Las dos Américas · Unidad 116 de 179
Unidad 116 · 220 LAS DOS AMERICAS
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estos monumentos y sobreándose con él de los rayos del sol, estaba sentado aquél á quien el colono llamó ''gran arquitecto"; comía su almuerzo de pan, queso y molienda humedecidos con vino rojo, que los italianos fabrican para su uso y para vender. Era un hombre de unos sesenta años de edad, de baja estatura, de anchas espaldas, de callosas manos, de cabellera y barba espesas; de ojos negros, pequeños y centellantes y de aspecto señoril, algo asi como el de un ' ' dogue ' ' de Venecia. Entablé con él conversación. Cuénteme, le dije, su historia y sus impresiones respecto del Paraná; de la situación de este Estado hace diez años y de la que hoy tiene y de la que Ud. creé que tendrá en el futuro.
''Soy veneciano, me dijo — mi oficio es construir monumentos mortuorios, lo que me produce para vivir con mi familia cómodamente ; hace cuarenta años que vine al Paraná; en los primeros treinta, mi profesión, me dejaba muy poco, porque el pais estaba pobre, por la falta de vias de comunicación ; pero desde que los ferrocarriles, que el Señor Farquard, ha desarrollado, han extendido sus benéficas redes, hay riqueza y progreso, y los ricos y los pobres mandan hacer monumentos para sus muertos. Vea Ud. Señor, agregó, mostrándome con la mano, la mayor parte de esos que vé Ud., los he construido en los últimos años y cada dia se me pide que los haga mejores; aunque no olvido á mi amada Venecia, á quien quiero y querré hasta después de la muerte, como se quiere á la madre, tengo gratitud y cariño por esta tierra brasilera que me ha dado asilo y pan para mi y para mis hijos ; mi descendencia es de 18 individuos quienes se seguirán multiplicando."
— ¿ No se siente Ud. triste en medio de las tumbas ?, le pregunté.
' ' No Señor, me contestó ; por el contrario, me gusta este silencio, amo su tranquilidad y me parece que
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conversara con los que la habitan ; al ocultarse el sol, detrás de las elevadas copas de los pinares, en los confines del horizonte, y cuando avanzan las sombras de la noche, siento mejor el alma de la naturaleza y me retiro á mi casa, pensando, sin repugnancia, y más bien con placer, que al dia siguiente he de continuar mi trabajo ; aquí, entre las tumbas, tomo mis alimentos, pues sólo me desayuno y hago mi cena en casa; asi es que puedo decir que moro entre los muertos ; asisto á todos los cortejos fúnebres y leo en las fisonomías de los que los aconpañan, sus varias impresiones y juzgo por ellas, las cualidades de las almas y he llegado á la conclusión de que, el hombre, cuando sufre, se muestra más generoso y más benévolo."
Yo oía con interés esta sencilla y verdadera filosofia, del constructor de tumbas.
— ¿Qué opinión tiene Ud. de las colonias italianas, polacas, españolas etc. que existen en el Paraná?
''Mi opinión es, que los italianos tenemos más fuerza y cocción que los otros, porque somos más unidos y las familias de dos y tres generaciones viven bajo el mismo techo; en seguida me gustan los españoles, porque son muy caballerosos y leales, aunque algo peligrosos cuando se discute y pelea con ellos, porque con facilidad echan mano del cuchillo ó puñal. En cuanto á los polacos son alegres y expansivos, como todos los latinos, pero son demasiado económicos y no invierten nada en su comodidad. Respecto á los ''tudescos", como así llaman los italianos á los alemanes, no me gustan, tanto que por huir de su dominación emigré de Venecia; me parecen muy laboriosos y honrados, pero son egoístas y reservados y todo lo quieren para ellos."
— ¿ Cómo estaba este pais hace diez años y cuál será su porvenir?
"En aquel tiempo, me dijo, reinaba gran miseria en el Paraná ; desde hace cinco años los colonos han tenido