Languidez · Unidad 4 de 16

Unidad 4 · DOMINGOS

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

DOMINGOS

EN los domingos, cuando están las calles del centro quietas, alguna vez camino, y las oscuras, cerradas puertas

de los negocios, son como sepulcros sobre veredas.

Si yo golpeara en un domingo d'esos, las frías puertas, de agrisado metal, sonido hueco me respondiera . . .

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Se prolongara luego por las calles grises y rectas.

¿Qué hacen en los estantes, acostadas,

las negras piezas

fie géneros? Estantes, como nichos,

guardan las rmuertas

cosas, de los negocios adormidos

bajo sus puertas.

I na cjue otra i)ersona por las calles

solas, se encuentra :

Un hombre, una mujer, manchan el aire

con su presencia,

y sus pasos se sienten uno a uno

en la vereda.

Detrás ele las paredes las personas ¿mueren o sueñan? Camino por las calles: se levantan murías barreras

— ap

a mis costados : dos paredes largas y paralelas.

Vuelias y vueltas doy por esas calles;

por donde quiera,

me siguen las paredes silenciosas,

y detrás d'ellas

en vano saber quiero si los hombres

mueren o sueñan.

3'"» -

SIESTA

SOBKK la tierra seca El sol quemando cae Zumban los moscardones

Y las grietas se abren . . . El viento no se mueve. Desde la tierra sale

Un vaho como de horno ; Se abochorna la tarde

Y resopla cocida

Bajo el plomo del aire. . .

Ahogo, pesadez.

Cielo blanco ; ni un ave.

Se oye un pequeño ruido : Entre las pajas mueve Su cuerpo aniosaicado Una larga serpiente. Ondula con dulzura. Por las piedras calientes Se desliza, pesada, Después de su banquete De dulces y pequeños Pájaros aflautados Que le abultan el vientre,

Se enrosca poco a poco, Muy pesada y muy blanda. Poco a poco se duerme Bajo la tarde blanca. ¿Hasta cuándo su sueño? Ya no se escucha nada.

Larga siesta de vibora Duerme también mi alma

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NADA

EL día que te acerques Vendrán mujeres muchas. Vendrán morenas bellas Y vendrán dulces rubias

A disputarte ; } clla.^, Harán, con donosuríi. Tu elogio, por lograrte v^in nrf'rtnr ninenna.

Y yo no tendré miedo De morenas ni rubias Pues cerraré los ojos

Y te diré : — sov tu va .

LA CASA

(Sonata romántica)

CIRCUNDADA por sclvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo : Un tibio corazón de primavera.

vSe hablaba (juedo en iiuesira casa ; Cierto que cobijaba tantas, tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto.

Pero nada era triste : la dulzura Poníanos tan dócil armonía Que hasta el débil respiro se sentía Kn sus patios sombreados de verdura.

El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. vSoñaban las estatuas con amores.

Cedían los sillones blandamente, Como un pecho matenio, y era fino Muy fino el aire, así como divino. Cuando filtraba el oro del poniente.

¡ Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada v de la noche bella.

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¡ Moría casi ! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Kra un cuerpo cansado y sin gobierno.

No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia.

Abriste una ventana: allá, lejano. Plateaba el rio y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, ^ -< movía el río sobre el llano.

Caminaba hacia el mai coii lal dulzura

Que parecía una palabra buena.

Iba a darse sin fin; la quieta arena

Mjrnbn]r> jvnsnr con amargura.

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Y mi alma también rodó en el rio.

Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas,

Y suyo fué el divino poderío.

Se curvó blanda en el enorme vaso. De allí se desprendió como un suspiro. Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso.

Subió hasta las ciudades de otro mundo ; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo.

Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta : ¿Quién era esa criatura medio muerta?

Y se bajó a mirar. ¡ Y era yo misma !

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Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida.

; Ah, que la casa recogió mi ensueño : Quedó flotando como tules suaves. Todo fué entonces dúctil y sedeño ^' así vinieron luego tantas aves!

¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo. Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.