Lámparas en agonía · Unidad 10 de 31
Unidad 10 · LUIS G. URBINA 45
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LUIS G. URBINA 45
que me figuro que brega por arrancarse del suelo. A veces, cuando se inclina, clava en mi mano una espina, y así, siento sus querellas, y oigo a un pájaro que trina feliz, bajo la divina claridad de las estrellas.
Y mientras bajo el imperio de la noche azul, medito, pasan horas de misterio, de leyenda, de infinito; y yo, con el alma abierta a lo sobrenatural, evoco mi vida inciei'ta y sueño en mi novia muerta, transfigurada en rosal. Y mi espíritu se asombra con imposibles deseos, y en la sombra, alguien me nombra, y hay, en la trémula sombra, palpitación de aleteos ! . . . .
Es lo único que le queda al pobre corazón mío:
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lina ensoñación que i-neda al fondo de nn desvarío, y una linda flor de seda salpicada de rocío.
Aquí tienes lo que pasa en el jardín de mi casa que nadie cuida, y florece, donde — cual dádiva hermosaun viejo rosal me ofrece, tarde por tarde, una rosa ....
26 d« ago«to de 1913.
MAS ALLÁ DE LA MELANCOLÍA
Por la noche, moviendo en mi gaveta baratijas de antaño, pequeneces, viejas cartas, reliquias amorosas, mi fútil colección de antigüedades, noté que, bajo unos papeles grises, oprimían mis dedos un relieve compacto, mas suave. . . . Era una rosa, una rosa marchita, cuyos pétalos, de un amarillo sucio, parecía que fueron blancos . . . ;, Quién decir pudiera el tiempo que hace que esta flor se esconde, olvidado cadáver de algún sueño, en su polvosa tumba de papeles? Arrugada, deforme, seca, enjuta, la vi, de pronto, con su aspecto raro, como un muerto reptil. Y la memoria, por la curiosidad esclarecida.
empezó a urdir su tela de añoranzas.
¿De quién fue? ¿Cómo fue? ¿Por qué la guardo?
Y pasó radiante, en las tinieblas
de mi mundo interior, como a un prestigio,
la cabalgata histórica, la antigua
visión de mis deseos, la frenética
ronda de mis pasiones insaciables.
Las mujeres que amé: desde la niña
ingenua y dulce, que cantó en mi espíritu,
como una alondra al despuntar el alba,
a la sensual faunesa, que en las noches,
como un vampiro, me sorbió la sangre.
Toda mi juventud, mis devaneos,
mis amores profundos y dolientes,
la simpatía desflorada apenas,
el flirt galante, audaz y malicioso.
Y la sonrisa trasmutada en beso,
y la ilusión deshecha en desencanto,
y la esperanza convertida en pena,
y el ideal cristalizado en lágrimas.
(¡Oh! Las metamorfosis misteriosas:
el placer en hastío, las quimeras
en sufrimientos, y la vida en muerte).
Y la curiosidad espoleaba a la memoria en vértigo, -que iba,