La poesía lírica en Cuba: biografía y crítica · Unidad 45 de 111

Unidad 45 · 146 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

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146 LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

tentó de enseñar y corregir, sacanda siempre la consabida moraleja, como si esa fuera la misión del poeta en este picaro mundo. El arte tiene su fin propio, peculiar y enteramente suyo, y no hay para que confundirlo con la moral, porque en este caso, puede suceder muy bien, que por servir á ésta, en estricta justicia, no sirvamos á ninguno de los dos.

Pero hechas estas salvedades, consignados de este modo los principales defectos en que incurre Milanés, ¿hay razón y derecho para afirmar que es «un poeta menos que mediano», «rimador amanerado, las más de las veces vulgar, que en anémicas estrofas canta al amor y á los festines, sujetándose de antemano á una pauta oficial?» ¿Hay motivo para declararlo «poeta de tercer orden»?

Pues eso y mucho más asegura cierto grafómano, quien prefiere un plato de tasajo brujo, á las obras de Milanés, con lo cual, después de decirlo, tan orondo, como si dijera alguna gracia, no demuestra otra cosa, sino que es más gas.- trónomo que literato.

¿Le estorban los dioses? Lo decimos por ese modo de arremeter que tiene contra Milanés, Piñeyro y otros. No se

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tome tan inútil y penoso trabajo, y déjelos vivir á todos, que en el campo de la literatura todos cabemos, y no empece la presencia de Milanés, y el respeto que lo profesamos por sus desgracias y por su estro poético, para que luzca á maravilla su desparpajo y excentricidades de mozo desengañado y resuelto á llamar á todo trance la pública atención. Clarín, á quien tanto imita nuestro crítico, no ha tratado de socavar la reputación justamente alcanzada por nuestros poetas de ayer; flageló á los hueros \ baldíos contemporáneos suyos, aunque también se metió con Cánovas, que no es huero ni baldío, sino muy morrocotudo*, pero esto seguramente lo hizo un día de mal humor. Además, Leopoldo Alas, que es un crítico de verdad, aparte sus ideas, que no son las nuestras, es un literato á quien jamás se le puede ocurrir la peregrina idea de escribir párrafos tan amanerados y tan rematadamente cursis, como la dedicatoria que estampa este autor al frente de uno de sus libros. Leyendo á Fígaro, pretendió empaparse en aquella amargura desconsoladora del pobre Larra, sin reparar que no todos los escritores que pretenden