La poesía lírica en Cuba: biografía y crítica · Unidad 106 de 111

Unidad 106 · 128 LA POESÍA LÍllICA EN CUHA

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

128 LA POESÍA LÍllICA EN CUHA

demo, de Luaces, y so color y pretexto de las representaciones de la Ristori, esa trágica insigne, con crítica al parecer ligera y fugitiva, nos retrate sus impresiones sobre las producciones que con tanto acierto interpretaba; ora dejando aparte las exageraciones de escuela, olvidándose del naturalismo frío y duro de Zola y las violentas y poco realizables manifestaciones en la vida práctica de nuestra sociedad, del Rafael y Graciella de Lamartine, en bella galería haga desfilar á nuestra vista á Feuillet, Stendhalt y George Sand; ó bien ponga sus atinados reparos á Castelar, cuando, á fuerza de su acostumbrado lirismo, se olvida de su verdadero objeto en el movimiento republicano de Europa-, en todas las producciones, en fin, que forman este breve tomo, tendríamos que aplaudir la fuerza didáctica de Piñeyro, su criterio firme, resuelto y seguro; su amor sincero á la verdad, sin pasar en silencio su estilo majestuoso y digno, pulimentada y correcta vestimenta con que aprisiona y hermosea los altos vuelos de su pensamiento.

En su conferencia sobre Dante y su Divina Comedia se muestra toda la plenitud de su talento analítico y profundo,

Kl'lI.oGO 329

considerando ese gran poema como monumento insigne que encerró entre sus cantos la aspiración suprema de una época grandiosa, dando vida, movimiento y calor á una patria turbulenta, despedazada ayer y repartida cual codiciado botín por las naciones vecinas, y regenerada Koy al impulso de las ideas modernas.

Enrique Piñeyro no es viejo todavía. La obra que consagra á los poetas famosos de este siglo merece capítulo aparte; pero nuestro vagar nos lo impide. Consagraremos, sin embargo, nuestro juicio acerca de ella, en brevísimas palabras. El fondo del libro, excelente, salvo lo que se refiere á Espronceda, que es de todo punto injusto. El autor del Diablo Mundo ha hecho algo más que copiar la carta de D. Juan é imitar á Beranger en su canción al cosaco. Pretender otra cosa es cerrar los ojos á la luz y llevar á la serena región de la crítica racional y seria los torrentes de odio de la política. Esta es la verdad.

No echaremos en cara al autor la omisión que hace de algunos poetas de reconocido nombre y forma, porque la advertencia con que encabeza su libro le coloca fuera del alcance de esta obser-

:>.•>*

l.A rOFSÍA LÍRICA EN CUTíA

vación. Lo que nos regala ahora no es más que un ensayo, una primera serie. Luego vendrá el resto.

En cuanto á la forma, ¿qué podremos añadir después de lo que hemos dicho: Hay algo, empero, que no queremos pasar por alto. La circunstancia de estar la obra impresa en el extranjero, le disculpa un tanto; pero no sabemos si esto podrá ser fuerza á que un quisquilloso purista deje de poner el necesario correctivo a algunas locuciones traspirenaicas. Cada cosa en su luíiar.

¿Hemos llegado al fin de nuestro trabajo? iQuién sabel Tal vez se nos ha\.i traspapelado, en este fárrago de notas biográficas y críticos escarceos, el nombre de algún poeta de mérito; acaso con la precipitación con que corre nuestra pluma olvidemos al más garrido y frescachón de los bardos cubanos.

Salga, pues, de la obscuridad en ij^c vive, por la indiferencia del público, el ilustre y célebre fundador de los CjuUs iü¡ Sibí)nn\

i:i'íi,()(;i t ;^i

Hemos diclio fundador y no aiilor, y no nos volvemos atrds. Lo (|uc hizo Fornaris fué fundar un detestable género literario (jue pugna ron la ra/ón , se da de ])ru{'es con el buen gusto y atro|)elIa y maltrata 1;). pobre lengua de C'cr\;intcs. Cierto es (pie escribió nuu-lio, \)vvo mal. I''ué máquina descomi)uesta de hacer versos: salían éstos de su pluma como brota el agua ;t borbotones de abundosa fuente.

V'illergas, al hablar de ellos, tituló su artíeulo: «Entre col y col...» ; Kn dónde mejor colocados? Kl título salió un epigrama, y así lo entendió la gente (pie estaba en el secreto.

yf'uvo verdadera nombradía y popularidad? Kn el período anterior á la revolución, su nombre figuró algún tanto entre el vulgo de nuestros literatos. Sólo Piñeyro se atrevió á llamar la atención pública sobre lo estupendo de su género favorito. Y no podía ser menos, tratándose de un hombre culto, cuya inteligencia se había nutrido de buenas ideas estéticas.

i 'ero soplaron vientos de guerra en los fértiles y antes tran(piilos campos de Cuba, y l''ornaris se vio obligado á aban-

332 1 \ TiiK>lA 1 !R1( \ V\ (I i:.\

donar su país, fijando su residencia en la capital de Francia. En ella permaneció algún tiempo, después viajó por Italia y por otras naciones hasta que la paz del Zanjón le abrió de nuevo las puertas de la patria. Xi la experiencia, sabia maestra de los años, ni la comunicación y trato con personas de valer en el extranjero, le curaron de sus antiguas aficiones; tornó á ser el mismo, con sus acostumbrados estribillos siboneyes, tan inocentes y primitivos en su forma artística como intencionados en su fondo político. ¡Pobre versificador! Si no fuera por las amistades que tuvo, por la época en que brilló y la tendencia por demás separatista de sus versos, en Dios y en nuestra ánima juramos que su nombre se hubiera perdido entre el murmullo del Bayamo, que arrastraría al mar silencioso del olvido los débiles ecos de su laúd desafinado y descompuesto.

Entre el fárrago de sus obras hay tal cual asomo de belleza que la casualidad y no el talento depositó para hacer resaltar con más fuerza lo desbarajustado de ellas. Valióse de voces indias, pensando que era necesario ese ropaje para ser poeta popular. Quiso ser el Beranger