Leyendas españolas · Unidad 103 de 180

Unidad 103 · EL PRIMER COXDE DE CASTILLA. 359

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EL PRIMER COXDE DE CASTILLA. 359

Trémula escucha Sancha aquel relato. Que en ternura y en cólera la enciende. Hija liel y amorosa, el desacato De su padre la asombra y la sorprende. Mas ya de aurora el apacible ornato Por la celeste bóveda se estiende: Sancha lo observa, y de la prenda cara Con tierna despedida se separa.

360 EL PRIMER CO>DE DE CASTILLA.

Pasan los días, y la triste Infanta No ve llegar el término á su cuita ;

Y aunque en la noche, con lijera planta, Renueva cuidadosa su visita,

La proyectada fuga no adelanta. Muchedumbre de estorbos infinita, Que combina en su mal suerte funesta. Su amoroso designio contraresta.

Del monarca irritado la sañuda Condición, cada vez mas se exaspera. Manda que la opresión, mas y mas cruda, Debilite á Fernán hasta que muera. Mas hai secreta mano que la eluda ; H)ai (luien penetre en la prisión austera Destinada á cumplir designio infame,

Y allí consuelo y bienestar derrame.

i;l primer conde de <:.\>tii.i \. :ir.i

La vez postrera, vuelta de la torre,

Y apenasen su albergue retirada, Cuando en su meditar triste recorre Los m:iles de su vida atormentada, Siente un grito agudísimo que eorre Veloze por la almena dilal;ida,

Y se repite pavoroso luego :

Fucíjo! (lama una vo/; cien otras : Fuego!

No tarda en propagarse furibunda. Con atroz rapidez, la iiitensa llama Que ya los tedios góticos inunda

Y por las galerías se derrama. Ilefléjanse en la bóveda profunda Tétricos resplandores, y se inflama La silenciosa atmósfera y el monte Mas lejano del cóncavo horizonte.

I'oi ol ya hundido ticlio y los balcones Dilátanse anchas fajas de humo espeso, O se aglomera en vastü> nubarrones, Que ennegrecen el aire en su [irogresu. Ábrense los robustos mu rallones,

Y la postrada viga con su peso Uis estendidas cuadras |>recipita,

Y el encumbrado mirador hesita

362 El. PRIMER CONDE DE CASTILLA.

Acuden afanados en tropeles Gendarmas, escuderos, cortesanos. Turba intinita de vasallos fieles, Hidalgos, labradores y villanos. Apercíbense escalas y cordeles ;

Y en tan urgente riesgo tantas manos. Que en ciego torbellino se presentan, Mas la espantosa confusión fomentan.

La cámara en que estaba Don García, De una masa de incendio rodeada. Que con voraze rapidez crecía, Niega al ausilio por do quicr la entrada. Álzase entonce inmensa gritería, Viendo que está su vida separada Del sepulcro por un espacio breve,

Y nadie á darle protección se atreve.

Arde ya el destrozado pavimento ; Húndese la mitad; la otra vacila. La vida de García es ya un momento, Cual luz que se oscurece y aniquila. Suspéndese en las turbas el aliento; La desesperación muda y tranquila Que en los lances estremos de la suerte Penetra el alma, en jaspe las convierte.