Las cien mejores poesías españolas · Capítulo real 1 de 1

Las cien mejores poesías españolas

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 64 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

m FERNANDO MARISTANY

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Las cien mejores poesías españolas

(líricas)

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.AS CIEM MEJORES POESÍAS ESPAÑOLAS (LÍRICAS)

las cien mejores poesías españolas

(LÍRICAS)

PREFACIO Y SELBCOION DE

FERNANDO MARISTANY

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PRIMER MILLAR

EDITORIAL CERVANTES

Rambla Cataluña, 72 BARCELONA

ES PROPIEDAD

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APODERADO GENERAL EN SUD-AMÉRICA

JOSÉ BLAYA

CALLE FORMOSA, 463

BUENOS AIRES

OBRAS DE FERNANDO MARISTANY

poesías excelsas (breves) de los Grandes Poetas, traducidas del francés, inglés, portugués, alemán e italiano.

LAS CIEN MEJORES POESÍAS (Úricas) de la LENGUA FRANCESA. (3." edición)

LAS CIEN MEJORES POESÍAS (líricas) de la LENGUA INGLESA. (2.' edición) Prólogo de E. Díez-Canedo.

LAS CIEN MEJORES POESÍAS (líricas) de la LENGUA PORTUGUESA. Prólogo de I. Ribera y Rovira.

LAS CIEN MEJORES POESÍAS (líricas) de la LENGUA ALEMANA. Prólogo de Manuel de Montoliu.

LAS CIEN MEJORES poesías (líricas) de la LENGUA ITALIANA. Prólogo de C. Boselli. Carta abierta de Guido Mazzoni, secretario de 1» R. A. I.

LAS CIEN MEJORES POESÍAS (lirieas) ESPAÑOLAS. Prefacio y selección del autor.

LAS MEJORES POESÍAS de Teixeira de Pascoaes.

EN EL AZUL. Poesías originales. Prefacio de Teixeira de Pascoaes.

LA DICHA Y EL DOLOR. Poesías originales. Prefacio de Manuel de Montoliu.

EN PREPARACIÓN

ANTOLOGÍA GENERAL DE POETAS FRANCESES, traducida direc tamente en verso. Prólogo de Alejandro Plana.

A Rafael Altamira

PREFACIO

E nos ha indicado, con persistente frecuencia, que debía- •-^ mos completar la serie de selecciones antológicas de poeías líricas, que venimos publicando, con una selección de as mejores poesías que de este género han aparecido en lengua castellana; pero ocurre que esta selección, como es abido, está ya heclia con autoridad que aventaja a la nuestra randemente. Don Marcelino Menéndez y Pelayo llevó a cabo sta tarea con tanto acierto, que nos ha parecido siembre abor harto ingrata la de intentar una selección de idéntico o Quy parecido alcance.

Quedan, sin embargo, por emprender, otros trabajos, no ólo útiles sino cada día más necesarios, tales como seleccionar, ndependientemente, las mejores poesías españolas y las hispaloamericanas, ya que de agruparlas en una breve selección ha le quedar forzosamente un lugrr exiguo para cada grupo, y eparar, en cada uno de ellos, con cierto rigor, las poesías fricas, de las épicas.

Ahora bien, si el primer trabajo no ofrece serias dificulades, separar la lírica de la épica es punto menos que impoible en esas literaturas, ya que aparecen en ellas, con exremada frecuencia, ambos géneros entremezclados o confunlidos. Cierto que no puede existir una marcada línea d vioria entre ambos, y que en todos los parnasos hay un buen lúmero de poesías en que los dos géneros se reúnen, pero n aquellos a que hacemos referencia esta distinción es paricularmente difícil, ya que apenas hay poetas, salvo en los auy modernos o contemporáneos, en que la lírica aparezca )ura o casi pura. No obstante, o tal vez por esto mismo, juzramos indispensable esta separación relativa.

10 PREFACIO

Fara ello, y en cuanto a la lírica española se refiere, li§i mos seleccionado los poetas que más se han distinguido deni tro de este género y hemos transcrito, de cada uno de aqué' líos, alguna o algunas de sus más bellas poesías lincas. N( extrañará, pues, que determinados grandes poetas tengan ei la presente selección un lugar relativamente secundario.

Tal vez esta distinción aclare al público, menos iniciado un punto tan discutido como el de la superioridad, siempre relativa, de tales o cuales poetas. Todo lector medianamentí ilustrado distingue bien la poesía dramática de la lírica, juzga, dentro de su género, a los poetas, que rarísima ve; abarcan ambos con maestría, por ser contradictorios ; per( sólo los iniciados saben distinguir, con claridad, la poesíi épica de la lírica, que por ser géneros más próximos entr( sí, son cultivados, a menudo con éxito, por los mismos poetas

Nadie ignora, por ejemplo, que Shakespeare, Schiller, Ra cine o Calderón son grandes poetas dramáticos, y a pesar di haber cultivado el género lírico con talento, son apreciado: por el género en que descuellan. Pero no todos saben qui si Dante fué tin poeta épico sublime, desde el punto de visfc lírico llegó a ser superado por Leopardi. Pocos poetas habrj en el mundo que en géneros distintos' alcancen igual pon deración, pero aún en este caso, cabe hacerlo constar asi

No vamos a entrar a discutir la transcendencia de cad; uno de estos tres géneros ni a determinar las característica de la poesía española ; esto requeriría muy largo espacio, no es éste lugar apropiado. Observemos sólo, de paso, qu en cada uno de los tres géneros han aparecido en el mund poetas sublimes, y que, en la actualidad, es el género líric el que se tiene en más alta estima, por ser el más propia mente humano, el más apto para satisfacer los indefinido anhelos del hombre.

Nos parece, en cambio, altamente interesante, y aún in dispensable, ver de definir aquí, con la mayor claridad pe sible, el concepto de la lírica, bajo el cual hemos hecho 1 presente selección. Al género lírico habrá de entenderse qu nos limitamos, en ridelante.

PREFACIO 11

Todas, absolutamente todas las escuelas, tendencias o modalidades que tienden a producir una obra bella, son respetables ; es más, todas son útilísimas a la verdadera poesía ; censurar sistemáticamente cualquiera de ellas, es un error, abe sólo discutir cuáles sean las más necesarias o trascenientales, cosa siempre relativa y abierta a todas las controversias. Pero hay una suerte de poesía que está por encima ie todas las tendencias : la poesía que surge bella, espontáneamente, como resultado de una extraordinaria sensibi.idad anímica. Entiéndase bien que no decimos sólo la que surge del alma, sin esfuerzo, sino la que surge bella, sin e-fuerzo; 3S decir : cálida de sentimiento y bajo una forma exquisita, orgánicamente ceñida a ese sentimiento, impreciso e indefinido, como todo cuanto es humano. Ya se deduce que el poeta habrá de concretar y definir ese sentimi-^nto impreciso e indefinido, hasta donde quepa en lo posible. La poesía que par intuición, por sentimiento, por espontánea actividad anímica, nace beila, merece, como ninguna, el nombre de creación.

Veamos de dejar bien fijadas las características de esa poesía que hemos esbozado, y que elevaremos a su belleza máxima, para tomarla como dechado y deducir consecuencias.

Sus esenciales características son, pues : 1.') La compenetración absoluta entre el sentimiento y su expresión; 2.*) La delicadeza máxima en la génesis del sentimiento ; 3.*) La profundidad infinita de dicho sentimiento.

De estas tres características, la primera tiene un sentido claro y preciso. Pero cabe que se nos pregunte qué alcance tienen las palabras delicadeza y profundidad. A esto responderemos que ambas son, inevitablemente, subjetivas, y toda definición, por razonada y filosófica que sea, nos parece aquí 1 extemporánea, y, sobre todo, inútil. Creemos que todo lector llevará en sí mismo las más claras y sencillas definiciones...

Esto sentado, analicemos cada una de estas tres características.

1.*) Si la compenetración entre el sentimiento y su expresión es absoluta, lo que equivale a decir : si el poeta es absolutamente sincero, será por fuerza original, ya que no

12 PREFACIO

existen dos almas iguales, ni, en rigor, parecidas. Y esto S3 hará tanto más patente cuanto más hondo y exquisito sea el sentimiento. Las actitudes del alma del poeta en relación con lo sensible y lo ultrasensible, aparecerán entonces inconfundibles.

2.*) Si el sentimiento del poeta se produce con una máxima delicadeza, la creación entrañará, forzosamente, una ^_ bondad suprema. Se nos dirá, tal vez, que la belleza, en la poesía lírica, no puede, en modo alguno, depender de los sentimientos del poeta. Y esto parece a primera vista ; pero, en rigor, es evidente que sí depende, con lo cual no queremos dar a entender que los que de entre ellos tengan más exquisita bondad sean los más grandes poetas ; bien sabemos que muchas veces ocurre lo contrario. Pero esto ocurre, en parte : porque esa delicadeza, que debiera alcanzar al propio tiempo al sentimiento y a su expresión, sólo alcanza, muchas veces, a la expresión, y el hombre suele ser más sensible, y, por lo tanto, más exigente, en cuanto a la belleza externa que en cuanto a la interna. Y en parte, también— motivos que apunta Shelley — : «porque el poeta es sensible ai dolor y al placer hasta un punto inconcebible para la mayoría de los hombres, y de aquí que evite el uno y persiga al otro con un ardor proporcionado a esta diferencia. Y se expone a- la calumnia si deja de tener en cuenta las circunstancias bajo las cuales ese dolor y ese placer, objeto de repulsión y de persecución en todos los hombres, se han disfrazado, poniéndose los trajes que unos a otros se prestan.» «Considerad», dice, «cuan pocas cosas son realmente lo que parecen o parecen lo que son ; mirad nuestros verdaderos móviles y no juzguéis, si ko queréis ser juzgados.»

En resumen : al poeta, por razón de su sensibilidad, se le hace más difícil y pedregoso el camino de la vida, que a la mayoría de los hfmbres, y no es extraño que troTÍere fácilmente. Todo lo cual no contradice nuestro primer aserto. Así, pues, el más alto poeta será siempre, comparativamente, el que más se acerque a la delicadeza máxima en el sentimiento y en su expresión, a un tiempo, y por lo t,anto a urna

PREFACIO 13

bondad superior, tanto mayor, a su vez, cuanto mayor esfuerzo comprensivo represente. Esto es esencial, pues la enorme trascendencia de la poesía lírica estriba en que el artista y el hombre, teóricamente, se confunden.

3.*) Cuanto más proíundo, tanto más alto será el poeta. Cuanto más hondo arraigan las raíces de un árbol, tuntu más eleva su copa al ciclo. Cuanto más proíundo es el poeta, tanto más se halla a sí mismo y por consiguiente tanto más halla al hombre, ya que todo hombre contiene, en lo más profundo de su esencia, el alma universal. Lo más admirable, lo más misterioso de la poesía lírica, es su poder de dar, por medio del sentimiento, en el pensamiento. La infinita profundidad sentimental, que se confunde con la humildad iníinita, es la ciencia suma, la Luz total. El más sabio poeta será, pues, comparativamente, el más profundo, pero eu su obra no podrá preponderar jamás el pensamiento sobre el sentimiento. Como en esos espejos en que aparece una imagen definida sólo al ser empañados con el aüento, el pensamiento definido, acabado, empaña la lírica. Y es que la lírica es movimiento hacia..., anhelo, vibración, vida; el pensamiento concreto es realización, fin, término, muerte de la lírica.

He aquí, a nuestro entender, las principales características de la poesía lírica, llevadas al último extremo. Todas las demás son secundarias y en estas tres quedan comprend.das, surgiendo por deducción. Saquemos, ahora, algunas consecuencias interesantes.

a) Si el poeta es sincero tomará espontáneamente las modalidades locales, regionales, nacionales o de raza — ello dependerá de las circunstancias de la vida del poeta — ; pero sobre todas ellas tendrá la característica humana : la más bella e importante de todo poeta local, regional, nacional, o de raza.

b) Si el poeta es sincero entrarán en su poesía, espontáneamente, en mayor o menor proporción, las modalidades musicales y plásticas ; en ningún caso deberá el poeta acen-

14 PREFACIO

tuar sus dotes de tendencia musical, arquitectónica, escultural o pictórica.

c) La altitud del poeta no depende directamente de sii cultura.

d) Hemos dicho que el poeta es como el árbol que para elevarse necesita hundir en tierra sus raíces. Cuanto más profundo en sentimiento, tanto más alto es el hombre en general. Cuanto más profundo, tanto más halla el hombre, en sí mismo, al hombre; tanto más lo conoce; tanto más le ama y le compadece ; tanto más lo supera ; tanto más va renunciando a lo contingente humano ; tanto más se eleva a Dios. Jesucristo, el ser más esencialmente humano, el hombre por esencia, el hijo del hombre, al deshacerse en amor al hombre se deshace en amor a Dios, es el Hijo de Dios; al unirse totalmente al hombre, se une totalmente a Dios ; al ser absolutamente humano es absolutamente divino. Es el amor de Dios por el amor al prójimo ; el amor al hombre como el más recto camino para llegar al amor de Dios. Ahora bien, confundiéndose, teóricamente, en el poeta lírico, el artista y el hombre, el poeta más profundamente humano, y, por lo tanto, el que más alto volará hacia Dios, será comparativamente el más excelso. El poeta que alcanzase la máxima profundidad humana — cosa imposible para el hombre— daría en la Divinidad, y su canto ya no sería poesía, sería el Evangelio...

e) Siendo la poesía lírica compenetración absoluta del sentimiento y su expresión, aquellos parnasos en que mejor se sostenga esa compenetración, serán, comparativamento, los más bellos, en su conjunto.

■ f) El verdadero poeta lírico no será elocuente, en el sentido de ampuloso o declamador, pues hallará la expresióu orgánicamente ceñida a su sentimiento. «El alma» dice Fascoaés, «debe intensificarse, en la obra lírica, hasta conquistar la m.áxima vida dentro del menor cuerpo».

g) El verdadero poeta lírico no será propia y directamente filósofo ni moralista en su^ obra lírica, pues no con-

y 1

PREFACIO 16

cretará jamás su pensamiento, sino su sentimiento, impreciso e indefinido, hasta donde quepa en lo posible. Dice el citado Shelley : «Toda poesía verdaderamente elevada es infinita. Puede sacarse de ella velo tras velo sin que se descubra jamás la íntima belleza desnuda de su pensamiento. Una poesía sublime es una fuente siempre desbordante de encanto y de sabiduría. El efecto de la poesía disminuye en proporción del grado en que el poeta nos obliga a pensar a su manera».

h) El verdadero poeta lírico no será erudito, pues el sentimiento, fuente de la lírica, es sencillez.

i) La poesía lírica entraña el subjetivismo, pero ello no significa que el poeta lírico tenga forzosamente que referirse a sí mismo. Bastará que posea las tres características esenciales que hemos dejado anotadas, para que sea subjetivo. Al llevar su mirada a las cosas externas las verá siempre al través, y como emanación de su personalidad.

En derredor de esa suerte de poesía lírica, que hemos tomado como modelo, cabe agrupar las diversas tendencias y modalidades líricas, todas útilísimas a la verdadera lírica, de una importancia social enorme. Ayudándose sucesivamente los grandes poetas, de generación en generación, en el camino ascendente de los descubrimientos espirituales, por la mayor facilidad que han de ir encontrando en hallarse a Bí mismos, por el sentimiento, pueden y deben ir acercándose cada vez más al Alma Universal.

Al ofrecer al público una selección de poesías líricas españolas, hemos entendido que no podían excluirse de ella algunas de sus manifestaciones más exquisitas, por el mero hecho de no estar escritas en castellano. Hemos, pues, escogido algunas poesías indiscutiblemente bellas, desde el punto de vista lírico, de los mejores poetas gallegos y catalanes, y las hemos mezclado — cuidadosamente vertidas a la lengua común — con las propiamente castellanas, cosa que, a nuestro modo de ver, tiene un interés real para la historia de nuestra literatura.

16 I>REFAC10

Dado el carácter de divulgación de la presente obra, hemos modernizado, cuanto nos ha sido posible, la antigua ortografía, respetando, con todo, los esenciales arcaísmos, hasta Garcilaso.

Lamentamos muy de veras no poder incluir en esta obra algunas poesías selectas de los mejores poetas vivientes, pero numerosas razones nos lo vedan. Queremos, con todo, hacer constar que entendemos que la lírica de nuestra patria tiene hoy meritísimos valores.

Fernando Maristany.

Barcelona, junio de 1921.

JUAN RUIZ

JUAN RUIZ

Siíílo XIV

Cántica de loores de Santa Marta

En ti es mi esperanza, Virgen Santa María ; En señor de tal valía Es rason de haber fianga.

Ventura astrosa, Cruel, enojosa, Captiva, raesquina, (jPor qué eres sañosa, Contra mí tan dapnosa E falsa vesina?

Fasta hoy todavía. Mantuviste porfía En me mal traher ; Fas ya cortesía E dame alegría, Casado e praser.

E si tu me tirares Coyta e pesares ; E mi gian tr¡bula(;;ién En gogo tornares, E bien ayudares, Farás buena estanga.

Non se escrevir, Nin puedo desir, Ln coyta estraña Que me fases sofrir : Con deseo vevir En tormenta tamaña.

Mas si tu porfías E non te desvías De mis penas crescer, Ya las coytas mías En muy pocos días Podrán fenesger.

li MARQUis DE 8ANTILLANA

MARQUES DE SANTILLANA

1398-1458

El agua blanda, en la peña dura...

El agua blanda, en la peña dura,

Faze, por curso de tiempo, señal,

E la rueda rodante, la ventura

Transmuda é troca el geno humanal. «

Pazes lie visto aprés gran rotura, Atar de dura bien nin fcze mal. Mas la mi pena jamás ha folgura, Nin punto cesa mi langor mortal.

Por ventura dirás, ídola mia,

Que a ti non plaze de mi perdimiento,

Antes repruebas mi loca porfía.

Di, (¡qué faremos del ordenamiento

De amor, que priva toda señoría

E rige é manda nuestro entendimiento?...

Canción

Si tu deseas a mí En tan buena hora te vi Yo non lo sé; E te fablé

Pero yo deseo a tí Que del todo te me di En buena fe. En buena fe.

E non ha ninguna más, Yo soy tuyo, non lo dubdes,

Así lo ten : Sin fallir ;

Nin es, ni será jamás E non pienses al, ni cuydes,

Otra mi bien. Sin mentir.

JUAN DE MENA 19

Después que te conosQÍ E siempre te serviré Me captivé, Cou gran razón :

E sesso e saber perdí

En buena fe. Fues la mejor escogí

De cuantas sé,

A tí amo e amaré E non unjo nin fengl Toda sazón, En buena fe.

JUAN DE MENA 1411-1456

Canción

Donde yago, en esta cama, La mayor pena de mí Es pensar cuando partí De entre bracos de mi dama.

A vueltas del mal que siento De mi partida, pardiós, Tantas vezes me arrepiento Cuantas me miembro de vos : Tanto que íne hacen fama Que de aquesto adolecí. Los que saben que partí De entre bracos de mi dama.

Aunque padezco y me caUo. Por esto mis tristes quexos, No menos cerca los hallo Que vuestros bienes de lexos : Si la fin es que me llama, O que muerte que perdí, En vivir cuando partí De entre bracos de mi dam&.

20 AUSIAS MARCH

AUSIAS MARCH

Siglo. XV

¿Qué seguros consejos...?

(íQué seguros consejos has buscado, Mi coraron, a quien la vida enfada? ¿Cómo podrás sufrir tu triste estado Si odias la risa y el llorar te agrada? Corre a la muerte, pues que te ha esperado. Si cuanto más alargas la jornada Más lexos de sus gozes has de verte ¿Por qué quieres huir la dulce muerte?

Bracos abiertos, hela en tu camino Llo:;ando de alegría, y su serena Voz melodiosa, alzando un son divino, Me dice : Amigo, sal de casa ajena ; Yo huelgo en darte mi favor contino, Yo que a los hombres doy tan sólo pena, Porque jamás respondo a quien me llama Y sigo al que me huye y me desama.

Con cara de terror y ojos llorosos Los cabellos messándose erizados. La Vida con sollozos dolorosos Ofréceme sus bienes codiciados; Assí llama con gritos horrorosos La Muerte a quienes son afortunados, Pues al que vive siempre en agonía, Tu voz, oh Muerte, es dulce melodía.

AUSUS MARCII 21

Maravíllame ver tan orguUosa

La voluntad de tantos amadores;

En mí sabrán la fuerza poderosa

De Amor, aunque no inquieran mis amores ;

Tendrán los necios por muy cierta cosa

Que libres se verán de sus rigores,

Y si el placer les cuento que he sentido Blasfemarán del tiempo que han perdido.

Como yo no hubo nadie que haya amado ; Piedad provoca mi continua quexa ; Yo soy el que debiera ser llorado ; Del coraron mi sangre ya se alexa; De toda vida siéntome agotado Por gran tristeza que jamás me dexa, Antes me aflije y mata cada día,

Y no hay socorro al mal que en mí porfía.

La hora de mi muerte es ya llegada E infelizmente acabaré mi vida ; Pues, toda mi esperanza ya perdida, Mi alma queda en el mundo condenada.

Trad. Jorge de Montemayor.

No clame el que su daño...

No clame el que su daño va buscando

Si lo ha encontrado, y tú, coraron triste,

No des tan grandes golpes, suspirando.

Haz un esfuerzo, a tu dolor resiste.

Que peor aún es la muerte ; y tú, rogando

A Dios, tu pecho de paciencia viste.

Que Dios es quien dispone de tu suerte

Y Dios ningún agravio puede hazerto.

33 AUSUS MARCn

Seré aquel día en mayor mal caído, Porque muriendo todo bien acaba ; Ningún placer me ofrecerá el sentido De la vista, que tanto me ayudaba. Como veré todo mi bien, metido En riesgo de perdello? Oh cosa brava. Qué mi esfuerzo se pierda y un contento No me ofrezca jamás mi pensamiento.

Cuando el amor hirió a este cuitado Primero sintió el mal que la saeta ; El hierro vino en gran dulzor bañado : Alegría traía en sí, secreta Quiero vivir assí en mi triste estado ; El día de mi muerte no me inquieta : Aquella que verá mi hora póstera Por mí habrá de llorar aunque no quiera.

Amadores, amor os assegura Que no tendréis en él seguridad ; Firmeza no hay en vuestra voluntad : cQué cosa, pues, podréis tener segura.^

Trad. Jorge de Montemayor.

Acuérdovie de un tiempo deleitoso,

Acuerdóme de un tiempo deleitoso Que no sé si veré su semejante ; Si yo volviesse a él sería dichoso, Vuestra piedad me haría bienandante. Volviera des a darme algún reposo, Doliéraos este triste y firme amante; Ahora, pues, que os amo en mayor grado, Volvedm*?., mi Bcñora, a aquel estado.

AUSIAS MARCH

Pues antes me moría desseando

Y nunca ha de morir este desseo,

Que más bien lo va el cuerpo sustentando

Y el sesso no lo tiene en mí por feo, Volvedme a dessear, que estoy penando, Con el amor con que yo a vos des?eo,

Y pues lo veis subir a mayor grado, Volvedme ya, señora, a aquel estado. Si fué razón entonces ser querido, Agora es muy mayor que de antes era,

Que viendo el agua que han por vos vertido Mis ojos tristes ¿quién no se doliera? Mas vos con un contento muy crescido. Cantabais muy gozosa, de manera Que pues sabéis que os amo en mayor grado, Bien es que me volváis a aquel estado.

Mas contar no debiera qué passé.

Que vuestra poca fe no da reposo ;

No siente amor, qiiien no le dio su fe

Ni cura aquel que ríe del lloroso ;

Mas si un momento amásseis, yo bien sé

Que no os fuera mi amor tan enojoso ;

Pues ya que veis que os amo en mayor grado

Volvedme,. mi señora, a aquel estado.

A aquellos que de amor fueron tocados, A mis predecessores, ruego y pido. Presentes, por venir y aún los passados, Que por mis dichos sientan cuál he sido. Aunque no mis suspiros mal pagados Fueran, si vos me hubierais entendido ; Pues ya que veis aquí mi amor sobrado, Volvedme, mi señora, a aquel estado.

AUSIAS MARCH

Si VOS corréis al corazón cuitado Las iiojas, bien veréis su amor subido; Y pues que nunca tanto os he querido, Volvedme, mi señora, a un buen estado.

Trad. Jorge de Montemayor.

O vos que estáis so tierra...

Oh vos que estáis so tierra, oh triste gente, Del golpe del amor ensangrentados,

Y los que en llama ardéis continuamente Por bien amar, no estéis de mí olvidados ; Llorad, mostrando el coragon ardiente, Sacad vuestros cabellos a puñados ; Mostrad herido el coraron cuitado

Con la saeta de oro, y lastimado.

Con sus flechas nos hiere, y ha herido Amor, cada una en diferente grado; Según el golpe, assí será sentido,

Y assí el dolor será también Uoradcí. De plomo, plata y oro muy subido

Son estas flechas de que yo os he hablado; Cada una de estas causa su dolencia, Según entre una y otra hay diferencia.

Gastó el Amor las flechas que tenía De oro, en los passados amadores ; Una dexó olvidada, y a porfía Con ella me causó cien mil dolores ; Si a muchos de este golpe muerto había, Ya no hay golpe mortal en los amores, Pues sólo haze señal con las de plata. Be -suerte que a ningún herido mata.

AUSLVS MARCH 25

De las de plomo usa y hiere ahora, Mas nunca saca sangre aquesta herida, Pues viéndose tan ílaco aquella hora, Quebró su arco y púsose en huida ; El pide paz, gritando de hora en hora; Cada uno anda seguro y de él se olvida ; De hoy más no cabe recelar su guerra, Que ya el poder de Amor es;tá so tierra.

Yo solo quedo muerto y mal herido ; Su paz fué para mí combate bravo ; Si en guerra fuera la que me ha rendido Yo fuera en paz vencido, y fuera esclavo ; El mundo en paz y yo en guerra metido Porque a su guerra amor ha dado cabo, Ved qué remedio a aquesta llaga espero, Pues no se duele aquella por quien muero.

Trad. Jorge de Montemayor.

-No cure de mis versos...

No cure de mis versos nin los lea Quien no fuere muy triste o lo haya sido, Y quien lo es, para que más lo sea Lugar no pida escuro ni escondido : Mis dichos puede oir, y en ellos vea Como sin arte alguna me han salido Del alma, y la razón de mi querella Muy bien la sabe amor, que es causa della.

Trad. Jorge de Montemayor.

1440-1479

Coplas que fizo por la muerte de su padre (Fragmento)

Recuerde el alma dormida Avive el seso y despierte,

Contemplando Cómo se passa la vida, C6mo se viene la muerte

Tan callando ; Cuan presto se va el plazer, Cómo después de acordado

Da dolor, Cómo, a nuestro paresger, Cualquiera tiempo passado

Fué mejor.

Pues si vemos lo presente Como en un punto se es ido

Y acabado, Si juzgamos sabiamente, Daremos lo no venido

For passado. No se engañe nadie, no. Pensando que ha de durar

Lo que espera Más que duró lo que vio, Pues que todo ha de passar

Por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos Que van a dar en la mar

Que es el morir : Allí van los señoríos Derechos a se acabar

Y consumir; Allí los ríos caudales, Allí los otros, medianos

Y más chicos ; Allegados son iguales

Los que viven por sus manos

Y los ricos.

Dexo las invocaciones De los famosos poetas

Y oradores ;

No curo de sus ficciones. Que traen yerbas secretas

Sus sabores. A Aquel solo me encomiendo, Aquel solo invoco yo

De verdad. Que en este mundo viviendo, El mundo no conosció

Su deidad.

Iste mundo es el camino ara el otro, que es morada

Sin pesar; las cumple tener buen tino 'ara andar esta jornada

Sin errar, artimos cuando nascemos, .ndamos mientra vivimos,

Y llegamos l1 tiempo que fenescemos ; lSSí que cuando morimos

Descansamos.

Iste mundo bueno fué Vi bien usássemos del

Como debemos, *orque, según nuestra fe, Ss para ganar aquel

Que atendemos. f aun aquel fijo de Dios *ara sobirnos al cielo

descendió ^ nascer acá entre nos, ( a vivir en este suelo

Do murió.

li fuesse en nuestro poder [ornar la cara fermosa

Corporal, jomo podemos fazcr El ánima gloriosa

Angelical, Qué diligencia tan viva Coviéramos toda hora

Y tan presta En componer la cativa, Dexándonos la señora

Descompuesta I

Ved de cuan poco valor

Son las cosas tras que andamos

Y corremos, Que, en este mundo traidor, Aun primero que muramos

Las perdemos : Dellas desfaze la edad. Bellas casos desastrados

Que acaescen, Dellas, por su calidad, En los más altos estados

Desfallescen.

Dezidme, la fermosura, La gentil frescura y tez

De la cara, La color y la blancura, Cuando viene la vejez,

¿Cuál se para? Las mañas y ligereza

Y la fuerza corporal

De joventud. Todo se torna graveza Cuando llega al arrabal

De senectud.

Pues la sangre de los godos

Y el linaje, y la nobleza

Tan crescida, I Por cuántas vías y modos Se sume su gran alteza

En esta vida 1 Unos, por poco valer, Por cuan baxos y abatidos

Que los tienen,

Y otros, por no tener. Con ofifios no debidos

Se mantienen.

Los estados y riqueza, Que nos dexan a descra

¿Quién lo duda? No les pidamos firmeza, Fues que son de una señora

Que se muda ; Que bienes son de Fortuna Que revuelve con su rueda

Presurosa, La cual no puede ser una, Ni estar estable ni queda

En una cosa.

Pero digo que acompañen

Y lleguen hasta la huessa

Con su dueño : Por esso no nos engañen. Pues se va la vida apriessa

Como sueño.

Y los deleites de acá

Son en que nos deleitamos Tejoporales,

Y los tormentos de allá, Que por ellos esperamos,

Eternales.

Los plazeres y dulzores Desta vida trabajada Que tenemos, (íQué son sino corredores,

Y la muerte la celada

En que caemos? No mirando nuestro daño, Corremos a rienda suelta

Sin parar; Desque vemos el engaño

Y queremos dar la vuelta,

No hay lugar.

Essos reyes poderosos Que vemos por escrituras

Ya passadas, Con casos tristes, llorosos Fueron sus buenas venturas

Trastornadas : Assí que no hay cosa fuerte;^ Que a papas y emperadores

Y perlados Assí los trata la Muerte Como a los pobres pastores

De ganados.

Dexemos a los troyonos, Que sus males no los vimos,

Ni sus glorias ; Dexemos a los romanos, Aunque oímos y leímos

Sus estorias ; No curemos de saner Lo de aquel siglo passado

Qué fué dello ; Vengamos a lo de ayer, Que tan bien es olvidado

Como aquello.

¿ Qué se fizo el rey don Juan ? ¿Los infantes de Aragón,

Que se fizieron? ¿Qué fué de tanto galán? ¿ Qué fué de tanta invención,

Como truxieron? Las justas y los torneos, Paramentos, bordaduras,

Y cimeras, ¿Fueron sino devaneos? ¿Qué fueron sino verduras

De las eras?

ÍOUGIC MANH1QÜ£

¿ Qué se fizicroii las damas, bus tocados, sus vestidos,

Sus olores? Jué se íizierou las llamas Da los fuegos encendidos

De amadores? ¿Qué se fizo aquel trovar, las músicas acordadas

Que tañían? ¿ Qué se fizo aquel danzar, Aquellas ropas chapadas

Que traían?

Fues el otro su heredero, Don Enrique, ¡ qué poderes

Alcancaba I [Cuan blando, cuan faldguero £1 mundo con sus plazeres

Se le daba ! Mas veréis cuan enemigo, Cuan contrario, cuan cruel

Se le mostró, nabíéndole sido amigo, Cuan poco duró con él

Lo que le dio.

Las dádivas desmedidas. Los edificios reales.

Llenos de oro, Las vaxillas tan febridas, Los enriques y reales

Del tesoro. Los jaezes, los caballos De su gente, y atavíos

Tan sobrados, ¿Dónde iremos a buscallos? e Qué fueron sino rocíos

De los Prados?

Pues su hermano el inocente, Que en su vida sucessor

Se llamó, ¿Qué -corte tan excelente Tuvo, y cuánto gran señor

Le siguió I Mas como íuesse mortal Metiólo la Muerte luego

En su fragua. ¡ Oh juizio divinal I Cuando mas ardía el fuego '

Echaste agua.

Pues aquel gran condestable, Maestre que conoscimos

Tan privado, No cumple que del se fable, Sino solo que lo vimos

Degollado. Sus infinitos tesoros. Sus villas y sus lugares,

Su mandar, ¿ Qué le fueron sino lloros ? ¿ Fuéronle sino pesares

Al dexar?

Pues los otros dos hermanos, Maestres tan prosperados

Como reyes, Que a los grandes y medianos Truxieron tan sojuzgaoos

A sus leyes; Aquella prosperidad Que tan alta fué sobida

Y ensalmada, ¿Qué fué sino claridad Que estando más encendida

Fué amatada?

Tantos duques excelentes, Tantos marqueses y condes,

Y barones

Como vimos tan potentes, ¿Di, Muerte, do los escondes

Y traspones?

Y las sus claras fazañas Que fizieron en las guerras

Y en las pazes, Cuando tu, cruda, te ensañas, Con tu fuerza las atierras

Y desfazes.

Las huestes innumerables, Los pendones y estandartes

Y banderas,

Los castillos impugnables, Los muros y baluartes

Y barreras,

La cava honda chapada O cualquier otro reparo

¿Qué aprovecha? Que si tu vienes airada, Todo lo passas de claro

Con tu flecha.

Aquel de buenos abrigo. Amado por virtuoso

De la gente, El maestre don Rodrigo Manrique, tanto famoso

Y tan valiente.

Sus grandes fechos y claros No cumple que los alabe.

Pues los vieron. Ni los quiero fazer caros, Fues el mundo todo sabe

Cuáles fueron.

No dexó grandes tesoros, ni alcanzó grandes riquezas

Ni vaxillas. Mas fizo guerra a los moros, Ganando sus fortalezas

Y sus villas ;

Y en las lides que venció, muchos moros y caballos

Se perdieron,

Y en este ofigio ganó Las ventas y los vasallos

Que le dieron.

Pues per su honra y estado, En otros tiempos pasados

(j Cómo se hubo ? Quedando desamparado, Con hermanos y criados

Se sostuvo. Después que fechos famosos Fizo en esta dicha guerra

Que fazía. Fizo tratos tan honrosos. Que le dieron aun más tierra

Que tenía.

Estas sus viejas estorias Que con su brago pintó

En joventud, Con otras nuevas victorias Agora las renovó

En senectud. Por su gran habilidad. Por méritos y ancianía

Bien gustada, Alcanzó la dignidad De la gran caballería

del Espada.

Y sus villas y sus tierras, Ocupadas de tiranos

Las falló, Mas por cercos y por guerras y por fuerza de sus manos

Las cobró. Pues nuestro rey natural Si de las obras que obró

Fué servido, Dígalo el de Portugal j

Y en Castilla quien siguid

Su partido.

Después de puesta la vida Tantas vezes por su ley

Al tablero, Después de tan bien servida La corona de su rey

Verdadero, Después de tanta fazaña A que no puede bastar

Cuenta fierta. En la su villa de Ocaña Vino la Muerte a llamar

A su puerta,

Diziendo : «Buen caballero, Dexad el mundo engañoso

Y su halago : Vuestro cora^ion de azero Muestre su esfuerzo famoso

En este trago ;

Y pues de vida y salud Fezistes tan poca cuenta

Por la fama, Esfuércese la virtud Para sofrir esta afruenta

Que vos llama.

«No se os faga tan amarga La batalla temerosa

Que esperáis, Pues otra vida mas larga De fama tan gloriosa

Acá dexais. Aunque esta vida de honor Tampoco no es eternal

Ni verdadera, Mas con todo es muy mejor Que la otra temporal

Perescedera.

{(El vivir que es perdurable No se gana con estados

Mundanales, Ni con vida deleitable, En que moran los pecados

Infernales ; Mas los buenos religiosos Gánanlo con oraciones

Y con lloros, Los caballeros famosos Con trabajos y aflicciones

Contra moros.

«Y pues vos, claro varón, Tanta sangre derramastes

de paganos, Esperad el galardón Que en este mundo ganastes

Por las manos ;

Y con esta confian ga,

Y con la fe tan entera

que tenéis. Partid con buena esperanza, Que estotra vida tercera

Ganareis.»

GARCl SÁNCHEZ DE BADAJOZ

— «No gastemos tiempo ya En esta vida mezquina

Por tal modo, Que mi voluntad está Conforme con la divina

Para todo ; Y consiento en mi morir Con voluntad plazentera,

Clara y pura, Que querer hombre vivir Cuando Dios quiere que muera,

Es locura.

«Tü, que por nuestra maldad Tomaste forma servil

Y baxo nombre, Tú, que a tu divinidad Juntaste cosa tan vil

Como el hombre.

Tú, que tan grandes tormentos Scíriste sin resistencia

En tu persona, Ko por mis merescimientos Mas por tu sola clemencia

Me perdona.»

Assí con tal entender, Todos sentidos humanos

Consfrva<los, Cercado de su mujer, De sus fijos y hermanos

Y criados, Dio el alma a quien se la dio, El cual la ponga en el cielo

En su gloria, Y r.íínque la vida murió, Nos dexó harto consuelo

Su memoria.

GARCI SÁNCHEZ DE BADAJOZ

1460 (?)-1526 (?)

Villancico

Lo que queda es lo seguro. Que lo que conmigo va Desseánd' os morirá. Mi ánima queda aquí, Señora, en vuestra prisión.

Partida del coraron Del dolor con que partí; Mas los ojos con que os vi, Y el cuerpo que n'os verá, Desseánd' os morirá.

ROMANCES VIEJOS 33

ROMANCES VIEJOS

Romance de una gentil dama y un rústico pastor^

Estase la gentil dama

Paseando en su vergel ;

Los pies tenía descxilzos,

Que era maravilla ver;

Desde lejos me llamara,

No le quise responder.

Rcspondíle con gran saña :

— «¿Qué mandáis, gentil mujer?»

Con una voz amorosa.

Comenzó de responder :

— Ven acá, el paslorcico.

Si quieres tomar placer;

Siesta es de medií^día.

Que ya es hora de comer ;

Si querrás tomar posada,

Todo es á tu placer.»

— «Que no era tiempo, señora,

Que me haya de detener,

Que tengo mujer y hijos,

Y casa de mantener,

Y mi ganado en la sierra. Que se me iba a perder,

Y aquellos que me lo guardan, No tenían qué comer.» — «Vete con Dios, pastorcillo. ¡No te sabes entender 1 Hermosuras de mi cuerpo Yo te las hiciera ver :

84 ROMANCES VIEJOS

Delga dica es la cintura,

Blanca soy como el papel;

La color tengo mezclada

Como rosa en el rosel ;

El cuello tengo de garza,

Los ojos, de un esparver;

Las teticas, agudicas,

Que el brial quieren romper;

Pues lo que tengo encubierto,

i Maravilla es de lo ver !»

— «Ni aunque más tengáis, señora,

No me puedo detener.»

Romance del prisionero

Por el mes era de Mayo, Cuando hace la calor, Cuando canta la calandria Y responde el ruiseñor, Cuando los enamorados Van a servir al amor. Sino yo triste, cuitado. Que vivo en esta prisión. Que, ni sé cuándo es de día, Ni cuando las noches son. Sino por una avecilla Que me cantaba al albor. Matómela un ballestero, ¡Dele Dios mal galardón I ,

IlOMANCES VIEJOS 35

Romance de Fonte Frida

Fonte írida, fonte frida, Fonle frida y con amor, Do todas las avecicas Van tomar consolación. Si no es la tortolica, Que está viuda y con dolor. For ahi fuera pasar El traidor del ruiseñor; Las palabras que él decía, Llenas son de traición : «Si tú quiesieres, señora, Yo sería tu servidor.» «¡ Vete de ahí, enemigo Malo, falso engañador, Que, ni poso en ramo verde. Ni en prado que tenga flor, Que, si hallo el agua clara, Turbia la bebía yo, Que no quiero haber marido. Porque hijos no haya, no ; No quiero .placer con ellos. Ni menos consolación ; Déjame triste enemigo. Malo, falso, mal traidor. Que no quiero ser tu amiga, Ni casar contigo, no.

36 JUAN BOSCAN

JUAN BOSCAN

(Fines del siglo xv-1542.)

Soneto

El tiempo en toda cosa puede tanto, Que aun la fama por él inmortal muere ; No hay fuerza tal que el tiempo, si la hiere, No le ponga señal de algún quebranto.

No es perpetuo el placer, ni lo es el llanto. Si esto es asi, ¿por qué mi dolor quiere Que, mientras más en mí se envejeciere, Esté más firme en un tenor su canto?

Quien consolar quisiese algún amigo, Después de habelle dicho otras razones, Que esperase en el tiempo le diría.

Perdióse este consuelo ya conmigo, Porque antes con el tiempo mis pasiones Se van acrecentando cada día.

¡Oh, gran fuerza de amor!...

I Oh, gran fuerza de amor, que así enílaquece» Los que nacidos son para ser fuerte^, Y les truecas así todas sus suertes, Que presto los más ricos empobreces I

CRISTÓBAL DE CASTILLEJO

¡ Oh, piélago de mar, riiie te enriqueces Con los despojos de infinitas muertes I Trágaslos, y después luego los viertes, Porque nunca en un punto permaneces.

¡ Oh, rayo, cuyo efecto no entendemos, Que de dentro nos dexas abrasados, Y de fuera sin mal sanos nos vemos !

¡ Oh, dolencia mortal, cuyos estremos Son menos conocidos y alcanzados Por los tristes que más ios padecemos 1

CRISTÓBAL DE CASTILLEJO

(Fines del siglo xv-1550.)

Sueño

Yo, señora, me soñaba Un sueño que no debiera : Que por mayo me hallaba En un lugar do miraba Una muy linda ribera, Tan verde, florida y bella, Que, de miralla y de vella, Mil cuidados deseché, Y con solo uno quedé Muy grande, por gozar della. Sin temer que allí podría Sin temer que allí podría Haber pesares ni enojos. Cuánto más dentro me vía, Tanto más me parecía Que se gozaban mis ojos.

Entre las rosas y flores, Cantaban los ruiseñores, Las calandrias y otras aves, Con 3one§ dulces, suaves, Pregonando sus amores. Agua muy clara corría, Muy serena al paree;.?, Tan dulce si se bebía, Que mayor sed me ponía Acabada de beber. Si a los árboles llegaba, Entre las ramas andaba Un airecico sereno, Todo manso, todo bueno, Que las hojas meneaba. Buscando dónde me echar,

GARCILASO DE LA VEGA

Apárteme del camino,

Y hallé para holgar Un muy sabroso lugar,

A la sombra de un espino ; Do tanto placer sentí.

Y tan contento me vi, Que diré que sus espinas En rosas y clavellinas Se volvieron para mí.

En fin, que ninguna cosa De placer y de alegría, Agradable ni sabrosa, En esta fresca y hermosa Ribera me fallecía.

Yo, con sueño no liviano, Tan alegre y tan ufano

Y seguro me sentía.

Que nunca pensé que había De acabarse allí el verano. Lejos de mi pensamiento Desde a poco me hallé, Que, así durmiendo contento, A la voz de mi tormento El dulce sueño quebré;

Y hallé que la ribera Es una montaña fiera. Muy áspera de subir, Dónde no espero salir

De cautivo hasta que muera.

GARCILASO DE LA VEGA

1503-1536

Égloga primera

FBAGMENTO

Corrientes aguas, puras, cristalinas ; Arboles que os estáis mirando en ellas. Verde prado de fresca sombra Ueno, Aves que aquí sembráis vuestras querellas ; Hiedra que por los árboles caminas. Torciendo el paso por su verde seno ; Yo me vi tan ajeno Del grave mal que siento, Que de puro contento Con vuestra soledad me recreaba, Donde con dulce sueño reposaba.

GARCILASO DE LA VEGA 39

0 con el pensamif.'iito discurría Por donde no hallaba

Sino memorias llenas de alegría ;

Y en este mismo valle, donde agora Me entristezco y me canso, en el reposo Estuve ya contento y descansado. j Oh bien caduco, vano y presuroso I Acu(?rdome durmiendo aquí algún hora, Que despertando, a Elisa vi a mi lado.

1 Oh miserable hado ! ¡ Oh tela delicada Antes de tiempo dada

A los agudos filos de la muerte ! Má? convenible fuera aquesta suerte A los cansados años de mi vida, Que es más que el hierro fuerte, Pues no la ha quebrantado tu partida.

¿Dó están agora aquellos claros ojos

Que llevaban tras sí como colgada

Mi ánima doquier que se volvían?

¿Dó está la blanca mano delicada,

Llena de vencimientos y despojos

Que de mí mis sentidos le ofrecían?

Los cabellos que vían

Con gran desprecio al oro,

Como á menor tesoro

¿A dónde están? ¿A dónde el blanco pecho?

¿Dó la columna que el dorado techo

Con presunción graciosa sostenía?

Aquesto todo agora ya se encierra,

Por desventura mía,

En la fría, desierta y dura tierra.

¿Quién me dijera, Elisa, vida mía, Cuando en aqueste valle al fresco viento

40 GARCILASO DE LA VEGA

Andábamos cogiendo tiernas flores,

Que había de ver con largo apartamiento

Venir el triste y solitario día

Que diese amargo fin a mis amores?

El cielo en mis dolores

Cargó la mano tanto,

Que á semíiilerno llanto

Y á triste soledad me ha condenado ;

Y lo que siento más es verme atado A la pesada vida y enojosa,

Solo, desamparado,

Ciego sin lumbre en cárcel tenebrosa.

Después que nos dejaste, nunca pace

En hartura el ganado ya, ni acude

El campo al labrador con mano llena.

No hay bien que en mal no se convierta y mude :

La mala hierba al trigo ahoga, y nace

En lugar suyo la infelice avena;

La tierra, que de buena

Gara nos producía

Flores, con que solía

Quitar en sólo verlas mil enojos,

Produce agora en cambio estos abrojos,

Ya de rigor de espinas intratable ;

Y yo hago con mis ojos

Crecer, llorando, el fruto miserable.

Como al partir del sol la sombra crece,

Y en cayendo su rayo, se levanta

La negra obscuridad que el mundo cubre, De do viene el temor que nos espanta. • Y la medrosa forma en que se ofrece Aquella que la noche nos encubre, Hasta que el sol descubre Su luz pura y hermosa. Tal es la tenebrosa

GARCILASO DE LA VEGA 41

Noche de tu partir, en que he quedado De sombra y de temor atormentado, Hasta que muerte el tiempo determine Que a ver el deseado Sol de tu clara viste me encamine.

Cual suele el ruiseñor con triste canto Quejarse, entre las hojas escondido, Del duro labrador, que cautamente Le despojó su caro y dulce nido De los tiernos hijuelos, entre tanto Que del amado ramo estaba ausente,

Y aquel dolor que siente Con diferencia tanta For la dulce garganta

Despide, y á su canto el aire suena,

Y la callada noche no refrena

Su lamentable oficio y sus querellas,

Trayendo de su pena

Al cielo por testigo y la.^ estrellas ;

Desta manera suelto yo la rienda A mi dolor, y así me quejo en vano De la dureza de la muerte airada. Ella en mi corazón metió la mano,

Y de allí me llevó mi dulce prenda ; Que aquel era su niño y su morada. ¡ Ay, muerte arrebatada I

Por ti me estoy quejando

Al cielo y enojando

Con importuno llanto al mundo tono :

Tan desigual dolor no sufre modo.

No me podrán quitar el dolorido

Sentir, si ya' del todo

Primero no me quitan el sentido.

42 GARCILASO DE L\ VEGA

Una parte guardé de tus cabellos,

Elisa, envueltos en un blanco paño.

Que nunca de mi seno se me apartan ;

Descójolos, y de un dolor tamaño

Enternecerme siento, que sobre ellos

Nunca mis ojos de llorar se hartan.

Sin que de allí se partan,

Con suspiros calientes.

Más que la llama ardientes.

Los enjugo del llanto, y de consuno

Casi los paso y cuento uno a uno ;

Juntándolos, con un cordón los ato.

Tras esto el importuno

Dolor me deja descansar un rato.

Mas luego á la memoria se me ofrece Aquella noche tenebrosa, obscura. Que siempre aflige esta ánima mezquina Con la memoria de mi desventura. Verte presente agora me parece En aquel duro trance de Lucina,

Y aquella voz divina, Con cuyo son y acentos A los airados vientos

Pudieras amansar, que agora es muda. Me parece que oigo que á la cruda. Inexorable diosa, demandabas En aquel paso ayuda ;

Y tú, rústica diosa, ^ dónde estabas^

¿Ibate tanto en perseguir las fieras? ,j!bate tanto en un pastor dormido í> (íCosa pudo bastar á tal crudeza, Que, conmovida á compasión, oído A los votos y lágrimas no dieras. Por no ver hecha tierra tal belleza, O no ver la tristeza

GARCILASO DE LA VEGA ^43

En que tu Nemoroso

Queda, que su rej)Oso

Era seguir tu oficio, persiguiendo

Las fieras por los montes, y ofreciendo

A tus sagradas aras los despojos?

¿Y tú, ingrata, riendo

Dejas morir mi bien ante mis ojos?

Divina Elisa, pues agora el cielo Con inmortales pies pisas y mides,

Y su mudanza ves, estando queda, ¿Por qué de mí te olvidas, y no pides

Que se apresure el tiempo en que este velo Rompa del cuerpo, y verme libre pueda,

Y en la tercera rueda Contigo mano a mano Busquemos otro llano,

Busquemos otros montes y otros ríos. Otros valles floridos y sombíos, Donde descanse y siempre pueda verte Ante los ojos míos, Sin miedo y sobresalto de perderte?

Estoy contino en lágrimas bañado...

Estoy con tino en lágrimas bañado Rompiendo siempre el aire con suspiros ; Y más me duele el no osar deciros Que he llegado por vos a tal estado.

Que viéndome do estoy y lo que he andado For el camino estrecho de seguiros, ' Si me quiero tomar para huiros, Desmayo, viendo atrás lo que he dfjad©;

44 SANTA TERESA DE JESÚS

Y si quiero subir a la alta cumbre, A cada paso espántanme en la vía Ejemplos tristes de los que han caíde.

Sobre todo, me falta ya la lumbre De la esperanza, con que andar solía Por la escura región de vuestro olvido.

SANTA TERESA DE JESÚS

1515-1582

Versos nacidos del fuego del amor de Dios

Vivo sin vivir ei mi,

Y tan alta vida espero,

Aquesta divina unión,

Del amor con que yo vivo,

Hace á Dios ser mi cautivo,

Y libre mi corazón :

Mas causa en mí tal pasión Ver á Dios mi prisionero,

! Ay ! ¡ Qué larga es esta vida. Qué duros estos destierros. Esta cárcel y estos hierros, En que el alma está metida ! Sólo esperar la salida Me causa un dolor tan fiero, Que muero purque no muero.

SANTA TERESA DE JESÚS 45

¡ Ay I ¡ Qué vida tan amarga Do no se goza el Señor 1 Y si es dulce el amor, j\o lo es la esperanza larga : Quíteme Dios esta carga Más pesada que de acero,

Sólo con la confianza Vivo de que he de morir ; Porque muriendo, el vivir Me asegura mi esperanza : Muerte do el vivir se alcanza, No te tardes, que te espero,

Mira que el amor es fuerte; Vida no rae seas molesta, Mira que sólo te resta, Para ganarte, perderte; Venga ya la dulce muerte. Venga el morir muy ligero.

Aquella vida de arriba Es la vida verdadera : Hasta que esta vida muera, No se goza estando viva : Muerte no seas esquiva; Vivo muriendo primero.

Vida, cqué puedo yo darle A mi Dios, que vive en mí, Si no es perderte á ti. Por mejor á El gozarle? Quiero muriendo alcanzarle,

46 SANTA TERESA DE JESÚS

Pues á Ei soio es el que quiero,

Estando ausente de ti, ¿Qué vida puedo tener? Lino muerte padecer. La mayor que nunca vi : Lástima tengo de mí, For ser mi mal tan entero,

El pez que del agua sale

Aun de alivio no carece :

A quien la muerte padece

Al ün la muerte le vale :

¿ Qué muerte habrá que se iguale

¿A mi vivir lastimero?

Cuando me empiezo a aliviar Viéndote en ei Sacramento, Me hace más sentimiento El no poderte gozar : Todo es para más penar. Por no verte como quiero,

Cuando me gozo, Señor, Con esperanza de verte. Viendo que puedo perderte, Se me dobla mi dolor : Viviendo en tanto pavor, Y esperando como espero.

Sácame de aquesta muerte, Mi Dios, y dame la vida.

SANTA TERESA DE JESIJS AÜ

No me tengas impedida En este lazo tan fuerte : Mira que muero por verte,

Y vivir sin ti no puedo, Qnc muero porque no muero.

Lloraré mi muerte ya,

Y lamentaré mi vida, En tanto que detenida Por mis pecados está. ¡Oh, mi Dios, ¿cuándo será,

^ Cuando yo diga de vero

Villancico

\ Oh hermosura, que excedéis No sé por qué os desatáis,

A todas las hermosuras I Pues-, atado, fuerza dais

Sin herir, dolor hacéis, A tener por hien los males. Y sin dolor, deshacéis

£1 amor de las criaturas! Quien no tiene ser juntáis

Con el Ser que no se acaba :

1 Oh nudo que así juntáis Sin tener que amar amáis ;

Dos cosas tan desiguales I Engrandecéis vuestra nada.

Si el amor que me tenéis...

Si el amor que me tenéis, Dios mío, es como el que os tengo, Decidme: ¿en qué me detengo? O vos ¿en qué os detenéis?

— Alma ¿qué quieres de Mí? — Dios mío, no más que verte. — Y ¿qué temes más de ti? — Lo que más temo es perderte.

48 GUTIERRE DE CETINA

Un amor que ocupe os pido, Dios mío, mi alma, os tenga. Para hacer un dulce nido Adonde más le convenga.

Un alma en Dios escondida ¿Qué tiene que desear, Sino amar y más amar, Y en amor toda encendida Tornarte de nuevo á amar?

GUTIERRE DE CETINA

1520 (?)-1557

Madrigal

Ojos claros, serenos.

Si de un dulce mirar sois alabados,

¿Por qué, si me miráis, miráis airados?

Si cuando mas piadosos.

Mas bellos parecéis a aquel que os mira,

No me miréis con ira,

Porque no parezcáis menos hermosos.

1 Ay, tormentos rabiosos !

Ojos claros, serenos,

Ya que así me miráis, miradme al menos.

JORGE DE MONTEMAYOR 49

JORGE DE MONTEMAYOR

1520 (?)-1561

Canción de Sireno

Pasados contentamientos, (¡Qué queréis? Dejadme, no me canséis.

Memoria, ¿queréis oirme? Los dias, las noches buenas, Pagúelos con las setenas, No tenéis mas que pedirme ; Todo se acabó en partirme Como veis ; Dejadme, no me canséis.

Campo verde, valle umbroso, Donde algún tiempo gocé, Ved lo que después pasé, Y dejadme en mi reposo ; Si estoy con razón medroso, Ya lo veis; Dejadme, no me canséis.

Vi mudado un corazón, Cansado de asegurarme ; Fué forzado aprovecharme Del tiempo, y de la ocasión ; Memoria do no hay pasión, ¿Qué queréis? Dejadme, no me canséis.

50 FRAY LUIS DE LEÓN

Corderos y ovejas mías, Pues algan tiempo lo fuistes, Las horas ledas, o tristes. Pasáronse con los dias; No hagáis las aiegrias Que soléis, Pues ya no me engañareis.

Si venís por me turbar,

No hay pasión, ni habrá turbarme;

Si venís por consolarme.

Ya no hay mal que consolar;

Si venís por me matar

Bien podéis ;

Matadme y acabareis.

FRAY LUIS DE LEÓN

1528 (?)-1591

Vida' retirada

i Qué descansada vida

La del que huye el mundanal ruido,

Y sigue la escondida

Senda por donde han ido

Los pocos subios que en el mundo han sido

Que no le enturbia el pecho

De los soberbios grandes el estado,

Ni del dorado techo

Se admira, fabricado

Del sabio moro, en jaspes sustentado.

FRAY LUIS D£ LEÓN Ól

No cura si la fama

Canta con voz su nombre pregonera,

Ni cura si encarama

La lengua lisonjera

Lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento

Si soy del vano dedo señalado?

¿Si en busca de este viento

Ando desalentado

Con ansias vivas, y mortal cuidado?

¡ Oh campo, oh monte, olí rio !

1 Oh secreto seguro deleitoso !

Roto casi el navio,

A vuestro almo reposo

Huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,

Un dia puro, alegre, libre quiero ;

No quiero ver el ceño

Vanamente severo

De quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves

Con su cantar suave no aprendido,

No los cuidados graves

De que es siempre seguido

Quien al ageno arbitrio está ate:; ido.

Vivir quiero conmigo,

Gozar quiero del bien que debo al cielo

A solas, sin testigo.

Libre de amor, de celo,

De odio, de esperanzas, de recelo.

52 FRAY LUIS DE LEÓN

Del monte en la ladera

Por mi mano plantado tengo un liuerto,

Que, con la primavera,

De bella ñor cubierto

Ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa

De ver y acrecentar su hermosura,

Desde la cumbre airosa

Una fontana pura

Hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego sosegada

El paso entre los árboles torciendo, El suelo de pasada De verdura vistiendo,

Y con diversas flores va esparciendo.

El aire el huerto orea,

Y ofrece mil olores al sentido, Los árboles menea

Con un manso ruido,

Que del oro y del cetro pone olvido.

Ténganse su tesoro

Los que de un flaco leño se confian :

No es mió ver el lloro

De los que desconfían

Cuando el cierzo y el ábrego porfían.'

La combatida antena

Cruje, y en ciega noche el claro dia

Se torna, al cielo suena

Confusa vocería,

Y la mar enriquecen a porfía.

rR\Y LUIS DE LEÓN 63

A raí una pobrecilla

Mesa de amable paz bien abastada

Me baste, y la bajilla

De fino oro labrada

Sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserableMente se están los otros abrasando En sed insaciable

Del no durable mando,

Tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido

De yedra y lauro eterno coronado.

Puesto el atento oido

Al son dulce, acordado,

Del plectro sabiamente meneado.

' Oda a Francisco Salinas

El aire se serena

Y viste de hermosura y luz no usada, Salinas, cuando suena

La música extremada

Por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino

Mi alma que en olvido está sumida,

Torna a cobrar el tino,

Y memoria perdida

De su origen primera esclarecida.

Y como se conoce.

En Ltíerte y pensamientos se mejora,

El oro desconoce

Que el vulgo ciego adora,

La belleza caduca engañadora.

64 FRAY LUIS DE LEÓN

Traspasa el aire todo

Hasta llegar a la mas alta esfera,

Y oye allí otro modo De no perecedera

Música, que es de todas la primera.

Ve como el gran maestro,

A aquesta inmensa cítara aplicado,

Con movimiento diestro

Produce el son sagrado,

Con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta

De números concordes, luego envía Consonante respuesta,

Y entrambas a porfía Mezclan una dulcísima armonía.

Aquí el alma navega

Por un mar de dulzura, y finalmente

En él así se anega,

Que ningún accidente

Extraño o peregrino oye ni siente.

Oh, desmayo dichoso !

Oh, muerte que das vida ! oh dulce olvido I

I Durase en tu reposo

Sin ser restituido

Jamás a aqueste bajo y vil sentido I

A aqueste bien os llamo,

Gloria del Apolíneo sacro coro,

Amigos, a quien amo

Sobre todo tesoro.

Que todo lo demás es triste lloro.

FRAY LUIS LE LEüN Oü

1 Oh ! suene de contino, Salinas, vuestro son en mis oidos. Por quien al bien divino Despiertan los sentidos, Quedando a lo demás amortecidos.

A Felipe Ruis de ¡a Torre y Mota

¿Cuando será que pueda.

Libre de esta prisión, volar al cielo,

Felipe, y en la rueda

Que huye .Tías del suelo,

Contemplar la verdad pura sin velo?

AUi a mi vida junto

En luz resplandeciente convertido,

Veré distinto y junto,

Lo que es, y lo que ha sido,

Y su principio propio y escondido.

Entonces veré cómo

El divino poder echó el cimiento

Tan a nivel y plomo.

Do estable eterno asiento

Posee el pesadísimo elemento.

Veré las inm.ortalGS

Columnas dó la tierra está fundada.

Las lindes y señales

Con que a la mar airada

La providencia tiene aprisionada.

66 FRAY LUIS DE LEÓN

Por qué tiembla la tierra,

Por qué las hondas mares se embravecen.

Dó sale a mover guerra

El cierzo, y por qué crecen

Las aguas del océano y descrecen.

De dó manan las fuentes;

Quién ceba, y quién bastece de los ríos

Las perpetuas corrientes;

De los helados fríos

Veré las causas, y de los estíos.

Las soberanas aguas,

Del aire en la región quién las sostiene ,

De los rayos las fraguas;

Dó los tesoros tiene

De nieve Dios, y el trueno dónde viene.

No ves cuando acontece

Turbarse el aire todo en el verano?

El dia se ennegrece,

Sopla el gallego insano,

y sube hasta el cielo el polvo vano.

Y entre las nubes mueve

Su carro Dios, ligero y reluciente,

Horrible son conmueve,

Relumbra fuego ardiente,

Treme la tierra, humíllase la gente.

La lluvia baña el techo,

Envían largos ríos los collados;

Su trabajo deshecho,

Los campos anegados

Miran los labradores espantados.

FRAY LUIS DE LEÓN 67

Y de allí levantado

Veré los movimientos celestiales,

Así el arrebatado

Como los naturales,

Las causas de los hados, las señales.

Quién rige las estrellas

Veré, y quién las enciende con hermosas

Y cfiaces centellas ;

Por qué están las dos osas.

De bañarse en el mar siempre medrosas.

Veré este fuego eterno,

Fuente de vida y luz, dó se mantiene ;

Y por qué en el invierno Tan presuroso viene ;

Por qué en las noches largas se detiene.

Veré sin movimiento

En la mas alta esfera las moradas

Del gozo y del contento.

De oro y luz labradas,

De espíritus dichosos habitadas.

(! Qué vale cuanto vee,

Dó nace y dó se pone el sol luciente,

Lo que el indio posee,

Lo que da el claro Oriente,

Con todo lo que afana la vil gente?

El uno mientras cura

Dejar rico descanso a su heredero.

Vive en pobreza dura,

Y perdona al dinero,

Y contra sí se muestra crudo y fiero.

68 FRAY LUIS DE LEÓN

El otro, que sediento Anhela el señorío, sirve ciego; Por subir a su asiento Abájase á vil ruego,

Y de la libertad va haciendo entrego.

Quién de dos claros ojos

Y de un cabello de oro se enamora; Compra con mil enojos

Una menguada hora,

Un gozo breve, que sin fin se llora.

Dichoso el que se mide,

Felipe, y de la vida el gozo bueno

A sí solo lo pide,

Y mira como ajeno

Aquello que no está dentro en su seno.

Si resplandece el dia,

Si Eolo su reino turba en saña,

El rostro no varía,

Y si la alta montaña Encima le viniere, no le daña.

Bien como la ñudosa

Carrasca en alto risco desmochada

Con hacha poderosa,

Del ser despedazada

Del hierro torna rica y esforzada.

Querrás hun dille, y crece

Mayor que era primero, y si porfía

La lucha, más florece,

Y firme al duelo envía

Al que por vencedor ya se tenía.

FRAY LUIS DE LEÓN 10

Exento á todo cuanto

Presume la fortuna, sosegado

Está y libre de espanto

Ante el tirano airado,

De hierro, de crudeza y fuego armado.

))E1 fuego, dice, enciende,

Aguza el hierro crudo, rompe y llega,

Y si me hallares, prende,

Y da á tu hambre ciega,

Su cebo deseado y la sosiega.

))¿Qué estás? (íNo ves el pecho

Desnudo, flaco, abierto? ¡Oh! no te cabe

En puño tan estrecho,

El corazón que sabe

Cerrar cielos y tierra con su llave.

«Ahonda más adentro,

Desvuelve las entrañas, el insano

Puñal penetra al centro;

Mas es trabajo vano

Jamás me alcanzará tu corta mano.

«Rompiste mi cadena

Ardiendo por prenderme ; al gran consuelo

Subido hé por tu pena ;

Ya suelto, encumbro el vuelo,

Traspaso sobre el aire, huello el cielo.»

Noche serena

Cuando contemplo el cielo

De innumerables luces adornado,

Y miro hacia el suelo De noche rodeado,

Ep sueño y en olvido sepultado;

60 FRAY LUIS DE LEÓN

El amor y la pena

Despiertan en mi pecho una ansia ardiente ;

Despiden larga vena

Los ojos hechos fuente;

La lengua dice al fin con voz doliente :

Morada de grandeza,

Templo de claridad y hermosura,

Mi alma que a tu alteza

Nació, ¿qué desventura

La tiene en esta cárcel baja, obscura?

Qué mortal desatino

De la verdad aleja así el sentido,

Que de tu bien divino

Olvidado, perdido

Sigue la vana sombra, el bien fingido?

El hombre está entregado

Al Lueño, de su suerte no cuidando,

Y con paso callado

El cielo vueltas dando

Las horas del vivir le va hurtando.

I Ay ! despertad, mortales ;

Mirad con atención en vuestro daño ;

Las almas inmortales

Hechas a bien tamaño

(¡Podrán vivir de sombra, y solo engaño?

j Ay ! levantad los ojos

A aquesta celestial eterna esfera.

Burlareis los antojos

De aquesa lisonjera

Vida, con cuanto teme v cuanto espera.

FlUV LUIS DE LliÓW 61

¿Es más que un breve punto

El bajo y torpe suelo, comparado

A aqueste gran transunto

Do vive mejorado

Lo que es, lo que será, lo que ha pasado?

Quien mira el gran concierto De aquestos resplandores eternales, Su movimiento cierto, Sus pasos desiguales,

Y en proporción concorde tan iguales ;

La luna cómo mueve

La plateada rueda, y va en pos' de ella

La luz dó el saber llueve,

Y la graciosa estrella De amor le sisue reluciente v bella :

Y cómo otro camino

Prosigue el sanguinoso Marte airado,

Y el Júpiter benino, De bienes mil cercado.

Serena el cielo con su rayo amado :

Rodéase en la cumbre

Saturno, padre de los siglos de oro,

Tras él la muchedumbre

Del reluciente coro

Su luz va repartiendo y su tesoro :

¿Quién es el que esto mira,

Y precia la bajeza de la tierra,

Y no gime y suspira

Por romper lo que encierra

El alma, y de estos bienes la destierra?

ÍRAY LUIS DE LEÓN

Aqui vive el contento,

Aqui reina la paz; aqui asentado

En rico y alto asiento

Está el amor sagrado

De honra y de deleites rodeado.

Inraensa hermosura

Aqui se muestra toda; y resplandece

Clarísima luz pura,

Que jamás anochece;

Eterna^ primavera aqui florece.

1 Oh campos verdaderos I

I Oh prados con verdad frescos y amenos I

1 Riquísimos mineros !

¡ Oh deleitosos senos I

¡ Repuestos valles de mil bienes llenos I

En la Ascensión

\ Y dejas, Pastor santo,

Tu grey en este valle hondo, obscuro

Con soledad y llanto,

Y tu rompiendo el puro

Aire, te vas al inmortal seguro 1

Los antes bien hadados,

Y los agora tristes y afligidos, A tus pechos criados,

De Tí desposeídos,

¿A do convertirán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos

Que vieron de tu rostro la hermosura,

Que no les sea enojos?

Quien oyó tu dulzura,

¿Quó no tendrá por ¿ordo y desventura?

FERNANDO DE UERUERA 63

¿Aqueste mar turbado

Quién le pondrá ya freno ^ ¿Quién concierto

Al viento fiero airado?

Estando Tú encubierto,

¿Qué norte guiará la nave al puerto?

i Ay I nube envidiosa

Aun de este breve gozo, ¿qué te aquejas?

¿Dó vuelas presurosa?

I Cuan rica tu te alejas I

¡ Cuan pobres y cuan ciego, ¡ ay ! nos dejas !

FERNANDO DE HERRERA

1534-1597

Canso la vida...

Canso la vida en esperar un día De fingido placer; huyen los años,

Y nacen de ellos mil sabrosos daños, Qu' esfuerzan el error de mi porfía.

Los pasos por do voy a mi alegría, Tan desusados son y tan extraños, Que al fin van a acabarse en mis engaños.

Y de ellos vuelvo a comenzar la vía.

Descubro en el principio otra esperanza, Si no mayor, igual a la pasada,

Y en el mismo deseo persevero.

Mas luego torno a la común mudanza De la suerte en mi daño conjurada,

Y esperando, contino desespero.

6*4 FRANCISCO DE LA TORKE

Osé y temí...

Osé y temí: mas pudo la osadía Tanto, que desprecié el temor cobarde; Subí a do el fuego mas me enciende y arde, Cuanto mas la esperanza se desvía.

Gasté en error la edad florida mía; Ahora veo el daño, pero tarde ; Que ya mal puede ser, que el seso guarde A quien se entrega ciego a su porfía.

Tal vez pruebo (mas qué me vale) alzarme Del grave peso, que mi cuello oprime ; Aunque falta a la poca fuerza el hecho.

Sigo al fin mi furor, porque mudarme No es honra ya, ni justo que se estime Tan mal de quien tan bien rindió su pecho.

FRANCISCO DE LA TORRE

1534(?)-1595 (?)

¡Cuántas veces te me has engalanado!.

I Cuántas vezes te me has engalanado Clara y amiga noche ! ¡ Cuántas, llena De obscuridad y espanto, la serena Mansedumbre del cielo me has turbado 1

Estrellas hay que saben mi cuidado, Y que se han regalado con mi pena; Que, entre tanta beldad, la más agena De amor, tiene su pecho enamorado.

SAN JUAN DE LA CRUZ 65

Ellas saben amar, y soben ellas

Que he contado su mal llorando el mío,

Envuelto en los dobleces de tu manto.

¡Tií, con mil ojos, noche, mis querellas Oye y esconde, pues mi amargo llanto Es fruto inútil que al amor envío 1

SAN JUAN DE LA CRUZ

1549-1591

Canciones del alma

En una noche obscura,

Con ansias en amores inflamada,

¡ Oh dichosa ventura 1

Salí sin ser notada.

Estando ya mi casa sosegada.

A obscuras y segura

Por la secreta escala, disfrazada,

j oh dichosa ventura !

A obscuras, en celada,

Estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,

En secreto, que nadie me veía.

Ni yo miraba cosa.

Sin otra luz ni guía.

Sino la que en el corazón ardía.

66 SAN JUAN DE LA CRU2

Aquesta me guiaba

Mas cierto que la luz de mediodía,

Adonde me esperaba

Quien yo bien me sabía,

En parte donde nadie parecía.

I Oh noche, que guiaste,

Oh noche amable más que el alborada,

Oh noche, que juntaste

Amado con amada,

Amada en el Amado transformada !

En mi pecho florido,

Que entero para él solo se guardaba,

Allí quedó dormido,

Y yo le regalaba,

Y el ventalle de cedros aire daba.

El aire del almena,

Cuando ya sus cabellos esparcía,

Con su mano serena,

En mi cuello hería

Y todos mis sentidos suspendía.

Quédeme y olvidém.e,

El rostro recliné sobre el Amado,

Cesó todo, y déjeme,

Dejando mi cuidado

Entre las azucenas olvidado.

SAPr JUAN DE LA CRUZ 6?

Canciones entre el Alma y el Esposo Esposa

¿Adonde te escondiste,

Amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huíste,

Habiéndome herido;

Salí tras ti clamando, y ya eras ido.

Pastores, los que fuerdes

Allá por las majadas al otero,

Si por ventura vierdes

Aquel que yo mas quiero.

Decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores,

Iré por esos montes y riberas ;

Ni cogeré las flores,

Ni temeré las fieras,

Y pasaré los fuertes y fronteras.

jOh bosques y espesuras,

Plantadas por la mano del Amado,

Oh prado de verduras,

De flores esmaltado.

Decid si por vosotros ha pasado I

Criaturas

Mil gracias derramando.

Pasó por estos sotos con presura,

Y yéndolos mirando. Con sola su figura

Vestidos los dejó de su hermosura.

68 san juan de la cruz

Esposa

i Ay, quien podrá sanarme I

Acaba de entregarte ya de vero,

No quieras enviarme

De hoy mas ya mensajero,

Que no saben decirme lo que quiero.

Y todos cuantos vagan,

De ti me van mil gracias refiriendo,

Y todos más me llagan,

Y déjame muriendo

Un no sé qué que quedan balbuciendo.

¿Mas cómo perseveras,

Oh vida, no viviendo donde vives,

Y haciendo porque mueras, Las ñechas que recibes,

De lo que del Amado en tí concibes?

¿Po'* qué, pues has llegado

A aqueste corazón, no le sanaste?

Y pues me le has robado, ¿For qué así le dejaste,

Y no tomas el robo que robaste?

Apaga mis enojos.

Pues que nniguno basta a deshacellos,

Y véante mis ojos,

Pues eres lumbre de ellos,

Y solo para ti quiero tenellos.

Descubre tu presencia,

Y máteme tu vista y hermosura; Mira que es la dolencia

De amor, que no se cura

Sino con la presencia y la figura.

SAN JUAN DE LA CRUZ 69

1 Oh cristalina fuente,

Si en esos tus semblantes jjlatcados,

Formases de repente

Los ojos (leseados,

Que tengo en mis entrañas dibujados

Apártalos, Amado, Que voy de vuelo.

Esposo

Vuélvete, paloma, Que el ciervo vulnerado Por el otero asoma, Al aire de tu vuelo, y fresco toiria.

Esposa

Mi Amado, las montañas

Los valles solitarios nemorosos.

Las ínsulas extrañas.

Los rios sonorosos,

El silbo de los aires amorosos.

La noche sosegada

En par de los levantes de la aurora,

La música callada.

La soledad sonora.

La cena, que recrea y enamora.

Cazadnos las raposas,

Qu esta ya florecida miestra viña,

En tanto que de rosas

Hacemos una pina,

Y no parezca nadie en la montiña.

70 SAN JUAN DE LA CRUZ

Detente, cierzo muerto,

Ven, austro, que recuerdas los amores,

Aspira por mi huerto,

Y corran tus olores,

Y pacerá el Amado entre las ñores.

Oh ninfas de Judea,

En tanto que en las flores y rosaleí

El ámbar perfumea,

Mora en los arrabales,

Y no queráis tocar nuestros umbrales.

Escóndete, Carillo,

Y mira con tu haz a las montañas,

Y no quieras dedillo ; Mas mira las campañas

De la que va per ínsulas extrañas.

Esposo

A la? aves ligeras,

Leones, ciervos, gamos saltadores,

Montes, valles, riberas,

Aguas, aires, ardores,

Y miedos de las noches veladores.

Por las amenas' liras

Y cantos de sirenas os conjuro Que cosen vuestras iras,

Y no toquéis el muro.

Porque la Esposa' duerma más seguro.

Entrádose ha la Esposa

En el ameno huerto deseado,

Y a su sabor reposa, El cuello reclinado

Sobre los dulces brazos del Amadt.

SAN JUAN DE LA CRUZ 71

Debajo del manzano

Allí conmigo fuiste desposada,

Allí te di la mane,

Y fuiste reparada

Donde tu madre fuera violada.

Esposa

Nuestro lecho florido,

De cuevas de leones enlazado,

En púrpura tendido,

De paz edificado,

De mil escudos de oro coronado.

A zaga de tu huella

Los jóvenes discurren al camino

Al toque de centella,

Al adobado vino,

Emisiones de bálsamo divino.

En la interior bodega

De mi Amado bebí, y cuando salía

Por toda aquesta vega,

Ya cosa no sabía,

Y el ganado perdí que antes seguía.

Allí me dio su pecho,

Alií me enseñó ciencia muy sabrosa,

Y yo le di de hecho A mi, sin dejar cosa ;

Allí le prometí de ser su esposa.

M alma se ha empleado

Y todo mi caudal, en su servicio, Ya no guardo ganado

Ni ya tengo otro oficio,

Que ya solo en amar es mi ejercicio.

72 SAN JUAN DE LA CKUZ

Fues ya si en el ejido

De hoy mas no fuere vista ni liallada,

Diréis que me he perdido,

Que, andando enamorada.

Me hice perdidiza y fui ganada.

De flores y esmeraldas

En las frescas mañanas escogidas,

Haremos las guirnaldas,

En tu amor florecidas,

Y en un cabello mío entretejidas.

Es solo aquel cabello

Que en mi cuello volar consideraste,

Miráslele en mi cuello,

Y en él preso quedaste,

Y en uno de mis ojos te llagaste.

Cuando tú m.e mirabas,

Su gracia en mí tus ojos imprimían,

Por eso me adamabas,

Y en eso merecían

Los míos adorar lo que en ti vían.

No (Tuieras despreciarme,

Que si color moreno en mi hallaste,

Ya bien puQ-des mirarme,

Después que me miraste:

Que gracia y hermosura en mi dejaste.

Esposo

La blanca palomica

Al arca con el ramo se ha tornado,

Y ya la tortolica Al socio deseado

En las riberas verdes ha hallado.

SAN JUAN DE LA CRUZ 7S

En soledad vivía,

Y en soledad ha puesto ya su nido,

Y en soledad la guía A solas su querido,

También en soledad de amor herido.

Esposa

Gocémonos, Amado,

Y vamonos a ver en tu hermosura Al monte y al collado.

Do mana el agua pura;

Entremos mas adentro en !a espesura.

Y luego a las subidas

Cavernas de las piedras nos iremos. Que están bien escondidas,

Y allí nos entraremos,

Y el mosto de granadas gustaremos.

Allí me mostrarías

xVquello que mi alma pretendía,

Y luego me darías Allí tú, vida mia.

Aquello que me diste el otro día.

El aspirar del aire,

El canto de la dulce Filomena,

El soto y su donaire,

En la noche serena

Con llama que consume y no da pena.

Que nadie lo miraba, Aminadab tampoco parecía,

Y el cerco sosegaba,

Y la caballería

A vista de las aguas descendía.

74 SAN JUAN DE LA CRUZ

Llama de amor viva

¡ Oh llama de amor viva,

Que tiernamente hieres

De mi alma en el mas profundo centro I

Pues ya no eres esquiva,

Acaba ya, si quieres,

Rompe la tela de este dulce encuentro.

1 Oh cauterio suave !

\ Oh regalada llaga !

¡ Oh mano blanda ! ¡ oh toque delicado,

Que a vida eterna sabe,

Y toda deuda paga !

Matando, muerte en vida la has trocado.

¡ Oh lámparas de fuego,

En cuyos resplandores

Las profundas cavernas del sentido,

Que esLaba obscuro y ciego,

Con extraños primores,

Calor y luz dan junto a su querido!

¡Cuan manso y amoroso

Recuerdas en mi seno,

Donde secretamente sólo moras !

Y en tu aspirar sabroso. De bien y gloria lleno,

¡ Cuan delicadamente me enamoras !

L. LEONARDO DE ARGENSOLA - I,. DE ARGOTE Y GONGORA 75

LUPERCIO LEONARDO DE ARGENSOLA

1559-1613

Imagen espantosa de la muerte...

Imagen espantosa de la muerte, Sueño cruel, no turbes más mi pecho, Mostrándome cortado el nudo estrecho, Consuelo sólo de mi adversa suerte.

J3upca de algún tirano el muro fuerte, De jaspe las paredes, de oro el techo, O el rico avaro en el angosto lecho Haz que temblando con sudor despierte.

El uno vea el popular tumulto Romper con furia las herradas puertas, O al sobornado siervo el hierro oculto ;

El otro, sus riquezas descubiertas Con llave falsa ó con violento insulto ; Y déjale al amor sus glorias ciertas.

LUIS DE ARGOTE Y GONGORA 1561-1627

Mientras^ por competir... ^

Mientras, por competir con tu cabello, Oro bruñido, el sol relumbra en vano ; Mientras con menosprecio enmedio el llano Mira a tu blanca frente el lirio bello ;

76 LUIS DE ARGOTE Y GONGORA

Mientras a cvida labio, por cogollo, Siguen más ojos que al clavel temprano, Y mientras triunfa con desdén lozano Del luciente marfil tu gentil cuello,

Goza cuello, cabello, labio y frente, Antes que lo que fué, en tu edad dorada, Oro, lirio, clavel, marfil luciente.

No 'sólo en plata o vicia troncada

Se vuelva, mas tú y ello juntamente

En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

La dulce boca...

La dulce boca, que a gustar convida Un humor entre perlas destilado, Y a no envidiar aquel licor sagrado Que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

Amantes, no toquéis, si queréis vida, Porque, entre un labio y otro colorado, Amor está de su veneno armado, Cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas que al Aurora Diréis que, aljofaradas y olorosas. Se le cayeron del purpúreo seno.

¡Manzanas son de Tántalo, y no rosas, Que después huyen del que incitan hora, y sólo del Amor queda el veneno !

LUÍS Dh AllGOTE V GüNGORA 7?

Cual parees al romper de la mañana...

Cual porece al romper de la mañar;a Aljófar blanco sobre frescas rosas, O cual por manos hecho artificiosas Bordadura de perlas sobre grana,

Tales de mi pastora soberana

Parecían las lágrimas hermosas

Sobre las dos mejillas milagrosas

De que, mezcladas, leche y sangre mana.

Lnnzando á vueltas da su tierno llanto

Un ardiente suspiro de su pecho,

Tal que al más duro canto enterneciera,

Si entenecer bastara un duro canto ; Mirad qué hará con un corazón hecho Que al llanto y al suspiro fué de cera.

Romance Úrico

Lloraba la niña, Pasión a pasión,

Y tenia razón. Memoria a memoria, La prolija ausencia Dolor a dolor.

De su ingrato amor. «] Llorad, corazón,

Dejóla tan niña, Que tenéis razón !»

Que apenas creyó Dícele su madre :

Que tenía los años «Hija, por mi amor,

Que ha que la dejó. Que se ac-abe el llanto,

Llorando la ausencia O me acabe yo.»

Del galán traidor, Ella le responde:

La encuentra la luna «No podrá ser, no;

Y la deja el sol. Las causas son muchas, Añadiendo siempre Los ojos son dos.

1i^ Bartolomé Leonardo de argensola

Sastisfagan, madre, Y, si canto yo,

Tanta sinrazón, Muy tristes endechas

Y lágrimas lloren Mis canciones son;

En esta ocasión, Porque el que se fué,

Tantas como delloa Con lo que llevó,

Un tiempo tiró Se dejó el silencio,

Flechas amorosas Se llevó la voz.»

El arquero dios. «Llorad, corazón.

Ya no canto, madre, Que tenéis razón.»

BARTOLOMÉ LEONARDO DE ARGENSOLA

1562-1631

Dime, Padre común, pues eres justo...

Dimo, Padre común, pues eres justo: ¿Por qué ha de permitir tu providencia Que, arrastrando prisiones la inocencia. Suba la fraude a tribunal augusto?

¿Quien dá fuerzas al brazo que, robusto, Hace a tus leyes firme resistencia, Y que el celo que más la reverencia Gima a los pies del vencedor injusto?

Vemos que vibran vitoriosas palmas Manos inicuas, la virtud gimiendo Del triunfo en el injusto regocijo...

Esto decía yo, cuando, riendo.

Celestial n'nfa apareció, y me dijo :

«¡Ciego! ¿Es la tierra el centro de las almas P»

LÜPK DE VEÜA

LOPE DE VEGA

1562-1635 ¿Qué tengo yo que amistad procuras?

i Qué tengo yo, que mi amistad procuras? ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío. Que á mi puerta, cubierto de rocío, Posas las noches del invierno obscuras?

i Oh cuánto fueron mis entrañas duras, Pues no te abrí I ¡ Qué extraño desvario Si de mi ingratitud el hielo frió Secó las llagas de tus plantas puras !

1 Cuántas veces el ángel me decía : «Alma, asómate agora á la ventana ; Verás con cuánto amor Uamar porfía 1»

Y ¡ cuántas, hermosura soberana, «Mañana le abriremos», respondía, Para lo mismo responder mañana !

Pastor^ que con tus silbos amorosos.

Pastor, que con tus silbos amorosos Me despertaste del profundo sueño ; Tú, que hiciste c:iyado de ese leño En que tiendes los brazos poderosos;

so RODRIGO CARO

Vuelve los ojos á mi fé piadosos, Pues te conñeso por mi amor y dueño, Y la palabra de seguirte empeño Tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor que por amores mueres, No te espante el rigor de mis pecados. Pues tan amigo de rendidos eres;

Espera pues, y escucha mis cuidados ; Pero ¿cómo te digo que me esperes, Si estás para esperar los pies clavados?

RODRIGO CARO

1573-1647

A las ruinas de Itálica

Estos, Fabio ; ay dolor 1 que ves ahora

Campos de soledad, mustio collado,

Fueron un tiempo Itálica famosa ;

Aquí de Cipión la vencedora

Colonia fué ; por tierra derribado

Yace el temido honor de la espantosa

Muralla, y lastimosa

Reliquia es solamente

De su invencible gente.

Sólo quedan memorias funerales

Donde erraron ya sombras de alto ejemplo;

Este llano fué plaza, allí fué templo ;

De todo apenas quedan las señales.

Del gimnasio y las termas regaladas

Leves vuelan cenizas desdichadas ;

norjRiGo CARO 81

Las torres que desprecio al aire fueron, A su gran pesadumbre se rindieron.

Este despedazado anfiteatro,

Impío honor de los dioses, cuya afrenta

Publica el amarillo jaramago,

Ya reducido á trágico teatro,

¡ Oh fábula del tiempo I representa

Cuánta fué su grandeza y es su estrago.

¿Cómo en el cerco vago

De su desierta arena.

El gran pueblo no suena?

¿Dónde, pues fieras hay, está el desnudo

Luchador? ¿Dónde está el atleta fuerte?

Todo despareció : cambió la suerte

Voces alegres en silencio mudo ;

Mas aun el tiempo da en estos despojos

Espectáculos fieros á los ojos,

Y miran tan confuso lo presente

Que voces de dolor el alma siente.

Aquí nació aquel rayo de la guerra,

Gran padre de la patria,, honor de España,

Fío, felice, triunfador Trajano,

Ante quien muda se mostró la tierra

Que ve del sol la cuna y la que baña

El mar, también vencido, gaditano.

Aquí de Elio Adriano,

De Teodosio divino,

De Silio peregrino

Rodaron de marfil y oro las cunas.

Aquí ya de laurel, ya de jazmines,

Coronados los vieron los jardines.

Que ahora son zarzales y lagunas.

La casa para el César fabricada

¡ Ay 1 yace de lagartos vil morada ;

8á RODRIGO CARO

Casas, jardines, Césares murieron,

Y aun las piedras que dellos se escribieron.

Fabio, si tú no lloras, pon atenta La vista en luengas calles destruidas : Mira mármoles y arcos desírozados, Mira estatuas soberbias, que, violenta, Némesis derribó, yacer tendidas,

Y ya en alto silencio sepultados Sus' dueños celebrados.

Así á Troya figuro, Así á su antiguo muro,

Y á ti, Rom^a, á quien queda el nombre apenas, i Oh patria de los dioses y los reyes !

Y á ti, á quien no valieron justas leyes, Fábrica de Minerva, sabia Atenas, Emulación ayer de las edades,

Hoy cenizas, hoy vastas soledades. Que no os respetó el hado, ni la muerte, \ Ay 1 ni por sabia á ti, ni á ti por fuerte.

Mas ¿para qué la mente se derrama

En buscar al dolor nuevo argumento?

Basta ejemplo menor, basta el presente,

Que aun se ve el humo aquí, se ve la llama,

Aun se oyen llantos hoy, hoy ronco acento;

Tal genio ó religión fuerza la mente

De la vecina gente.

Que refiere admirada

Que en la noche callada

Una voz triste se oye, que, llorando

Cayó Itálica dice, y lastimosa.

Eco reclama Itálica en la hojosa

Selva que se le opone, resonando

Itálica, y, el claro nombre oído

De Itálica, renuevan el gemido

t'iUNCIBCO DE QUEVEDO 83

Mil sombras nobles de sa gran ruina ; ¡Tanto aun la plebe á ¿entiiniento inclina I

Esta corta piedad que, agradecido

Huésped, á tus sagrados manes debo,

Les dó y consagro, Itálica famosa.

Tú, si lloroso don han admilido

Las ingratas cenizas, de que llevo

Dulce noticia asaz, si lastimosa,

Permíteme, piadosa

Usura á tierno llanto,

Que vea el cuerpo santo

De Geroncio, tu mártir y prelado.

Muestra de su sepulcro algunas señas,

Y cavaré con lágrimas las peñas

Que ocultan su sarcófago sagrado ;

Pero mal pido el único consuelo

De todo el bien que airado quitó el cielo.

Goza en las tuyas sus reliquias bellas

Para envidia del mundo v sus estrellas.

FRANCISCO DE OUEVEDO

1580-1645 A Roma sepultada en sus ruinas

Buscas en Roma ú Roma, oh, peregrino,

Y en Roma misma á Roma no la hallas : Cadáver son las que ostentó murallas ;

Y tumba de sí propio el Aveutino.

Yace donde reinaba, el PaUtino ;

Y limadas del lirmpo, las medallas, Más se muestran destrozo á las batallas De las edades, que blasón latino.

S4 Í-RANCISCO DE QUEVEDO

Sólo el Tíber quedó, cuya corriente, Si ciudad la regó, ya sepultura La llora con funesto son doliente.

¡Oh, Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura. Huyó lo que era firme, y solamente Lo fugitivo permanece y dura.

'Cómo de entre mis manos resbalas!

\ Cómo de entre mis manos te resbalas ! I Oh, cómo te deslizas, edad mia ! ; Qué mudos pasos traes, oh muerte fria. Pues con callado pie todo lo igualas 1

Feroz, de tierra el débil muro escalas, En quien lozana juventud se fía ; Mas ya mi corazón del postrer día Atiende al vuelo, sin mirar las alas.

¡ Oh condición mortal ! \ Oh dura suerte, Que no puedo querer vivir mañana Sin la pensión de procurar mi muerte !

j Cualquier instante de la vida humana Es nueva ejecución, con que me advierte Cuan frágil es, cuan mísera, cuan vana !

Miré los muros...

Miré los muros de la patria mía. Si un tiempo fuertes, ya desmoronados, De la carrera de la edad cansados, For quien caduca ya su valentía.

FRANCISCO DE QUEVEDO 85

Salíme al campo, vi que el sol bebía Los arroyos del hielo desatados ;

Y del monte quejosos los ganados, Que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa ; vi que amancillada Entré en mi casa; vi que, amancillada, De anciana habitación era despojos ; Mi báculo más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada,

Y no haUé cosa en que poner los ojos Que no fuese recuerdo de la muerte.

Qtie la vida es siempre breve y fugitiva

Todo tras sí lo lleva el año breve De la vida mortal, burlando el brío Al acero valiente, al mármol frío Que contra el tiempo su dureza atreve.

Antes que sepa andar el pie, se mueve Camino de la muerte, donde envío Mi vida oscura : pobre y turbio río. Que negro mar con altas ondas bebe.

Todo corto momento es paso largo

Que doy, a mi pesar, en tal jornada.

Pues, parado y durmiendo, siempre aguijo.

Breve suspiro, y último, y amargo, Es la muerte, forzosa y heredada ; Mas si es ley y no pena, (jqué me aflijo?

86 ESTEBAN MANUEL DE VILLEGAS

ESTEBAN MANUEL DE VILLEGAS 1589-1669

Oda sáfica

Dulce vecino de la verde selva, Huésped eterno del abril florido, Vital aliento de la madre Venus, Céfiro blando;

Si de mis ansias el amor supiste, Tú, que las quejas de mi voz llevaste, Oye, no temas, y a mi ninfa dile, Dile que muero.

Filis un tiempo mi dolor sabía; Filis un tiempo mi dolor lloraba ; Quísome un tiempo ; mas agora temo, "Temo sus iras.

Así los dioses con amor paterno, Así los cielos con amor benigno, Nieguen al tiempo que feliz volares Nieve a la tierra.

Jamás el peso de la. nube parda Cuando amanece en la elevada cumbre. Toque tus hombros, ni su mal granizo Hiera tus alas.

PEDRO CALDERÓN DE I,\ DARCA - JUAN MELÉNDEZ VALDÉS 87

PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA

1600-1681

Estas que fueron pompa y alegría...

Estas que fueron pompa y alegría. Despertando al albor de la mañana, A la tarde serán lástima vana Durmiendo en brazos de la noche fría.

Este matiz que al cielo desafía, Iris listado de oro, nieve y grana, Será escarmiento de la vida humana : ¡ Tanto se emprende en término de un día 1

A florecer las rosas madrugaron

Y para envejecerse florecieron :

Cuna y sepulcro en un botón hallaron.

Tales los hombres sus fortunas vieron*. En un día nacieron y espiraron ; Que pasados los siglos, horas fueron.

JUAN MELÉNDEZ VALDES

1754-1817

Oda anacreóntica

quieta palomita No de lugar mudara

le vuelas y revuelas Ni fuera tan inquieta, ísde el hombro de Filis

su halda de azucenas ; Mas desde el halda al seno

Un solo vuelo diera,

yo la inmensa dicha Y allí hallara descanso

le tu gozas, tuviera, Y allí mi nido hiciera.

88 DUQUE DE RITAS

DUQUE DE RIVAS

1791-1865

El faro de Malta

Envuelve al mundo extenso triste noche, Ronco huracán y borrascosas nubes Confunden, y tinieblas impalpables, Ei cielo, el mar, la tierra :

Y tú invisible te alzas, en tu frente Ostentando de fuego una corona, Cual rey del caos, que refleja y arde

Con luz de paz y vida. En vano ronco el mar alza sus montes

Y revienta a tus pies, do, rebramante, Creciendo en blanca espuma, esconde y borra,

El abrigo del puerto :

Tú, con lengua de fuego, aquí está dices, Sin voz hablando al tímido piloto, Que como á numen bienhechor te adora, Y en tí los ojos clava.

Tiende apacible noche el manto rico, Que céfiro amoroso desenrroUa, Recamado de estrellas y luceros; Por él rueda la luna ;

Y entonces tú, de niebla vaporosa Vestido, dejas ver en formas vagas Tu cuerpo colosal, y tu diadema

Arde al nar de los astros.

DUQUE DE RITAS 89

Duerme tranquilo el mar, pérfido esconde Rocas aleves, áridos escollos ; Falso señuelo son, lejanas cumbres Engañan á las naves.

Mas tú, cuyo esplendor todo lo ofusca, Tú, cuya inmoble posición indica El trono de un monarca, eres su norte : Les adviertes su engaño.

Así de la razón arde la antorcha, En medio del furor de las pasiones

0 de aleves halagos de fortuna,

A los ojos del alma.

Desque refugio de la airada suerte En esta escasa tierra que presides,

Y grato albergue el cielo bondadoso

Me concedió propicio;

Ni una vez sólo á mis pesares busco Dulce olvido del sueño entre los brazos Sin saludarte, y sin tornar los ojos A tu espléndida frente.

1 Cuántos, ay, desde el seno de los mares Al par los tornarán!... tras larga ausencia Unos, que vuelven á su patria amada,

A sus hijos y esposa.

Otros prófugos, pobres, perseguidos, Que asilo buscan, cual busqué, lejano,

Y á quienes que lo hallaron tu luz dice,

Hospitalaria estrella.

90 DUQUE DE RIVAS

Arde, y sirve de norte á los bajeles, Que de mi patria, aunque de tarde en tarde, Me traen nuevas amargas, y renglones Con lágrimas escritos.

Cuando la vez primera deslumhraste Mis afligidos ojos, ¡ cuál mi pecho, Destrozado y hundido en amargura Palpitó venturoso I

Del Lacio moribundo las riberas Huyendo inhospitables, contrastado Del viento y mar, entre ásperos bajíos. Vi tu lumbre divina :

Viéronla como yo los marineros, Y, olvidando los votos y plegarias Que en las sordas tinieblas se perdían, ¡ 1 Malta ! I ¡ ¡ Malta ! ! gritaron ;

Y fuiste á nuestros ojos la aureola Que orna la frente de la santa imagen. En quien busca, afanoso peregrino. La salud y el consuelo.

Jamás te olvidaré, jamás... Tan sólo Trocara tu esplendor, sin olvidarlo, Rey de la noche, y de tu excelsa cumbre La benéfica llama.

Por la llama y los fúlgidos destellos Que lanza, reflejando al sol naciente, El arcángel dorado que corona De Córdoba la torre.

JOSÉ DE ESPRONCEDA 91

JOSÉ DE ESPRONCEDA

1808-1842

Al Sol: Himno

Para y óyeme, ¡ oh Sol ! yo te saludo

Y extático ante ti me atrevo a hablarte : Ardiente como tú mi fantasía, Arrebatada en ansia de admirarte, Intrépidas a ti sus alas guía.

1 Ojalá que mi acento poderoso,

Sublime resonando,

Del trueno pavoroso

La temerosa voz sobrepujando,

¡ Oh Sol ! a ti llegara

Y en medio de tu cursó te parara !

] Ah ! si la llama que mi mente alumbra, Diera también su ardor a mis sentidos, Al rayo vencedor que los deslumhra, Los anhelantes ojos alzaría,

Y en tu semblante fúlgido atrevidos Mirando sin cesar los fijaría.

¡Cuánto siempre te amé, Sol refulgente

¡ Con qué sencillo anhelo,

Siendo niño inocente,

Seguirte ansiaba en el tendido cielo,

Y extático te vía

Y en contemplar tu luz me embebecía !

De los dorados límites de Oriente, Que ciñe ej rico en perlas Océano, Al término sombroso de Occidente

93 JOSÉ DE ESPRONCEDA

Las orlas de tu ardiente vestidura Tiendes en pompa, augusto soberano,

Y el mundo bañas en tu lumbre pura. Vivido lanzas de tu frente el día,

Y, alma y vida del mundo.

Tu disco en paz majestuoso envía

Plácido ardor fecundo,

Y te elevas triunfante,

Corona de los orbes centellante.

Tranquilo subes del Cénit dorado Al regio trono en la mitad del cielo, De vivas llamas y esplendor ornado,

Y reprimes tu vuelo :

Y desde allí tu fúlgida carrera Rápido precipitas

Y tu rica, encendida cabellera

En el seno del mar trémula agitas,

Y tu esplendor se oculta,

Y ei ya pasado día

Ccn otros mil la eternidad sepulta.

¡ Cuántos siglos sin fin, cuántos has visto En su abismo insondable desplomarse! ¡ Cuánta pompa, grandeza y poderío De imperios populosos disiparse 1 ¿Qué fueron ante ti? Del bosque umbrío Secas y leves hojas desprendidas, Que en círculos se mecen,

Y al furor de Aquilón desaparecen.

Libre tú de la cólera divina. Viste anegarse el universo entero Cuando las aguas por Jehová lanzada?. Impelidas del brazo justiciero,

Y a mares por los vientos despeñadas. Bramó la tempestad : retumbó en terne

JOS¿ D£ ESPUONCEDA 'tJ'ó

El ronco trueno y con terublor crujiex-on Los ejes de diamante de la tierra : Montes y campos fueron Alborotado mgr, tumba del hombre. Se estremeció el profundo;

Y entonces tú, como Señor del mundo, Sobre la tempestad tu trono alzabcís, Vestido de tinieblas,

Y tu faz engreías

Y a otros mundos en paz resplandecías.

Y otra vez nuevos siglos

Viste llegar, huir, desvanecerse En remolino eterno, cual las olas Llegan, se agolpan y huyen del Océano,

Y tornan otra vez a sucederse ; Mientra inmutable tú, solo y radiante, i Oh Sol I siempre te elevas,

Y edades mil y mil huellas triunfante.

¿Y habrás de ser eterno, inextinguible, Sin que nunca jamás tu inmensa hoguera Pierda su resplandor, siempre incansable, Audaz siguiendo tu inmortal carrera, Hundirse las edades contemplando,

Y solo, eterno, perenal, sublime, Monarca poderoso dominando? No ; que también la muerte

Si de lejos te sigue,

No menos anhelante te persigue.

j Quién sabe si, tal vez, pobre destello

Eres tú de otro sol, que otro universo

Mayor que el nuestro un día

Con doble resplandor esclarecía !

Goza tu juventud y tu hermosura ¡ Oh Sol ! que cuando el pavoroso día

94 NIGOMEDES PASTOR DÍAZ

Llegue que el orbe estalle y se desprenda De ia potente mano Del Padre Soberano,

Y allá a la eternidad también descienda Deshecho en mil pedazos, destrozado,

Y en piélagos de fuego Envuelto para siempre y sepultado :

De cien tormentas al horrible estruendo, En tinieblas sin fin tu llama pura Entonces morirá : noche sombría Cubrirá eterna la celeste cumbre: ¡ Ni aun quedará reliquia de tu lumbre !

NICOMEDES PASTOR DÍAZ 1811-1863

La Mariposa negra

Borraoa ya del pensamiento mío De la tristeza el importuno ceño : Dulce era mi vivir, dulce mi sueño,

Dulce mi despertar. Ya en mi pecho era lóbrego vacío El que uii tiempo rugió voicán ardiente; Ya no pasaban negras, por mi frente.

Nubes que hacen llorar.

Era una noche azul, serena, clara, Que embebecido en plácido desvelo, Alcé los ojos en tributo ai cielo.

De tierna gratitud, Mas 1 ay ! que apenas lánguido se alzara Este mirar de eterna desventura, Turbarse vi la lívida blancura

De la nocturna luz.

NICOMEDES PASTOR DÍAZ &5

Incierta sombra que mi sien circunda, Cruzar siento en zumbido revolante, Y con nubloso vértigo incesante

A mi vista girar. Cubrió la luz incierta, moribunda, Con alas de vapor, informe objeto ; Cubrió mi corazón terror secreto

Que no puedo calmar.

No, como un tiempo, colosal quimera Mi atónita atención amedrentaba ; Mis oídos profundo no aterraba

Acento de pavor : Que fué la aparición vaga y ligera ; Leve la sombra aérea y nebulosa, Que fué sólo una negra mariposa

Volando en derredor.

No, cual suele, fijó su giro errante La antorcha que alumbraba mi desvelo ; De su siniestro misterioso vuelo

La luz no era el imán. ¡ Ay ! que sólo el fulgor agonizante En mis lánguidos ojos abatidos. Ser creí de sus giros repetidos

Secreto talismán.

Lo creo, sí... que a mi agitada suerte Su extraña aparición no será en vano. Desde la noche de ese infausto arcano

¡Ay Dios!... aun no dormí. ¿Anunciaráme próxima la muerte? ¿O es más negro su vuelo repentino?... Ella trae un mensaje dol Destino!...

¡Yo... no le comprendí!

96 NICOMEDES PASTOR DÍAZ

Ya no aparece sólo entre las sombras ; Doquier me envuelve su funesto giro ; A cada instante sobre mí la miro

Mil círculos trazar. Del campo entre las plácidas alfombras, Del bosque entre el ramaje la contemplo

Y hasta bajo las bóvedas del templo...

Y ante el sagrado altar.

«Para calmar mi frenesí secreto Cesa un instante, negra mariposa : Tus leves alas en mi frente posa;

Tal vez me atiuietarás...» Mas redoblando su girar inquieto Huye, y parece que a mi voz se aleja,

Y revuelve, y me sigue, y no me deja...

{ Ni se para jnmás 1

A veces creo que un sepulcro amado Lanzó, bajo esta larva aterradora, El espíritu errante, que aun adora Mi yerto corazón.

Y una vez [ ay ! extático y helado, La vi, la vi... creciendo de repente, Mágica desplegar sobre mi frente

Nueva transformación.

Vi tenderse sus alas como un velo, Sobre un cuerpo fantástico colgadas, En rozagante túnica trocadas. So un manto funeral.

Y el lúgubre zumbido de su vuelo Trocóse en voz profunda melodiosa,

Y trocóse la negra mariposa

En Genio celestial.

KIGOMEDüS PAblOll DÍaZ 97

Cual sobre estatua de. ébano luciente Un rostro se aiza en ademán sublime, Do en pálido maríil su sello imprime

Sobrehumano dolor ; y de sus ojos el brillar ardiente, Fósforo de visión, íuego del cielo. Hiere en el alma... como hiere el vuelo

Del rayo vengador,

«Un momento ¡ gran Dios !» mis brazos yertos

Desesperado la tendí gritando :

«i Ven de una vez, la dije sollozando.

Ven y me matarás !» — Mas ¡ ay ! que, cual las sombras de los muertos, Sus formas vanas a mi voz retira,

Y de nuevo circula, y zumba y gira...

Y no para jamás...

¿Qué potencia infernal mi mente altera? ¿De dónde viene esta visión pasmosa? Ese Genio... esa negra mariposa,

(i Qué es?... ¿Qué quiere de mí?... En vano llamo á mi ilusión, quimera ; No hay más verdad que la ilusión del alma : Verdad fué mi quietud, mi paz, mi calma...

Verdad... que ya perdí!

For ocultos resortes agitado

Vuelvo al llanto otra vez hondo y doliente,

Y mi canto otra vez vuela y mi mente

A esa extraña región, Do sobre el cráter de un abismo helado Las nieves del volcán se derritieron... Al fuego que ligeras escendieron

Dos alas de crespón.

98 ENRIQUE GIL

ENRIQUE GIL

1815-1846

' La violeta

Flor deliciosa en la memoria mía, Ven mi triste laúd a coronar,

Y volverán las trovas de alegría En sus ecos tal vez a resonar.

Mezcla tu aroma a sus cansadas cuerdas; Yo sobre ti no inclinaré mi sien, De miedo, pura flor, que entonces pierdas Tu tesoro de olores y tu bien.

Yo, sin embargo, coroné mi frente Con tu gala en las tardes del Abril, Yo te buscaba orillas de la fuente, Yo te adoraba tímida y gentil.

Porque eres melancólica y perdida,

Y era perdido y lúgubre mi amor ; .

Y en ti miré el emblema de mi vida

Y mi destino, solitaria flor.

Tú allí crecías olorosa y pura Con tus moradas hojas de pesar; Pasaba entre la yerba tu frescura. De la fuente al confuso murmurar.

Y pasaba mi amor desconocido, De un arpa oscura al apagado son, Con frivolos cantares confundido El himno de mi amante corazón,

ENRIgUE GIL y^

Yo busquü la hermandad de la desdicha En tu cáliz de aroma y soledad,

Y a tu ventura asemejé mi dicha,

Y u tu prléiüii mi antigua libertad.

I Cuántas meditaciones han pasado Por mi írente mirando tu arrebol ! ¡ Cuántas veces mis ojos te han dejado Para volverse al moribundo sol 1

i Qué de consuelos a mi pena diste Con tu calma y tu dulce lobreguez, Cuando la mente imaginaba triste El negro porvenir de la vejez !

Yo me decía : «Buscaré en las flores Seres que escuchen mi infeliz cantar, Que mitiguen con bálsamo de olores Las ocultas heridas del pesar.»

Y me apartaba, al alumbrar la luna, De ti, bañada en moribunda luz, Adormecida en tu vistosa cuna, Velada en tu aromático capuz.

Y una esperanza el corazón llevaba Pensando en tu sereno amanecer,

Y otra vez en tu cáliz divisaba Perdidas ilusiones de placer.

Heme hoy aquí : ¡ cuan otros mis cantares 1 j Cuan otro mi pensar, mi porvenir I Ya no hay flores que escuchen mis pesares, Ni soledad donde poder gemir.

100 EMIIIQU£ GIL

Lo secó todo el soplo de mi aliento,

Y naufragué convini doliente amor. Lejos ya de la paz y del contento, Mírame aquí en el valle del dolor.

Era dulce mi pena y mi tristeza; Tal vez moraba una ilusión detrás; Mas la ilusión voló con su pureza, Mis ojos i ay ! no la verán jamás.

Hoy vuelvo á ti, cual pobre viajero Vuelve al hogar que niño le acogió ; Pero mis glorias recobrar no espero, Sólo a buscar la huesa vengo yo.

Vengo a buscar mi huesa solitaria Para dormir tranquilo junto a ti, Ya que escuchaste un día mi plegaria,

Y un ser hermano en tu corola vi.

Ven mi tumba a adornar, triste viola,

Y embalsama mi oscura soledad ; Sé de su pobre césped la aureola Con tu vaga y poética beldad.

Quizá al pasar la virgen, de los valles. Enamorada y rica en juventud. Por las umbrosas y desiertas calles Do yacerá escondido mi ataúd,

Irá a cortar la humilde violeta

Y la pondrá en su seno con dolor,

Y llorando dirá : «¡ Pobre poeta 1

¡ Ya está aliada el arpa del amor I»

PABLO PIFERRER 101

PABLO PIFERRER

1817-1848

Canción de la Primavera

Ya vuelve la primavera :

Tiende sobre la pradera El verde manto — de la esperanza.

Sopla caliente la brisa :

Las nubes pasan aprisa, Y el azur muestran — de la esperanza.

La flor ríe en su capullo :

Canta el agua en su murmullo El poder santo — de la esperanza.

¿La oís que en los aires trina?

— «Abrid á la golondrina, Que vuelve en alas — de la esperanza. »-

Niña, la niña modesta :

El Mayo trae tu fiesta Que el logro trae — de tu esperanza.

Cubre la tierra el amor :

El perfume engendrador Al seno sube — de la esperanza.

102 PABLO PIFERRER

Todo zumba y reverdece :

Cuanto el son y el verdor crece, Tanto más crece — toda esperanza.

Sonido, aroma y color

Úñense en himnos de amor, Que engendra el himno — de la esperanza.

Morirá la primavera :

Mas cada año en la pradera Tornará el manto — de la esperanza.

La inocencia de la vida (Galle la gaita, — pare la danza)

No torna una vez perdida : 1 Perdí la mía !— ¡ ay mi esperanza !

La Cascada y la Campana

En cañada sombría — una cascada zumba ; De las peñas tajadas furiosa se derrumba, Y el negro sumidero en que bota y retumba La engulle toda.

He aquí que en lo más hondo, entre la niebla oscura Que la espuma levanta, misteriosa figura Asomaba la cara ; con siniestra amargura Me sonreía.

« — Tu que al abismo miras, mira en esta cascada «Del destino del hombre la imagen retratada: «Salta, brilla, retumba, se abisma, se anonada: «Después, ¿qué es de ella?

PABLO PIFERRER 103

))Un más allá no busques, ni a ella ni a tu suerte: ))Joven, raniina y brilla ; difunde, varón fuerte, ))E1 son de tu renombre ; después vendrá la muerte ))A anonadarte. — »

Del vértigo hecho presa, cedía al parasismo ; Núbleseme la vista clavada en el abismo : Cuando, con son lejano, retornóme a mí mismo »Una campana.

Abrí atento el oído, su palabra sonora Desde el valle me dijo : — (dú, hombre, espera y ora, ))Para que esta jornada, do toda pena mora, ))La cumplas, fuerte.

«Cuan dolorosa, es breve, el sepulcro, su fin; ))Más allá está tu patriii, un eterno confín, ))Y allí tormento eterno, o el celestial festín : wDirálo el Juicio.

))La imagen de tu suerte contempla en la cascadk : ))En la hoya del peñasco — entera se anonada ; «Mas por caño escondido rebrota en la llanada «Formando río.

))¿Lo ves que todo el valle serpentea y fecunda.^ «Su corriente a cien villas de riquezas inunda, «Hasta que en el océano — con eterna y profunda «Unión se abisma.

«Dentro en ti propio llevas un destello divino : «Su patria no es la tierra : el cielo es su destino, «Dios su océano inmenso: «dudas por el camino? «Ora y espera. — »

Su eco de peña en peña quebrantándose espira ; El sol la roja cúspide por vez postrera mira ; El aura vespertina — en las ramas suspira : Cayó la tarde.

104 GABRIEL GARCÍA Y TASSARA

GABRIEL garcía Y TASSARA

1817-1875

A Laura

Laura, Laura, soy yo. Mi triste acento Vaya esta vez á lastimar tu oído ; Eco desgarrador, hondo lamento Del amor y el placer desvanecido.

Laura, Laura, soy yo. Y el alma mía,

Tras el bien ideal siempre corriendo,

Con su nunca engañada simpatía.

Que aún te acuerdas de mí me está diciendo.

Que si amor suele unir los corazones Con guirnaldas que el céfiro arrebata, También tiene cadenas de eslabones Que la tumba quizá no los desata.

Yo arrastro esa cadena. Y tú, que un día, A cuya última luz morir debimos, Tu alma sintió lo que sintió la mía Y un alma sola para amar tuvimos,

Cuando anheles la dicha ; cuando, hastiada De tanto bien como halagó tu vidí>. Vuelvas la planta atrás por la encantada Región feliz de la ilusión querida,

Por m.ustias que halles las antiguas prendas, Las ílores muertas, los verdores secos, A mí te llevarán todas las sendas T de mí te hablarán todos los ecos.

Gabriel garcía y tassara 105

Mas no, no, que soy yo, Laura, es el niño Tínaido, silencioso, enamorado. Que llevaba en su pecho tu cariño Como esencia purísima encerrado ;

Es aquel niño que en el lento fuego De ignorada pasión se consumía,

Y alucinado y delirante y ciego, Adorada imposible, te veía ;

Que en su misma ilusión embebecido. Sin osar hasta tí tender su vuelo, Como en las alas de su amor subido, De tu divino amor se halló en el cielo ;

Aquel que tu alma desgarró mil veces Con celos, con rigores, con agravios, Que apuró la pasión hasta las heces. Pendiente de tus ojos y tus labios.

Laura, ¿lo escucharás? ¡Cuánto recuerdo A tu existencia y tu hermosura unido ! ¡ En cuáles mundos de ilusión me pierdo De tu nombre no más, Laura, al sonido !

Ora es la noche, el solitario monte. El moribundo sol y el viento blando. La alba luna que argenta el horizonte, Tú y yo en la soledad gozando, amando.

Ora ya el sol, con su primer mirada, Cuando los campos á dorar empieza,

Y en su lecho de flores reclinada Despertando al placer. Naturaleza;

1G6 GABRIEL GARCÍA Y TAS SARA

Y yo, aspu'ando en mi ilusión de amores, Las brisas de ámbar de la blanca aurora,

Y tú conmigo entretegiendo flores, Mi dulce Venus, mi brillante Flora.

0 ya en las. selvas bajo el rayo estivo, Entre alamedas de verdura y sombra, Al son del arroyuelo fugitivo, Adormecidos en la blanda alfombra,

Cual dos pastores de los siglos de oro De Arcadia ó de Amatunta en las florestas, De los goces del campo el gran tesoro Apurando los dos en largas siestas.

1 Oh, Laura ! Hasta los ecos balbucientes De la musa infantil de mi poesía, Hasta aquellas imágenes rientes, Olimpo de mi tierna fantasía;

Sí, todo, todo cuanto fué mi gloria En aquel tiempo, por mi mal, pasado. Revive y se levanta en mi memoria Al poder de tu nombre idolatrado ;

Y cuando considero lo presente

Y esta ausencia infinita considero, Pienso que de mí mismo estoy ausente

Y nada ya de la existencia espero.

Mejor fuera olvidar. Mas ¡ ay ! en vano

Quiero borrar del alma ilusionada

Aquel país de resplandor lejano.

Donde siempre te encuentro á mí abrazada.

GABRIEL GARCÍA Y TASSARA 107

¡Ay! ¿Por qué no es así toda la vida? ¿Por qué la dicha misma se convierte En sombra de dolor al alma asida Con recuerdo tenaz hasta la muerte?

¿Por qué al dejar con nuestra edad primera El palacio de encantos é ilusiones Donde se agota por la vida entera El raudal de las puras emociones ;

Por qué al pisar del mundo los umbrales, Cuando vais a espirar, horas dichosas. Por qué no se nos clavan cien puñales. Donde al menos muramos entre rosas?

¡Ah! c'For qué el corazón, copa vacía Del licor de la fe, del entusiasmo. No se nos cae del pecho, i oh, Laura !, el día Que en sus heces gustamos el sarcasmo?

¿Por qué llega en la vida un fiero instante Que, aún del amor que verdadero ha sido, Sólo queda un recuerdo agonizante Cual la luz de la timaba del olvido?

¿Por qué, por qué también el tiempo corre En lo que nunca se soñó pasado,

Y esto te escribo yo sin que lo borre Sangre del corazón despedazado?

¿Por qué al primer amor sobrevivimos, Al primer dios, lí la primer creencia,

Y altares á otros dioses erigimos

O sólo queda un dios, la indiferencia?

108 GABRIEL GARCÍA \ TAS SARA

Pero no temas, no, que yo marchite De tus dulces creencias los objetos ; No temas, no, que en tu presencia agite De mi seca razón los esqueletos ;

Que aún de tu vista y de tu voz lejano. Como en la aurora de mi amor, yo siento El noble freno de tu hermosa mano, El blando influjo de tu blando acento.

Reconóceme, Laura ; soy el mismo ;

Un inmenso volcán mi fantasía ;

Mi mente, abismo, inmensurable abismo,

Y tuya, siempre tuya, el alma mía.

Y ¡ oh ! 1 Si aún pudiera reclinar mi frente En el seno feliz de tus hechizos,

Y sentir agitar tu mano ardiente

De mi sien juvenil los blondos rizos !

I Oh ! i Si á mis ojos aún velar pudieras Con la venda feliz de tus halagos De esta imaginación, toda quimeras. El devorante fuego y los estragos !

Pero no puede ser. ¡ Dulces amores, Única dicha, cuánto breve cierta. Aunque volvierais con las mismas flores, Vuestro sol era el alma, y está yerta 1

j Oh, sueños 1 i Oh, memorias ! \ Oh, alegrías I I Oh, ya lejana cuanto dulce historia I Laura, no volverán aquellos días, Pero inmortales son en mi memoria.

iOsi ZORRILLA 109

JOSÉ ZORRILLA

1817-1893

F¿ reló

Cuando en la noche sombría Con la luna cenicienta, De un alto reló se cuenta La voz que dobla a compás , Si al cruzar la extensa plaza Se ve en su tarda carrera Rodar la mano en la esfera Dejando un signo detrás ;

Se fijan allí los ojos

Y el corazón se estremece, Que según el tiempo crece Más pequeño el tiempo es ; Que va rodando la mano

Y la existencia va en ella,

Y es la existencia más bella Porque se pierde después.

¡ Tremenda cosa es, pasando, Oir entre el ronco viento, Cuál se repliega violento, Desde un negro capitel. El son triste y compasado Del reloj, que da una hora En la campana sonora Que está colgada sobre él 1

lió JOSÉ ZORRILLA

Aquel misterioso círculo, De una eternidad emblema Que está como una anatema Colgado en una pared, Rostro de un ser invisible En una torre asomado, Del gótico cincelado Envuelto en la densa red,

Parece un ángel que aguarda La hora de romper el nudo Que ata el orbe, y cuenta mudo Las horas que ve pasar;

Y avisa al mundo dormido, Con la punzante campana, Las horas que habrá mañana De menos al despertar.

Parece el ojo del tiempo Cuya viviente pupila Medita y marca tranquila El paso a la eternidad; La envió a reir de los hombres La Omnipotencia divina. Creó el sol que la ilumina Porque el sol es la verdad.

Así a la luz de esa hoguera Que ha suspendido en la altura, Crece la humana locura. Mengua el tiempo en el reló; El sol alumbra las horas

Y el reló los soles cuenta. Porque en su marcha violenta No vuelva el sol que pasó.

ÍOsé ZORRILLA lil

Tremenda cosa es, por cierto, Ver que un pueblo se levanta,

Y se embriaga y rie y canta De una plaza en derredor;

Y ver en la negra torre Inmoble un reló marcando Las horas que va pasando En su báquico furor.

Tal vez detrás de la esfera Algún espíritu yace, Que rápidamente hace Ambos punzones rodar. Quizá al declinar el día Fara hundirse en occidente, Asoma la calva frente El universo a mirar.

Quizá a la luz de la luna, Allá en la noche callada, Sobre la torre elevada A meditar se asentó :

Y por la abierta ventana. Angustiado el moribundo, Al despedirse del mundo De horror transido le vio.

Quizá asomando a la esfera Las noches pasa y los días, Marcando la hora postrera De los que habrán de morir ; Quizá, la esfera arrancando, Asome al oscuro hueco El rostro nervioso y seco Con sardónico reir.

112 JOS^ ZORRlLtÁ

j Ay ! que es muy duro el destino

De nuestra existencia ver

En un misterioso círculo

Trazado en ima pared.

Ver ^n números escrito

De nuestro orgulloso ser,

La miseria... el polvo... nada.

Lo que será nuestro fué;

Es triste oir de una péndola

El compasado caer,

Como se oyera el ruido

De los descarnados pies

De la muerte, que viniera

Nuestra existencia a romper :

Oir su golpe acerado

Repetido una, dos, tres,

Mil veces, igual, continuo

Como la primera vez,

Y en tanto por el oriente Sube el sol, vuelve a caer, Tiende la noche sa sombra,

Y vuelve el sol otra vez,

Y viene la primavera,

Y el crudo invierno también ; Pasa el ardiente verano. Pasa el otoño y se ven Tostadas hojas y flores Desde las ramas caer.

Y el reló dando las horas

Que no habrán más de volver ;

Y murmurando a compás Una sentencia cruel.

Susurra el péndulo : — «¡ Nunca I ¡ Nunca ! ¡ Nunca» — vuelve a ser Lo que allá en la eternidad Una vez contado fué.

RAMÓN DE CAMPOAMOR ll3

RAMÓN DE CAMPOAMOR

1817-1901

Lo que hace el tiempo

A Blanca Rosa de Osma

Con mis coplas, Blanca Rosa, Tal vez te cause cuidados

Por cantar Con la voz ya temblorosa,

Y los ojos ya cansados

De llorar.

Hoy para tí sólo hay glorias,

Y danzas y flores bellas ;

Mas después, Se alzarán tristes memorias. Hasta de las mismas huellas

De tus pies.

En tus fiestas seductoras

¿No oyes del alma en lo interno

Un rumor. Que lúgubre á todas horas. Nos dice que no es eterno

Nuestro amor?

1 Cuánto á creer se resiste Una verdad tan odiosa

Tu bondad! ¡ Y esto fuera menos triste Si no fuera, Blanca Rosi,

Tan verdad 1

114 RAMÓN DE CAMlPOAMOR

Te aseguro, como amigo,

Que es muy raro, y no te extrañe,

Amar bien. Siento decir lo que digo; Pero ¿quieres que te engañe

Yo también?

Pasa un viento arrebatado, "Viene amor, y á dos en uno

Funde Dios ; Sopla el desamor helado,

Y vuelve á hacer, importuno,

De uno, dos.

Que amor, de egoísmo lleno, A su gusto se acomoda

Bien y mal; En él hasta herir es bueno, Se ama ó no ama, aquí está toda

Su moral.

¡ Oh 1 j qué bien cumple el amante. Cuando aun tiene la inocencia, Su deber 1

Y ¡ cómo, más adelante. Aviene con su conciencia

Su placer I

¿Y es culpable el que, sediento,

Buscando va en nuevos lazos li]

Otro amor? .|

I Sí ! culpable como el viento Que, al pasar, hace pedazos

Una flor.

Ramón dé campoamor 113

¿Verdad que es abominable Que el corazón vagabundo

Mude así, Sin ser por ello culpable, Porque esto pasa en el mundo

Porque sí?

Se ama una vez sin medida,

Y aun se vuelve á amar sin tino

Más de dos. ¡ Cuan versátil es la vida I i Cuan vano es nuestro destino,

Santo Dios 1

El lleve tu labio ayuno A algún manantial querido

De placer, Donde dichosa, ninguno Te enseñe nunca el olvido

Del deber.

Siempre el destino inconstante Nos da cual vil usurero

Su favor: Da amor primero y no amante ; Después mucho amante, pero

Poco amor.

Tranquila á veces reposa,

Y otras se marcha volando

Nuestra fé.

Y esto pasa, Blanca Rosa, Sin saber cómo, ni cuándo,

Ni por qué.

1Í6 RAMÓN DE CAMPOAMOR

Nunca es estable el deseo, Ni he visto jamás terneza Siempre igual.

Y ¿á qué negarlo? No creo Ni del bien en la fijeza,

Ni del mal.

Este ir y venir sin tasa,

Y este moverse impaciente,

Pasa así, Porque así ha pasado y pasa, Porque sí, y ¡ ay ! solamente

Porque sí.

I Cuan inútil es que huyamos De los fáciles amores

Con horror, Si cuanto más las pisamos. Más nos embriagan las flores

Con su olor! *

El cielo sin duda envía La lucha á la tormentosa

Juventud ; Pues ¿qué mérito tendría Sin esfuerzos, Blanca Rosa^

La virtud !

i Ay ! un alma inteligente, Siempre en nuestra alma divisa

Una flor. Que se abre irif aliblemente Al soplo de alguna brisa

De otro amor.

RAMÓN DE CAMPOAMOR 117

Mas dirás : — ^ Y en qué consiste

Que todo á mudar convida? — ^

1 Ay de mí 1 En que la vida es muy triste... Pero aunque triste, la vida

Es así.

Y si no es amor el vaso Donde el sobrante se vierte

Del dolor, Pregunto yo : — i Es digno acaso De ocuparnos vida y muerte

Tal amor? —

Nunca sepas, Blanca Rosa, Que es la dicha una locura,

Cual yo sé; Si quieres ser venturosa, Ten mucha fe en la ventura.

Mucha fe.

Si eres feliz algún día,

¡ Guay, que el recuerdo tirano

De otro amor No se filtre en tu alegría, Cual se desliza un gusano

Roedor 1

Tú eres de las almas buenas, Cuyos honrados amores

Siempre son Los que bendicen sus penas, Penas que se abrpn en flores

De pasión.

118 RAMÓN DE CAMPOAMOR

Con tus visiones hermosas, Nunca de tu alma el abismo

Llenarás, Pues la fuerza de las cosas Puede más que Hércules mismo,

¡ Mucho más ! . . .

Si huye una vez la ventura, Nadie después ve las flores

Renacer Que cubren la sepultura De los recuerdos traidores

Del ayer.

¿Y quién es el responsable De hacer tragar sin medida

Tanta hiél? ¡ La vida ! ¡ esa es la culpable I La vida, sólo es la vida

Nuestra infiel.

La vida, que desalada, De un vértigo del infierno

Corre en pos : Ella corre hacia la nada : ¿Quieres ir hacia lo eterno?

Vé hacia Dios.

1 Si ! corre hacia Dios, y El haga Que tengas siempre una vieja

Juventud. La tumba lodo lo traga; Sólo de tragarse deja

La virtud.

VENTURA RUÍZ DE AGUILERA 119

VENTURA RUIZ DE AGUILERA

1820-1881

El silencio

El Llobregat corría

Con movimiento blando,

A mis pies murmurando;

Yo no sé qué decía

Desde su oscuro lecho ;

Sólo sé que su voz sonó en mi pecho

Con vaga y melancólica armonía.

Aun el beso fugaz siento del aura Que el ánimo restaura,

Y el olor de los pinos solitarios Que coronan los montes. Límite de serenos horizontes ; Oigo el débil quejido

Del pájaro nocturno En las breñas perdido,

Y su sordo aleteo ;

Y el insecto que zumba ;

Y aún hoy la luna veo,

Cual lámpara colgada ante la tumba Que un ser amado encierra, Bañando las profundas soledades Del cielo y de la tierra.

Pero no, este silencio no es la muerte Helada, inmóvil, muda, La que el alma sin fe sueña y advierte : Pesde la dura piedra

120 VENTURA RUÍZ DE AGUILERA

Que el musgo cubre y la amorosa hiedra,

Hasta la peña colosal desnuda;

La quietud de los campos, y la sombra;

El lucero ; la nube

(Gracioso y casto velo

Tras el cual centellea);

El Montserrat, que sube

Soberbio escalonándose hasta el cielo,

Pilar robusto aquél, y éste corona

De la santa patrona

Que al pueblo catalán tiende su manto,

Forman todos el canto

Sublime del silencio.

Con palabras sin voz, de poder tanto

Que el alma las entiende,

Y, embriagado por ellas.

Su movimiento el corazón suspende.

1 Oh noche, ; Oh soledad ! i Oh gran concierto Que oye sólo el espíritu despierto,

Y IaO el torpe sentido !

A tu conjuro misterioso, vuelve

A ser, y se levanta lo que ha sido;

Las dormidas memorias.

Los días y los años,

Fantasmas de dolores y de glorias,

De placer, de esperanza y desengaños.

Aquí, el hogar paterno.

Templo de la alegría

Que iluminaba el sol de medio día,

O el rayo de la luna ;

Y en un rincón la cuna, Ayer tranquila nave

Que arrulló la niñez de un inocente, A quien hoy arrebata la corriente

VENTURA RUÍZ DE AGUILERA 121

En los revueltos mares de la vida, Por furiosas tormentas comljatida.

Allá, la verde alfombra

Del valle solitario ;

El árbol, fiel amigo

Que fruta daba y sombra;

El viejo campanario.

Que la oración cantaba

Con acento monótono y profundo,

Y el tránsito de un alma á mejor mundo, O bien desde la aurora

Las fiestas celebraba

Del pueblo, y de la Patria vencedora.

Por aquí bulle inquieta

La alegre romería ; y en los huecos

De la colina escueta

Y el espacioso llano, Repiten, alejándose, cien ecos Del tamboril los rústicos sonidos Con cantares y danzas confundidos.

Y en faz dulce, halagüeña.

Como niño que sueña con las linda?, O con su madre y con el cielo sueña, Van pasando, en su féretro acostadas, Reinas de otros festines i ay 1 hermosas, Que vivieron la vida de las rosas;

Y pasan allá lejos... allá lejos... Donde la luna apenas da rellejos,

Al triste suspirar del bosque umbrío

Y el sollozo del río.

En el nirc y el cielo Hay ojos que nos miran,

Y bocas que suspií-au,

122 CAROLINA CORONADO

Y manos que nos llaman,

Y genios invisibles que nos aman :

Y de la selva oscura

For la intrincada y lóbrega espesura, De su paso veloz sin dejar huellas, Fantásticas visiones cruzan bellas, Quizá recuerdos pálidos de amores, Formas, tal vez, de sueños seductores, De nuestro corazón, tal vez, pedazos. Tendiéndonos los brazos,

Y virginal sonrisa Mandándonos en alas de la brisa.

En tanto, por el piélago infinito De esos mundos que en letras de luz tienen De Dios el nombre escrito. Su alto vuelo el espíritu desplega ; Ansioso de luz llega, Y, abismándose en él, ve más cercana La majestad de Dios, y compadece . La pequenez de la grandeza humana.

CAROLINA CORONADO

1821-1911

El amor de los amores

¿Cómo te llamaré para que entiendas Que me dirijo á tí, dulce amor mío, Cuando lleguen al mundo las ofrendas Que desde oculta soledad te envío?...

CAROLINA CORONADO 123

A tí, sin nombre para mí en la tierra, ¿Cómo te llamaré con aquel nombre, Tan claro, que no pueda ningún hombre Confundirlo, al cruzar por esta sierra?

¿Cómo sabrás que enamorada vivo Siempre de tí, que me lamento sola Del Gévora que pasa fugitivo Mirando relucir ola tras ola?

Aquí estoy aguardando en una peña A que venga el que adora el alma mía; ¿Por qué no ha de venir, si es tan risueña La gruta que formé por si venía?

¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzales Todos en ñor, y acacias olorosas,

Y cayendo en el agua blancas rosas,

Y entre la espuma lirios virginales?

Y ¿ por qué de mi vista has de esconderte ; Por qué no has de venir si yo te llamo?

i Porque quiero mirarte, quiero verte

Y tengo que decirte que te amo I

¿Quién nos ha de mirar por estas vegas Como vengas al pie de las encinas, Si no hay más que palomas campesinas Que están también con sus amores ciegas?

Pero si quieres esperar la luna, Escondida estará en la zarza-rosa,

Y si vienes con planta cautelosa No nos podrá sentir paloma alguna.

124 CAROLINA CORONADO

Y no temas si alguna se despierta, Que si te logro ver, de gozo muero,

Y aunque después lo cante al mundo enteró, ¿Qué han de decir los vivos de una muerta?

Como lirio del sol descolorido

Ya de tanto llorar tengo el semblante,

Y cuando venga mi gallardo amante, Se pondrá al contemplarlo entristecido.

Siempre en pos de mi amor voy por la tierra

Y creyendo encontrarle en las alturas, Con el naciente sol trepo á la sierra, Con la noche desciendo á las llanuras.

Y hallo al hambriento lobo-^n mi camino

Y al toro que me mira y que me espera ; En vano grita el pobre campesino

«No cruces por la noche la ribera».

En la sierra de rocas erizada,

Del valle entre los árboles y flores.

En la ribera sola y apartada

He esperado al amor de riiis amores.

A cada instante lavo mis mejillas Del claro manantial en la corriente,

Y le vuelvo á esperar más impaciente Cruzando con afán las dos orillas.

A la gruta te llaman mis amores ; Mira que ya se va la primavera

Y se marchitan las lozanas flores Que traje pera tí de la ribera.

CAKOLINA CORONADO 123

Si estás entre las zarzas escondido

Y por verme llorar no me respondes, Ya sabes que he llorado y he gemido,

Y yo no sé, mi amor, por qué te escondes.

Tú pensarás, tal vez, que desdeñosa Por no enlazar mi mano con tu mano Huiré, si te me acercas, por el llano

Y á los pastores llamaré medrosa.

Fero te engañas, porque yo te quiero Con delirio tan ciego y tan ardiente. Que un beso te iba á dar sobre la frente Guando rae dieras el adiós postrero.

Dejaba apenas la inocente cuna

Cuando una hermosa noche en la pradera

Los juegos suspendí, por ver la luna,

Y en sus rayos te vi, la vez primera.

Otra tarde después, cruzando el monte, Vi venir la tormenta de repente,

Y por segunda vez, más vivamente Alumbró tu mirada el horizonte.

Quise luego embarcarme por el río

Y hallé que el son del agua que gemía, Como la luz mi corazón hería,

Y dejaba temblando el pecho mío.

Me acordé de la luna y la centella,

Y entonces conocí que eran iguales

Lo que sentí escuchando á los raudales. Lo que sentí mirando á la luz bella.

126 CAROLINA CORONADO

Vago, sin forma, sin color, sin nombre,

Espíritu de luz y agua formado,

Tú de mi corazón eras amado

Sin recordar en tu figura al hombre.

Ángel eres, tal vez, á quien no veo Ni lograré, jamás, ver en la tierra ; Pero sin verte en tu existencia creo Y en adorarte mi placer se encierra.

Por eso entre los vientos bramadores ^

Salgo á cantar por el desierto valle, Pues aunque en el desierto no te halle, Ya sé que escuchas mi canción de amores.

Y ¿quién sabe si al fin tu luz errante Desciende -con el rayo de la luna,

Y tan solo otra vez, tan solo una. Volveré á contemplar tu faz amante.^

Mas, s' no te he de ver, la selva dejo, Abandono por siempre estos lugares,

Y peregrina voy hasta los mares, A ver si te retratas en su espejo.

He venido á escuchar los amadores Por ver si entre sus ecos logro oirte, Porque te quiero hablar para decirte Que eres siempre el amor de mis amores.

Tú ya sabes, mi bien, que yo te adoro Desde que tienen vida mis entrañas, Y vertiendo por tí mares de lloro Me cansé de esperarte en las montañas.

CAilOLINA COllONADO 127

La gruta que formé para el estío La arrebató la ráfaga de Octubre... (íQué he de hacer allí sola al pie del río Que todo el valle con sus aguas cubre?

Y ¡ oh Dios ! quién sabe si de tí me alejo Conforme el valle solitario huyo, Si no suena jamás un eco tuyo Ni brilla de tus ojos un reflejo.

For la tierra i ay de mí I desconocida, Gomo el Gévora, acaso, arrebatada, Dejo mi bosque y a la mar airada, A impulso de este amor, corro atrevida

Mas si te encuentro á orilla de los mares. Cesaron para siempre mis temores, Porque puedo decirte en mis cantares Que til eres el amor de mis amores.

Aquí tu barca está sobre la arena : Desierta miro la extensión marina : Te llamo sin cesar con tu bocina

Y no pareces á calmar mi pena.

Aquí estoy en la barca, triste y sola, Aguardando á mi amado noche y día ; Llega á mis pies la espuma de la ola,

Y huye otra vez, cual la esperanza mía.

¡Blanca y ligera espuma trasparente, Ilusión, esperanza, desvarío. Como hielas mis pies con tu rocío El desencanto hiela nuestra mente I

128 CAROLINA CORONADO

Tampoco es en el mar á donde él mora, 2i\ en la tierra mi amor quizás existe : 1 Ay 1 dime si en la tierra te escondiste O si dentro del mar estás ahora.

Porque es mucho dolor que siempre ignores Que yo te quiero ver, que yo te llamo Solo para decirte que te amo, Que eres siempre el amor de mis amores!

Fero te llamo yo ¡dulce amor míol Como si fueras tú mortal viviente, Cuando solo eres luz, eres ambiente, Eres aroma, eres vapor del río.

Eres la sombra de la nube errante, Eres el son del árbol que se mueve, Y arnque á adorarte el corazón se atreve, Tú solo en la ilusión eres mi amante.

Hoy me engañas también como otras veces; Tú eres la imagen que el delirio crea. Fantasma del vapor que me rodea, Que con el fuego de mi aliento creces.

Mi amor, el tierno nmcr por el que lloro, Eres tan solo tú ¡ señor Dios mío ! Si te busco y te llamo, es desvarío De lo mucho que sufro y que te adoro.

Yo nunca te veré, porque no tienes Ser humano, ni forma, ni presencia : Yo siempre te amaré, porque en esencia Al alma mía como amante vienes.

EULOGIO FLOriKNTINO SANZ 139

Nunca en tu frente sellará mi boca El beso que al ambiente le regalo ; Siempre el suspiro que á tu amor exhalo Vendrá á quebrarse en la insensible roca.

Pero cansada de penar la vida, Cuando se apague el fuego del sentido, Por el amor tan puro que he tenido Tú me darás la gloria prometida.

Y entonces al ceñir la eterna palma, Que ciñen tus esposas en el cielo. El beso celestial, que darte anhelo, Llena de gloria te dará mi alma.

EULOGIO FLORENTINO SANZ 1825-1831

El color de los ojos

Una niña de quince (cuando apenas Frisaba yo en los veinte); cierto dia !)cl perfumado mes de las verbenas Ya del trémulo sol en la agonía, Con sus pupilas de cambiantes llenas

Y húmedas las pestañas, — me decía : «Negros tiene los ojos!... No los miro Frente á frente jamás... y es que recelo Que se me exhalo el alma en un suspiro 1...» — X sepultó la frente en su pañuelo.

La niña enamorada, Con el amor ausente,

Y en eiisuefios de virgen arrullada, ¿US ojoíe entornó y hundió la trente,

Í30 EULOGIO FLOKEISTINO SANZ

For ver, entre las nieblas de su mente, La inolvidable luz de una mirada.

Yo respeté su sueño. — Parecía Que el aura entre las flores, Por aromar su sueño las mecía ; y que en la selva umbría Cantaban á su amor los ruiseñores : Mientras la virgen, pálida de amores, <(¡ Son tan negros sus ojos !» repetía. Al fin le dije: «Niña, no sabes cuál te engañas... Si tan queridos ojos, por ser i ay ! tan queridos, Lumbre son de tus ojos, y afán de tus entrañas,

Y á su mirar tu seno responde con latidos ;

— No al color atribuyas su irrresistible encanto, Ni digas «¡ Son tan negros !» sino «¡ Los qaiero tanto 1» Porque, si azules fuesen los que te van al alma, Supieran, cual los negros, aniquilar tu calma...

Y su azul adoraras, como su negro adoras ;

Y en penas ó alegrías De tus febriles horas, Con miradas azules soñarías ! «¡Son tan negros!» murmuras... mas no aciertas:

Con su fuego te inflamas, Que no con su color... y es que sus puertas Tu pobre corazón les tiene abiertas

Y que los amas tú... porque los amas!» —

Como la niña lloraba tanto, «Niña» le dije — «Niña, no llores !» Y con sonrisa, bañada en llanto, — «Dulce,» repuso — «suena su canto, Pero c'qué cantan los rniseñores?» — Los ruiseñores entre el follaje. Cantando amores — le respondí — Dan á las auras algún mensaje... — Pero qué cantan? — Óyelo — Di. —

EULOGIO FLOriENTlKO SAN 2 131

Sobre el color de los ojo5

Hablan contigo en su camo ;

Que han notado tus enojos

Y que están los tuyos rojos

Porque los escalda el llanto. Oye la dulce canción de amores Que te dedican los ruiseñores I — Dije, y la niña prestó el oido Turbios sus ojos clavando en mi :

Y al repetirme con un gemido, «Pero (tqué cantan?» canté yo así: —Corazón, que en tiernos años, Por unos ojos te pierdes ;

Para entender sus amaños. No mires si son castaños, Negros, azules ó verdes.

Que en todos los colores

Por la expresión iguales,

Reflejan los amores, Sin que distingas en sus cristales A los leales De los traidores. Ojos que miran amando. Siempre miran convenciendo ; Y, aunque apagarlo simulen, Siempre el amor salta dentro.

Y no son los matices, ni los colores, Lo que á los ojos hace tan bellos;

Sino el rayo de amores

Que brilla en ellos. «¡Dame tu amor... ó me mato!» Dicen unos ojos negros ;

Y dicen unos azules

«¡Dame tu amor... ó me muero!» Y, aunque apagarlo simulen, Siempre el amor salta dentro ;

Y ojos quo miran amando,

132 ABELARDO LÓPEZ DB AVALA

Miran «-iompre convenciendo. Y toiIo5 FUS colores, Por la espresión iguales, Reílejftn los amores; Sin que distingas en sus cristales A los leales De los traidores.

Corazón que, en tiernos años, For unos ojos te pierdes; Para entender sus amaños, No mires si son castaños. Negros, azules ó verdes.

ADELARDO LÓPEZ DE AYALA

1828-1879

El Sol y la Noche

Encendido en sus propias llamaradas La sed devora al luminar del día, Y, eterno amante de la noche fría. Persigue sus espaldas enlutadas.

Ansioso de sus sombras regaladas.

En vano corre la abrasada vía :

Que él mismo va poniendo el bien que ansia,

Donde nunca penetran sus miradas.

La dicha ausente, y el afán consigo. Arde y redobla su imposible instancia. Llevando en sus entrañas su enemigo... —

FEDERICO BALART 113

I Así corro con bárbaro, constancia,

y siempre encuentro mi ansÍL'dad conmigo,

Y el bien ansiado a la mayor distancia.

Sin palabras

Mil veces, con palabras de dulzura, Esta pasión comunicarte ansio ; Mas ¿qué palabras hallaré, bien mío, Que no haya profanado la impostura?

Penetre en tí, callada, mi ternura. Sin detenerse en el menor desvío : Como rayo de luna en claro río, Como aroma sutil en aura pura.

Ábreme el alma silenciosamente Y déjame que inunde, satisfecho. Sus regiones, de amor y encanto llenas.

Fiel pensamiento, animaré tu mente; Afecto dulce, viviré en tu pecho ; Llama suave, correré en tus venas.

FEDERICO BALART

1831-1905

Reverberación

Charco donde hallo el sol reproducido Tanto las turbias aguas ennobleces Con la imagen prestada, que pareceí Fragmento de los cielos desprendido.

134 FEDERICO BALART

Mas, si a impulso del viento, sacudido, Tus linfas tenebrosas estremeces, A los ojos atónitos ofreces El cieno en tus entrañas escondido.

1 Oh, mente humana, charco de agua oscura Cuando tus olas la impiedad altera ^ Muestras por fondo el vicio o la locura;

Y bajo el hueco de la azul esfera. Solo pareces bella, y clara, y pura, Cuando Dios en tu seno reverbera 1

Restitución

Estas pobres canciones que te consagro,

En mi mente han nacido por un milagro.

Desnudas de las galas que presta el arte.

Mi voluntad en ellas no tiene parte :

Yo no sé resistirlas ni suscitarlas ;

Yo ni aun sé comprenderlas al formularlas;

Y es en mí su lamento, sentido y grave. Natural como el trino que lanza el ave. Santas inspiraciones que tú me envías, Puedo decir, esposa, que no son mías : Pensamiento y palabra de tí recibo ;

Tú en silencio las dictas ; yo las escribo.

Desde que abandonaste nuestra morada, De la mortal escoria purificada, Transformado está el fondo del alma mía,

Y voces oigo en ella que antes no oía.

Todo cuanto, en la tierra y el mar y el viento, Tiene matiz, aroma, forma ó acento, De mi ánimo abatido turba la calma

Y en canción >e convierte dentro del alma.

FEDERICO BALART 135

Y es que, en estas tinieblas donde me pierdo, Todo está confundido ron tu recuerdo :

1 Sin él, todo es silencio, sombra y vacío En la tierra y el viento y el mar bravio I

Revueltos peñascales, áspera breña Donde salta el torrente de peña en peña ; Corrientes bullidoras del claro río; Religiosos murmullos del bosque umbrío ; Tórtola que en sus frondas unes tus quejas Al calmante zumbido de las abejas ; Águila que levantas el corvo vuelo For el azul espacio que cubre el cielo ; Golondrina que emigras cuando el Octubre, Con sus pálidas hojas el suelo cubre,

Y al amor de tu nido tornas ligera Cuando esparce sus flores la primavera ; Aura mansa que llevas, en vuelo tardo. Efluvios de azucena, jazmín y nardo; Brisas que en el desierto sois mensajeras De los tiernos amores de las palmeras — (¡ De las pobres palmeras que, separadas, Se miran silenciosas y enamoradas !) ; — Pardas nieblas del valle, nieves del monte, Cambiantes y vislumbres del horizonte; Tempestad que bramando con ronco acento Tus cabellos de lluvia tiendes al viento ; Solitaria ensenada, restinga ignota Donde oculta su nido la gaviota ;

Olas embravecidas que pone á raya Con sus rubias arenas la corva playa ; Grutas donde repiten con sordo acento Sus querellas y halagos la mar y el viento ; Velas desconocidas que en lontananza Pasáis como los sueños de la esperanza; Nebuloso horizonte, tras cuyo velo Sus límites confunden la mar y el cielo ;

155 FEDERICO BALART

Rayo de sol poniente que te abres paso Por los rotos celajes del triste ocaso; Melancólico rayo de blanca luna Reflejado en la cresta de escueta duna; Negra noche que dejas de monte á monte Granizado de estrellas el horizonte; Lamento misterioso de la campana Que en la nocturna sombra suena lejana, Pidiendo por ciudades y por desiertos La oración de los vivos para los muertos ; Plegaria que te elevas entre la nube Del incienso, que en ondas al cielo sube, Cuando al Señor dirigen himnos fervientes Santos anacoretas y penitentes : Catedrales ruinosas, mudas y muertas, Cuyas góticas naves hallo desiertas, Cuyas leves agujas, al cielo alzadas, Parecen oraciones petrificadas; Torres donde, por cima de la veleta Que á merced de los vientos se agita inquieta, Señalando regiones que nadie ha visto. Tiende inmóvil sus brazos la fé de Cristo : Luces, sombras, murmullos, flores, espumas, Transparentes neblinas, espesas brumas, Valles, montes, abismos, torm.entas, mares, Auras, brisas, aromas, nidos y altares, — Vosotras en el fondo del alma mía Despertáis siempre un eco de poesía : Y es que siempre á vosotros encuentro unido El recuerdo dohente del bien perdido. Sin él, ¿qué es la grandeza, qué es el tesoro De la tierra y el viento y el mar sonoro?

Ya lo ves : las canciones que te consngro, En mi mente han nacido por un milagro, Nada en ellas es mío, todo es don tuyo: Por ©50 á tí, d© hÍBejos, las restituyo»

FEDERICO ilALART 137

¡Pobres hojns caídns de In nrholedn, Sin su verdor el alma desnuda queda I

Pero no, que aun te delien mis desventuras Otras más delicadas, otras más puras : Cauciones que, por miedo de profanarlas, En el alma conservo sin pronunciarlas, Recuerdos de las horas que, embelesado, En nuestro pobre albergue pasé á tu lado. Cuando al alma y al cuerpo daban pujanza Juventud y cariño, fé y esperanza ; Cuando, lejos del mundo parlero y vano, íbamos por la vida, mano con m^no ; Cuando, húmedos los ojos, juntas las palmas, En una se fundían nuestras dos almas : Canciones silenciosas que el alma hieren ; Canciones que en mí nacen y que en mí mueren; ¡Hechizadas canciones, con cuyo encanto A mis áridos ojos se agolpa el llanto !

Y aun á veces aplacan mis amarguras Otras más misteriosas, otras más puras ; Canciones sin palabra, sin pensamiento, Vagas emanaciones del sentimiento ; Silencioso gemido de amor y pena Que, en el fondo del pecho, callado suena; Aspiración confusa qne, en vivo anhelo. Ya es canción, ya plegaria que sube al cielo ; Inquietudes del alma, de amor herida ; Vagos presentimientos de la otra vida ; Éxtasis de la mente que á Dios se lanza ; Luminosos destellos de la espera?iza ; Voces aue me aseguran que podré verte Cuando al mundo mis ojos cierre la muerte : ¡Canciones que, por santas, no tienen nombres En la lengua grosera que hablan los hombres ! Esas son las que endulzan mi amargo duelo ;

138 GASPAR NÚÑEZ DE ARCE

Esas son las que el alma llaman al cielo ; Esas de mi esperanza fijan el polo, — ¡ Y esas son las que guardo para mí solo 1

GASPAR NUÑEZ DE ARCE

1834-1903

Tristezas

Cuando recuerdo la piedad sincera

Con que en mi edad primera

Entraba en nuestras viejas catedrales,

Donde postrado ante la cruz de hinojos Alzaba á Dios mis ojos,

Soñando en las venturas celestiales ;

Hoy que mi frente atónito golpeo,

Y con febril deseo Busco los restos de mi fé perdida, Por hallarla otra vez, radiante y bella

Como en la edad aquella, (Desgraciado de mí! diera la vida.

1 Con qué profundo amor, niño inocente,

Prosternaba mi frente En las losas del templo sacrosanto ! Llenábase mi joven fantasía

De luz, de poesía. De mudo asombro, de terrible espanto.

Aquellas altas bóvedas que al cielo Levantaban mi anhelo;

Aquella majestad solemne y grave;

Aquel pausado canto, parecido A un doliente gemido,

Que retumbaba en la espaciosa nave ;

Gaspar núnez de arce 139

Las marmóreas y austeras esculturas

De antiguas sepulturas, Aspiración del arte á lo infinito ; La luz que por los vidrios de colores

Sus tibios resplandores Quebraba en los pilares de granito;

Haces de donde en curva fugitiva,

Fara formar la ojiva, Cada ramal subiendo se separa, Cual del rumor de multitud que ruega,

Cuando á los cielos llega, Surge cada oración distinta y clara ;

En el gótico altar inmoble y fijo

El santo crucifijo, Que extiende sin vigor sus brazos yertos, Siempre en la sorda lucha de la vida,

Tan áspera y reñida, Para el dolor y la humildad abiertos ;

El místico clamor de la campana

Que sobre el alma humana De las caladas torres se despeña, Y anuncia y lleva en sus aladas notas

Mil promesas ignotas Al triste corazón que sufre ó sueña ;

Todo elevaba mi ánimo intranquilo

A más sereno asilo : Religión, arte, soledad, misterio... Todo en el templo secular hacía

Vibrar el alma mía, Como vibran las cuerdas de nn salterio.

140 GASPAR NÚÑE2 DE AECE

Y a esta voz interior que sólo entiende

Quien crédulo se enciende En fervoroso y celestial cariño, Envuelta en sus flotantes vestiduras

Volaba á las alturas, Virgen sin mancha, mi oración de niño.

Su rauda, viva y luminosa huella Como fugaz centella

Traspasaba el espacio, y ante el puro

Resplandor de sus alas de querube, Rasgábase la nube

Que rae ocultaba el inmortal seguro.

j Oh anhelo de esta vida transitoria I ¡Oh perdurable gloria!

¡ Oh sed inextinguible del deseo !

¡ Oh cielo, que tintes para mí tenías Fulgores y armonías,

Y hoy tan oscuro y desolado veo !

Ya no templas mis íntimos pesares, Ya al pié de tus altares

Como en mis años de candor no acudo.

Para llegar á tí perdí el camino, Y errante peregrino

Entre tinieblas desespero y dudo.

Voy espantado sin saber por dónde ; .

Grito, y nadie responde A mi angustiada voz; alzo los ojos

Y á penetrar la lobreguez no alcanzo;

Medrosamente avanzo, y ine hieren el alma los abrojos.

GaSPAK NUiÑEZ DE ARCE 141

Hijo del siglo, en vnno me resisto

A su impiedad, | oh Cristo I Su grandeza satánica me oprime, Siglo de maravillas y de asombros,

Levanta sobre escombros Un Dios sin esperanza, un Dios que gime

¡ Y ese Dios no eres tú 1 No tu serena

Faz, de consuelos llena. Alumbra y guía nuestro incierto paso. Es otro Dios incógnito y sombrío :

Su cielo es el vacío, Sacerdote el error, ley el Acaso.

¡Ayl IS'o recircrda el ánimo suspenso

Un siglo más inmenso, Más rebelde á tu voz, más atrevido ; Entre nubes de fuego alza su frente,

Como Luzbel, potente; Pero también, como Luzbel, caído.

A medida que marcha y que investiga

Es mayor su fatiga, Es su noche más honda y más oscura, Y pasma, al ver lo que padece y sabe.

Cómo en su seno cabe Tanta grandeza y tanta desventura.

Como la nave sin timón y rota,

Que el ronco mar azota, Incendia el rayo y la borrasca mece En piélago ignorado y proceloso,

Nuestro siglo — coloso, Con la luz que le abrasa, resplandece.

Í4á GASPAR NÚÑEZ DE ARCE

I Y está la playa mística tan lejos I... I

A los tristes reflejos il

Del sol poniente se colora y brilla. El huracán arrecia, el bajel arde,

Y es tarde, es ¡ ay 1 muy tarde, I Para alcanzar la sosegada orilla.

(¡Qué es la ciencia sin fé? Corcel sin freno,

A todo yugo ajeno, Que al impulso del vértigo se entrega, Y á través de intrincadas espesuras,

Desbocado y á oscuras Avanza sin cesar y nunca llega.

¡Llegar I ¿Adonde?... El pensamiento humano

En vano lucha, en vano Su ley oculta y misteriosa infringe. En la lumbre del sol sus alas quema,

Y no aclara el problema, Ni penetra el enigma de la Esfinge.

j Sálvanos, Cristo, sálvanos, si es cierto Que tu poder no ha muerto 1

Salva á esta sociedad desventurada,

Que bajo el peso de su orgullo mismo Eueda al profundo abismo.

Acaso más enferma que culpada.

La ciencia audaz, cuando de tí se aleja.

En nuestras almas deja El germen de recónditos dolores. Como al tender el vuelo hacia la altura,

Deja su larva impura El insecto en el cáliz de las flores.

GUSTAVO A. BECQUER l43

Si en Cuta coníu.sión honda y sombría Es, Señor, todavía

Raudal de vida tu palabra santa,

Di á nuestra fé desalentada y yerta : — ¡ Anímate y desrierta 1

Como dijiste á Lázaro : — [ Levanta 1 —

GUSTAVO A. BECQUER

1836-1870

Espíritu sin nombre...

Espíritu sin nombre, Indefinible esencia, Yo vivo con la vida Sin formas de la idea.

Yo nado en el vacío. Del sol tiemblo en la hoguera, Palpito entre las sombras Y floto con las nieblas.

Yo soy el fleco de oro De la lejana estrella; Yo soy de la alta luna La luz tibia y serena.

Yo soy la ardiente nube Que en el ocaso ondea ; Yo soy del astro errante Luminosa la estela.

Í44 GUSTATO A. BÉCQÜEH

Yo soy nieve en las cumbres, Soy fuego en las arenas, Azul onda en los mares

Y espuma en las riberas.

En el laúd soy nota, Perfume en la violeta. Fugaz llama en las tumbas,

Y en las ruinas, hiedra.

Yo atrueno en el torrente,

Y silbo en la centella,

Y ciego en el relámpago,

Y rujo en la tormenta.

Yo río en los alcores, Susurro en la alta hierba, Suspiro en la onda pura

Y lloro en la hoja seca.

Yo ondulo con los átomos Del humo que se eleva,

Y al cielo lento sube En espiral inmensa.

Yo, rn lo? dorados hilos Que los insectos cuelgan, Me mezco entre los árboles En la ardorosa siesta.

Yo corro tras las ninfas Que en la corriente fresca Del cristalino arroyo Desnudas juguetean.

GUSTAVO A. BECQUER Í4¿

Yo, en bosque de corales, Que airümbran bluncas perlas, Persigo en el Océano Las náyades ligeras.

Yo en las cavernas cóncavas Do el sol nunca penetra, Mezclúndome a los gnomos Contemplo sus ■ riquezas.

Yo busco de los siglos Las ya borradas hutllas,

Y sé de los imperios

De que ni el nombre queda.

Yo sigo en raudo vértigo Los mundos que voltean,

Y mi pupila abarca La creación entera.

Yo sé de esas regiones A do un rumor no llega,

Y donde informes astros De vida un soplo esperan.

Yo soy sobre el abismo El puente que atraviesa ; Yo soy la ignota escala Que el cielo une a la tierra.

Yo soy el invisible Anillo que sujeta El mundo de la forma Al mundo de la idea.

146 GUSTAVO A. BECQt'Éiv

Yo, en fin, soy ese espíritu, Desconocida esencia, Perfume misterioso De que es vaso el poeta.

Del salón en el ángulo obscuro,

Del salón en el ángulo obscuro, De su dueño tal vez olvidada, Silenciosa y cubierta de polvo, Veíase el arpa.

i Cuanta nota dormía en sus cuerdas, Como el pájaro duerme en las ramas, Esperando la mano de nieve Que sabe arrancarlas I

I Ay I pensé ; ¡ cuantas veces el genio Así duerme en el fondo del alma, Y una voz, .como Lázaro, espera Que le diga : «; Levántate y anda !»

Tu pupila es azul...

Tu pupila es azul, y, cuando ríes. Su claridad suave me recuerda El trémulo fulgor de la mañana Que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul y cuando lloras Sus transparentes lágrimas en ella Se me figuran gotas de rocío Sobre u:ia violeta.

GUSTAVO A. BECQUEU 14?

Tu pupila es azul, y si en su fondo, Como un punto de luz radia una idea, Me parece en el ciclo de la larde ¡ Una perdida estrella 1

Dejé la luz a un lado...

Dejé la luz a un lado, y en el borde De la revuelta cama me senté. Mudo, sombrío, la pupila inmóvil Clavada en la pared.

¿Qué tiempo estuve así? No sé : al dejarme La embriaguez horrible del dolor, Expiraba la luz, y en mis balcones Reía el sol.

Ni sé tampoco en tan terribles horas En qué pensaba o qué pasó por mí; Sólo recuerdo que lloré y maldije, Y que en aquella noche envejecí.

Olas gigantes que os rompéis bramando.

Olas gigantes que os rompéis bramando En las playas desiertas y remotas. Envuelto entre las sábanas de espumas I Llevadme con vosotras 1

Ráfagas de huracán, que arrebatáis Del alto bosque las marchitas hojas, Arrastrado en el ciego torbellino i Llevadme con vosotras I

Í4Í ÍIUSXAVO A. ÉECQtlÉli

^^ube? de tempestad, que rompe el rayo Y en fuego ornáis las desprendidas orlas, Arrebatado entre la niebla obscura ¡ Llevadme con vosotras 1

Llevadme, por piedad, adonde el vértigo Con la razón me arranque la memoria... ¡Por piedad!... ¡Tengo miedo de quedarme Con mi dolor a solas I

Volverán las obscuras golondrinas...

Volvenin las obscuras golondrinas En tu balcón sus nidos a colgar,

Y otra vez, ron el ala, a tus cristales

Jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban. Tu hermosura y mi dicha al contemplar, Aquellas que aprendieron nuestros nombres. Esas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas mndeselvas De tu jardín las tapias a escalar,

Y otra vez a la tarde, aun más hermosas,

Sus flores se abrirán;

Pero aquellas, cuajadas de rocío, Cuyas gotas mirábamos temblar

Y caer, como lágrimas del día...

Esas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos Las palabras ardientes a sonar; Tu corazón de su profundo sueño Tal vez despertará;

GUSTAVO A. BECQUEn

Fero mudo y absorto y de rodilhs, Como se adora a Dios ante su altar, Como yo te he querido... dnseiigáñale, ¡ Así lio te querrán 1

Cerraron sus ojos

Cerraron sus ojos

Que V.UU tenía abiertos ;

Taparon su cara

Con un blanco lienzo :

Y unos sollozando, Otros en silencio, De la triste alcoba Todos se salieron.

La luz, que en un vaso Ardía en el suelo, Al muro arrojaba La sombra del lecho ;

Y entre aquella sombra Veíase a intervalos. Dibujarse rígida

La forma del cuerpo.

Despertaba el día,

Y a su albor primero, Con sus mil ruidos Despertaba el pueblo. Ante aquel contraste De vida y misterios, De luz y tinieblas Medité un momento : (i\Dios mío, qué solos Se quedan los muertos 1»

De la casa en hombros Lleváronla al temi)lo,

Y en una capilla Dejaron el féretro. Allí rodearon

Sus pálidos restos De auitirillas velas

Y de paños negros.

Al dar de las ánimas El toque postrero, Acabó una vieja Sus úitimos rezos ; Cruzó la ancha nave, Las puertas gimieron,

Y el santo recinto Quedóse desierto.

De un reloj se oía Compasado el péndulo,

Y de algunos cirios El ch¡s[>orroteo.

Tan medroso y tr!ST«, Tan obscuro y yei'to Todo se encontraDíi... Que pensé un mouKnto: «i Dios mw, qué solos Se quedan los muertos 1»

GUSTAVO A. BECQUER

De la alta campana La lengua de h'.erro, Le (lió volteando Su adiós lastimero. El luto en las ropas, Amigos y deudos Cruzaron en fiia : Formando el corte io.

En las largas noches Del helado invierno, Cuando las maderas Crugir hace el viento Y azota los vidrios El fuerte aguacero, De la pobre niña A solas me acuerdo.

Del último asilo, Obscuro y estrecho, Abrió la piqueta El nicho a un extremo. Allí la acostaron, Tapiáronla luego, Y con un saludo Despidióse el duelo.

La piqueta al hombro, El sepulturero Cantando entre dientes Se perdió a lo lejos. La noche se entraba. Reinaba el silencio ; Perdido en las sombras Medité un momento : «¡ Dios mío, qué solos Se quedan los muertos !»

Allí cae la lluvia Con un son eterno ; Allí la combate El soplo del cierzo. Del húmedo muro Tendida en el hueco, ¡ Acaso de frío Se hielan sus huesos!...

¿Vuelve el polvo al polvo? ¿ Vuela el alma al cielo ? (¡Todo es vil materia Podredumbre y cieno? I No sé ; pero hay algo Que explicar no puedo, Que al par nos infunde Repugnancia y duelo, Al dejar tan tristes Tan solos los muertos 1

En ¡a imponente nave...

En la imponente nave

Del templo bizantino,

Vi la gótica tumba, a la indecisa

Luz que temblaba en los pintados vidrioi.

GUSTAVO A. BECQUER 151

Las manos sobre el pecho, Y en las manos un libro, Una mujer hermosa reposaba Sobre la urna, del cincel prodigio.

Del cuerpo abandonado

Al dulce peso hundido,

Cual si de blanda pluma y raso fuera,

Le plegaba su lecho de granito.

De la. postrer sonrisa

El resplandor divino

Guardaba el rostro, como el cielo guarda

Del sol que muere el rayo fugitivo.

Del cabezal de piedra

Sentados en el filo,

Dos ángeles, el dedo sobre el labio,

Imponían silencio en el recinto.

No parecía muerta ;

De los arcos macizos

Parecía dormir en la penumbra,

y que en sueños veía el paraíso.

Me acerqué de la nave

Al ángulo sombrío,

Como quien llega con callada planta

Junto a la cuna donde duerme un niño.

La contemplé un momento, Y aquel resplandor tibio, Aquel lecho de piedra que ofrecía Próximo al muro otro lugar vacío,

162 VICENTE W. QUEROL

En el alma avivaron

La sed de lo infinito,

El ansia de esa vida de la muerte

Para la que un instante son los siglos.

Cansado del combate

En que luchando vivo,

Alguna vez recuerdo con envidia

Aquel rincón obscuro y escondido.

De aquella muda y pí'ilida

Mujer, me acuerdo y digo :

¡Oh, qué amor ton callado el de la muerte I

¡Qué sueño el del sepulcro tan tranquilo!

VICENTE W. QUEROL

1836-1889

Carta a mis hermanas

Desde el antiguo hogar, donde corrieron. Para nunca volver, los dulces años De nueslra infancia, donde eterno vive Vuestro recuerdo, hermanas, arrasados En lágrimas mis ojos, os escribo Palabras i ay 1 que escucharéis con llanto.

¡Todo subsiste como entonce?!... Penden Aún del alta pared los viejos cuadros De los Santos Doctores, cuyas negras Pupilas, en mí fijas, con extraño Mirar parecen conocerme. El péndulo

VICENTE W. QUEROL 153

Del reló suena en el obscuro ángulo,

Como una voz amiga que me cuenta

Lo que pasó en mi ausencia. El ancho patio

Cubren las yerbas, y la mansa fuente

Llora en él con susurro solitario

Nuestro infiel abandono, i En torno de ella,

Cuántas veces, sus aguas agitando,

De la nave de corcho, entre las olas.

Fingimos los horrores del naufragio I

Y ¡ cuántas veces las alegres risas

A su constante murmurar mezclamos !

Mudas están las salas, y está mudo

El largo corredor ; y las que. al paso

Abro, cerradas puertas, con gemidos

Plañideros responden que, entre el vago

Silencio, suenan como a voces tristes

De las muertas memorias del pasado.

El comedor de las alegres fiestas

Sin luz, y sin vajilla, y sin el blanco

Mantel, y sin los gritos clamorosos

De las felices horas. El retrato

Del abuelo preside silencioso

A la desierta mesa, que otros años

Circundó su familia, hoy esparcida

Como las hojas del otoño lánguido. -

Aún del hogar las pálidas pavesas

Son del tiempo que huyó el único rastro :

Imagen fiel, con sus cenizas frías,

De aquel perdido bien porque lloramos.

Pasé esta noche en el antiguo lecho,

Y, cuando el sueño bienhechor mis párpados

Cerró tras largo insomnio, las visiones

De los lejanos tiempos me asaltaron :

Os vi... niñas, os vi, como en los días

De la gozosa edad, cuando en mis brazos

Os levajitó para mirar los nidos

lo4 tícente w. querol

En la pared del huerto, ó bien del árbol

Para arrancar los codiciados frutos

Antes de sazonarse, i Ah 1 i cuan amargo

Fué luego el despertar!... ¡Que con vosotras

Ella estaba también, con sus dorados

Rizos, y azules ojos, y su frente

Pálida y blanca!... En mis convulsos labios

Sonó el grito de i Adela ! y aquel grito

Rompió mi vano sueño. Acongojado

Corrí del lecho hacia la estancia triste,

Donde en mis brazos espiró, y llorando ^

Aguardé que, á la luz de la mañana,

La sombra huyese del recuerdo infausto.

¡ Mis libros 1 Los queridos compañeros De mi perdida juventud ; los que algo Guardan entre sus páginas del puro Amor de mi niñez ; los que engendraron En mí el ansia de gloria, inútil gloria No lograda jamás ; los que el arcano Saben, tal vez, de mis febriles sueños ; Los que regué con mi abundoso llanto ; Los que, en largas vigilias solitarias. De Dios, del mundo y del dolor me hablaron... Aquí están polvorosos y esparcidos Sin mi piadoso afecto. Humilde esclavo Hoy de afanes terrenos ; bajo el yugo Doblada la cerviz, y uncido al carro De los vencidos de la suerte, evoco Como protesta indómita, aquel rayo De luz, que de los cielos desprendido Bañaba aquí mi frente, cuando al sacro Numen de la adorada poesía Di mi existencia entera en holocausto. ¡Todo subsiste como entonces!... Cubren El cenador del huerto los naranjos

VICENTE W. QUEUOL 15ü

Llenos de rojos frutos, y en sus copas Buscan refugio los alegres pájaros Cuando la tarde espira. La palmera Plantada por mi padre, con sus ramos Salva la cerca del jardín. Ha muerto La verde pasionaria cuyos vastagos. Con sus azules flores, la ventana De vuestro cuarto orlaban, y sin pámpanos Entrelazan las parras sus sarmientos Por los secos cañizos encorvados. iTodo subsiste como entonces!... Suena El esquilón del viejo campanario De la contigua iglesia, y suenan lentos Del transeúnte los medidos pasos Por la desierta calle. Las vecinas Charlan en el portal. Cantan los gallos Su repetido alerta. El golpe rudo Del martillo en el yunque oigo lejano, Y sueño, al fin, que de mi tierna infancia El curso han vuelto á renovar los hados.

Sólo vosotras me faltáis ; y basta Vuestra ausencia no más, para que rápidos Ansie que vengan los cercanos días De mi regreso. Los antiguos lazos De estas dulces memorias han podido Mí espíritu agobiar; pero en mi ánimo Puede más vuestro afecto. A donde el soplo Me lleve de la suerte, con las manos Apoyadas en mi hombro, iréis conmigo Por las ignotas sendas; y si al patrio Hogar volvemos, en los tristes días De la vejez, bajo el umbral que ansiamos De la paterna casa, encontraremos Al casto amor sobre el dintel sentado.

156 VICENTE W. QUEROL

Ausente

Ya promediado el curso de mi vida,

Y cuando en lontananza

Se hunde el pálido sol de la esperanza, Hacia la edad perdida Pláceme sólo que la mente vuelva, Cual vuelve el ave en el otoño al nido Que dejó, ingrata, en la africana selva.

Ella vuelve... yo no. Patria distante,

Con la que siempre enternecido sueño,

Como guarda el amante

La imagen fiel de su adorado dueño.

Yo de tu imagen propia

Guardo en el pecho la imborrable copia,

Y á tí, como el exceso,

El, de su aíán, enamorado calma.

Sellándola con prolongado beso.

Yo doy también los besos de mi alma.

Desde estas mustias y áridas colinas

Mirando hacia el Oriente

Pinjóme ver tus costas blanquecinas,

Tu alegre campo y cielo transparente.

De las volcadas urnas de tus ríos

Huye el raudal sonoro

Por los bosques umbríos

De naranjos en flor con frutos de oro ;

De tus jardines sube

Incesante el aroma de tus flores,

Como de incienso la sagrada nube

Del fuego del altar de los amores i

Bajan de tus montañas,

Conversando entre sí con rumor leve,

El arroye perdido entre las cañas

VICENTE VV. QUEllOL 157

Y el vieuto que las mueve; Posan en tus riberas, Olvidadas del vuelo,

Las raudas golondrinas pasajeras ; Copian tus lagos el azul del cielo ; Te dora el sol con lumbres de topacio,

Y á cada flor que brota de tu suelo

Se abre una estrella en tu anchuroso espacio.

Valle escondido en la montaña umbrosa;

Llano cubierto con la mies dorada;

Pradera deleitosa ;

Tai'de apacible y soledad callada;

Frondosos olivares ;

Palmas que el viento halagador cimbrea;

Campanario lejano de la aldea;

Vela perdida en 1 s azules mares;

Faldas del monte obscuras ;

Cimas, al rayo de la tarde rojas ;

Chozas de las llanuras,

Cuyos umbrales el parral sombrea;

Lluvia que baña las nacientes hojas ;

Brisa que las orea;

Cipreses de la ermita;

Altar lleno de luces y de aroma;

Gradas de piedra de la cruz bendita;

Torre del moro en la redonda loma;

Remanso del molino ;

Añades blancos de las verdes charcas;

Playas del mar dormido y cristalino ;

Redes colgadas de las viejas barcas;

Largo surco entreabierto

For la mojada tierra;

Negros frutales del antiguo huerto,

Y alta pared con yedras que lo cierra;

Canción de amor en el materno idioma

Por los senderos, cuando el alba asoma;

158 VICENTE W. QUEROL

Claras noches de estrellas;

Luna, del mar nacida;

Crepúsculos rojizos, cuyas huellas

Duran como una amante despedida;

Tiernas memorias bellas

Sois, con que engaño mi' dolor presente,

Forjándome con ellas

La imagen santa de mi patria ausente.

¡Cuántas veces á solas,

Junto á mi hogar, las noches del invierno,

Ciudad que arrullan las mugientes olas,

Con el conjuro tierno

Yo, del cariño filial te evoco,

Y, alucinado ó loco,

Fíngeme la memoria

Que por tus calles silenciosas entro,

Y á todas partes donde voy encuentro Hojas dispersas de mi humilde historial Viejo portal de la temida escuela

Do mi niñez, en cuyo fondo obscuro

Aún mi alma al flaco preceptor recela,

Plaza de nuestros juegos; tosco muro

Del easerón, en donde

La fantasma del cuento me figuro

Que aún de noche se esconde;

Iglesia á donde, niño.

Fui a extasiarme en las luces y en las flores,

Mancebo, fui a las citas del cariño,

Y hombre, á implorar consuelo en mis dolores ; Aulas donde al concurso

Explicaban las ciencias sus secretos,

Mientras que yo las páginas del curso

Llenaba de sonetos ;

Cuarto de mis lecturas;

Casa natal deshabitada y vieja;

Calle de las nocturnas aventuras,

VICENTE W. QUEROL IS^

Cuando rondaba la entornada reja ; Alamedas del río

Donde vagué soñando á mi albcdrío ; Fuentes que al paso hablábanme contentas; Arcos ojivos del dintel del templo ; Torres de nuestros padres, duro ejemplo De las férreas edades turbulentas,

Y ora mudos testigos

De cuanto fué y ha muerto;

Hogar de mis amigos,

Siempre á mi planta conocida abierto :

Vosotros sois el venturoso nido,

Donde el que siente un corazón que ama

Vive exento del miedo y del reproche;

Mientras que el nuevo hogar en que hoy resido

Es para mí como la estéril rama

Donde el ave al pasar duerme una noche.

Yo pido sólo á Dios que el primer rayo

De luz que vi bajo el paterno techo,

Sea el que alumbre mi postrer desmayo ;

Que, en torno de mi lecho,

Callada vele, al acabar mi vida.

La amistad de la infancia, con estrecho

Lazo su mano por mi mano asida ;

Que entre rotos sollozos comprimidos

Bañen mi faz con lágrimas y^ besos

Mis hermanos queridos,

Que son mi sangre y hueso de mis huesos;

Que de mi vida el apagado germen

Caiga en la fosa pobre y siempre abierta,

Donde de antiguo mis mayores duermen;

Y que al pasar mi espíritu la puerta De ese obscuro destino.

Ante el que tiembla la esperanza incierta,

Encuentre, señalándome el camino,

La dulce sombra de mi hermana muerta.

160 ROSALÍA DE CASTRO

ROSALÍA DE CASTRO 1837-1885

Una vez tenia un clavo

Una vez tenía un clavo Clavado en el corazón,

Y no recuerdo ya si era aquel clavo

De oro, de hierro o de amor. Sólo sé que me hizo un mal tan hondo,

Que tanto me atormentó, Que día y noche sin cesar lloraba Cual lloró Magdalena en la pasión.

«Señor, que todo lo puedes,

— Pedíle una vez a Dios — , Dame valor para arrancar de un golpe

Clavo de tal condición».

Diómelo Dios y arranquelo ;

Mas... ¿quién pensara .í> Después

Ya no sentí más tormentos

M supe qué era dolor; Supe solo que un algo me faltaba

Donde el clavo me faltó,

Y en seguida empecé a sentir saudades

De aquella pena... jBuen Dios I Este barro mortal que envuelve el alma ¡Quién lo entenderá. Señor!...

Trad. Fernando Maristany,

ROSALÍA DE CASTRO ICl

Mira que mi corazón...

Mira que mi corazón Quitas una, quitas dos,

Una rosa es de cien hojas, Penas me quedan de sobva,

r es cada hoja una pena Diez hoy, mañana cuarenta

Que vive pegada a otra. Deshoja que te deshoja...

¡ El corazón me arrancaras Al arrancármelas todas 1

Trad. Femando Maristany.

Ya ni rencor, ni desprecio...

Ya ni rencor, ni desprecio, Ya ni temor de mudanzas, Sola una sed, una sed De un no se qué que me mata. ¿Dó estáis, ríos de la vida? ¡ Aire ! que el aire rae falta.

— cQué hay en ese fondo obscuro? ¿Qué ves, que tiemblas y callas? — ¡ No veo ! Miro cual mira Un ciego la luz del sol,

Y voy a caer en donde No se alza ya el que cayó.

Trad. Feíiiando Maristany.

Silencio

Con la mano nerviosa, el seno trémulo, Las niebla? en mis ojos condensadas, Llenos de incerlidumbres los sentidos

Y llenas de tormentos las entrañas ;

Sintiendo como luchan Kn sin igual batalla

162 ROSALÍA DE CASTRO

Inmortales deseos que atormentan

Y rencores que matan, Rompiéndom-í la hinchada vena, dejo

Mi pluma ensangrentada, Y escribo... escribo... ¿para qué? ¡Volveos

Al fondo de mi alma

Tempestuosas imágenes 1 ¡ Juntaos con las muertas remembranzas 1 ¡La mano temblorosa sólo escriba Palabras y pjlahras y palabras : La forma inmaculada de la idea

¿Dóndo quedó velada?

Trad. Femando Maristany.

Aquellas risas sin fin...

¡Padrón!.., ¡Padrón!... Santa María... Lestrove... ¡Adiós! ¡Adiós!

Aquellas risas sin fin, Aquel brincar, sin dolor, Aquella loca alegría

¿For qué acabó?

Aquellos dulces cantares Aquellas hablas de amor, Aquellas noches serenas, (¡Por qué ya no?

Aquel vibrar sonoroso De cuerdas de arpa, y el son De la tristona guitarra ¿Quitn los Uevó?

ROSALÍA DE CASinO 163

Todo es soledad, silencio,

Mudo pavor, Donde otro tiempo la dicha

Sola reinó.

¡Padrón!... ¡Padrón!... Santa María... Lestrove.. ¡Adiós! ¡Adiós!

El cementerio de Adina

Sin duda es encantador,

Con sus olivos obscuros

De vieja recordación;

Con sus hierbas y sus flores,

Cual otras nunca hizo Dios ;

Con sus canónigos viejos

Que en él se sientan al sol;

Con sus niños que allí juegan,

Gozando a más y mejor ;

Cubierto de losas blancas,

Con tal húmedo montón

De tierra, en que a alguna pobre,

A la aurora, se enterró.

Mucho te quise en un tiempo, Cementerio encantador, Con tus olivos ancianos Como mis abuelos ; con Tus élérigos venerables Que iban a sentarse al sol, Mientras cantaban los pájaros Su matutina canción; Con tu osario, tan humilde

164 ROSALÍA DE CASTRO

Que infunde veneración,* Cuando la luz que en él arde Da de noche un resplandor...

Mucho te quiero y te quise, Eso bien lo sabe Dios ; Mas, hoy, al pensar en ti, ^'úblaseme el corazón, Que la tierra removida Negra está y sin una flor...

¡Padrón!... ¡Padrón!... Santa Maiia... Lestrove., ¡Adiós! ¡Adiós!

Un día fui en busca de ellos, Palpitante el corazón; Fuíios llamando uno a uno... Ninguno me contestó.

Llamé en una y otra puerta; INo escuché ninguna voz : Como en sepulcro vacío Mi llamada resonó.

Miré por la cerradura... ¡ Qué silencio, qué pavor I Vi no más sombras errantes Yendo y viniendo sin son, Como vuela el polvo leve En un rayito de sol.

Erizósemc el cabello.

De extrañeza y de dolor.

ROSALÍA DE CASTRO 165

¡Ni uno solo!... ¡Ni uno solo I. ¿Dónde están .^... El triste son De la pausada campana Vagoroso a mí llegó... {Tocaba a muerto por ellos 1...

¡Padrón!... ¡Padrón!... Santa Marta... Lestrove... ¡Adiós! ¡Adiós!

Trad. Fernando Maristany.

Una sombra tristísima...

Una sombra tristísima, indefinible y vaga Como lo incierto, siempre ante mis ojos va, Tras de otra vaga sombra que sin cesar la huye,

Corriendo sin cesar. Ignoro su destino... ; mas no sé porque temo,

Al ver su ansia mortal, Que ni han de parar nunca ni encontrarse jamás.

De la vida entre el múltiple...

De la vida entre el múltiple conjunto de los seres, No, no busquéis la imagen de la eterna belleza, Ni en el contento y harto seno de los placeres, Ni del dolor acerbo en la dura aspereza.

Ya es átomo impalpable o inmensidad que asombra, Aspiración celeste, revelación callada ; La comprende el espíritu y el labio no la nombra, y en Eus hondos abismos la mente se anonada.

16C ROSALÍA DE CASTRO

y como todo al cabo...

y como todo, al cabo, Tarde o temprano en este mundo pasa, Lo que al principio eterno parecía

Dio término a la larga.

¿Lo mataron acaso o es que ha muerto De suyo aquello que quedara aún vivo? Imposible es saberlo, como nadie

Sabe, al quedar dormido. En qué momento ha aprisionado el sueño

Sus despiertos sentidos.

Yo no sé lo que busco...

Yo no sé lo que busco eternamente

En la tierra, en el aire y en el cielo;

Yo no sé lo que busco, pero es algo

Que perdí no sé cuándo y que no encuentro,

Aun cuando sueñe que invisible habita

En todo cuanto toco y cuanto veo.

Felicidad no he de volver a hallarte En la tierra, en el aire, ni en el cielo,

] Aun cuando sé que existes

Y no eres vano sueño !

Hora tras hora...

Hora tras hora, día tras día.

Entre el cielo y la tierra, que quedan

Eternos vigías,

Como torrente que 5« despeña

Pasa la vida.

ROSALÍA DE CASTRO 167

Devolvedle a la flor su perfume

Después de marchita;

De las ondas que besan la playa

Y que unas tras otras besándola expiran, Recoged los rumores, las quejas,

Y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron, llantos y risas, Negros tormentos, dulces mentiras, ¡ Ay 1 ¿En dónde su rastro dejaron, En donde, alma mía?

Las campanas

Yo las amo, yo las oigo Cual oigo el rumor del viento. El murmurar de la fuente O el balido del cordero.

Como los pájaros, ellas, Tan pronto asoma en los cielos El primer rayo del alba. Le saludan con sus ecos.

Y en sus notas, que van prolongándose For los llanos y los cerros. Hay algo de candoroso, De apacible y halagüeño.

Si por siempre enmudecieran,

¡ Qué tristeza en el aire y en el cielo 1

j Qué silencio en las iglesias 1

1 Qué extrañeza entre los muertos !

168 JACINTO VERDAGUER

Aun otra amarga gota...

Aun otra amarga gota en el mar sin orillas, Donde lo grande pasa deprisa y lo pequeño Desaparece o se hunde, como piedra arrojada De las aguas profundas del estancado légamo.

Vicio, pasión, o acaso enfermedad del alma, Débil a caer vuelve siempre en la tentación. Y escribe como escriben las olas en la arena, El viento en la laguna y en la neblina el sol.

Mas nunca nos asombra que trine o cante el ave, Ni que eterna repita sus murmullos el agua ; Canta, pues, ¡oh poeta!, canta, que no eres menos Que el ave y el arroyo que en ondas se desata.

JACINTO VERDAGUER

1845-1902

Añoranza

y pues (í dónde te encuentras, vida mía?

Del pobre corazón enamorado

La puerta te abrí un día.

Le heriste y le dejaste abandonado.

Me dejaste sediento de afíoranza,

Cual vergel al morir la luz amiga

Cuando la noche avanza ^

y en su enlutada túnica lo abriga. |

JACINTO VERDAGUER 169

No importa ; buscaré, oh fulgente astro De amor, hasta que encuentre tus alcores, Antes que el suave. rastro Pierda de tus balsámicos olores.

Muéstrate un breve instante ; y quien te añora, Capullo de clavel, pueda al fin verte

Y aspirar tu fragancia embriagadora... Venga después la muerte.

Bosques risueños, plácidas orillas, Si es que os huella la planta de mi Amado, ^;Cómo es que vuestras flores y avecillas No lo han al corazón anunciado?

Cual un Mayo florido es tu cabeza;

Y cejirubio, candido, gentil,

Es tu semblante y de sin par belleza, Como escogido que eres entre mil. .

i Cuál volarían mis ardientes besos Por sus labios en flor! ¡ Ha tanto tiempo se consumen presos Dentro del dulce nido de mi amor!...

Ah, si veis al que quiero Entre los matutinos resplandores, Ah, vírgenes, decidle que me muero De mal de amores.

Aves, decidle que su amada aguarda Ansiosa de saber si volverá. Decidle, ¡ ah sí ! decidle que si tarda Helada me hallará.

170 JACINTO VERDAGUER

Aquí me encontrará muerta de frío ; Lejos del sol ardiente del amor En helada conviértese el rocío Del llanto en que deshago mi dolor.

¿Por qué me abriste la amorosa herida

Y no me la has curado? Si me diste la vida

¿Por qué tú mismo así me la has quitado?

Por ti mis ojos lágrimas derraman, Suspira el corazón sólo por ti,

Y mis dolientes labios a ti claman ¿Y rehusas mi amor, triste de mí?

Oh Pastor ¿dónde tienes tus praderas? ¡ Si una pequeña brizna solamente Darme a gustar quisieras De tu deseado pasto floreciente!...

¿En dónde tienes para huir del frío La abrigada solana del amor?

Y cuando el sol abrasa del estío ¿Qué espesura a tu siesta da frescor?

Oh, vuelve, Amado ; por mi amor te juro Que soy tu fiel amada todavía ; Si de hallar tú otra amada estás seguro, Ningún otro amador yo encontraría.

"U-' <■;.-,--

Ningún otro amador encontraría Tan hermoso, tan fiel, tan adorable; Si otro hubiera en el mundo, no sería, No sería contigo comparable,

JACINTO VERDAGUER

Atravesé llanuras y montañas A voces pregunté donde te escondes, Mas layl, dulce Jesús de mis entrañas, A mi incansable llanto no respondes.

I Oh Jesús, oh divina flor que orea Un hálito eternal de amor y paz. Que pronto, pronto el alma le posea. Que pronto pueda contemplir tu fazl

Trad. Manuel de Montoliu.

Las cinco rosas

Por entre las ramas

De un rosal florido

Vi aquel que yo adoro,

I Qué hermoso es, qué lindo 1

Es blanco y es rubio ;

Tiene mi elegido

Ojos de paloma

Y labios de lirio, Sonrisa de ángel

y un pecho encendido. Me tira una rosa; La tomo ; y le pido Que me tire aún otra; Me regala cinco, Las de pies y manos

Y el pecho bendito. Suspiro por otra... «Vente aquí conmigo,

Cógela en mis labios Do el amor ha el nido : En la dulce copa De los labios míos. Desfallezco todo Así que la aspiro ; Del labio a sus brazos Ruedo sin sentido ; I Ay, brazos I cadenas Del oro más fino; Me encuentro en el cielo Por ellas ceñido. Lo mismo me tiene, Estar muerto o vivo; Yo te tengo ahora; Mas siendo tan lindo ¿Qué dirán los ángeles Si te ven conmigo?

Trad. Manuel de Montoliu.

Z 72 CURROS ENRIQUEZ

CURROS ENRIQUEZ

1851-1908

Cantiga

En la huerta una noche sentada, Al blancor del reflejo lunar, Una nena lloraba sin tregua El desdén de su ingrato galán.

Y la pobre entre quejas decía :

«¿Quién me queda en el mundo ahora, quién? Muero, y ver no consiguen mis ojos Los ojillos de mi íntimo bien».

Los sus ecos de melancolía, Caminaban en alas del viento,

Y el lamento

Repetía : «Muero y ver no consigo a mi bien».

Lejos de ella, de pie en la alta popa De un aleve negrero vapor. Emigrado, camino de América, Iba el pobre infeliz amador.

Y hacia tierra al mirar las gentiles Golondrinas alegres marchar,

] Quién pudiera volar con vosotras, Quien, pensaba, pudiera volar 1

i Noches claras de aromas y luna, Desde entonces, qué tristes estáis, Para quienes llorar una nena Ver pudieron y un barco marchar I

CURROS ENRIQUEZ 173

De un amor celestial verdadero Quedó sólo del llanto la prueba :

Una cueva — en

Un otfTO, Y un cadáver al fondo del mar.

Trad. Femando Marista^iy

¡Ay!

¿Cómo fué?... Yo encontrábame ausente,

Y las negras viruelas le dieron ; Por alambre su madre avisóme,

Y vine corriendo.

I Fobrecillo ! Sintiendo mis pasos Me buscó, me buscó con los ojos,

Y al no verme, lloró... los tenía

Ya ciegos del todo.

No me acuerdo del tiempo que estuvo En la triste cunita postrado; Solo sé que me erguí, con mi nene Sin vida en los brazos.

Golondrina de alillas doradas Que en su cuna a hacer vienes tu nido, Pues por él me preguntas, ya sabes Qué fué de mi niño.

Trad. Feímando Maristany.

174 JIJAN liARAQALI.

JUAN MARAGALL

1860-1911

La noche de La Purísima Concepción

¡Qué cielo tan azul el de esta noche 1 — --i--

Parece que se vea el Infinito

En toda su grandeza,

En toda su pureza,

Sin que lo empañe velo o bruma alguna,

Allende las estrellas y la luna.

Brillan con tanta y tanta claridad En el azul sin fin de esta hora santa, Que el ánima se encanta AM...

¡ Qué noche tan divina, tan divina I La Virgen, desde el reino del Señor, Baja por ese azul, que ella ilumina, Dejando en cada estrella más fulgor...

La noche de diciembre ella desciende; Galla el mundo y el aire se suspende... Desciende silenciosa... ¡Oh, qué noche tan clara y tan hermosa!...

Trad: Femando Maristany.

Regresando del monte

De la dulzura de los montes vuelvo. Desde las ciunbres divisaba el mar; La luz, alegre, lo inundaba todo;

Juan maragall 17Ó

Eran los ríos trémulo cristal ; Estaba lodo cerca y todo lejos ; En todo había un resplandor de paz : La paz eterna con que el alma sueña Para el día del tránsito final.

Trad. Alfonso Maseras.

'Después de la tempestad

Se desgarran las nubes sobre el cielo, Y, escurriéndose el agua luminosa, La ciudad ríe, y hay rumor de fiesta Porque huyó la tormenta tenebrosa.

Renace ya el rumor y el movimiento, Y en el rostro del hombre la alegría ; Las nubes se desgarran sobre el cielo ; La noche se convierte en claro día.

Todos alzan los ojos, por si encuentran Del cielo ya olvidado, el gran azul. 1 Bendita seas, tempestad pasada, Que obligas a mirar la nueva luzl

Trad. Matilde Ras,

Las montañas

Un día, al atardecer.

Me fui a la fuente a beber.

Los arcanos supe yo

De la tierra misteriosa.

Del hueco del caño vi Que el agua venía a mí, De un lejano manantial, A regalarme la boca,

176 JUAN MARAGALL

Y al pecho me iba a parar... Con aquel claro manar, En el corazón me entró Sabiduría dichosa,

Al levantarme, miré Los montes, el prado. Y fué Como un súbito cambiar. Todo apareció otra cosa.

En el bello atardecer Se puso a resplandecer Por el cielo de carmín La luna, truncada y sola.

Mundo en flor me pareció Todo, y su alma era yo.

Yo era el alma fragante de los prados Que ansian florecer y ser segados.

Yo el alma placentera del rebaño Que pace ahora cual pacía antaño.

Yo era el alma del bosque que murmura Como el lejano mar en su llanura.

Yo era el alma del sauce, todavía, Que prodiga a las fuentes sombra pía.

Yo era el alma profunda del collado Que despierta la niebla que ha albergado.

Yo era el alma agitada del torrente Que chilla y salta y es resplandeciente.

Yo el alma glauca del estanque que Con ojo extraño al viajero ve.

JUAN MARAGALL l77

Yo era el alma del viento que lo mueve Todo y la de la flor que es como nieve.

La altitud de la sierra también era... Las nubes me envolvían con su amor.

Y con su largo beso abrumador, Serena, el alma, florecía entera.

La nieve era también de las alturas. De mi seno sentí como manaban Dichosamente las fontanas puras. En la vasta quietud de las llanuras Vi que las tempestades descansaban.

Y cuando el cielo en mi redor se abría

Y el sol en mi pradera sonreía, Las gentes, a lo lejos, todo el día, Mi insólita belleza contemplaban.

Fero yo, penetrado del anhelo Que agita el mar y truena en las montañas, Me erguía, fuerte, para dar al cielo Todo lo que vivía en mis entrañas...

Un día, al atardecer, Me fui a la fuente a beber. Allí el secreto aprendí De la tierra misteriosa.

Trad. Alfonso Maseras.

Nubes de Navidad

Nubes de Navidad, hay una rara Candidez en vosotras. No tenéis Malicia alguna. Al cielo no hacéis mella. Por el azul purísimo os mecéis,

17Í JUAN ilARAGALt

Al declinar el sol os encendéis,

Y en la noche mostráis más de una estrella.

Ver entre nubes fulgurar los astros

Es cosa que nos da gran alegría,

¡Sombras de Navidad, no lo fuisteis jamás I

En vosotras veo más

Que en la claridad del día.

jAy, noche, cómo pasas silenciosa 1 1 Astro que fulges, nube que te vas I ¡ En paite alguna estás, luz misteriosa I ¡ Ay, portal de Belén, por todo estás 1

Guando queráis regocijarme

Venid a hablarme De Navidad y sus cielos nublados :

Me encontraréis en pleno ensueño, Como a los niños encantados,

Que ríen, de lo que ven

Con los párpados cerrados.

Trad. Alfonso Maseras.

Habiendo escuchado a Beethoven

INTERPRETADO POR EL NIÑO MIECIO HORZOWSKT

La pureza a enseñarme hoy has tornado,

Bien que, en rigor, no habíala olvidado

Del todo, oh, niño... (¡No; del todo, nol...);

Mas, a mis años, la sabiduría

De volver niño a ser, con la alegría

De llevar dentro- el mundo, la he logrado

Por tui manos y por tu corazón.

JUAN MARAGALL 1^9

1 Oh, tus manos, con qué inocencia pía

El corazón tenían del gigante 1

El gran pájaro, en manos del infante

Sus alas poderosas debatía...

Sonreías, teniéndolo en las manos...

Y al fin voló... Humillando la cabeza,

Toda mujer, cobró al punto belleza;

Todo hombre, en derredor vio sólo hermanos.

Trad. Femando Maristany.

Canto espiritual

Si el mundo es ya tan bello, si se mira, Señor, de vuestra paz los ojos llenos, ¿Qué más en la otra vida podéis darme?

Por eso tan celoso de mis ojos

Y de mi rostro estoy, y de mi cuerpo, Señor, y de ese corazón latente

Que de él inseparable me habéis dado... ¡ Tanto temor, así, tengo a la muerte 1 Pues ¿con qué otros sentidos podré ver Este azul de los cielos, que se cierne Sobre los montes, y este mar inmenso,

Y este sol que fulgura en todas partes? Dadme en estos sentidos paz eterna

Y no querré otro cielo que ese cielo.

No puedo comprender a aquel que nunca

Dijo a otro instante que pasaba : — ; Párate I-

Más que al momento de la muerte misma.

No comprendo. Señor. ¡Yo que quisiera

Tantos momentos sujetar al día

Fara en mi corazón eternizarlos I

¿Es que ese eternizar es ya la muert*?

líO JUAN MAllÁGAtL

¿Entonces, pues, la vida qué sería? ¿Sería, acaso, solamente sombra Del instante que pasa? ¿La apariencia De aquello que está cerca o está lejos? c Acaso fuera engañador resumen De lo poco, lo mucho o demasiado? ¿Todo lo de este mundo, no es ya todo? ¡ Lo mismo da ! Sea ello como sea, Esta tierra tan vasta y tan distinta, Tan temporal, con lo que en ella vive, Es mi patria, Señor. ¿Y no podría Ser también una patria celestial? Hombre soy y es humana mi mesura De creer y esperar ; si se detienen, Señor, aquí, mi fe y mis esperanzas, ¿Me inculparéis por ello en otra vida?

Más allá veo el cielo y las estrellas,

Y hombre quisiera ser aun allí mismo. Si a mis ojos las cosas habéis hecho Tan llenas de hermosura, y mis sentidos Creado habéis. Señor, sólo por ellas, ¿Por qué cerrarlos y buscar el cómo? No hay otro, para mí, como este mundo.

Ya sé que estáis, Señor, mas, ¿dónde, dónde? ¿Quién saberlo podrá? Cuanto en mí vea

Y junto a mí, de Vos es sólo imagen. Dejadme, pues, creer, que estáis aquí.

-Y al llegar el momento tan temido En que se cerrarán estos mis ojos. Abridme otros. Señor, otros más grandes, Para ver vuestra faz resplandeciente, j Séame así la muerte mayor vida 1

Trad. Alfonso Maseras.

JOSÉ MAllÍA GAFiRlEL ¥ GALÁN LSI

JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN

1870-1905

El ama

Yo aprendí en ei liogar , en qué se funda La dicha más perfecta,

Y para hacerla mía

Quise yo ser como mi padre era,

Y busqué una mujer como mi madre Entre las hijas de mi hidalga tierra.

Y fui como mi padre, y fué mi esposa Viviente imagen de la madre muerta.

1 Un milagro de Dios, que ver me hizo Otra mujer como la santa aquella !

Compartían mis únicos amores La amante compañera, La patria idolatrada. La casa solariega, Con la heredada historia, Con la heredada hacienda. - .. ¡ Qué buena era la esposa

Y qué feraz mi tierra 1

1 Qué alegre era mi casa

Y qué sana mi hacienda,

Y con qué solidez estaba unida, La tradición de la honradez a ellas 1

Una sencilla labradora, humilde Hija de obscura castellana aldea ; Una mujer trabajadora, honrada,

162 JOSÉ MARÍA GABRIEL T GALIn

Cristiana, amable, cariñosa y seria, Trocó mi casa en adorable idilio Que no pudo sox'iar ningún poeta,

1 Oh, cómo se suaviza

El penoso trajín de las faenas

Cuando hay amor en casa,

Y con él mucho pan se amasa en ella Para los pobres que a su sombra viven^ Para los pobres que por ella bregan 1

I Y cuánto lo agradecen, sin decirlo,

Y cuánto por la casa se interesan,

Y cómo ellas la cuidan

Y cómo Dios la aumenta I

Todo lo pudo la mujer cristiana, Logrólo todo la mujer discreta.

La vida en la alquería Giraba en torno de ella Pacífica y amable, Monótona y serena...

I Y cómo la alegría y el trabajo Donde está la virtud se compenetran 1

Lavando en el regato cristalino Cantaban las mozuelas,

Y cantaba en los valles él vaquero,

Y cantaban los mozos en las tierras,

Y el aguador camino de la fuente,

Y el cabrerillo en la pelada cuesta... )Y yo también cantaba

Que ella y el campo hiciéronme poeta I

JOSé MARÍA GABRIEL T GALXn 183

Cantaba el equilibrio

De aquel alma serena

Como los anchos cielos,

Como los campos de mi amada tierra ;

Y cantaba también aquellos campos, Los de las pardas onduladas cuestas, Los de los mares de encerradas mieses. Los de las mudas perspectivas serias, Los de las castas soledades hondas, Los de las grises lontananzas muertas...

El alma se empapaba

En la solemne clásica grandeza

Que llenaba los ámbitos abiertos

Del cielo y de la tierra.

j Qué plácido el ambiente,

Qué tranquilo el paisaje, qué serena

La atmósfera azulada se extendía

Por sobre el haz de la llanura inmensa !

La brisa de la tarde

Meneaba, amorosa, la alameda.

Los zarzales floridos del cercado,

Los guindos de la vega,

Las mieses de la hoja.

La copa verde de la encina vieja...

Monorrítmica música del llano, j Qué grato tu sonar, qué dulce era 1

La gaita del pastor en la colina Lloraba las tonadas de la tierra, Cargadas de dulzuras. Cargadas de monótonas tristezas,

Y dentro del sentido Caían las cadencias, Como doradas gotas

De dulce miel que del panal fluyeran.

1¿4 JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN

La vida era solemne;

Puro y sereno el pensamiento era;

Sosegado el sentir, como las brisas ;

Mudo y fuerte el amor, mansas las penas,

Austeros los placeres,

Raigadas las creencias,

Sabroso el pan, reparador el sueño.

Fácil el bien y pura la conciencia.

Qué deseos el alma

Tenía de ser buena,

1 Y cómo se llenaba de ternura

Cuando Dios le decía que lo era !

Pero bien se conoce

Que ya no vive ella :

El corazón, la vida de la casa

Que alegraba el trajín de las tareas,

La mano bienhechora

Que con las sales de enseñanzas buenas jj

Amasó tanto pan para los pobres

Que regaban, sudando, nuestra hacienda,

¡ La vida en la alquería

Se tiñó para siempre de tristeza !

Ya no alegran les mozos la besana Con las dulces tonadas de la tierra, Que al paso perezoso de las yuntas Ajustaban sus lánguidas cadencias.

Mudos de casa salen.

Mudos pasan el día en sus faenas,

Tristes y mudos vuelven

JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALXn 185

Y sin decirse una palabra cenan ; Que está el aire de casa Cargado de tristeza,

Y palabras y ruidos importunan La rumia sosegada de las penas.

Y rezamos reunidos el Rosario,

Sin decirnos por quién... pero es por ella. Que aunque ya no su voz a orar nos llama, Su recuerdo querido nos congrega,

Y nos pone el Rosario entre los dedos

Y las santas plegarias en la lengua.

¡ Qué días y qué noches ! ' j Con cuánta lentitud las horas ruedan Por encima del alma que está sola Llorando en las tinieblas 1

Las sales de mis lágrimas amargan El pan que me alimenta ; Me cansa el movimiento, Me pesan las faenas, La casa me entristece

Y he perdido el cariño de la hacienda.

1 Qué me importan los bienes

Si he perdido mi dulce compañera !

¡ Qué compasión me tienen m.is criados Que ayer me vieron con el alma llena De alegrías sin fin, que rebosaban,

Y suyas también eran !

Hasta el hosco pastor de mis ganados, Que ha medido la hondura de mi pena, Si llego a su majada

186 JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN

Baja los ojos y ni hablar quisiera ;

Y dice al despedirme : «Animo, amo ; Haiga muciio vuior y haiya pacencia...»

Y le tiembla la voz cuando lo dice,

Y se enjuga una lágrima sincera, Que en la manga de la áspera zamarra Temblando se le queda...

¡ Me ahogan estas cosas

Me matan de dolor estas escenas !

Que me anime, pretende, y él no sabe

Que de su choza en la techumbre negra

Le he visto yo escondida

La dulce gaita aquella

Que cargaba el sentido de dulzuras

Y llenaba los aires de cadencias !...

¿Por qué ya no la toca?

¿Por qué los campos su tañer no alegra?

Y el atrevido vaquerillo sano Que amaba a una mozuela

De aquellas que trajinan en la casa, ¿For qué no ha vuelto a verla .^ ¿Por qué no canta en los tranquilos valles P ¿Por qué no silba con la misma fuerza? ¿Por qué no quiere restallar la honda? ¿ Por qué está muda la habladora lengua, Que al amo le contaba sus sentires Cuando el amo le daba su licencia?

— «El ama era una santa!...»

Me dicen todos, cuando me hablan de ella.

«j Santa, santa !»» — ^me ha dicho

El viejo señor cura de la aldea,

JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALXn 187

Aquel que le pedía

Las limoiías secretas

Que de tantos hogares ahuyentaban

Las hambres y los fríos y las penas.

(Por eso los mendigos Que llegan a mi puerta Llorando se descubren

Y un padre nuestro por el ama rezan I

El velo del dolor me ha obscurecido La luz de la belleza.

Ya no saben hundirse mis pupilas

En la visión serena

De los espacios hondos,

Puros y azules, de extensión inmensa.

Ya no sé traducir la poesía,

Ni del alma en la médula me entra

La intensa melodía del silencio,

Que en la llanura quieta

Parece que descansa.

Parece que se acuesta.

Será puro el ambiente, como antes,

Y la atmósfera azul será serena,

Y la brisa amorosa

Moverá con sus alas la alameda,

Los zarzales floridos,

Los guindos de la vega,

Las mieses de la hoja.

La copa verde de la encina vieja...

Y mugirán los tristes becerrillos, Lamentando el destete, en la pradera ;

Y la de alegres recentales dulces, Tropa gentil, escalará la cuesta, Balando plañideros

Al pie de las dulcísimas ovoias ;

JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALXn

Y cantará en el monte la abubilla,

Y en los aires la alondra mañanera Seguirá derritiéndose en gorgeos, Musical filigrana de su lengua...

Y la vida solemne de los mundos Seguirá su carrera

Monótona, inmutable, Magnífica, serena...

Mas ¿qué me importa todo,

Si el vivir de los mundos no me alegra,

Ni el ambiente me baña en bienestares,

Ni las brisas a música me suenan,

Ni el cantar de los pájaros del monte

Estimula mi lengua,

Ni me mueve a ambición la perspectiva

De la abundante próxima cosecha,

Ni el vigor de mis bueyes me envanece,

Ni el paso del caballo me recrea,

Ni me embriaga el olor de las majadas.

Ni con vértigos dulces me deleitan

El perfume del heno que madura

Y el perfume del trigo que se encera?

Resbala sobre mí sin agitarme

La dulce poesía en que se impregnan

La llanura sin fin, toda quietudes,

Y el magnífico cielo, todo estrellas.

Y ya mover no pueden Mi alma de poeta.

Ni las de Mayo auroras nacarinas. Con húmedos vapores en las vegas, Con cánticos de alondra y con efluvios De rociadas frescas, Ni estos de otoño atardeceres dulces De manso resbalar, pura tristeza De la luz que se muere

Y el paisaje borroso que se queja... Ni las noches románticas de Julio,

ÍOaá MaKÍA ÜAIiliI£L Y q/ll1h 189

Magníficas, espléndidas,

Cargadas de silencios rumorosos

Y de sanos perfumes de las eras ;

Noches para el amor, para la rumia

De las grandes ideas,

Que a la cumbre al llegar de las alturas

Se hermanan y se besan...

j Cómo tendré yo el alma

Que resbala ¿obre ella

La dulce poesía de mis campos

Como el agua resbala por la piedra!

Vuestra paz era imagen de mi vida 1 Oh campos de mi tierra 1 Pero la vida se me puso triste y su imagen de ahora ya no es esa : En mi casa, es el frío de mi alcoba. Es el llanto vertido en sus tinieblas ; En el campo, es el árido camino Del barbecho sin fin, que amarillea.

Pero yo ya sé hablar como mi madre,

Y digo como ella

Cuando la vida se le puso triste :

«I Dios lo ha querido así 1 ¡ Bendito sea !»

Lo inagotable

De rodillas delante de la fosa Donde se pudre el mocetón garrido, La pobre vieja sin moverse pasa La tarde del domingo.

Una tarde otoñal, helada y muda, De cielo muy azul, campiña yerta, Y un sol amarillento, que se muere De frío y de tristeza.

l^Ü JJb¿ MAKÍa UAHm£L ¥ GALAIÍ

üua vela amarilla que uo alumbra, Se quema, como el alma de la anciana, Cuyos ojos decrépitos no Uoran Porque no tienen lágrimas.

Todas se las tragó la avara tierra l)e la tumba del bijo malogrado, A cuyos pies la bierba está escaldada Con las sales del llanto.

Vagaba por los ámbitos vacíos Del bumilde y berboso cementerio, El aroma de muerte que despide La tierra de los muertos.

Volaban sobre el templo los cernícalos

Y rozaban el viejo campanario Los bandos de veloces aviones

Que pasaban cbillando.

Y de la plaza del lugar venían Sones de tamboril y castañuelas, Notas de gaita que al hablar de amores

Infundían tristeza.

I Cómo bailaba la muchacha alegre Para quien fué belleza vigorosa Lo que era ya, bajo viscosa yerba. Montón de carne rotal

Montón de carne rota que una madre Tuvo un día pegado a sus entrañas,

Y espejado en las niñas de sus ojos

Y en el centro del alma.

JOSÉ MAKÍA GAlíRIEL Y GALÁN 19Í

Y ya está allí, deslieclio en las tinieblas, El fuerte hastial de la feliz casita,

El que ganaba el mcndruguito blando Que la anciana comía.

Una alondra del páramo vecino Se posó en la pared del Camposanto Fara beber el rayo agonizante Del frío sol dorado,

Y cantó una canción opaca y fría Que ni siquiera le agitó el pechuelo Que cien mañanas pareció romperse

Modulando gorgeos.

¡ Sorda elegía que inspiró Natura Junto a la tumba donde el mozo estaba, Que tantas veces, cual la alondra aquella. Le cantó la alborada I

Se hundieron en sus grietas los cernícalos,

Y en lOs huecos del viejo campanario Poco a poco los raudos aviones

Se metieron, chillando.

Cayó el silencio sobre el pueblo humilde. Murió la tarde y se marchó la alondra,

Y la vida le dijo a la ancianita

Que estaba ya muy sola.

I Era preciso abandonar al hijo ! Besó la tumba y apagó la vela, Que derramó sobre la tierra húmeda Dos lágrimas de cera.

192 JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN

¡ Y dieron todavía otras dos lágrimas Aquellos ojos que estrujó el dolor 1 Ni ignoradas ni estériles las dieron : ¡ Las vimos Dios y yo 1

Las sementeras

Con el relente que le da tempero

La madrugada roció la tierra.

Se siente frío en la besana húmeda;

El terruño está solo. Ya alborea.

Lo dií;e, levantándose del surco,

La alondra mañanera,

Que desgrana en el aire el de sus trinos

Hilo copioso de sonantes perlas.

Ya sale el sol de las mañanas tibias, Ya sale el sol de las mañanas buenas, Sol de salud, incubador de gérmenes, Sol de la sementera.

No tiene más testigos y cantares

Que yo y la alondra en la besana escueta,

Ni más espejos que el regato limpio

Y el rocío en las puntas de la hierba.

VÍ3ne triunfante, coronado de oro; Radiante viene levantando nieblas,

Y evaporando el matinal relente Que parece el aliento de la tierra.

Ya llegan mis gañanes con las yuntas Canturreando la canción primera. Que les arranca el equilibrio plácido Del bien venir de la mañana buena.

José MAIíÍa GABRIEL Y QKLAn 193

Rayando los timoues el camino,

Y en ullo la maucera,

Vienen los bueyes, con la cruz que forman

El yugo y el arado, en la cabeza.

Ya escucho golpes secos

De mazos y de azuelas,

Silbidos cariñosos.

Nombres de bueyes que en besana entran,

Y uno que suena compasado ruido, Como de riego de menudas perlas, Al desplegarse el abanico de oro

De la simiente que los mozos riegan.

Estoy en el repecho

Presidiendo mi hermosa sementera.

Todo lo escucho con avaro oído :

El blando hundirse de las anchas rejas ;

El suave rodar hacia los lodos

De la mullida tierra ;

El alentar pujante de los bueyes,

De cuyos bezos charolados cuelgan

Tenues hilos de baba transparente

Que el manso andar no quiebra ;

Aquel pausado y firme

Posar de sus pezuñas gigantescas ;

El crujir dormilón de las coyundas

Que el yugo pulimentan;

Un aliento de brisa tan suave

Que apenas se menea,

Un hondo y general rumor de vida

Y un ruido sordo de pujante brega.

Y tal como si el alma del terruño Viniese toda condensada en ella, La tonada de arar surge solemne.

194 José maría Gabriel y galán

La tonada de arar al alma llega, Cantando cosas dulces, Diciendo cosas buenas.

Sus mansas recaídas

Parece que remedan

La suavidad de las laderas dulces

De la ondulante castellana tierra,

O el tranquilo vaivén de los pensares

Que el mar ondulan de las almas serias.

Y a mí también me hablan Sus lánguidas cadencias

Del bien gozar los apacibles goces, Del bien llorar las bendecidas penas, Del buen amor de la mujer fecunda. Del bien sentir la paternal querencia,

Y de un vivir sereno.

Fuerte y seguro como aquel que llevan, Paso de hierro sobre tierra blanda, Los mansos bueyes de gigantes fuerzas.

Cruzan el cielo nubéculas tenues Que parecen blanquísimas guedejas Cortadas del vellón inmaculado Que dieron en Abril las corderuelas. El sol baña el terruño ; Se ve crecer la hierba, Y huele a tierra húmeda Cargada de promesas.

I Qué dulce es presidir desde el repecho Su propia sementera, Si el cielo es transparente, fresco el aire, Húmeda y fértil la esponjada tierra,

JOS¿ MARÍa GABRIEL V GALJCn Í9o

El sol templado, la simiente sana,

Robustas las parejas,

Alegres ios gañaues,

La tonada de ¿rar sentida y lienta,

Sabroso el pan de cusa,

Y el agua del regato limpia y fresca!

La mente embebecida Se carga entonces de memorias bellas ; Del lado del hogar me vienen todas, Que el hogar es el cielo de la tierra ; La paz de mi vivir me las regala

Y en paz el corazón las paladea.

¡ Aquella del hogar sí que es hermosa 1

¡ Aquella sí que es santa sementera 1

También yo la presido,

También Dios la bendice y la gobierna.

Dios encendió en el cielo de la vida

El sol de los amores para ella,

Fara que al fuego santo

Las almas y las sangres se fundieran;

Dios le da noches de fecundas horas

Y luengos días de apacibles treguas... I Horas sin luz que velen sus misterios

Y horas de sol que sus entrañas templan I

Y Dios, Padre del mundo, Le da también cosecha

De frutos vivos que el vivir anudan, De frutos bellos que el vivir alegran...

¡ Señor, que das la vida I

Dame salud y amor, y sol y tierra,

Y yo te pagaré con campos ricos En ambas sementeras.

índice

Páginas

Prefacio ... 9

Juan Ruíz (Siglo xiv) :

Cántica de loores de Santa Mnría 17

Marqués de Santillana (1398-14.58) :

El agua blanda, en la peña dura 18

Canción 18

Juan de Mena (1411-1456):

Canción 19

Ansias March (Siglo xv) :

¿Qué seguros consejos...? 20

No clame el que su daño 21

Acuerdóme de un tiempo deleítelo 22

O vos que estáis so tierra 24

No cure de mis versos 25

Jorge Manrique (1440-1479) :

Coplas que fizo por la muerte de su padre. . . 26 Garci Sánchez de Badajoz (1460 (?)-1526 (?)):

Villancico 32

Romances viejos :

Romance de una gentil dama y un rústico pastor. 33

Romance del prisionero 34

Romance de Fonte Frida. 35

Juan Boscan (Fines del Siglo xv-lo42) :

Soneto 36

¡Oh, gran fuerza de amor! 36

Cristóbal de Castillejo (Fines del Siglo xv-1550) :

Sueño 37

Garcilaso de la Vega (1503-1536):

Égloga primera 33

Estoy contino en lágrimas bañado 43

Santa Teresa de Jesús (1515-1532) :

Versos nacidos del fuego del amor de Dios. . . 44

Villancico. 47

Si el amor que me tenéis 47

198 ÍNDICE

Páginas

Gutierre de Cetina (1520 (?)-1557)):

Madrigal 48 ,

Torge de Montemayor (1520 (?)-1561):

Canción de Sireno 49

Fray Luis de León (1528 (?)-1591):

Vida retirada 50

Oda a Franci'^^co Salinas 53

A Felipe Ruíz de la Torre y Mota. .... 55

Noche serena 59

En la Ascención 62

Fernando de Herrera (1534-1597) :

Canso la vida 63

Osé y temí 64

Francisco de la Torre (1534 (?)-1595 (?)):

¡Cuántas veces te me has engalanado! 64

San Juan de la Cimz (-549-1591):

Canciones del alma 65

Canciones entre el Alma y el Esposo 67

Llama de amor viva 74

Lupercio Leonardo de A rgensola (1559-1613) :

Imagen espantosa de la muerte 75

Luis de Argote y Gongora (1561-1627):

Mientras, por competir 75

La dulce boca 76

Cual parece al romper de la mañana 77

Romance lírico. 77

Bartolomé Leonardo de Argensola (1562-1631):

Dime, Padre común, pues eres justo 73

Lope de Vega (1562-1635): "

¿Qué tengo yo que amistad procuras?. ... 79

Pastor, que con tus silbos amorosos 79

Rodrigo' Caro (1573-1647) :

A las ruinas de Itálica 80

Francisco de Quevedo (1580-1645):

A Roma sepult:ida en sus ruinas 83

¡ Cómo de entre mis m:mos resbalas !. . . . 84

Miré los muros *. 84

Que la vida es siempre breve y fugitiva. ... 85

Esteban Manuel de Villegas (1589-1669) :

Oda sáfica 86

ÍNDICE 199

Páginas

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681):

Estas que fueron pompa y al-gría 87

Juan Meléndfíz Valdés (1751-1817) :

Oda anacreóntica 87

Duque de Rivas (1791-1865):

El faro de Malta 88

José de Espronceda (1808-1842):

Al Sol: Himno 91

Nicomedes Pastor Díaz (1811-1863) :

La mariposa negra 94

Enrique Gil (1815-1846):

La Violeta 98

Pablo Piferrer (1817-1848) :

Canción de la Primavera 101

La Cascada y la Campana 1C2

Gabriel García y Tassara (1817-1875) :

A Laura 104

José Zorrilla (1817-1893) :

El reló 109

Ramón de Campoamor (1817-1901) :

Lo que hace el tiempo 113

Ventura Rulz de Aguilera (1820-1881):

El silencio 119

Carolina Coronado (3821-1911):

El amor de los amores 122

Eulogio Florentino Sanz (1825-1881) :

El color de los ojos 129

Adelardo López de Ayala (1828-1879):

El Sol y la Noche 132

Sin palabras « 133

Federico Balan (1831-1905) :

Reverberación 133

Restitución 134

Gaspar Núñez de Arce (1834-1903) :

Tristezas 138

Gustavo A. Becquer (1836-1870) :

Espíritu sin nombre 143

ÍNDICE

Del salón en el ángulo obscuro. . . .

Tu pupila es azul

Dejé la luz a un lado

Olas gigantes que os rompéis bramando. Volverán las obscuras golondrinas... .

Cerraron sus ojos. .......

En la imponente nave

Vicente W. Querol (1836-1889) : Carta a mis hermanas. . Ausente

rtosaña de Castro (1837-1885)

Una vez tenía un clavo. Mira que mi corazón... . Ya ni rencor, ni desprecio..

Silencio

Aquellas risas sin fin... . Una sombra tristísima... De la vida entre el mültipl Y como todo al cabo... Yo no sé lo que busco...

Hora tras hora

Las Campanas

Aun otra amarga gota...

Jacinto Verdaguer (1845-1902)

Añoranza

Las cinco rosas. . . .

Curros Enriquez (1851-1908):

Cantiga

lAy!

Juan Mararjall (1860-1911) :

La noche de La Purísima Concepción.

Regresando del monte

Después de la tempestad

Las montañas

Nubes de Navidad

Habiendo escuchado a Beethovcii. . Canto espiritual

José María Gabriel y Galán (1870-1905)

El ama

Lo inagotable

Las sementeras

Páginasj

146Í

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