Leyendas españolas · Unidad 59 de 180
Unidad 59 · ZAFADOLA. 193
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ZAFADOLA. 193
Recobraron su añejo predominio
La corrupción, la intriga, el de^^acalo ;
V sin disfraz, sin miedo y sin recato Dejaron sus cavernas y garitas, Prefiados de ambición los moliabilas. Comenzaron en grande los trastornos : lloi en lienamejí, mañana en Bornos Se enarbola el pendón del descontento : Los malos se reúnen ciento á ciento,
V después mil á mil. El buen monarca Vuela de una comarca á otra comarca,
V cuando en una el daño se apacigua. Retoña en otra la raiz antigua.
Ya su tropa no puede darle abasto,
V en vano corre de su imperio vasto. Sin respirar, la estensa superticie. Ya de sus indulgencias y molicie Reconoce, aunque tarde, el agrio fruto. « Si yo la hubiera echado de absoluto, Otro gallo sin duda me cantara, » Solía repetir; y, cosa rara !
Kl que daba otra vez sabios consejos, Cuando miraba al infortunio l«'jos, llora que el infortunio se avecina. En el desliz que censuró, se obstina. Zafadola, encontliclo tan amargo, Al buen amigo Alfonso escribe largo, Y la contestación no fué tardía. Alfonso un cuerpo formidable «'uvía De infantes y ginetes, lodos bravor..
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Pero los reyes son también esclavos Del error, y un error cometió Alfonso, Que no cometería el mas intonso : Ordena que Farfan el cuerpo mande. Funesta distracción de un hombre grande !
Figúrese el sensato en tal contienda Cómo estaría la real hacienda. Ademas de que en tiempos tan infaustos Estaban los bolsillos algo exhaustos, Odiaba Zafadola los tributos Directos é indirectos, pues « los frutos De la industria,» decía, «son sagrados,
Y no quiero que giman mis estados Bajo el yugo despótico del fisco.
Es forzoso tener pecho de risco, Para gozarse en la desgracia ajena ;
Y un trono es deleznable como arena, Si en maldición y en lágrimas se funda,
Y el odio de los pueblos lo circunda. »
Un sistema económico tan raro Debia al íin y al postre salir caro. Zafadola se hallaba en mil conflictos, Tanto que su vasallos mas adictos Decian entre sí : « Bueno es lo bueno; Mas nadie sirve sin el pancho lleno ,
Y no será posible que resistan
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Nuestros brazos, quedándonor per istam^ú
Y cuando los adictos dicen esto, Qué otras cosazas no diria el resto ! Llegó en fin á tal cabo la penuria, Que de la queja se pasó á !a injuria; De la injuria al motín y á la amenaza;
Y no encontrando Zafadola traza
De llenar, cual debía, tanto empeño, Perdió la gana de comer y el sueño,
Y ganó la terciana y la ictericia. Mas llega á la sazón á su noticia Que de Farfan la hueste vencedora Despojos opulentos atesora ;
Que en Jaén, y Granada, y Anteqnera
Almacenó copiosa sementera
De oro, y plata, y brocados, y joyeles ;
Y suponiendo á los caudillos Deles A tan notorio y santo compromiso, Da al perverso Farfan exacto aviso Del estado infeliz en que se hallaba. La mitad del bolin le demandaba. Como cosa debida al pacto estrecho
Que tiene con Alfonso. «En su provecho.» Dice, « trabajo ; justo es que me asista, Si quiere asegurar esta conquista. » A demanda tan simple y tan modesta Pasan los dias sin llegar respuesta. El moro determina ir en persona ;
Y hallándose Farfan en Archidona, Alli le sale Zafadola al paso.