Lecciones elementales de economía política · Capítulo real 8 de 32
Lección VII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
LECCIÓN YII.
Industria manu&cturera y ia1t»*iL
Al encargarse de esta industria la economía política, se fija en los grandes centros de población, en rechazar la preocupación que atribuyo á la industria manufacturera y fabril los males del pomperümoj refiriéndose & la inconstancia de los salarios, á la llamada tiranía del capital, y se explaya en la cuestión de máquinas con todos los problemas suscitados por las polémicas de organización del trabajo de que ya tenéis conocimiento.
Entre nosotros las referencias son, ó histéricas 6 económicas.
Respecto de las primeras, se habla del estado de cultura de los indioSy sus adelantos en la fundición de los metales y el primor con que pulian el oro y la plata y trabajaban las piedras; algun'^os historiadores se complacen en mencionar los tejidos de lana y algodón de los indios, y hay quien mencione con particular complacencia sus trabajos arquitectónicos, con especialidad los que describen los palacios del rey Netzahualcoyotl| monarca romancesco y poeta á quien ha llenado de prestigio la historia.
Al mencionar el barón de Humboldt él estado de la industria manufacturera y fabril en tiempo del sistema colonial, la valúa en ocho millones de pesos; y hay que notar, primero, el cuidado con que un escritor tan eminente é imparcial disimua la barbarie del sistema restrictivo, la persecución jesuit ica
á los trabajos de las artes y oficios, la tiranía de los gremios, &c., 7 segundo, la falta de datos sobre estos particulares, no siendo así respecto de otros ramos de mas difícil indagación.
Nosotros nos explicamos esta omisión recordando, con el auxilio de la historia, el estado de verdadero atraso en que se encontraba la masa de la población.
Gran parte del pueblo estaba descalzo y desnudo; la vida semi-monástica de las clases media y acomodada no exigia ni en lo doméstico la curia y compostura de la perfección social; la tradición de la educación española y la clase de gente que se quedó y que vino á hacer fortuna, no era la flor de la corte de los reyes católicos; y todo esto, unido á que algo que se semejaba al lujo era importado de España^ explica el atraso de las artes y oficios.
Los batanes y obrajes en que se fabricabah pañete, los telares para el tejido de las mantas, los vidrios y la loza ordinarísima de Puebla, y las calcetas, fajas y otros artefactos de los indios merecieron especial mención.
Las fábricas de aguardiente, los úiolinos' de trigo y aceito estaban montados como en España.
La industria algodonera sobre todo, en que se ha fijado la atención después por otras causas, daba 200,000 libras algodon, con las que se fabricaban 20,000 piezas de manta.
Después de la índependencia'las artes recibieron desusado impulso, á pesar de los graves errores económicos.
La imprenta, la litografía, la encuadcrníacion, la Carpintería, herrería y latonería, las manufacturas de primeríi necesidad y las de ornato y lujo.
Y es de notar que no solo se han circunscrito á la capital éstas mejoras, sino que rebosando de los centros de población han llevado & los campos el polen de estos adelantamientos sociales.
Particularicemos de la imperfectísima manera que nos es posible nuestros datos sobre la industria manufactureíii y fabril.
El Sr. Bevillagigedo, en la no bastantemente estimada instrucción á su sucesor, se ocupa con detenimiento de esta ma-
teria desde la página 84 de su obra, y si no temiei*a cansar vuestra sostenida atención, leeria esas páginas de oro por las consideraciones que de ellas se desprenden j por las útilísimas lecciones que para nosotros encierran.' Extractaré lo mas conducente á mi objeto.
Laméntase el ilustre virey del aírase de los artesanos debido á su falta de educación y á que no'se han reformado convenientemente las ordenanzas de los gremios.
En cincuenta fija las ordenanzas el Sr. Revillagigedo, la mayor parte de ellas hechas de 1650 en adelante.
crLas ordenanzas, dice el autor que vamos extractando, mas atrasan lá industria que la adelantan; parecen calculadas todas para estancarla y gravar d los artesanos con pensiones y diligencia^ inútiles. » En este punto la América se contagió de la decadencia de España.
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Habla siempre ReviUagigedo: «Seria muy "conveniente ex- « tinguir algunos de los gremios que no son necesarios, como cf es el de confiteros^ veleros y otros semejantes; en algunos « convendría siguiesen sujetos á reglas, pero sin t'ratar de su- « jetarlos á particulares procedimientos en figura, tamaño, &c., tf porque eso debe ser cuenta de los compiradores. »
Notad la lucha del sentido común y las preocupaóiones estúpidas del reglamentarismo.
Con motivo del establecimiento de la academia de San Carlos, se sujetaron á ella los arquitectos, escultores, pintores y agrimensores que antes estaban subordinados al regidor y juez de gremios que cuidaba del cumplimiento de las ordenanzas.
A los plateros se les señalaba sitio en que pusieran su taller, mientras se decidla sobre el expediente promovido para que no se abriese tienda, obrador 6 establecimiento alguno sin licencia del corregidor.
El Hospicio de pobres parecía al Sr. ReviUagigedo lugar adecuado para el establecimiento dé una escuela de artes y oficios análoga á los términos en que se han planteado después las de su género.
Pero el obstáculo que señala como principal el virey es el
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vicio de la embriaguez que dominaba á los artesanos; para corregirlo se abrió expediente, se tomaron informes, ordenáronse visitas á las pulquerías, extinción de almuercerías y bodegones en su vecindad, diminución de su número, avance del mostrador á las puertas; todo se tentd j todo inútilmente.
La razón la encontramos nosotros en el párrafo 864 de la instrucción que extractamos y dice á la letra:
«364. — Pero no debe perderse de vista que esto es una co- « lonia que debe depender de su matriz la Espaüa y debe oor- «f responder á ella con algunas utilidades por los beneficios « que recibe de su protección, y así se necesita de gran tino « para combinar esta dependencia y que se haga mutuo y re- « cíproco el interés, fc cual cesaría desde el momento que no se « necesitase aquí de las manufacturas europeas y sus frutos. »
Para corroborar la anterior opinión, cita Revillagigedo el desarrollo de algunas industrias, como manufacturas de algodon, rebozos, lanas burdas, jergas, paños y pañetes que abastecian muchas fábricas.
En Puebla, dice, hay 48 fábricas do paños, frazadas, &c.
En Oaxaoa 2 fábricas añil y ¿07 telares, 7 de estos de géneros listados de seda.
EnValladolid (Morelia) 34 fábricas de sayales, jerguetillas, pañete, jerga, frazadas de lana, manta y coletas de algodón.
En San Luis una sola fábrica y algunos telares.
Zacatecas carecia de fábricas.
En Guanajuato habia muchos telares de jergas, bayetas, jerguetillas, sayales y paños.
No es fácil, continúa Kevillagigedo, ni averiguar todas las manufacturas que se fabrican, ni prohibirlas; lo primero, por los procedimientos en algunos oficios de fácil ocultación; lo segundo, porque siempre en México resulta la fabricación mas barata.
El algodón, por ejemplo, siempre es mucho mas barato en México, lo mismo que machos objetos de herrería.
La plata, los cueros de res y otros artículos, siempre sacan menos costo en México.
JSl único modo, dice el autor á que nos referimos, de des-
truir lasfdbrícaSf es que venga mm barato de Europa lo que aquí se consume.
El medio, dice el yirej, que pudiera adoptarse entre los extremos, es dar ocupación á los brazos en industrias que emplearan á los débiles, á las mujeres j los niños, como la seda, el hilado de algodón, la siembra del lino, marcando para el cultivo del algodón los Tuxtlas, y Oaxaca y Querétaro para el de la seda.
El barón de Humboldt, á quien todo buen mexicano debe reconocimiento profundo por haber dedicado su privilegiada inteligencia á todo lo que creyó útil y benéfico al país, indaga con filosofía la naturaleza de las industrias, asigna á la raza blanca cuasi el monopolio de la ciencia y la riqueza, y coloca á México en circunstancias muy inferiores á Lima por la falta de capitales entre los artesanos y por sus vicios.
«En México, dice, hormiguean de veinte á treinta mil zaragates huachinangos, cuya mayor parte pasan la noche á la inclemencia y por el dia se tienden al sol desnudos y envueltos en una manta de flanela. Si trabajan un dia 6 dos por semana, ganan lo que han menester para comprar el pulque 6 algún pato de los que cubren las lagunas. »
Mestizos y mulatos eran lo» dedicados preferentemente á las artes y á los oficios; de ahí el desden de los blancos por ocupaciones que importaban una degradacioui y por la misma causa, entre otras, la renuencia de mestizos y mulatos á las ocupaciones agrícolas.
El valor de la industria manufacturera, como hemos expuesto, dice Humboldt con vista de datos de los primeros años de este siglo, es de á ocho millones de pesos, refiriéndose á industrias como algodones, lanas, cueros y jabón.
En 1802, asienta, se contaban en Puebla 1,200 tejedores de telas de algodón y cotonadas rayadas.
Texcoco y Querétaro, así como Puebla, estaban señalados como los mas grandes focos de industria.
Poquísima es la importancia que da Humboldt á los tejidos de seda.
La Nueva -España, dice, no tiene manufacturas de lino ni de cáñamo, ni se conoce tampoco la fabricación del papel.
El tabaco, estando estancado, tenia circunscritos los lugares del cultivo y los puntos de la elaboración de puros y cigarros por cuenta de la real hacienda.
Puebla, México y Güadalajara fabricaban jabón en abundancia; á la primera de estas ciudades asigna doscientas mil arrobas.
Puebla fabricaba, ademas, sosa, vidrio, loza ordinaria, som* breros, &c., que decayeron con las franquicias que desde 1778 comenzó á tener el comerció.
La pólvora era un efecto estancado, y aunque la fabricación de contrabando era cuantiosa, su carestía, asf cpmo la del azogue, ha tenido grande innuencia en los vaivenes y en el atraso de la industria minera.
En los trabajos de platería, y sobr^D todo, en la amoneda* eion, se detiene el Sr. Humboidt; pero como estos puntos los hemos ya tratado en otra lección, guardaré por ahora silencio sobre ellos. ,
Gomo se ve, son mu^ diminutas las noticias que vamos recogiendo, pero son las únicas que puede aprovechar mi diligencia; procuraré no obstante ampliarlas, y así como son nos servirán para ^otro género de consideraciones. '
La explicación natural del atraso de la industria manufacturera y fabril* la encontramos en que la primera estaba como punto intermedio entre el trabajo del indio y del blanco, realmente el oficio se consideraba como una degradación; j>Qr esto el ilustre autor del « Periquillo, « reasumiendo en el diálogo de los padres de esté al salir , de la escuela, las preocnpacion^es de la época, 'ponia en los labios áe la madre: «¿qué se diría que un hijo de los PinJ;os y Bundivures aprendia oficio t ¡ Qué vergüenza ! prefiero mil veces la muerte, j»
Así estigmatizado, el trabajo, estancado por el gremio, limitado por la pobreza de los consumos, era imperfectísimo y no soportaba la concurrencia; tal fué el origen desde los. primeros tiempos del odio al extranjero; sin idea siquiera el i^r-
teeano del .ahorro, la ausencia de capital le condenaba á la monotonía de la biiseria; ]pa efjsctps y útilds que le podia procuf ar su limitado crédito eran^ malos j caros: de ahi es que el que acuipulaba un corto jgapital despertaba sus odios, j entre el.patroQ j el oficial i;q rompid toda a^monít^. La falta de educación, sobre «todo, Iq^s.yicios de que estaba placada, la gente infeliz, >han l^echo^qu^ h^sl^a estos últimos tiempos el trabajo se . r egu^ar^cc^ se. alce el saljario y, los ^.r tésanos tengan fl lugar que mei;ep!Bn ec ^ jsoci^dad.
La. independencia qiie ^elevd la digniciad del bombre, ja libertad qo^ le. dio pose9ioii ^esi misnv) y le comunica con b^- res de que la^diyidian |[erarxiuías .protectoras . del aisjlamiento y la tiranta; sobre todo, la. instrucciou difufidida ^obre las masas, x^otivos bap. sidojpara que \^ comparaipion entre larCOlonia y la R^úblka Qp pu^da sostenerse ni por loa mas obstinados enemigos de esta última.
Debe fijara f[i^cbo4a atención en la influencia poderosa del extrai^ero con respecto á la industrial manufacturera. .
Ademas de las ideas del ahorro que este enseñó prácticamente, trajo é iivtüodujq prQcediipientos y útiles que fueron y son motivos consfant^s de eficaa ensefiai^jia, haciendo mas fácil,, mas perfeot;9^ y mas bicratíyo |u trabajo.
La carpinteril^ la aüfx^neTÍ^j 1^ herrería, la, ebanistería, la plomería, la jtapigerífs por el extranjero tomaron raj^igo desnsadoj lo& jornales subierpa de preciO} el buen gusta se ei(tenái6 acreciendo I#6 cpu^prno?» y multitiad de industrias na(úerom y se yiyififaron al oalor del trabajo q|ie .recibía la verdadera protección del perf^cionumiento social. . .
Compárase al. carpintero, al zfkpa1;ero,.al herrero 4e antes de la indepw4ei^pia y al de hoy. .
El capital pa^a cil artesano mexicano era desconocido^ las extorsiones d^ tendejro y del maestro agotaban el fruto de sus fuerzas, isl vicip y }» s^end^^dad eran en general el término de su fatigosa existencia.
Nosotros conocemos ahora muchos herreros y carpinteros explotando sus pequeños capitales, con sus talleres acredita-
dos, sus familias virtuosas y bien educadas, j para con la sociedad buenos y estimables ciudadanos.
Si se quiere hablar con imparcialidad, muchos, si no la mayor parte de esos mexicanos, son discípulos de extranjeros.
Cierto es que la mala educación colonial tiene entre nosotros hondas raices; cierto es que de la teoría & la práctica, hay gran distancia, y que en el fondo la gente decente repugna el oficio, y que abogados y 'médicos donservan distinciones de estimación; pero los avances en todo han sido notablemente rápidos, y cuando la política descarríe menos las fuentes de la producción, el trabajo en posesión de su inflilencia poderosa derramará á manos llenas sus benefieioe.
La educación y la morigeración de costumbres se hacen visibles entre loé artesanos formando realmente contraste con la descripción que acabamos de copiat* del Sr. barón de Humboldt.
La mayor parte de nuestros artesanos leen y escriben; hay muchos que poseen conocimientos peculit^res desconocidos antes.
Entre los impresores, sobre todo, eá dá notarse que uno solo estuviese en ún afio en la cárcel, y eso por una rifiá.
Los límites de este escrito *no nos permiten desarrollar los estudibs comparativos á que se pregan las anteriores apuntaciones; si lo petmi^eseü, comprobariamos con guarismos que el número de la gente ocupada es muchísimo mayor que ' la que antes habia en las artes de oficio; qtie muchas industrias nuevas se han íu^Iimatado sin necesidad de protecciones 9,rtificiale8, y que aunque lentamente, compiten con el extranjero; que se han creado y diseminado capitales que mejoran dia por dia la condición social; que los salarios se han aumentado y aun triplicado en algunos trabajos, y que las artes, dando cohesión á las castas y á las clases, conspiran á la formación de una sociedad compacta, morigerada y respetable.
INDUSTRIA FABRIL.
» Los principales productos de la industria mexicana, dice «reí Sr. Lerdo de Tejada, consisten hoy en el aguardiente y «azúcar de caña, en el mezcal que se hace del jugo del ma- 'g^^Jy ^^ ®l jabón, aceites, vino y aguardiente de uva, loza, «vidrio, papel, hilados y tejidos de algodón, de lana y seda, y ff en la caballería y tejidos toscos que se hacen del filamento de «la planta del maguey.»
Volvemos & tener que lamentar la falta de datos estadísticos para la particularizacion de estas industrias, debiendo por lo mismo de resentirse de vaguedad como ninguna otra, esta parte de nuestras lecciones.
Después de la independencia, al recobrar nuestro ser como nación, orgullosos con los elogios que se nos prodigaban, ufa* nos á la vista de los dorados horizontes de la libertad, ai^dacea con el recuerdo de las victorias de nuestros héroes, todo lo emprendiíAos, de todo nos creímos capaces; y los primeros propaladores de nuestra aptitud para la industria, fueron considerados como genios tutelares, que emancipándonos del extranjero, daban complemento á la grande obra de Hidalgo y de Morelos.
Pero las aspiraciones á las empresas industriales no fueron precisamente de los grandes capitales, ni la gente del pueblo que se asociaba á tales objetos, fueron en su mayor parte especuladores que pedian protección al gobierno para las indus*
trias, lachando por plantearlas al arrimo de los negocios con el tesoro.
Semejante tendencia puso en las manos de arbitristas influentes en la política, medios de enriquecerse; y en esas aguas pútridas se nutrieron las ramas del amor d loa hijos del país, del fomento á nuestros talentos admirables para la imitación, y sobre todo la vanidad de no depender de nadie, puesto que nosotros nos bastábamos para dar cumplido lleno á nuestras necesidades.
Bajo tales auspicios, andando los tiempos, se hicieron ten* tativas en todas las industrias y se estableció el famoso banco de aviOy cuya historia está por escribir, y en cuyo banco se gastaron capitales para industrias, de que ninguna ventaja real sacó la nación.
Las fábricas de hilados y tejidos se plantearon; hubo toda especie de concesiones y franquicias, y el sistema protector campeó en nuestras tarifas, subvirtiendo, todos los buenos principios.
Los cultivadores de algodón pusieron el grito eh el cielo; á su vez obtenian protecciones que arruinaban las fábricas; y Puebla y Veracruz, por ejemplo, se presentaban como entidades rivales, luchando en encarnizados bandos, que tenían por bandera la industria, de que debian subsistir.
Entretanto el algodón que producian nuestras tierras no bastaba para la demanda de las fábricas^ y se recurría al gobierno para qué decidiese en t^l cenflicto. La administración, cercada de agiotistas, y no siempre con personas de moralidad á su frente, se procuraba recursos de ese antagonismo, y de ahí los permisos especiales para introducir algodón, que equivalían á otros tantos privilegios en favor de determinados industriales.
L&s quiebras, las crisis que dejaban sin trabajo á los o^qrarioá, las desviaciones ó esterilización de los capitales, eran consecuencias inevitables para los emprendedores de buena fó; y para los de mala, el favor del gobierno era ocasión de verdaderos robos, elevados hoy al rango de legitimas fortunas.
A veces el sello de una de esas fábricas era el pase de las mantas extranjeras introducidas de contrabando.
No obstante, como esa protección bastarda era pretexto de improyisacion de fortunas, muchos emprendian con la mira de contar las pingües ganancias del agio entre las conquistas de la industria.
Una taasa de porcelana, ennegrecida por las malas sustancias químicas, unos capullos que no sabia aproyechar el que los cultivaba, una impostura cualquiera hacia que se enterneciesen nuestros bienhechores j que legalizasen protecciones para industrias absurdas.
Sin salir de la industria de tejidos, véase el estado que guardan hoy las fábricas y el que tuvieron en los tiempos de su mas poderosa protección; compárese la perfección del efecto 7 su precio, j dígase si son sueños los que proclama como verdades la ciencia económica.
Gomo al hablar de comercio libre nos hemos de ocupar con la debida extensión de esta materia, me refiero por ahora á las poquísimas noticias que constan en el apéndice de esta sección industrial, y que alcancé del favor del inteligente y laborioso D. Antonio García y Cubas, persona á quien debe el país notables servicios por sus trabajos estadísticos y por sus utilísimos escritos.
Pero no solo de la falta de datos estadísticos ha dependido para nosotros la dificultad de formar un cuadro de nuestras industrias, sino' que no hemos podido dar á Varias tentativas que se han hecho eñ este sentido tal nombre.
Muchas llamadas industrias no han sido mas que ensayos de algunos sabios que han aparecido y desaparecido fugaces, sin comprobar mas que los buenos talentos 6 la dedicación de determinadas personas.
No obstante, la loza y el vidrio que se consumen en el país son superiores con mucho á lo mas afamado que se tenia antes de la independencia.
Las fábricas de tejidos de lana, sin grande protección, están lanzando á la circulación efectos que sostienen desembaraza-
damente la concurrencia con el extranjero.... no obstante la tosquedad de las lanas del país, que sin embargo se esmeran en perfeccionar los hacendados.
Al antiguo molino de aceites ha sustituido el procedimien* to moderno: los molinos de trigo, según los* mejores inventos de Europa y los Estados -Unidos, se hallan establecidos en yarios puntos, y en cuanto & la elaboración de la azúcar, creo que nos hallamos & la altura de los países mas adelantados.
La revolución que se opera reconoce como fuente, en mi juicio, la civilización; el tránsito de los capitales á manos mas inteligentes é ilustradas los utiliza mas. El nuevo capitalista le adopta, le mejora, aclimata las máquinas, llama en su auxilio hombres de saber, y en concurrencia benéfica, la ciencia y el capital, logran consumar legítimas conquistas.
Al tratarse de industria fabril, con especialidad se ha debatido la cuestión de pauperismo, objeto de profundas investigaciones de los sabios, llaga social de las sociedades europeas, motivo de justa alarma para el sosiego de las naciones.
Dase el nombre de pauperümo en Europa al sufrimiento de la miseria de individuos en conjunto, es decir, la miseria colectiva que reduce categorías enteras de personas á pedir socorro del gobierno, como contrapuesta & la indigencia que hiere aisladamente á personas de diferentes categorías sociales.
El pauperismo se manifiesta en los grandes centros de población; por esta razón adquiere poderosa importancia política, y los gobiernos, por medio de la caridad Ugaly se esfuers^an por conjurar sus peligros.
Las libertades que ha adquirido la industria europea, como observa muy bien Cherbulier, emanciparon á la vez el capital y el trabajo, acudieron las inteligencias y los brazos, se hicieron sensibles las ventajas de la iniciativa franca del interés personal, la condición del pueblo* mejoró notablemente.
Pero tal revolución tuvo y tiene sus inconvenientes: la sustitución de la máquina á la mano de obra, de los grandes talleres á los trabajoa en peque&o, la aglomeración de muchos obreros alrededor de las grandes fábricas, aislados del resto de la sociedad, producen esas ctiM 6 cesaciones de trabajo que fomentan perturbaciones y aun motines: á los gritos terribles de: nos falta trábajoy no8 falta panj ¿d quién na94iriffimQ9f
La abundancia de población en terrenos circunscritos, declarados y defendidos como patrimonio de ciertas clases; la aglomeración de operarios en unas propias ocupaciones; el desequilibrio de la oferta y la demanda, causas son que conspif an á producir hondo malestar entre las clases infelices que engendran teorías, como las del comunismo y socialismo, 6 bajo la amenaza de esos elementos disolventes, desarrollan planes de beneficencia unas veces para que los pongan en planta los particulares como en propia defensa, otras determinando proyectos de caridad oficial, en que se suplantan ineficazmente los cálculos de la conveniencia á los espontáneos y delicados sentimientos del corazón.
Según hemos podido dejar percibir por los anteriores rasgos con que he querido caracterizar la fisonomía del pauperismo, en México no existe.
Hay discordia entre los usurpadores y los reclamantes de los títulos de tierra; hay una esclavitud hipócrita entre el amo y los sirvientes, encadenados por el préstamo; hay los odios entre el mexicano obrero que vive con el dia y el extranjero que dispone de capital: existe la tiranía del fabricante monopolista sobré el obrero que tiene un valúo injusto de su trabajo; pero pauperismOj es decir pobreza creada por accidentes industriales, nó existe, propiamente hablando, en nuestra sociedad.
La cuestión gravísima que nos ocupa, fuente de los escritos tiernos y luminosos de Degerando, de las sutiles y bienhecho* ras indagaciones de Christoph, de Gherbulier y de Fix, ocupación favorita de almas generosas y de inteligencias privilegiadas, ha dado importancia sostenida d la candad legal por un« parte, 6 robustecido los gritos de desesperación del comunismo
j socialismo, sin presentar soluciones satisfactorias respecto de la Europa.
Para mi modo de entender las cosas y ampliando mi procedimiento con los consejos de personas ilustradas, deberla ascenderse á la cuestión en sus detalles, deteniéndose en el examen de cada industria» y d^apUéS Considerar el conjunto para discurrir sobre los remedios.
Concentrando, como antes se hacia, en tres grandes focos el ejercicio de la actividad humana, es decir, en industria agrícola, comercial y fabril, procuremos demostrar que el pauperismo solo en la última puede nacer por la propia naturaleza de las mismas industrias.
Solo donde la esclavitud es conocida podria existir con respecto á la agricultura, en escala muy insignificante. La indus-* tria de que hablamos, aunque sujeta á grandes vaivenes, no hace entre sus males sino remachar en la servidumbre al jornalero; la miseria del peonaje es dolorosa, pero inofensiva; el amo la explora; pero no se traduce jamas en quejas amenazadoras.
El hacendado contrae empeños en el mal tiempo, el trabajador espera mejores dias; pero entonces el arraigo del indio cerca de la hacienda, su carencia de necesidades, su indolencia y los vicios mismos le enervan, convirtíéndole en inofensivo.
El comercio por su naturaleza no admite la plaga de que hablamos; la actividad que es constitutiva de su ser, repele esas adherencias, sea que se gire propio 6 ajeno capital, sea que en el cambio busque la trasformacion de valores; el comerciante emigra de esa industria el dia de la miseria y lleva la incidencia á otras maneras de vivir, <5 á la simple holganza, que será mas 6 menos nociva; pero el peine de esa locomotora de trabajo, que se llama comercio, no permite esos obstáculos inertes, á cuyo alrededor se nutren las raices del pauperismo.
Hacia las industrias manufacturera y fabril se dirigen en Europa estas corrientes asoladorias del ocio; pero en México no existe esa exuberancia de población, que ocupando todos
los talleres deje un excedente sin trabajo; la baratura abre nuevos senderos á la actividad, conquista nuevos individuos &
las necesidades sociales La industria fabril no produce
tampoco el atarcamiento de productos en el mercado; las fá« bricas no son en número que su propia concurrencia las dafie. Por el contrario, la escasez de ellas sujeta á una dependencia mas tiránica á los obreros; el dia que se coligan dos 6 tres capitalistas, y deciden, por ejemplo, la diminución de los salarios, entonces el obrero sin trabajo no tiene adonde ocurrir, y después de resistencias mas 6 menos escandalosas, se somete á la explotación impía del capitalista.
La pobreza con. sus adherentes amenazadores tiene otros caracteres en nuestra patria; no reside en las clases ínfimas, sino cuando degenera en bandidaje; se estaciona en la elevada y en la media, enlazándose á la conc^cion política déla nación.
Las revoluciones han sido el pávulo poderoso de estos gérmenes no estudiados competentemente, y cuyas trascendencias nos envuelven, nos atacan á nosotros mismos, y penetran hasta en los mas recónditos resquicios de la vida íntima.
La revolución, convirtiendo la fuerza armada en una necesidad que no puede relacionarse con la población, que diezma los brazos útiles al trabajo, arranca del hogar al indio, procura visibilidad y representación social al hombre de la clase media, y le presenta como cebo de su prosperidad la inquietud y la guerra.
El indio que adquirió artificialmente necesidades é importancia que le eran desconocidas, que olvidó entre el estrépito del cuartel los hábitos apacibles de sus primeros años, el dia que deserta no se restituye á su ignorado campo, quiere vivir sin trabajo, y ó le seduce el vicio y cfte en el bandidaje, ó queda vagando inconstante en ocupaciones en que no se arraiga siempre listo para la vida de inquietud y aventuras.
A esta aspiración de esa clase ínfima á un rango en que no puede sostenerse, le hemos llamado ladinümo en otra vez, y este sí puede caracterizarse de peligroso.
Ese hombre de la ínfima clase, sin instrucción de ningún género, desconociendo lo mas rudimental de la educación, con hábitos fatales, con relaciones que le conducen al mal, se encontró de repente rodeado de distinciones, al mando de fuerzas ante que tienen que inclinarse los pueblos, viviendo la vida
de los grandes señores ¿ Qué ejercicio puede brindarle
atractivos semejantes? ¿Dónde está esa virtud que le vuelva al arado como Cincinato ? ¿ Dónde la ciencia que le abra los brazos en su caida? ¿Cómo renunciar al gran tren, á la querida, á la cauda de adeptos que le ensalza j que se sacrificará por él?
Mucho ha adelantado la civilización, poniendo delante de los ojos de la sociedad, como ejemplos dignos de seguirse, á multitud de artesanos honrados que tienen como timbre de nobleza la muestra Sel taller; pero la tradición de tres siglos contraría estas beneficias predicaciones: en el fondo la muj.er, sobre todo, no entra en la reforma; la madre de Periquillo ha cambiado de traje, usa castaña jpuff; pero es la misma mujer preocupada del afio de 1810.
La clase media reconoce, como medios de subsistencia, los * estudios 7 los empleos.
Los estudios duran demasiado tiempo, j en nuestro país la vida es breve.
Apenas ahora se abren nuevos senderos á la inteligencia, restringida al sacerdocio, los abogadg^B j módicos antes son aún los favorecidos con la predilección de la carrera. La abogacía tiene por explotación las Pandectas y el Código; pero como brillo, como representación social y aun como medio de valuar la profesión, la política.
El empleo reconoce por esperanza el favor, por incentivo el avenimiento de tales hombres al poder; ha sido el recurso de la ignorancia, del ocio y del bien parecer á poca costa.
¿Dónde encontrar arrimo el colegial que abandonó su carrera y que rehusa el oficio? ¿ Cómo procurar la subsistencia á ese señorito que no es útil para nada, ni ha salido jamas de México ? ¿ Cómo desaprovechar la oportunidad de una pen-
sion para el hijo de ese héroe, que deshonra con sus escándalos en la orgía el nombre de su padre?
Al avenimieilto de una época de calma, esta multitud queda en la mendicidad, y no tiene mas esperanza que un nuevo trastorno para reponer su fortuna.
En esta y en la* elevada clase hace sus estragos lo que llamaré caballerümoy es decir, el mal que consiste en que haya grandes necesidades por la aspiración á la vida de la alta sociedad y cortos medios de cubrirlas.
El mal que indicamos despierta la emulación desde las clases ínfimas; el hijo, del empleado tiene las aspiraciones del capitalista; la esposa tiene siempre exigencias de gran señora; el desequilibrio infiltra el veneno doméstico en las venas del cuerpo social.
Hay un dia en qué la esposa vende por una protección bastarda la honra de su familia; en que el marido enamorado pide al cobecho el neceser que ostenta la querida de su corazón; en que se busca anhelante á la especulación vedada, á la estafa 6 á la carpeta del juego, para el lujoso aparato de la animada tertulia....
Este caballerismo, en su exterior perfumes y galas, en su interior ambición y miseria, atrae desde el nacer á la vida pública Periquillos que nada saben y que en nada se han fijado; aspirantes que vuelven oficio la política y se lanzan á mano armada á los puestos públicos con un soneto rengo en la mano 6 una serie de artículos desvergonzados contra el primero que se les ocurre.
La miseria en las altas regiones tiene mas enérgicos desahogos; se entra en la política por las antesalas del poder; se tiende un nombre como un lazo de complicidad; se pide la legación 6 la aduana, 6 la comisión lucrativa, dejando & la puerta lacayos 6 en medio de una partida de póquer.
Así hay una masa flotante de miles de hombres con sus familias, conspiradores contra la paz pública, ofreciéndose á todas las revueltas, presentándose como combustibles de todos los trastornos.
Así conceptúo y me explico lo que pudiera llamarse paupeXÍ9mo en México.
Así los que no cursan las aulas y quieren trabajo decente, flutúan de aficionados de cuanto se les presenta; compran un libro de raices griegas y saben dos escalas de flauta; disertan sobre literatura, y si dos dias son dependientes de casa de comercio, al otro invaden el periodismo, en donde hallan escala natural para un empleo pingüe 6 dirigen en primera línea la suerte del país.
Estas metamorfosis del caballero de industria en personaje, es de funesto ejemplo, difunde el. malestar, la envidia y hasta
el odio en las clases poco acomodadas; disloca los elementos de producción y convierte la política en un modo de vivir peligroso á la sociedad entera.
Por otra parte, sin contar con lo que suben de punto esos males con la falta de conciencia en la ley, con la destrucción del principio de autoridad, con el indiferentismo en las creencias, el simple cotejo de lo que producen las aspiraciones con el gobierno y ^1 oficio 6 ejercicio honesto, bastan para que haya una conspiración perpetua contra los modos lícitos de ha'cer fortuna.
De los remedios que deben aplicarse á esta situación es el primero, la conservación de la paz como la esencial de las exigencias sociales: en segundo lugar, dar cada dia mayor impulso y ensanche mas liberal á la instrucción, haciéndola aplicable á la producción práctica en un todo, desterrando de ella todo lo inútil, encaminándose mas á que haya ciudadanos instruidos que grupos de pedantes, colegiales disputadores que convierten en litigio las cuestiones administrativas políticas, y hasta las legislativas de la nación.
Para supL'r en lo posible las excelencias del capital, deberían propagarse las instituciones todas de crédito, y por último, buscar en las condiciones de la asociación los medios de armonizar los intereses, poner coto á4a tiranía de los amos y comunicar libertad, independencia y fecundidad al trabajo.
No es posible que amplié estas observaciones. Los docu-
mentos que agrego en el Apéndice, servirán como guía de vuestra curiosidad para hacer mas fructuosas en el porvenir vuestras indagaciones sobre las industrias de que nos hemos ocupado.
Ponemos á continuación los datos que hemos tomado de las apuntaciones preciosas que posee el Sr. García j Cubas, advirtiendo que si pareciesen informes, la culpa es nuestra; pues casi abusando de su bondad para conmigo los tomé, no obs* tante su advertencia de que no eran mas que materiales en embrión para trabajos mas importantes.
APÉNDICE A LA LECM SÉTIMA.
INDUSTRIA NACIONAL.
Los datos que acerca de este impoctantisimo ramo de la riqueza pública podemos adquirir, no tienen toda la importancia apetecida por cuanto á que ni son de actualidad ni completos. La última memoria de fomento, la cual actualmente se imprime, quizá podrá damos nuevos datos que llenen el vacío que respecto de ellos ha existido desde la publicación de la memoria del Sr. Silíceo á la fecha.
Cuarenta y siete fábricas de hilados y tejidos de algodón existían en la República, según dicha memoria, el afio de 857, correspondiendo, siguiendo el orden de su mayor número,
17 á Puebla. 8 á México. 6 á Veracruz. 5 á Durango. 5 á Jalisco. 2 á Colima. 1 á Quanajuato. 1 á Querétaro. 1 á Sonora. 1 á Coahuila.
Total. . . 47
Si se atiende á los produoto» de las fábricas, ocupa el pri- ' mer Ingar la famosa de Hércules en Querétaro, la cual produce al afio 100,000 piezas de manta, y el último lugar la llamada Libertad, ubicada en Atlizco, la cual produce solamente 1,944 piezas.
El pormenor de todas las fábricas, sus nombres, dueños, ubicación, &c., puede verse en el adjunto estado.
Otro ramo de la industria nacional de la mayor importancia por el rendimiento de sus productos j que mediante las fáciles 7 expeditas vías de comunicación llegará á formar un ramo.de exportación muy considerable, es la fabricación de aguardiente, tanto del que produce el jugo del maguey en los terrenos de Tequila, como el que se extrae en los Llanos de Apam de la misma planta; asi del que produce la caña de azúcar en los planes de Cuernavaca y Cuantía, como 'del que se fabrica con el zumo de manzana en Zacatlan. El mas apreciado de todos es el de Tequila, que puede, sin exageración, compararse al mejor rom de Jamaica. Sus productos son de tal consideración, que puede juzgarse de ellos por la cantidad á que asciende el impuesto que entre las rentas del Estado se reputa de la mayor importancia; esa cantidad es de 40 á 50 mil pesos al año.
Respecto del aguardiente de caña que se produce en los distritos de Cuantía y Cuernavaca, no tengo otro dato para juzgar de la importancia de sus rendimientos que el que ofrece la estadística de los efectos que se introducen á la capital de la República. Doce mil barriles se introducen anualmente, cuyo valor por término medip es de 228,000 ps. Debe tenerse en cuenta que los Estados de Morolos, Guerrero y México, muy particularmente, hacen un considerable consumo de esta bebida. Acerca del aguardiente de Zacatlan y del que se produce en los Llanos de Apam, no existen datos que nos den á conocer la importancia de sus productos.
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