Leyendas españolas · Unidad 50 de 180

Unidad 50 · ZAFADOLA.

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ZAFADOLA.

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« Sígucíc (|uc los imperios Y reinados

No son, no, desaforrados De laccrios. »

GÓMEZ Mamrique.

ADVERTENCIA.

La historia de Zafadola, reí de Rueda, es uno de los episodios mas curiosos de la Crónica del emperador Alfonso Vil , obra escrita en latín macarrónico; pero llena de preciosidades históricas, de anécdotas interesantes y de rasgos eminentemente característicos de las costumbres é ideas dominantes en aquellos remotos tiempos. Los asuntos de las dos siguientes Leyendas se han sacado de aquel precioso monumento histórico, malamente descuidado, como otros muchos de los dtnuestra literatura antigua, por los escritores de las épocas sisuientcs

No el territorio inmenso, no es el brillo De la esplendente pompa, ni el cuchillo Siempre amenazador, lo que afianza, Ni hace estable el poder. La bienandanza, La paz, la dicha, la segura y fuerte Protección, con que ampara al vulgo inerte Mano piadosa y (irme ; y, mas que todo, Calor suave, que en humilde lo<lo

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Brotar lio ce la flor amable y pura ; Benelicencia, madre de ventura, Fuente de amor y de placer, en eso Consiste su vigor. Nunca el esceso De irresistible autoridad arranca Bendiciones al mísero, cual franca

Y activa la bondad, cuando desciende De la alta cumbre, y al humilde tiende, De orgullo escuta, el ala protectora.

Bajo el imperio de la raza mora, Ya terminado el bárbaro esterminio De la invasión, partieron el dominio Cien reyezuelos, que con fuerte espada Subieron á los tronos de la nada. Los unos buenos y los otros malos, Cunl sucede entre rusos y entre galos,

Y donde quiera que uno se engrandece A costa de la turba que obedece. Feliz nación, si de un Nerón escapa ! Rueda, que apenas hoi luce en el mapa,

Y que solo al produelo de su cepa Debe que algún mortal su nombre sepu. Fué en otro tiempo corte de un caudillo, Sugeto racional, hombre sencillo,

Y en siglo como aquel, raro en su clase ; Cuyo gobierno se apoyó en la base

De dar ú cada cual lo que pedia. Si el propio bienestar no se ofendía. Parece fácil máxima, y lo fuera ,

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Si su oficio el que manda conociera ; Mas no es así. Negar, ponerse serio, Gesticular con aire de misterio, Y ver en cada ruego una asechanza ; Tal es la ciencia del poder. No alcanza Mi cortedad arcano tan profundo. Que viva cada cual en este mundo Según le guste mas, según le cuadre, Con tal que no me muerda, ni me ladre, Ni me sirva de estorbo en el camino, ¿No es un bien para todos ? El mezquino, Que solamente por dañar nos daña, ¿ Será mas que una estúpida alimaña ?

Zafadola (que así apellidan todos Los escritores árabes y godos AI rei de quien hablamos) no era de esos Jefes erguidos, inflexibles, tiesos. Que tienen por desdoro la sonrisa, Y que, para ponerse una camisa, Llaman al mayordomo de semana. Aunque fiel á la secta musulmana. No castigaba cual mortal insulto Que cada cual se abandonase al culto De su elección. Cristianos y judíos, Sin ser encarcelados por impíos, Ni temer ya la hoguera, ya la soga, Uno en iglesia y otro en sinagoga. Adoraban en paz al Infinito Con himno vario y con diverso rito.