Leyendas de los indios quichuas · Unidad 23 de 38
Unidad 23 · 62 LEYENDAS DE LOS INDIOS QUICHUAS
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
62 LEYENDAS DE LOS INDIOS QUICHUAS
También nos permitimos traducirla en verso castellano, deseosos de que el lector pueda apreciarla con mayor claridad.
Hermosa doncella Aquese tu hermano El tu cantarillo Lo está quebrantando,
Y por eso á veces
Hay truenos, caen rayos. Tú, real criatura Envías al llano Las tranquilas aguas, Granizo y nevado. El Creador del mundo Viracocha amado Para ese tu oficio Te puso en lo alto.
Y un cántaro hermoso,
Y un alma te ha dado.
La poesía de los Quichuas era compuesta de versos lacónicos, especie de redondillas, medidas por sílabas y que casi siempre carecían de consonante. Las composiciones eran generalmente cortas, y esto se esplica, pues en la generalidad de los casos, conmemoraban hechos ó hazañas de Incas famosos y sus vasallos debían aprenderlas de memoria.
EL CUMURI
ARRIERO DE LAS MONTAÑAS
fL hombre de la Naturaleza, aprende á vivir en medio délas grandes luchas con los elementos y templa su alma en el yunque eterno del trabajo y de las grandes indigencias.
El Cumurí, es siempre el indio más joven y vi» goroso de una familia de Quichuas. A él le toca tomar la vanguardia, arreando una docena de llamas, que van cargadas atravesando las montañas, y á la distancia de unas cuantas cuadras del gran aliillo ó tropa que guarda la familia.
A veces en el invierno, en medio de los fríos rigurosos y las eternas nieves, se desata la tempestad en las cordilleras. Entonces hay que safrir con paciencia el frío de la intemperie, el hambre, el cansancio y la sedl
El Curnurí, soporta resignado toaos esos trabajos; y hasta parece que al soportarlos goza un secreto placer.
Hs que los padres anhelan que sus hijos, apren-
■dan á sufrir para ser hombres y lleguen al alto houor de ser alcaldes.
El Cumurí no piensa absolutamente en eso. Los cálculos especulativos están muy lejos de su espíritu eminentemente romántico.
Vá soñando una suprema dicha que le aguarda al regresar á sus valles. Las necesidades materiales se llenan de cualquier manera; y un puñado de maíz tostado ó unas hojas de Coca, son bastantes para alimentarse durante las penosas jornadas de su marcha á pié. El crepúsculo de la tarde con sus inimitables ■coloraciones lo sorprenderá acaso en las faldas boscosas de esas jigantescas montañas, que llenan