La sociología mexicana y la educación nacional · Unidad 3 de 309

Unidad 3 · PRIMERA PARTE

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PRIMERA PARTE

LA sociología Y LA EDUCACIÓN

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LAS DICTADURAS Y LA EDUCACIÓN Nuestras aberraciones educacionales

NOVENTA POR CIENTO DK ANALFABETOS

Hay dos grandes modalidades bajo las cuales puede estudiarse un asunto cualquiera: el aspecto *' cuantitativo, ' ' o (jue se refiere a la cantidad, es decir, a la extensión y al número, y el aspecto '^cualitativo,'' o que se refiere a la cualidad, a la intensión, o sea a los varios modos de ser de una casa, independientemente de las demás de su especie.

Y aplicando estas dos modalidades a la educación de un país, se puede afirmar que es ''extensiva*' cuando la totalidad, o cuando menos la mayoría de sus habitantes, recibe sus beneficios; e ''intensiva" cuando los que son objeto de ella, alcanzan el ínás alto grado de perfeccionamiento.

12 JULIO S. HERNÁNDEZ

No necesito hojear las páginas de nuestra Historia para averiguar que ni antes de la Conquista, ni en ella, ni después de ella, la educación ha extendido sus preciados dones a todos los habitantes que viven bajo el hermoso cielo mexicano.

Me bastará tan sólo consultar los datos más recientes de nuestra estadística, para saber que de los quince millones de habitantes que pueblan actualmente nuestro territorio, hay un diez por ciento que saben medianamente leer y escribir, o sean millón y medio, de los cuales medio millón son extranjeros, y el ^noventa por ciento restante, o sean trece millones y medio, son totalmente analfabetos.

Esto prueba con evidencia que la primera y más grande aberración que hemos cometido, es sin duda la de no haber impartido, durante cuatro siglos, los grandes beneficios de la educación a esa enorme masa de compatriotas que viven en la más completa ignorancia, formando un bloque inconmovible de carne humana, más inconsciente aún que una manada de bestias.

Y la responsabilidad de tan horrendo crimen pesa ciertamente sobre todos nosotros; pero pesa más, mucho más todavía sobre las conciencias torcidas de los directores de la política.

í Por qué, pues, no se han preocupado hasta hoy de la educación del pueblo? ¿Por ignorancia o por mala fe?

Ya es tiempo de que la Historia justiciera falle en este punto. Los hombres que nos han gobernado han disfrutado siempre de una cultura más o menosi acep-