Languidez · Unidad 16 de 16
Unidad 16 · LA COPA
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
LA COPA
ALLÁ detrás del mar, un gran sepulcro, Francia, los hombres guarda que murieron
Desde los cuatro puntos de la tierra sintieron los clarines de la muerte,
pero no claros, que su voz llegaba con un sonido engañador y extraño.
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Y pensaron ¿quién suena aquella caña que atrae como fémina desnuda?
Oh, que no vieron que la boca estaba negra, al sonar la flauta misteriosa.
Y dijeron: ¡volemos! y "volemos" repitió el aire por la tierra curva.
Y vistieron los hombres traje oscuro y las mujeres llanto bajo el Cristo.
Y salvaron los mares, y salvaron las tierras frías y el desierto ardiente,
Y allá en el centro estaba Francia oyendo lejano el vuelo de los hombres, hasta
que en tierra suya se juntaron todos bajo el clarín nervioso de la muerte.
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Ya duermen en tu seno; ya cumplida en sed está de la Sirena Negra.
Urnas de oro tus museos guardan Francia, la esencia de las razas toda:
y urnas de tierra, tus sepulcros guardan la carne triste de las razas todas.
Unida estás al mundo por sus muertos, como una planta al suelo por raíces.
Como esposa al esposo por sus frutos, como alma al cuerpo vil por su vergüenza
Allí tus propios hijos, con la flecha de la humorada, sobre el labio muerto.
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Allí los hijos de la tierra nuestra, los argentinos dulces, voluptuosos,
que amaban tu París con una blanda pereza de llanura que se duerme.
Allí nuestros hermanos, los del Norte, que fueron a jugar como en sus parques
olímpicos, el juego de la muerte, los pies enormes y la risa sana.
Allí los ojos claros, cristalinos, de los rubios ingleses familiares.
(Vuela un beso sobre ellos y una dulce muchacha pasa como en sus canciones)
Allí los italianos, con el fuego
de Roma ardiendo en las pupilas fijas,
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Allí los rusos, con sus grandes libros de tapas negras y la espalda corva.
Allí los belgas con las manos duras sobre el cuelo del águila potente.
Y allí tus enemigos: ¡cuántos, cuántos! ¡Ah, no podrás librarte de su sombra!
Y allí los españoles, los eslavos,
los servios, los rumanos, los polacos.
Y allí, guardado en los cerebros mudos, las montañas del Asia, los desiertos
del África, la nieve de los polos,
los trópicos ardientes de la América.
Todo eso envuelto bajo tierra en una sombra, oh sepulcro de los hombres todos!
— 151
Y pasarán los siglos por la tierra, y pasarán los siglos por la tierra . . .
Y el gran Sepulcro mezclará sus muertos y fundirá sus cuerpos en la tierra.
Y acaso se haga andando largo tiempo Una rosada arcilla muy suave.
Y una raza de artistas alfareros trabaje allí las delicadas formas.
Y alguien haga quizá una copa fina, una copa sutil de linea pura.
Y con dedos rosados, una mano la golpee una tarde soleada,
y suene al fin de una manera extraña con sonidos humanos y divinos.
Y se dirán: ¿Por qué la copa canta?
Y buscarán sus signos ignorados.
Y correrá una voz: allá una copa de arcilla canta. Allá en lejana tierra
Y llegarán como en antiguos tiempos al mismo sitio los lejanos seres.
Y escucharán, escucharán la copa con un terror sagrado, involuntario.
Y uno dirá — palabras son de un libro
de tapas negras . . . Otros : — son cristianos
salmos... Aquel: — ese es el viento frío que sopla en las estepas... — es un beso
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— Látigos de cosacos ... — Un gemido de moribundo... — llantos en la noche.
Y dirán: esa música la oímos
Y no sabemos dónde, cómo y cuándo
Y postrarán las frentes en la tierra y llorarán con un furor divino.
Y querrán recordar algo lejano, muy lejano, muy hondo, muy oscuro,
Y acaso adorarán aquella copa. Mas su secreto lo sabrán los muertos,