La sociología mexicana y la educación nacional · Unidad 41 de 309

Unidad 41 · 92 JULIO S. HARNÁND£Z

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

92 JULIO S. HARNÁND£Z

los enemigos jurados de la Libertad y de la Patria, autores de todos los crímenes intervencionistas de que por su extranjerismo hemos sido víctimas, y con ese sólo hecho pueden estar seguras nuestras encantadoras e inteligentes mujeres, que la posteridad las considerará más heroicas aún que las estoicas y valientes espartanas; cuando sabían, por boca de los mensajeros de la guerra, que sus hijos habían perecido en la campaña, ellas les respondían con dignidad y con fiereza: **No te preguntamos eso; dinos: ¿hemos ganado la batalla?"

Adorables compatriotas, imitad tan bello ejemplo con vuestro patriotismo. Si queréis ser mexicanas^ renunciad primero a ser romanas. No vaciléis en conquistar el envidiable título de llegar a ser las primeras mujeres del mundo. Os lo aconseja un amigo.

LAS RELIGIONES Y LA EDUCACIÓN

Del f etiqíüsmo a la ciencia

Las religiones tienen su origen en el sentimiento.

Los sentimientos son de dos clases: egoístas y altruistas.

Los sentimientos egoístas se manifiestan por medio de deseos que tienden todos a realizarse: el deseo de tener buena salud, el deseo de tener bienestar, el deseo de crearse una familia, el deseo de ser o significar algo, el deseo de hacerse estimar de los demás, el deseo de mando o de dominio, el deseo de agradar a todo el mundo.

Los sentimientos altruistas se manifiestan a medida que nuestros sentimientos egoístas se realizan ; entonces nos preocupan los demás seres; antes nos tienen sin ningún cuidado. Si son inferiores a nosotros, sentimos benevolencia hacia ellos y experimentamos el deseo de ayudarlos y protegerlos ; si son iguales a nosotros, entonces sentimos el deseo de darles y pedir-

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les amistad para asociarnos por medio deL afecto a la realización de una obra común; si son superiores, a nosotros, entonces no podemos sentir ni bondad, ni afecto hacia ellos, sino respeto, veneración, deseo de admirarles y ensalzarlos, por lo mismo que valen indiscutiblemente mucho más que nosotros.

Ahora bien: si pues las religiones tienen su origen en los sentimientos, ¿de dónde habrán nacido: de los sentimientos egoístas o íe los sentimientos altruistas ?

Observemos al reciennacido : grita y llora cuando siente frío, sed o hambre, cuando experimenta al~ guna dolencia, algún malestar; entonces busca instintivamente el regazo materno para abrigarse, para proporcionarse el alimento con que la Naturaleza le brinda; la madre investiga la causa de su dolor y le proporciona el consuelo que necesita; el niño, satisfecho de todos sus deseos, duerme un sueño tranquilo, en el cual suele hasta prodigar sonrisas de satisfacción.

Ahora bien: ¿habrá en estas manifestaciones algo de religioso? Tal vez; pero ¿hacia quién y en qué forma? Los creyentes católicos dicen que los niños, cuando duermen, platican y sonríen con los ángeles. Nosotros no nos aventuramos a aceptar tan bella leyenda, que carece de todo fundamento real v científico; no sabríamos explicar ni demostrar el modo de efectuar semejante relación con los seres increados.

Lo único que podemos afirmar es que el niño aún no tiene conciencia de sus actos: es un inconsciente; no distingue su yo del otro yo, que le da su