sonoros y brillantes, que pueden fascinar en la recitación, y aun en la primera lectura, careciendo por lo demás de todo valor intrínseco. La ardiente fantasía de los naturales de aquel suelo privilej^iado entodo; lo vehemente, férvido y extremoso de sus afectos, la viveza y rapidez de comprensión propia de la mente do los criollos, la movilidad de sus impresiones, el oído armónico de que la naturaleza parece haberles dotado y que les hace en extremo sensibles a los prestigios de la miísica y al halago del metro, son cualidades y condiciones que unidas al portentoso espectáculo de aquella vegetación y al influjo de aquella atmósfera de fuego, predisponen é inclinan á la mayor parte de los cubanos a la improvisación poética, tomando esta palabra en el sentido más lato posible, es decir, como sinónima de creación espontánea , irreflexiva y poco madura. La misma universalidad con que está repartida allí la aptitud estética primitiva y elemental, y el participar todos en mayor ó menor grado de los goces artísticos, no ya como meros contempladores, sino como productores, im- ])¡de que se desarrolle con bastante pujanza el genio individual, y que pueda completar su educación con estudio y reposo. Nace de aquí la extraordinaria abunilancia de medianías que merced á cierta destreza técnica y á l;is particulares condiciones de nuestra lengua, llegan á obtener efímero aplauso, para ser sustituidas al día siguiente por nuevos ídolos que se hunden en la noche del 'lívido sin que de su canto quede ni una sola nota. —

MK.NltNOüZ F'fCI.AVO. .Illti>lr>í:ií2.

INTRODUCCIÓN 37

una imaginación lozana y gran facilidad y sencillez, quizás excesivas para versificar, no es menos verdad tampoco que carece de erudición y sentido filosófico^ y que sus versos, siendo dulces y galanos, rayan en el prosaísmo en ocasión frecuente. Nadie mejor que Gabriel de la Concepción Valdés conocía la índole propia de su carácter poético, en el exactísimo epígrafe que á la primera edición de sus rimas puso:

<r Flores son de un ingenio sin cultura cual las que dan los campos de mi i)atria, ricas de olor, de tintas y hermosura. ■

Aquí se ve á Plácido tal como fué^ « como un inculto guajiro, de imaginación más fecunda que otros, de más instinto de forma y delicado gusto. >^

¿Y Fornaris, uno de los poetas más populares en Cuba? Si hubiéramos de señalar ahora la analogía y semejanza que entre sí guardan sus obras, la imitación que prontamente se descubre en todas ellas y el apego que manifiesta este autor al célebre Zorrilla, demostraríamos hasta la evidencia, (¡ue no es otra cosa más que un versificador mediano, con ribetes de incorrecto, que, á

35 LA I'OESIA lírica EN CUUA

lo sumo, presenta tal cual atisbo de belleza en sus versos, muy encubierto y oculto entre lugares comunes, y frases por demás prosaicas, desprovistas de buen gusto y de arte. El, como algún otro compatriota suyo, ha tratado de crear una poesía especial, característica al pueblo cubano; y sacando á colación tiempos pasados, de los cuales conócese muy poco con certeza, trae á la memoria leyendas estravagantes que ni por su índole, ni el por íin á que propenden, han podido aclimatarse en la perla de las Antillas (•■•=).

Estos lunares de imitación que hemos señalado en Plácido y Fornaris, se hacen extensivos á todos los demás. Milanés, que es, indudablemente, uno de los poetas más floridos, alambica el pensamiento, decae en la dicción é incurre

(■■■] -: Creemos que no habrá quien juzgue como espontaneidad, ni como documentos que pueden signifi caise como cubanos, los Cautos del Sidoiicy de Fornaris, que tanto daño han causado á la buena literatura . , y que son las rosas más exóticas que producir podría la Horcsta cubana. Re\ ista de i,.\ Habana. Articulo di' I. dr a. C. Garetee, i Sj¡7. Citado por López Prieto en la introducción ti S7t J'arnaso.

Los Cantos del Siboncy son el contubernio de lo abi<j;arrado de la forma, con I» r\\\<-\ y pedestre en el

f'Mldo.» PiOI'.ADIt.I.A.

iNTRonrccioM 39

en prosaísmos imperdonables en el cantor de La Madrugada. Mendive, más atildado y correcto que ningún otro, carece de fuego y virilidad, menospreciando en ocasiones, por fortuna bien pocas, las reglas de la métrica. Y ya que dijimos esto, hemos de apuntar algo sobre el romanticismo, tal como se entiende en nuestra patria.

No somos románticos ni presumimos tampoco de clásicos: «queremos libertad en literatura, como en las artes, como en la industria, como en el comercio... He aquí la divisa de nuestra época; he aquí la nuestra-, he aquí la medida con que mediremos; en nuestros juicios críticos preguntaremos: ¿nos enseñas algo? ;nos eres la expresión del progreso humano? ¿nos eres útil? Pues eres bueno» ('^"j.

Somos clásicos á semejanza de Horacio y de Boileau, de Moliere y de Moratín: somos románticos al estilo de Calderón y de Shakspeare, de Byron y de Lope; todo lo que pueda conducir la poesía á la realización de su fin, á la expresión artística del pensamiento, á la belleza; y no creemos ni concedemos

{*) Larra. — / '. 0¿>ras dj l'igiro.

tampoco autoridad en materia literaria d ninguna escuela determinada, porque pensamos con Boileau, que sólo el género fastidioso es el malo, y que á los demás no se les puede condenar en absoluto; pero lejos de profesar estas doc-' trinas, los hombres de letras en Cuba, encerrándose en estrecho círculo, salidos de la esclavitud, corren tras el libertinaje, y dejando las sujeciones á las reglas de los clásicos, hacen del romanticismo una anarquía, lanzándose en abierta y desesperada lucha contra la lógica y la sindéresis, sin ver que, como advierte un distinguido escritor, por esos medios sólo puede llegarse el Hoviunciihis de Wagner.

Románticos son los versos de Espronceda, y, sin embargo, poco se ha escrito, en nuestra lengua, tan correcto y bello como la introducción de El Diablo Mundo.

La historia de la poesía lírica en Cuba no se remonta á tiempos muy lejanos-, tenemos que buscarla á últimos

INTRODrcClON 4 1

■del siglo pasado, pues si existieron otros poetas, conócese bien poco de ellos y lo •conocido es de mérito escaso. D. Félix Veranes, buen orador sagrado, publicó íilgunas letrillas al estilo de Cadalso. El P. Fr. José Rodríguez Veres, primer dramático cubano, compuso algunos epigramas, dedicándose á este género, en el cual rayó á buena altura en el retruécano. Otros poetas menores cita en su obra el Sr. López Prieto, pero todos de mérito escaso. De ellos no hemos de hacer relación, pues no nos proponemos historiar los comienzos de la lírica de Cuba. Este libro no es una historia; se forma de breves apuntes de crítica ligera. Por otra parte, ;qué dicen los versos que copia el Sr. López Prieto? Nada que venga á nuestro propósito, ya que, á la postre, sólo prueban la pobreza de nuestra lírica en la época á que nos referimos. Bien se están en la obra de López Prieto, que á nosotros nos basta con hacer estas ligeras indicaciones. En una historia cabe todo pormenor, para estudiar la evolución progresiva de las ideas estéticas de un país: en esta colección de apuntes de biografía y de crítica, un rasgo saliente, una frase afortunada,

42 LA l'Ul-lSIA lírica EN CL DA

un calificativo oportuno, pueden é importan á veces más que todas esas minucias,

Rubalcaba y Zeqiieira son los corifeos de la literatura cubana. Ellos le imprimieron un carácter especial de sabor clásico ]ouro, elevándola á un rango que hasta entonces no había tenido; sigúeles en tiempo, sobrepujándoles en mérito artístico, José María Heredia, glorioso timbre del suelo que le vio nacer. De genio arrebatado, de inspiración * robusta, canta la tempestad de un modo brillante, yhenchido de entusiasmo, pide, como Espronceda:

«Ün caballo, un ca])allo, y campo abierto»

Después del cantor del Niágara, se nos presentan Delmonte y Vélez, Iturrondo, la Avellaneda, Plácido, Milanés y Orgaz; y en época más posterior, y ya casi en nuestros días, Zambrana, T.uaces, Tolón, Luisa Montes de Oca, Palma, Mendive, y Fornaris, acompañados de Zenea, (Uierrero, Sellen y otros (¡ue forman el complemento de nuestra lírica.

Hecha esta breve reseña histórica

INTRODÜCCIUN 43

parecía natural apuntar ahora los caracteres especiales de nuestra literatura. Pretender, como dijimos antes, el sello de originalidad con que se distingue la lírica de todos los países, es imposible. Si examinamos á Zequeira y Rubalcaba, notaremos de seguida sus aficiones clásicas, reminiscencias acaso de la escuela de los Argensolas; Heredia, por el contrario, en el fondo de sus obras, imita más bien á los poetas ingleses. Plácido siguió las huellas de Martínez de la Rosa, descubriéndose en los versos posteriores á él la influencia del autor de Los Miserables y del poeta de Granada.

Pero nos equivocamos.

En la isla de Cuba existe una poesía original, que le es peculiar y característica; brillante en ocasiones, débil y vulgar en otras, suena siempre en nuestro oído como el susurro de las palmas. Nos referimos á las guarachas y á los cantos de los guajiros. En ellos se ve claramente la facilidad que tienen los hijos de este suelo para la versificación. Penas, lágrimas y amoríos, luchas del corazón; todo lo que de noble y santo encierra nuestro ser, es objeto de esos sencillos cantos, ora tristes, ora alegres,

44 T.A l'Oi:SJ.V LÍRICA EN CUIJA

soñadores siempre y siempre melancólicos.

Dar á conocer los poetas cubanos más notables; presentar á grandes rasgos las bellezas y defectos de sus obras^ estudiando las vicisitudes por que atravesaron en esta vida, para prefijar la índole de sus versos y el fin á que propenden; tales fueron nuestros propósitos y tales los motivos que animaron nuestra pluma.

Si no salimos airosos en nuestra empresa, á otros toca juzgarnos. Obramos con conciencia, y con ella y sin dejarnos llevar de ningún sentimiento de rencor, que no abrigamos, pues lejos de eso, miramos siempre con atenta y cariñosa solicitud cuanto se refiere al engrandecimiento de nuestra patria, hemos seguido el curso de estos apuntes^ valiéndonos, como con repetición hemos dicho, de los datos, consejos y aclaraciones que tuvieron la bondad de concedernos amigos muy queridos.

Jóvenes somos y por lo tanto, nuestros juicios críticos deben carecer de la profundidad y del acierto que son menester á esta clase de trabajos; pero...

IN'rRODrccK'iN' 45

¿por qué callarlo?... Creemos que nuestra obra, incorrecta y falta de, erudición y sólida base, es más aceptable y completa que cuantas se publicaron en Cuba sobre este mismo asunto.

Podemos decir á este propósito, parodiando una frase de Chateaubriand: «Las bellezas de esta obra se componen de los defectos de otras anteriores».

Habana, 1874.

Manuel de Zeciueira y Arango

<'... tú, que el primero desdichado Zeqiieira, índico lauro á tu trente ceñiste... >

Con propósito firme de ser fieles guardadores de la verdad, tomamos la pluma para trazar á la ligera la biografía de un poeta de gabinete; y á f e que nos duele y sentimos pena de ello, pues á pesar de lo atrasadísimo de la época en que floreció, y de las consideraciones á que esto se presta, cumpliendo religiosamente nuestro intento, hemos de censurar algunas obras de Zequeira, aplaudiendo, empero, su beneficiosa influencia en las letras de Cuba. Casi nos sucede lo mismo, tratando de este poeta y de

(*) Zcqiiciía ii>al):i de la Z en lu.L^.sr ile la S cu su pcllido, como lina paite de los individuos de su fami- ■ a; pcio hoy día, no sabemos por qué razón, prevalece

' 1 de la S en la rama que conserva el título de conde de

Laojunillas.

4Í> LA l'ÜliSIA I.IRICA 1:N LUÍ! A

Rubalcaba, que á cierto distinguido literato que deseaba levantar una estatua al erudito Feijóo, y quemar sus obras alrededor de ella.

Nació Manuel de Zequeira y Arango en la Habana, en 28 de agosto del año de gracia de 1774, y á muy corta edad ingresó de cadete en el regimiento de infantería de Soria, y pasando por diferentes grados, hasta el empleo de coronel, sirvió cuarenta y seis años, desplegando, en este tiempo, conocimientos poco comunes, que le hubieran llevado á ocupar los más elevados puestos de la milicia, si el trastorno de sus facultades mentales no atajara sus pasos en tan gloriosa carrera. Destinado pro natura al cultivo de las letras, y aficionado de suyo al ejército y á las armas, demostró una vez más que no es incompatible la pluma del escritor con la espada del guerrero, y así le vemos pasar en 1793 á Santo Domingo, en la expedición que fué al socorro del cuartel de Cahobas; encontrarse en la acción del río La-Matrie, y en lucha desigual y desaforada contienda, vencer á sus enemigos, que, en crecido número, huían abandonando dos piezas de artillería.

MANUEL DE ZL(jUJiIRA V ARANGO 4y

Pero no debemos detenernos por más tiempo en la carrera militar de Zeqiieira; <iue otro es el fin á que propenden estos apuntes.

De toda voluntad dijimos al comienzo que Zequeira era un poeta de gabinete, hombre estudioso de libros; no de inspirado y valeroso estro.

Y tanto es así, que, por reverencia sólo hemos de decir algo, muy poco, acerca de sus obras, haciendo otro tanto con las de Rubalcaba, pues uno y otro no son más cjue un débil reflejo de nuestros poetas clásicos, y, en sus versos, si bien hay bellezas, no dejan de abundar, pese á sus admiradores, que ambos los tienen, defectos de muy dificultosa absolución.

Oigámosle, si no, en su canto épico intitulado: Batalla naval de Cortés en la Lagttna.

Iban delante veinte mil fleeheros de miradas ardientes y sutile?; detrás llevaban los carcaxes fieros, y delante bordados escampiles: amarillos y rojos los plumeros adornaban sus frentes varoniles; embrazan arcos, y, por más decoro, pisan la arena con sandalia de oro.

50 LA ror.siA lírica ex cvr,\

La pintura que hace del monstruoso fantasma ó máquina sorprendente, aunque nos hace recordar á Camoens, no j)uede ser más propia y terrible.

En su mano siniestra relucía de una sierpe infernal la ardiente escama. y en la membruda diestra sostenía la triple flecha con que Marte brama; dos torrentes sulfúreos despedía en vez de aliento, que el ambiente inflama; y antes de abrir sus labios criminales sonaron las trompetas infernales.

Pero si el personaje imaginativo está presentado con tanta maestría, no sucede así con el héroe de la acción. La descripción de la batalla es minuciosa y peca de prolija, aunque no deja de presentar interés y belleza, apareciendo ])erfectamente todos los personajes, y siendo excelente el retrato de Pedro de Pjarba, muerto <;por el terrible impulso de una flecha».

Tendido estaba el ínclito guerrero, de sangre y de sudor humedecido; el escudo abollado y el acero de la heroica diestra desprendido; sin donaire marcial sobre el soml^rero, de p-.irpüreo color también teñido, reclina];a el semblante formidable; que era, aún después de muert), respetable.

MANUEL DE '¿¿(.¿UV.IRA Y AKANGü 5 I

Y ya que dijimos al comenzar que encontrábamos versos prosaicos y cojos, ripios y otros defectos, vamos á copiar algunos, para que por sí se convenza el que leyere:

< Que numen — dijo — contra mis ilecrctos.* iSudó culebras y lloraba furias.»

< Chocan las armas de los combatientes.» <Vi\ vómito encendido de Vulcano.)

Por otra parte la caballería. * l'ara imponer silencio abre la boca.» «Vomitando mil monstruos y animales.»

También cantó Zequeira Za iVazu' de Tapor, El prime/- sitio de Zaragoza y El Dos de Mayo; pero nos parece tan inferior en estas composiciones, especialmente en la última, si la comparamos con la elegía de (iallego, que de todo intento no queremos citar nada; no siguiendo igual conducta con el soneto titulado La Ilusión, soneto que algunos atribuyeii á Rubalcaba, pero que nosotros, de conformidad con la opinión de literatos de reconocido mérito en Cuba^ y comparando el carácter, profundidad y valentía de este soberbio rasgo, con el genio de uno y otro poeta, creemos sinceramente cpie es obra de Zequeira:

52 I.A l'OESIA ÚRICA EN CUJÍA

Soñé (}ue la fortuna en lo eminente del niás brillante trono, me ofrecía el imperio del orbe, y que ceñía con diadenia inmortal mi augusta frente. Soñé que hasta el ocaso desde Oriente mi formidable nombre discurría, y que del Septentrión al Mediodía mi poder se adoraba humildemente. De triunfantes despojos revestido, soñé que de mi carro rubicundo tiraba César con Pompeyo uncido.

Despertóme el estruendo furibundo; solté la risa, y dije en mi sentido: «•¡Así pasan las glorias de este mundo! •

Tal fué el primer poeta de Cuba.

Hombre instruido, ardiente y arrebatado, parece ser la personificación de la poesía en este suelo. Formó parte de la Real Sociedad Económica, y amigo cariñoso y leal del no menos distinguido cubano Tomás Romay, dirigió con él El Papel Periódico, trabajando con ardimiento por alcanzar días mejores para su patria.

A su muerte, en 1846, se leyeron versos y artículos sobre su tumba. ¡Débil y pobre homenaje alcanzado por el talento y la virtud!

MANUEL DE ZEQUEIRA Y ARANÍJO 53

Con ocasión de haber publicado un periódico de New York este artículo, hace ya bastantes años, anunciando la próxima aparición de la primera edición del presente libro, el distinguido literato Sr. López Prieto tuvo la bondad de citarlo en dos pasajes de su obra, y al referirse á lo que decimos de Zequeira, se expresa del siguiente modo: «El 12 de mayo de 1875, pi-iblicó en Las N'ovedades, periódico español de New York, el Sr. D. Emilio Martín (lOnzález del Yalle, un artículo titulado: í^n poeta cubano, — Mafuiel de Zequeira y A rango, (jue nos dijo ser parte de un libro (jue se estaba imprimiendo en París, La poesía lírica en Cuba, libro que no hemos podido todavía proporcionarnos, no obstante nuestra solicitud para ello. El Sr. (lonzález del Valle juzga á Zequeira poeta de gabinete, Jionibre estudioso, de libros, no de inspirado y valeroso estro. — Sentimos no estar conformes con el juicio de dicho poeta y literato distinguido, que nos parece contestado con el siguiente: «Rubalcaba y Zequeira anuncian con inmejorables auspicios la musa cubana. Depositarios de gloriosísimas tradiciones; almas enteras y -enerosas, solidarias del sentimiento de

54 TA l'OESIA lírica EN CUHA

SU raza, sus inspiraciones brotan espontáneas de los purísimos manantiales de la buena poesía.» — Discurso pronunciado en cJ acto de la inauguración del Círculo científico y literario de la Habana la noche del 2j de abril de i8j6 por su presidente D. Ramón López de Ayala. — Habana.— Imprenta del Directorio . '- — iSy 6 » .

INlncho nos duele, en verdad, que un hombre de luces y natural discurso é instrucción como el autor del Parnaso Cubano saque á colación el dicho de un bohemio político, como afirmación seria y concluyente en materia literaria. — No, Sr. Prieto, este Ayala no es literato, es lotero. En este destino y en otros análogos le conocimos. — ¿Quién calumnió á la patria de Heredia, el autor de este libro que si no reconoce á Zequeira como poeta de primer orden, dice que fué hombre instruido é inclinado al cultivo de las letras, personificación de la poesía en su época, ó ese doctor in utroque que se descolgó con un discurso tan peregrino como el citado?

Lea el Sr. Prieto el grito de indignación que arrancó á los nobles sentimientos del Sr. Varona la obra de Ayala, y si quiere fijarse en ello, vea lo que á este

MANUIX DE Zi:<^UEIRA Y ARANÍJÜ 55

propósito publicamos en El Moro Muza, periódico que á la sazón salía á luz en la Habana. — ¿Quiere que le digamos al Sr. Prieto lo que nos valió ese trabajo de ligera forma, aunque no escasa intención? Pues en un papel, de cuyo nombre no queremos acordarnos, se nos llamó Jilihusteros y otra porción de cosas, afirmando que al hablar de la Universidad, aludíamos al fusilamiento de los estudiantes; cosazas, todas ellas, á cual más ultrajantes y estúpidas.

¡Menguado empeño y condición bellaca, que tantos males ocasionó á Cuba!

El artículo de FA Moro Muza dice así:

NOVEDADES... NUEVAS

(KSriLO Á LA moda)

Por fin, llegó el momento, que todo llega en este mundo, y las puertas se abrieron, y brilló el gas por su... presencia, y se reunieron los bohemios, y... allí fué Troya.

A mí me dispararon un discurso, ó cosa así, no sé cómo ni cuándo; pero... ¡cá!... No puede ser... Este discurso no pudo haberse pronunciado sino allí; sí, señores, allí.

¿Dónde es allí?... Ya lo verán ustedes.

50 LA i-oj:sia lírica ex cuija

;Qué lujo de palabras el de tal discurso! Mentira parece que se permita alguno ese despilfarro, cuando todos aseguran que estamos... como tres en un zapato.

Comienza el preopinante, como decía el otro, con una clasificación de las ciencias que da el opio. Es decir, el opio, precisamente, no, pero produce los mismos efectos.

¡Qué gravedad!... ¡qué elevación de miras!... y sobre todo, ¡qué apostrofes!...

¡Vamos, si cuando les digo á ustedes que es cosa de desmayarse!... ¿Me querrán ustedes creer?...

La imaginación sigue constituyendo la mitad más hermosa del entendimiento humano; y esto, aunque me tiene sin cuidado, francamente, no lo comprendo.

La Universidad, con sus claustros desiertos, abatida y postrada, está como diciendo al honrado padre de familia:

<'. Aquí de ciencia y saber sólo nos queda el recuerdo; si le he visto no me acuerdo; memorias á tu mujer.;'

La Academia de Ciencias Médicas, anémica; sí, señores, anémica, y esto me parece muy fuerte.

MANUEL DE ZEQUEIRA Y ARANCO 57

En fin, lo único que está flamante, nuevecito... es la Asociación de bohemios.

Y ;por qué?... ¡Ah! porque en esta desgraciada colonia no ha habido poetas, y... ¡vean ustedes lo que son las cosas!... como no conocíamos esa « planta maldita con frutos de bendición...» no hay liada como ser hoJionio para estar flamante.

Respiremos.

Hay quien asegura, como en una conocida zarzuela, que no es todo verdad; quien dice que aquí ha habido poetas muy notables, que han merecido aplausos de Lista, Quintana, Villergas y algunos críticos extranjeros- pero ¡bah!... lo que -es a mí, después de haber leído ese discurso, no me convence ni una ametralladora .

¿Qué hizo Heredia?... ;Cantar con brillante estro la catarata del Niágara?... ¡Si por acaso hubiera escrito algún drama original!... Ya ven ustedes que fué un zascandil.

¿Y la Avellaneda?

Compuso muy buenos versos, ¿eh? pues me alegro infinito; pero, á pesar de alegrarme, y á pesar de sus magníficos dramas, ¿qué fué la Avellaneda? S

5b l.A POESÍA lírica EN CUlíA

Casi estoy por creer que no remendaba la ropa de su marido.

Es preciso desengañarse; aquí no ha habido poetas; no, señores, no los ha habido. El tanto por ciento lo llena todo: hasta el corazón de las suegras.

¡Oh dolor!... ¡oh desesperación!...

Después de esto, bueno será que ustedes sepan que el periodismo, ese cuarta poder del Estado— ;cuál será el sexto? — es una calamidad, porque, al fin y al cabo^ nada más fácil que escribir un buen artículo, meter mucha bulla— más que los carretones de la Habana — y convertirse, burla burlando, en un Castelar ó un Valera.

Luego, en los pe'-iódicos, se suministra la ciencia en dosis homeopáticas, y maldecimos del libro porque le encontramos pesado y prolijo.

Esto matará á aquello, que diría Víctor Hugo.

¿Me explico?

Decididamente, la Asociación de bolicinios viene á llenar un vacío, á realizar una obra veneranda.

Hila despertará el amor á las Letras, á las Bellas Artes, á todo; porque eso sí, no hay como decir que en Cuba hace

mam;i:i, de /tni kika v aram.í.) 59

mucho calor, para que llueva en las Batuecas.

El discurso inaugural es magnífico.

Su autor es un enamorado defensor de la ley del progreso, y esto... me reconcilia con el sentido común.

Habana II cíe mayo de 1876.

M. J. de Rubalcaba

Musa, contempla tu víctima.

Con este nombre comenzó á figurar en Santiago de Cuba, su pueblo natal, un poeta célebre en las faldas del Turquino, un trovador amigo de Zequeira. Como él, siguió también la carrera de las armas, rindió fervoroso culto á Apolo y á Marte, y ora la espada, ora la pluma, compartía sus días en el manejo de ambas.

¡Época de estancamiento y natural atraso atravesaron! Apenas si concebimos cómo con tan pobres elementos pudieron, uno y otro, elevarse á la altura c^ue lograron, sacando nuestras letras de la postración en que yacían, y abriendo nuevos y más dilatados horizontes á la juventud, siempre ganosa de gloria y de renombre. Por eso, en los versos de Ru-

62 LA rOESIA lírica EN CUBA

balcalba, nótanse defectos imperdonables en un escritor de su fama, aunque muchos necesariamente tenemos que atribuirlos al poco acierto del Sr. Balart, que fué quien coleccionó sus obras, sin cuidarse más que de presentarle «tal como fué, con todas sus incorrecciones y con todos sus defectos». ¡Procedimiento bien menguado, en verdad, tratándose de honrar la memoria de un poeta!

Pues qué ¿no tuvo el Sr. Balart que recoger muchos de los versos de Rubalcaba, de manuscritos que no estaban preparados para ver la luz pública? ¿acaso de borradores que debían permanecer en cartera? ¿tal vez de boca del mismo pue- , blo? :Y son estos los mejores conductos por donde pueden llegar á nuestras manos las obras de un poeta, ó bien por el contrario, estamos en el deber ineludible de recoger esos datos y depurarlos con el escalpelo de la crítica, pensando con acierto que su autor así lo hiciera, ó más bien que esos fragmentos, al pasar de mano en mano, y de boca en boca, habían perdido mucho en la forma y en su fondo? Preguntas son éstas, que, estampadas aquí, nos servirán de resguardo, por si alguno imagina que tratamos de

M. J. 1)K RIÜAI CAKA 63

rebajar el mérito de Rubalcaba; antes bien imagine el lector que cuando censuramos algo, culpa será de la colección hecha por el Sr, Balart.

Mas, á pesar de la falta de pericia con que procedió este señor, como quiera que Rubalcaba sabía sentir y expresar lo que sentía, no dejamos de encontrar algunos rasgos felices, tal cual asomo de belleza. Sirvan de ejemplo estos tercetos:

\\' cuántos del relánipngo ayudados, sólo bosquejan la anchurosa vía para darles sepulcros ignorados!

Vo escucho al ruiseñor tal vez en la haya, y al ver el horizonte que refleja, requiebra su polluelo que desmaya; y en la tierna impresión que su voz deja no se puede juzgar si es de ccnitento el natural idioma de su queja.

¡Va son oscuras noches mis auroras; volvedme, sí, volvedme, amigas mías, la posesión de mis antiguas horas!

No es menos bello el soneto á A^/se bordando un ramillete, que termina así:

Me parece que al verte colocada cerca del bastidor dándole vida, sale Flora á mirarte avergonzada;

04 LA POESÍA LÍRICA EN CUliA

Llega; ve tu labor mejor tejida que la suya de abril; queda enojada, y, sin más esperar, vase corrida.

En el género festivo, en las lijeras anacreónticas, también nos dejó traza de su numen. Dígalo, si no, aquella graciosa letrilla que dice:

Lusca, amor,

quien te descifre mejor.

Pero en medio de estos rasgos, que dejan adivinar el talento y la imaginación poética de nuestro autor, poco trabajo nos costaría encontrar versos tan detestables como estos:

¡Oh noche, tu retórica figura es la del sueño!

Como hemos dicho al principio, Rubalcaba, lo mismo que Zequeira, fomentaron el progreso literario de nuestro país, y sólo por respeto y consideración á esto mismo, colocamos sus nombres al frente de nuestra galería. Es inútil buscar en sus obras el fuego pindárico de Heredia, la sencillez y armónica cadencia del cantor de La Madrugada, la valentía y gallarda expresión de Luaces. Apega-

M. r. DK KUDAI.CABA

dos al estudio de nuestros clásicos, luchando con las preocupaciones de la época en que florecieron, nótanse en sus versos reminiscencias de los Argensolas, aves de desaliento y de amargura, que revelan claramente la verdad con que exclamó el poeta de Las meditaciones ^ refiriéndose á otro no menos inspirado:

Musa, ton templa tu víctima.

José María de Heredia

.\'om onmis morijr.

Este poeta, el más notable de los nacidos en Cuba, alcanzó una época de relativo progreso y adelanto. En ella se crearon diferentes cátedras hasta enton"- ces olvidadas-, se dio mayor impulso á la imprenta, desarrollándose gran afición al estudio de las letras. Enseñaba la ciencia de Platón y de Aristóteles, en el Real Seminario de San Carlos, el Padre Valera, tino de los cubanos más ilustres, maestro, amigo y compañero del sabio José de la Iaiz de quien nos reservamos el placer de decir algo en el apéndice de esta obra, si nuestras ocupaciones no nos permiten dar remate y finamiento á otra que intitulamos Filósofos cubanos, y en la cual

6S LA. l'DESÍA LÍRICA EN CUBA

sobradas cosas hablaremos de Valera, Romay, Mestre, González del Valle, Zambrana y otros más, entre los cuales lícito nos será, al par que muy gustoso, colocar el nombre de Enrique José Varona, modesto y erudito humanista que figura al frente de nuestra juventud estudiosa, no echando en saco roto al maestro infatigable, al pensador profundo, al padre espiritual de nuestra generación, al ilustre director del colegio de San Salvador (*).

En pocas provincias de la monarquía española se habrá efectuado una revolución filosófica tan brillante y digna como en Cuba. En esta apartada colonia nació y vivió el sapientísimo Valera, que, dejando la rutina escolástica, abrió con mano firme nuevos y más dilatados horizontes á la ciencia v al saber. No fué

(*) Como filósofo, y más aun como orador político y académico, fuera notoria injusticia no recordar el nomhrc de Rafael Montoro, el cubano más notable, en mí concepto, de los que hoy existen. Tengo verdadera pasión por Montoro, y fío mucho en su talento é ilustración. Si muchos no corrieran engañados por la exaltación de sus ideas, y oyeran sus consejos, otro gallo nos cantara. Pero el hombre docto é instruido es siempre prudente y reposado, y el vulgo de todas clases se deja seducir más fácilmente por aquellos que más halagan sus pasiones, sin reparar en la mira con que lo hacen y el fin que codiciiisamente persiguen.

JOSÉ MARÍA DE HERKDTA 69

sólo un erudito, sino que revestido de talento, con lozana imaginación y suelta pluma, trazó cuadros de verdad y riqueza de colorido, se adelantó á su época y contribuyó no poco al mejoramiento de su país. Siguióle, en tiempo, José de la Luz, pensador sincero de ideas profundas. Mucho antes que Stuart-Mill ya había sustentado esta proposición: «Los medios que tiene el hombre de asegurarse de sus conocimientos y de ensancharlos, son la intuición, la inducción y la deducción.» Presintiendo á (juillermo Wundr, sostenía con gran lucidez (jue «el juicio es anterior en todo rigor á la idea, y como la base de todas las operaciones mentales». Combatió el Cousismo, á la sazón boyante en las escuelas, y defendido con talento por los hermanos (González del Valle, quienes con Mestre, Rodríguez, Bachiller y otros forman y completan el cuadro de filósofos en esta época.

Al presente toman las ideas otra senda [en nuestro país.

Kl nombre de Varona, c^ue hemos citado, es el más ilustre de los que hoy >atallan por el esclarecimienth de la verlad en la serena región de los principios, él convergen todos los amantes de la

LA rOESIA LÍRICA EX CUI3A

ciencia. Allí figuran Enrique Piñeyro, Ricardo Delmonte, Teófilo Martínez Escobar y otros pocos ('•').

A los comienzos de esta renovación filosófica asistió Heredia, cuyo espíritu se hallaba inficionado por las ideas disolventes de la revolución francesa. En vano trató Zambrana de librarle de este cargo. Las razones que alega, dejan en pie la afirmación de Cánovas del Castillo, y antes parece como que vienen en su auxilio y ayuda. El párrafo de Mazade, que cita, afirmando que Heredia no es, en rigor, un poeta revolucionario, por más que sus versos son la expresión ardorosa é ideal de ese vago instinto de independencia que fermenta en el corazón de la juventud cubana, nos confirma en la opinión del literato castellano. Debido á estas ideas y viendo el panorama que ofrecía á sus ojos la América española, el cantor del Niágara, apeteció y quiso para su país igual suerte. Por ella luchó con ardimiento, y por su causa halló bien pronto el desengaño y el destierro.

Nació José María de Heredia en Santiago de Cuba, en 31 de diciembre

(*) Véanse L<ts tou/crrnciiis J¡lnsó/¡c<ts de Varona.

JOSK MARÍA DK HKRKIMA 7 I

(le 1803. Su padre D. José Francisco, ma- ,L;istrado íntegro y distinguido literato, ;rató de dar á su hijo una educación esmerada, dedicándole al estudio de la jurisprudencia, carrera (jue concluyó á la temprana edad de diez y ocho años, recibiéndose de abogado en Puerto Príncipe. Desde niíio, cuando apenas contaba dos lustros, sintió necesidad de fantasear y escribió unos ensayos poéticos, en los cuales advierte Cánovas del Castillo «el poder de su entendimiento maravillosamente formado para edad temprana; inclinado al filosofismo tanto como á la poesía.

Viajó desde pequeñuelo por la Florida, Santo Domingo y Venezuela; estuvo en Caracas, siendo su padre á la sazón Regente, «durante el despótico mando de los sanguinarios Monteverde y Boves»; y más tarde regresó á la Habana, asistiendo á las clases de la Universidad y oyendo al propio tiempo las lecciones del Lie. Blas Ossés, á quien, en prueba de amistoso afecto, dedicó uno de sus poemas. Muerto su padre, eligió por residencia la ciudad de Yumurí, y tuvo á dicha que sus primeros ensayos poéticos fueran comentados y discutidos, asegu-

72 LA roEsiA lírica en cuba

ranao el Revisor que «era el primero que dedicándose al estudio de los clásicos, hizo resonar la lira cubana, con acentos delicados y nobles»; mientras otros le negaban las relevantes dotes con que pródiga le favoreció naturaleza. Esta inquina y sañosa labor contra el poeta no sólo le atajó en sus primeros pasos; antes bien reprodújose con inusitada fuerza cuando el gallego Sagra, queriendo hacer el juicio crítico de las poesías de Heredia, escribió una diatriba calumniosa y ruin; bien que Saco, saliendo á la defensa del derecho hollado y de la verdad, puso de oro y azul al botánico, haciéndole comprender que los acordados sones de la lira de Heredia, eran cosa asaz distinta de las legumbres que él cultivaba á orillas de la Zanja.

Pero no hemos de seguir á nuestro joven poeta en todas las vicisitudes de su vida. Rindiendo, como ya dijimos, culto á la independencia cubana, cons- ])iró con fe exaltada, y comprometido en sus delirios políticos, se vio precisado á emigar en 1823. Fuese á los Estados Unidos, y allí compuso sus mejores versos; pero la facilidad del idioma y lo benigno del clima, le llevaron á México, donde se

JOSÉ MARÍA DE IIEREDÍA 73

casó, siendo nombrado magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, y senador de aquella República, amén de otros cargos y empleos que desempeñó con inteligencia y acierto.

La primera edición de sus obras apareció en Toluca, dándose la circunstancia de haberla impreso él mismo en unión de su esposa, (jue, hasta aprender ese oficio, les llevó á entrambos la estrechez en que vivían. Más tarde vio la luz pública otra edición en Barcelona, y desde entonces acá, no una sino muchas fueron las que se imprimieron en Europa y América, pues puede decirse con razón sobrada que Heredia ha sido uno de los poetas que mayor popularidad han alcanzado.

Fué la vida del cantor del Niágara agitadísima en extremo. Así lo reconoce él mismo, cuando en uno de sus prólogos nos manifiesta que á los veinticinco años había sido maestro de lenguas, historiador, magistrado, viajero, conspirador y poeta.

Falleció en Toluca el 12 de mayo de 1839. En su sepulcro se leía la siguiente inscripción, escrita por Lacunza, si mal no recordamos:

74 I A POESÍA LÍRICA EN CL"RA

«Su cuerpo envuelve del sepulcro el velo.. pero le hacen la ciencia, la poesía y la pura virtud que en su alma ardía inmortal en la tierra y en el cielo. >

Más tarde, asegura Carpió que queriendo visitar, á su paso por México, la tumba del poeta, la encontró sustituida por otra. Sus restos habían pasado á la fosa común.

¡Pobre Cuba!

;De qué te valen tus riquezas y tesoros si no tienes para comprar el suelo donde descansa uno de tus hijos más ikistresr

Plácido y Zenea mueren fusilados; fallece Heredia pobre y fuera de la patria-, á Milanés, la contemplación de los vicios y perfidias de la sociedad en que vivía, le arrebataron la razón y el juicio; Valera, Saco y tantos otros duermen el sueño eterno en extranjero suelo*, Tolón y lAiaces pagaron harto temprano tributo á la Parca...

¡Pobre Cuba! ¿De qué te sirven tus riquezas?...

JOS1-: MARÍA !):■: iikrkimv 75

Vn soplo de libertad — dice Mr. Villemain, — recorre esas regiones extrañas á los cuidados de la teoría de la ambición y de la guerra civil. Allí es donde se engrandece un ])oeta nacido en Cuba a principios del siglo, hijo de un jurisconsulto partidario de Ins ideas modernas. El niño que debía ilustrar el nombre de Heredia ('•'), era enfermizo y endeble; pero el vigor y la energía de su espíritu vencen los obstáculos de su cuerpo. Estudiando las lenguas griega y latina, bien pronto siente arder en su alma la llama de la inspiración. Conducido á Caracas, donde su padre fué nombrado presidente • le la Audiencia Real, respirando el aire de la primera república proclamada en \'enezuela, no desea más que volar al combate y empuñar la robusta trompa de Tirteo. Con tal propósito, lleno de esperanzas, torna de nuevo á Cuba en 1824, tratando inútilmente de conjurar los áni-

(*) Francia cuenta hoy con un poeta notabilísimo, líivientc del nuestro, que lleva los mismos nombres y

apellido.

JÓ T,A POESÍA LÍRICA EN CUBA

mos á la pelea, y perseguido por el gobierno español, se vio precisado á emigrar á la América del Norte. Hasta aquí Heredia sólo había cantado los sufrimientosmorales de su vida, sin gloria y sin amor:^ visita la catarata del Niágara y entoncesmuestra todo el poder de su genio.

Dadme mi lira; dádmela; (jue siento en mi alma estremecida y agitada arder la inspiración. ¡Oh, cuánto tiempo en tinieblas pasó sin que mi frente brillase con su luz...! Niágara undoso sólo tu faz sublime ya podría tornarme el don divino que ensañada me robó del dolor la mano impía.

Torrente prodigioso, calma, acalla tu tiueno, aterrador; disipa un tanto las tinieblas que en torno te circundan, y déjame mirar tu faz serena y de entusiasmo ardiente mi alma llena.

Vo digno soy de contemplarte. .Siempre lo común y mezquino desdeñando, ansié por lo terrífico y sublime. Al despeñarse el huracán furioso, al retumbar sol)re mi frente el rayo, palpitando gocé: vi al océano azotado del au!>tro proceloso combatir mi bajel, y ante mis plantas sus abismos abrir, y amé el peligro y sus iras amé; mas su fiereza en mi alma no dejara la profunda impresión (|ue tu grandeza.

JOSÉ AFARIA DE HEREDl/V 77

Corres sereno, majestuoso, y luego en ásperos peñascos quebrantado, te abalanzas violento, arrebatado como el destino, irresistible y ciego. ;Qué voz humana describir podría de la sirpe rugiente la aterradora faz? El alma mía en vagos pensamientos se confunde, al contemplar la férvida corriente (¡ue en vano <)uiere la turbada vista en su vuelo seguir al borde oscuro del precipicio altísimo; mil olas cual pensamiento rápidas pasando chocan y se enfurecen, y otras mil y otras mil ya las alcanzan y entre espuma y fragor desaparecen.

Ved, llegan, saltan, el abismo horrendo devora los torrentes despeñados; crüzanse en él mil iris, y asordados vuelven los bosques el fragor tremendo, al golpe violentísimo en las peñas rómpese el agua y salta, y una nube de revueltos vapores cubre el abismo en remolinos; sube, cual pirámide inmensa se levanta y por sobre los montes ([uc le cercan al solitario cazador espanta.

Mas ;([ué en ti busca mi anhelante vista con incpiieto afanar? Tor qué no miro alrededor de tu caverna inmensa las palmas ¡ay! las palmas deliciosas que en las llanuras de mi ardiente patria nacen del sol á la sonrisa y crecen, y al soplo de las brisas del océano Ijajo un cielo purísimo se mecen?

78 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

Ei>te recuerdo á mi pesar me viene... nada ¡oh Niágara! falta á tu destino, ni otra corona que el agreste pino á tu terrible majestad conviene. I.a palma y mirto y delicadas rosas muelle placer inspiran y ocio blando en frivolo i'ardín; á ti la suerte guardó más digno objeto, más sublime; ¡el alma libre, generosa y fuerte viene, te ve, se asombra, el mezquino deleite menosprecia, y aun se siente elevar cuando te nombra!

¡Dios, Dios de la verdad! En otros climas vi monstruos execrables blasfemando tu nombre sacrosanto, sembrar error y fanatismo impío; los campos inundar de sangre y llanto; de hermanos atizar la infausta guerra y desolar frenéticos la tierra.

Vilos, y el pecho se inflamó á su vista en grave indignación; por otra parte vi mentidos filósofos que osaban escrutar tus misterios, ultrajarte, y de impiedad al lamentable abismo á los míseros hombres arrastraban.

Por eso siempre te buscó mi mente en la sublime soledad; ahora entera se abre á Ti, tu mano siente en esta inmensidad que me circunda, y tu profunda voz baja á mi seno de este raudal en el terrible trueno, ¡Asombroso torrente! ¡Como tu vista mi ánimo enajena, y de terror y admiración me llena!

(¿Do tu origen está? ¿Quién fertiliza

JÜSIC MARÍA DE IIEREDIA 79

por tantos siglos tu inexhausta fuente:

¿Qué poderosa mano

hace que al recibirte

no rebose en la tierra el océano?

Abrió el Señor su mano omnipotente, cubrió tu faz de nulies agitadas, dio su voz á tus aguas despeñadas ;^ ornó con su arco tu terrible frente.

¡Miro las aguas (jue incansables corren, como el largo torrente de los siglos rueda en la eternidad! Así del hombre pasan volando los floridos días y despierta al dolor... ¡Ay! agostada siento mi juventud; mi faz marchita y la profunda pena (|ue me agita ruga mi frente de dolor nublada. Nunca tanto sentí como este día mi mísero aislamiento, mi aljandono y lamental:)le desamor... ¿Podría un alma apasionada y borrascosa sin amor ser feliz? ¡Oh, si una hermosa digna de mí me amase, y de este abismo al borde turbulento mi vago pensamiento y mi andar solitario acompañase! ¡Cuál gozara al mirar su faz cubrirse de leve palidez, y ser más bella en su dulce terror, y sonreirse al sostenerla en mis amantes brazos! ¡Delirios de virtud! ¡Ay! ¡desterrado, sin patria y sin amores, solo miro ante mí llanto y dolores! ¡Niágara poderoso, oye mi última voz! En pocos años ya devorado hal)rá la tumba fría

8o ].A POESÍA LÍRICA EN CURA

á tu débil cantor. Duren mis versos cual tu gloria inmortal. Pueda piadoso al contemplar tu faz algún viajero dar un suspiro á la memoria mía; y yo, al hundirse el sol en occidente, vuele gozoso do el Criador me llama, y al escuchar los ecos de mi fama alce en las nubes la radiosa frente!

Cierto es que en esta poesía no hay, •, como dice Villemain {^''), la belleza serena del gran lírico de la antigüedad. En presencia del Etna y en la descripción de los fenómenos del mar de Sicilia, Píndaro no se acuerda de si, no mezcla á los terrores de la Naturaleza su personalidad, ni se queja de su vida sin amor y sin gloria. Heredia, por el contrario, ve la catarata, se asombra, la mide con las fuerzas de su espíritu, y creyéndose digno de ella, la describe de manera inimitable; encuentra un símil felicísimo en los torrentes desbordados, y los años y los siglos que se precipitan en la eternidad; lamenta su juventud perdida y se acuerda de su patria*, llora su triste abandono y piensa en Dios, fuente de todo

(*) EssíTis SU)- le goiie di Pindare é sur le poesir daiis ses rapports avec V ele7iatión inórale des pleubles, par M. Villemain, de Tlnstítut. París 1859.

jOSK MARÍA DE IIEREDIA 8 1

lo bello. ¿Qué más puede pedírsele á un poeta? Nosotros hallamos en esta composición una discreta distribución de partes y una lógica de sentimientos que nos encanta y enamora. La Naturaleza, su juventud, la patria, la inmortalidad y Dios: he aquí su pensamiento.

No es esta la única poesía excelente que escribió el desventurado bardo. Otras cuenta de reconocido mérito, y hemos de tomar al caso algunos fragmentos de ellas, seguros de lo mucho que habrá de agradecérnoslo el que leyere. Comencemos por La Tempestad.

Huracán, huracán, venir te siento, y en tu soplo abrasado respiro entusiasmado del Señor de los aires el aliento... ¿Al toro no miráis? ¡El suelo escarban, de insoportable ardor sus pies heridos; la armada frente al cielo levantando; y en la hinchada nariz fuego aspirando llama la tempestad con sus bramidos!... Los pajarillos callan y se esconden al acercarse el huracán bramando y en los lejanos bosques retumbando le oyen los bosques y á su vez responden. Llega ya; ¿no le veis?; Cual desenvuelve su manto aterrador y majestuoso... Gigante de los aires, te saludo: en fiera confusión el viento agita

82 LA rOESÍA LÍRICA EN CUBA

las orla? de tu parda vestidura...

Ved... en el horizonte

los brazos rapidísimos enarca

y con ellos abarca

cuanto alcanzo á mirar de monte á monte.

¡Obscuridad universal! Su soplo

levanta en torbellino

el polvo de los campos agitado;

en las nubes retumba despeñado

el carro del Señor, y de sus ruedas

brota el rayo veloz, se precipita,

hiere y aterra al delincuente suelo,

y su lívida luz inunda el cielo...

¡.Sublime tempestad! ¡Cómo en tu seno,

de tu solemne inspiración henchido.

al mundo vil y miserable olvido

y alzo la frente de delicia lleno!

■Do está el alma cobarde

que teme tu furor?

Heredia es ante todo un poeta descriptivo, como se desprende de cuanto llevamos copiado; pero en su lira tiene también otros sonidos, y matiza sus cantos con pensamientos filosóficos, como hombre que era de instrucción y de doctrina. Ejemplos son de esto los fragmentos de un poema mejicano, y el que intituló Placeres de la inela?icolía. Pero ya los oiremos más tarde: veamos este apostrofe con que comienza su oda al Sol:

JOSÉ MARÍA DE HEREDIA S3

Yo te amo, sol; tú saljes cuan gozoso, cuando en las puertas del oriente asomas, siempre te saludé; cuando tus rayos nos arrojas fogoso

con gloria alzado en la mitad del cielo, del bosque hojoso entre la sombra grata, me deleito al bañarme en la frescura (jue los céfiros vierten en su suelo, y me abandono á mil cavilaciones de dulce y melancólica ternura, cuando reclinas la radiosa frente en las trémulas nubes de occidente.

¡Qué cavilaciones tan funestas, pero qué apostrofe tan bello! exclama Cánovas del Castillo; y á f e que tiene razón.

A los diez y siete años de edad, estando en Choluca, escribió una composición del género descriptivo que bien puede contarse entre las mejores (■=■).

¡Oh, cuan bella es la tierra ([ue habitaban los ascetas valientes!...

Sus campos cubren á par de las doradas mieses las cañas deliciosas. El naranjo, y la pina y el plátano sonante, hijos del suelo equinoccial, se mezclan á la frondosa vid, al pino agreste y de Minerva al árbol majestuoso...

{*) En concepto do IMcncndcz Pclayo, la mejor de - que escribió Hcrcdia.

84 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

Era la tarde. La ligera brisa sus alas en silencio ya plegaba, y entre la hierba y árboles dormía mientras el ancho sol su disco hundía detrás de Iztacihual. La nieve eterna cual disuelta en mar de oro semejaba templar en torno de él: un arco inmenso que del empíreo en el cénit finaba...

Pero ;á qué cansarnos con nuevas citas? El objeto del presente trabajo no es estudiar una por una todas las obras de este autor. Tarea sería, aunque gfata, larga y extensa, y nuestro propósito no alcanza á tanto. Para señalar todas las bellezas que contienen las poesías de Heredia, nos veríamos en el caso de ser prolijos, y no esa suerte anhelan estos ligeros esbozos de biografía y de crítica.

Como asegura Villemain, ese soplo de libertad, ese deseo de independencia que había recorrido las vastas regiones de América, animaba á Heredia en sus postrimerías, y exaltando su imaginación le dicta una Epístola A Emilia, por demás galana en su forma poética, y nacida de político intento:

JOSP^ MARÍA DE HEREDIA 85

Pluguiera al cielo, desdichada Cuba, (¡ue tu suelo tan sólo produjera hierro y soldados... La codicia ibera no tentáramos, no... Patria adorada, de tus bosques al aura embalsamada es al valor y á la virtud funesta.

Peligroso asunto es este que trata nuestro poeta. Empapado en las ideas de la revolución francesa, con el ejemplo de todos los pueblos sud-americanos,. que se habían emancipado de la metrópoli, desea y pide la libertad y la independencia de Cuba, conspira por alcanzarla,

(¿ue no en vano entre Cuba y Ksiiaña tiende inmenso sus olas el mar;

y viendo la inutilidad de sus esfuerzos^ censura la molicie de su pueblo, reniega de su clima ardoroso y enervante, y se refugia en los Estados Unidos del Norte,, donde se conceptúa libre de tiranos y esclavos, sin escuchar el crujir de los azotes ni las lamentaciones del oprimido.

Por esta época el país que tomaba por modelo, llevaba en su seno escondida la serpiente de la esclavitud, con lo cual dicho queda que había allí- también señoresy esclavos.

S6 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

Pero :por qué detenernos más tiempo en estos versos políticos: Todos ellos, ó casi todos ('•'■), son intachables en su forma, y contienen bellezas dianas de estudiarse. Heredia es un poeta expansivo y en las magníficas descripciones que traza, raya á grande altura. Sus lamentos de dolor, puede que tengan algo más de convencionales que de ciertos- pero no es posible dejar de reconocer que, ficticios ó verdaderos, están expresados con gallarda dicción y con fino y levantado estro.

«£1 presentimiento de una enfermedad terrible, — dice Cánovas del Castillo, — antes que la enfermedad apareciese, tendió un velo de honda y dolorosa melancolía sobre todos los sentimientos y todos los pensamientos de Heredia. Aquel cuerpo cobarde y aquel valiente espíritu; la materia sedienta de reposo, y el espíritu que incesantemente anhelaba por movimiento y acción; el cuerpo ([ue se quedaba y el

(*) Heredia, valga la verdad, fué el poeta más revolucionario ciüjano.

JOSÉ MARÍA I)K IIEREDIA 87

alma que se iba; emprendieron así una tremenda lid, fecunda en ayes, en gritos de desesperación, en gotas de llanto, y para avivarla, hervían en derredor de aquella naturaleza agonizante, como visiones de calentura, el patriotismo, el amor y la gloria que vino á alumbrar como tibio sol de invierno, la vida de Heredia, la curiosidad devoradora de las ciencias, los mortales halagos de las mujeres, la vanidad y el despecho, la generosidad, la ambición y la ternura. A los diez y siete años Heredia era un caos; sus hombros no podían sostener su cabeza, y el peso de ella inclinaba su cuerpo á la tierra, como al fruto demasiado, se doblan y caen tronchadas tal vez las ramas tiernas y el árbol de flacas raíces» ('•'). Hizo Heredia algunas traducciones é imitaciones notables, luchando en ellas su propio talento é inventiva con las bellezas del original. En el canto á Napoleón de Delavigne, notamos este rasgo,, digno de un poeta castellano:

Vanamente en las lides ya te fuera la España generosa, de gloria y de peligros compañera,

(*) Cánovas del Castillo. — Revista Española de Aiir >.7 Mundos.

^8 LA POESÍA LÍRICA KN CL HA

esclava la anhelaste...

Mas, no, sus sacerdotes, sus guerreros

á la lid mutuamente se excitaron

supersticiosos, fieros,

los pueblos al clamor se levantaron...

los hijos nobles de Pelayo fuerte.

Entre las traducciones merece también citarse este rasgo feliz de una poesía -de Hugo Foseólo, que vertió asimismo á nuestra lengua el erudito Menéndez Pelayo:

el caro nombre

conserva el mármol ó la piedra humilde, y árboles odoríferos, floridos con blanda sombra las cenizas bañan... Sólo quien al amor negó su pecho se encuentra en la tumba...

Su polvo cubren los cardos y ominosa ortiga, que sobre las reliquias de los muertos jamás brotaron apacibles flores si no las riega del afecto el llanto.

Debátase por algunos si es ó no, en efecto, una imitación del poema de Legouvé Les fuerites des femtnes, el que bajo idéntico título dio á la estampa el ■cantor del Niáeiara. Para nosotros no hay duda. La obra de Heredia tiene pasajes notables, quizás algunos de ellos originales; pero el plan y el método empleados

JOSK MARÍA DE IIEREJHA 89

an la composición, y el asunto que comprende, todo es del poeta francés. Su mismo autor así nos lo manifiesta, cuando ■asegura que «se resolvió á componer un poema bajo el mismo plan, imitando en •él algunos trozos felices... porque no es justo adornarse con joyas ajenas, sin confesar á quien pertenecen».

Concluyamos.

El poeta de Santiago de Cuba es el más notable de cuantos pulsaron la lira en la infortunada tierra de Hatuey. Había estudiado profundamente á Quintana, según Cánovas del Castillo, á quien debió su consistencia y su flexibilidad admirable, sus cortes atrevidos, sus pausas de íirmonía, todo lo que presta á sus cantos los mejores acentos de la musa castellana. Heredia lleno de fe y de inspiración, se atreve á luchar con Quintana; le toma sus giros, sus arranques, lo sigue más bien <]ue lo imita, con más intento de vencerlo <iue de someterse á él. Y justo es decirlo, Heredia sale glorioso de la lucha; su silva al Niágara puede compararse con cualquiera de las de Quintana, aunque sea con la del Mar, ó con la de la /;///;r///¿z (■'').

["') Kez't'sta Jisfiaüola de .\iiibos Mundos.

90 LA roEsiA lírica en cuba

Dice Piñeyro, en sus Estudios y conferencias, que llamarle el primer poeta de América, sería quizás mucho aventurar y provocar inútiles comparaciones; pudiendo, empero, afirmarse que ningún vate ni en el Norte ni en el Sur del mundo de Colón, se remonta más alto que él en sus buenos momentos-, ni Bryant ó Longfellow, Bello ú Olmedo, pueden, en conjunto, considerarse con más estro que Heredia. Superior á Zequeira y Ruvalcaba, sus antecesores, se manifiesta grande y sublime cuando describe; apasionado y tierno cuando llora la inconstancia de su amor, la soledad de su alma ó la desventura de la patria. Afean sus versos algunas asonancias, fáciles de evitar; pero que por lo que se repiten en casi todas sus composiciones, vienen á formar parte de la fisonomía poética de este autor, también se notan algunos prosaísmos y figuras harto atrevidas, que en buena lógica no pueden admitirse, como aquella, en la (jue, dirigiéndose al sol, le llama padre del ser y del amor y de la vida... Todo esto quizá tenga su explicación en lo efímero y agitado de su existencia, en lo revuelto de su vida de conspirador y de emigrado. Con más calma y sosiego

JOSÉ MARÍA DE HEREDIA 9 I

hubiera purgado sus versos de estas pequeñas faltas, que, á pesar de serlo, en nada empañan ni amenguan el mérito extraordinario de este

<. astro eclipsado en su primer mañana,.

como poéticamente le llama su compatriota Tula ((lertrudis Ciómez de Avellaneda).

Bello, en su Repertorio americano , juzga que los cantos de nuestro bardo, guardan cierta semejanza con los de Byron, por el tinte melancólico y sombrío que los domina, y el enérgico y varonil esfuerzo que revelan... No lo negamos; pero habrá de convenir con nosotros el que leyere, que la entonación briosa de sus cantigas, su brillante forma y lujoso atavío de voces y vocablos, es enteramente castellana y se refleja en las odas de Rioja, Quintana y Gallego, como así lo reconoce Menéndez Pelayo, añadiendo (jue fué Heredia un poeta de estro fácil y abundante y de limpio y terso lenguaje, viviendo El Huracán y £1 Nirígara, cuanto dure la hermosa lengua castellana.

92 LA POESÍA ÚRICA EN CUBA

Menéndez Pelayo — véase su Antología de poetas hispano-atiiericanos , — reconoce que fué Heredia el primer lírica del parnaso cubano, aclamado así por la crítica europea, siendo la fortuna con que corrieron sus versos, igual, por lo menos, á su mérito. Dice el ilustre montañés, que muchos de los defectos de nuestro poeta, se deben á Cienfuegos, á quien de continuo imitaba, superándole en muchas ocasiones, porque su vaga sensibilidad y melancolía, en Heredia, eran más ardientes y viriles que en su modelo. Cita, á este propósito, algunos versos de La Primavera (poema de Cienfuegos que tiene grandes bellezas descriptivas, ahogadas por insufribles rasgos de sentimentalismo), y luego copia otros de Heredia, reconociendo que si bien «es evidente el modelo, la originalidad del cantor del Niágara es tan vigorosa, que aun viéndose en él rastros del estilo de Cienfuegos... todavía le queda un sello de independencia y de vida poética propia, la cual se cifra en la expresión de su carácter, apasionado y vehementísimo».

Para Menéndez, un corto número de versos de Heredia «desafían impávidos

ÍOSK MAKIA DK HERKDIA

todos los cambios de gusto y ostentan la misma belleza que el día en que nacieron. Algo de inmutable y perenne debe de haber en ellos.»

Gertrudis Gómez de Avellaneda

Miiui vilat morí.

De muy antiguo nos viene, y eso halará de perdonársenos si en panjuedad incurrimos, mirar con cierta prevención toda obra de mujer antes de examinar el mérito que encierra. V decimos esto, no porque abriguemos la opinión, por demás absurda, desacreditada ya, de que toda clase de ilustración es perniciosa á las mujeres, sino porque, acostumbrados á leer páginas detestablemente escritas y firmadas por nuestras modernas poetisas, temerosos andamos, siempre que á nuestras manos llegan sus" producciones, como aquel que engañado una vez, trata de precaverse y percatarse contra nuevo engaño. Mas no sucede esto, y alejamos

96 IV rOK.SÍA LÍRICA KN CUKA

del ánimo toda sospecha, deleitándonos en su lectura, si tropezamos con las obras de Carolina Coronado, Fernán Caballero }' otras, entre las que encontramos muy gustoso mencionar aquí á la Sra. Pardo Bazán, gallega de nacimiento, á lo que sabemos, }■ castiza por sus cuatro costados, y muy discreta y atinada en el plan y desempeño de sus obras, y la que ocupa, por su talento y su ilustración, uno de los más codiciados puestos de nuestra literatura contemporánea.

En nuestra patria, á pesar de la afición á la amena lectura que tiene el bello sexo, y la no pequeña inclinación al estudio de los idiomas extranjeros, vemos, con no poca extrañeza, que muy contadas son las que despuntan por hacer versos, aunque muchas se atrevan á publicarlos con indiscreto alarde. Empero, el parnaso cubano, cuenta con celebradas poetisas, y servir puede de ejemplo Luisa Pérez Montes de Oca, viuda á estas fechas de Ramón Zambrana, médico, catedrático, periodista y literato, todo ello con mejor voluntad que desempeño ('••). También Raquel (Matilde Tron-

(*) Debemos reconocer su l^enéfica ¡nfliiencia en la-- Ictras de Cuba. Era linmbrc estudioso y discreto, pero

CERTRIDIS GÓMEZ 1)K AVELLANEDA 97

coso) escribe con alguna corrección, pero lo hace, por lo general, en prosa, aunque con el tono altisonante del misticismo que arroba su alma profundamente cristiana. Y si no estuviéramos convencidos de que el cumplimiento de los deberes domésticos y conyugales no está reñido, ni tiene para qué estarlo, con el cultivo y afición á las Bellas Letras, nos alejaría de toda duda el estudio que intentamos hacer de la vida y de las obras de Gertrudis Gómez de Avellaneda, á quien concede D. Juan Xicasio Gallego «la primacía sobre cuantas personas de su sexo han pulsado la lira castellana, así en este, como en los pasados siglos.»

Había cumplido diez y ocho años — dice la Avellaneda en sus memorias — v

<le estro. Escribió mucho, y entre tantos prosistas como hubo en Cuba, bien puede Zanibrana figurar honrosamente. Compuso poesías regulares, algunas de ellas estimables. Tiene un romance por demás sonoro que comienza así:

Pues es crisol del idioma

el primoroso romance,

donde el estilo se pule

y se ennoblece la frase, etc.

9'j I-A roKsiA lírica en cura

excepto leer y escribir, y representar tragedias, nada sabía. Todos los desvelos de mi madre por hacerme progresar en ]a música y el dibujo no habían podido llevarme más lejos que á locar de memoria algún vals, á cantar algunas arias de Rosini con más expresión que arte, y á pintar mal algunas flores. Mi maestro de aritmética me había declarado incapaz de conocer los números; mi profesor de gramática me decía que era imposible hacerme comprender una sola regla; en fin, cuantos se habían encargado de mi educación parecían convencidos de mi ineptitud para todo; y, sin embargo, yo escribía y hablaba con más corrección de la que es común en mi país, y, no obstante mi natural desidia para aprender, tenía sed ardiente de saber, y leía mucho y pensaba mucho.»

Tales son los rasgos fisonómicos con que ella misma se nos presenta. Este abandono, el poco apego á los estudios serios y formales, todo debía desaparecer bien pronto, pues á los veinticinco años de edad, dejándose en Cuba su soñadora pereza é indolencia, establecida en la corte, respirando en aquella atmósfera de estusiasmo que reinaba entonces,

cERTKi'Dis (;üMr./. m: avki.i.axkda 99

su alma se enciende en viva luz, su mente se inflama y brotan de su pluma poesías llenas de inspiración y de buen gusto; ■estudia con afán nuestra lengua, sorprende sus más bellos encantos en las obras de nuestros poetas, y llama hacia sí la admiración de todos.

¡Perla del mar, estrella de Occidente, hermosa Cuba, tu brillante cielo la noche cubre con su opaco velo, ■como cubre el dolor mi triste frente! -jVoy á partir!... La chusma diligente, para arrancarme del nativo suelo, las velas iza, y pronta á su desvelo la brisa acude de tu zona ardiente. ] Adiós, patria feliz, edén querido! Doquier que el hado en su furor me in\i)ela tan dulce nombre halagará mi oído. ¡Adiós!... Ya cruje la turgente vela... el ancla se alza, el buque estremecido, las olas corta y silencioso vuela.

;No es verdad que esta composición tiene todo el perfume de nuestros mejores poetas del siglo xvii? Pero la Avellaneda había nacido en otra época, y llevaba en el fondo de su alma el germen de todo pesar; ese no sé qué, mezcla de fastidio y abatimiento (jue todos sentimos, cuando contemplamos la pasmosa rapidez con cjue pasan las risueñas y ale-

loo LA rOESIA ÚRICA EN CURA

gres horas de la juventud. Ejemplos de esto son La Contemplación, La Luna y lil Cenicnt'j'io; reconócelo ella así, cuando en otro de sus mejores sonetos exclama:

En vano ansiosa tu amistad i)i"ocura adivinar el mal que me atormenta; en vano, amigo, conmovida intenta revelarlo mi voz á tu ternura.

Puede explicarse el ansia, la locura con que el amor sus fuegos alimenta... puede el dolor, la saña más violenta exhalar por el labio su amargura.

Mas de decir mi malestar profundo no halla mi voz, mi pensamiento, medio, y al indagar su origen, me confundo;

pero es un mal terrible, sin remedio, que hace odiosa la vida, odioso el mundo; que seca el corazón... en fin, ¡es tedio!

No hemos de buscar el fundamento de estas quejas, el motivo de estos disgustos. A poco que nos detuviéramos á analizar todas las vici.situdes por que pasó^ sobrados desengaños hallaríamos; pera no queremos ir tan allá, nos basta reconocer su mal, saber que esa enfermedad no se apoderó solamente de la Avellaneda, sino que la llevamos inoculada en nuestra sangre los que en este siglo nacimos; que es una dolencia general,

GKRTRUDIS GOMKZ DK AVKI.I.ANKDA lOI

hija tal vez del estado de duda en que nos hallamos, rota y maltrecha la estatua de la fe, por esa fiebre de saber y de investigación que nos devora. En otros tiempos, cuando se apoderaba de nuestro espíritu, en las soledades del claustro hallábase su remedio, y allí entre mil salmodias religiosas, entre aquellas nubes de incienso que se elevaban al cielo, iluminados por la incierta luz que penetraba por los cristales de colores (]ue cerraban el gótico rosetón, el ánima apesarada y dolorida recobraba la salud, y se volvía con nuevo esfuerzo y brío, á la tarea de la vida. Hoy... el bullicioso ruido de los talleres, el crujir incesante de la locomotora, que nos llama y anuncia constantemente las grandezas de este siglo, hoy, cuando el ansia del saber nos sumerge en el mar borrascoso de la duda y sentimos en el fondo del corazón ese tedio que hace odiosa la vida y odioso el mundo, según la frase del poeta, todos esos portentos de la civilización que alcanzamos, brillante, deslumbradora y gigantesca, no nos dan la paz deseada, no nos curan nuestro espíritu enfermo y triste, no nos dejan ¡sabroso engaño! ser felices y vivir dichosamente.

I02 LA poesía lírica EX CUUA

Pero volvamos á abrir el libro, y así encontraremos consuelo á nuestros pesares. Oídla en la muerte de Heredia:

Voz pavorosa en funeral lamento desde los mares de rai patria vuela á las playas de Iberia; tristemente en son confuso la dilata el viento; el dulce canto en mi garganta hiela, y sombra de dolor viste mi mente. ¡Ay! que esa voz doliente, con que su pena América denota, y en estas playas lanza el océano, , Murió, pronuncia, el férvido patriota! ¡Murió, repite, el trovador cubano! Y un eco triste en lontananza gime: ¡Murió el cantor del Niágara sublime!

¡Patria, numen feli?, nombre divino, ídolo puro de las nobles almas, objeto dulce de su eterno anhelo! Ya enmudeció tu cisne peregrino... ;(^uién cantará tus brisas y tus palmas tu sol defuego, tu brillante cielo?

¡Silencio! de los hados la fiereza no recordemos en la tumba helíída, que lo defiende de la injusta suerte. Ya reclinó su lánguida cabeza, de genio y desventuras abrumada, en el inmóvil seno de la muerte. rQué importa el polvo inerte, que torna á su elemento primitivo ser en este lugar ó en otro hallado?

CERTRl'DIS {'.ÓMEZ DE AVELLANEDA IO3

¿Yace con él el pensamiento altivo?

No más, no más lamente destino tal nuestra ternura ciega, ni la importuna queja al cielo suba... ¡Murió!... A la tierra su despojo entrega, su espíritu al Señor, su gloria á Cuba; ¡que el genio, como el sol, llega a su ocaso 'dejando un rastro fúlgido a su paso!

¡Qué rasgos tan sublimes de sentimiento! ¡Qué versos tan hermosísimos! No cabe más dolor, más conformidad cristiana. ¿Y hemos de entretenernos en examinar todas sus obras? Si tratáramos de un poeta desconocido ú olvidado, nos ocuparíamos más en el examen de sus versos; pero hablando de la Avellaneda, á quien todos admiran y conocen, debe sernos permitido no entrar en perfiles críticos, al presente innecesarios, y, á la postre, poco adecuados á la índole de este libro.

Enrique Piñeyro, que es, sin disputa, un excelente crítico, al darnos noticia de la muerte de esta celebrada poetisa, hace algunas consideraciones acerca de sus obras, muy dignas, como suyas, de tenerse en cuenta. En cuanto al carácter peculiar de su lírica, estamos conformes en afirmar como notas características la

I04 LA poesía lírica en cuba

virilidad, la fuerza 3- el vigor, hasta el punto que, como asegura Piñeyro, si no supiéramos el nombre del autor, no se nos pasaría por las mientes atribuirlo á una mujer. Después de algunas indicaciones sobre el teatro de la Avellaneda, en que compara el Alfojiso Munio y el Saúl á las tragedias de Alfieri, el más viril y crudo de los poetas italianos, concluye de esta manera: «Nadie en Cuba ni en el resto de la América latina, ha escrito como ella. Xi Barat, ni el mismo Bello, á pesar de su cabal conocimiento de la lengua y de su sintaxis, supieron penetrar tan completamente hasta la esencia del genio literario español, y encontrar sin esfuerzo acentos tan genuinamente castellanos, tan parecidos á los de Herrera y I>uis de León, sin pedantesca afectación de arcaísmo, con todo el calor y el vigor de savia moderna.»

Nació Gertrudis Gómez de Avellaneda en 1 816 en la ciudad de Puerto-Príncipe, y muy joven aún, empezó á distinguirse por sus buenos versos; pero el

(;ER'rRii)is (;(')MKZ dk avi:i.i.anki>a 105

genio necesita mayor espacio donde tender sus alas, y la inspiración robusta y varonil de la hija del Camagüey, se ahogaba en el estrecho círculo de su pueblo natal, y por eso la vemos correr á Europa, establecerse en Madrid, y allí, estudiando con detenimiento las obras de los maestros, trabando amistad con los más distinguidos literatos, recoger señalados triunfos en el Liceo, ser aplaudida ■en el teatro ('•') y coronada de laurel y

(*) Entre sus obras dramáticas, la que más fama goza es la titulada Al/oiiso Micnio. Cuéntase de ella, que, asistiendo á una de sus primeras representaciones cierto ncadémico, tuvo la buena ocurrencia de exclamar, notantío la valentía de los versos y lo pujante de la frase: ;Es mucho hombre esta mujer!».

No sólo en los Ateneos de la corte halló tal acogida. A su regreso á Cuba después de algunos años, relata el Sr. Balmaseda el recibimiento que se le hizo en el Liceo <!c la capital. «La Habana ha presenciado, llena de júbilo, lina de esas grande? solemnidades que forman época en ia historia de los pueblos y que son, sin duda, sus más bellos títulos de gloria. El Liceo, legítimo representante de las letras en Cuba, quiso enaltecerlas, otorgando una corona de laurel de oro á la poetisa eminente señora D." Gertrudis G. de Avellaneda, nacida en nuestro suelo. Delante del Excmo. Sr. Presidente, en una mesa con tapete de damasco, se veía la rica corona. En una de sus cintas se hallaba esta inscripción: El Liceo de la Habana á Gertrudis Gómez de Avellaneda. Año de 1S60. Reinó un instante profundo silencio, y adclantáii- <lose el Sr. Betacourt, leyó un discurso en que hizo resaltar las eminentes dotes de nuestra renombrada pcetisa. En seguida la Sra. de Zambrana nos hizo oir un soneto que había improvisado; D. Francisco Gil Miranda recitó

lOÓ LA POESÍA LÍRICA EN CUEA

oro en nombre de D.^ Isabel de Borbón. «La corona triunfal del Tasso — dice Pastor Díaz — había adornado solamente un ataúd; el áureo laurel de nuestra escritora fué su guirnalda nupcial; guirnalda, empero, que estaba fatalmente destinada á colocarse también en el mármol de un sepulcro.» Y así fué; casada con D. Pedro Sabater, diputado á Cortes y jefe político en aquella época, vio sonreír la muerte en los umbrales de su matrimonio. Pero llegó entonces en auxilio suyo el ángel de la religión, y en su viudez y desconsuelo se encerró por algunos meses en el convento de Nuestra Señora de Loreto, en Burdeos, fortaleciendo su fe con la vida austera del claustro y las meditaciones de la soledad. Y aunque aparece de nuevo en

una oda compuesta por Fornaris y otra de Zafra. Lo avanzado de la hora no permitió continuar la lectura de las demás poesías; y poniéndose en pie el Excelentísimo ?r. Presidente y cuantos en escena estábamos, tomó S. E. la corona, pasándola á manos de la Condesa de Santo-Venia y Sra. de Zambrana, quienes la colocaron en las sienes de la ¡lustre poetisa, hiriendo el aire al mismo tiempo un himno, letra de Betancourt y música del profesor García. Al terminar el canto, la Avellaneda, visiblemente conmovida, se adelantó al proscenio y pronunció una preciosa poesía llena de sentimiento, quedando ahogadas sus últimas frases por los entusiastas aplausos de la concurrencia.

GERTRrOIS GÓMEZ DE AVELLANEDA IO7

Madrid, nótase de seguida en sus producciones cierto tinte melancólico, marcándose señaladamente en ellas, la exaltación religiosa que se había apoderado de su espíritu.

Después, serios disgustos con motivo de una resolución tomada por la x\cademia, en hora en (jue había presentado su candidatura, hicieron que nuestra poetisa, llevada de desdeñosa soberbia, escribiese los artículos intitulados La Mujer y el drama Oráculos de Talla, en los cuales se echa de ver la impresión que este suceso había producido en su alma.

Contrayendo segundas nupcias á los nueve años de su viudez, con el coronel de artillería D. Domingo Verdugo Massieu, vio deslizarse los tres primeros años de esta unión entre placeres y alegrías. Pero nada hay eterno en este mundo. El monstruo de la política había envuelto en sus redes á Verdugo, y á la caída de O'Donell, fué víctima de un atentado, que le puso á los bordes del sepulcro.

Las brillantes muestras de consideración y de aprecio que recibía de todas partes, no eran punto á disipar la amarga zozobra de su ánimo, y después de

lOS LA POESÍA LÍRICA KX ClIiA

veintitrés años de ausencia, con la esperanza de que el cambio de clima favoreciese á su querido enfermo, atravesó el Atlántico, voló á Cuba, y allí recibi6 mayores muestras, si cabe, de la estima que todos indistintamente le profesaban. Inútil afán y engañoso remedio. Ni la influencia del clima, ni los cuidados de su consorte, fueron bastante á detener el curso rápido y fatal de la enfermedad de Verdugo, que le preparaba un desenlace funesto, y acaecida su muerte, vistió la Avellaneda la negra toca de la viudez^ pasó á la Península, estableciéndose en Sevilla, donde vivió hasta que en 1873, con general sentimiento de todos los amantes de las letras, dio el último adiós á la vida.

De propósito no hemos señalado detenidamente sus obras, que son muchas para hablar de ellas con tan poco sosiego, como escribimos, y muy importantes las más para ser tratadas por nuestra humilde pluma. Celebrada por Villemain, que la llama heredera de la lira de Fray Luis de León; elogiada por Durien; aplaudida por Quintana, (Tallego y otros varones no menos distinguidos en la república literaria, :qué nos resta decir á nos-

GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA IO9

Otros en alabanza suya y en provecho de sus obras...? ('•')

Concluyamos estos breves apuntamientos y esbozos, repitiendo con Pastor Díaz:

«P\ié uno de los poetas más ilustres de su nación y de su siglo; fué la más grande entre las poetisas de todos los tiempos; fue uno de los escritores que más realzaron el lustre y la majestuosa pureza del habla castellana; fué una mujer muy hermosa; fué hija y hermana ejemplar, fué excelente esposa, fué buena, constante y tierna amiga.»

(*) «Como poetisa lírica, la Avellaneda ha sido magistral y definitivamente juzgada por nuestro D. Juan Valera, y á nadie y menos a un discípulo suyo, como el c^ue esto escribe, identificado casi siempre con sus ideas estáticas, puede ocurrir la mala tentación de añadir ó restar nada de tal estudio, uno de los más esmerados que !;an salido de su pluma. No sólo concede el Sr. Valera .1 la Avellaneda la primacía que ya le otorgó D. Juan Nicasio Gallego sobre cuantas personas de su sexo han pulsado la lira castellana, así en óste como en los pasados siglos, sino q>ie llega en su razonado entusiasmo hasta declarar que nuestra poetisa no tiene rival ni aiui fuera de España, á no ser que retrocedamos hasta las Safes y Cerinas de los más gloriosos tiempos de Grecia, ó busquemos en la Italia del renacimiento la gentil figura de Victoria Coloma; y aun advierte el Sr. Valera que los versos de la Avellaneda, como nacidos en edad más reflexiva y de más complicación de ideas, están libres de aquella serenidad eterna, pero algo fría, que tienen los de la Marquesa do Pescara, y mueven más hondamente el alma por la contraposición entre el ideal soñado y la prosaica realidad de las cosas. > — M. Pelavo, Antología.

Sabriel de la Ooncepción Yeldes

(PLÁCIDO)

¿Quién no ha oído nombrar á este desgraciado poetar Es el más popular de toda la América latina; sus cantos corren por todas partes-, los que los ignoran, los adivinan.

Nació en la Habana en i8 de marzode 1809. De condición humilde, tostado color y pelo rizo, sin instrucción alguna, iluminado por el genio, se lanzó al campo de las letras. Su lira, según la feliz expresión de un crítico, semejante á la estatua de Memnón, resonaba al soplo de la brisa. Con más entusiasmo y fe que ningún otro, aspirando á ser poeta clásico, estudió las obras de Martínez de la Rosa, imitándole frecuentemente.

112 LA rOKSIA lírica KN CLBA

Los redactores de Cuba Poética , que todo lo encomian, como si todo fuese digno de aplauso, aseguran, con una candidez que causa risa, y una ignorancia (]ue produce enfado, que los sonetos de Plácido pueden ser comparados á los de Lope, Argensola y Quevedo. Es el soneto una de las combinaciones métricas en que se estrellan los mejores poetas. ;Qué había de suceder á Valdésr En la edición que tenemos á la vista encontramos treinta y dos, y, en Dios y en nuestra ánima, aseguramos que los más nos parecen detestables, y los menos, regulares, y nada más que regulares. Verdad es que ])resentan algunos rasgos felices, como estos tercetos que tomamos del titulado La sombra de Mina delante de Bilbao.

«Añada en mi sepulcro el vate ibero un triunfo más á mi brillante historia.» Dijo la sombra del audaz guerrero; y fijando el laurel de la victoria en las sienes del ínclito Espartero, voló serena al templo de la gloria.

Y también no deja de mostrar belleza de arte en los discreteos de amor que canta:

Mira, mi bien, cuan mustia y deshojada está con el calor aquella rosa

GABRIEL DE LA CONCEPCfOX VALDE.S II3

que ayer brillante, fresca y olorosa, puse en tu blanca mano perfumada.

Que habiendo en este mundo tal mudanza, ¿sólo en tu corazón habrá firmeza?

Son asimismo excelentes estos seis versos con que termina El Canario:

Cubre aquel seno con tus alas de oro, donde oculto el amor placer respira; abre tu pico de coral sonoro; cuéntala el gozo que su edad inspira; y entrega para siempre á la que adoro mi corazón, mis versos y mi lira.

Entre los que citaFornarisen su Libro de elogios múttios, es el mejor el de la Muerte de Gésler , y, sin embargo, notamos en él un verso prosaico y antigramatical, que de propósito señalamos:

Tórnanle á echar las ondas y los vientos.

Por lo demás, el soneto es bueno y merece aplauso. No así sucede con la pampirolada dirigida á D. Martín Arredondo, improvisada, y, por más señas, con acróstico y final forzado. En ella no sabemos qué admirar más si el mal gusto y detestable costumbre literaria del autor, ó la estupidez de quien coleccionó sus

114 LA poesía lírica en cuua

obras. Y para que el lector no vaya á creer que hay exageración en nuestras palabras, vamos á copiarlo aquí:

Al Sr. D. Martín Arredondo

g aicial, feliz, benéfico y human

> pareces sublime y géneros

pO ápido como el rayo estrepites 1-3 olerante en juzgar como Trajan •-H lustre, fuerte, ardiente american 2 aciste á inmediación del yaque undos

> migo dulce, militar glorios 5C asgaste las enseñas del tiran

W n calma sin igual goza adormid

ü el lauro inmarcesible que has ganad

O rgulloso de haberle merecid

Z unca el dolor te aqueje, y extasiad

D ijo querub del cielo descendid

O ine tu frente de arrayan sagrad

¡Mentira parece que en pleno siglo xix pueda imprimirse este soneto en las obras de un poeta á quien se trata de honrarl

«Plácido — dice Salas y Quiroga — es un hombre de genio... un peinetero de Matanzas, un ser humilde... al través de la incorrección de su lenguaje hay chispas que deslumhran, y no conozco poeta

C.Vl'.RIKI. DE LA CONCF.PCI().\ VALDKS II5

íimericano ninguno, incluso Heredia, que pueda acercársele en genio, en inspiración, en hidalguía y dignidad.» No podemos estar conformes con esta opinión. Asegurar que Valdés es superior á Heredia nos parece una blasfemia literaria ó una gnlantería de mal gusto, faltando á sabiendas á la verdad. ¿Y cómo podía suceder otra cosa, cuando su misma condición humilde, su nacimiento, engendro y fruto de ilícitos amores de una bailarina española y un mulato, el abandono de su madre, la pobreza en que cayó el autor de sus días, y la general preocupación que existe en Cuba de mirar, en cierto modo, con mengua y repugnancia á la gente de color, le alejaban de todo comercio literario, de todo trato y bene ficioso estudio, teniendo que trabajar día y noche para alcanzar un mezquino pasar, y no caer en brazos de la miseria? Diga Salas y Quiroga que Plácido tenía un temple de alma extraordinario; que su lira hallaba suaves matices que reflejar en su imaginación candida, apasionada y ardiente; que modulaba dulces canciones que le harán inolvidable; pero déjese por Dios de comparaciones enojosas, que á nada conducen, ni ilustran,

Il6 LA rOESÍA LÍRICA EX CUIJA

ni dan ni quitan más valor al poeta que las inspira, ni al interés que las mueve. Ninguno con más entusiasmo cantó á Cristina y á Isabel, y en el corto espacio de su vida literaria lo hizo trece veces nada menos, exclamando después, en una epístola al marqués de Casa Calvo, con no lúcido estro:

Xo con aquella degradada lira, (le ingratas cuerdas y oropel cubierta con que tan sin razón y sin justicia aplausos suelo prodigar, malgrado de mi fi:l corazón, en voz ficticia celebraré tu mérito elevado.

Xo la adulante hiiinillación me inspira, ni el sórdido interés; jamás mi canto •¿^postró del poder ante las aras, ni su voz imperiosa oyó temblando.

Lo cual no le quitó que el dulce y sentido Milanés escribiese los siguientes versos, en los que se transparenta una alusión bien clara á la conducta del poeta:

¡Torpe! (jue á su pensamiento siendo libre como el viento por alto don; le corta el ala, le oculta y en la Ccárcel le sepulta del corazón.

CAHRIKL DE LA CONCErClÓN VALDES II/

Difícil nos sería escoger aquellas composiciones que libres de defectos estuvieran, y vano fuera nuestro propósito si intentáramos tal cosa. Los versos de este poeta no se distinguen por la corrección, y no en grave apuro nos encontráramos si tratásemos de probar esto mismo. Leed La for de la caña, esta preciosa letrilla, por demás recomendable, y os convenceréis de lo que decimos. Hay en ella gracia, espontaneidad, sentimiento y belleza-, pero hay también prosaísmos, versos defectuosos, ripios y lunares de fácil remedio. Veámosla:

Yo vi una veguera trigueña, tostada, que el sol envidioso de sus lindas gracias, ó quizás bajando de su esfera sacra l)ren(lado de ella, le (|uemó la cara. V es tierna y modesta como cuando saca sus primeros tilos la tlor de la caña.

I>a ocasión primera (]ue la vide, estaba de blanco vestida con cintas rosadas.

Il8 LA POESÍA LÍRICA EX (("ÜA

Llevaba una gorra de brillante paja, que tejió ella misma con sus manos castas, y una hermosa pluma, tendida, canaria, que el viento mecía como flor de caña.

Su acento divino, sus labios de grana, su cuerpo gracioso, ligera su planta; y las rubias hebras que á la merced 7'a<^aii ■ del céfiro, brillan de perlas ornadas, como con las gotas que destila el alba candorosa ríe la flor de la caña.

El domingo antes de Semana Santa al salir de misa le entregué una carta, y en ella unos versos donde la juraba, mientras existiera, sin doblez amarla. Temblando tomóla de pudor velada, como con la niebla la flor de la caña.

(;AI!Uir.I, DK LA CONCEl'CIOX VALDES II9

Hállela en el baile la noche de Pascua; púsose encendida, descogió su manta y sacó del seno confusa y turbada, una petaquilla de colores varias. Diómela al descuido; y al examinarla, he visto que es hecha con ñores de caña.

En ella hay un rizo que no lo trocara por todos los tronos que en el mundo haya; un tal)aco puro de Mauicaraiiiia^ con una sortija que ajusta la cafa; y en lugar de tripa, le encontré una carta para mí más l)ella (jue la flor de caña.

No hay ficción en ella, sino estas palabras: «Yo te quiero tanto como tú me amas.» En una reliquia, de rásete blanca, al cuello conmigo la traigo colgada

I20 LA rOESIA lírica EN CLHA

y SU tacto quema como el sol que abrasa en julio y agosto la flor de la caña.

Ya no me es posible dormir sin besarla, y mientras que viva no pienso dejarla. Veguera preciosa, de la tez tostada, ten piedad del triste que t^nto te ama, mira que no puedo vivir de esperanzas sufriendo vaivenes como flor de caña.

Juro que en mi pecho con toda eficacia guardaré el secreto de nuestras dos almas; no diré á ninguno que es tu nombre Idalia; y si me preguntan los que saber ansian quién es mi veguera, diré que te llamas, por dulce y honesta, la flor de la caña.

No es, ciertamente, esta poesía la más popular y aplaudida que escribió. Su Adiós a la lira y la Plegaria á Dios son

GABRIEL DE LA CONCEl'CION VALDES 121

las que de mayor fama gozan, y no sin fundado motivo, pues las circunstancias en que fueron escritas, las angustias y desvelos de Plácido, la próxima terminación de su vida y el valor intrínseco de estas dos composiciones, bastan á justificar la nombradla de que gozan.

Pero copiémoslas aquí, y así podrá formarse de ellas mejor idea el que leyere:

ADIÓS Á MI LIRA

No entre el polvo de inmunda bartolina quede la lira que cantó inspirada, de lirios y laureles coronada, la gloria de Isabel y de Cristina; la que brindó con gracia peregrina la siemprei'iva al cisne de Granada; no yazga en polvo, no, quede colgada del árbol santo de la Cruz divina.

Omnipotente vSer, Dios poderoso, admitidla, vSeñor, que si no ha sido •el plectro celestial esclarecido con que os ensalza un querubín glorioso, no es tampoco el laúd prostituido, de un criminal perverso y sanguinoso; vuestro fué su destello luminoso vuestro será su postrimer sonido.

Vuestro será. Señor; no más canciones profanas cantará mi estro fecundo; i6

122 LA poesía LÍRICA EN CUBA

;ay! que me llevo en la cabeza un mundo; un mundo de escarmiento y de ilusiones; un mundo muy distinto de este sueño, de este sueño letárgico y profundo, antro quizás de un genio furibundo; sólo de llantos y amargura dueño.

Un mundo de pura gloria, de justicia y heroísmo, que no es dado á los profanos presentir, mundo divino que los hombres no comprenden» que los ángeles han visto, y aun con haberlo soñado no lo comprendo yo mismo, ¡Acaso entre breves horas, cuando divise el empíreo postrado ante vuestro trono, veré mis sueños cumplidos! Y entonces, vueltos los ojos á esta mansión de delitos, os daré infinitas gracias por haber de ella salido. En tanto, quede colgada la causa de mi suplicio: es un ramo sacrosanto ('el que hicisteis vos divino,

¡Adiós, mi lira! A Dios encomendada queda de hoy más,., ¡adiósl.,. ¡yo te bendigo! Por ti, serera el ánima inspirada, desprecia la crueldad c'e hado enemigo; los hombres t2 verán hoy ccns.igrada; Dios y mi último adiós queden contigo;

(JAHRIEL DE LA CONCEPCIÓN VALDES 123

que entre Dios y la tumba no se miente. jAdiós, voy á morir!... ¡muero inocente!

PLEGARIA A DIOS

Ser de inmensa bondad, Dios poderoso, 4 vos acudo en mi dolor vehemente, extended vuestro brazo omnipotente; rasgad de la calumnia el velo odioso, 3' arrancad este sello ignominioso con que el mundo manchar quiere mi- frente.

Rey de los reyes, Dios de mis abuelos, vos solo sois mi defensor, Dios mío; todo lo puede quien al mar bravio olas y peces dio, luz á los cielos, . fuego al sol, giro al aire, al norte hielos, vida á las plantas, movimiento al río.

Todo lo podéis vos, todo fenece, ó se reanima á vuestra voz sagrada; fuera de vos. Señor, el todo es nada, que en la insondable eternidad perece; y aun esa misma nada os obedece, pues de ella fué la humanidad creada.

¡Vo no os puedo engañar, Dios de clemencia! V pues vuestra eternal sabiduría ve á través de mi cuerpo el alma mía, cual del aire á la clara transparencia, estorbad que, humillada la inocencia, bata sus alas la calumnia impía.

124 I'A poesía lírica en CIHA

Mas si cuadra á tu suma omnipotencia que yo perezca cual malvado impío y que los hombres, mi cadáver frío ultrajen con maligna complacencia, ¡suene tu voz y acabe mi existencia! ¡Cúmplase en mi tu voluntad, Dios mío!

También merece citarse con particular encomio su precioso romance Xiconental, obra acabada y correcta, si se tiene en cuenta la miserable situación de su autor y el desamparo en que vivía. Abandonado por su madre, burgalesa desnaturalizada, que miraba en eí color de su hijo un oprobio; siendo su padre, de oficio peinetero, con pocos y escasos elementos de vida, pasó su infancia en los linderos de la miseria,, cercado de estrechez y ruindad. De ahí que su educación fuese descuidada en extremo, y que él mismo apellidase á sus versos «flores de un ingenio sin cultura»; pero su nativo y delicado gusto, su instinto de forma, su alma sensible de poeta, le hacían vislumbrar mayores y más dilatados horizontes. A ello contribuyeron Valdés Machuca, (xonzález del Valle y otros literatos, proporcionándole libros, de los que él se valió con más afán que provecho, pues faltáronle di-

(íabriel de la concepción valdes 125

rección y acierto en sus estudios. Por eso se enamoró del falso brillo de Martínez de la Rosa, á la sazón muy en boga, y á quien hoy, con más reposado ánimo, juzgamos todos como buen hablista y, sin negar sus méritos, limitamos algo más nuestro elogio.

Empero, Plácido fué uno de los más inspirados hijos de Cuba. Su popularidad fué grande no sólo en la isla, sino en toda la América, y, salvando distancias, su nombre es conocido en Europa, porque fué «raro en todo, en su origen, en su genio y en su muerte». Muchos críticos reconocen que el mismo Heredia no estuvo naturalmente dotado de tan primorosas facultades, y es de lamentar que las circunstancias á que aludimos, no le hayan dejado tiempo ni condiciones buenas para su perfecto y completo desarrollo, pues alejado casi por completo de todo comercio literario, con pocos libros en que estudiar, sin amigos ni maestros hábiles, no llegó, en el breve espacio de su desgraciada vida, á proporcionarse esos indispensable medios de subsistencia que al par que cubren las más apremiantes necesidades del vivir, conceden tiempo y vagar para

126 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

el cultivo de las relaciones sociales tan provechosas á todo individuo. Pobre peinetero de oficio, mulato de condición, sin estudios ni cultura, vino á proporcionarse tarde y mal algunos conocimientos, y por eso le vemos imitar á unos y otros, sin rumbo fijo, sin estilo propio, y sin convicción alguna; pero siempre seduciendo á todos por su espontaneidad, por lo gallardo y lozano de su imaginación, por su fino oído, por su estro brillante é inspirado. Incorrecto en la forma, desleído en la frase, es siempre dulce, apasionado y tierno en el fondo. Los defectos en que incurre, pueden perdonársele en gracia á la situación en que se hallaba.

¡Quién sabe!

¡Si hubiera hallado una mano protectora, un inteligente Mecenas, acaso sería hoy la representación más conspicua de la poesía lírica en América!

Murió Plácido fusilado el día 28 de junio de 1844*, i-inos versos patrióticos que dicen escribió y que corrieron manuscritos le llevaron á la cárcel; una delación de José de la O. le hizo caer en las garras de un tribunal odioso; las gentes de su raza eran entonces objeto de persecución

CAimiEl. DK I.A (■ONCEPCI()N VAI.DKS I 27

y recelo-, y las sospechas de las comisiones militares formadas por el más tarde Duque de Tetuán, á la sazón Capitán general de la isla, le condujeron desgraciadamente á tan triste fin. Los procedimientos inquisitoriales de aquel gobierno no supieron respetar la vida de Plácido, hallando así la muerte, quien por su talento, por su poderosa imaginación y brillante estro, debía ilustrar la historia de su patria.

Mucho se ha escrito sobre estos sucesos (jue forman una página negra en nuestra historia colonial. El mismo Menéndez Pelayo, nada sospechoso por cierto, reconoce que reina en esta parte gran obscuridad, y que autores muy graves y muy españoles y muy informados de las cosas de la isla, sostienen que hubo en aquel proceso espantosas iniquidades jurídicas; llegando á apuntar que para algunos sólo existió en las recelosas sospechas de los gobernantes semejante conspiración.

Más expresivo Calcagno, como que le toca más de cerca, como cubano que es, pero no menos justo y sincero en sus apreciaciones, al hablar de estos acontecimientos lo hace del siguiente modo:

128 LA POESÍA LÍRICA EN CUliA

«Muchos han negado que existiera el más leve indicio de conspiración y han temido que la vindicta divina viniera á pedir cuenta de ese crimen social: entre estos, La Luz, á quien tocó de cerca, siempre sostuvo que en la conspiración de la Escalera no hubo negros criminales sino negros poseedores, ó amos que tendrían que rescatarlos. Dos delaciones, siempre arrancadas por el tormento, bastaban para caer en las garras de la despiadada Comisión, y numerosos fueron los casos de personas libres que al saberse solicitadas, se suicidaron antes que entregarse: sabían que la inocencia no los garantizaba y que una vez en manos del horrible tribunal, serían llevados á la escalera, donde el látigo funcionaría hasta arrancarles algunos nombres. En Güines se dio el tristísimo caso de un hijo, forzado por el dolor, delatando á su padre, sastre honrado y director de orquesta, que murió bajo el tormento sin hablar palabra: todavía se recuerda allí con dolor al Maestro Pepe. En Matanzas, una mujer que, aparte de ser mulata cubana, era señorita, delató, inducida por el terror, á sus dos hermanos; fué después concubina de uno de los fiscales

GAÜRIEI, DE LA CON'CEI'CION VAI.DES I 29

y murió demente en San Dionisio, mucho antes de la traslación del hospicio á iMazorra; algún día, con más datos, escribirá alguno la triste historia de Hortensia López la Matancera. Cuenta un autor peninsular que cuando la prisión de Plácido ya se habían dictado 3,000 sentencias sin pruebas; necesitaríamos un volumen para narrar los tenebrosos episodios <]ue no han sido escritos. Jamás en Inglaterra contra católicos, ni en Francia contra hugonotes, ni en España contra moros ó judíos se desplegó una saña tan friamente cruel como la que exterminó á esa raza indefensa. «Más de mil negros, dice la Revista de Boston North Ameritan Revieiv, tomo 68, 1849, murieron bajo el látigo.» El comisionado británico Kennedy ('•') testigo presencial, dice que «pasaron de tres mil á más de centenares muertos por las balas ó de hambre en los bosques en que se escondieron.

(*) Agüero cita también al cónsul Trumbull, de quien dice lo que copio: «Este fanático, escogido al intento por Inglaterra y escudado con su carácter de Cónsul general, predicaba la abolición entre los blancos, disfrazada de liberalismo; y recibía en su casa, con particular agasajo, á negros y mulatos, á quienes excitaba á la revuelta, hablándoles de las colonias y las filantrópicas miras de su nación. — Biogra fias de en. 'mitos distinguidos, por P. DE AGÍKkO.

130 LA poesía lírica EN CIJHA

La confiscación de bienes era consecuencia inmediata de la prisión, y las hijas de la miseria se vieron, como Hortensia la Matancera, forzadas á la prostitución.» Otro autar peninsular, cuya moderación es notoria, dice: «De que no hubo la legalidad é imparcialidad que exige un pueblo culto son pruebas manifiestas los castigos que tuvo que dictar la primera autoridad contra muchos fiscales por su venalidad y sus excesos; el suicidio de dos de ellos y la fuga de otro al ver descubiertas sus infamias. » El mismo Salazar, delator gratuito de La Luz, de Delmonte y también de Martínez Serrano y de José Nay, que murieron en bartolina, fué condenado á presidio y conducido al de Ceuta, de donde le sacó el propio La Luz, como se verá en la biografía de este señor. Las personas que Plácido citó ante el tribunal divino se dice que fueron Francisco H. M. y Ramón González. Se le comparaba con el mulato Ogé, primera víctima de las turbulencias en Haity, de los de color contra blancos-, «pero la criminalidad de aquél, agrega alguno, fué manifiesta, y la de Plácido aparece solamente en una sentencia de fundamentos no explicados)^.

c;abriel de la concepción valdes 131

Nosotros añadiremos que Ogé fué un hombre erudito y murió en el tormento de la rueda sin denunciar á nadie. Su muerte, culpa de la época más que de los hombres, responde á la de Plácido, como el suplicio de la princesa Anacoana por Ovando responde al de Hatuey por Velázquez» ('•').

En cuanto á Plácido y á la participación que tuvo en estos tristísimos sucesos, después de haber leído el concienzudo estudio que le dedicó el erudito Calcagno, no me cabe la menor duda de su inocencia. Sostiene lo contrario el autor del Diccionario biográfico; pero, hombre serio é imparcial, publica fragmentos de cartas que á este propósito le dirigieron cubanos de gran valía, en las que, á vueltas de mil distingos y reservas, con atenuaciones y vaguedades habilidosas, vienen á confirmarme en el juicio que dejo consignado. Es más, en la colección de versos de Plácido no he encontrado ninguna composición con carácter marcadamente filibustero C^"-'), y sí

(*) Calcagno. — Poetas de color.

(**) Los versos que dedicó al general mexicano Flores son una ex'ccpción, y aun en ellos es discutible su fili Inistcrismo.

1^2 LA poesía lírica EN CFÜA

muchas cantando á Cristina, á Martínez de la Rosa y otros vates castellanos. Debido á esto, no fué Plácido el poeta preferido por los cubanos de ideas exaltadas, por lo menos mientras vivió, y hartoclaro se ve la verdad de mi afirmación en el paralelo que escribió Domingo Delmonte (París, 1845) estudiando á Gabriel de la Concepción Valdés y á Manzano^ Dice así:

«Plácido nunca fué esclavo: era hijo de blanca y de mulato, y por supuesto,, su color era casi blanco. No tuvo, por lo mismo, que luchar en su vida, como Manzano que era casi negro, como hija de negra y de mulato, y esclavo de nacimiento, con los obstáculos insuperablesde su condición y su color, para desarrollar las dotes naturales de su imaginación^ que era realmente poética. Logró más instrucción literaria que Manzano, y en sus versos, por lo común rotundos y armoniosos, no se encuentran las incorrecciones gramaticales y las faltas de prosodia que en las sentidas y melancólicas del pobre esclavo. Plácido se complacía en cantar las pompas y los triunfos de los grandes de la tierra con una grandilocuencia digna de los poetas clá-

GABRIEL DE LA CONCEPCIÓN VALDES 1 33

sicos de España. Manzano no sabe repetir en su lira otro tema que el de las angustias de una vida azarosa y llena de peripecias terribles; pero yo prefiero los cantos tristes del esclavo á los del mulato libre, porque noto más profundo sentimiento de humanidad en los primeros, porque brillan por su frescura y originalidad nativas, porque los principios de mi estética y de mi filosofía se avienen más con el lamento arrancado del corazón del oprimido que con el concierto estrepitoso de un poeta, de quien con razón decía nuestro estoico y malogrado Milanés en 1838:

V ¿qué es mirar á este vate ser escabel del magnate

cuando al festín, cantar sin rubor ni seso y disputar algún hueso

con el mastín? j

«Todo esto, aunque sus versos valiesen menos — dice M. Pelayo en su Antología — de lo que valen, haría interesante á Plácido como curiosidad antropológica y como trágico ejemplo de las desdichas

134 í--^ poesía lírica en clt.a

humanas y objeto de piedad y conmiseración para toda alma generosa la relación de sus últimos momentos conmueve y prueba que nada tenía de vulgar el hombre que supo morir tan resignado y cristianamente, con grandeza de ánimo y sin jactancia. No es de admirar, pues, que al juzgar al poeta, y esto no sólo en América, donde su apoteosis servía para otros fines, sino en España, donde el noble instinto de la raza se puso desde el primer momento de parte del poeta sacrificado, la balanza de la crítica se haya torcido siempre del lado de la indulgencia, hasta tocar los límites del ditirambo. Un poeta espontáneo, ignorante de todas las cosas divinas y humanas, y por añadidura negro ó á lo menos pardo, era un hallazgo inestimable para los que de buen grado cifrarían su ideal artístico en un genio que no supiese leer ni escribir, aunque sólo en esto se pareciese al divino Homero. La idea, pues, tan absurda como frecuente en España de la incompatibilidad entre el genio de la poesía y la meditación y el estudio ha servido admirablemente á la fama de Plácido, no menos que su muerte trágica, muy propio también para confirmar otra vulgaridad

(-.AÜRIKI. 1)K LA COXtEPCIüN VALDES I 35

muy corriente, sobre todo en los tiempos románticos, cual es la del lazo estrechísimo y fatal entre el geiiio y la desdicha.

» Blanco ó negro, Plácido, aunque muy distante de Heredia, de Milanés, de la Avellaneda, de Luaces y de Zenea, para no citar á otros, tiene su valor propio y su representación en el parnaso cubano. Quien escribió el magistral y primoroso romance de Xicotencal, que Góngora no desdeñaría entre los suyos, el bello soneto descriptivo La muerte de Gessler, la graciosa letrilla de La flor de la caña y y la inspirada Plegaria que iba recitando camino del patíbulo, no necesita ser mulato ni haber sido fusilado, para que la posteridad se acuerde de él.»

La primera edición de sus versos fué publicada en Matanzas, allá por los años de 1848. En París hízose otra (1856) plagada de yerros tipográficos, y en la que no hubo gran acierto literario. Otras muchas se hicieron en ambos continentes, pues, como dice un literato francés, hablando de una de ellas, «no será la última, porque la reputación de Plácido se formó sola y no puede sino aumentar con los tiempos.»

Gabriel de la Concepción Valdés pa-

136 LA POESÍA T.íurCA KN (TÜA

sará á la posteridad no sólo por su genio y su inspiración, sino también por sus desgracias y su muerte.

He aquí unos fragmentos de una carta que escribió antes de morir: «Dejo memorias á Martínez de la Rosa, Gallego y Zorrilla. No dejo expresiones á ningún amigo, porque sé que en el mundo no los hay. — Gabriel. r

¡Qué desengaño tan amargo encierran estas palabras!

Ramón de Palma

Aparecieron sus primeros versos bajo €l seudónimo de Alfonso de Maldonado, y con este nombre pliblicó sus Aves de paso, colección de rimas que mereció la más cumplida aceptación del público ha bañero; dando, en tiempo posterior, á la imprenta, los cuadernos intitulados Hojas caídas y Melodías poéticas.

Sin que pretendamos colocar á Palma á la altura de nuestros mejores poetas^ no por eso hemos de hacer traición á su numen, dejando de reconocer la perfección del plan de sus composiciones, su florido estilo y la severidad de su frase. Cierto es que deslustra alguna vez que otra estas cualidades, la imitación que desde luego se descubre en sus obras, imitación que le daña, pues haciéndonos recordar iS

138 I-A POKSÍA LÍRICA EN CIBA

SU modelo, le encontramos flojo y sobradamente inferior á él.

¡Ay! cuánto tiempo, inanimado, estéril, en silencio pasé, sin que mi labio sonase con tu voz...

dice en una de sus mejores composiciones, parodiando á Heredia, cuando, á la vista del Niágara, exclama:

¡Oh! cuánto tiempo en tinieblas pasé sin que mi frente brillase con su luz...

Este defecto, y otros varios, que encontramos en sus Faces sociales, desvirtúan la bondad de sus escritos, haciendo olvidar rasgos de animación y sentimiento tan donosamente expresados como este:

¡Mi dicha es el amor! Tierra de Cuba, por los ardientes trópicos ceñida, tierra de luz, de palmas y de vida.

¡Mi dicha es el amor! De tu espléndido sol, de tus estrellas, de tus brisas, del mar y de tus flores se desprende el raudal de los amores,

que bebe el corazón.

Si bien es verdad que en la misma composición de donde tomamos estos

RAMÓN DE I'ALMA 1 39

versos, hay conceptos triviales y pobres €11 demasía, como pudiéramos probar citando:

¡Ventura loca! y estreché su mano bella y su cintura gentil.

Pero ;han de bastar estos yerros y descuidos para condenar á un poeta como Palma? No juzgaría con razón el que leyere, si tal fallo profiriese, sin ver en sus Devaneos de amor:

Un silfo fué (juien del Oriente trajo la rosa purpurina con (¡ue perfuma su gentil tocado,

quien á su planta célica calzó el coturno de luciente seda.

Y sin oirlo en FA suspiro:

¡Cuan feliz correspondida es la candida doncella, que arde en la pura centella de una lícita pasión!

¡Semejante al airecillo que retoza en los verjeles, de su boca en los claveles vaga el suspiro de amor!

El himno de guerra del Cruzado, está escrito con gran sonoridad en la versi|icación, aunque no le concedemos de

I40 LA roESiA lírica en ccba

buen grado, la primacía que le otorga Guiteras entre los de su clase y género. Eso no lo puede asegurar quien haya leído el canto á Misolongy, de Luaces, y otros cánticos de Heredia.

¿Qué más? Antes de juzgar á Palma se hace necesario estudiar la época en que brilló (1835 á 1850), el movimiento literario que entonces reinaba, los estudios que había hecho, todas las manifestaciones sociales que contribuyen á formar el alma de un poeta. Fué desgraciadoeste en sus empresas. El profesorado y sus versos apenas le dieren para comer. No andaban medrados en Cuba los que por esta época se dedicaban á tan penosas tareas. Viendo, pues, que su laboriosidad infatigable no recibía otro galardón que vítores y aplausos, resolvió tomar por más utilitaria senda, y protegido por Aldama, desempeñó el cargo de secretario del ferrocarril de la Habana, y la dirección judicial de los negocios particulares de aquel opulento procer, á quien revueltas insurreccionales le llevaron, más tarde, á perder su inmensa fortuna. Así vivió Palma dichoso y contento, gozando la relativa holgura de su nuevo destino, y las delicias de su tranquilo ho-

KAMí^N DK l'AT.MA I4I

gar, que tanto embellecía su amante esposa D.^ María de los Dolores de Saint Maxent. En tan bonacible y casi próspero estado, dorada medianía de un poeta, le sorprendió la revolución anexionista {■') y comprometido en ella, por sus marcadas tendencias políticas, miró en peligro su vida y su hacienda, sufriendo los rigores de una prisión estrecha y malsana, por espacio de algunos meses. De ella salió, cuando, merced á las diferentes notas que cruzaron con el gabinete de Washington, los de Europa, hizo aquél declaraciones categóricas v concretas sobre la anexión, prohibiendo resueltamente las expediciones armadas que se preparaban en algunos puertos de la república. Estas peripecias y disgustos apenaron su ánimo esforzado, y los sinsabores, como lima sorda y penetrante, fueron enfermando su corazón, y produciendo una dilatación en sus paredes, lo que trajo aparejada la muerte del pobre Palma.

Acaecida ésta, sus amigos trataron de coleccionar sus obras, y hasta llegaron, que sepamos, á publicar un tomo de ellas; pero la poca afición á comprar li-

(*) ¡Pobres ilusos! ¡Pretender la dicha de inano-í de los Estados Unidos!... ¡Qué insensatez!

I. A l'OKSIA lírica KX CIRA

bros de puro entretenimiento, por una parte, y por otra el silencioso olvido de la muerte, obraron el milagro de dejarnos sin la colección completa, cosa muy de sentir, tratándose de un autor tan recomendable, atildado y nimio como el cantor de las Aves de paso.

Se nos dirá que ios versos de Palma carecen de fuego, que su estilo en ocasiones no es propio", pero ¡qué importa!... ^No hay corrección y elegancia en su frase? ;no tiene sentimiento en la expresión y arte y limpieza en sus obras: Volvemos á decirlo: Palma no puede compararse á Heredia, ni á Milanés, ni á Plácido; sus versos no tienen la robustez y la virilidad que las odas de la Avellaneda y Luaces; no es tan dulce y tierno como Zenea y Mendive, pero tiene suficientes títulos para ser apreciado, y en sus obras, y en las agitaciones de su vida literaria, puede estudiarse la revolución de ideas y doctrinas que se realizaba en nuestro país.

José Jacinto Milanes

Nada más difícil para un crítico que tratar de obras cuyo mérito ha sido ya reconocido por todos; pues si no sigue la general corriente, y opone algún reparo á la opinión de los demás, necesita colocarse enfrente de todos, y luchar á brazo partido, para que unos le nieguen la competencia necesaria, y otros, tomándole quizá como un espejo que refleja los sentimientos de su conciencia, le censuren con acritud, suponiendo que sus juicios no reconocen más origen que la tristeza del bien ajeno que le domina.

Ocúrresenos esta observación al estampar ahora el nombre de Milanés, no porque vayamos á rebajar su mérito, como pretendió hacer el mal aconsejado Boba-

144 ' •'^ rOESIA LÍRICA EN CLHA

dilla, sino porque al examinar sus obras, siquiera lo hagamos con la ligereza propia de estos apuntes^ obligados estamos á condenar, si en razón y en justicia nos ponemos, aquellas composiciones que precisamente forman el mayor deleite de sus compatriotas, mereciendo de ellos la más cumplida alabanza.

Ya al hablar de otro poeta, dijimos algo sobre esto mismo, y sentimos pesar de haberlo dicho, y mucho mayor de tener que repetirlo aquí, porque básenos culpado por ello.

Xo fué nuestro propósito combatir el género social á que dedicó Milanés algunas de sus obrillas más insustanciales, aunque, á ser francos, confesaremos que no es de nuestro agrado. Lo que hicimos entonces y lo que pretendemos hacer ahora, fué y es demostrar el pernicioso influjo que en la imaginación del poeta matancero, había producido la lectura de Zorrilla, quien por su manera de ser especial, más es para admirado que para seguir sus huellas, porque el genio no se copia ni se imita, como don precioso que es, que la Providencia á pocos otorga. Teníale Milanés, á no dudarlo, pero de índole bien distinta al de Zorrilla, y así,

JOSÉ JACINTO MILANES I45

íil tomarle por modelo, en ocasiones perjudícale, como no podía ser de otra manera.

No se piense aquí que fué esto sólo el ■error en que cayó el tierno cantor de La Madrugada; otros mayores, se ven, por desgracia, en sus obras, á lo que contribuyó el desbarajuste que á la sazón reinaba en el país en materia de letras, y el intento de torcer la verdadera índole y naturaleza del arte, pensando darle otro fin muy distinto del que propiamente tiene.

Cuestión es esta, que de no ser grave 3' extensa para ser tratada á vuela pluma, hablaríamos aquí un poco; porque algunos escritores cubanos han dado en la gracia de aplaudir estos extravíos, atribuyendo á Domingo Delmonte esta tendencia de moral doméstica, que informa algunas piezas poéticas de Milanés. Podrá €ste aparecer en estas obras, como honrado ciudadano, de recto juicio, buen corazón y excelente porte, á quien causan honda y penosa impresión los males sociales que deplora y flagela, no con la sátira propia de estos casos, ni con el viril acento de un gran lírico, sino á la manera de predicador de cuaresma, con in-

146 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

tentó de enseñar y corregir, sacanda siempre la consabida moraleja, como si esa fuera la misión del poeta en este picaro mundo. El arte tiene su fin propio, peculiar y enteramente suyo, y no hay para que confundirlo con la moral, porque en este caso, puede suceder muy bien, que por servir á ésta, en estricta justicia, no sirvamos á ninguno de los dos.

Pero hechas estas salvedades, consignados de este modo los principales defectos en que incurre Milanés, ¿hay razón y derecho para afirmar que es «un poeta menos que mediano», «rimador amanerado, las más de las veces vulgar, que en anémicas estrofas canta al amor y á los festines, sujetándose de antemano á una pauta oficial?» ¿Hay motivo para declararlo «poeta de tercer orden»?

Pues eso y mucho más asegura cierto grafómano, quien prefiere un plato de tasajo brujo, á las obras de Milanés, con lo cual, después de decirlo, tan orondo, como si dijera alguna gracia, no demuestra otra cosa, sino que es más gas.- trónomo que literato.

¿Le estorban los dioses? Lo decimos por ese modo de arremeter que tiene contra Milanés, Piñeyro y otros. No se

lOSE JACINIO MILANKS I47

tome tan inútil y penoso trabajo, y déjelos vivir á todos, que en el campo de la literatura todos cabemos, y no empece la presencia de Milanés, y el respeto que lo profesamos por sus desgracias y por su estro poético, para que luzca á maravilla su desparpajo y excentricidades de mozo desengañado y resuelto á llamar á todo trance la pública atención. Clarín, á quien tanto imita nuestro crítico, no ha tratado de socavar la reputación justamente alcanzada por nuestros poetas de ayer; flageló á los hueros \ baldíos contemporáneos suyos, aunque también se metió con Cánovas, que no es huero ni baldío, sino muy morrocotudo*, pero esto seguramente lo hizo un día de mal humor. Además, Leopoldo Alas, que es un crítico de verdad, aparte sus ideas, que no son las nuestras, es un literato á quien jamás se le puede ocurrir la peregrina idea de escribir párrafos tan amanerados y tan rematadamente cursis, como la dedicatoria que estampa este autor al frente de uno de sus libros. Leyendo á Fígaro, pretendió empaparse en aquella amargura desconsoladora del pobre Larra, sin reparar que no todos los escritores que pretenden

148 LA POF.SÍA LÍRICA EN CUBA

pasar por humoristas, guardan en los resquicios de su corazón cosecha de desengaños.

Por otra parte, Milane's es un poeta ■ juzgado ya por todos; su fama ha sidosancionada por la opinión; podrá haber sus distingos sobre estos ó los otros lunares; pero nada más. I.a critica seria y razonadora de los Piñeyros y Varonas,. — estos sí que no son de la orden del microscopio, como diría Valdivia, — si bien repara y advierte sus verros, noniega la inspiración del poeta matancero, su fino oído y la delicadeza y ternura de sus versos. Tan ingrata tarea estaba reservada á nuestro crítico, y esa que debe de estar acostumbrado á malos versos, pues los escribe detestables. Dísranlo sino:

«Con fragoroso estruendo al hondo valle de escarpada breña - «La sebia corpulenta

sudando savia...»

«Que al (juerer buscar la paz y el honor que diste en precio, sientas que hiera tu faz el bofetón del desprecio.»

*l)e tu alma en cada beso.»

<r.Que es lo que siempre ha sido.

TOSE JACINTO MILANKS I49

Estos y Otros muchos renglones desiguales, pudiéramos copiar de un librito que publicó; y, por cierto, que si en las cincuenta y tantas páginas de que se compone, abundan versos cojos y perniquebrados, hay en cambio desatinos de á folio, hinchazón y efectismo sobrados^ y vayase lo uno por lo otro. En esto de escribir versos desatinados, le salió un competidor temible en Saturnino Martínez, porque indudablemente los .pentacrósticos y quirimitifláuticos endecasílabos del hijo de Sariego, son más cadenciosos y armónicos, que los ingratos sones de la lira del bardo siboney.

Con posterioridad he visto otro librito de versos de este fecundo poeta y por no perder la costumbre, incurre en iguales faltas. Francamente, no se concibe que quien tan severo se muestra con los demás, sea tan indulgente consigo mismo. — ^Una prueba? — Allá va, y juzgue el lector de lo que es capaz un crítico formalista:

«;Quién quita que mañana sobre mi fosa

(¡oh vida humana!) venga un perro y me huela

y alce la pata?...»

I :;0 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

Nació José Jacinto Milanés en Matanzas, el año de 1814, y aun cuando su afición al estudio de las letras no era pequeña, no empezó á darse á conocer, hasta después de haber cumplido veintitrés años. Entonces lo hizo en el Aguinaldo Habanero que, como hemos dicho en otro esbozo biográfico, dirigían Palma y Echevarría; y en breve tiempo fué tan conocido de todos, que en las más pequeñas poblaciones de Cuba, era considerado como uno de nuestros mejores poetas.

La desgracia, que parece cebarse en los hijos más esclarecidos de aquel suelo, no echó en olvido á Milanés, y en 1843, abrumado por graves y complicadas afecciones, sin que fueran bastantes los recursos de la ciencia y los constantes cuidados de la familia, y solicitud de los amigos, enmudeció para siempre, preso de enajenación mental, que le llevó al sepulcro, tras largos padecimientos y dolores, en 1863.

Tal fué la vida de este desgraciado

JOSK JACINTO MILANK^Í I5I

poeta que, en frecuente ocasión exclamaba como Rabistone:

Mon cceur bat dans la solitude, le fil est long, la tache es rude; belle étoile, ¡ah! je vaudrais bien un coeur, un cceur auprés du mien.

Y le atormentaba lo infinito: como á Alfred de Musset; y, sin embargo, podía hacer suyos estos versos de Lafechebre:

Une promesse parle au font de la soufrancc^ l'infi te tourment et l'infi t'attend.

Hablemos de sus obras, y ya que no conocemos más que la edición que hizo su hermano D. Federico, ajustemos á ella nuestra crítica.

Milanés, que es uno de los poetas más populares en Cuba, fué el primero que desviándose del ejemplo presentado por los anteriores, trató de dar á sus cantos un colorido propio, retratando de tal modo los cuadros de la naturaleza tropical, que, si concediéramos á Cuba una literatura original y distinta de la castellana, citaríamos algunas piezas de este autor, y otras tantas de Tolón, desechando á los demás, por no tener ese sello su¿ gejieris que es el exequátur de

1 5- J-A l'UEblA J.IKJCA KN CUIJA

toda originalidad. La sencillez y dulzura, y sobre todo, la melancólica y soñadora tristeza de que se hallan impregnados sus versos, contribuyeron, tanto como el estro innegable de este poeta, á darle la fama y nombradla de que goza.

Aprovechándose de las ventajosas condiciones que le concedían sus poco comunes conocimientos, su instrucción nada vulgar, y el estudio que había hecho de la literatura castellana, principalmente de los escritores del siglo xvii, trató de imitarlos, y, en muchos casos, con no poco acierto. Ensayos hizo en este género muy recomendables; y á estos trabajos se debe, sin duda, la pureza y sencillez de sus cantos. Enamorado del brillo de García Gutiérrez, con quien tiene algún parentesco en la dulzura de sus versos, escribió su Conde Alarcos, tomando su argumento del Romancero. Ya Lope se había valido de esa trama, en una de sus más débiles comedias; Guillen de Castro y Mira de Amescua también habían llevado esta fábula al teatro. La obra del poeta matancero alcanzó gran boga en su tiempo y se representó con verdadera solemnidad en los primeros coliseos de la Isla;

JOSÉ JACIiNTO MILANES I 53

pero, en rigor de verdad, no pasa de ser un feliz ensayo, escrito con fuego y talento, que arranca lágrimas al más indiferente*, pero no una obra perfecta.

;Quién que se pique de literato no ha oído recitar su canción á La fuga de la tórtola? ¿Quién habrá que, amando lo bello, no se haya entusiasmado leyendo La Madrugada?

Ninguno. ¡Es imposible! Hay tal sencillez, tal encanto, tanta poesía en esas composiciones, que preciso se hace ser completamente refractario al buen gusto, para dejar de admirar la fuerza creadora del genio. Pero, copiémoslas aquí, seguros de que habrá de agradecérnoslo el que leyere:

LA FUGA DE LA TÓRTOLA

¡Tórtola mía! Sin estar presa, hecha á mi cama y hecha á mi mesa, á un beso ahora y otro después, (por qué te has ido? ¿qué fuga es esa, cimarronzuela de rojos pies?

¿Ver hojas verdes sólo te incita? ¿El fresco arroyo tu pico invita? ¿Te llama el aire que susurró? ¡Ay de mi tórtola, mi tortolita, que al monte ha ido y allá quedó!

154 LA poesía lírica en cuba

Oye mi ruego, que el miedo exhala. ¿De qué te sii've batir el ala, si te amenazan con muerte igual la astuta liga, la ardiente bala y el canto jubo del rnanigiial?

Pero ¡ay! tu fuga ya me acredita que ansias ser libre; pasión bendita que aunque la lloro, la apruebo yo. ¡Ay de mi tórtola, mi tortolita, que al monte ha ido y allá quedó!

Si ya no vuelves, ¿á quién confío mi amor oculto, mi desvarío, mis ilusiones que vierten miel, cuando me quede mirando el río y á la alta luna que brilla en él?

Inconsolable, triste y marchita, me iré muriendo, pues en mi cuita mi confidente me abandonó. ¡Ay de mi tórtola, mi tortolita, <|ue al monte ha ido y allá quedó!

LA MADRU(tADA

Necio y digno de mil quejas el que ronca sin decoro, cuando el sol, con rayo de oro, da en las domésticas rejas.

¿Puede haber cosa más bella (]ue de la arrugada cama

JOSÉ JACINTO MIl.ANKS I55

saltar, y en la fresca grama del campo, estampar la huella:

Campo digo, porque pierde la mañana su sonrisa, en no habiendo agreste brisa, mucho azul y mucho verde,

Xo hay que gozarla en ciudad; en todo horizonte urbano se estaciona de antemano triste vaporosidad.

¡Luego, ved! tanto edificio alto, serio... angustia dan; el alba, el sol, allí están como sacados de quicio.

No, yo he de andar á mis anchas una campiña florida, por ver del alba querida la faz virgen y sin manchas.

Verla en Oriente lucir diáfana, rosada, bella, como una casta doncella que enamora al sonreir.

Vo no sé como hay cabeza tan interesada y fría que no ame al rayar el día la hermosa naturaleza.

I5Ó LA poesía lírica EN CIT.A

Vedla rejuvenecerse, vedla rodar en el río, brillar pura en el rocío, con los árboles mecerse.

Arrastrada en el reptil, fiera y alzada en el bruto, dulce en el colgado fruto, risueña en la flor gentil.

¡Oh Dios!... Allá en mis niñeces, antes de brotarme el bozo, ¡con qué sencillo alborozo vine á ver esto mil veces!

Ya una errante mariposa con su matiz me atraía; ya olvidado me ponía á contemplar una rosa.

Siempre alegre. ¡"S'a se ve! nunca entonces cavilaba, ni mis cejas arrugaba algún triste no se qué.

Después como entré en más años, y como vi una hermosura, tuve por triste locura ver sol, montes y rebaños.

¡Qué ingrato fui! Pero bien se vengó naturaleza;

JOSÉ JACINTO MILANES I 57

aquella ingrata belleza olvidóme con desdén.

Vertí un mar de llanto: el alma no se me hallaba sin ella; al fin una amiga estrella dolióse y me puso en calma.

¡Oh, qué dolor tan agudo es olvidar! Pero al cabo, rotos los grillos de esclavo, curóme el médico mudo.

El tiempo, el tiempo veloz que tiñe nuestras cabezas de blanco, y tantas bellezas deja sin luz y sin voz.

De entonces acá me place ver la escena matutina segunda vez; medicina celestial que me rehace.

Con todo, mis cicatrices se ensangrientan, y suspiro á donde (juiera que miro dos amadores felices.

Y aun con menos ocasión, si oigo el susurro alterno de dos palmas, en lo interno se me angustia el corazón.

158 LA rOESÍA LÍRICA EX CUBA

Si en un ramo miro á solas dos aves cantar querellas, si relucir dos estrellas, si rodar dos mansas olas;

Si dos nubes enlazarse, y por el éter perderse, si dos sendas una hacerse, si dos montes contemplarse;

^le paro, y con ansiedad recuerdo que á nadie adoro; miro tanto enlace, y lloro mi continua soledad!

Costumbre general es entre los que para el público escriben, amontonar páginas sobre páginas, á fin de presentar voluminosos tomos, sin detenerse á pensar que quien mucho escribe se halla más propenso á equivocarse, y que la cantidad no añade belleza, antes bien la quita y da fatiga y cansancio. Heredia no hubiera sido menos grande, si sólo hubiera escrito sus composiciones al i\7í7- gara y al Sol, y Gilbert, Andrés Chenier y otros muchos, no necesitaron fatigar las imprentas para gozar de una reputación envidable.

A esta costumbre pagó escote Mitanes, y así vemos en el tomo de sus

JOSK JACINTO MILANES I 59

obras, trabajos que, por lo incompletos y defectuosos, debieron permanecer en olvido; y no se nos diga que en todos ellos hay algo recomendable, porque si bien es cierto, no es menos verdad que contienen pensamientos vulgares en demasía y versos malísimos. Otros hay que, sin reunir los defectos de forma, no son muy superiores, por el fin á que propenden, y la pintura por demás enérgica que encierran:

Cuando hay luna en el cielo y no hay estrella y en lenguaje nocturno hablan las olas, ])laticará con la casada á solas; pálida reirá la vil casada, y bajo de la adúltera almohada ocultará cargadas las pistolas.

<>ue huye del sol y anda oculto,

Como se muerde el puño y sin resuello

En vez de (jue la ley ponga un atajo

Pues por huir de que el pueblo airado ladre

Un ayo Mijerto risible de docto y lacayo ;ue vierte latines y enseña á seri'ir.

Pero despojado de estos defectos, eliminadas algunas composiciones, y sepa-

1 6o LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

radas otras, puede formarse un pequeño ramillete, que hará recordar por siempre á este infortunado bardo. Con el desbarajuste de una edición chapucera, se nos presenta Milanés muy desigual, y culpa tendrá de ello el colector de sus obras, que, falto de tino, y no con muy buen -criterio, publicó cuantos versos hubo á mano, sin consultar la crítica literaria y los preceptos del buen gusto. Al tratar de Plácido, nos quejamos de esta misma falta, y entonces como ahora, deploramos el escaso talento de ciertos editores, que nos ponen en el caso de censurar, contra nuestra voluntad, lo que coleccionado con mayor esmero, fuera digno de alabanza y aplauso.

Y es esto tanta verdad, que hasta los compiladores de Cuba poética vacilan un momento, al escoger las poesías de este bardo, como temerosos de estrellarse con la opinión pública, lo cual viene á ser un argumento de fuerza para nosotros, pues en el trascurso de estas biografías, hemos podido apreciar lo reparados que son en sus escogimientos tan donosos críticos.

Pero no presuma nadie que tratamos <ie menospreciar á Milanés. Lejos de

JOSÉ JACINTO ^rII.A^Ks i6i

esto, queremos consignar de un modo concreto, al terminar estos apuntes que de ligero escribimos, que, sin vacilación, reconocemos en el poeta de Matanzas, méritos bastantes para colocarlo en los ])rimeros puestos de nuestra galería. No tigne el fuego pindárico de Heredia ni la entonación robusta y varonil del malogrado Luaces; pero hay tal sencillez, tal armonía, tan delicado acento en sus versos, que, fuera de estos dos gigantes de nuestra literatura, ha de recoger los aplausos que arranca el genio y la admiración que tributa un pueblo á sus hijos más preclaros.

Al obscuro rincón de mi aldea llegó el último Almanaque de La Ilustración Española y Americana, tan flamante y limpio y bien impreso, como todos los anteriores, que es publicación que honra al país y ofrece á los amantes de lo bueno, sabroso contentamiento en artes y en letras. Con la curiosidad propia de <]uien anda escaso de libros y tiene afición y apego á la lectura, piiseme á repasar el Almanaque, cuando tropezaron mis ojos con el retrato de Milanés. Dió-

102 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

me un salto de alegría el corazón dentro del pecho, que el ocuparse en la lírica cubana, cosa nueva y extraña es en la prensa de la corte; y comencé, antes á devorar con la vista, que á leer el artículo que á continuación venía firmado por D. Manuel Cañete.

Confieso ingenuamente, pecador de mí, que sentía cierta vanidad al ver que un crítico de fuste sacaba» á colación el nombre y las obras de un poeta de mi tierra. Quién sabe, pensaba para mi capote, si Cañete se habrá animado á escribir esto, picado por la curiosidad, despertada en su ánimo por mi libro; y esta ocurrencia, bonachona de puro infantil, me ponía vanidoso y hueco, que todos tenemos nuestra alma en nuestro armario, y nadie imagina ser menos de lo que es.

Hasta la publicación del Almanaque, no era conocido ni de oídas el poeta matancero; Torres-Caicedo ni le nombra siquiera; en la América poética, publicada en Valparaíso, en 1846, no se acuerdan ni del santo de su nombre; y pare V. de contar, porque el Sr. Cañete no menciona más fuentes de conocimiento, bien porque las ignore, lo cual

JOSÉ JACINTO MILANÉS 1 65

€s problemático, bien porque callándolas, suene á más nuevo y peregrino lo <|ue va á decirnos. Eso sí, para explicar este olvido en que todos tuvieron á Milanés, hasta que á él le vino en mientes sacarle de tal obscuridad, amontona frase sobre frase, cita á Orgaz y á Ramón Palma y otros poetas menores, que no vienen al caso, y á quienes conoció y trató por mediación de Domingo Delmonte y Nicolás Azcárate.

Pero, señor, .•dónde está la pastoj'a?

Nuevas y prolijas disquisiciones sobre la celebridad y la vida pública de los hombres que se han hecho notables por algo; cómo se debe hablar de ellos y de su vida íntima y privada; limitaciones y cortapisas que imponen al escritor su buena crianza por un lado, y por otro el respeto y la consideración que todos nos debemos de tejas abajo. Todo esto desparramado, disuelto y desleído en un viare magnum de prosa muy gramatical y muy pesada. Pero nunca es tarde si la dicha es buena; y después de tan kilométrico exordio, llegamos al asunto que motiva el artículo de nuestro académico.

Dice que Milanés nació en Matanzas el año de gracia de 1814: afirma que yo

104 LA l'OESÍA LÍRICA K.\ CUKA

lo consigno así en mi libro, tomando este dato de una somera biografía que apareció al frente de la primera edición de las obras de este bardo; por cierto que, pretendiendo darme una dedada de miel, asegura que mi obrilla «contiene noticias y observaciones muy estimables». Ya verá el lector en qué consisten éstas. Por lo que se refiere á la fecha del nacimiento de Milanés, me parece ocioso que el Sr. Cañete dijera que la había tomado de aquí ó de allí; las fechas en que suceden las cosas, no se toman ni se inventan, son del dominio público, y en último término, la del nacimiento, pertenece á los libros parroquiales donde se bautizó la persona de quien se quiere tratar. Si no consigné el día, y señalé solo el año fué por no creerlo necesario á mi propósito, no por ignorarlo, pues esto no era posible después de haber leído y estudiado a López Prieto en su Parnaso cubafio, á Calcagno en su precioso Diccionario biográfico, y al mismo D. Federico Milanés, en el extenso prólogo que escribió y publicó con la segunda edición de las obras de su hermano. Si el Sr. Cañete hubiera leído estos libros, se ahorraría el traba-

JOSK JACIN lO-xMlLANKS 165

jo de tanta lamentación; bien que entonces, su artículo carecería de este atractivo.

También se queja de no saber si olilanes fué pobre ó rico, hidalgo ó ruin y menguado pechero, y porque ignora la causa oculta que trastornóle el juicio, se echa por los trigos de Cupido, tras de la hermosa que de cuerdo que era le tornó en loco, pacífico y quieto; que en eso de locuras el Sr. Cañete parece inclinarse á las que producen las hembras. De igual manera se aflige por no dar con el nombre del humanista habanero que dio á conocer á Milanés en la capital de Cuba; por todo lo cual comprenderá el curioso lector, que el Sr. Cañete no estaba debidamente preparado para escribir un artículo biográfico. De otra suerte sabría á qué atenerse sobre todos estos puntos; consignaría que el padre de Milanés fué un modesto empleado en la Real Hacienda, que carecía de fortuna con que atender de un modo desahogado á la educación de sus hijos; que la locura del poeta no provino de esta ó la otra causa conocida, sino porque Dios quiso y nada más; señalaría en su artículo que Alilanés nació el i6 de agosto de 1814,.

100 LA POESÍA LIRICA EN CUllA

y hablaría de sus relaciones con Domingo Delmonte, hombre adinerado y estudioso, que fué quien le dio á conocer en la Habana; llenando todas esas lagunas que se advierten en su trabajo, y mencionando otros pormenores de la vida, que le harían sumamente recomendable, pues en un artículo biográfico toda minuciosidad cuadra bien, y hay quien se paga por ello y aplaude la solicitud de quien acopia datos y noticias con mañosa atención. V ahora voy á ver en qué consisten «esas noticias y observaciones estimables>-> que contiene mi librillo. «Razón tiene el autor de La poesía lírica en Cuba, cuando en su biografía de Juan Clemente Zenea dice, refiriéndose al cantor del Yumurí: No sabemos por qué, ni atinamos tampoco á descifrarlo, siempre que de ias obras de éste se ocupan los literatos cubanos, haciendo caso omiso de La madrugada, y de la canción A una tórtola, sólo se fijan en la Madre adúltera, A Larra, La ramera, y otras piezas del autor del Conde Atareos, que, ó mucho nos engañamos, ó son de lo peor que de su pluma ha salido.» De acuerdo en lo esencial con esta opinión del Sr. Valle, había yo escrito un año antes, que se publicase

JOSÉ JACI.N'IO MFÍ.ANKS I 67

SU libro: «Sin salir de la isla de Cuba, madre de poetas, coito Heredia y la Avellaneda, vemos á uno de sus hijos más distinguidos, á José Jacinto Milanés, cuando aun no conocía los versos de Zorrilla, ni el giro prosaico y la malsana tendencia de El verdugo y El mefidigo de Espronceda, emular en La viadrugaday la ingenuidad, la frescura y la gallardía de Lope; y conocidos aquéllos, amanerarse y viciarse, hasta desnaturalizar á veces la índole propia de su inspiración, como en El bafidolero, El mendigo^ La ramera y otras composiciones análogas.» A esto sin duda alguna debía referirse aquello de «las noticias y observaciones estimables», porque para el Sr. Cañete, nada debe de haber tan digno de estimación, como coincidir en lo esencial con su opinión «un año después de conocerla». Cierto que esta obrilla vio la luz por primera vez en 1882; pero como se compone de trabajos sueltos de crítica ligera, y muchos de estos esbozos biográficos habían sido ya publicados en periódicos y en revistas, todos ellos llevan al pie la fecha en que se escribieron, y el que cita el académico, se refiere á 1874 y fué inserto en El Pabellón Nacional de

l68 IV POKSÍA LÍRICA E.N CU15A

Madrid, siete años antes que el Sr. Cañete escribiese el párrafo copiado, comcidie7ido en lo esencial co?i 7ni opinión.

En lo que puede estar bien seguro D. Manuel Cañete, que nadie querrá coincidir con él, es en aquella peregrina observación que hace, juzgando una de las poesías de Milanés, «fuera de los admirables y apasionadísimos versos A Higiaza de mi fraternal amigo el sabio historiador y anticuario D. Aureliano Fernández Guerra, en nuestra lírica de la regeneración romántica, no encuentro composición ninguna que supere, etc.» Pero, hombre, por los clavos de Espronceda, Zorrilla, Campoamor y Núñez de Arce, ;cómo se atreve usted á estampar esta herejía literaria:

Porque usted no es tan viejo para...

Y en este caso no ser crítico militante.

Al publicar ahora la presente edición de esta obrilla, me creo obligado á declarar que nada de cuanto se dice en los párrafos anteriores acerca de los Sres. Cañete y Fernández Guerra, puede ir encaminado á rebajar sus méritos como escritores. Los dos han muerto ya, para

JUSF. JACINTO MILAXÉS I 69

desgracia de las letras castellanas. Uno y otro eran peritísimos conocedores de la literatura hispana, amén, D. Aiireliano, de ser historiador notable, erudito arqueólogo, y hasta poeta dramático, como lo pregona la Rica heinbra, hermoso drama que escribió en compañía del inmortal Tamayo.

Hoy que han muerto Guerra y Cañete, quiero hacer esta declaración en descargo de mi conciencia y por amor á la verdad.

Y ya que estoy con la pluma en la mano y estos párrafos han de servir de remate y contera al artículo que consagro á Milanés, voy á trasladar aquí algunas frases que en \di Antología de poetas Jiispario-americanos dedica el insigne Menéndez Pelayo al poeta matancero. Mucho celebra La fuga de la tórtola y La madrugada el ilustre montañés. Para INIenéndez «á este suave poeta que con parecer tan inocente y aniñado, no dejaba de encerrar en el sencillo cuadro de un idilio, toda una síntesis del amor y de la naturaleza, sucedió otro Milanés insoportable, despeñado en todos los abismos de un incorrecto y callejero romanticismo con Cándidas aspiraciones de reforma social...

IJO LA rOESIA LÍRICA EN CLlíA

»Pero así en El co7ide Alarcos, coma en otros ensayos de Milanés, verbi-gracia El poeta en la Corte, el proverbio dramático A buen hambre no hay pan dura (cuyo protagonista es Cervantes); y la agradable imitación de Lope que tituló Por el puente ó por el rio, hay, no sólo buen sabor de dicción, sino ambiente español de los tiempos clásicos, y una especie de adivinación del Madrid de capa y espada; que es rara, por no decir única, en obras de poeta americano, y que parece fenómeno de atavismo más que resultado del estudio.»

Miguel Teurbe de Tolón

■^En mis poesías — dice en el prólogo ■de una de sus ediciones — hay lo que ha habido en mi vida-, alegres ilusiones, á par que tristes realidades, alcázares de cristal en lo porvenir y escombros de venturas en lo pasado, armonías y encantos de ayer; gemidos y dolores de hoy, esperanzas que siempre corren por delante sin dejarse alcanzar, y desengaños que vienen azotando sordamente por detrás; cantos y lloros, risas y lágrimas, duda •descreída y fe inefable, lo uno tras de lo otro, todo en confusión, chocándose •como olas de revuelto mar». Con estas palabras se describe el poeta mucho mejor que pudiéramos hacerlo nosotros. — Temperamento exaltado, imaginación ardiente, creyó sonada la hora déla libertad para su patria, y acariciando planes de

172 LA roKSÍA LÍRICA EN CUBA

anexión con los Estados Unidos, abandonó su modesto hogar, y ansioso de distinguirse se entregó al torbellino de la revolución en Nueva- York. Situación de angustia y zozobra, sin medios de vida en un país extraño, hallándose solo y acosado por la miseria. A sacarle de estos apuros vinieron los que dirigían los asuntos cubanos, en la ciudad imperial, dándole parte en la colaboración de La Verdad, órgano oficial en aquella época de la gente levantisca {^^). Hallábase en este empleo, como el pez en el agua. Publicó en este diario violentos escritos que hicieron figurar su nombre en el registro de la Comisión militar establecida en la Habana, como acusado por delitos de infidencia, siendo sumariado más tarde, y recayendo sobre él sentencia de pena capital, en el consejo de guerra qne se le formó. Reseñas históricas y biográficas de sucesos y hombres contemporáneos, escritos con alguna facilidad y elegancia y grande exageración de ideas y sobrexcitación de pasiones, dio á luz en La J'crdad, juntamente con un diálogo que el

(*) Vagó de posada en posada, mendigando socónos de sus compatriotas. — (íuiteras, Kl Nuevo Mmid .

MIGUEL TEURKE DE TOLÓN I 7;

autor suponía ser el asunto de las conversaciones que tenían en la Isla, diversas personas de las diferentes clases sociales, discurriendo sobre los acontecimientos del día. Este último trabajo fué el más notable de los que hizo en esta época, Ikmando poderosamente la atención por la novedad de la forma hasta entonces no empleada por otro alguno.

También publicó en esta fecha una obra de educación titulada ElementanSpanisJi Reader afid Tanslato?-, y una traducción de la Historia de los Estados Unidos, de miss Emma Williar.

Todos sabemos el fin que tuvo tanta fiebre revolucionaria de anexión. La parte sana del país repugnaba abiertamente ese pacto convencional que iba á poner nuestra raza á merced de otra, si bien prepotente y grande por su bienestar y progreso, sobrado absorbente y rapaz por condición natural. Los espíritus serios \' reflexivos eran enemigos declarados de tan temeraria empresa. Aun aquellos que más se habían distinguido por lo exaltado de sus ideas, veían con malos ojos tan descabellado proyecto. En honor de la verdad debemos confesar que el gobierno americano no hacía gran cosa por alen-

174 l-A^ POESÍA lírica en CIBA

tarlas; antes bien, acogíalas con apatía, convencido tal vez de la poca eficacia de sus resultados. Con estos antecedentes, el pronunciamiento de las Tunas, y el desembarco en Playitas, de López, demostraron las pocas fuerzas con que contaban. Entonces, como siempre sucede, se tornaron en crueles censores los apologistas de la víspera, y aquella junta revolucionaria, que, en la medida de sus fuerzas, había hecho todo lo posible por el triunfo, estrellándose contra la indiferencia de la opinión pública, recibió las más acerbas y rudas recriminaciones, como si en sus manos tuviera el cambiar la manera de ser y la esencia de las cosas.

Tolón fué uno de ellos.

;Cómo no? Su imaginación febricitante no le permitía ver el sentido práctico de los sucesos, no comprendía, en medio de sus delirios revolucionarios, que es imposible alterar el orden y el gobierno de un país que vive tranquilo, trabajando y engrandeciéndose bajo la bandera augusta de la patria. ¿Se cometían abusos en la administración? ¿Había un desequilibrio en el repartimiento de los destinos públicos? ¿Era llegado el instante de pedir el ctimplimiento de prome-

MlCCKl, TEURBE DE l'DI.oN

sas sacratísimas? ¿Había sonado la hora para que Cuba autónoma, bajo la bandera española, gobernase libremente sus destinos? ¿Qué importa...? Ancho y pacífico campo se ofrecía á los cubanos para conquistar el bienestar deseado y la libertad apetecida, sin ir á postrar su riIquísimo suelo á la voracidad rapante de la nación vecina. No caben dos razas tan opuestas en un mismo país, sin que la una viva y se desarrolle á expensas de la otra, y no son ciertamente los Estados Unidos pueblo que use de parsimonias, dejándose llevar antes por su espíritu aventurero y absorbente. Ejemplo dié- ^ronlo en Texas. — ¿Era la hora de romJper las estrechas ligaduras que ataban y ^constreñían la colonia? — Pues reclamar [el derecho y la libertad, por los procedi- ^mientos legales, llegando á la autonomía [más lata; pero nunca entregar la pureza l-de nuestro suelo á mano extraña. Esta fué una ilusión que acariciaron algunos [espíritus exaltados, y que hoy, por for- [tuna, nadie defiende ni propaga (••').

{,*) Véase lo que acerca de esto escribió el Sr. Mcrfchán, que es uno de los escritores más revolucionarios de Üuha.

Hoy, por desgracia, y por cirorcs de peninsulares i-

I 76 LA rOESÍA LÍRICA EN CUUA

Concluida la revolución, tristes y aciagos días de miseria se presentaron para nuestro poeta. Se vio solo y abandonado por sus amigos, en país extranjero, bajo los rigores de un clima que no podía soportar, y entonces pidió ser comprendido en la amnistía política, para volar á su patria infortunada, donde la muerte había de segar por siempre su asendereada vida.

¡Pobre poeta!

Sus delirios políticos ¡á qué extremo no le condujeron! Su amor ferviente y sacrosanto al suelo que le vio nacer ¿á qué fines tan altos no le hubiera conducido, si, mejor guiado su precioso talento no se malograse en la miseria y alejamiento á que le llevaron su vida de conspirador y su carácter bélico?

Nació en Panzacola el 20 de septiembre de 1820, y murió en Matanzas el 30 de agosto de 1857. Educóse en esta ciudad en la escuela gratuita, única

insulares, ondea en la capital de Cuba la bandera americana, y la isla no es más que un feudo de la poderosa Unión. ¡Oh sucesores de Saco y demás cubanos ilustres, patriotas integcrrimos , que consumisteis vuestra vida, oponiendo la fuerza de vuestro talento á la realización de tan inicua empresa! ¡Dichosos vosotros que no la veis! — i8qq.

Mií.rKL TEÜRBE DK TOLÓN 177

que por entonces existía, y privadamente estudió leguas vivas, adquiriendo no pequeño caudal de conocimientos. Fué empleado en la Secretaría del Gobierno de Matanzas, y en diferentes colegios dio clases de humanidades. Su primer tomo de versos, titulado Preludios, fué publicado en 1 84 1, y colaboró en los más notables periódicos de su época. Durante su emigración, imprimió, en compañía de Leopoldo Turla, Zenea y Santacilia, El laúd del desterrado.

No se han publicado todas sus obras reunidas. Cuando dejó esta mansión terrena se ocupaba precisamente en preparar una edición completa. Esto no obstante, con las publicadas podemos formar juicio de las buenas cualidades de este ilustre matancero, y señalar en él uno de los que con más acierto y gracia dieron sabor local á sus cantos, procurando inclinar el gusto público á esta clase de trabajos literarios. Cierto es que en algunas de sus leyendas describe cuadros inexactos é inadecuados. Dígalo, si no, la que lleva por título Lectura de la Biblia, donde se pinta á un anciano labrador, leyendo en corro de familia las Santas Escrituras. Esto, desgraciada-

178 LA POESÍA LÍRICA KX LIBA

mente, no sucedió nunca en Cuba-, las condiciones sociales del país, la educación de los campesinos y su manera de ser lo impiden en absoluto (•■^'); allí no se ocupan las gentes en buscar en esas sublimes páginas la guía de salvación moral, algo, en fin, que conforte el atribulado ánimo y, haciéndonos mirar al cielo, aleje de nuestra vista las tristezas de este mundo perecedero. No está dentro de las costumbres de aquel país el recogimiento que ha menester el padre de familia, para congregarla, en horas de descanso, y dirigirla con las sabias enseñanzas bíblicas. Esto aparte, en la mencionada leyenda, hay versos muy recomendables, y no dejan de tener intención éstos:

La voz armoniosa y grave en la estancia resonaba, de los salmos del profeta repitiendo las palabras: «Mancebo fui en otros días, y hoy de la vejez cansada arrastro el fardo; mas nunca vi que Dios abandonara

(*) He conocido muchos labradores ricos que ni siquiera sabían escribir, cosa que no extrañará á nadie que conozca todo lo que trabajaron los Capitanes Generales de la isla, por la instrucción pública en Cuba.

MIGUKL TEURUE DE TOLÓN 179

al justo, ni vi su prole

«lue mendigando vagara.^

— Mi amo, — dijo entonce el negro; —

;yo también? — Sí: Dios no falta,

buen Pedro, ni á ti ni á nadie.

Ámale como El te ama;

pon tu esperanza en su mano

y El pondrá su luz en tu alma.

No es ésta la mejor de sus obras: la Ribereña de San Juan, el Remedio de tma honra, y un Rasgo de Jiiari Rivero, colocan el nombre de Tolón á una altura envidiable, y lucen las galas y esplendores de su ingenio florido. No tiene poderoso vuelo su inspiración; en la oda decae siempre; en las estrofas de arte menor es donde se ostenta su gallardía y se enseñorea con el habilidoso empleo que hace de los adjetivos. Es un poeta, sobre todo y ante todo, local. Sus trabajos tienen, sin duda ninguna, el dejo de los cantos populares de Cuba. No cultivó ese género bastardo que trató de aclimatar en aquella tierra el versificador Fornaris. Comprendió con sobra de talento que, para crear en Cuba una literatura propia y original, le bastaba copiar su naturaleza, florida siempre, retratar las costumbres y usos de sus hijos, y no hacinar palabras de dudoso origen

I So I. A rop:sÍA lírica en cuba

y soñadas historias de tiempos que no pasaron, con el fastidioso apéndice de v.Yo soy Siboney». En este concepto nos es grato hacer mención de este matancero, digno, por su talento, de figurar entre los predilectos hijos de Apolo en la Isla.

José Luis Alfonso

Mar()lks de Móntelo

Cantos de un Peregrino intitula este hijo de Cuba una colección de sus obras, publicada en París en 1863, y bien pudiéramos asegurar que tienen mucho de peregrino los tales versos. Él mismo así lo reconoce, presentándose en el prólogo como simple aficionado, y á fe que no miente, pues si no tiene nada de esto último, anda bien sobrado de lo primero, y vayase lo uno por lo otro.

Dice también, quizá para atenuar susyerros, que sólo en horas de ocio y holganza ha dedicado las fuerzas de su intelecto al estudio y cultivo de las letras; y e^sto casi nos avisa en favor suyo, porque, en medio de todo, peor sería que se dedicara á mauvais affaires; pero hétenos aquí que, cuando más decididos

1 62 LA rOESIA LÍRICA EN CUBA

estábamos á callar, saltó la liebre; e> -decir, la liebre precisamente no, porque no había ninguna, sino que D. José Luis, con bondad irreprochable, aun cuando con sediciosa intención y aviesa mira, nos ofrece otro segundo tomo; y, •como eso de damos un segundo tomo es la mayor de las calamidades que pueden sufrir las letras cubanas, y nosotros somos fieles amantes de ellas, ¡qué •demonio!, lo que es eso no se lo podemos perdonar.

Pero vamos á cuentas.

Divídese la obra en tres partes, y concluye con una traducción de los Cantos de St'lma. Respecto de este poema, lo mismo que á la noticia que acerca del bardo escocés nos suministra Alfonso, hemos de apuntar algo á la postre de este artículo; pues ahora queremos examinar, aunque ligeramente, porque no podemos detenernos en obras de tan escaso valor, los tres primeros libros, que, ó mucho nos engañamos, ó no nos han de dar momento de reposo en >-i condenación y crítica.

Difícil nos sería clasificar las obras de este autor, y para ello no tenemos la paciencia y el buen humor que necesa-

jO.sK LLI¿ ALFONSO I 55

rios se hacen para cosa tan baladí; pero^ si hemos de hacer una clasificación detenida y un análisis minucioso de los versos de Alfonso, no por eso dejaremos de consignar aquí nuestra crítica, en la seguridad de interpretar con ella el juicio de todos los cubanos que hayan leído los Cantos de un peregrino.

Si entendemos por poesía la manifestación de lo bello, y la expresión artística del pensamiento por medio de la palabra, mal atinado anduvo este autor bautizando su libro de tal, pues en él no encontramos, y nos pesa en el alma,, ni artística expresión, ni belleza alguna. Y no se diga que, si no un poeta excelente, es José Luis Alfonso un versificador armonioso, que ni esto le concedemos, y sólo haciéndole mucho favor, colocamos su nombre al lado de los de Briñas, Betaucourt y Chaves.

Abramos el libro, y oídle en unos sáficos á Nisia:

Haz que yo sienta sobre el pecho mío la carga amada de tu hermosa frente, y que el aroma de tus negros rizos

ávido aspire. • ••...•.•.• Así felices en eterno abrazo

184 I--V poesía lírica i:n clüa

nos juraremos un amor eterno; y si funesto nos separa el hado, venga la muerte.

Si de mi amada conocer deseas, lector amigo, la sin par bellezas...

Oval el rostro, placentero tiene, cual la sonrisa de la madre Venus.

Mas, no contento con estos desatinos, comete otros no menos notables, y, á poco que anduviéramos, y si nos fijáramos en La noche de luna, encontraríamos estos versos, en los que no sabemos qué admirar más, si el chaparrón de asonantes ó lo mezquino y pobre del pensamiento:

Bello es el mundo y la vida, bello el ciclo y sus lumbreras, bellas las verdes praderas como las flores de abril; bello es el mar, y la calma de sus ondas azuladas, do se miran retratadas, de la noche estrellas mil.

Todo esto será muy bello, y más aún si así lo quiere el Sr. Alfonso; pero es poco castizo, y suponemos, pensando llanamente, que, al decir «estrellas de la noche», lo hizo con la buena intención

JOSÉ JAIS ALFONSO 1 85

de no confundirlas con las que nos hace ver un indiscreto pisotón sobre un callo recibido. Por otra parte, que las estrellas no son de la noche ni del día ya lo sabemos todos, y, por lo tanto, parécenos sobrada impropiedad atribuírselas á aquélla, cuando éste pudiera presentar también sus títulos de dominio.

Y hora es ya de que tratemos del poema de Ossián.

Cuestiónase de mucho tiempo ha sobre la existencia de este bardo, á quien se ha tratado de colocar al lado de Homero, asegurando que sus cantos pueden competir con la IJíada y la Odisea, y tan revueltos andan los pareceres y tan confundidas las opiniones, que más de cuatro, padeciendo extravío, afirman la autenticidad de sus poemas, sin que hasta la fecha, que sepamos, tengan razón alguna en que fundarlo. Es de los que sostienen esto el autor de quien hablamos; y tal maña se da, y de tal modo enmaraña y tergiversa la verdad histórica, que, pese á su saber, no entendemos una jota de lo que sobre este punto dice. Nosotros, lejos de pensar en la verdadera existencia del hijo de Fingal, creemos que los poemas que con su nom-

lS6 LA rOESlA LÍRICA EN CUBA

bre se conocen fueron escritos por Jacobo Macpherson, mediano ingenio que brilló allá por los años de 1700. La popularidad que adquirieron estos cantos tiene su fundamento y explicación en la humillación política que sufría Escocia, y no sólo en el mérito literario intrínseco suyo, pues que, á vuelta de mil imágenes exageradas y faltas de verdad, toman un color vago, fantástico y sentimental, que, agradando al pronto, concluye por producir mareos.

¿Qué diremos de la traducción de José Luis Alfonso? ¿Se encontraba en condiciones para emprender este trabajo? ¿Basta saber un idioma para traducir bien una obra? El autor de los Caritos de un peregrino era el menos á propósito para dar cumplido remate á empresa tan ardua, y así le vemos trasladar desatinadamente á una lengua, que no es, por cierto, la que hablaron Cervantes y Calderón^ aquellas descripciones fantásticas donde oímos silbar el viento entre los abetos y vemos cabalgar las sombras en las nubes.

Toda traducción en verso suele ser incorrecta y defectuosa y, sobre todo, poco fidedigna. Sucede que, tratando

JOSÉ LUIS ALFOXSU 187

de vencer los obstáculos rítmicos, se olvida el pensamiento, y pierde éste toda la brillantez y tersura con que fué expresado. Sucede también muchas veces, y particularmente al traducir del inglés al castellano, que las diferentes combinaciones dei lenguaje no se amoldan, por lo general, á una forma que, por muy sencilla que sea, siempre es más trabajada y difícil que la prosa.

:Qué habría de pasar con los Cantos del Selva: ;Qué...r

Preferimos callar, y callamos. ¡Ojalá que nuestro silencio pudiera hacer olvidar las obras de José Luis Alfonso!

Al preparar ahora esta nueva edición de este libro, debemos hacer una advertencia.

Nada de cuanto consignamos en este artículo se refiere al hombre: todo va con el escritor. Nuestras censuras no son personales, y, aunque empleamos el lenguaje ligero y frivolo de una crítica fugitiva, no por eso tratamos de rebajar la personalidad del escritor, cuyas obras dan motivo á nuestras burlas.

Y, ya que tenemos la pluma en la mano, por más que andemos con prisa,

1 88 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

no queremos dejar de hacer otra advertencia. En la colección de versos que publicó López Prieto, bajo el epígrafe de El Parjiaso Cubano, tratando del Marqués de Móntelo, copia composiciones menos censurables que las citadas por nosotros. En descargo de nuestra conciencia debemos declarar, y declaramos, que cada cual habla de la feria, según le va en ella. Al Sr. Prieto no le fué tan mal, según la traza que pone y la muestra que nos enseña. Los versos que cita, si bien no son modelo de dicción y pureza, como afirma, no están preñados de lugares comunes, ni presentan una rima tan incorrecta como los otros, por más que no son cosa del otro mundo. Son producciones incoloras, hijos entecos y encanijados de un chirumen poético pobre y mezquino; porque, con todo y con eso, sosténgase otra cosa en el Parnaso Cubano, este autor no es de los que inventaron la pólvora en materia de versos.

Y basta ya de advertencias y explicaciones.

Fecha /// supra.

Joaquín Lorenzo Luaces

Cari A a i n amkio dk coni-ian7.a

Amigo mío: Pregúntame usted con bondadosa curiosidad, en su estimada carta, que, como todas las suyas, llenóme de placer, por mis insignificantes escritos, y me anima, generoso y benévolo conmigo, más de lo que merezco, á terminar y dar á la estampa mi trabajo, acerca de la poesía lírica cubana. Muchas veces he dudado, y suspenso repasaba mis mal pergeñados manuscritos, viendo en ellos la gran deficiencia que manifiestan y revelan, y, al reparar en lo pobre y malo de su estructura literaria, pensaba al pronto en cambiar la forma y plan de mi trabajo y escoger simplemente algunas piezas de cada autor, precederlas de muy someras notas biográficas, con relación sucinta de sus escritos, y dar de

I yo J.A 1'(^E^,1A I.IRILA EN CLUA

ese modo á la imprenta un repertorio de versos cubanos.

Tarea fácil y por demás sencilla sería ésta para mí, aunque tropezase con algunas dificultades, que se explican desde luego, recordando que no otra cosa hicieron Luaces y Fornaris, en su Cuba poética, con más reposo y vagar que yo y conociendo y tratando personal é intimamente á casi todos nuestros poetas; por más que en ese libro, que usted conoce perfectamente, en resolución, no brillan ni la imparcialidad ni el buen gusto de los cumplidores. Pero... ¡qué quiere usted, mi amigo! Eso de no meter baza, como vulgarmente se dice, hiere mi amor propio, hasta el extremo de hacerme desechar tal propósito, y me obliga á continuar la primitiva senda, dedicando un artículo á cada poeta, y diciendo en él, como Dios me dé á entender, lisa y llanamente, no sólo mi opinión, enteca y flaca en demasía, sino la ajena, si autorizada y digna se presenta. Tal sistema, harto más escabroso y difícil, entraña, por otra parte, mil tropiezos, que consisten en tener que condensar y concretar el pensamiento de manera que en muy pocas páginas resulte expresado

I()A(jriN I.ORKXZO I. TACES IQI

lo que parn, su mejor y más adecuado desarrollo requeriría todo un libro. Y tanto es esto verdad cuanto que me encuentro apurado hace días, sin saber cómo y de qué modo he de escribir algo ^ que no sea impertinente, sobre el poeta B más vigoroso de esta tierra. El cantor de |blos grandes ideales de la humanidad no ^Bcoge en el reducido cuadro de un ar- ^Rículo; su figura, cada vez más grande para mí, no se encaja en el estrecho marco que serviría para Briñas ó Fornaris. Y ¡vea usted lo que son las cosas! Joaquín Lorenzo Luaces es un poeta casi desconocido entre nosotros; sus versos, algunos de ellos publicados en un pequeño volumen, cuya edición no fué numerosa; sus grandes odas al Trabajo y á Varsovia y á Ciro Pleld; sus dramas y comedias, que son muchas; sus leyendas cubanas y sus romances, donosos y galanos como los de nuestros mejores hablistas; sus poemas, inéditos algunos; todos los trabajos, en íin, de su fecunda y correcta pluma, no han visto la luz pública coleccionados, se hallan en las buscadas colecciones de nuestros escasos periódicos; otros impresos separadamente en pequeños cuadernos; muchos en poder

192 l.A ln)l-.í,lA LÍRICA K.N Cl HA

de su hermano D. Agustín, y todos ellos olvidados por la juventud, que conoce á Luaces más por su fama que por, sus obras, más por el recuerdo de las prendas personales que le p,dornaban que por los cantos apasionados y vehementes de su musa.

Fornáris era su amigo, y con él redactó muchos periódicos y revistas; con él compuso y recopiló esa desgraciada Cuba poética, de tan pésimo y deleznable gusto C^'). A la muerte de nuestro poeta, el bardo bayamés le dedicó un artículo, más sentido que bien escrito y pensado, recordando su valeroso estro y llamando la atención pública sobre el pobre Luaces. Villergas, que también le conoció cuando comenzaba su carrera literaria }' las grandes concepciones de su inteligencia aun no habían robado su forma y vistosos atavíos á su fantasía y lozana imaginación, aplaude su depurado gusto

(*) Debí» declarar anuí, aunque no tengo motivo digno en que fundarlo, y sólo es obra de recelo ó sospecha que me asalta por cl conocimiento de las obras de estos dos poetas, que la colección intitulada Citía poética, más debe ser trabajo de Fornáris que de I.uaccs; ó bien que, en su empeño, cedió el autor del Aristedoiiio á una amistad poco franca y sobradamente exagerada y pueril.

JC)A(^ri.\ LORENZO LLACKS 1 93

€n' el manejo habilidoso del idioma en que escribe, y declara que sabe sostener convenientemente, en sus obras, el vuelo levantado de la verdadera inspiración. Encuentra muy nutrida de ideas, ataviadas con la majestuosa forma que su asimto requiere, la poesía que intitula La Naturaleza. Cita, el mismo crítico, los siguientes versos, tomados del Ultimo amor, y el soneto dedicado al alzamiento del país Lombardo- Véneto:

Por él Catón, muriendo, se engrandece, y triunfa Bruto, y su ofensor perece; y del audaz Hiparco, haciendo vanas las duras leyes que menciona el odio, con verde mirto cubre su fiel espada el vengador Ilerniodio.

A los nombres de patria y de venganza despierta rencoroso el Italiano, y alzando airado la robusta mano, altivo l)lande la nudosa lanza.

Le conduce á la gloria la esperanza; reta á los siervos del feroz germano, y retum])a en los ámbitos del llano el himno precursor de la matanza.

El pendón nacional despliega al viento; combate .bravo, asalta las almenas; huye el austriaco á su mirar sangriento...

Y, exhaustas ya las generosas venas, sólo pueden alzar en un momento jVenecia ruinas y Milán cadenas!

194 i--^ poesía lírica en cuba

Menciona, como dignos de elogio, otros, como La Pesca y Bruto, primer cónsul, copiando el robusto y animoso coro de su Canto de ,^uerra:

¡Venganza, griegos! ¡Misolonghi en ruinas bajo el alfanje de Ibrahim cayó! ¡Halle siempre el muslim, cual en sus muros, al griego muerto, pero esclavo no!

Para Villergas, Luaces pertenece á la raza de los verdaderos poetas, y señala su presencia en Cuba, como uno de los más predilectos hijos de la musa castellana. Es atildado y nimio en su lenguaje, sin ahogar en una forma amanerada y violenta el fuego sacro de la inspiración; no canta sólo la hermosura y el amor; su lira resuena cadenciosa y dulce al expresar el afecto que inspira la mujer amada, de igual modo que encuentra acentos bizarros y dignos arranques, cuando describe los adelantos de nuestra portentosa civilización y proclama la libertad benéfica de los pueblos.

Ya ve usted, amigo mío, si tengo tela larga que cortar, y si con tantos elementas como poseo, amén de una biografía detallada y minuciosa que me dio un hermano de Joaquín Lorenzo, con varios

jci ACOLÍN I.ORE.N/U J,UACKS I 95

versos inéditos de éste, que guardo como preciosa reliquia, no podría hacer un acabado estudio de sus obras si con más reposo, vagar y esparcimiento, pudiese coordinar mis ideas, darles forma adecuada y digna y poseyere más talento y a-iialítica atención. Por eso le decía, al empezar esta carta, que me veía negro, sin saber qué hacer con este poeta, uno de los más notables de Cuba. Señalar los defectos de Briñas, de Fornaris, de Yinajeras y de otros mil es labor fácil y acomodada al gusto público. Es más: la pequenez de sus obras dispensa al crítico de un trabajo serio, meditado y extenso; pero eso no sucede así, tratándose de hombres como Luaces, que han escrito mucho y muy bien, reservando la posteridad, para sus obras, una influencia patente y manifiesta en la dirección de nuestra juventud estudiosa.

Era nuestro poeta de familia modesta, aunque no pobre, y en ella halló siempre ejemplo digno que seguir, modelo honrado que imitar, y condición y despejo en que amoldar su carácter. De cuerpo enteco y encanijado, gozó de poca salud, y su robusto ánimo y valeroso esfuerzo viéronse mal encerrados en tan pobre y

I9Ó LA rOESÍA LÍRICA EN CUILV

menguada vestimenta. Sensible y afable en su trato*, caballeroso y digno, conocía perfectamente nuestra literatura y escribía con corrección y elegancia y de carrera,, no concediendo á sus escritos importancia alguna; enemisto de darse á luz v de lucir las galas de su ingenio, que él juzgaba, con su delicada modestia, de ningún valor. Gozaba en el triunfo de susamigos y aplaudía la revolución literaria de su país, amándole con amor ciego y exaltado. Cultivó todos los géneros literarios; pero las condiciones peculiares de su espíritu, su exquisita prudencia y benignidad le hicieron sobresalir más en los unos que en los otros. Y no podía suceder de otra manera. ;Cómo era posible que Luaces compusiese epigramas y letrillas, como Góngora y Quevedo? ;Cóma habían de valer sus críticas y sus artículos de costumbres tanto como los de Fígaro? Bufón lo ha dicho: el estilo es el hombre; y cuando quería poner de manifiesto los vicios de una obra, hallaba la disculpa de ellos y la aplaudía; cuando pensaba zaherir con un epigrama á un émulo suyo, lo hacía con tal suavidad, (]ue resultaba mócente y pueril en sus enfados; era todo amor y entusiasmo, y no

JOAQUÍN LORENZO LUACKS 1 97

podía lucir su ingenio sino en los grandes vuelos de la poesía pindárica, cuando exclamaba:

¡Ciro, Caml)ises, Alejandro, César, pasad en vuestros carros y corceles, que de cien pueblos la cerviz hollaron! . ¡Pasad! ¡Vuestros estériles laureles el incendio y la muerte marchitaron! Pero no los de Field... Ellos florecen, y sin llanto ni sangre reverdecen... ¡Vedlo, si no! Con diestra inmaculada, del sal)io ilustre conquistando el solio, ha subido al moderno Capitolio laureado y solo, sin pavés ni espada!

Ya he dicho antes que Luaces rendía fervoroso culto á la amistad. Prueba patente de ello es que en sus postrimerías, y cuando la muerte, aparejada de dolores, iba á visitarle, se creyó obligado, por el dicho de su amigo Mestre, pulido escritor cubano, y presentó al certamen, que abrió el Liceo, un trabajo notabilísimo. Es un valeroso esfuerzo de su musa, próxima ya á expirar ('•').

("') Para que vea usted ([ue no me dejo llevar de la pasión, quiero consignar aquí que en dicha oda hay versos tan impropios como ésle:

Doma al caballo, disciplina al toro

Pero ;(iué valen éste y otros lunares ante la severidad de la forma y la robusta entonación de este canto.'

IQS la rOESÍA LÍRICA EN CUBA

¡Oh Cuba! ¡Oh patria! ¡Si á mi acento rudo tan grave senda hollaras; si á la molicie enervadora alzaras con el trabajo previsor escudo; si enérgica arrojaras el traje bullidor de los festines; si opusieras con ánimo arrogante, al perfumado humear de los pebetes y al himno estéril del placer incauto, (jue al íntegro sonroja, el rugiente vapor que el agua arroja, el crujir del cilindro que voltea, y el alto hervor con que la masa roja del fundido metal bulle y ondea!

Ignoro si llegó á publicar en colección sus anacreónticas- pero las conozco casi todas, y puedo aventurarme á decir á usted que no me agradan, por más que en todas ellas se descubre la inspiración de este peregrino poeta. Fornaris confiesa que lo creyó discípulo de Anacreón, y que le estimulaba á seguir sus huellas ('•■). ¡Medrados estaríamos, por mi fe, si llega á tomar por lo serio su consejo! Hoy no tendríamos esas odas que

(*) Su corrección es tanta que ni uno solo de su.s heptasílabos tiene acentos en sílabas impares; es un escrúpulo de versificador que no hallamos ni en MelóndczIMitjans. Estudio sobre el movimiento cietitijico y litirario d¿ Cuba.

Este mismo autor dice que Luaces es superior a Heredia.

JOAQUÍN LORENZO LUACES 1 99

he citado y la que dedicó á Varsovia, que puede muy bien figurar entre las mejores de Quintana. A pesar de todo, en sus anacreónticas hay gracia y sencillez, y á veces cierta ligera travesura, que sienta á maravilla en este género de composiciones. Y, ya que he mencionado aquí su oda á Varsovia, me he de permitir recomendarle la lectura de esa brillante página de la lírica cubana. Hay en ella rasgos felicísimos, y hay también, y no tengo para qué negarlo, descuidos imperdonables en un autor, por lo general, tan correcto y escrupuloso en materia métrica. Estos lunares de fácil remedio son tan pocos, y de importancia tan escasa, y las bellezas abundan de tal suerte, que bien fácilmente pueden perdonársele.

Otra de las composiciones más notables de Luaces es un canto bíblico, ardiente, vigoroso é inspirado, que suscitó sospechas entre la gente de letras, dándose á pensar algunos que los viriles acentos de la lira de Luaces, pedían un caudillo para la independencia dé Cuba.

Señor, tu diestra inexorable alzada

cayó sobre nosotros; y en la corriente del Jordán sagrada

200 LA rOESlA LÍRICA EN CUÜA

bañó el asirio sus domados potros.

Xo hay razón de saber que no se vea

en torpe cautiverio; y reina en las campiñas de judca la espantable quietud /del cementerio.

El cáliz de la afrenta hasta las heces

nos dio á beber tu mano, y sólo vemos extranjeros jueces en vez del sacerdote y del anciano.

Dadnos, dadnos Señor, un varón fuerte

según nuestro deseo, como el intruso que llevó la muerte y el fuego y el terror al filisteo.

Mas si acaso desoyes nuestras preces

fortalece al anciano; dale, Señor, de los antiguos jueces el firme pecho, la robusta mano.

Pronto, muy pronto, entre el clamor inmenso

relucirán las teas; la misma diestra que te ofrece incienso armada se alzará... ¡Bendito seas!

El soneto titulado la Pesca, que cité' hace un momento, es una prueba evidente y clara de la flexibilidad del estro de Joaquín Luaces. Han pretendido algunos críticos que nuestro poeta, como buen discípulo de Quintana, sólo se dejaba arrastrar por los grandes ideales de

jOA(¿UI\ LORENZO I.UACKS 201

la humanidad, y que su vena arrebatada y violenta sólo encontraba medio de amoldar los arrebatos de su musa en los grandiosos límites de la oda. Por eso Menéndez Pelayo le juzga enamorado en demasía de la pompa y rotundidad del período poético, y asegura que suele abusar de su fuerza y caer en lo enfático y declamatorio. No he de culpar, ciertamente, al ilustre crítico montañés porque así juzga á nuestro poeta predilecto. Harto dice en su favor al reconocer la «pujanza grande de su fantasía y el empuje con que corre en sus estancias el raudal de la palabra sonora, venciendo todas las esquiveces y reparos del gusto». El mismo Menéndez, que coloca á Luaces en el tercer lugar entre los líricos cubanos, dice que sólo le «juzga por la incompleta edición de sus versos publicada en 1857».

Aparte de lo del tercer lugar, con lo que no estoy conforme, no encuentro motivo para poner reparo alguno en lo dicho por el docto académico. Menéndez no conoce las obras de Luaces, y por lo poco que llegó á sus manos juzga honradamente y con la lucidez que le es propia. Algo dice también D. Mar-

202 LA poesía LÍRICA EN CUBA

celino que no quiero dejar pasar por alto, porque en ello no sólo tengo que combatir una opinión expuesta por este erudito escritor, sino á todaia falanje de críticos peninsulares que, al encararse con algún poeta de Cuba, ponen singular empeño en buscar su filiación literaria, su alcurnia y abolengo en materia de arte. El Sr. Menéndez cree que Luaces tomó su entonación de Tassara, y yo declaro, como testigo de mayor excepción, que jamás he oído hablar á los literatos cubanos de ese poeta, que no he leído sus obras hasta que vine á España, y que, en la Habana, jamás llegó á mi noticia esa influencia que se supone ejerció sobre alguno de nuestros poetas. Tassara, valga la verdad, es un versificador correcto y enfático declamador; tiene, como vulgarmente se dice, poca enjundia poética; y compararlo á Luaces y añadir que éste se dejó influir por él, vale tanto, como si yo afirmara que Campoamor tomó la forma y la manera inimitable de sus doloras de cualquier poeta de menor cuantía. No, señor: ptira Tassara, parece que escribió Luaces aquel manoseado verso:

la pompa estéril de la inútil rima

JOAQUÍN LORENZO LUACES 20^

pues á eso y no á otra cosa rindió culto fervoroso el poeta castellano. Tassara es aún desconocido en Cuba. Lo aseguro bajo mi palabra. Y lo peor, para su memoria literaria, es que en España, fuera de cuatro caballeros particulares, nadie se acuerda tampoco de sus obras.

Esta digresión me llevó muy lejos del punto de partida; iba á mencionarle el soneto titulado La Pesca y me distraje de mi propósito. Vuelvo á él, y copio el soneto para que pueda usted juzgar por sí mismo:

Corre por entre margen cenagosa un arroyuelo sin bramar con saña; puebla su orilla la flexible caña, borda su margen la fragante rosa.

Como ninguna, mi guajira hermosa sobre una peña que la linla baña contra los peces con furor se ensaña, la mano presta, la mirada ansiosa.

Salta alegre, por fin, y delirante la cuerda tira con presteza suma, saciar creyendo su traidor anhelo;

y cuando fué á mirar el pez brillante que se agitaba en la ruidosa espuma... ¡halló mi corazón en el anzuelo!

Entre los versos inéditos que tuvo la bondad de facilitarme un hermano de Luáces (D. Agustín) figuran varios ro-

204 I.A rOESIA LÍRICA EN CUBA

manees y leyendas y un poema en octa- \'as reales de corte elegantísimo. Uno de sus cantos está dedicado al x\mor, y es una explosión de entusiasmo admirablemente expresada y sentida.

¡Amor, amor, emanación sublime, vivificante soplo del Eterno, de tu ley inmortal nadie se exime en la Tierra, el Olimpo ni el Averno! Atractivo calor tu influjo imprime más grato que la llama en el invierno, y á tu aliento prolífico y activo palidece el laurel, brota el olivo.

En vano Marte con sañudo acero despuebla de la tierra las regiones, profana templos con furor guerrero, yerma campos, incendia poblaciones... ¡Alma Venus!... ¡Cupido placentero! Vosotros visitáis esas naciones... La dulce paz y la (juietud renacen; aman los hombres y los hombres nacen.

A la atracción universal cediendo, los mares besan con placer la orilla; del roto muro la extensión cubriendo, lasciva yedra con amor se humilla; sus estrellas de púrpura entrealiriendo, la cambustera que esplendente brilla abre los brazos al soberbio ateje y en sus ramos las flores entreteje.

JOAíJlÍN I.ORKNZO LUACES 205

Recorriendo los ámljitos salados del mar de hielo que su mole llena, contemplan los delfines asombrados bramar de amor la colosal ballena; en tanto que sus bosques abrasados gana veloz la escandecida hiena cuando escucha el rugido que la llama y fuego intenso en su interior derrama.

Al númido león que al bosque aterra busca procaz- la cálida leona; la hircana tigre se revuelve en tierra ante el rayado esposo juguetona; por la intacta é indómita becerra que trisca por los campos retozona, al lúbrico rival provoca el toro, hiriendo el aire con mugir sonoro.

Repasando las obras de Milanés y Tolón luego se advierte el deseo que tuvieron estos matanceros de aclimatar en Cuba la leyenda de corte zorrillesco. Fornáris quiso hacer algo más con sus Cantos del Síboney; pero le salió el tiro por la culata, cosa que no podía menos de suceder á quien carecía de condiciones para la lírica. Luaces, que abarcó todos los géneros ('•') y que en todos

(*) «Poemas, odas, elegías, sonetos, romances y leyendas, anacreónticas, sátiras, epigramas: dos tragedias, cinco ó seis comedias, ocho artículos de costumbre y aiunos críticos; tengo, en fin, materia para siete li ocho

206 I.A POESÍA LÍRICA EX CT15A

ellos, como luminosa estela, dejó memoria de su paso, escribió varias leyendas y romances, de sabor marcadamente local, llenos de inspiración y ternura. Su hermano D. Agustín ine hablaba de este modo: «Tenía facilidad para escribir; cuando concebía una idea, formaba^ el plan muchas veces en la azotea, en la ventana, en cualquiera parte. Ni las voces, ni el ruido le interrumpían; tomaba lápiz y papel y hacía un apunte continuando la conversación; á estos apuntes les daba forma; hacía los versos, y... obra concluida, al estante, es decir, al olvido. Si algo publicaba hacíalo á instancia de sus amigos». Por eso sus romances y tradiciones históricas, muchas, si no todas, permanecen inéditas.

Queriendo hacer aquí un señalado servicio á las letras cubanas, voy á copiar una de sus narraciones romancescas, por más que ])ara ello haga inter-

tomos. » Esto me decía D. Agustín Luaccs el año 76, hablándome de su hermano, en casa del célebre médico Dr. Felipe Rodríguez. ¡Siete ú ocho tomos y no se publicó ninguno! ;En qué piensan los literatos cubanos que no se les ocurre sacar del olvido las obras del más egregio cantor de los trópicos? Si alguno de los literatos habaneros recoge la alusión, que cuente conmigo, porque en eso de honrar á uno de los poetas mejores dt- í'")'d no quiero ser de los últimos.

JOAt¿L;ÍN LORENZO LUACES 20/

minable esta carta, pero seguro de que usted habrá de agradecérmelo, como fino amante de la buena poesía:

RELACIÓN

(¡Por qué me persigues tanto con declaraciones, Pedro, cuando ves ([ue de las fiestas y de los bailes ine alejo?

No estoy siempre, como ahora, vestida toda de negro? Y, sin embargo, no lloro á ningún pariente muerto.

Este proceder te muestra (jue, más que en amores, pienso en ocultar en mi casa las angustias de mi pecho...

Pues, ya otra vez te lo dije, que me agradas te confieso; mas, como te dije entonces, nada ganarás con ello.

Y más te digo: (jue acaso con otro enlazarme puedo, que á tanto obligarme logra un sagrado juramento.

Xo me acuses de voluble, que, aunque es verdad que te quiero, jamás te admití por novio ni consentí galanteos.

Jamás con miradas tiernas ni favores indiscretos, alas dando á tu esperanza, quise animar tus deseos.

Y á veces, contra uií propia

208 LA rOKSÍA LÍRICA KN ClÜA

haciendo doliente esfuerzo,

he preferido á tu brazo

el brazo de otros mancebos.

Busca, pues, otras muchachas, que bastantes tiene el pueblo, que puedan llevar -en dote lo que yo llevar no puedo: una frente sin nublados, un corazón sin veneno y una mano que no tiemble de coraje y de despecho.

Adiós, pues, amigo mío, ' porque yo no me resuelvo á trasladar á tus venas el volcán que arde en mi seno.

No me mires de tal suerte, porque ya vacilo; y temo que entre lágrimas de sangre se escape, al fin, mi secreto.

Porque mi padre se muere, y siempre que te contemplo vengando su negra injuria me parece que te veo . . . Pero ¿qué digo? Perdona mi indiscreción... ¡¡Me arrepiento! ; Adiós! ¡Adiós! Separarnos por la Eternidad debemos.

PRESCRIPCIONES

Sólo tienes ([uince años, Juan Gualberto, por desgracia, que fuiste fruto tardío de mi vejez desdichada.

JOA«¿LlN LORENZO LUACKS 2O9

Y, sin embargo, prometes una juventud sin mancha, pues con el débil te humillas y con el fuerte te ensañas.

Si tuvieses, hijo mío, cuatro dedos más de talla, estoy seguro que nadie se atreviera á hollar mis canas.

Pero eres un débil niño y en vano busco en tu cara en cada luna creciente los asomos de tu barba.

Eres un niño, GualberLo; pero, Gualberto, trabaja para que en llegando á hombre tengas las fuerzas dobladas.

Xo ignoro que sin descanso manejas azada y hacha, <[ue persigues al l>:rraco y al toro más bravo enlazas;

(pie sólo á cuchillo rindes á los jíbaros de casta, y por descanso, el domingo nadas, corres, luchas, saltas.

Sigue así, que acaso pronto tengas las fuerzas sobradas, y entonces podré emplearte en .más honrosa batalla.

El manejo del machete has de aprender sin tardanza, pues las lecciones primeras has de recibir mañana.

Me celebraban un tiempo como diestro en todas armas, y he de enseñarte de modo

2IO LA poesía lírica EN CUBA

que renazca en ti mi fama.

V cuando ya considere que merezcas honra tanta te ceñiré aquel machete que devoran tus miradas.

El propio que en desafío arranqué al famoso Vargas, cuando se atrevió á atajarme el camino de mi casa.

Y entonces... Pero ¿qué miro: Hijo, tu rostro me espanta... ¡Ah! ¡Tú sabes mi secreto! ¡Virgen Santísima, gracias!

EL SECRETO

Pedro, Pedro, no has logrado^ á pesar de tus esfuerzos, que mi hermana te revele la causa de su tormento, y á preguntármela vienes disimulado, creyendo que por faltarme patillas he de ser un indiscreto...

Te lo diré ,sin embargo, Pedro Ponce, no por eso, sino porque todos saben que desde niño te quiero, y también para probarte que no olvido ni un momento el caballo que me diste con plata en albarda y freno.

Pero, por Dios, te suplico que me guardes el secreto,

JOAQUÍN LORENZO LUACES 211

y no digas en nii casa <[ue te hablé de tal suceso.

Mi hermana á todos lo oculta, (jue se encolerice temo, y tú sabes que, aunque joven, como á madre la respeto.

Mas, supuesto que la quieres con verdad, por lo que veo, voy á poner, á tus ojos, su corazón manifiesto.

Conoces á nuestro padre, <[ue anciano, doliente enfermo, va caminando á la muerte sin (¡ue ponga Dios remedio.

No ha sido siempre tan dél)il cual lo ves el pobre viejo, que sus hazañas de joven andan en boca del pueljlo.

V, sin embargo, Remigio, ese mozo santiaguero (jue dicen que no hay valiente que lo aventaje en denuedo; y del que sufren los mozos insolentes desafueros porque ha sabido inspirarles, lo digo con rabia, miedo, ese vil, ese atrevido, ese infame, ese perverso, ese inicuo, sobre el rostro de mi padre, audaz ha puesto la mano que no alzaría si d//a tuviese otro se.KO ó yo tuviese más años que los quince que ya cuento.

Me he lanzado va dos veces

212 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

sobre él de furor ciego, y (los veces me ha rozado las espaldas con el cuero; sin ninguna fuerza ha sido, sin ninguna, lo confieso, y por lo mismo, al mirarlo, en mayor rabia me enciendo.

Por eso muere mi padre y ella se viste de negro, y mientras viva Remigio no tratará casamiento.

Pero, amigo, ten paciencia, (|ue pronto llegará tiempo en que pueda yo medirme con ese audaz pendenciero.

Y cuando, sin sangre deje en las maniguas su cuerpo, con Rosa podrás casarte... jKirque entonces no habrá pero.

PROVOCACIÓN

Remigio, si con los mozos cü el vigor de los años gustas ensayar tu brío como en niños y en ancianos, l)aja al rayar de la aurora al arroyo de los mangos con cuchillo y con machete, (|ue allí te estaré esperando; y tan resuelto que, antes que llegue el sol al ocaso, mi cruz ó la tuya ponen mañana en el Campo Santo.

JOAQUÍN LORENZO LUACES 2 1 3.

La injuria del viejo (iómez

tomo, Remigio, á mi cargo:

con decir esto, te digo

á qué estoy determinado.

Va sabes que fué en mi rostro

donde pusiste la mano,

y verás como con sangre

la afrentosa mancha lavo.

Con tus armas, las mejores,

acude mañana al campo;

mira que estoy decidido

y, sin remedio, te mato.

Dará tu sangrienta muerte

á los audaces espanto,

y á insultadores de viejos

escarmiento necesario.

Así aprenderás que pueden

los valientes de Santiago

encontrar rivales dignos

en los mozos de San Marcos.

Yo no sé como en Alquízar

por tanto tiempo has privado,

sin que te echaran del pueblo

los hombres á latigazos.

Yo no sé cómo han sufrido

sus hijos más esforzados

que á sus niñas requebrases

de modo tan temerario.

Pero basta: tus bravezas

á su término han llegado...

Conque... ¡adiós...! Y no te olvides

del arroyo de los mangos.

314 i-i- S'V-^^-i I.Ia.:--. --- _rEA

RESPLTSTA

Tn prorocadm' billete esta nocJie he recüÑdo: an duds^ conoces poco al bombee á qiiíeai has escrito; pfxqoe. si noticias ciertas fanbieías de mí tenido, antes qne asi me escribieses te echaras, de miedo^ al now Pero, ¿ estas hoiasy snpc^^o qn¡e: ja sahras tn peligro, j por lo mismo, sin duda, estans arrepentido. Por lo cmal qoieio acmdaime de qne, si no como amigos, como buenos compañexos niTM-ha-^ Teces nos sexvimos. En los bailes de estos dias á tm hetnsana he conocido^

V me ha insj^iado tu hennana nn verdadero caiiño.

Y por eso iré al arroyo con d machete j cochillo; pat> t% Pedro, no vaptí -no varas. Pedro,, te digo! Iré al arrojo di^mesto; mas no vajas. te repito: esta sola deferencia

por tas insoltos exijo.

Si lo haces tá. te |MtMneto no ocnparme más contigo de este despreciable assmto en qne awdaw viejos j niño>.

Pero,, si al Arrojo acade?.

J<)A<,)UÍX I.ORF.XZO I.rACES 215

seré el de siempre; y te fío que en la tumba que se abra «l'edro» pondrán, no «Remigio».

Reflexiona, pues, un punto, que, si vas al desafío, morirás como murieron Juan Ortiz y Pablo Pinto.

CASTI(;0

¡Puedes decir á tu padre que el insulto está vengado! ¡Puedes decir que me quieres! ¡Puedes vestirte de blanco!...

Te escribo, bien de mi vida, y te escribo con trabajo, pues por mano de Remigio herida tengo la mano.

En esta misma mañana combatimos en el campo, y pude verter mi sangre ([ucriendo vengar tu agravio.

.Sin aliento en el Arroyo dos amigos me encontraron; pero muerto tu enemigo en el Arroyo ha quedado.

¡Adiós, mi bien! Pues ya salies que el Señor le dio descanso: puedes decir que me quieres, puedes vestirte de blanco.

También el teatro tiene que agradecerle á Liiaces. No era un poeta dramático, en el riciuroso sentido de la frase.

2l6 LA rOESÍA LÍRICA EN CUBA

Sus dramas, por lo común, son flojos; sus comedias bretonianas, á vuelta de una versificación fácil, fluida y elegante, descubren pobreza de trama, no despiertan el verdadero interés, necesario, gradual y constante que debe presidir en este linaje de trabajos. Ejemplo vivo y manifiesto de lo que digo se encuentra en El Fantasmón de Caravacu, Los dos amigos, El Becerro de oro, y otros, sin dejar su drama El Mendigo rojo, primorosamente versificado y con algunas situaciones de primer orden. Empero, puede asegurarse que sus mejores obras son: El Aristodenio y Arturo de Osbert. La primera de estas tragedias no tendrá la sencillez extrema de la Efigemia de Eurípides; pero ofrece un plan perfectamente concebido y desarrollado con acierto. Los episodios que inventa contribuyen á realzar al protagonista, y la figura infame de Theón es sublime y, sobre todo punto original ('^').

(*) Pero ya lo he dicho antes: no era Luaces un verdadero poeta dramático. Su talento vigoroso y exaltado, su inspiración valiente y robusta no hallaban cómodo albergue en el teatro, sujeto á reglas y preceptos; y cuya naturaleza obliga al autor á despojarse de su propia personalidad, para reflejar con exactitud las v^arias escenas de la vida que retrata. La admiración le arras-

JOAOLlN LOKKNZO I.L'ACKS 21

Y basta ya de bachillerías, que a poco más salgo de mi apuro, sin darme -cuenta de ello. ¿Puede esta carta servir de artículo, en mi futura obrar Pienso •([ue sí^ y, desaliñada y torpe en su expresión, si bien no estudia uno por uno los trabajos del infortunado Luaces, manifiesta bien á las claras, y sin artificio, la estima grande en que los tengo y el alto concepto que me merece quien, con su talento lozano y vigoroso, supo dar vida al pensamiento, ensalzar á su país y, contribuyendo á su mayor progreso, hacerse digno de los loores que le tributa la fama.

traba; un hecho cualquiera liacía arder su pecho en grave y noble indignación, y estas cualidades le hicieron ¿jrillar en los mas altos vuelos de la poesía lírica.

F. López de Briñas

Con este nombre conocíase en Cuba \m versificador florido, exaltado y ardiente en sus amores, defectuoso en el plan de sus composiciones, incorrecto en -el lenguaje, descuidado y desleído en la frase. Y no se crea que alcanzaron poca boga sus escritos; antes bien, el vulgo de que nos habla Lope y el vulgo de nuestros literatos concedióle sobrada fama, colocándolo, á la par de Mendive, Roldan y Zambrana, en los Cuatro laúdes, y otorgó á este autor diferentes premios en más de una sociedad literaria.

Nosotros, que no pensamos de igual modo, no hemos de brindar tan alto honor á sus obras. Nuestro propósito de no faltar á la verdad y de mantenernos en los límites que la razón dicta, nos impide prodigar aplausos á quien no los

2 20 LA rOESIA LÍRICA EN CUBA

merece; y á f e que no nos causa pesar tratándose de Briñas, pues sentimos verdadero contentamiento al asegurar á sus obras el olvido más completo.

«No son modelo á propósito para los jóvenes — dice Fornáris; — pero sus poesías escogidas serán siempre leídas con gusto»; y cita á renglón seguido el canto A Marta, La Estrella y el Sol, y otras varias que, á su juicio, merecen conside- " ración y aprecio.

Veamos hasta qué punto tiene razón el hijo de Bayamo, y citemos algo de las composiciones mencionadas.

CANTO Á MARTA

Oigo una voz en lo interior del alma (jiic me asi'q;iira d porvenir que ansio.

Te haré una choza de cortezas verdes, donde en un lecho dormirás de flores, donde jamás te faltarán sabrosas mieles y aromas.

LA ESTRELLA Y EL SOL

Me verás alumlirar la superficie de la región vacía...

¿Cómo puede tener superficie lo que es ilimitado?

R. LÓPEZ DK BRINAS 221

Mas no se piense que son éstos los únicos errores que comete Briñas: en su poema Colón se leen otros no menos disparatados:

Se ha puesto el sol, y tiende su ropaje la osbcura noche por- la mar desierta.

V al peso abrumador del desaliento se desploma sobre él el firmamento.

Dice, y la hora de arribar resuena en las tres anclas, (|ue, al caer á plonio, ruidosas á la par con la cadena, rompen del mar el esmaltado lomo.

:Queréis que sigamos copiando: ;No bastan estos defectos? Pues abrid de nuevo el libro; deteneos en su oda Redención del genero huinaíw, y leeréis:

la vida

con tres clavos cosida.

De muerte la escritura

que adquirió el hombre, etc.

¿Deseáis conocer sus versos A T.aiira?

¡Oh cuan bella á mis ojos resplandecéis de este mundo en la nada!

Si te miro en la danza enamorado, aérea cual tu risa (?)

:Queréis...r Pero no: basta con lo dicho para demostrar la poca significación literaria de este autor; y, al concluir estos renglones, diremos, como al comienzo de ellos: «Olvido para sus obras, perdón para sus faltas; eterna maldición para la influencia que ejerció». — 1868.

Rafael María de ^lendive

Le poete ne doit jamáis oubüer au profit d'iin avenir que lui méme trouve plus brillant, les exigences du présent et du lecteur qui ne tieni qu'a le dernier.

RlCHTER

Acontece, por punto general, que aquellos que atinadamente manejan la crítica literaria son los que, aplicando con menos acierto los preceptos del arte, incurren en los mismos defectos que reprochan en los demás, careciendo de las bellezas que en ajenas obras celebran y aplauden. Y esto sucede porque ha menester, el escritor que á la crítica tarea dedique las fuerzas de su inteligencia y saber, un talento profundamente analítico, gran copia de erudición y una fría serenidad que, si bien no está reñida, al menos . compónese mal y no se arregla y encaja

224 1"'^ rOESIA lírica en CU15A

con la briosa inspiración del vate y lozana fantasía. A este propósito dice Larra, á quien no nos cansaremos de admirar por lo mucho que discretamente nos deleita 3' enseña, que mal pudiera el cielo conceder tan codiciados dones á un individuo, sin contradecir sus propias leyes; y en su comprobación cita Fígaro á Homero, Virgilio y otros más que, si él no los mencionase, bien podríamos nosotros hacerlo por cuenta propia, comenzando las citas por el mismo Larra, gallardo y noble talento, tipo, cifra, mapa y compendio de nuestro aserto.

Se agolpan á la mente estas breves reflexiones porque vamos á trazar algunos rasgos biográficos referentes á uno de los cubanos que más se distinguieron en el campo de la poesía y que más medianamente manejaron el escalpelo de la crítica literaria (■■').

Xació Rafael María de Mendive el 24 de octubre de 1821, hijo de padres que, si antes habían sido ricos, tan pobres los encontró al venir al mundo.

(*) No acostumbramos estampar juicios sin comprobaciones. \'cansc sus trabajos en la Kí'íu'sía tic ¿¡i JíabíDui, principalmente el que versa sobre un, poema de Campoamor.

RAFAEL MARÍA DE MEXDIVE 22$

que no pudieron pagarle una escuela, y mucho menos un colegio donde hacer sus primeros estudios. En defecto de ello enseñóle las primeras letras, latín, italiano y francés su hermano D. Pablo, que había recibido una brillante educación en los colegios más notables de Inglaterra y Francia, y cuyo cariño por Rafael le llevó hasta nombrarle heredero de su pequeña fortuna, de la cual, por motivos de delicadeza, no quiso percibir éste ninguna cantidad.

Hizo Mendive sus estudios preliminares para la carrera de abogado en el seminario de San Carlos, donde á la sazón se daban gratis un curso de latín otro de filosofía y cuatro de derecho común. Recibido de bachiller en 1842, le comprendió la reforma del nuevo plan de estudios, y le fué preciso cursar los años quinto y sexto que exigía aquel plan para obtener el grado de licenciado, mientras que en la Universidad de Madrid se hacía necesario otro más, motivo que le obligó á no recibirse de abogado en la corte, como pensó hacerlo en 1845.

Vuelto á la Habana el mismo año, publicó en compañía de Roldan un se-

226 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

manario titulado Flores del Siglo; y dos años más tarde, un tomo de poesías llamado Pasionarias. Fué en este tiempo colaborador asiduo de El Faro I?tdusfrial, y secretario de la sección de Literatura en el Liceo de la Habana. A contar desde esta fecha hasta 1852^ residió en París, y después de esta ausencia regresó de nuevo á Cuba y fundó La Revista de la Habana, periódico quincenal que alcanzó gran boga y próspera y larga vida ('•'). Al año siguiente fué nombrado secretario de la Sociedad de Crédito del ferrocarril cubano, y así vivió contento y feliz, dando á la imprenta un segundo tomo de versos, con un prólogo de Cañete. Saludado por todos, alentado por muchos, se presenta el nuevo paladín en la arena literaria, recogiendo triunfos, siendo en breve aclamado como un poeta dulce, natural y cariñoso.

El mérito, que, á nuestro entender, distingue las poesías de Mendive, en esta época, es el de haberse alejado de per-

(*) Se dieron á conocer en esta revista los literatc > que más tarde brillaron en Cuba; y entre las poesías que en ella publicó Mendive, merecen citarse El canto fúit bre, Serenata á Paulina y la Música de las palmas. puesta en música por el célebre y malogrado Gotschalck.

RAFAEL MARÍA DE MENlJlVE 227

niciosa escuela, á la sazón puesta en boga en nuestro país. Nos referimos á la influencia de Zorrilla, que señaladamente se había significado en algunas obras de Palma, tomando carta de naturaleza en las de Fornáris.

Ha escrito además un libreto que fué puesto en música por el maestro Ardite, y cuyo título es Gidmara, habiendo tomado el argumento de uno de los poemas de Byron. Dio á la imprenta dos ediciones de las Melodías Irlandesas, de ]\Ioore, y aun guarda inéditos dos dramas: La mihe negra y Los pobres de espíritu, y dos leyendas llamadas El valle de los suspiros y Un drama en el mar.

Rafael María de Mendive, como casi todos los trovadores de Cuba, es tierno y sencillo, y agrada por la dulzura de sus cantos y los delicados matices de su sentimiento.

¡Y esto mismo se le ha querido echar en cara, pretendiendo significar la pobreza de su estro!

Nosotros, que no preferimos ningún

228 LA rOESÍA LÍRICA EN CUBA

género, ni somos apegados á determinada escuela, creemos que, dondequiera que se vean cumplidos los fines del arte^ allí donde se mire realizada la belleza, debemos admirar la fuerza creadora del genio, sin detenernos á examinar el tiempo que necesitó en su obra, ni su género, ni su escuela. Nos basta que haya belleza para que la admitamos, y por eso figuran en nuestra modesta biblioteca, Homero al lado de Cervantes; Byron y el cantor de Hamlet; Voltaire en el mismo estante que Lamartine, y fray Luis de León junto á Calderón de la Barca, D. Ramón de la Cruz y Leopardi.

No es, ciertamente, la filiación lo que buscamos en un poeta, y por eso no hemos de deplorar que Mendive sólo tenga una cuerda en su lira, si bien no disculpamos que, exagerando el tono quejumbroso del malogrado Heredia, preste cierta monotonía á sus cantos, condición que hace olvidar únicamente con los rasgos de sentimiento y delicadeza con (jue los exorna. Oigamos lo que dice á su hija:

Cuando en mis brazos con placer te estrecho, lleno de fuego celestial... entonces siento (jue, libre de tu amor en alas, dejo esta vida;

RAl'Al.l. MARÍA DE MENDIVE 229

Dejo esta vida y me remonto á un mundo donde, entre sueños, la pasión me ftnge vastas campiñas de perfumes llenas, plácidos bosques.

Nunca del pobre la mirada apartes; ave que errante en tu cendal se prenda sepa que tiene en tu sencillo pecho cima de flores.

¿Queréis conocer dos romances de lo más donoso y bello que ha inspirado la musa castellana? Pues leed la Flor del agua y Yiumiri.

El amor á la virtud, el deseo del bien, le dictan la sátira intitulada Lamento, en la (^ue, alejándose del camino emprendido por Quevedo y Moratín, llora las malas costumbres de la época, en vez de flagelarlas como ellos. No se encuentran allí la gracia, la travesura, ni la acerada ironía; pero ¡qué cuadro tan bello y rico presenta á nuestros ojos! Mendive, entregado á una soñadora idealidad, como dice Byron, canta con extrema sencillez y, avergonzado de los vicios de la sociedad, fulmina contra ellos terribles anatemas:

¡Cuan elocuente, oh Dios, y cuan sonora debiera ser mi voz en este instante, ya (pie infortunio tanto el alma llora!

230 l.A rOESlA LIIÍ.ICA KN CCÜA

Ven y serás, al presenciar conmigo el cuadro de tan mísera flaqueza, su juez más digno y su mejor testigo (*).

Escucha... ;Ves? A despuntar empieza, . entre celajes trémulos la luna mientras duerme feliz Naturaleza.

Reposa en calma én su dorada cuna un candoroso niño á quien halaga con sus brillantes sueños la fortuna.

I.a brisa, en tanto, cariñosa vaga entre las hebras de sus blandos rizos, como el postrer suspiro de una maga.

Y un ángel, contemplando sus hechizos, suspenso acaso con placer le cuida de la luna á los rayos movedizos.

Mas la amorosa madre ¿dónde es ida? ¿Dónde aquel labio está que con sus besos suaves nos llena el corazón de vida?

¡Qué versos tan preciosos! Veamos ahora ^cómo traduce á Moore en una de sus celebradas melodías irlandesas:

Ven conmigo silenciosa,

niña hermosa,

sobre el mar; Ven á ser mi compañera cuando el sol solemne iuipera, ó nos cubre temblorosa

la espantosa

tempestad.

(*) l'illcrgas dice, y con razón, ((iic este juez debía se: más recto y menos digno. Passez le ttiot.

RAÍ AEL MARÍA DK MENDIVE 2^1

¿Qué me importa ser cautivo

si aquí vivo

sin tu amor; si ligada está mi vida con tu muerte, y siempre unida va mi suerte á tu existencia,

y á tu ausencia

mi dolor?

En la tierra los más bravos

son esclavos,

¡no en el mar!, donde nadie nos espía ni hay más luz, ¡oh niña mía!, que la luz esplendorosa

de la hermosa

libertad!...

La muerte del malogrado Palma arranca á su lira notas delicadas y sentidas. No se cumple en él el conocido proverbio de ¿quién es tu enemigo? — El de tu oficio. — Rinde por el contrario, tributo cariñoso y digno á la memoria de los que fueron sus compañeros de letras; ensalza sus nombres y recuerda sus virtudes y talentos. Heredia, Milanés, Tolón y hasta Acosta, que fué bien mediocre, le sirven de motivo para alabanza, en uno de sus más celebrados romances. ¿Qué mucho que Ramón Palma, que era hombre de talento y corazón entero y

232 LA I'OESIA LIKRA EX CUIJA

valiente, arrancase á su lira notas tan sentidas é inspiradas como estas?

¡Mentira me parece, mentira, que haya muerto!... Sin luz está su alcoba; su lecho está desierto, y en él tan sólo reina . profunda soledad!...

Las lámparas de oro se encuentran apagadas; su lira hecha pedazos; sus rosas deshojadas, y envuelto en sombras fúnebres el ángel de su hogar.

Murieron, ¡ay!, murieron las dulces esperanzas, los sueños de ventura, las plácidas confianzas y aquellos goces íntimos de férvida pasión!...

Xi gritos, ni lamentos, ni cánticos, ni quejas, ni Ijesos, ni suspiros devuelven esas rejas, que mudas guardan, lúgubres, su espléndida mansión.

Abierta está la página del liliro que leía, y en cuyos versos ávida el alma se embebía, cuando cual rayo súbito la muerte cni:l le hirió.

La estatua del silencio f

adusta se levanta.

RAKARI. MARÍA DE MENDIVK

y el genio de la música oprime con su planta y apaga el son armónico del arpa del placer.

Cubierto por las nieblas su fondo oscuro y frío, no guarda ni una gota del llanto que sombrío en los momentos últimos 7'er/ió sií corazón.

¡Oh cielos! ;Es posible? La muerte no respeta ni al férvido patriota, ni al mártir, ni al ]:)oeta, en cuya frente espléndido brilló más de un laurel.

¿Qué ven a(|UÍ mis ojos? ¿()ué escuchan mis oídos? Fragmentos y despojos en polvo convertidos, y el eco melancólico de algún suspiro fiel!...

Xo hemos de seguir copiando. No es menester qtie citemos otras composiciones. Historiando la poesía horaciana el erudito Menéndez Pelayo (••'), cita con elo-

C'\i F.stc mismo autor, en la .Antología de poetas hispanoamericanos, dice hablando de Mcndivc: .Menos monótono y más correcto que Zcnca, aunque inferior á i-l en intensidad de sentimiento; menos pomposo y declamatorio que Luaces, aunque también de estro menos viril é imaginación menos ardiente, era el más elegante y delicado de cuantos en estos últimos tiempos han hecho versos en Cuba.»

23-1- I-A poesía 1.IRICA EN CUBA

gio y estima la que dedicó este autor A un arroyo, y en \ erdad que es notable. Con lo expuesto basta para probar el mérito de este poeta; y tiempo es ya que digamos algo sobre los defectos en que suele incurrir, poniendo punto final y remate á este artículo.

No cabe en humana obra nada perfecto, ni hay rosas sin espinas, rayos de luz sin sombras, ni sol sin manchas. :Qué extraño, pues, que un poeta presente, al par que muchas bellezas, algunos lunares en sus versos? Mendive, el correcto y pulido Mendive, escribe versos tan inarmónicos como éste:

Nos devoran de dolor y de tristeza.

Rimando goza con esposa (Esperanza) ^ aplausos con brazos (A Dervenine) y lágrima con mágica (La gota de agua); tomando verbos en acepción impropia, como lo hemos probado al hablar de sustercetos. Mas ¿qué importan estos defectos y algunos otros que no citamos en gracia á la brevedad?

Errare humanum est.

«En las composiciones de nuestro cantor cubano — dice el Sr. Cañete — se advierte desde luego que sabe sentir, que

RAFAEL MARÍA DE MENDIVE

■ó:)

tiene ideas propias y sentimientos elevados, que conoce y maneja atinadamente el idioma; que ve con acierto en el gran libro de la naturaleza, y que la hermosura de los campos, el agreste esplendor ■de las montañas y la majestad de los mares causan en su alma impresiones profundas y duraderas; pero se conoce también que, deslumbrado á veces por el falso brillo de una escuela que tuvo momentáneamente gran boga, y que ha caído ya en la sima del descrédito, cuando no en la del olvido (que es lo mejor que pudiera sucederle), vicia su índole peculiar, seducida por el irreflexivo aplauso que arranca al vulgo el oropel de ciertos ingenios corruptores, y se empeña en imitar y seguir á quien no merece tanta honra.»

Estos datos biográficos quedan incompletos. El poeta vive enmudecido en Nasseau triste y solo, y separado de su hogar y de su patria. La ola de la revolución le alejó de Cuba. ¡Destino adverso que roba á la literatura sus más gallardos campeones!

Después de la pacificación de Cuba regresó á la Habana, donde publicó la

236 , LA poesía lírica EX CUJ'.A

tercera y última edición de sus versos que tengo á la vista. Es la más completa de todas, y en ella ha suprimido no pocas composiciones, añadiendo otras de sus postreros tiempos, y castigando y limando muchas de ellas. Reprodúcese en esta edición, como en las anteriores, el correcto y bien pensado prólogo de Cañete, y como nota biográfica, con sus ribetes y pespuntes críticos, contiene^ además, un sabroso estudio de Vidal Morales, escrito con exacto conocimiento de lo que trata, y lleno de interés por las noticias que acopia y los datos que suministra. No hay duda que Morales es un bibliógrafo de la madera de los buenos: no se acabará con Bachiller, en Cuba, esta raza de escritores.

Vuelto jNIendive de la emigración, le brindaron sus amigos con la dirección de El Diario de Mataiizas, periódico liberal é independiente, cuyo cargo de director desempeñó por breve tiempo, regresandoá la capital para consagrarse por completo al ejercicio de su profesión de abogado, en el despacho de su amigo Valdés Fáuli. En estas tareas le sorprendió la muerte, siendo objeto de una respetuosa manifestación de cariño su entie-

RAFAEL MARÍA DE MENDIVE 237

rro. Todos los periódicos de la isla tributaron al poeta los laureles que con su inspiración, exquisito gusto y delicado sentimiento había sabido conquistarse.

Ya Zenea dijo que, «como los pájaros que oyen un ruido y cantan, Mendive se eleva en alas de su inspiración cuando se conmueve y habla naturalmente en el idioma de las almas sensibles... porque es un poeta de imágenes delicadas, y hay en sus versos una música delicadísima que halaga nuestros oídos.»

Villergas también se ocupó, en el examen, de las obras de este poeta, asegurando que «es uno de los mejores líricos contemporáneos, sin que, entre todos los ([ue hoy manejan la lengua de Castilla, le supere uno solo en las melodías del sentimiento». La Avellaneda le llamó «poeta eminentemente tierno», y todos, en fin, los que se han ocupado en su estudio, han reconocido su inspiración brillante y sus fáciles y armoniosos versos, que se pegan al oído, «como sucedió con los del Trovador y como sucede siempre con los que tienen mérito positivo.»

En la última edición de sus obras incluye Mendive un poema ó leyenda titulado Cuento de amores. Es una narración.

2^,8

T .\ I'OESIA lírica EN CUBA

algo deshilvanada y falta de trabazón y enlace; puede que sean fragmentos de una gran leyenda que dejó sin concluir; pero, de todos modos, hay en este cuento de amores versos hermosísimos, descripciones de primer orden, muestras, en fin, del celebrado talento de su autor. En este sentido, acaso sea lo que más nos gustó de cuanto escribió.

José Socorro de León

Escribió este poeta un tomo de versos intitulado Flores silvestres, 'y, como no le conocemos otra cosa, por ellos habremos de juzgarle.

Desde luego salta á la vista que no pensamos bien de sus versos, y de esta opinión ha de convencerse el que leyere si se toma la molestia de repasar esta estrofa, que, como otras muchas, presenta una forma detestable y un pensamiento por demás pobre.

Dadme de ádcl sepulcral corona, y el bastón del mendigo miserable con su sombrero y frac hecho jirones para aln-ii^arnic.

Y no es esto de lo peor que encontramos, pues, pagando escote á la manía de su país, escribe soné.. .tazos, que todo pueden ser menos sonetos.

240 1 A poesía lírica en cuija

Sin embargo, á pesar de tantos yerros, no con sobrada ligereza anduvimos al llamarlo poeta, que bien merece este nombre quien escribió el precioso romance Le vuelvo á ver.

Helo aquí:

Y te vuelvo á ver. \ky triste! ¡Cuánto por este momento, cuánto, luz de mis delirios, suspiró mi amante pecho! ¡V te tengo entre mis brazos! ¡V oigo tu voz y no sueño! ¡V me dan tus labios dulces el más dulce de los besos! \' yo esperaba... esperaba, y en la fiebre de mi anhelo nunca pensé que llegase, nunca, este instante supremo. Pero ¿es verdad, no es mentira que en mis brazos te contemplo y que es tu voz la que escucho y estos besos... son tus besos? ¿Es verdad que eres tú misma la que ciñes á mi cuello tus brazos... cadena suave de dichas y de embelesos? ¿Xo es ilusión (juc te escucho? •No es ilusión (jue te veo? ¿Es tu corazón amante, ¡dilo por Dios!, el que siento (|ue solloza... que suspira, y late... como queriendo decirme con sus latidos

JOSÉ SOCORRO D'.-. I.KOX 24 1

tic tu cariño lo inmenso?

¡Como que he soñado tanto

de nuestra ausencia en los tiempos,

me asusta que un sueño sea

ia viva emoción que siento!

V como que en esos días

de separación y duelo,

cuando no soñaba, ¡ay triste

y duro presentimiento!,

herido en medio del alma

por el dolor más intenso,

por el dardo más agudo,

pensaba con desconsuelo

que en la tumba del olvido

sepultabas mis recuerdos.

-,Oh! Permite que en tus labios,

-en lus labios siempre frescos,

beban otra vez amores

los míos, que ya están secos.

No te apartes de mi lado...

no te alejes de mi seno...

(Déjame buscar la vida

en el ámbar de tu aliento!

^\'es ese rayo de luna

que i)or el follaje espeso

penetra de la arboleda?

Fues es de amor mensajero...

amor le manda que alumbre,

de la noche en el silencio,

la escena más deliciosa,

de los amores más tiernos.

(iisbert sólo dejó un corto número de composiciones, y, sin embargo, se

halla colocado entre los clásicos franceses. ¿Qué extraño, pues, que nosotros escribamos aquí el nombre de León, después de habernos legado este delicado romance?

Juan Clemente Zenea

Voy á tratar de un poeta infortunado, muerto en lo mejor de sus años, cuando el porvenir le sonreía y tantas páginas de gloria le estaban reservadas por sus cantos.

La guerra, semejante á ese monstruo <]ue nos pinta la antigüedad, todo lo ab-

m íjorbe y atropella. A su paso desapare-

" -cen hombres, riquezas y hermosuras. ¡Ah! ¡Y cuántas lágrimas nos cuesta! Heredia muere clamando por el sol de su patria; Plácido es fusilado en Matanzas, y Zenea, tras de horrible cautiverio, recibe igual terminación que el ilustre peinetero.

■B. ¡Maldita la guerra y bendita la paz!

^h Nació Juan Clemente Zenea en Ba-

244 I-"^ rOESJA LÍRICA EN CüÚA

pues sólo contaba diez y siete años, colaboró en La Prensa, y dirigió, en compañía de su primo Estrada Palma, mediano escritor, por cierto, El Ahncndares,. semanario de literatura y artes. (1852).

Alimentando ideas de independencia,, «cansado de soportar la mirada del déspota español), según decía, tom6 rumbo á New-York, y de allí pasó á México, donde redactó el diario oficial de la República, hasta (jue la revolución de Yara le llamó á sus filas, y, abandonando entonces gloria, familia y hogar,, escribió artículos de propaganda y combate en La Rc7'o¡iición , disertó en el Ateneo Cubano de Filadelfia, animó á los débiles, esforzó á los valientes, y,, corriendo tras muerte segura, salió para Nasseau, y de allí para Cuba; conferenci6 con Céspedes, arengó á los suyos, y... ¡terminación prevista!... apresado por las tropas del Gobierno, fué fusilado en los fosos de la Cabana el 25 de agosto de 1871.

A la noticia de su muerte se publicaron en un periódico de la corte sus poesías postumas, precedidas de frases apologéticas, protestando contra los voluntarios de la Habana por haber fusilado al poeta que había escrito:

JUAN CLEMENTE ZENEA 245

porque tengo por más honra

ser libre filibustero

(pie ser pirata negrero

y torpe esclavo de un rey.

Algo me dijeron referente á Zenea que (iiiiero apuntarlo aquí, para que otros, más afortunados que yo, puedan depurar los hechos, comprobarlos ó rectificarlos y escribir con acierto la historia de su vida.

I.o (jue me contaron se refiere á su último viaje á Cuba, cuando cayó prisionero.

Afirman que Zenea y Ramón Rodríguez Correa (?), de acuerdo con Nicolás Azcárate, fueron comisionados por el Gobierno español para tratar con Céspedes de un arreglo que pusiera término decoroso y digno á la guerra, algo así, por ejemplo, como lo (jue sucedió más tarde en el Zanjón.

No les fué propicia la fortuna, á pesar del salvoconducto que llevaban, bien que también hubo de pagar caro el propio Capitán (¡eneral su benéfico intento, cuando, amotinados contra él los voluntarios de la Habana , desconociendo su autoridad y hollándola con torpeza y con testimonio claro de su indisciplina, le

246 I.A I'OKSÍ.V LÍKICA KN CV}\\

obligaron á resignar el mando de la isla.

Correa — Correíta, como todos le llamaban— pudo escapar mejor, y se marchó á ]\Iadrid, donde siempre vivió este ingenioso cubano; pero Zenea, más conocido en la Habana, pagó^ con la vida la noble misión que se había impuesto.

Andando el tiempo, y siendo Sagasta Presidente del Consejo de Ministros, de los gastos secretos de la Presidencia, se destinó una suma — veinticinco mil duros — para la familia del inspirado bardo.

¿Fué á guisa de indemnización? ¿No valía la cabeza del cantor de Fidelia más que un puñado de pesetas?

Repito que ninguno de estos hechos me consta de una manera positiva. Me los refirió persona muy seria y formal, que aseguróme había intervenido en lo de la indemnización. Yo, al consignarlos en este libro, lo hago sólo para que sirvan como «datos á comprobar» á los que con más reposo y calma que yo escriban la historia de la literatura cubana.

No he de juzgar á Zenea en el campo de la política. A otros toca tan ingrata tarea. En la candente arena de la política no esparcen su fragancia las flores. Allí todo es campo de soledad y aban-

JUAN CI.KMKNTK ZKNKA 247

dono. En los verjeles de la poesía encontraremos grato solaz y esparcimiento al ánimo. Zenea era un poeta notable, y en sus versos se retrata su alma apasionada y vehemente.

Desde el punto de vista literario, su vida fué no menos activa, y de ello se resienten sus trabajos. Escribía mucho y de prisa, sin detenerse á corregir lo escrito. El Sr. Merchán asegura lo contrario. Dice, con relación al mismo Zenea — nosce te ipsiiin — que sus composiciones eran siempre muy grandes en un principio, que las limaba mucho, tachando todo lo que le parecía inútil á su propósito. Ello será verdad, porque yo no he de decir otra cosa- pero es lo cierto que, si limaba, su lima estaba embotada muchas veces. Sirvan de ejemplo muchos de sus versos que pregonan bien á las claras con su desaliño el poco esmero y \igor con que fueron escritos.

Pero ¿quién no perdona algunos defectos en presencia de las infinitas bellezas de sentimiento como encierran sus

24S LA POESÍA LÍRICA KN CUBA

versos: Juan Clemente Zenea, como Mendive, aunque, á mi juicio, superior á él ('''•), es el arroyo que serpea y fecunda los campos, no el torrente que se desborda espumoso. Poeta de sentimiento, de galano estilo y pura dicción, escribió romances delicadísimos, género en el cual sobresalió como pocos. Y en prueba de ello voy á copiar algo de su célebre elegía á Fidelia.

¡Bien me acuerdo! ¡Hace diez años, y era una tarde serena; yo era joven y entusiasta; pura, hermosa y virgen ella! Estábamos en un bosque sentados sobre una piedra, mirando á orillas de un río como temblalian las yerbas.

¡Yo no soy lo que era entonces, cora/.ón en primavera, llama (pie sube á los cielos, alma sin culpas ni penas! Tú tampoco eres la misma, no eres ya lo que tú eras; los destinos han cambiado: ¡yo estoy triste y tú estás muerta!

Con estos temores vagos marché á lejanas riberas,

(*) Esta opinión mía he tenido el gusto de vciia confirmada por Menéndez Pclayo en su Antología.

JUAN CI.KMENTK /.ENEA 249

\ allá bañé mis memorias con una lágrima acerba; juzgué tu amor por el mío, entibióse mi firmeza, y, en la duda del retorno, ¡olvidé tu imagen l)ella!

¡Bien me acuerdo! ¡Hace diez años de aquella santa promesa, y hoy vengo á cumplir mis votos y á verte por vez postrera; ya he sabido lo pasado, supe tu amor y tus penas, y hay una voz ([ue me dice que en tu alma inmortal me llevas! Mas... lo pasado fué gloria; pero el presente, Fidelia, el presente es un martirio: ¡yo estoy triste y tú estás muerta!

El Sr. IMerchán, cjue es un crítico juicioso y erudito, capaz de buscar el abolengo literario ó cualquier frase por insignificante que sea, en un estudio, como todos los suyos, lleno de sinceridad y buen gusto, reconoce que Zenea en algún pasaje de este romance imitó ó más bien se impresionó en ciertos versos de Musset, con quien tenía no pocas afinidades, al igual que en aquella hermosa plegaria que comienza:

;;0 LA poesía lírica EN CUBA

¡Señor, Señor! El pájaro perdido puede hallar en los bosques el sustento, en cualquier árbol fabricar su nido, y á cualquier hora atravesar el viento!

tuvo presente otro pasaje de Lamartine. Estas sabias indicaciones del señor Merchán, lo mismo que sus citas de Víctor Hugo, muy puestas todas en su lugar y traídas muy á cuento para estudiar las afinidades y analogías de estos poetas, sirvieron de base á más de cuatro gerundios literarios, para tratar de menoscabar la gloria de Zenea. Rebuscadores de oficio, en cuanto ven algo que les venga bien á su deseo de empequeñecerlo todo, lo ponen de manifiesto, sin procurar conocer las bellezas. Les ocurre algo parecido á lo que me sucedió con un reverendo padre que vino á pasar unos días á mi casa. Era hombre docto y muy versado en sagradas y humanas letras, y, por razón de su hábito y porque, dicho sea sin jactancia, pues no creo que pueda haberla en esto, tengo orgullo en poseer una capilla llena de obras de arte, quise enseñársela, deseoso de que admirase unos preciosos lienzos sobre asuntos religiosos de Menéndez Pidal, Robles y LTria y unas esculturas

JCAN (LKMKN'TK ZENEA 25 I

del laureado Folgueras. ¡Imagínese el lector cuál no sería mi asombro al ver á mi reverendo pasar por delante de estas obras de arte sin hacer el menor caso de ellas, y fijarse, en cambio, en la parte inferior de una mediana vidriera de colores que, por descuido, había sido colocada al revés!

Como el fraile de mi relato son los críticos de que hablo. Ven los vidrios de colores que nada valen, y no sienten en el alma el entusiasmo que despierta la contemplación de la belleza artística.

También hay crítico tan despierto y zahori que no pasa día sin (jue descul)ra un nuevo mediterráneo.

A propósito del romance á Fidelia han dado en la gracia de ver un pensamiento político y enrevesado allí donde los demás inocentones sólo advertimos sentimiento y poesía. Piensan que el objeto de tanta tristeza no es otro que la pérdida de toda esperanza de libertar á Cuba, y que Fidelia es la representación poética de la patria. Con decir que el mismo Zenea, anticipándose á estos caritativos escritores, refirió que, al volver de un cementerio de acompañar el cadáver de una joven, se le ocurrió el

LA rOESIA lírica EN CURA

pensamiento de escribir este romance; (}ue improvisó unos cuantos versos sobre este asunto; que se los recitó á un amigo, y que, aconsejado por éste, terminó luego su obra, tal como se publicó más tarde, queden reducidas á polvo tan cristianas suposiciones.

Otro tanto sucedió con Luaces. Apareció su canto á Misoloiigui, su oda á Varsovia, la Oración de Matatías. :Qué otra cosa se propuso el poeta más que disfraznr sus sentimientos hostiles á España? Y lo más chusco es que, lanzada la suposición por parte de los incondicionales, les sirve á maravilla á ios del bando opuesto, y la hacen suya, y todos leen, ó pretenden leer entre renglones, lo que acaso no pasó por la mente del autor. :Qué más? Para que se vea lo grande que es esta suspicacia, voy á referir lo que me sucedió á mí... ¡á mí, que soy más espaíiol que todos los españoles que fueron á Cuba!

Colaboraba yo en un semanario que se publicaba en la Habana, dirigido por el satírico Villergas, y recibí el encargo de hacer la crítica de un libro de poesías (Gritos del combate) del Sr. Núñez de Arce, mi cjuerido y respetado amigo.

TUAX CLEMENTE ZENEA

^bó

Escribí mi artículo, y^ estudiando el famoso poema Raigmimdo Lulio, se me ocurrió citar unos versos de su introducción, en los que declara el poeta su repugnancia á toda traba é imposición^ refiriéndose á la fe religiosa. Fué mi trabajo á la imprenta, y, al mandar el periódico á la censura, el fiscal creyó oportuno tachar los versos de Xúñez de Arce, cuando el libro que los contenía se vendía públicamente en la Habana, ¿(^ué se figuraría ese fiscal al obrar de esta manera? Remití el número tachado por la censura al Sr. Núñez de Arce, para que se enterara del asunto, porque en Madrid, vergüenza da confesarlo, se ignoran la mayor parte de las atrocidades que se hacen en Cuba.

Pero basta de digresiones y quédense á un lado esos eternos atizadores de malas pasiones. ¿Qué consiguen con tan inicua labor? ¡Poca cosa, en verdad! Convertir en eternos enemigos á los que la naturaleza hizo hermanos. ¡Qué horror!

Xo sólo se distinguió Zenea en e) romance: también en la oda recuerda los graves acentos del agustino León.

¿Y éstas son las hermosas albas del porvenir? ¡l^elirio insano!

2 54 I A poesía lírica ex cuba

,Ay mis lirios y rosas! ¡Oh dichas engañosas! ¡Oh breves goces del amor humano!

:He de seguir copiando versos: :Queréis conocer sus hermosas quintillas, dignas de Gil Polo:

Mensajera peregrina que al pie de mi bartolina revolando alegre estás: ¿de dó vienes, golondrina? (Golondrina, -á dónde vas?

Bien quisiera contemplar lo que tú dejar quisiste: ¡quisiera hallarme en el mar, ver de nuevo el Norte triste, ser golondrina y volar!

Xo busques, volando inquieta,

mi tumba oscura y secreta:

golondrina, --no lo ves?

¡En la tumba del poeta

no hay un sauce ni un ciprés!

A pesar de lo copiado, Zenea pagó tributo á su época; imitó al dulce Milanés en sus yerros y prosaísmos, y, llevado por ideas exageradas de una falsa poesía social, trazó cuadros faltos de verdad y de mérito, en los que desciende al nivel de un mediano versificador.

JUAN CLKMKNTK /KNEA 255

♦ y en espléndida cuna te acostaron», fia fortuna tom(3 por otras sendas. -^ € Vamos donde los sauces

gimiendo anuncian, que desde el golfo sube la blanca luna. ;>

Ya tuve ocasión, al hablar de Milanés, de demostrar los desaciertos á que dio lugar con sus extravagancias de última hora. No sé por qué, ni atino tampoco á descifrarlo, siempre que de las obras del poeta, matancero se ocupan los literatos cubanos, haciendo caso omiso de La madrugada y de La fuga de la tórtola, sólo aplauden La madre adiíltcra, A Larra, La Ramera y otros versos del autor del Conde de Atareos, que, ó mucho me engaño, ó son de lo peor que de su pluma ha salido. Achaque será tal vez de mi torpe inteligencia y saber escaso encontrar defectos donde sólo hay bellezas, y desechar aquello que precisamente más falta me haría; pero... ¿por qué no confesarlo?... no me conformo con meras afirmaciones y nombres más ó menos respetables, que eso sería cuestión de verlo, ya que no es oro todo lo que reluce. Quiero que se me pruebe de una manera clara y ter-

256 LA POESÍA LÍRICA EX CUHA

minante si composiciones en que abundan versos como éstos:

«no hay Dios; el hombre es monstruo y su ahíia

r fea » , <.la pobre cuna donde duerme un bulto», ■^rendida y muda ante el querer de liestiaa, etc.

pueden ser buenas ó aceptables siquiera, para quien se aprecie de rendir fervoro- 5;o culto á la verdad.

Entre las diferentes ediciones que se hicieron de las poesías de Zenea, debe contarse como la mejor aquella que, publicada por el Mundo Nuevo ^ de NewYork, corre magníficamente impresa desde 1873. La que formó su autor en 1860 LLos cantos de la tarde) , lo mismo que la (jue publicaron los editores de Las Brisas de Cuba (1856),. á más de ser incompletas, contienen infinidad de yerros y dislates.

Y aquí termino estos apuntamientos, por demás brevísimos y de ningún valor, añadiendo que Zenea escribió en La Rtvista LLabanera (semanario que dirigía

lUAN Cl.KMKN ir. ZKNEA 257

en 1863) una serie de artículos acerca de la literatura angloamericana, (¡ue prueban, cuando menos, lo familiar que debía serle la lengua de Edgardo Poe.

Juan Clemente Zenea hubiera sido un gran poeta con más meditación y calma. Con la agitada vida de conspiradior y el corto número de sus años, solo ha dejado adivinar con sus versos un destello de su genio.

Al repasar la preciosa historia de sus infortunios, ;quién no maldecirá la guerra? ;Quién no bendecirá la paz:

Antonio Vinajeras

Con poca ó ninguna resolución y cobarde ánimo damos comienzo al presente trabajo. Antonio Vinajeras es amigo nuestro; él nos presentó al público de Madrid, cuando por primera vez, bajo el velo de un pseudónimo, dimos á luz un tomo de versos. ¿Será por eso menos imparcial nuestro juicio crítico? ¡Quién sabe! Tal vez, sin darnos cuenta de ello, incurramos en el mismo defecto que de todo propósito señalamos en los demás; tal vez... Pero, no: basta ya de suposiciones, que algo ha de quedar para el curioso lector, y él verá si caemos ó no en falta tan odiosa que ya, en el pasado siglo, era amargamente censurada por el ilustre Montesquieu.

Los hijos de la América latina que hayan leído las pampiroladas que se publi-

200 LA l'OESIA lírica EN CUP.A

carón en la Habana contra Vinajeras, se extrañarán al verle figurar en nuestra galería, y doblarán desdeñosamente esta hoja, sonriendo con malicia del puritanismo del autor de estos apuntes. No, no paséis adelante sin detener la vista en esta página. Poco juicio y no mucha cordura sería desestimar las obras de este poeta, cuando aplaudisteis á Betancourt^ Chaves y J^icinto Valdés y tuvisteis un cariñoso saludo para la Hija del Dami/JL No son razones las que alegáis: los artículos publicados en Las Brisas de Cuba no prueban nada, absolutamente nada, coma no sea la poca pericia literaria de su autor, ilustre naturalista, ciertamente, pero campanudo y pentacróstico poeta, á quien vienen de molde y como pedrada en ojo de boticario aquellos versos de Villergas:

Es un poeta en invención muy flojo, y un literato en presunción muy fuerte.

Y para probar esto no tendríamos más que apuntar aquí alguna estrofa de su composición A un arroyo, donde saca el jugo almibarado de las Jlores, y la tierra ^ en su fecimdo seno, presenta mil insectos y que alimenta

en acjuel corto espacio de terreno,

ANTONIO \i.\\ii:ras 261

como dice este poeta por antífrasis; pero hacemos gracia de ésta y otras muestras de poesía en estado de canuto y pasamos á tratar de Vinajeras, que, á la postre, como poeta, vale más que él, ¡nalgré

iHi (*).

Y, ya que cité antes unos versos de Villergas, recuerdo que, hablando de un panorama muy celebrado que representaba al Great-Eastern, á cuyo lado parecían lanchas de pescar los navios de tres puentes, decía que de igual manera semejaban coplas de Calaínos las odas de Píndaro y de Quintana, comparadas con las sublimes inspiraciones del gran Vinajeras. Entre paréntesis, dice aquel crítico, ¡qué satisfecho de su numen debe estar el gran Vinajeras! Sólo así se explica el (]ue haya hincado el diente al Niágara, después de Heredia, y á Átala, después de Chateaubriand. ¡Qué digo! :No es pú-

(*) Sentimos en el alma que una consideración bastarda de los que se empeñan en presentarnos á Felipe Pocy como poeta egregio é inspirado, lo mismo que á üachiller y Morales, nos pongan en el triste caso de 1 untar las del barquero. Por lo demás, repetimos que Pf)ey es hombre de talento, honra de su patria y gala y mato de la ciencia. Lo mismo pasa con Bachiller; pero L ido eso no quita para que no sean poetas, ni críticos lttcrar¡f)S, La verdad en su lugar y cada cosa en su ptuito.

202 LA POESÍA LÍRICA EN (TliA

blico y notorio que lo hizo para oscure cer las usurpadas reputaciones de Chateaubriand y de Heredia' Con respecto á este último, se dice que, habiendo uno de nuestros mejores talentos peninsulares celebrado sus obras, hasta el punto de decir que nadie debía ya cantar al Niágara, después de haberlo hecho Heredia en una oda inimitable, sonrióse con aire de compasión el gran Vinajeras, y dijo: «jinimitable llama usted á esa oda? Pues yo conozco á un individuo capaz de hacer otra infinitamente mejor, y de ello tendrá usted la prueba antes de ocho días> . V, en efecto, aquel individuo, que era el mismo Vinajeras, porque no podía ser otro, publicó á la semana siguiente una oda al Niágara, en que reveló al atónito mundo los más gigantescos alcances, si éstos habían de medirse por las pretensiones. En cuanto á lo de Átala, francamente, no sé lo que pasó; pero me lo figuro como si lo estuviera viendo.

V Ese Sr. de Chateaubriand — diría para sí Vinajeras — ha metido, en su tiempo, mucho ruido... porque yo no existía; pero ya existo, y ahora veremos quién pone el cascabel al gato . Esto diciendo, cargó bien el mortero de su poético chirumen,

ANTONh) VINAIKRAS 263

lüzo SU puntería, tomó la mechn, y... ipum!... ya murió Chateaubriand, yamurió Átala, ya casi murió también el género humano, que está desde entonces cantando á la sordina:

«Ya mi Átala, ¡infeliz!, sucumbió; Vinajeras audaz la mató, y pues ella dejó de existir, sin mi Átala no puedo vivir,

no puedo, no puedo,

no puedo vivir. ^ (*)

Uno de los defectos que presentan las obras de Vinajeras es, sin duda, su nimiero, por demás excesivo. Este autor tiene publicados á la fecha, que sepamos, cuatro gruesos volúmenes de poesías; una novela, que, dicho sea entre paréntesis, es su mejor lauro, y una porción de artículos políticos y literarios. Su fecundidad, sobrada para el número de sus años, no })odía menos de perjudicar al valor intrínseco de sus producciones; todo cuanto ganaron en universalidad perdieron en corrección y pureza, arrojando un déficit desfavorable á la fama y buen nombre de Vinajeras. La admiración sube de todo punto, dice un panegirista (nunca

(*) Véíise la colcccii,»!! úc l-.l M,'r<> Mu:^ i.

204 LA POKSÍA LÍRICA EN CVU\

falta un roto para un descosido), cuando le vemos galantear, con amoroso discreteo, á dama castellana, celebrando sus gracias y hechizos, de la misma manera y con igual facilidad y talento que estudia á Locke y á Kant, y pronuncia un elocuente discurso, en lengua extranjera, en el Ateneo de Madrid. Necesario se hace un gran esfuerzo para comprender á este literato en todas las esferas que abarca, y muy dificultosa sería para nosotros la salida, de ser cierto este sf//'- bomho, si en tal atolladero nos encontráramos; pero la suerte nos favorece, siendo nuestro propósito más limitado y modesto; y á poco que digamos llenaremos nuestro objeto, aunque malamente en su desempeño, pues andamos con priesa y no tenemos talento ni gracia para salir airosos en la demanda.

Comenzó este hijo de Cuba á darse á conocer en la época más calamitosa del romanticismo melenudo, y, aunque calvo, hubo de comprarse una peluca, por no ser menos, y pagar tributo á la diosa cas- (^uivana, á trueque de cubrir la parte su-- perior de su individuo. Con tan descabelladas aficiones, publicó sus dos primeros volúmenes de versos, dedicándolos al Ins-

ANTei.MU VINAJERAS 265

litLito de Francia, rasgo que hace notar uno de sus críticos con tono zumbón y burlona frase, no sabemos con qué motivo, ni por qué razón; pues creemos que cada cual puede dedicar sus obras á quien mejor le convenga, sin que por esto aumente ó disminuya el mérito que ellas atesoran ó los defectos que encierran. Después... pero ¡tate!, íbamos á bosquejar, aunque indirectamente, su biografía, y eso no está en nuestros papeles; y tanto es así que le hemos pedido los suyos al autor de Efiriqueta, sin que hasta ahora este hijo de Matanzas haya dejado de

■ ' Jiaccrsc el sueco, cosa (jue, francamente, no comprendemos.

A pesar de todo, por si D. Antonio persiste en llamarse andana y en no concedernos lo que con tanta necesidad le pedimos, como este librejo ha de com-

* ponerse no sólo de notas críticas, sino también de muy someros datos biográficos, el que Vinpjeras dé la callada p^ respuesta, como vulgarmente se dice, no ha de ser parte á que el entretenido lector se quede en ayunas, sin saber la vida y milagros de tan empingorotado poeta. Vamos, pues, á satisfacer esta curiosidad, valiéndonos para ello del precioso arse-

266 LA rOESÍA LÍRICA EN CUBA

nal que nos ofrece Calcagno, donde deben acudir todos los amantes de Cuba. Nació nuestro D. Antonio Quintín de la Luz — que así se llama el preopinante — en Matanzas en 31 de octubre de 1833, y en esta ciudad hizo sus primeros estudios de filosofía. En el teatro matancero estrenó su obra dramática, Los dos estandartes, colaborando en algunos periódicos con el pseudónimo Quintín de Castañeda y sosteniendo acres y violentas polémicas que le proporcionaron muchos disgustos y sinsabores. Alejóse de la prensa y colgó la pluma, dedicándose á estudios más graves y serios-, pero su inclinación nativa le arrastró de nuevo á la palestra periodística, no dándose, desde entonces, punto de reposo en la publicación de sus obras. Fueron éstas recibidas en Cuba con señalado disgusto, y aquí es razón que consignemos que na hemos podido dar nunca con la causa de semejante inquina, pues si bien los partos de Vinajeras— literariamente hablando, por supuesto— son medianos, y hasta malos muchos de ellos, no había motivo para condenarlos en absoluto, allí donde tantos aplaudieron desatinadamente á Fornáris, Alfonso y otros pajarracos y ave-

ANTONIO VINAJERAS 267

chuchos del parnaso cubano. Otra debiera ser la causa de tal encono; pues si la medida fuese general y á todos alcanzara, nada tendríamos que decir, dándonos por satisfechos del buen juicio de nuestros paisanos; pero, siendo esto una excepción, protestamos contra ella, significando nuestra extrañeza por tal conducta, sin descifrar el intríngulis de tantas y tan recias arremetidas.

¡Mirad á Dios! El infinito mismo estrecho viene á El,

Así da principio á la introducción de sus versos, y fuerza es detenernos a(]uí para decirle algunas cosas al oído, á fin de que no se enfade; pues, de otra suerte, si el que leyere se enterase de ellas, motivo justo tuviera para su enfado. «Señor Vinajeras: eso de que Dios se viene estrecho á sí, me parece una estrechez... de entendimiento. ^Le gustan á usted las trompetillas? Se lo pregunto con la sana intención de regalarle una muy chiquirritica y muy mona, sólo por la curiosidad de saber lo que hará usted con ella. ¿A qué género corresponde la voz infinito? ¿Al neutro? Pues, entonces, alma de cántaro, :por qué dice usted el infinito, y no

268 LA POESÍA LJKICA EN CUl'.A

lo infinito, como debiera decir?... Decididamente, usted quiere que 3-0 le regale una trompetilla.»

Pero dejémonos de secretos, lector querido, y no te enfades, que sé bien que eso de hablarse al oído, estando oíros delante, es sólo privilegio de gente enamorada y necia.

Continuemos:

«:V Dios '¡■¡olaito con nuevos astros orna el firmamento de (lutenberg \?i gloria sin yj/raso-'. «La ilustración avanza triunfadora (jueriéndose de/ todo presentar.»

;Qué te parece de esos versos, lector carísimo? Son malitos, ;eh? Lo mismo digo.

Si tuviéramos alguna autoridad Climateria literaria y nos atreviéramos á tanto, aconsejaríamos á Antonio Vinajeras que se circunscribiera á la índole peculiar de su genio poético, y que na se remontase á las altas regiones de la poesía especulativa, que es ciencia esquemática; porque le encontramos más inspirado, correcto y pulido cuando en tono menos rimbombante celebra la belleza del universo y canta á las flores en la iiv troducción antes citada:

A N TOMO VINAjKRAS 269

¡Azucenas de abril! Oalanas llores que vuestro seno abrís ruborizadas, cuando evapora el sol con sus fulgores del rocío las perlas condensadas.

A(juí hay l)elleza y fácil expresión y j,racejo, y no en esas otras composiciones en que, á fuerza de remontarse, se pierde por las nubes, empeñado en parecer tan pentacróstico como el celebérrimo autor de Las Brisas, cosa cjue, á la verdad, no lo consigue, porque Quintín de Castañeda es, al fin y al cabo, un simple mortal ó un mortal simple, a quien no es dado alcanzar la realización de un imposible. Y no vaya nadie á creerse que en esas mismas páginas de tan desbaratada poesía no hay algún rasgo, tal cual atisbo de lo que sería este autor si, como hemos dicho, se ciñera á la propia índole de su carácter poético. Sirvan de ejemplo, si no, estos versos que tomamos de sus odas á la Lucha del Atlántico y Al Niágara:

Ante el raudo Amazona, dadme, os lo ruego, la sonora lira que al Niágara cantó; ved el gigante de los ríos del Sud, (¡ue viene airado

con vigorosa írente; y cu paso vencedor y hondo rugido,

2 70 LA poesía lírica EX CUHA

dando á los vientos su fragor profundo

y anunciando terrífico á su paso

que es corto cerco á su furor el mundo,

partes resonando; atruena bosque y selva tu rugido, y, entre cavernas cóncavas perdido, el eco se derrama retumbando. ¡Señor, Señor, te he visto levantado en alas de tus rayos; tu grandeza dejó de gloria el corazón bañado; y, postrándome al punto y asombrado, adoré tu grandor y tu belleza! Mas nunca, ¡oh Dios de la verdad suprema!, te miré como aquí, grave, brillando, siendo de eternidad divino emblema, el Niágara á tus plantas rebramando, tu gloria el sol, el mundo tu poema.

Desgraciadamente para la reputación literaria de este autor, comenzó á darse á conocer en el período álgido del romanticismo de los duendes y brujas, y de los corazones hastiados y almas corrompidas, y de su nacimiento resiéntense no poco sus obras. Pudiéramos hacer aquí un ligero estudio de aquella época apuntando todo lo malo que en ella hubo y lo bueno que, por descuido, se conservó; pero esto fatigaría la atención del lector, y nosotros, al trazar estos apuntes, no nos proponemos sentar plaza de sabios, ni de eruditos siquiera, y sí pre-

ANTONIO VINAJERAS 27 I

sentar, á grandes rasgos, lo que valen estos poetas, que, á pesar de haber nacido en América, no son, ciertamente, cosa del otro mundo.

No solo escribió Antonio Vinajeras en verso castellano, sino que también echó su cuarto á espadas en la lengua del proscrito de Jersey. Aunque no debiéramos ocuparnos en tales cosas, por no ser de nuestra incumbencia^ sin embargo, no podemos resistir á la tentación que se nos viene de copiar aquí una poesía, escrita en esa lengua, que, por lo fácil y sencilla, no dejará de caer en el agrado de todos.

Dice así:

TOUJOURS Á TOI (*)

Pensar, dudar. — V. H.

Si m'adressant au ciel, si caressant ma lyre, je voyais ton regare!, mon ame, qui soupire, vivrait sans sa douleur;

(*) Esta composición se halla precedida déla siguiente nota, puesta por Thalés Bernard, elegante escritor premiado por la Academia francesa: «Nous avons pensó que nos lecteurs verraient avec plaisir ees strophes écrites dans notre langue par un étranger qui aime passionément la France, M. Vinajeras, que 1' Union des Poetes est heurcuse de compter au nombre de ses membres. Né le 3 octobre 1833, á Matanzas, dans Tile de Cuba, mor.- sieur Vinajeras cst venu habitcr TEurope en 1854. Fixc

272 LA rOESIA LÍRICA EN CUBA

et toi, brillante flamme, astre de ma fortune, tu serais á mes yeux le rayón de la lune sur le front du Seigneur!

Ktoiles! doux zéphyrs! ó fleurs! ó poésie! Donuez-moi pour toujours le souffle de la vie,

car je vis pour aimer; je vis pour voir les yeux de l'étre (]ue j'adore, dans les astres du ciel, sur le front de l'aurore,

sur les flots de la mer.

Et toi, réve de lame á l'áme entrelacée, recois ees vers plaintifs, recois, ma bien-aimée,

la voix d'un coeur absent. Toujours je pense á toi, c'est pour toi que j'imcet astre demi-dieu que l'univers honore, [plore

rubis du firmament!

:Hablaremos de Eiiriquetar Hemos dicho ya que esta novela es la mejor obra de Vinajeras, y lo repetimos aquí, añadiendo que el capítulo titulado, si mal no recordamos, Una tempestad en

depuis une anme, il y a publié deux volumes de veis rcmarquables, dédiés á l'Institut, dans lesquels il essa'o d'unir la science et la poesie. M. Vinajeras, lié pers ■ nellement avec nos plus illustres écri vaina, et particuli ,- rement avec ^L Viilcmain, est aujourd'hui membrc tío rinstitiit historique; de la Societé libre des Beaux Aits et de rAcadémie impériale de Rouen. II est de plusclicvalier de l'ordre cspagnol de Charles III. C'est aliisi que 1' Union des Poetes prend une importance considerable, et compte aujourd'hui des correspondants méiiic dans le Nouveau Monde. — Thalés Bernard.-

Parts, 1859 (^ Bi'-Uctin de ¡' L'nioii des Polt^s. '

AMuMo VINAJERAS 273

el Escorial, es de lo más bello y animado que en este género de trabajos literarios se ha escrito en Cuba. Pocas son las novelas cubanas que hemos leído; y, si nos desentendemos de las de la Avellaneda, no conocemos ninguna superior á Enriqueta, salvo las de Anselmo Suáre'z y las de Viüaverde, que son la nata y flor de nuestra literatura romancesca ('•'■).

Sentimos de todo corazón no poder analizar esta obra, ni ocuparnos tampoco en el estudio de otra no menos importante (sus discursos y artículos), por no darle este bromazo á su campanudo y pentacróstico crítico. Pero, ya que no de este modo, por no consentirlo el plan que nos hemos trazado, no perderemos la ocasión, porque sabemos que la pintan como al Sr. Vinajeras, y sobre otro punto diremos algo, no mucho, al célebre y distinguido naturalista habanero.

Por ejemplo: dice dicho señor que el poeta de quien tratamos confunde con mucha frecuencia los sonidos de la v y de la b, aconsonantando leve con debe,

(*) Con posterioiidad he leído las de Calcagno, que MI muy recomendables por su sabor local.

274 i-^ poesía lírica ex cuba

etcétera, y esta falta, á sus ojos tan enorme, tan piramidal, es para nosotros perdonable en un joven que comienza, cuando hombres de tan gran valía como Quintana, Hartzenbusch y otros la cometen. Véanse, si no, los siguientes versos:

Mas no la ley que permanente y vha, manda y anima al corazón del hombre, y en el orden del mundo entero estriba...

Y no queremos recurrir á tomar ejemplos de Cuba poética, colección escogida de versos, porque esto nos parece ridículo, aunque tratándose del asunto que ventilamos todo es poco. Como se ve, la observación del Decano de la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de la Habana, carece de valor y de importancia; bien que, siendo cosa tan nimia é insignificante como los lunares que señalamos, lo extraño sería que tuviese algún valor.

Y ya es hora de dar remate y terminación á este artículo, por demás largo. Poco ó nada pudiéramos añadir á lo que llevamos dicho. El mérito de los versos de Antonio Vinajeras no es tanto como han pretendido algunos; tienen muchas

ANTONIO \INA1KUAS 275

incorrecciones, muchas faltas gramaticales, muchos prosaísmos, muchos...; pero, á pesar de sus defectos y á pesar de la peluca, preferimos las obras de este autor á las de Briñas, Cárdenas y Chaves, Jacinto Valdés y tantos otros que lucen plumas de pavo real en las letras de Cuba, sin ser ni más ni menos que grajos al estilo del que nos habla el fabulista; aunque, á decir verdad, si á ello se nos apura y se hace forzosa la elección, nos quedamos sin ninguno.

En el primer número de El Solfeo^ periódico satírico de Madrid (7 de marzo de 1875) leemos la siguiente nota^ que copiamos á la letra:

«D. Antonio Vinajeras ha sido nombrado vicecónsul de España en Macao.

»Están, pues, de enhorabuena:

»E1 Sr. Vinajeras, Macao, y el estilo Víctor Hugo (especialidad del Sr. Vinajeras).»

Hace pocos años viajaba yo en el Méndez Núñez, vapor correo de la compañía de López. Íbamos con rumbo á Cuba, y entre el abigarrado pasaje ha-

276 LA rOESÍA LÍRICA l.X CUT^A

bía algunas familias habaneras, que regresaban á su país, después de visitar la gran Exposición que tuvo lugar en la capital de la vecina República. El tiempo hermoso y apacible ahuyentaba de nuestro ánimo el recuerdo temeroso de los peligros del mar. José Antonio Cortina y Tejera hacían el gasto de la conversación; el uno, entusiasta y verboso, con su natural y rápida palabra nos entretenía agradablemente; el otro, con sus caprichosas barcarolas y cancionetas nos recordaba que la raza de los poetas es eterna en Cuba, por más que fuesen, con Tejera, á encontrar su inspiración en las nebulosas márgenes del Rhin y del Elba.

Tiempo después, y ya cansado de estar en la Habana, fuíme una noche al Ateneo en busca de impresiones gratas al espíritu, y tuve el gusto de ver colocado en la tribuna al Sr. Vinajeras, leyendo un discurso de viernes de Cuaresma. Sorpresa grande fué para mí, que imaginaba estuviese este autor en Madrid, encontrarle en semejante sitio. Con voz meliflua y tono que, por lo dulzón y almibarado, se despegaba un tanto del oído, leyó nuestro matancero muchas

AXI'ONlo \INAjr.RAS 277

páginas de prosa poética, sustentando principios que no hallaban sólido afianzamiento en su argumentación pobre y enteca. Olía su oración á panegírico, y picaba en alabanza poco discreta de otras edades, para que pasase inadvertida, allí donde tantos corazones jóvenes y 'generosos latían, rindiendo culto ferviente y puro á la libertad. Así fué que á poco de concluir, levantóse Cortina, mi compañero de viaje, y, con ademán descompuesto y airado, con desordenada, pero elocuente palabra, contestóle entre los aplausos de todos.

¡Y qué diferencia tan notable! El señor Vinajeras leía acompasadamente; su voz era igualmente meliflua, su tono dulzón, como queda dicho, y algo empalagoso; su acción, rígida y meditada y medida. Cortina, por el contrario, los ondulantes rizos de su caprichosa cabellera batían el aire con los movimientos de su cabeza artística y escultural; su palabra, premiosa á la par que espontánea, era á trechos elocuente é inspirada, y á ratos perezosa y lenta, como á veces nos alumbra el sol con luz brillante, y á veces se anubla y oscurece; su ademán descompuesto é irritado

27S LA POESÍA LÍRICA EN CUÜA

acompañaba á la frase y sufría sus veleidosas alternativas. ¡Ay! Y ¡cómo se revolvía contra su paisano, que tras largos años tornaba al nativo suelo! ¡Con qué dureza le atacaba!

El Sr. Vinajeras aplaudió á su contrario, y por medio de un señor, que no conocí, nos anunció que, estando cansado, se reservaba para otro día la tarea de rebatir las proposiciones de Cortina. Yo, al saberlo, no quise volver al Ateneo; el Sr. Vinajeras parece que fué de mi opinión, y que no volvió tampoco. En cambio, el Director de La Revista de Cuba sigue conquistando laureles en aquella sala, donde tan malparado quedó el bueno de Vinajeras (••').

(*) Desgraciadamente, Cortina ya no existe. Murió en la flor de sus años y cuando el porvenir le sonieía y más hrülantcs triunfos le preparaba. Fué el fundador (.le La Rc7iista de CuIhx, y ése es su mejor lauro, pues congregó en la redacción de La Revista lo más selecto de la gente de letras en la Habana, y allí se discutían I 3 más arduos problemas de la ciencia con la serenidad qnc prestan el talento, la instrucción y el gusto más exquisito. Hoy La Rez'ista de' Cuba no existe; murió con C.' 1- tina. Fué este periodista exaltado y aun poeta en el más limitado sentido de la palabra. Declamador, sobre todn, su carácter hall.iba más adecuado campo en la oratori.i, y en la tribuna era donde lucía más las condiciones que le adornaban. Todavía no había alcanzado el grado de madurez que necesitaba; pero en los relámpagos de su elocuencia castelarina se vislumbraba el genio Iriinuiici ) que dominaba su ser. — 1887.

Enrique José Varona

En el epílogo de este libro manifestababa yo, hace años, lo difícil que era señalar con acierto los nuevos y variados derroteros de la lírica cubana, y hoy me afirmo y ratifico en ello, declarando que no existe, entre todos los cultivadores de las letras en Cuba, uno solo que se distinga lo bastante por su originalidad y talento, para formar escuela, y ser á la manera de astro resplandeciente en cuyo torno giren otros, á guisa de satélites^ recibiendo su luz y reflejándola con brillo y pureza.

Varona publicó un trabajo estudiando la nueva era de las manifestaciones líricas representadas, según él, por Tejera, Valera-Zequeira y Borrero- y, aun-

28o LA POESÍA LÍRICA KX ti T.A

<|Lie para mí es voto de mucha estima €l suyo, en la ocasión presente, no lo acato y sigo, y antes creo que la amistad enturbió su claro juicio no dejándole ver que estos poetas menores nada significan en la historia literaria del país, y son, á la postre, soldados más ó menos distinguidos de esa legión de versificadores de que nos habla Menéndez Peí ayo.

Ya apunté en mi citado libro que Francisco Sellen valía más, en mi concepto, que los citados por el crítico camagüeyano. Su traducción de El intermezzo, de Heine, y aun muchas de sus poesías originales — el Haíitey, inclusive, — descubren el verdadero talento y la inspiración reflexiva de Sellen ('•'). Como

(*) Mucho siento no disponer de tiempo y de espacio para dedicar á Sellen un capítulo de esta obra. En mi sentir, el poeta de que hablo pertenece á la escuela de Mendive y Zenea. Es más variado que este último, y su sentimiento es más vivo y profundo que el del primero. No tengo á mano ahora ninguna de sus obras, pero recuerdo estos dos cantares suyos, y quien) copiarlos aquí para que con ellos se recree el lector.

Somos sombra que se mueve; sombra de luia luz errante, que sólo brilla un instante )' apaga el soplo más leve.

Sé de una tierna canción que, si la escucho cantar.

ENRIQUE JOSÉ VARONA 28 I

IMendive, ha prestado un verdadero servicio á la lírica cubana, introduciendo en ella diversos y variados elementos de otras literaturas, excogitados, por lo general, con acierto, y trasladados, casi siempre con esmero y elegancia, á nuestra lengua. Pocos son los que, pudiendo producir obras de mérito, consagran su inteligencia y vagar á dar á conocer las ajenas, propalando su fama, y enalteciendo el nombre extraño, á veces con mengua y desmayo del propio.

A esto atribuía el malogrado Fígaro la carencia de buenas traducciones, pues los que tienen ingenio no las hacen, y sólo con ellas se aventuran los que, sin ser poetas ni literatos, conocen medianamente algunas lenguas, y acaso con fijeza no saben ninguna, y en tal concepto, teniendo esto presente, aparte sus obras originales, que, como queda dicho, son recomendables, aunque no fuera más que por lo mucho y bien que tradujo

parece que va á estallar en mi pecho el corazón.

jNlItjans, al hablar de Sellen en su obra postuma, .1 funde lastimosamente a los dos hermanos, y atribuye

Antonio, que sólo fué un versificador mediano, las :as de este poeta, uno de los más pulidos y correctos de Cuba.

2S2 I. A I'OKSÍA LÍRICA KN CUKA

Francisco Sellen, tendrá derecho á la consideración y al aprecio de los cubanos, y á que su nombre ocupe lugar muy señalado en la historia literaria de su país.

Tejera es premioso en la frase; hay falta de arte en suá composiciones; su lenguaje no es limpio, y los vuelos de su fantasía son cortos y sosegados. Imita á Heine con frecuencia, sin lograr asimilarse aquel fondo de humorismo del poeta alemán, y no se olvida de Campoamor y de Bécquer, sobre todo de este último. No se le puede considerar como émulo de ]\Iilanés ni de Zenea, según reconoce el mismo Varona, y los cantos de su musa pecan muchas veces de inarmónicos.

Borrero y Valera-Zequeira, literariamente hablando, se parecen á todo el mundo y no se asemejan á nadie. Hacen versos bien medidos; dicen en ellos rosas bonitas , no siempre bien dichas, pero que suenan - bien al oído. De lo demás, nada. ¿Es el verso un ropaje? ;Es acaso un ideal para el arte? De ser cierto lo primero, puedo asegurar que estos autores andan, por lo común, bien trajeados; en una palabra, que tienen h lie na ropa.

i:.\RI(¿UE JOSK VARONA 2S3

Decía también en mi libro que me gustaba más el crítico que aquellos á <iuienes enderezaba sus alabanzas. Varona, que por otros títulos debe figurar «ntre los cubanos más distinguidos, como poeta, vale, á la postre, más que 'Icjera, Borrero y Zequeira, si bien es inferior á Heredia, Luaces y otros poetas mayores. Ya el celebrado Revilla, en su somero juicio que hizo de Arpas amigas, dijo de Varona, á propósito de sus versos, «que sabía pensar por cuenta propia y expresar bellamente y con sobriedad lo cjue pensaba», encontrándole menos soñador que Sellen — ¡ya lo creo! — y más atento á lo elevado del concepto que á la pureza y limpidez de la forma.

Esto, cjue en parte es verdad, demuestra que el nombre de Varona puede y debe colocarse en toda galería de poetas cubanos, si bien al presente se halle alejndo de todo trato con las musas, por dedicarse con mayor ahinco á otros estudios j, harto más serios y profundos, y preocuparle hondamente la resolución de los problemas del pensamiento moderno, mereciendo que la Revue PJiilosophiquc, de París, al hacer el análisis de una de

2h4 LA poesía lírica en cuba

sus obras — La Lógica — le llame «hombre de mérito singular y crítico juicioso y erudito.»

En España apenas es conocido por sus libros. Hay aquí mucha prevención con los literatos ultramarinos, sin duda por los muchos hueros y baldíos que allí abusan del verso y de la prosa, y quizá, más que por nada,^ por ese afán con que en Cuba y en toda la América que fué española, nos entregamos al más ridicula entusiasmo aplaudiendo desatinadamente obras de escaso mérito, por creer que al obrar así, realizamos una labor patriótica. Culpa es de Varona también ese desconocimiento en que se le tiene,, pues jamás, que yo sepa, ha colaborado en ninguna de las revistas madrileñas,, sea por apatía, por modestia ó por seguir con ciega exageración las ideas políticas que ahora sostiene, tan enconadas y poco juiciosas, como las que antaño profesaba en opuesto bando, pues este autor, de carácter vehemente y arrebatado, no busca la razón en el justo medio de las cosas, ni se atiene á las asperezas de la realidad, que tantas veces hacen malo lo que es bueno, sino que^ extremoso en sus ideas, de colaborador

ENRIQUE JOSÉ VARONA 285

de Juan Palomo se convierte en el más furibundo revolucionario, y truena contra sus antiguos amigos.

De este olvido injustificado pretendo ahora sacar á Varona con esta ligera nota biográfica y crítica que aquí publico ('•')•, y antes de seguir adelante, y para que sirva de explicación á lo que llevo dicho y á lo que luego diré, he de consignar, en descargo de mi conciencia y para que sirva de norma á la imparcialidad que me guía, que no pienso del ^iiismo modo que Varona en muchos de los problemas que estudia, ya filosóficos, ya religiosos, ya en las serenas y puras regiones del arte, y menos aún en las candentes de la política, en las cuales su exaltación le lleva á extremos poco razonables, á mi manera de entender. Y por contera añado que ni siquiera de vista conozco á Varona. Crucé con él dos ó tres cartas sin interés alguno y de pura cortesía, y no pasaron más allá nuestras relaciones amistosas.

Advierto todo esto para que se vea

(*) Este artículo, con ligeras variantes, se publicó por primera vez en Pro Patria, excelente revista que se imprimía en Madrid, bajo los auspicios del celebrado literato catalán 1). Víctor Hala^ucr, mi distinguido amigo.

286 LA l'Or.SÍA LÍRICA LX CUÜA

que cuando aplaudo ó censuro sus obras no es la pasión la que mueve mi pluma, sino el deseo de ser veraz }- sincero en mis apreciaciones, diciendo con franqueza todo lo que pienso.

Nació Enrique José Varona el 13 de abril de 1849 en Puerto Príncipe. A muy temprana edad abandonó sus estudios oficiales, que había comenzado en las Escuelas Pías de su ciudad natal y en el colegio de Alonso y Delgado de la Habana; y esta circunstancia de carecer de título académico, en una sociedad donde los que lo tienen lo usan á todas horas, dio lugar á que el vulgo de los doctores — que no todos los doctores son doctos, aunque parezca mentira — le tuviera en poco, considerándole tal vez como erudito á la violeta, por el gravísimo pecado de no llevar su ciencia la legal y universitaria sanción.

El primer libro que dio á la estampa fué un tomo de anacreónticas que, juntamente con las de Luaces, son lo mejorcito, en su género, que se publicó en

KNRKjri', jOSj': \'AK<í\"A 2<S7

la isla. Sus aficiones clásicas, su entrañable amor al maestro romano, le llevaron á traducir y comentar algunas obras de Horacio, entre ellas la celebrada Epístola á los Pisones. Durante este l^eríodo de iniciación en su vida literaria, los griegos y romanos embargan su inteligencia; y si alguna escapatoria realiza, furtiva y presurosa, no traspasa ciertamente los linderos de la literatura castellana en su siglo de oro. Nutrida su inteligencia de tan provechosa y benéfica savia, marchó á la Habana, llevando un equipo de versos por demás recomendables. Publicólos en dos tomitos, colaborando en Arpas amigas con los hermanos Sellen y Zequeira, donde incluyó la Parábola y el Pirran, que juzgó favorablemente en El Globo el malogrado Revilla. Los dos tomos de versos originales llevan por nombres Paisajes cubanos y Poesías. En uno y otro muestra una filiación lírica hasta entonces extraña á la poesía cubana. Allí donde todo es exuberancia y vida, la brevedad en la forma, el adecuado y sobrio empleo de los adjetivos no son prendas (jue adornen las obras de todos los literatos. Zorrilla v (larcía (íutiérrez se

288 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

acomodan más á aquella manera de ser literaria-, son como un reflejo de su naturaleza desordenada, virgen y salvaje, pero hermosísima y rica como ninguna. Varona, empero, con su cultivada inteligencia, tomó por otra senda, y en los f disajes , ó sean narraciones, como él también las llama, hay la profunda observación y el desenfado de los pequeños poemas, si bien es cierto que no tienen esa encantadora naturalidad, cifra, mapa y compendio de la musa de Campoamor, y escollo y tropiezo en que caen en lo vulgar y rastrero sus numerosos imitadores.

Bajo la capa del cielo es un cuadro dramático, hermosamente concebido y expresado. ¡Lástima grande que no sea una realidad en Cuba, donde la infamante esclavitud, con la más crasa ignorancia, han borrado en la infortunada raza africana las más rudimentarias reglas del honor y de la dignidad!

Aquel tipo ricachón del cubano que se educa en las saturnales de París, ó en cualquiera parte, y vuelto á su patria se aburre á todas horas porque tiene el corazón hastiado y la inteligencia como luz mortecina que no alumbra el respe-

1;MíI(M ], JOSK \ARoNA 2S9

tuoso campo de la moral y el deber, es una figura pintada con toda discreción.

Arturo de (juzmáii es un manceijo tan rico y tan espléndido en su trato, ([ue dice con desdén á cada rato: — Ni lo que tengo sé, ni lo que debo. — Nació en Cuba, educóse en cualquier parte con el mayor esmero, pues le dieron con arte el barniz de un cumplido caballero. Arriesga sin pasión en cada encuentro el jornal de die?, pobres por semana; y aunque vive cien leguas tierra adentro, le cortan sus chalecos en la lialjana. Cuando salta la diestra bailarina atruena el coliseo con sus bravos; ha leído á Proudhon; anda en berlina; ama la lil)ertad y tiene esclavos.

Este infeliz criollo, para quien la capital de Francia sólo tiene de notable sus afamados sastres y grisetas corrompidas, se aburría, según su costumbre, una tarde en su iii^:;ei¡io, cuando acertó á pasar junto á él una mulata de flor, nombrada Rita, cuya belleza, ligeramente bronceada, aguijoneó con fuerza el mal dormido deseo de sus carnales apetitos. Corrió frenético tras ella, y, al darla alcance, ejercitando sus derechos

290 LA rOESIA lírica EN CURA

de amo, quiere apagar la sed que de improviso le devora; pero

ella rehuye el labio pudoroso

y él en ambas mejillas

le imprime el suyo seco y ardoroso.

La mulata, tímida y fugitiva, se escapó de sus amorosas garras, y Arturo se quedó más enamorado que nunca al ver la resistencia que se oponía á sus amorosas ansias.

Alguien dijo, y ello es muy cierto, que no hay quince años sin amor, y la. mulata Rita sentía allá en los escondrijos de su corazón el constante aleteode la pasión que le inspiraba Pablo, otro mestizo como ella. Vuelvo á repetir que todo esto del amor y de las resistencias al amo, del pudor y de la firmeza de estos esclavos, resulta un drama pasional en los versos de Varona, pero al mismo tiempo carece de realidad en Cuba. Las ideas del deber, de la dignidad y del honor no fructifican hasta el presente, al menos en la raza africana; y no es que yo la crea incapaz de sentirlas, ¡líbreme Dios de semejante disparate!, sino que entiendo que la ignorancia en que viven, ó me-

ENRIQUE JOSÉ VARONA 29 I

jor en que vivían, su condición de esclavos hasta hace poco y otra porción de circunstancias, dimanadas también de la ignorancia y de la esclavitud, hacían al negro mirar con desdén y menosprecio, porque no las comprendía, aquellas ideas y sentimientos que tanto ennoblecen al hombre. Pero volvamos al poema de Varona.

Pablo y Rita solían hacer sus escapatorias al bosque, que el amor siempre encuentra medio de reunir á los amantes y, mejor que en parte alguna, en paraje retirado y solitario. Después de los besos de Arturo no habían podido verse los enamorados, por más cjue ella no deseaba otra cosa, pues le quemaban como brasa candente. Por eso, cuando la suerte los reunió en la espesura del bosque, deshecha en lágrimas y en caricias y mostrando á Pablo la mejilla profanada por el concupiscente labio de su amo,

— ¡Bésame aquí! — gemía y suplical)a,

como queriendo borrar con los besos de amor y ternura la mancha de la lascivia é impureza. Pablo la interrogó al verla tan abatida, queriendo conocer la

292 i.A roKsiA lírica kn cri?A

causa de su desconsuelo; y como ella nada le cuenta, la juzga enferma y delirante, y seca aquellas lágrimas con caricias y halagos. Entonces la mulata, entre sollozos y suspiros, le entera de la baja acción cometida por Arturo; y, mudos de espanto los dos, estando en estos coloquios, fueron sorprendidos por el amo, que, al verlos juntos y en tan apartado sitio, sintió en su alma arder la llama de los celos. Colérico, juzgándose ultrajado, cruje el látigo altanero y con él cruza el rostro del mulato, ([uien, al verse humillado en presencia de la mujer amada, se olvida de su condición, y, recobrando por un momento su derecho de hombre, se lanza sobre Arturo y, más corpulento y robusto que él, le humilla y le derril)a en tierra.

Del mestizo frenético y rugiente el erizado busto centellea, y entre sus dedos rígidos seguro sobre la frente lívida del blanco ensangrentado el látigo chasquea.

La lucha no se prolonga, porque Arturo, auxiliado por un poderoso mastín que le acompaña, logra desasirse de su esclavo, disparando sobre él el revólver y dejándole muerto en el acto.

ENRK^l K JOSK VARONA 293

Rita, transformada, loca de dolor, presa de horrible fiebre, delirando con su amante y con el autor de tan espantoso crimen, fué á parar á la pobre y triste enfermería, donde unas veces triunfaba de su mal la juventud y su robusta naturaleza, y otras parecía próxima á sucumbir. La pasión de Arturo crece y se agiganta con estas contrariedades, que el apetito es consecuencia de la privación, y los deseos mueren de verse ahitos; y al pasar los días, no pudiendo contenerse y creyendo á Rita completamente curada, corre á la enfermería, donde sospecha, cauteloso, encontrar su presa. Al verle, Rita se levanta con movimiento súbito, y envuelta en una sábana atraviesa la estancia y desaparece por el campo. Sus guardianes pretenden detenerla; pero Arturo se opone y sólo se lanza en su seguimiento. Cruza el llano y el monte y llega al bosque, testigo mudo de su desdicha, y allí descansa contemplando el teatro de su amargura. En esto la alcanza el amo, que anheloso la buscaba, y ella, irguiéndose en su desesperación,

miró al hotnl)re, diciéndole: «¡Maldito!'» y, mirando al abismo, elijo: «¡Pablóla

294 LA POESÍA lírica EX CUIÍA

Y se precipitó desde la altura, arrojándose en la corriente hervorosa del arroyo. Arturo de Guzmán volvió solo y triste hacia su casa. Aquel día una sombra de disgusto bañó su semblante. Eran sus deseos contrariados; pero todo esto duró lo que duran las rosas, — un día, — y hoy no se acuerda de nada. Aquello lo olvidó pronto, y, viniéndole estrecho el campo á sus liviandades, hoy vive en la Habana, paseando su lujo y su impudencia por todas partes.

Así concluye este pequeño poema de Varona, tan tierno y conmovedor como los otros dos que forman la colección. Desde luego se echa de ver que no pertenece al género de la leyenda romántica, y que, por su forma y por su acción, si bien entraña un drama pasional, como llevo dicho, más se acerca el poeta camagüeyano á Campoamor, por más que no le iguala en esa admirable naturalidad del autor de las Dolaras. Y no sólo en esto sigue Varona las huellas del poeta de Los grandes prohlemaSt que entre sus poesías sueltas las hay que tienen ese sello de originalidad y gracia, de aparente ligereza y de profundidad de pensamiento, que distin-

KNRinUE JOSÉ VARONA 295

guen sus obras. Sirva de ejemplo aquella composición que empieza así:

¡Quién me dijera, Angelina, que aquellas tranquilas horas, (lue aquella luz matutina,

se trocaran en las penas punzadoras que mis días acibaran!

El poeta camagüeyano enmudeció. Preocupáronle problemas filosóficos de difícil solución; el magisterio y el periodismo le impidieron todo vagar. Va no canta con acordados senes el amor y la patria; su lira se arrinconó entre mil infolios que la filosofía de todos los tiempos hacinó en la biblioteca de todo hombre culto. Desde entonces data esa serie de conferencias socráticas que tanto renombre le dieron, y que, coleccionadas en cuerpo de obra, forman su Lógica, su Psicología y su Moral. Por esta época colaboró en la Revista de Cuba, de Cortina, dirigiéndola después de muerto éste, con el nombre de Revista Cubana. También dio á luz sus Estudios literarios y filosóficos, y en la Caridad del Cerro, y en la Sociedad Antropológica, de la que fué presidente, pronunció sus más bellas y correctas

296 l.A rOKSÍA LÍRICA KX CTlíA

oraciones sobre Cervantes, Víctor Hugo, Emerson, D. José de la Luz Caballero y otros, en cuyas oraciones — salvo la que dedicó á Lope — resplandece, como en todo, su inteligencia singular, consagrada al esclarecimiento de la verdad en la serena región de las ideas. A juzgar por estas conferencias, no es un orador de grandes vuelo'í, arrebatado y declamador; antes bien se vislumbra en ellas al académico, al hombre que se dirige más á la inteligencia de los que le escuchan que no á su fantasía.

Xo fué la política la cariñosa amiga de Varona; mostróse más bien huraña con él, como hembra antojadiza que recibe con disgusto los halagos y caricias de su inconstante amador. Por eso Calcagno, en su excelente Diccionario cubano, asegura que no logró popularidad como hombre de partido, frase bien elocuente y sobria, con que echa un velo sobre las inconsecuencias de Varona. Comenzó este á escribir en Juan Palomo, semanario que se publicaba en la Habana, con el único objeto de denigrar á los cubanos, ahondando las diferencias y rencores que entre criollos y peninsulares existían. Más tarde publicó

KXRIQUIi JOSÉ VARONA 297

en otro periódico, órgano de los voluntarios, una loa — España y Ciiha — en la que pone en boca de ésta, dirigiéndose á aquélla, los siguientes versos:

¡Ay Madre! Deja que adore posternada tu grandeza, y confiese mi vileza, y tus i)ies ])esando llore.

¡Oh! Deja, deja que dude de mi obcecación impía: ¡una madre así tenía, y desconocerla pude!

Pero de hoy más adorarte sólo mi pecho salará: mi lal^io se moverá tan solo ¡)ara loarte.

V si por estas mancillas .mi amor tu pureza enloda, emplearé mi vida toda en servirte de rodillas.

Mi perdón solicité, y tú el corazón me das; y si más pudieras, más me dieras; harto lo sé.

Que aunque se avienen tan mal tu alteza y mi humillación, no en vano es tu corazón un corazón maternal.

Luego cambió de rumbo, y por convencimiento ó lo que fuera, ingresó en la gre)' autonomista, siendo, como buen neófito, uno de los que con más ardor

-.8

298 I.A l-OESÍA LÍRICA EN CUIJA

poblaron los aires dando vivas á la autonomía. Esta evolución política puso en sus manos un acta de diputado á Cortes. Los disgustos y sinsabores por que pasó en este período de su vida fueron narrados por el mismo Varona, en una hoja impresa que circuló profusamente en la Habana, y que llegó al oscuro rincón de mi aldea. Fuera de ello lo que quisiere, el caso fué que no llegó á tomar asiento en el Congreso y que, tras de mil contrariedades por la pérdida de la pensión que le habían señalado sus amigos, volvióse á la Habana más desengañado que nunca. El colaborador de Juan Palomo y el rendido amador de España como madre cariñosísima que pagaba la vileza de Cuba con cariño 7uaternal, el autonomista conveiicido y entusiasta, apenas sonaron los primeros disparos de Baire se expatrió voluntariamente, y desde tierra extraña puso su pluma al servicio de la causa de la insurrección. Los cañones de Sampson, colocando la bandera estrellada de la Unión en el Morro de la Habana, permitieron el regreso de Varona á Cuba, y allí dirige y redacta un periódico furibundo, esgrimiendo las armas de su talento contra los autono-

ENRI(¿UE JOSÉ VARONA 299

mistas, á quienes juzga ahora — ¡oh cambio de los tiempos! — los mayores enemigos de su país. Por un sarcasmo de la suerte, su periódico lleva el nombre de Patria. ¡Patria!... ¡A buena hora se le ocurren estas cosas á Varona! ¡Después que la destruyeron!... Dios los perdone.

Saturnino Martínez

Confieso ingenuamente que cojo la pluma con temor. Cuando conocí á Saturnino Martínez, tuve ocasión de escribir en una revista de aquella época un artículo que revelaba bien á las claras la impresión que habían hecho en mi alma de veinte años sus cadenciosos y fáciles versos ('''). Hoy, por fuerza, tendré que ponerme en desacuerdo con mis anteriores afirmaciones, que no en vano el estudio y el trascurso del tiempo apagan convenientemente los entusiasmos juveniles, y, depurando nuestro gusto, nos hacen comprender mejor las condiciones estéticas que una crítica racional, ha de reclamar á toda obra de arte. Por otra

(*) Este artículo á que hago referencia fue reproducido más tarde por la /¿iistración (¡nlle^n y ,lsttir til na.

302 LA l'OF.SIA ÚRICA EN CUHA

parte, para acallar escrúpulos de conciencia, pues soy timorato y medroso en grado sumo, al seguir este nuevo rumbo en mis apreciaciones puedo vanagloriarme de no hallarme solo, ya que un crítico de La Revista de Cuba probó, como dos y dos son cuatro, que nuestro poeta había perdido mucho, malogrando, en cierto modo, sus envidiables cualidades para la lírica.

Con tan buena compañía he de desafiar las iras de nuestro héroe, á trueque de decirle unas cuantas verdades, que sólo es amigo quien las dice, no con ánimo de afrenta, y sí como advertencia cortés y desinteresada. Puede que guste poco el autor de que voy á tratar de este lenguaje, y que su epidermis, por demás finísima y susceptible, se irrite al menor contacto con mi pluma. Fama tiene de ello, y buenas pruebas da á cada momento de la irritabilidad poética de su carácter, pero, ¡qué demonio!, los que murmuramos en público sobre cosas ajenas que no nos importan un bledo debemos decirle la verdad monda y lironda, aun con certeza de suscitar los enfados de la víctima.

í)e todas suertes, bien sé yo (|ue no

SATURNINO MARTÍNEZ 3O3

soy santo de la devoción de nuestro autor, pues no canto como él

«la evolución sublime de la idea»,

ni desciendo á pintar, en mis pobres versos, aquellas zarandajas tan á su capricho y voluntad que le sacan de cualquier coTiipromiso, dejando maltrecho al desventurado lector, que no entiende ni jota de tantas sublimidades. Dígalo, si no, aquello de:

«Así en las hondas cavidades del pueblo se revuelven opacas multitudes.»

Hay en la Habana una manera de hablar rara y por demás culta que se apellida estilo catedrático. Fulano habla en estilo catedrático, dicen, y ya se sobrentiende que lo que hace ese prójimo no es otra cosa más que disparatar á maravilla, en forma plateresca y sobre todo punto original. Picado se halla de esta dolencia y le aflige en grado superlativo á Saturnino Martínez. Sus artículos de propaganda republicano-socialista se reducen á un hacinamiento de palabras de relumbrón, huecas las más; aparatoso ropaje de mil colores que cubre raquítico esqueleto.

Aunque no tanto, nótase igual tenden-

304 I A poesía lírica en (L'ÜA

cia en las composiciones de sus últimos tiempos, y eso que la fuerza nativa de su numen poético le arrastra y separa, á cada paso, de tan peligrosa senda. ;En qué consiste? ¿Dónde y cómo hallar explicación cumplida á este extravío de su inteligencia? Casi estoy por asegurarte, lector querido, que no me atrevo á penetrar tan hondo arcano. Averigüelo Vargas, que no canso mi cabeza en esos tiquis miquis ni quintas esencias. Reconozco el hecho; lo afirmo; presento mis pruebas. ¿A qué buscar su genealogía? Estos poetas son el demonio; se incomodan por poca cosa, y yo soy demasiado bonachón para provocar, á sabiendas, sus rencorosas iras. ¡Líbreme Dios de ello! Y así, curado de este mal, diré tan sólo de Saturnino Martínez lo que se cuenta y murmura en la vecindad.

Como me lo contaron te lo cuento.

Es el caso que este hijo de las musas nació en pobre cuna en el pequeño concejo de Sariego (Oviedo), tan chiquitín y estrecho como grande y gigante es la ambición de Martínez. Llegó á la pubertad, y, sin más estudios que los muy rudimentarios que recibiera en la escuela pública de su pueblo, como tantos otros, en pos

s.VTLRMNO MARTl-NE/. 305

de fortuna marchó á las codiciadas playas de Cuba. Allí encontró rudo trabajo sin descanso; pero su espíritu se mecía en nubes de verdadera y noble poesía, y su corazón ambicionaba dar otro rumbo más adecuado y digno á los esfuerzos de su actividad.

Ocurrió por este tiempo la muerte de la mujer del dulcísimo Mendive, dama de buen porte, mucha caridad y excelente y amable trato, y entonces escribió una elegía que, recomendada por Azcárate, vio la luz, con frases encomiásticas deZenea, en la Revista Popular. Esta composición fué un hallazgo, anunciaba un poeta sencillo é inspirado; sus versos, fáciles y armoniosos, proclaman sus condiciones para la rima; su frase, si bien natural, dejaba bastante que desear á los puristas, señalando todo ello, en conjunto, que Saturnino ^Martínez tenía verdadera aptitud poética; que era, digámoslo así, de la madera de que se hacen los predilectos discípulos de Apolo. — Verdadero poeta de imaginación; especie de planta inculta, natural y espontánea, de bello color y forma, pero planta al lin, no cultivada. Estos vates duran poco; el bagaje poético de que disponen es pobre y reducido en

306 LA POESÍA LÍRICA EN CUHA

demasía. Concluyen, á la postre, por copiarse á sí mismos; por hacer un molde estrecho donde encierran sus repetidos conceptos, entregándose en brazos del culteranismo más chabacano, para ocultar con tan vistoso equipo la pobreza y ruindad del pensamiento. Sólo el estudio puede salvarlos, y presurosos acuden á él los que desean inscribir sus nombres en el libro de los inmortales.

Hospitalarios, como ningunos, los habaneros, acogieron con regocijo el canto sencillo y tierno de este trovador, y, comprendiendo Azcárate y demás amigos suyos que había menester de ocupación más liberal que le dejase tiempo y reposo y vagar para el estudio, le proporcionaron el cargo de bibliotecario en no sé qué corporación ó academia. Libros tu^ o á mano con que instruirse; su nuevo destino, si no le proporcionaba elementos sobrados con que atender á las múltiples necesidades de la vida, en una sociedad tan cara y exigente como la de Cuba, no dejaba de contribuir, en la medida de la decencia, al sostenimiento de sus cargas personales y de familia. Con tan buenos auspicios, ¿aprovechó su tiempo nuestro autor? Es ésta una pregunta á la cual no

SATURNINO MARTÍNEZ 307

se puede contestar de un modo categórico y absoluto. Saturnino Martínez es poeta: ¿cómo negarlo? Su alma recibe la inspiración sublime de los dioses, y modula en su lira acordes de inefable y suavísima armonía. En este concepto, sus primeras composiciones, si no se pueden presentar como modelo de dicción, tienen suaves y tiernos arranques líricos, pensamientos delicados y sencillos, ecos apasionados de una inspiración robusta y poderosa. Inútilmente puede negarse esto después de leer estas estrofas de su epístola á Fornáris, titulada Mi valle natal:

«Vo tamljién, como tú, pienso en el iVesco

valle donde nací... Aun iinaf^ino

ver en las olas de la mar lejana

levantarse la espléndida llanura,

donde á la luz del expirante día

vagar exento de pesar solía

<ín mi edad infantil...

;No! Nunca olvidaré los dulces juegos

de la alegre niñez, ni los lugares

donde al rumor de solitario río

mis dulces compañeros de la infancia

me dijeron adiós; ni el tierno abrazo

y postrero tal vez de la familia,

(pie arrebatada de amargura y pena

al pe(]ueñuelo infante contemplaba

resignado á partir. Aun de mi frente

no ha borrado el torrente de los años

08 I.A POESÍA LÍRICA EN CUIJA

el Último de amor, ardiente beso del labio maternal; y aun me parece ver los objetos que á mi lento paso iba dejando atrás. La blanca oveja triscaba en torno del redil; el ave posada sobre el árbol del camino entonaba con plácida dulzura su armónica canción; la flor se abría dando á los aires su primer fragancia. V la zagala de vivaces ojos al pasar junto á mí se detenía, y dejando escapar lágrima pura me estrechaba á su seno palpitante de emoción fraternal. ¡Ah! ¡Cuan inmenso torrente de sublime poesía encierran para mí las blancas hojas del libro de esa edad! Campos cubiertos de tembladores lirios y azucenas, soledades sin fin, vastos desiertos... Si yo os olvido en mis amargas penas, que me niegue su amor la amada mía, y nunca el verso que mi labio entona merezca, como prenda de valía, rico laurel ni espléndida corona.

...Tú del Bayamo junto á la margen solitaria y fría aspira alegre el aura embalsamada, que en tanto yo por ignorada vía iré soñando en mi fatal jornada con la doliente humanidad (jue ansia tiempos de bendición, sin que olvidada quede, en los antros de la mar bravia, del callado Xalón la honda y sombría corriente, que se quiebra sosegada en las llanuras de la patria mía.»

SATURNINO MAK'IINEZ 309

Pocos años ha publicó un tomo de \ ersos con un prólogo de Villergas. En esta carta de recomendación ó informe de vida y costumbres, le da el naipe á este señor por encontrarlo todo inmejorable, lo cual no deja de ser una fortuna, pues pocas cosas en el campo literario calificó de buenas y bellas este antojadizo crítico. Obrólo este milagro, (jue como tal hay que tomarlo, el patriotismo á la sazón irritado de Villergas. El mismo Saturnino Martínez había sido tildado de patriota tibio y casi simpatizador, algo inclinado á teorías y discursos poco convenientes en Cuba.

Razón por demás era ésta para que, (juemando en el pebetero de la adulación la mirra de la lisonja, cantara nuestro autor, republicano con ribetes de socialista, á gentes que habían engalanado sus vulgares nombres con aditamentos y cintajos poco democráticos.

Aquello era una fiebre de patriotismo'^ su libro, una protesta; la dedicatoria, un saludo afectuoso á los voluntarios; el prólogo de Villergas, un esfuerzo inútil de crítica apasionada y del momento. Y tanto es ello así, que nunca hay necesidad de hacer alarde de independencia y

3IO LA I'OESÍA lírica EX Cl'EA

desinterés al juzgar una obra. Cosas son éstas que deben desprenderse del mismo juicio emitido y del buen nombre y fama del público escritor. ¿Le remordía acaso la conciencia al autor del Far/iaso castellano al asegurar que no sólo le consideraba como un buen poeta inspirado y correcto (por instinto de forma), sino que llegaba á colocar su nombre á la cabeza de los primeros que en este siglo pulsaron la sagrada cítara? ¡Oh sombras veneradas de Quintana y Gallego! Dormid el profundo sueño de la muerte; que no lleguen á vuestro oído el eco de estas y otras estrofas que entresacamos de las obras de Saturnino Martínez:

«Almas que llevan entre los pliegues de sus vagas formas un astro negro que en la eterna noche apenas vierte luz...»

«Sabemos los castellanos

que no formará episodio

el cataclismo del odio

en corazones hermanos.»

f.No el torpe vocerío de insano vulgo el corazón redime del generoso pueblo, que al sombrío poste de la ambición atado gimo

«Ha menester que lime la mano del saber los eslabones de la cadena que su cuello oprime.»

SATURNINO MARTÍNEZ 3II

«En cada verde sabana mostrará, sin (jue se asombre, este santuario sin nombre, en cuyas aulas se imprime la unificación sublime del pensamiento del hombre.»

¡Quiera Dios que Campoamor y Núñez de Arce y otros bardos de menor cuantía no reparen en el pobre bagaje poético de Martínez! ¡Quiera el cielo que no den en afirmar que no había motivo para tanto aplauso de parte de Villergas, ese Atila literario que con estrecho criterio de escuela se atrevió á maldecir del sublime cantor de Granada! Los elogios exagerados vienen siempre en mengua de quien los recibe, como una crítica apasionada y personal y necia cede siempre en desprestigio de quien la ejerce. ¿Pueden servir de algo los incesantes aplausos de Villergas A Saturnino Martínez? Las alabanzas extremas de Leal, ese Chateaubriand de biscuit, ¿son provechosas al modesto hijo de Sariego? Seremos más exigentes con él, ya (|ue sus abogados defensores, con maneras tan altisonantes y por tan diversos modos, no se contentan con señalar las buenas condiciones poéticas que po-

312 LA poesía lírica EX CUBA

see, sino que, nuevos mentores del publico que paga, lee y tiene criterio propio, tratan de exagerar sus méritos por vana complacencia, por caprichosa amistad, ó por convenirles así para redondear una frase, que á los demás noparece ampulosa y vacía de sentido, \ que al autor enigmático del laberíntico Mundo cienfífico , en medio de sus recónditos ensueños, le sabe de perlas y la encuentra sublime, gradilocuente y archipiramidal.

Xo se envanezca nuestro poeta con el elogio fácil de la gente amiga: oiga el eco fiel de la opinión y de la prensa, como reza La Correspondencia de España. Escuche á los que, con deseo de acierto, no les mueve más interés que el de la verdad. Nunca fueron los prólogos verdaderas críticas: antes bien va cayendo en desuso la co'stumbre de ponerlos, porque el público está en el secreto y prescinde de ellos.

Pero ;cómo — dirá el entretenido lector— pudo extraviarse una imaginación lozana, corromperse un instinto poético nativo, y caer en defectos garrafales Saturnino Martínez, que despertó en un principio tan risueñas esperanzas? Fal-

SATl'RMNO MARIINKZ 313

tole el brío de su primera edad, como cuando se dirigía á un célebre violinista exclamando:

«-.Lánzate audaz y piérdete en la inmensa llanura esplendorosa, tras cuyo azul y dilatado velo la patria de los genios se levanta , solare discos de luz; rápido vuela, y si apiñadas las gigantes nuiles ocultan tempestuosas •el templo celestial que tu alma anhela, ■estremeciendo la región del viento •el arco pulsa, y, al vibrante acento que retumba en la bóveda sombría, el mismo Dios, radiante de alegría, te abrirá la mansión del firmamento.:*

¿Nególe su lira la verdadera magia ■de sonidos, la cadencia armónica cjue hacía resonar sus versos con tan grato son en nuestro oidor

«Fugitivas las aves •cruzando van el aire humedecido ansiosas de encontrar entre las suaves hojas del verde matorral su nido.*

Cuando la tarde trémula derrama tlél)il melancolía,

del árbol del dolor en mustia rama cuelga el laúd y llora todavía.»

«¡Oh! Plegué á Dios ([ue en la escabrosa senda •<le este mundo de sombras y de hastío

314 LA rOliSIA LÍRICA EN CUEA

jamás el infortunio te sorprenda, y que brote la flor y mane el río doquier que intentes colocar tu tienda. >

Pero, si todo eso sucede, si continúa con vigor imaginativo y cadencia y magia de sonidos en sií arpa, ^porqué nos apartamos de los elogios de Villergasr Lo he dicho antes, y forzoso me será repetirlo ahora: Saturnino Martínez es un poeta de imaginación. Trató de fortalecer su inteligencia con serios estudios; faltóle dirección en un principio: sobráronle aplausos después; anduvo escaso de buenos amigos que le hiciesen justísimas advertencias; huyó de éstas en busca de aquéllos, y se entregó al efectismo deslumbrador y ciego, quizás arrastrado por su mucha vanidad.

En sus escritos en prosa es donde más se refleja este desbarajuste de su cerebro. El lenguaje es ampuloso y culterano; el concepto pobre y raquítico.

Es á veces socialista en sus conclusiones; raya en demagogo, casi siempre, y,. sin embargo, hay tanto de autoritario y personal en su estilo, que el satánico yo. trata de imponerse á todos. Ahí está la colección del semanario que publica en

.SATURNINO MARTlxN'l'.Z II

la Habana, que no me dejará mentir. En él se estudian, ó á lo menos se pretenden estudiar los problemas más difíciles de la vida, la lucha eterna del capital y del trabajo, las manifestaciones de los pueblos en la ancha vía del progreso, los misterios más ocultos de la historia, las cuestiones más abstrusas del derecho, los más delicados debates de la economía política. ¿Con cjué criterio? :Con qué preparación de espíritu? ¡Ah! Ahí está la cuestión. De aquí arrancan sus extravíos. Habla del subjetivismo alemán aplicado al arte, sin conocer á fondo un mal tratado de estética elemental. Piensa, acaso, que con una lectura ligera y versátil, aunque variada, puede penetrar los misterios de la ciencia y proclamarse su apóstol. Desde su periódico asesta sus tiros contra las clases acomodadas, que arrastran sus vicios en riquísima carroza, mientras las opacas multitudes sienten hambre v sed en las sinuosidades sociales. Este ataque incesante, este porfiado empeño en presentar á los unos oprimiendo y denigrando constantemente á los otros, tiene sus eclipses y se convierte en el canto apologético á un rico improvisado. Más

3 l6 I. A roF.SÍA I.ÍRÍCA KX Cl 1!A

vale así. En un cajón de sastre hay retales de todos colores.

Pero nos alejamos del verdadero objeto del presente trabajo, y es hora ya de terminarlo. Saturnino Martínez es un poeta de imaginación brillante, de lozana fantasía; sus versos suaves y armoniosos suenan con grato deleite en el oído. Mas, con todo y con eso, su falta de dirección y de estudio le ha llevada por sendas peligrosas, viciando y corrompiendo la índole de su carácter poético. Habla en culto, y sus conceptos son Dobres é insignificantes. Se ha forjado un lenguaje particular y raro^ deleznable vestimenta con que cubre los apasionados sones de su lira. Sus primeros versos son los mejores; sus mejorestiempos los primeros. En ellos se relleja una imaginación brillante, un instinto de forma excelente, un oído finísimo. Son preludios suaves; presagios de un bello porvenir. ¿Por qué así vino á dar en tierra con tan halagüeñas esperanzas: :Qiié hacer ahora para pulsar de nuevo:

<E1 arpa de oro que en mejores días al manso ruido del laurel agreste mezcló sus melodías»?

SATURNINO MARiÍNi;/. 317

Ya lo ha dicho el ilustrado crítico do. La Revista de Cuba, con quien nos hallamos completamente de acuerdo en este asunto: «Renueve sus estudios, y, si le es dable, procure renovarse á sí propio.»

Villa América, 1878.

último inoviniieiito literario en Colia

EPÍLOGO

Con el epígrafe de Estudios y conferencias de Historia y Literatura acaba de publicarse en New -York, lujosamente impresa en la acreditada casa de Thompson y Moreau, una obra de verdadero mérito. Su autor, que era ya ventajosamente conocido en la república de las letras, es cubano de nacimiento, y por su filiación crítica pertenece á la raza de los Valeras. Hay en su estilo algo que recuerda los trabajos del autor de Pepita Jiménez; tiene esos delicados matices que encantan y enamoran, y prestan tanto valor é importancia á las ideas como los pliegues de la vestidura de una estatua griega realzan lo majestuoso de su aspecto. Es co-

320 LA POESIA lírica EX CD! V

rr'ecto, sin ser nimio ni reparado en su lenguaje, y sus períodos, numerosos y bellos, son á trechos elocuentes é inspirados.— A pesar de todo, no hemos de pasar por alto que le falta un poco de claroscuro, algo que le haga más movido, sin perder por eso su serenidad y tersura, recomendable siempre.

Tiempo hace que se inició en Cuba una transformación literaria que tiende á sacar á nuestros escritores de las anárquicas corrientes que trajeron consigo tendencias exageradas de un falso concepto de la belleza y de un desconocimiento completo de las más rudimentarias reglas de la gramática.

Pensóse que el ser romántico implicaba y llevaba consigo toda falta de estudio; y así vemos (|ue tras de esa época brillante, en que lucieron las galas de su ingenio Mendive, Luaces, Palma, Anselmo Suárez, Tolón y otros muchos, el efectisimo aparatoso y necio y una poesía indígena y chocarrera vinieron á invadir la prensa diaria y el libro, hasta que, momentos antes de la pacificación, la publicación de La Revista de Cuba creó un núcleo de literatos serios y concienzudos, í{ue, comprendiendo su verdadera misión

EPILOGO -Í21

y conociendo los adelantos de la ciencia moderna, en sus varias y múltiples manifestaciones, despertaron el buen gusto y el amor y cultivo de las bellas letras. — ^'arona comenzó sus estudios filosóficos, t revelando una erudición y analítica aten- ' ción y mira que le colocan á una altura envidiable: el malogrado Gassie dejó entrever los rasgos de una inteligencia robusta, consagrada por completo á la indagación de la verdad: Cortina, Morales, Ricardo Delmonte y otros, imprimieron nuevas direcciones y tendencias á la oratoria y á la crítica histórico-literaria, y Govín, gran conocedor de los códigos, presentó, en diferentes cuadros jurídicos, los tesoros de saber que guardaba.

El autor de que vamos á tratar no pertenece precisamente, por la fecha de su nacimiento, á la época á que nos referimos. Hizo sus primeras armas en la prensa, algunos años antes de la revolución, manifestando ser una esperanza para lo porvenir. Resto de una generación que se extraviaba en las exageraciones de un romanticismo bastardo, se había salvado, gracias á su educación verdaderamente clásica, y entiéndase que, al decir clásica, nos referimos á sus estudios

322 I.A rOESIA l.IRICA EN CIBA

de las literaturas griega y romana, estudios hechos con criterio propio y elevada inteligencia, no con preparado ánimo de aprisionar un pensamiento mezquino y pueril en una colección de reglas (■■^).

En efecto, Enrique Piñeyro (y éste es el nombre del autor á quien aludimos), esa esperanza que nos dejaba columbrar el sazonado fruto de una inteligencia varonil, viene hoy á nosotros con dos libros en la mano. El uno titúlase Estudios y cofif eren das de Historia y Literatura, y el otro lleva por epígrafe Poetas famosos del siglo XIX (=-^===).

(*) Enrique Piñeyro fué el discípulo predilecto cié D. José de la Luz.

(**) Posteriormente el Sr. Piñeyro ha publicado en París un estudio biográfico y crítico de Quintana. En mi concepto, este libro está escrito con ainore y en él -e revelan las envidiables cualidades de su autor, su talento grande y su pericia literaria y refinado gusto. Un crítico antojadizo, á quien en el trascurso de estas páginas he tenido que aludir con frecuencia, dice que Piñeyro os un escritor linfático de poco vuelo», que escribe poco y que «al cabo de años mil se descuelga con un estudio sobre Quintana que nada tiene de particular, porque tod > lo que en él se dice son cosas de clavo pasado». «Coma estilista, el Sr. Piñeyro, para nuestro crítico, mueve la pluma con desenfado, pero sin brío, sin fuego. Su pro?:'. resplandece por lo amena, lo fácil, lo recortada; pero ;dc nuncia acaso un temperamento artístico que siente hondo. Tengo para mí que no.»

Consuélese el Sr. Piñeyro de este juicio, y recuerde aquel ciego de nacimiento que negaba la luz del so!... porque él no la veía.

El'lLUÍiO

Con la brevedad ([ue es consiguiente á una nota bibliográfica, vamos á dar

f cuenta de la primera, en justo cumplimiento al propósito nuestro de dar á conocer los hombres más notables de nuestra tierra. Nótase desde luego, en sus conferencias, que nuestro autor es

f un orador acade'mico, y que huye con estudiado empeño de esos períodos, si bien brillantes y fascinadores, vacíos de ideas y conceptos, más propios para arrastrar las gentes indoctas que para cautivar la atención de personas cultas é ilustradas. Su elocuencia es reposada y serena, como límpida laguna que retrata un cielo azul, y si, alguna vez se riza al blando impulso de la brisa, no por eso pierde su trasparencia primera. En los asuntos que trata busca el aspecto conveniente y lo presenta á nuestra vista; no se enamora del efecto ampuloso de una palabra vibrante y sonora, sino que acierta solícito y afanoso con la expresión clara y correcta en que encierra sus conceptos, y, verdadero artista, colocando su cuadro á luz, nos guía al punto desde el cual es permitido contemplar mejor las bellezas que le avaloran y distinguen. Interesante nos

324 i'A H()i".siA lírica en <_ri?A

muestra la figura de Mme. Roland, de quien dijo Stendhal, al recorrer las cercanías de Lyon: «por aquí poseyó una pequeña propiedad la mujer que me inspira más respeto en el mundo.»

Pinta en patéticos períodos la historia de sus espirituales amores con el girondino Buzot, cuando, separada de su marido por los duros hierros de la prisión, se entrega á los deliquios de su criminal amor, y su alma grande se manifiesta entera en las expresivas cartas que le escribía á su amante. «Pero ;no comprendes tú (le decía) que, por lo mismo que estoy sola, es contigo con quien estoy? El cautiverio me permite sacrificarme por mi esposo y conservarme para mi amigo. Ahora, gracias ámis verdugos, conciliados están mis deberes y mi amor. No tengas lástima de mí. Todos admiran mi valor; por fortuna, ignoran mis ¡ alegrías». Y esta mujer apasionada y vehemente llega serena á la plaza de las ejecuciones, tras larga y dilatada prisión, consolando á un hombre débil que, condenado á sufrir la misma suerte, iba junto á ella-, y, al apagarse su vida en manos del verdugo, exclama: «¡Oh libertad! ¡Cuánto crimen cometido en tu nombre!»

Kl'ilAXjO 325

Otra de las conferencias más notables de Piñeyro, (juizá la que revela más l)rofundo pensar y sereno ánimo, es la que dio en Santiago de Chile, en abril de 1875, sobre los Estados Unidos del Norte América, donde residió algunos años, familiarizándose con su lengua y costumbres, y comprendiendo los peligros que pueden presentarse en lo futuro á esta gran república, por los varios elementos de que se compone y los opuestos intereses de sus Estados. La abolición de la esclavitud le arranca páginas en esta conferencia de grave indignación y generosos arranques; pero las consecuencias políticas de este paso no le ciegan hasta el punto que no pueda ver, en los primeros momentos, á los confederados proscriptos en su propia patria, indiferentes á la cosa pública, tristes y abatidos al ver sus hogares desiertos y abandonados, amenazando ruina y publicando la miseria de sus antiguos y opulentos señores, mientras que allá, en el Capitolio, cuyas bóvedas han devuelto tantas veces el eco de ardientes discursos en defensa del derecho de los Estados, contra las invasiones del poder central , se agita y aulla una

326 LA l'OKSÍA LÍRICA EX CIT.A

asamblea compuesta, en su mayor parte, de negros ignorantes, nombrados por millares de seres embrutecidos por siglos de degradación, y que han acudido á las urnas instigados y guiados por aventureros insaciables, residuo de una raza infame, vestigio nauseabundo de la invasión y de la guerra ('•'). La explotación de los chinos en San Francisco ocupa sabiamente su atención, y no se escapa á sus fines el sórdido interés con que se los mortifica y persigue, y el mormonismo, extravagancia religiosa predicada por Smith, que en su principio se creyó secta numerosa y crecida y potente, encuentra en Piñeyro un narrador desapasionado y sincero, á la par que un espíritu fuerte y moral que rechaza sus pestilentes dogmas y costumbres. Pero, en medio de tantos inconvenientes, en una trabazón de obstáculos y calamidades con que lucha la república y que tan brillantemente presenta á nuestros ojos Piñeyro, ¿puede deducirse con verdad que este autor condena á un ])orvenir de horrores á la nación

(*) -•Será esto una profecía de lo que sucederá en Cuba: ¡Horror da pensar en la suerte de la isla! 1890.

Erii.oc.o 327

norteamericana? No, por cierto, y muy lejos de eso, señaladas las causas productoras de sus extraños vicios sociales, se entretiene en relatarnos sus grandezas y prosperidades, explicando éstas por virtud y bondad de sus instituciones. Aquel puñado de hombres que en Filadelfia fundaron los cimientos de la gran república, crearon, sin duda alguna, una patria grande y generosa que pudiera abrigar en su seno cien millones de habitantes, todos libres é iguales ante la ley. ¿Por qué no?, se pregunta Piñeyro, terminando así una conferencia que bastaría sola para crearle una reputación envidiable.

Si fuéramos á detenernos en analizar una por una sus conferencias é hiciésemos otro tanto con sus estudios, nos veríamos obligados á alargar con demasía este trabajo, que escribimos á toda prisa y sin pararnos á meditar lo escrito, porque nuestras ocupaciones no nos lo permiten. Los diferentes asuntos de que trata, ya se detenga á estudiar las incestuosas causas del rompimiento del matrimonio de Byron; ya nos presente los tres poetas más notables de su tierra; ora estudie con minuciosa diligencia el Aristo-

128 LA POESÍA LÍllICA EN CUHA

demo, de Luaces, y so color y pretexto de las representaciones de la Ristori, esa trágica insigne, con crítica al parecer ligera y fugitiva, nos retrate sus impresiones sobre las producciones que con tanto acierto interpretaba; ora dejando aparte las exageraciones de escuela, olvidándose del naturalismo frío y duro de Zola y las violentas y poco realizables manifestaciones en la vida práctica de nuestra sociedad, del Rafael y Graciella de Lamartine, en bella galería haga desfilar á nuestra vista á Feuillet, Stendhalt y George Sand; ó bien ponga sus atinados reparos á Castelar, cuando, á fuerza de su acostumbrado lirismo, se olvida de su verdadero objeto en el movimiento republicano de Europa-, en todas las producciones, en fin, que forman este breve tomo, tendríamos que aplaudir la fuerza didáctica de Piñeyro, su criterio firme, resuelto y seguro; su amor sincero á la verdad, sin pasar en silencio su estilo majestuoso y digno, pulimentada y correcta vestimenta con que aprisiona y hermosea los altos vuelos de su pensamiento.

En su conferencia sobre Dante y su Divina Comedia se muestra toda la plenitud de su talento analítico y profundo,

Kl'lI.oGO 329

considerando ese gran poema como monumento insigne que encerró entre sus cantos la aspiración suprema de una época grandiosa, dando vida, movimiento y calor á una patria turbulenta, despedazada ayer y repartida cual codiciado botín por las naciones vecinas, y regenerada Koy al impulso de las ideas modernas.

Enrique Piñeyro no es viejo todavía. La obra que consagra á los poetas famosos de este siglo merece capítulo aparte; pero nuestro vagar nos lo impide. Consagraremos, sin embargo, nuestro juicio acerca de ella, en brevísimas palabras. El fondo del libro, excelente, salvo lo que se refiere á Espronceda, que es de todo punto injusto. El autor del Diablo Mundo ha hecho algo más que copiar la carta de D. Juan é imitar á Beranger en su canción al cosaco. Pretender otra cosa es cerrar los ojos á la luz y llevar á la serena región de la crítica racional y seria los torrentes de odio de la política. Esta es la verdad.

No echaremos en cara al autor la omisión que hace de algunos poetas de reconocido nombre y forma, porque la advertencia con que encabeza su libro le coloca fuera del alcance de esta obser-

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l.A rOFSÍA LÍRICA EN CUTíA

vación. Lo que nos regala ahora no es más que un ensayo, una primera serie. Luego vendrá el resto.

En cuanto á la forma, ¿qué podremos añadir después de lo que hemos dicho: Hay algo, empero, que no queremos pasar por alto. La circunstancia de estar la obra impresa en el extranjero, le disculpa un tanto; pero no sabemos si esto podrá ser fuerza á que un quisquilloso purista deje de poner el necesario correctivo a algunas locuciones traspirenaicas. Cada cosa en su luíiar.

¿Hemos llegado al fin de nuestro trabajo? iQuién sabel Tal vez se nos ha\.i traspapelado, en este fárrago de notas biográficas y críticos escarceos, el nombre de algún poeta de mérito; acaso con la precipitación con que corre nuestra pluma olvidemos al más garrido y frescachón de los bardos cubanos.

Salga, pues, de la obscuridad en ij^c vive, por la indiferencia del público, el ilustre y célebre fundador de los CjuUs iü¡ Sibí)nn\

i:i'íi,()(;i t ;^i

Hemos diclio fundador y no aiilor, y no nos volvemos atrds. Lo (|uc hizo Fornaris fué fundar un detestable género literario (jue pugna ron la ra/ón , se da de ])ru{'es con el buen gusto y atro|)elIa y maltrata 1;). pobre lengua de C'cr\;intcs. Cierto es (pie escribió nuu-lio, \)vvo mal. I''ué máquina descomi)uesta de hacer versos: salían éstos de su pluma como brota el agua ;t borbotones de abundosa fuente.

V'illergas, al hablar de ellos, tituló su artíeulo: «Entre col y col...» ; Kn dónde mejor colocados? Kl título salió un epigrama, y así lo entendió la gente (pie estaba en el secreto.

yf'uvo verdadera nombradía y popularidad? Kn el período anterior á la revolución, su nombre figuró algún tanto entre el vulgo de nuestros literatos. Sólo Piñeyro se atrevió á llamar la atención pública sobre lo estupendo de su género favorito. Y no podía ser menos, tratándose de un hombre culto, cuya inteligencia se había nutrido de buenas ideas estéticas.

i 'ero soplaron vientos de guerra en los fértiles y antes tran(piilos campos de Cuba, y l''ornaris se vio obligado á aban-

332 1 \ TiiK>lA 1 !R1( \ V\ (I i:.\

donar su país, fijando su residencia en la capital de Francia. En ella permaneció algún tiempo, después viajó por Italia y por otras naciones hasta que la paz del Zanjón le abrió de nuevo las puertas de la patria. Xi la experiencia, sabia maestra de los años, ni la comunicación y trato con personas de valer en el extranjero, le curaron de sus antiguas aficiones; tornó á ser el mismo, con sus acostumbrados estribillos siboneyes, tan inocentes y primitivos en su forma artística como intencionados en su fondo político. ¡Pobre versificador! Si no fuera por las amistades que tuvo, por la época en que brilló y la tendencia por demás separatista de sus versos, en Dios y en nuestra ánima juramos que su nombre se hubiera perdido entre el murmullo del Bayamo, que arrastraría al mar silencioso del olvido los débiles ecos de su laúd desafinado y descompuesto.

Entre el fárrago de sus obras hay tal cual asomo de belleza que la casualidad y no el talento depositó para hacer resaltar con más fuerza lo desbarajustado de ellas. Valióse de voces indias, pensando que era necesario ese ropaje para ser poeta popular. Quiso ser el Beranger

EPU-OGO 3S^

cubano, y tropezó con su falta de aptitud, no acertando á hacer cosa de provecho. Brillante globo de burbuja, que entretuvo por un momento la curiosidad de los chios, y que al más ligero soplo de la crítica se deshizo, no dejando rastro de su paso.

líí

Pero ;no hubo más poetas en Cubar -Dónde está esa falange que ocupa tan-

i.s páginas del Parnaso cubano.- Bien -^ está San Pedro en Roma, y ellos en

1 sitio. Realmente no hacen falta aquí para nada ni Orgaz, ni Roldan, ni Ramón Zambrana, ni Domingo Delmonte, ni otros más. Delmonte y Tanco no no fueron poetas; como humanistas pueden y deben citarse con cierto encomio. Iturrondo (Delio), Orgaz y Roldan no llegaron nunca á poseer el quid divinum de que nos habla el maestro, imagina- ' iones extraviadas, pagaron tributo al (fedismo, y nada más; Manzano fué el mejor de los poetas negros y el peor de los blancos; á su color y pelo rizo, á su condición de esclavo, debe mucha

334 Í-A POESÍA LÍRICA EX CLliA

de la fama de que goza ('-'•'-): los hermanos González del Valle (D. Manuel y D. Zacarías) tienen otros títulos á la gratitud de los habaneros, para que vayamos á aquilatar su mérito, como discípulos de Apolo.

¿Necesitaremos citar á más gente menuda? Advertimos á cualquier trasconejado gacetillero, que nos eche en cara alguna omisión, que poseemos una biblioteca cubana bastante completa. Conocemos casi todas esas obras flamantes que ellos citan. Cuando empezamos á á estudiar Retórica y Poética, nos arrullábamos leyendo los versos de Blanchié y de Luisa Molina. Entonces creíamos

das:

(*) He aquí una de sus ci^inposlciones más cclel'

MIS TREINTA AÑOS

Cuando miro el espacio que he corrido desde la cuna hasta el presente día, tiemblo y saludo á la fortuna mía," más de terror que de atención movido.

Sorpréndeme la lucha que he podido sostener contra suerte tan impía, si tal llamarse puede la porfia de mi infelice ser al mal nacido.

Treinta años ha que conocí la tierra, treinta años ha que en gemidor estado triste infortunio por doquier me asalta;

mas nada es para mí la cruda guerra que en vano suspirar he soportado ^¡ la comparo, ¡oh Dio-'. <'"!i l^» que falta.

El-ILOGO 335

firmemente que la Isla de Cuba no carecía de literatura, propia; pero eso nos sucedía cuando sólo teníamos quince años. Hoy ya es otra cosa. Somos más exigentes, y esperamos serlo cada vez i más, con la ayuda de Dios, si vivimos. ¿Qué nos resta de Cuba poética? ¡Ahí Sí,' nos resta Luisa Pérez de Zambrana, carácter noble y elevado, que moduló suaves y melódicas canciones llenas de sentimiento y de amor. Nadie como ella en Cuba, pulsó la lira con tan armónico ritmo y compás; la misma Avellanada no tiene esa ternura de sentimientos, esa suavidad de afectos que la pobre Luisa. ¡Lástima que más tarde haya extraviado tan buenas cualidades, entregándose casi por completo al culteranismo! 13e buena gana la dedicaríamos un artículo, y relataríamos en él sus muchas y buenas condiciones para la lírica. Después de todo, nuestro trabajo no significaría otra cosa sino el aplauso sincero y entusiasta que arrancan á la crítica imparcial la virtud y el talento. Eso merece quien escribió los siguientes versos:

Mi noble amigo: el delicado y generoso obsequio conmovida agradezco; mas no quieras

6 LA poesía lírica EN CUIJA

verme subir al pedestal que me alzas

con la vista inclinada, y con la frente

por ti ceñida de laurel glorioso,

teñida de rubor... no, amigo mío,

pinta un árbol, más bien, hojoso y fresco

en vez de pedestal, y á mí á su sombra,

sentada con un libro entre las manos,

y la frente inclinada suavemente

sobre sus ricas páginas, leyendo

con profunda atención; no rae circundes

de palmas, de laureles y de rosas,

sino de fresca y silenciosa yerba;

y en lugar de la espléndida corona,

pon simplemente en mis cabellos lisos

una flor nada más; que más conviene

á mi cabeza candorosa y pobre

las flores que los lauros...

No me pintes más blanca ni más bella :

píntame como soy, trigueña, joven,

modesta y sin belleza, y, si te place,

puedes vestirme, pero solamente

de muselina blanca, que es el traje

que á la tranquila sencillez de mi alma

armoniza más bien... Píntame en torno

un horizonte azul, un lago terso

y un sol poniente, cuyos rayos tibios

acarician mi frente sosegada.

Píntame así, que el tiempo presuroso

los años medirá con rauda prisa;

y, después que esté muerta y olvidada,

á la sombra del árl)ol silencioso

siempre leyendo encontrarás á Luisa.

i:i>n,(.(;o 337

No seremos, ciertamente, de los últimos en prodigar aplausos á Tejera, por más que nos duela el exagerado encomio que á sus obras prodigan sus amigos, no porque sintamos dolor por el bien ajeno, que antes alegría nos causa, sino porque estamos convencidos de lo mucho que hacen desmerecer á un autor las poco meditadas alabanzas de gentes oficiosas.

José A. Cortina, en un prólogo muy pentacróstico, hinchado y huero, en el ([ue habla, de referencia, por supuesto, del Ramáyana y el Mahabárata y trae á colación á Homero, Virgilio, Ovidio, Dante, Klopstock, Milton, Byron, Voltaire, Ariosto, 'J asso y Víctor Hugo,— eche usted y que no se derrame, — so pretexto de examinar á la luz de una crítica racional las poesías de Tejera, concluye comparándole á Henri Heine, con (juien no le encuentra inferior, sin reparar que ese ruiseñor alemán que fabricó su nido en la peluca de Voltaire, según la expresión de un crítico fran-

8 l.A l'UESÍA LÍRÍCíV en CUBA

cés, en nadci se asemeja á 'J ejera, salvo en la forma, y, más que en la forma, en los procedimientos artísticos de que se vale. No es ése precisamente su abolengo literario: á poco que estudiemos la lírica castellana contemporánea tropezaremos con las obras de Ruiz Aguilera, de Selgas y, sobre todo, de Gustavo Bécquer, — quien es muy superior á 'J'ejera, por más que diga Cortina, — cuyas obras son las precursoras de Uu ramo de violetas; bien que, como queda dicho, los precedimientos artísticos son de Heine, como lo son también los empleados por los otros poetas. Pero ¿dónde están la amarga y fina sátira, el escepticismo mordaz y maldiciente, que junto con la dulzura inefable, el gusto refinado y el exquisito sentimiento, tanto distinguen y acreditan las dulces trovas del Interinezzor

Cierto que Tejera aportó á la lírica cubana, un procedimiento, una manera, hasta entonces desconocidos entre nosotros. Nuestra lírica, como la naturaleza de nuestro suelo, es rica, ampulosa y lozana, y así como hiere nuestra vista y nos cautiva la variedad de plantas con que luce sus primores la vegetación lujuriante

EPILOGO 339

•de nuestro suelo, de igual modo nos arroba el espíritu ese lujo de lirismo á que se entregan nuestros vates, abusando del idioma tan pintoresco y rico en amplificaciones poéticas. Por eso el principal mérito de 1 ejera, educado en ÍAiropa, fué el apartamiento de esa tendencia avasalladora; y, concretando á estos términos la bondad de sus inspiraciones, dijimos que no seríamos de los últimos en tributarle aplausos.

Pero en absoluto carece del fuego y arrebato líricos del sublime cantor del Niágara; nada hay en sus obras que nos haga olvidar la viril entonación y robusto acento del autor de Aristodeuio; no iguala á Mendive en corrección y pureza, ni arranca de su lira tonos tan delicados é inefables como Plácido, Milanés y Zenea. Ks un poeta de segundo orden, á pesar de lo que digan en contrario sus amigos los gacetilleros de Cuba. Mejor que Valera y ([ue Porrero es, porcjue tiene fisonomía propia; también es superior á Casimiro Delmonte, porque se aleja del efectismo y de la frase hinchada y. vacía á que se entregaba éste; no se le puede hacer el agravio de compararle á Fornáris, porcjue está á cien codos de altura

340 i-A roESiA lírica en cuba

sobre él, y además porque es poeta más cubano que el malhadado autor de los Cantos del Siboney; pero esto no basta para compararle á Heine, ni siquiera para concederle la primacía en la lírica contemporánea de Cuba. Estudiando medicina en España, asistió á la revolución literaria que obraba Bécquer con sus melancólicas rimas, y, enamorado por el brillo de esta poesía, las imitó frecuentemente. Fué, en Cuba, un reformista; pero reformista en cuanto cultivaba un género poético nuevo entre nosotros, viejo y culto en Europa, pues ya había alcanzado en Alemania, su patria, el mayor grado de perfección en las obras de Heine, y en España había adquirido carta de naturaleza con las de Florentino Sanz y Bécquer. Tiene Tejera momentos felices en los que, apartándose de sus modelos, se entrega á los caprichos de su propia fantasía. Ejemplo son de ello su oda A Dios y su composición dedicada á Una Hamaca, que son dos piezas muy recomendables. También tiene mucha intención y sentimiento esta preciosa balada:

Y era la noche sombría y el viento triste gemía, cuando en la calle desierta

EPILOGO 341

la niña el arpa tañía,

(le hainlíre y frío casi muerta.

V un hombre se le acercó, y dinero la ofreció, diciéndole... no se qué; y gritó la niña: <. ¡Xo!» y el hombre infame se fué..

\' era la noche sombría y el viento triste gemía, cuando en la calle desierta, tras espantosa agonía se quedí) la niña muerta.

Quiso rendir, este poeta, culto á la musa epigramática de Quevedo y Góngora; pero no le fué propicia la suerte en esto, pues sus ensayos son triviales é inocentes, salvo algunos en que el chiste, de tan desvergonzado se torna en poco culto. Hay uno entre estos apólogos y epigramas que, si no es obra primorosa y de sobresaliente mérito, encierra una verdad de á folio, harto olvidada por nuestros hombres de letras. Nos referimos á su composición titulada Mal rccibijfiiento. Efectivamente, el buen gusto, cansado de los malos ratos que le dieron los sinsontes siboneyes, con sus desbarajustados versos, se volvió á Europa, como asegura Tejera, y, cuando él lo dice, estudiado lo tendrá.

342 LA POEblA lírica EN CUBA

Al dejar la pluma para poner la palabra Fin á estas páginas, en vano evocamos las sombras augustas y veneradas de Heredia, Milanés y Luaces. La patria de estos ilustres vates no da hoy más que poetas de menor cuantía. El mercantilismo reina y avasalla el corazón de sus hijos; ocúpanles hondos problemas de la vida social y política*, parece como que pasó para aquella tierra el período del sentimiento, y que entra ahora en la ancha vía de la reflexión.

Sea en buena hora.

Los pueblos, como los individuos, tienen sus edades, como tiene sus estaciones el año; y si la primavera ofrece galas y esplendores á los ávidos ojos de los mortales, el verano no es menos hermoso y digno de fijar la atención en sus múltiples atractivos y bellezas, como el otoño es la época de los melancólicos amores, y el invierno nos convida á las delicias del hogar, á la vida reconcentrada de la familia, moviendo nuestro ánimo á dulces y profundas meditaciones.

Villa América, 1878.

POST-SCRIPTUM

Al preparar estas cuartillas para la imprenta, el pabellón que tremoló en Covadonga no ondea en el Morro de la Habana.

Rige en la gran Antilla, como única ley, la caprichosa voluntad de un general norteamericano.

No supieron ó no quisieron entenderse aquellos á quienes la naturaleza hizo hermanos, y unos y otros se abatieron ante los poderosos cañones de Sampson.

¡Suerte impía!

La Gaceta de la Habana se publica mitad en español mitad en inglés, y los periódicos insertan en la plana de anun. cios reclamos y noticias en ese idionlaEn las escuelas municipales se proscrit

344 i-'^ poesía lírica en cuba

bió el habla de Cervantes: los pocos cubanos que ocupan puestos en la administración pública, viven á la sombra del sable del vencedor, y muchos celosos de su honor, sin más ambición que la felicidad de su país, resignaron sus cargos y se fueron á sus hogares á ocultar en el seno íntimo de sus familias la tristeza y el desengaño que los domina.

De uno á otro extremo de la isla se advierte el constante malestar en que viven sus habitantes, la incertidumbre con que miran un porvenir preñado de negros nubarrones, presagio cierto de la tempestad que se avecina.

^Cuál sera la suerte de Cuba? ¿Quién puede hacerse ilusiones respecto de ella? Ya el ilustre Saco, con la clarevidencia propia de su talento, escribía, tratando de la anexión, en 1848, lo que voy á copiar:

«No olvidemos que la raza anglosajona difiere mucho de la nuestra por su origen, por su lengua, por su religión, sus usos y costumbres- y que, desde que se sienta con fuerzas para balancear el número de cubanos, aspirará á la dirección política de los negocios de Cuba;

POST-SCRIPTUM 345

y lo conseguirá, no sólo por su fuerza numérica, sino porque se considerará como nuestra tutora ó protectora y mucho más adelantada que nosotros en materias de gobierno. Lo conseguirá, repito, pero sin hacernos ninguna violencia y usando de los mismos derechos que nosotros. Los norteamericanos se presentarán ante las urnas electorales; nosotros también nos presentaremos; ellos votarán por los suyos, y nosotros por los nuestros; pero como ya estarán en mayoría, los cubanos serán excluidos, según la misma ley, de todos ó casi todos los empleos; y doloroso espectáculo es, por cierto, que los hijos, que los amos verdaderos del país, se encuentren en él postergados por una raza advenediza. Yo he visto esto en otras partes — Nueva Orleans — y sé que en mi patria también lo vería; y también vería que los cubanos, entregados al dolor y á la desesperación, acudiesen á la armas y provocaran una guerra civil. Muchos tacharán estas ideas de exageradas, y aun las tendrán por un delirio. Bien podrán ser cuanto se quiera; pero yo desearía que Cuba no sólo fuese rica, ilustrada, moral y poderosa,

34í> I-A rOESÍA LÍRICA EN CUBA

sino que fuese Cuba cubana y no angloamericana. La idea de la inmortalidad es sublime, porque prolonga la existencia en los individuos más allá del sepulcro; y la nacionalidad es la inmortalidad de los pueblos y el origen más puro del patriotismo» (*).

«De rodillas te pido que te apartes de la idea de anexión, porque ella sólo puede producir males á la patria y á sus hijos...» ('•"••).

¿Han variado los términos del problema? ¿Puede variar lo que es inmutable y perenne?

Mermada la población, yermos los campos, destruida la propiedad, arruinado el comercio, ¿está Cuba en mejores condiciones que en 1848?

Dejo la respuesta al curioso lector, y Dios quiera que el tiempo se encargue en plazo brevísimo de demostrar que estoy equivocado.

La patria no es una simple expresión geográfica. Es la raza, el idioma, las

(*) Saco. Papeles sobre Cuba. Tomo III.

(**) Carta citada por Agüero en su biografía de Saco, por cierto que el Sr. Agüero con noble lealtad confíesa su error por haber sido anexionista.

POST-SCRIPTUM 347

creencias, el recuerdo de otras generaciones que guarda la historia, y eso, mal que nos pese, con la dominación americana, quedó destruido.

Cuba llegará á ser rica y poderosa porción de la república de Mac-Kinley, sus montes y llanuras repetirán el crujir fragoroso de la locomotora, sus puertos se verán visitados por barcos de todas las naciones, canalizarán sus ríos; sus campos, siempre fértiles, devolverán al trabajador mil por uno, y, desde la punta de Maisí hasta el cabo de San Antonio, el bienestar y la abundancia serán el patrimonio de aquella privilegiada tierra.

Pero Cuba no será para los cubanos. Tanto bien será para los yankees, y yo no tengo en mis venas sangre anglosajona.

En los tiempos en que se luchaba por dar libertades á la isla, mi pluma y mi palabra estuvieron siempre al servicio de la autonomía colonial. Cumplí con mi deber: no me envanezco de ello; pero lo proclamo, como un desahogo de mi conciencia, y porque quizá otros que hoy se muestran tan revolucionarios no pueden decir lo mismo.

348 LA POESÍA LÍRICA EX CUBA

Los errores de los unos, la ceguedad de los otros, la pasión puesta al servicio dé la ignorancia y la malicia, nos empujaron fatalmente á la catástrofe. Fué vano el clamor de ilustres hijos de Cuba, á quienes otros, como yo, más modestos, formábamos coro. Embravecidos por la pelea, no oyeron nuestra voz y, ciegos de ardimiento, labraron de consuno la pérdida de la patria. No es hora de acusar á nadie, y menos de exigir responsabilidades. Quédese ese trabajo para los que puedan hacerlo con ánimo más tranquilo y sereno. Los que hemos batallado en uno ú otro bando no tenemos autoridad para tratar este asunto.

Para lo que sí la tenemos es para afirmar nuestra personalidad, para fijar la situación en que quedamos, para sumarnos ó restarnos á la poderosa Unión; y en uso de ese derecho, invocando esa autoridad que nadie puede negarme, guardando en el fondo de mi corazón el doloroso recuerdo de lo pasado, porque soy cubano, porque soy español, declaro solemnemente que considero una gran desgracia para el mundo de Colón, que la bandera de Castilla no se

l'OST-SCRIPTUM

agite sobre los muros de la Habana, no como estigma de oprobiosa dominación, sino como emblema generoso y nobilísimo de fraternidad y de justicia.

Santa Julita. Asturias, 9 de agosto 1899.

ÍNDICE

PAOS.

El Marques de la Vega de Anzo y su libro T.a

Poesía Úrica cu Cuba 5

Algo á guisa de prólogo 13

Introducción 27

Manuel de Zcqueira y Arango 47

Manuel Justo de Rubalcaba 61

[osé María de Hcredia 67

Gertrudis Gómez de Avellaneda 95

Gabriel de la Concepción Valdcs iii

Ramón de Palma 137

José Jacinto Milanés 143

Miguel Tcurbc de Tolón 171

José Luis Alfonso 181

Joaquín Lorenzo Luaccs 189

Felipe López de Briñas 219

Rafael María de Mendive 223

José Socorro de León • . . . 239

Juan Clemente Zenea 243

Antonio Quintín Vinajeras 259

Enrique José Varona 279

Saturnino Martínez. . . 301

Epílogo:

\. — Pineyro 319

II. — Fornáris 330

III. — Luisa Pérez de Zanibiana 333

IV. — Diego Vicente Tejera 337

V. — Conclusión 343

Po<;T-scRii'Tr.M 343

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González del Valle y Carvajal, Emilio Martín, marqués da la Vega de Anzo