Leyendas de los indios quichuas · Unidad 16 de 38

Unidad 16 · EL PUENTE DEL DIABLO

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EL PUENTE DEL DIABLO

truendo de la borrasca que clareaba en las alturas como queriendo abrir la bóveda infinita de los cielos.

Chasca desesperaba casi, de que pudiese aparecer su amante; pero este habia llegado en medio de la noche á la orilla del río Yocalla.

Al venir el dia se cumpliría el plazo en que Hualpa debía presentarse en busca de su amada, y no tenía fé en que se le esperase ni una hora, después de vencido el tiempo fijado.

El torrente arrastraba cada vez más volú- ,

men de agua; y pretender atravesarlo á nado, era exactamente lo mismo que arrojarse en brazos de la muerte.

Esperar que las aguas bajasen, hubiera sido someterse voluntariamente al suplicio.

Hualpa dio algunos pasos por la orilla del to-

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rrente en la más angustiosa desesperación, sin saber qué resolución tomar. De pronto alzando al cielo los puños para prorrumpir en formidable imprecación, invocó al espíritu del mal, llamó al que rige las borrascas, habló á Supáy, el que ronca en las cavernas!

Supáy, no estaba lejos y pronto acudió á presencia del mancebo, tendiéndole los brazos por entre los pliegues rojizos de su manto de fuego.

Hualpa le expuso su ansiedad y le dijo que, pues era el poderoso que tenía en aquel instante en revolución al cielo y á la tierra, le pedia lo pasase á la otra orilla del torrente, porque tenía que presentarse en casa de su amada.

¡Infeliz! dijo Supáy, si yo te tocara con mis manos de fuego habría llegado el último momento de tu vida!... Pero á cambio de tu espíritu voy á construirte un puente antes que amanezca el día con las rocas de estas montañas, para que llegues por tus pies á donde está tu amada y venzas á tu rival que se prepara para poseerla mañana mismo.

Después de convenir en el trato, Hualpa se sentó á esperar en una roca vecina, y el espíritu de las cavernas en medio de pavorosos ruidos, dio principio á la obra, trayendo y colocando las grandes piedras una sobre otra, de la manera que actualmente se encuentran.

Cuando Venía clareando el día, anunciando con orlas de luz la aparición del Dios Sol que, todo lo anima y vivifica, Supáy tenia casi concluido el puente, pero le faltaba una piedra grandísima que debía ajustar en la parte alta las aberturas de las rocas.