Leyendas americanas · Unidad 15 de 88
Unidad 15 · 58 Gt?ACANAJARI.
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58 Gt?ACANAJARI.
gre de nuestros hermanos.— Se apodera delopo dé los rios, de las cibas, de nuestras imperes, de nuestros hijos, insulta á nuestro dios y profana el réííinto sagrado de las cuevas de Cazíbáxagua ; y entre tanto, que hacéis tü, débil rey, ¿matas con pérfida ingratitud k Ainaima, mas hermosa qne la estrella de la mañana, dulce como la miel de <iuanani y suspiro melancólico de tus capitanesf^-Has encerrado en su sepulcro las cibas de tu cuello , porque sin duda te presagiaba el corazón la ira dd dios de nuestros padres; has olvidado tu religión: no vas á ofriftcer sacrificios al Tzmes: los Butios no un^n yst tu cabeza con el bálsamo sagrado , f d espft^hu mfbrnal de la ingratitud y del egoísmo, se'há apbderado de tus entrañas.— Rey Guacanajari ; á áéfja la vida en el sepulcro y los Butios dividirán dd Ctíerpo tu cabeza, para que el dios la purifique, ó éttipuna la flecha envenenada con la ponzaña de la serpiente, para herir de muerte al enemigo y regar con su maldita sangre la sagrada piedra donde diescansan los reyes y la desconsolada Ainaima. Lí)s
cargaron las armas hiriendo á dos de los salvajes; al inpQ9fniy.liiiyeron los demás dejando los arcos y flechas; fué esta la primera ' sangre que se derramó en Amt-rica.
geerreroft de Maguajoa^ de Gibao y 4e Sanica han afilado 80$^ anaas» y cuando se disparea del arco, el sol no podrá pasar entre la espesa nube qae formen, en el aire, y sus puntas esterminadoras herirán el Goraxon de los estrai^eros para que la patria bendiga la mano que los estermine.» ..£ada palabra de Caonabo abrasaba la sangre 49 ntts y^ias; la tristeza, hija del desaliento, huyó asustada de mi corazón; lá soberbia y el furor esUiem/Qcieron mi entrañas, y me parecía llegar con la cabeza hasta la^s estrellas; tan terrible era la ira 4fí,if^ dlma: f impk) y audaz guerrero, le dije^ que i^ifll^l)^ á turbar el silencio de los sepulcros, y el ^^or afanoso y cruel de mi corazón , manchando jC^ amarga saliba la honra de tus reyes, calla y ^afiarta los ojos de mi frente, porque tu vista proJma. la pureza de mis pensamientos , y no quiero <que mi enlutada memoria recuerde nunca la osadía de tu lengua.— Caciques de Haití, á quien Yajgímw^ desde el silencio de las cuevas de Cacibaxfgua esQtregó á la dulce protección de mis amores, oid la voz de vuestro tierno padre.— Yo soy el rey flé los reyes, que os enseñé á cultivar la tierra, á bendecir vuestro Dios^ á educar vuestros hi-