La Puchera · Unidad 37 de 37
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En esto llegaron las dos barquías, cargadas de hombres con el horror pintado en las caras; y al triste son de los alaridos cada vez más lentos y apagados del infeliz Berrugo, les comunicó don Alejo su proyecto. Una de las barquías podía quedarse allí para animar con su presencia al agonizante, y las otras dos ir con sus hombres á auxiliarle por la playuca. Se convino en ello; partieron á toda fuerza de remo las barquías de San Martín hacia la playuca, y don Alejo se lo gritó á don Baltasar para darle alientos.
—¡Es tarde ya!—respondió el mísero, con la cabeza caída y los miembros lacios.—Me va faltando la vida; y la cuerda, que me ahoga con mi propio peso, trisca cada vez más.
—¡Hay que intentarlo, con todo!—dijo el cura; y añadió en seguida:—Y mire, don Baltasar: como antes le dije, por si acaso tiene usted razón, prepárese para una buena muerte... Haga un acto de contrición. ¡Mire que otros en mejor salud han fenecido!... ¡Mire que voy creyendo que para algo me trajo el Señor aquí hoy!...
No se sabe si respondió algo don Baltasar y no dejó oirlo el incesante machaqueo de la resaca; pero está fuera de duda que volvió á patalear entonces, porque esto se vió.
El Lebrato daba diente con diente, sin apartar sus ojos del espectáculo, y su hijo, contemplándole también sin cesar, estaba como electrizado. Don Alejo, impaciente y conmovido, mirando tan pronto á don Baltasar como á las barquías, que no andaban tanto como su deseo, continuó amonestando al moribundo, pues por tal le consideraba; y al ver que no le respondía, y que cada vez inclinaba más la cabeza y eran sus movimientos más débiles, recitó la oración de los agonizantes, arrodillándose los tres en la barquía; y luégo, levantando el brazo derecho y clavando los ojos compasivos en don Baltasar, bendíjole, y rezó con voz vibrante y solemne:
—_Si es bene dispositus, ego te absolvo a pecatis tuis, in nomine Patris et Filii et Spíritus Sancti._
En aquel mismo instante se oyó un trisquido y también algo como lamento, y se vió á don Baltasar precipitarse rápidamente, con las piernas y los brazos extendidos, como una rana que se lanza al charco, desde la altura en que oscilaba moribundo de horror y de fatiga, al erizado peñascal, en cuyas puntas rebotó dos ó tres veces antes de desaparecer entre las revueltas espumas de la resaca.
El Lebrato y el cura lanzaron un grito. El Josco se echó hacia atrás, pálido como la pechera de su camisa; y los tres contemplaron, consternados, cómo se enrojecían las espumas del agua que batía las peñas entre las cuales había desaparecido don Baltasar.
El cura volvió á hincarse de rodillas; y mirando al cielo le elevó esta súplica, como recomendación del alma del desdichado:
—_Súscipe, Domine, servum tuum in locum sperandæ sibi salvationis a misericordia tua._
Era imponente y aflictivo aquello; y aún lo fué más cuando al ver los del barquichuelo flotar el largo pedazo de cuerda que había caído á la mar con el mísero despeñado, se lanzaron, con riesgo de sus vidas, á cogerle; y tirando de él don Alejo y remando los otros dos hacia afuera, apareció, casi á flote y remolcado por la barquía, el ensangrentado cadáver con el cráneo deshecho y los miembros destrozados.
POLANCO, agosto-octubre 1888.
[Ilustración]
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INDICE
Páginas.
I. —«Ré» en la Arcillosa. 5
II. —El conflicto de Pedro Juan. 27
III. —Adónde fué á parar la segunda sarta de peces. 43
IV. —«Ese hombre». 61
V. —Continuación del anterior. 81
VI. —Varga abajo y varga arriba. 101
VII. —Cuentas de familia. 111
VIII. —El médico don Elías. 123
IX. —Las cosas de don Elías el médico. 147
X. —Por dónde flaqueaba el Berrugo. 177
XI. —Las lunas del Josco. 197
XII. —En qué manos andaba Inés. 213
XIII. —La obra de Marcones. 227
XIV. —El cura de Robleces. 247
XV. —El pleito del profesor. 265
XVI. —El fallo de la educanda. 281
XVII. —El agosto del Berrugo. 301
XVIII. —Vuelta al pleito de Marcones. 325
XIX. —El caballero del altar mayor. 345
XX. —Quién era él. 357
XXI. —Arroz y gallo muerto. 377
XXII. —Examen de conciencia. 405
XXIII. —Corrida en pelo. 427
XXIV. —Leña al fuego. 449
XXV. —Anales de tres semanas. 469
XXVI. —La puchera del Lebrato. 483
XXVII. —Luz y tinieblas. 505
XXVIII.—En el fondo del abismo. 523
XXIX. —El poder de una idea. 537
XXX. —Cosecha de tempestades. 557
XXXI. —«Por do más pecado había». 581
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