Lecturas literarias · Unidad 45 de 113

Unidad 45 · Libro IV. Capítulo VIII. Que trata del levantamiento general

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Libro IV. Capítulo VIII. Que trata del levantamiento general

DE LOS MORISCOS DEL ALPUJARRA.

Congoja pone verdaderamente pensar, cuanto mas haber de escrebir, las abominaciones y maldades conque hicieron este levantamiento los moriscos y monfís de la Alpu jarra y de los otros lugares del reino de Granada. Lo primero que hicieron fué apellidar el nombre y seta de Mahoma, declarando ser moros ajenos de la santa fé católica, que tantos años había que profesaban ellos y sus padres y abuelos. Era cosa de maravilla ver cuan enseñados estaban todos, chicos y grandes, en la maldita seta: decían las oraciones a Mahoma, hacían sus procesiones y plegarias, descubriendo las mujeres casadas los pechos, las doncellas las cabezas: y teniendo los cabellos esparcidos por los hombros, bailaban publicamente en las calles, abrazaban a los hombres, yendo los moros gandules delante haciéndoles aire con los pañuelos, y diciendo en alta voz que ya era llegado el tiempo del estado de la inocencia, y que mirando en la libertad de su ley, se iban derechos al cielo, llamándola ley de suavidad, que daba todo contento y deleite. Y a un mesmo tiempo, sin respetar a cosa divina ni humana, como enemigos de toda religión y caridad, llenos de rabia cruel y diabólica ira, robaron, quemaron y destruyeron las iglesias, despedazaron las venerables imágenes, deshicieron los altares, y poniendo manos violentas en los sacerdotes de Jesucristo, que les enseñaban las cosas de la fé y administraban los sacramentos, los llevaron por las calles y plazas desnudos y descalzos, en público escarnio y afrenta. A unos asaetaron a otros quemaron vivos y a muchos hicieron padecer diversos géneros de martirios. La mesma crueldad usaron con los cristianos legos que moraban en aquellos lugares, sin respetar vecino a vecino, compadre a compadre, ni amigo a amigo; y^ aunque algunos lo quisieron hacer, no fueron parte para ello, porque era tan a la ira de los malos, que matando cuantjs les venían a las manos, tampoco daban vida a quien se lo impedía. Robáronles las casas, y a los que se recogían en las torres y lugares fuertes los cercaron y rodearon con llamas de fuego, y quemando muchos dellos, a todos los que se les rindieron a partido dieron igualmente la muerte, no queriendo que quedase hombre cristiano vivo en toda la tierra que pasase de diez pños arriba. Esta pestibncia comenzó en Lanjarón, y pasó a Orgiba el jueves en la tarde en la taa de Poqueira, y de allí se fué extendiendo el humo de la sedición y mal-

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dad en tanta manera, que un improviso cubrió toda la faz de aquella tierra, como se irá diciendo por su orden.

Luego como en Lan jaron, lugar del valle de Lecrín, se extendió el desasosiego de los moriscos, el licenciado Espinosa y el bachiller Juan Bautista, beneficiados de aquella iglesia, y Miguel de Morales, su sacristán, y hasta diez y seis cristianos, se metieron en la iglesia, y llegando Abenfarax, les mandó poner fuego, y el beneficiado Juan Bautista se descolgó por una pleita de esparto y se entregó luego al tirano, el cual le hizo matar a cuchilladas, y prosiguiendo en el fuego de la iglesia, la quemó y se hundió sobre los que estaban dentro. Y haciéndoles sacar de debajo de las ruinas, los hizo llevar al campo, y allí no se hartaban de dar cuchilladas en los cuerpos muertos: tanta era la ira que tenían contra el nombre cristiano. Luego pasaron a la taa de Orgiba, llevando consigo a los mancebos del lugar.

4.— pon Bernardino de Mendoza.

Comentarios de lo sucedido en las guerras de los Paises Bajos

desde el año de 1567 hasfa el de 1577.