Lecturas literarias · Unidad 89 de 113
Unidad 89 · SAÍNETES
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SAÍNETES
Tragedia para reír y saínete para llorar
yianolo, Sabastian, la tía CMripa y comparsa.
Chir.
¡Manolillo! ■
Man.
¡Señora y madre mía!
Dejad que imprima en la manaza bella
el dulce beso de mi sucia boca.
¿Y mi padre?
Chir.
Murió.
Man.
Sea norabuena.
¿Y mi tía la Roma?
Chir.
En el Hespicio.
Man.
¿Y mi hermano?
Chir.
En Oran.
Man.
¡Famosa tierra!
¿Y mi cuñada?
Chir.
En las Arrecogidas.
Man.
H'zo bien, que bastante anduvo suelta.
(Entran el tío Matute y la Remilgada). Tío y Rem. ¡Manolo, bien venido!
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Man. ¿Quién es éste (A la tía Chiripa).
que tan serio me habla y se presenta? Chir. Otro padre que yo te he prevenido,
porque con la orfandá no te afligieras. Man. ¿Y qué destino tiene?
Tío. Tabernero.
(Con dignidad, y Manolo y su comparsa le hacen una profunda y expresiva reverencia).
Chir. Y esta, que es rama de la misma cepa,
es su hija y tu esposa. Rem. ¡Yo fallezco!
Chir. Repárala qué aseada y qué compuesta.
Man. Ya veo que lo está.
Chir. ¿Vienes cansado?
Man. ¿De qué? Diez ó doce años de miseria,
de grillos y de zurras, son lo mismo
para mí que beberme una botella. Tío. ¿Cómo te ha ido en presillo?
Man. Grandemente.
Sab. Cuenta de tu jornada y tus proezas
el cómo por menor ó por arrobas. Man. Fué, señores, en fin, de esta manera.
No refiero los méritos antiguos,
que me adquirieron en nn edad primera
la comuti opinión; paso en silencio
las pedradas que di, las faldriqueras
que asalté y los pañuelos de tabaco
con que llené mi casa de banderas,
y voy sin reparar ea accidentes
á la sustancia de la dependencia.
Deinpues que del Palacio de Provincia
en público salí con la cadena,
rodeado del ejército de pillos,
á ocupar de lo* Moros las fronteras,
en bien penosas y contadas marchas,
sulcando ríos y pisando tierras,
llegamos á Algeciras, dende donde,
llenas de aire las tripe s y las velas,
del viento proiegido y de las ondas,
los muros saludé de la gran Ceuta.
No bien pisé la arena de sus playas
cuando en tropel salió, si no en hileras,
toda la guarnición á recibirnos
con su Gobernador en medio de ella.
Encaróse conmigo y preguntóme:
¿Quién eres? Y al oir que mi respuesta
solo fué «soy Manolo», dijo serio:
Por tu fama conozco ya tus prendas.
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Desde aquel mismo instante, en los diez años
no habido expedición en que no fuera
yo el primerito. ¡Qué servicios hice!
Yo levanté murallas: de la arena
limpié los fosos; amasé cal viva:
rompí mil picas; descubrí canteras,
y en las noches y ratos más ociosos
mataba mis contrarios treinta á treinta. Tío. ¿Todos moros?
Man. Nenguno era cristiano,
pues que de p angre humana se alimentan.
En fin, de mis pequeños enemigos
vencida la porfía y la caterva,
me vuelvo á reposar al patrio suelo;
aunque según el brío que me alienta,
poco me satisface esta jornada,
y solo juzgo que salí de Ceuta
para correr después las demás cortes:
Peñón, Oran, Melilla y Alhucemas. Sab. Y entre tanto á las minas del azogue
puedes ir á pasar la Primavera. Tío. Habla á tu esposo. (A la Remilgada).
Rem. Gran señor, no quiero.
Tío. ¡Qué gracia! ¡qué humildad! ¡y qué obediencia!
Chir. Ven, pues, á descansar.
(Entra la Potajera).
Pot. Dios guarde á ustedes
Y tú, Manolo, bien venido seas,
si vuelves á cumplirme la palabra. Man. ¿De qué?
Pot. De esposo.
Man. Pues en vano esperas,
que tengo aborrecidas las esposas
dempues que conocí lo que sujetan. Pot. Tú me debes...
Man. ¿Al cabo de diez años
quieres que yo me acuerde de mis deudas? Pot. Mira que de paz vengo, no resistas,
ó apelaré al despique de la guerra;
pues á este fin mi ejército acampado
dejo ya en la vecina callejuela. Tío. ¡Hola! ¿Qué es esto?
Pot. Es un asunto de honra.
Tío. ¡Cielos, qué escucho! Aquí de mi prudencia.
Haced vosotros gestos entre tanto
que yo me pongo así como el que piensa. (Pausa). Man. ¡Qué bella escena muda!
Tío. Ya he resuelto,
y voy á declararme.
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Chir. Pues revienta.
Tío. Aquí hay cuatro intereses. El de mi hija;
el de Manolo, que á casarse llega;
el nuestro, que cargamos con hijastros;
y finalmente el de la Potajera,
que pretende que pague el que la debe,
y es justicia, con costas, etcétera. (Pausa).
Manolo ha de casarse con mi hija... (Resuelto).
Este es mi gusto. Rem. ¡Cielos, que sentencia!
Tío. Con que es preciso hallar entre tu honra
y mi decreto alguna conveniencia. Pot. Mi honor valía más de cien ducados.
Tío. Ya te contentarás con dos pesetas.
Pot. No lo esperes.
Tío. Pues busca quien le tase.
Pot. Lo tasaran las uñas y las piedras...