La religión demostrada al alcance de los niños · Unidad 17 de 23
Unidad 17 · CAPITULO XXVI.
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CAPITULO XXVI.
Método para disputar con los incrédulos sobre los misterios.
Irá el incrédulo: ¿cómo es posible creer las cosas que creen UU ? Tres personas y sin embargo un solo Dios; un Dios hecho hombre; la sustancia del pan convertida en cuerpo de este DiosHombrej y otras cosas semejantes, á ver ¿cómo me explica U. estos misterios?
Católico. Ningún católico pretende poder explicarlos ni entenderlos: reconocemos que son misterios, y por lo mismo ya confesamos que son incomprensibles.
Incrédulo. Pero y entonces ¿cómo los creen UU,?
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Católico. Es mui sencillo: los creemos porque nos consta que Dios los ha revelado.
Incrédulo. Pero esto de creer cosas que el entendimiento no alcanza, ¿qué mérito puede tener delante de Dios?
Católico. Si fueran cosas que las comprendiéramos con la sola razón, poco mérito tendria la fé: creyéndolas, sujetamos nuestro débil entendimiento á la sabiduría infinita.
Incrédulo. Pero yo quisiera que U. me explicase por ejemplo, ¿cómo puede ser un solo Dios y tres personas?
Católico. No lo sabría explicar bien: repito que para mí es un misterio, le acato profundamente y me tendria por culpable si tuviese el orgullo de querer comprenderle.
Incrédulo. Vamos; esa sumisión tan ciega del entendimiento en cosas que no comprende, me parece insoportable.
Católico. A mí me parece mui llevaderaj y está mui lejos de parecerme ciega. Si U. me permite, le manifestaré cómo yo concibo esta sumisión del en-
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tendimiento; y para el efecto me tomaré la libertad de dirijirle algunas preguntas.
Incrédulo. U. la tiene; le escucharé con mucho gusto.
Católico ¿Hai cosas que nuestro entendimiento no puede comprenderlas? ¿y el no comprenderlas es razón bastante para negarlas?
Incrédulo. Esta es una pregunta tan jeneral y tan vaga
Católico. ¡Cómo jeneral! ¡y cómo vaga! antes es mui precisa. No tema U.; para manifestar que hai cosas que no podemos comprender, no me será necesario subir al cielo, ni descender á las entrañas de la tierra, ni atenerme á cosas jenerales y vagas; sino que aquí mismo tengo hechos que U. no podrá contestarme. ¿Ignora Ü. que el hombre casi nada comprende de todo cuanto le rodea? ¿nos comprendemos acaso á nosotros mismos? esos ojos con que vemos, el oido, el tacto, el olfato, el gusto, todos nuestros sentidos de que nos servimos continuamente, ¿sabemos acá-
so en qué consisten? ¿ha podido explicarlo hasta ahora ningún filósofo del mundo? ¿no sabe U. que los mas grandes sabios andan a tientas cuando tratan de explicar los fenómenos mas co-
muñes de la naturaleza?
Incrédulo. Efectivamente es así; la naturaleza está llena de arcanos; y nosotros mismos á nuestros ojos, somos un gran misterio; pero ¿qué infiere U. de esto?
Católico. Lo que infiero es, que hai muchas cosas que nosotros no las entendemos, y que el no entenderlas no es suficiente razón para negarlas; y que para creerse una cosa, la dificultad no debe ponerse en si la entendemos ó no, sino únicamente en si tenemos motivo para creerla ó no. Si bien se mira, eso que extraña U. tanto en los católicos, lo está viendo practicar por todo el mando, y lo practica U. mismo todos los dias. Cuando nos cuentan que en tal pais hai un animal mui extraño, que hai una mina mui abundante de este ó aquel metal, que hai una planta rara de
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esta ó aquella naturaleza, que acaece n allí extraños fenómenos que no vemos entre nosotros; para creerlo ó no, nunca miramos si entendemos cómo se verifican aquellas extrañeces, y porqué causas, sino quien lo refiere, si la tal persona es digna de crédito, ya por su intelijencia, ya por su experiencia, ya por su veracidad; y tendríamos por ridículo al que saliera diciendo que no cree, por ejemplo, que en tal pais tienen los hombres tal color porque no concibe como esto puede verificarse.
Haga U. la aplicación á nuestro caso; cuando tratemos de misterios en una relijion, lo que debemos mirar es, si efectivamente aquella relijion tiene los caracteres de divina; y si los tiene, si nos constare que efectivamente nos ha venido de Dios; ¿qué importa que no entendamos los misterios? ¿Acaso Dios no sabe cosas, que nosotros no podemos saber? ¿Y porqué no podría revelárnoslas? y dándonos él á conocer que en realidad es él mismo quien nos las revela, ¿quién podrá negar la obligación
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que tenemos de creerlas? creemos á un hombre de bien, aunque nos refiera cosas que nosotros no entendemos, ¿y no creeríamos á Dios, que no puede engañarse ni engañarnos? Las señales de que nuestra relijion es divina^ !as tenernos en los milagros, en el cumplimiento de las profecías, y en varios otros hechos que no es necesario enumerar ahora; ¿qué mas queremos? ¿que tiene pues de extraño nuestra fe?