La sociología mexicana y la educación nacional · Unidad 229 de 309
Unidad 229 · 500 JULIO S. HERNÁNDEZ
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
500 JULIO S. HERNÁNDEZ
estaba resuelto a tomar una resolución seria. Después de algunos días de meditación sesuda, decidí no desmayar en mi empresa; al fin tenía imprenta a mi disposición. La frasecita *'es un desconocido/' era mi única pesadilla, y a fe que el público tenía razón: yo era efectivamente un desconocido; ¿por ([xié me había de empeñar en que se me guardasen consideraciones que aún no había conquistado? Era preciso camibiar la opinión de mis colegas^ había que darse a conocer. ¿ Y cómo ? Si mis libros no querían leerlos, si no se querían tomar la molestia de obtener un ejemplar, ¿cómo me iban a conocer?, decía yo para mi coleto.
Así pensaba en mis momentos de amargura, cuando un día en que me ocupaba de bosquejar el plan de mi tercer libro, recibo una carta de la librería de Ch. Bouret, en que se me suplicaba atentamente tuviese la bondad de pasar a dicha casa, porque deseaban arreglar un asunto conmigo. Sin pensar cuál pudiera ser el asunto de la cita, me dirigí a dicha librería, y el jefe de la casa me habló en los siguientes términos:
— ^Me he tomado la libertad de molestarlo a usted para hacerle una súplica: Don Carlos A. Carrillo acaba de morir y dejó sin guía metodoló^ca su primer libro de lectura; sé que usted fue amigo del autor y conoce muy bien su obra; ¿querría usted encargarse de escribir la guía? Puede usted ponerle precio a su trabajo, pues la casa lo necesita cuanto antes, porque hay en el almacén una enorme exis-
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.tencia de libros de Carrillo, que no se venden por falta de guía.
Cuando terminó su petición el representante de la casa, le contesté afirmativamente.
— Escribiré la guía que usted quiere, pues, efectivamente, yo conocí al señor Carrillo, me honró con su amistad y conozco perfectamente bien su método.
Quince días más tarde, había yo terminado el manuscrito, y personalmente lo entregué a la casa editorial. Otros quince días más duró la impresión. Se hizo un gran tiro, se anunció profusamente, y en menos de un mes había circulado el folleto por toda la República, no sin haberme aprovechado antes de anunciar en él mis libritos anteriores.
Entonces mis colegas adquirieron aquella guía, la hojearon, la leyeron y probablemente la criticaron. Como había doctrina, y doctrina nueva y desconocida, ya se abstuvieron de lanzar otra vez la despectiva frase de marras: *'es un desconocido," y menos hostiles que antes, pidieron a la casa Bouret mis dos libros anteriores v los honraron con su lectura.
El éxito halagador que alcanzó el método de Carrillo, cuando fue conocida la guía, decidió a la casa Bouret a solicitar mi contingente como autor, y me encomendó escribiese una obrita que yo intitulé * ' Geometría intuitiva. ' '
Este nuevo libro se editó en París, y la primera edición llegó a México el año de 1893. La forma que le di a esta obrita fue totalmente distinta de las de su género, existentes en aquella época. Su aparición produjo una verdadera revolución pedagógica en to-
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da 1» Repúbjic^, y hasta hoy ha sido el libro que más circulación ha alcanzado. •-
Los maestros de la Capital no se desdeñaron; de poseerla, y algunos de ellos le dedicaron artículos encomiásticos, que se publicaron en varias revistas educacionales.
Un maestro, que sintió escozor por este libro,, me hizo una ofensa que, por curiosa, voy a narrarla.
— ¿No sabe usted que en la Argentina tiene usted un homónimo?, me dijo entre risueño y sarcástico.
— «No lo sé, le ,dije.
— Pues ha publicado un libro primoroso, que le puso por nombre ** Geometría intuitiva."
— Cuánto me place que mi homónimo de la Argentina tenga también mis ideas y mis gustos. ¿Y no se ha fijado usted si también es normalista y subdirector de la Escuela Normal!, porque entonces tanta coincidencia me daría algo en qué pensar.
— rVoy a leer bien la portada y el prólogo y se lo diré a usted, me dijo un poco turbado por su rasgo de estiipida audacia.
Mientras se hacía en París la edición de la Geometría, la casa de Bouret me encomendó escribiese una serie de libros de Aritmética. El primer volumen de esta serie se editó también en París, y comenzó a circular el año de 1895.
En la misma época, la casa editorial de don Juan Buxó, estimulada por el éxito alcanzado con mis libros anteriores, me encomendó la formación de^un ■'Método de lectura-escritura," cuyos clisés se hicieron en la casa Appléton, de Nueva York.