Leyendas españolas · Unidad 55 de 180

Unidad 55 · ZAFADOLA. 18t

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ZAFADOLA. 18t

Desde el alba en el llano polvoroso; Mientras acuden en raudal copioso Pingües riquezas á las hondas cajas.

Inienlos viles y pasiones bajas, íjue en ambiciosos ánimos se encienden. Los altos planes del honor suspenden. Manda el rei que los grandes y barones, Reúnan en Atienza sus pendones, Donde él sus fuerzas congregar debia ;

Y entonces la perversa rebeldía, Soltando el freno á su designio injusto. La voz desoye del señor augusto.

No fué la plebe, no, modesta y parca, La que negó servicios al monarca : Los que activaron el impuro fómes. Eran duques, marqueses, ricos-homes.

Que enardecido un pueblo se levante, Porque llegó á su término el aguante Con que sufrió diez siglos de injusticia; Que abuse cautelosa la malicia De aquel primer impulso, y que lo arrastre Al homicidio, al robo y al desastre,

V (¡ue de males océano horrendo

La sociedad inunde ; — ya lo entiendo : La nación mas rendida, dulce y mansa, De padecer y de gemir se cansa. Cuando llega el cansancio á cierto punto, i:i sanguinario y bárbaro conjunto

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De opresiones, y robos, y miserias,

Que secaron las lánguidas arterias

Del pueblo, con poética energía

Se ofrece á su exaltada fantasía.

Harto de humillación y vilipendio.

Brota en sus masas el voraz incendio

De indignación frenética y venganza,

Y con rabiosa ceguedad se lanza,

Cual onza hambrienta, al crimen y al destrozo.

Sus manos baña con impuro gozo

Quizá en sangre inocente; se recrea

Feroz en el suplicio, y la tarea

De despojo, de muerte y ostracismo

No es inhumanidad, que es patriotismo.

En la crisis fatal callan ó mueren

Razón, piedad, filosofía : hieren

El cielo los dolientes alaridos

De los sacriíicados y oprimidos.

Mientras que la sangrienta y cruda masa

Por recriminación corta y escasa

Tiene aquella csplosion que la enajena,

Recordando la bárbara cadena,

Cuyas lívidas y hondas cicatrizes ■

Recientes aun están en sus cervizes.

El füósofo esplica fácilmente

La causa de este mal. La lei potente

De la incesante reacción que agita

De los orbes la máquina infinita,

Comprende al ser humano; y quien recarga

Tanto sus fuerzas que su aliento em])arga.

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Su orgullo dobla y su esperanza ciega, Ya sabe que el fatal término llega, Donde en ferozes, aunque breves luchas, Una generación venga otras muchas.

Pero los que del trono participan El banquete magnífico, y disipan Debajo de su sombra y á su amparo Sudor que al infeliz cuesta tan caro, ;, Por qué dirigen su rebelde encono A ese mismo poder, que desde el trono Sus arcas hinche y su vigor sostiene ? Que ! ¿ No tiene bastante, cuando lieno Feliz magnate rentas abundosas. Poder, lustre, dominio y otras cosas? Pues tal fué la nobleza en otros dias, Cuando las encumbradas dinastías, O compraban del noble el pupilaje, O gemían en polvo y en ultraje.

No es mas precaria la abatida suerte Del esclavo infeliz, víctima inerte, Sometida al capricho de un verdugo, yue la de un soberano, puesto al yugo De envanecida y fiera aristocracia. Jamas de su ambición el hueco sacia La prodigalidad culpable y ciega Del rei, que á su poder blando se enlreg:t. Piensan que el cetro es nada sin su apoyo, V como de un arroyo y otro arroyo