Leyendas españolas · Unidad 101 de 180

Unidad 101 · EL PRIMER CONDE DE CASTILLA, S5:{

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EL PRIMER CONDE DE CASTILLA, S5:{

Severo el padre le negó la puerta, Rasgo que de dolor la pelriíica,

V su dulce esperanza desconcierta. Mas quién I:i causa del rigor le espllca ? A la condesa acude, la que incierta, Mientras en su temor se ratifica. Piensa, vacila y suspirando c^Ua ;

V Sancha en lloro y en gemido esfalla.

Nuevo mal en su i>echo se acumula,

V á mas penosa turbación se entrega, íluando un rumor, que rápido circula, Tímido y vago á sus oídos llega.

\a Matilde su horror no (l¡>¡mula, Va su sospecha antigua no le niega : « Fernán González es el preso, » dice : « Terrible suerte aguarda al infelize. » —

▼III

«Fernán González I el preciado objeto De mi pasión ! el dueño de m¡ mano ! » Dice Sancha ; « ¿qué bárbaro decreto Sacrifica al potente soberano De Castilla ?... Matilde,— lo prometo, — No logrará su fin el inhumano Que proyecta maldad tan afrentosa ; Yo los del)eres cumpliré de esposa. »

354 EL PRIMER CONDE DE CASTILLA.

No dijo mas, y desde enlónces muda Ya á la reconvención y ya al afecto, Secretamente aleja miedo y duda, Y madura callada su proyecto. Que el cielo blando á su favor acuda Ferviente pide, y el designio recto Que la anima, y al cual ciega se lanza, Fomenta y consolida su esperanza.

Su inocencia sirviéndole de escudo, Sola y en alta noche, del terrero Desciende á la prisión. Era hombre rudo, Mas franco y generoso el carcelero. No con sobornos, con plegarias pudo, Con llanto de dolor, no con dinero ( Que de toda merced el precio borra) Lograr entrada á la infernal mazmorra.

Allí al guerrero, cuyo esceiso brillo La esfera vasta de la fama llena, Mira oprimido el pié con fuerte grillo,

Y los brazos con bárbara cadena. El cuello le sujeta férreo anillo, Que á quietud dolorosa lo condena ;

Y toda su magnífica estatura

Se dobla y tuerce en áspera tortura.

EL PRIMER CO?ÍDE DE CASTILLA. 355

Tiembla la antorcha en la agitada mano De la infeliz, y dando un alarido, No menos fuerte que garzón lozano. Pronto deja á su amante desprendido Del grave peso que lo oprime. Ufano Su pecho con el triunfo conseguido, Se descubre al amante, y la noticia Lo arrebata en consuelo y en delicia.

De dos almas fogosas, confundidas En un digno y activo sentimiento, Que liga en una sola su^ dos vidas, ¿ Podré yo repetir el puro acento? Vozes por el dolor interrumpidas, Protestas lirmes, alto juramento. Tierna efusión, propósitos audazes, ¿ Caben en rimas toscas y fugazes?

Los dos se adoran, y á los dos impulsa Sed de esfuerzo sublime y altos hechos; No ya pa>¡on frenética y convulsa Que huella sin pudor santos derechos, Sino potente móvil que compulsa La energía vitnl, cuando en los pechos Virtud que estéril galardón no sacia. Valor infunde y fuerte pertinazia.