Leyendas españolas · Unidad 174 de 180

Unidad 174 · NOTAS. 593

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NOTAS. 593

quelle ne peut s'exercer sans partie. Cesi a l'adventurc powquoij nous nommons Dieu bon , fon , liberal et juste : mais nous ne le nommons pas vertuenx. — Essais, lib. 11 , cliap. \i.

)* los obispos eran generales. — p. 116.

Que los obispos de aquellos tiempos suerroabaii como 1m.% vñores Icmporales, y maiilenian «'jercilos á su sueldo, y se valían d»" c'JIos para el logro de sus miras políiicas, es una verdad harlo familiar á los que lieiien al^un conocimiento de la liisloria d»- la edad media. Léase la vida del famoso obispo iriensc D. (ieUníre/. en el tomo 19 de h España Sagrada del P. Flórez, y dígase si , á posar de los enfáticos elogios r|ue le tributa el crudiio historiador, pueden conciliarse la conducta di' aquel prelado, sus reyertas diplomáticas, sus armamentos bélicos y sus propensiones marciales, con las doctrinas del Evangelio y con las costumbres de lob primeros siglos d(! la Iglesia. El rei, dice Flórez, había dado la iniendencia de Galicia al arzobispo, ij no pudiendo ir en persona á rendir al rebelde ( Don Arias Pérez], dio la comisión ni

arzobispo E.\te ^ ademas del hierro // fuego, necesitó valerse

de la máquina llamada el galo, qne , escavando la tierra, /mrancaba las piedras de la fortaleza. Finalmente la tomó, rnníivando á treinta y seis, y cediendo á los suyos (uanlo hnbiu. Murieron dos mui nobles y mui queridos del prelado; pero volvió triunfante á la ciudad , etc. Nótese ijue poco tiempo dr*pup> de esta hazaña, el mismo Gehuírez presidió el concilio de P.dencia, uno de cuyos cánones es el siguiente : Ninguno obligue á los clérigos á que sigan las espediriones militares, ó mancjcu nemas , ni á cosa que se oponga á ios Cánones.

/.')v torrentes de fango que ahora bebe. — y. I-2G. Escribióse este verso, cuando España, sometida al mas iliim-

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lado poder absoluto, parecía haber perdido la esperanza y los medios de recobrar sus anliauas liberLades.

Y en su rerjazo el mar la deposita. — ip. 149.

La mayor parte de los pormenores de que se ha hecho uso en este poema, se conservan entre las tradiciones de los highlanders ó montañeses de la Escocia occidental Según ellos, la Florida fué impulsada por la borrasca, á la espaciosa bahía de Tobermory, en la isla de Mull, condado de Argyle. Escocia era entonces un pais neutro, bajo el reinado de Jacobo VI. : por consiguiente, los españoles, considerándose perfectamente seguros, permanecieron muchos dias en aquel punto, reparando sus averías y aguardando noticias del resto de la armada El que se introdujo á bordo de la Florida, y consumó el horrendo designio de su voladura, era un tal SmoUett, bisabuelo del célebre continuador de la Historia de Hume. Reinan en Escocia dos opiniones sobre el orígen de la catástrofe. Los unos la atribuyen á la reina Isabel de Inglaterra, la cual , informada de que la Florida tenia á bordo una gran cantidad de dinero, perteneciente á la espedicion española, dio orden á su embajador en Edimburgo, para que procurase por todos los medios posibles la destrucción del buque. El embajador se valió de Smollett, y anunció á la reina que estaban satisfechos sus deseos. Otros refieren el accidente como se ha procurado referir en el poema; pero dan el título de Infanta á la desgraciada española, que inspiró tan terribles zelos á la mujer de Maclean. Lo que parece no tiene duda, es que un jefe de este nombre se hizo muí amigo de los españoles, y se sirvió de los cañones de la Florida y de parte de su tripulación, para combatir el castillo del jefe de otro clun, enemigo suyo. — La gente vulgar de la isla de Mull añade á estas circunstancias otras de un carácter maravilloso. Dicen que se encontró e! cadáver de la Infanta, privado del dedo pequeño de la mano derecha; que se enterró con magníOco aparato, y que después fué trasladado á su patria, en un buque enviado por el gobierno español con este ob-