La poesía lírica en Cuba: biografía y crítica · Unidad 50 de 111

Unidad 50 · 1 6o LA POESÍA LÍRICA EN CUBA

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radas otras, puede formarse un pequeño ramillete, que hará recordar por siempre á este infortunado bardo. Con el desbarajuste de una edición chapucera, se nos presenta Milanés muy desigual, y culpa tendrá de ello el colector de sus obras, que, falto de tino, y no con muy buen -criterio, publicó cuantos versos hubo á mano, sin consultar la crítica literaria y los preceptos del buen gusto. Al tratar de Plácido, nos quejamos de esta misma falta, y entonces como ahora, deploramos el escaso talento de ciertos editores, que nos ponen en el caso de censurar, contra nuestra voluntad, lo que coleccionado con mayor esmero, fuera digno de alabanza y aplauso.

Y es esto tanta verdad, que hasta los compiladores de Cuba poética vacilan un momento, al escoger las poesías de este bardo, como temerosos de estrellarse con la opinión pública, lo cual viene á ser un argumento de fuerza para nosotros, pues en el trascurso de estas biografías, hemos podido apreciar lo reparados que son en sus escogimientos tan donosos críticos.

Pero no presuma nadie que tratamos <ie menospreciar á Milanés. Lejos de

JOSÉ JACINTO ^rII.A^Ks i6i

esto, queremos consignar de un modo concreto, al terminar estos apuntes que de ligero escribimos, que, sin vacilación, reconocemos en el poeta de Matanzas, méritos bastantes para colocarlo en los ])rimeros puestos de nuestra galería. No tigne el fuego pindárico de Heredia ni la entonación robusta y varonil del malogrado Luaces; pero hay tal sencillez, tal armonía, tan delicado acento en sus versos, que, fuera de estos dos gigantes de nuestra literatura, ha de recoger los aplausos que arranca el genio y la admiración que tributa un pueblo á sus hijos más preclaros.

Al obscuro rincón de mi aldea llegó el último Almanaque de La Ilustración Española y Americana, tan flamante y limpio y bien impreso, como todos los anteriores, que es publicación que honra al país y ofrece á los amantes de lo bueno, sabroso contentamiento en artes y en letras. Con la curiosidad propia de <]uien anda escaso de libros y tiene afición y apego á la lectura, piiseme á repasar el Almanaque, cuando tropezaron mis ojos con el retrato de Milanés. Dió-

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me un salto de alegría el corazón dentro del pecho, que el ocuparse en la lírica cubana, cosa nueva y extraña es en la prensa de la corte; y comencé, antes á devorar con la vista, que á leer el artículo que á continuación venía firmado por D. Manuel Cañete.

Confieso ingenuamente, pecador de mí, que sentía cierta vanidad al ver que un crítico de fuste sacaba» á colación el nombre y las obras de un poeta de mi tierra. Quién sabe, pensaba para mi capote, si Cañete se habrá animado á escribir esto, picado por la curiosidad, despertada en su ánimo por mi libro; y esta ocurrencia, bonachona de puro infantil, me ponía vanidoso y hueco, que todos tenemos nuestra alma en nuestro armario, y nadie imagina ser menos de lo que es.

Hasta la publicación del Almanaque, no era conocido ni de oídas el poeta matancero; Torres-Caicedo ni le nombra siquiera; en la América poética, publicada en Valparaíso, en 1846, no se acuerdan ni del santo de su nombre; y pare V. de contar, porque el Sr. Cañete no menciona más fuentes de conocimiento, bien porque las ignore, lo cual