Leyendas históricas de América. La conquista.--La colonia.--La independencia.--La república · Unidad 47 de 121
Unidad 47 · 118 MANUEL J. CALLB
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
118 MANUEL J. CALLB
ta a las inclinaciones de su carácter, sin sujeción a leyes ni respeto a la libertad ajena, cometiendo barbaridad y media contra el vecindario, metiéndose en las casas, amarrando codo con codo a jugadores y borrachos.
Pues de este santo varón he de referir una anecdotilla, que si no consta en polvorientos legajos, por lo peliagudo del asunto, está archivada en la memoria del pueblo, con otras muchas parecidas. Y si al cabo resulta que un historiador más grave dice que las cosas no sucedieron así, sino asado, me remito al testimonio de mis bisabuelos... y allá se las hayan, que como me las contaron las cuento yo.
Torma\eo— español de España, como entonces se decía - tenía dos chicas como dos flores en el jardín de su casa; pero tal vida se pasaban las tristes, que más les valiera no haber nacido. La generosa savia de la primavera de la existencia calentaba su sangre, sin duda alguna; pero, ¿hombres en la casa? jQue si quieres! ¿Alguna distracción, algún recreamiento? jPara eso estaba el bueno de D. Juan, que aislado, hosco, impenetrable, ni daba ni pedía cuartel!... Enamorados no faltaron al principio; mas luego que supieron con quién se las habían, hicieron la cruz y tomaron la del humo, dejando a las don-
LEYENDAS HISTÓRICAS 119
celias que se consumiesen en la soledad, con el rosario en la mano, bajo la férula paterna. Si algún nocturno galanteador pespunteó la guitarra alguna vez, al pie de los balcones, echando al aire las quejas de un sentido yaraví, Tormaleo tiraba de la espada, íbase sobre el trovador, y como barruntase quién era, ya podía éste contar su aventura a las paredes de la cárcel, al transcurrir del día siguiente.
Y es que el hombre odiaba al séptimo sacramento con furor de maníaco: tal le habría ido en Ja feria; pero asunto es este que no cae bajo la jurisdicción del narrador. Y como para casarse, hoy como ahora cien años, son necesarios tales aperitivos y requilorios, cortaba por lo sano el señor Gobernador.
Sucedió, pues, que amantes no desdeñados, sino ahuyentados a garrotazo limpio, vecinos ofendidos en su dignidad... o en sus espaldas y mozos de pelo en pecho— los vestiglos del poeta Sr. Córdova— , pusiéronse de acuerdo para jugarle una que fuese sonada al cerbero aquel que no les dejaba tranquilos.
Se mantenían al acecho en busca de una ocasión favorable. Y quiso el diablo que se diesen tan buena maña, que pronto supieron ser el solitario barrio de las Secretas el lugar preferido por el ogro en sus rondas nocturnas.
El sitio era despoblado y siniestro. Si hogaño andan en Cuenca a la quinta pregunta en lo de