Leyendas españolas · Unidad 142 de 180
Unidad 142 · 494 DON OPAS.
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494 DON OPAS.
« Y ese rebaño embrutecido y necio Que se llama nación, ¿qué pito toca ? A torpes paparruchas dar gran precio; Pasar el día inmóvil como roca; Devorar la ignominia y el desprecio ;
Y si un mendrugo al fin lleva á la boca, Decir : ' Gracias á Dios : gané el sustento, Coscándome á la puerta de un convento. *
« ¿ Adonde están las fábricas, las lonjas. Los caminos, los puentes, los canales ? No es eso lo que abunda : curas, monjas. Duques, condes, priores, provinciales. Esa es España : huecos como esponjas Los que chupan los gérmenes vitales Del pueblo, se arrellanan en la silla, Diciendo : ' Esta es la octava maravilla, *
LXÍXV
«¿Cómo queréis que no os desprecie Roma,
Y el franco, y el german, y el mundo entero?' Cuidado con el franco : por Mahoma,
Que es de vuestros contrarios el primero.
Si alguna vez por el Pirene asoma.
Ya os oigo decir : « Pies, ¿ para qué os quiero?»
Ora de amigo se introduzca, 6 vibre
Contra España el acero, Dios os libre.»
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Aquí, según reíiere un anticuario, Detuvo Musa un poco el raudo acento; Padecía un ataque pulmonario, Y ya le precisó tomar aliento. M¡«''ntras, yo haré un lijero comentario De sus úllímas frases, y lo siento, Pues (aunque sea confesión amarga) El moro tuvo la nariz muí larga.
Desde el día en que holló los Pirineos Aquel tan buen señor. Felipe quinto, Conjunto de pueriles devaneos. Masa impulsada por ajeno instinto; De nuestros gloriosísimos trofeos No guardó seña el español recinto : Los españoles se volvieron trastos, Teniendo á su cabeza un reí de bastos.
En pos de él nos lleg-aron por la posta Miles de saltimbanquis malachines. Que inundaron la E>paña, cual langosta Que se arroja á sembrados y jardines. Ansiosos de medrar á toda costa, Estos a\eutureros parlanchines Em|)ezaron por darnos sn lenguaje, .Su gobierno, sus us<>s y ropaje.
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Ya lio fuimos nación, sino colonia; Hombres no fuimos ya, que fuimos micos De esos, que sin usar de ceremonia, Nos trataban de necios y borricos. Por cintas y por agua de Colonia Les dimos el honor y los bolsicos : Con sus hr achuras, modas y embelecos Nos dejaron de plata y virtud secos.
Convirtióse Madrid en vasta feria De insustancialidad y galicismo,
Y remachando el clavo á la miseria, Ligóse el galicismo al fanatismo.
Los ricos-hombres de la noble Hesperia Se sepultaron en el sucio abismo De una corte inmoral, pueril, abyecta; Del tripot de Luis copia imperfecta.
Ya de Luis los fieros estandartes No daban leyes al vencido mundo,
Y el protector antiguo de las arles Era un beato débil é iracundo. Soplaba en torno de él por todas partes La corrupción su aliento nauseabundo : Velado en negro eclípsis aquel astro,
De su antiguo esplendor no quedó rastro.