Leyendas españolas · Unidad 62 de 180
Unidad 62 · 204 LA BATALLA DE FRAGA.
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204 LA BATALLA DE FRAGA.
Con esta turba espléndida y florida, Muí mas holgada entonces que aguerrida, Prolonga Alfonso el obstinado asedio ;
Y de tan larga operación el tedio. Cuyo próximo fin no se anticipa, En banquetes espléndidos disipa. Burlar quiere el empeño de los moros, Incauto prodigando sus tesoros
En frutas raras y costosos vinos,
Y aves, y otros manjares peregrinos. Solo sus gozes interrumpe á vezes. Cuando dirige al cielo humildes preces, De hinojos ante el arca misteriosa (11) Qne regaló el pontífice á su esposa. Reliquia santa se custodia en ella,
Y con cada diamante como estrella, Bien esculpida caja de oro fino Guarda la alhaja que de Roma vino. Ni basta á la piedad el rico adorno: Tanto de noche cual de dia, en torno De aquella sacra prenda, vela y canta. Con grueso cirio en mano, turba santa De arzobispos, de obispos y de abades,
Y clérigos, y monjes, y cofrades. No rezela ya Alfonso que contrario. Mientra en su campo tenga el relicario. Se torne el hado en desfavor; su influjo Mas fuerza tiene que el valor; y el lujo Con que su devoción lo condecora,
Le asegura una mano protectora.
LA BATALLA DC FRAGA. -lOl
I ciiitü en estas ideas se encapricha,
(^iie á ellas debió la bárbara desdicha
(Ion ([ue afligió á su reino, y el fracaso
Mas tremendo y mas lúgubre. Fué el caso
Que ya en los muros de la escelsa Fraga
La plaga mas horrible, aquella plaga
Que poco á poco el flojo y leve estambre
De la humana armazón deshila, — el hambre,
De crimen negro inspiración maldita,
Los ánimos y fuerzas debilita.
De muías, y de gatos, y ratones
( Común estremo en tales ocasiones )
Va en el mercado no se via resto.
Un término espantoso, más funesto
Que el morir con las armas en la mano.
Aguardan el guerrero y el paisano ;
Y paisano y guerrero en lances tales
No son mas uno que otro : son moríales. Conociendo Abengama que se afloja La constancia, benigno se despoja De su despensa bien henchida y vasta; Sus repuestos agota, mas no basta. Los días pasan, y el asedio dura ;
Y si con vozes de piedad procura Consolar la morisma en sus aprietos,
Xo ve en torno de sí mas que esíjueletos.
306 LA BATALLA DE FRAGA.
I 'na diputación muerta de liamlDre, Cuyos miembros con cuerpos como alaml)re, Muestras son del rigor que los humilla, Ante Alfonso temblando se arrodilla, Sin que sepa Abengama su proyecto ;
Y allí postrado como esclavo abyecto, Inundando el estrado con su lloro,
Kl que llevaba la palabra, moro De grave estilo y argénteas canas, Vierte en frase doliente quejas vanas. Con aquella eficazia y arduo empeño Que inspira el hambre, bárbaro diseño Traza el cuitado de la suerte impía Que aflige á la ciudad, y ablandaría ( Tal es el hombre cuando el mal lo apura ) Con su elocuente voz la piedra dura. « En fin, noble señor, » así concluye, « Si tu benigna voz nos restituye La vida que nos falta; nuestras penas Si compadeces blando, las almenas Se doblarán sumisas á tu fama,
Y hollarás, á despecho de Abengama, Kl muro en que obstinado se encastilla Para desgracia nuestra y su mancilla. » Tras pausa breve : « No, » grita el monarca.
« Sufra el mal que apetece el que se embarca , Que puesto en alta mar, ya no hai remedio.