La sociología mexicana y la educación nacional · Unidad 143 de 309
Unidad 143 · LA SOCIOLOGÍA Y LA BDÜCACIÓN 313
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LA SOCIOLOGÍA Y LA BDÜCACIÓN 313
ciencia, en importar al país métodos exóticos de educación y de política para atrofiar y destruir nuestra propia herencia, y crear la escuela de traidores a la patria y de enemigos de sus instituciones .... Con estos sencillos ejemplos basta, por ahora, para probar la existencia de los dos criterios políticos enunciados anteriormente.
En las acciones que realiza cada partido de un modo franco o solapado, es fácil distinguir a primera vista el origen de cualquiera hecho social, e inmediatamente se descubre si procede del partido liberal o del partido conservador ; según que el hecho real observado tienda a favorecer la evolución de la raza o a impedirla.
Pero lo que es muy difícil, y a veces parece imposible, es juzgar con aciertp de la conducta íntima de un grupo político por el simple enunciado de su denominación; pues en la mayor parte de casos, el nombre que lleva no significa nada, no es la connotación de una finalidad precisa: es un simple convencionalismo, a veces un extravagante capricho, y en la mayor parte de casos su nombre equívoco constituye una perfecta antítesis con su peculiar modo de ser," en suma, es un puro nominalismo, vicio muy latino, cuestión de palabras, palabras y palabras
Denomínanse los grupos políticos, generalmente, por los nombres de sus caudillos, por nombres geográficos o por palabras abstractas de significación imprecisa.
La clasificación por los nombres de los caudillos
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les da a los partidos una tendencia personalista muy marcada; y así hemos conocido en la Historia los grupos juaristas, lerdistas, porfiristas, maderistas, carrancistas, etcétera. Y sabido es cómo se forma la personalidad de un caudillo. Casi siempre resulta una monstruosidad psicológica: para sus partidarios, es la acumulación de todas las perfecciones ; para sus enemigos, es la acumulación de todos los vicios. Todo caudillo está constituido sustancialmente por un complejo psicológico artificial, porque su personalidad individual ha desaparecido, quedando encubierta con los mil atributos buenos y malos que le ha dado una época, un período social, una etapa histórica, cuyos atributos muchas veces resultan contradictorios, y por consiguiente, imposibles de toda coordinación. Si, pues, un caudillo es un ente indefinido, que ha sustituido su individualidad psicológica por el alma colectiva de una época, ¿podrá servir su nombre para connotar científicamente el ideal político de un partido t Es claro que no, porque semejantes denominaciones personalistas son, en extremo, convencionales y totalmente inexactas y tienen el gravísimo inconveniente de despertar oleadas incontenibles de odios, tempestades de envidias incurables, celos tremendos y hasta criminales; y todas estas pasiones, en vez de imir a los hombres, los desunen para siempre. Hay ([ue proscribir estos títulos personalistas porque nada explican, ni connotan, ni definen, y fiínaknente, sirven para erigir en sistemas políticos de gobierno la adulación y el servilismo.